La agenda televisiva marca que hay que hablar de Ricardo Fort y el columnista, agobiado por la entrega semanal, indiferente ante la emergencia de figuras efímeras, se arma de profesionalismo y, un poco fastidiado, trata de poner su lupa sobre la última adquisición de los shows de la tarde. Un poco de ShowMatch y mucho videíto en internet dan un panorama sobre su perfil, digamos, artístico. Para completar los aspectos más profundos de su personalidad aparece otra Tiene la palabra –programa del gusto del columnista– lo tiene como invitado.
Sin embargo, había un riesgo evidente en convocar a una figura como Fort: la caída del programa en la banalización total, entregado a la cañita voladora mediática del momento. Esa línea de análisis era una de las ideas previas del columnista. La otra, pispear un poco en la personalidad del personaje y burlarse de él impiadosamente. Como tantas otras veces, los prejuicios del columnista no tenían razón: Tiene la palabra produjo una de sus entregas más entretenidas e interesantes. El formato del ciclo, entrevista grupal conducida por Luis Otero y Lorena Maciel, permite que el entrevistado se explaye, a pesar de que las ansiedades de los panelistas por preguntar interrumpan alguna respuesta. De esa manera, suelen aparecer elementos para el análisis que van más allá de las impresiones superficiales.
Ricardo Fort, con su aspecto de personaje de historieta, su pelo acomodado como una cama de clavos de faquir, sus tatuajes neozelandeses, su físico trabajado en gimnasios y quirófanos y sus dos guardaespaldas, obscenamente ostentados como columnas jónicas móviles, es candidato seguro a la burla o al desprecio (no delante de él, y mucho menos de los dos patovicas). Sin embargo, a poco de desarrollado el programa, aparece otra cosa, más interesante. Dos líneas de su articulado discurso le dan espesor a su personalidad, lo sacan de la bidimensionalidad de su autocaricatura.
La primera es un verdadero intríngulis familiar del cual se deduce que toda esta sobreexposición extravagante no es ni más ni menos que un gigantesco “fuck you!” a un padre severo y despótico y al mandato familiar de pasarse el día en la fábrica produciendo chocolatines. La segunda es que Ricardo, más allá de una risible banalidad (“tengo cincuenta mil fans en Facebook”) y la tendencia maradoniana a nombrarse en tercera persona, se ve a sí mismo como un artista. No importa si se engaña ni discutir la propiedad del término aplicada a un entretenedor de televisión. Lo que llama la atención es la seriedad con que Fort se toma una cuestión a la que, evidentemente, le puso el mismo afán que al modelado de su cuerpo. Su sorpresa y ligera indignación cuando lo ponen al mismo nivel que Zulma Lobato y sus sensatas reflexiones sobre lo que los medios y el público hacen con la otra figura mediática son recibidas con sorpresa por el columnista quien, a esa altura del programa, mira al objeto de estudio con dosis equivalentes de curiosidad y simpatía.
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AHORA VIENE LO QUE PIENSO YO:
No estan cansados de que este Willy Wonka lleno de creatina este en todos los canales? Puede ser que tenga programas que lo unico que hacen es hablar de lo que hace compra dice o piensa un gil?.
Hay cosas mas importantes de que hablar, hay cosas mas utiles de que hablar,....o no hablen antes de seguir invitando a todos los programas a este Max Steel vulgar.
Cada vez la television es mas burda y mediocre...esto se acrecienta con esos circos mediaticos como Showmatch o el programa ese de Rial, intrusos.Tipico programa para que se sienten a verlo las viejas a la tarde y despues comentarlo en la cola del banco cuando van a cobrar la jubilacion.
La cagada es que no podemos hacer nada, un idiota con poder siempre es peligroso, y este idiota esta forrado en guita.Con eso puede manejar los medios que se le canten, pagando para que hablen de el todo el tiempo.
El otro dia en cronica detuvieron un discurso de la presidenta para poner en su placa "Ricardo Fort se opero".
Yo digo....que carajo me importa!.Es como que detengan el recital de Metallica para que Alcides haga un solo de Quena.
Mientras se siga apoyando lo que hace o dice el mediocre este, es al pedo que nos quejemos.
Hagan un esfuerzo, y al menos dejen de ver esos programas que son un circo de la vulgaridad.
Muchas gracias por entrar


