InicioInfoLa guerra fantasma del Beagle


Buenas, taringueros. Comparto con ustedes una nota que escribí acerca de los 30 años de la casi-guerra con Chile, debido a la disputa por las islas del canal Beagle. La nota fue publicada en un diario digital, abajo está la fuente.

LA GUERRA FANTASMA DEL BEAGLE




Los recuerdos de lo que nunca pasó son los más difíciles de olvidar.
Bastó con que la sombra de la guerra cubriera perversamente a Chile y Argentina, enfrentados por la soberanía de las islas Picton, Nueva y Lenox, ubicadas al sur del canal Beagle, para que el temor cobrara tal fuerza, que aún hoy, treinta años después, todavía se recuerda el miedo y los lamentos a cuenta de lo que hubiese sido un enfrentamiento de proporciones demasiado altas.
El conflicto bélico fue una respuesta que no llegó a concretarse ante una discusión que ambos países mantuvieron durante 115 años. Si bien en 1881 se firmó el Tratado de Límites entre Chile y Argentina, los desacuerdos cartográficos continuaron.
Para 1970, ambos países aceptaron someter el desacuerdo al arbitraje del Reino Unido. Siete años después, la Reina Isabel II dio a conocer el Laudo arbitral, declarando las islas en disputa pertenecientes a Chile. Los nacionalistas argentinos, representados por la Junta Militar encabezada por el presidente de facto Jorge Rafael Videla, nulificaron este dictamen y comenzaron una inquietante movilización militar bajo el nombre de Operación Soberanía, que pretendía lograr por la fuerza lo que no pudieron lograr con la diplomacia.
¿Qué sentido tenía llegar a un conflicto armado por unos pedazos de tierra desiertos sin mayor relevancia, recursos o posición? Las respuestas se superponen, pero del lado argentino era innegable la intención de propaganda y legitimación pretendida por el gobierno dictatorial. Todos los desplazamientos militares y los ejercicios de oscurecimiento llevados a cabo por el ejército argentino fueron ostentosamente visibles, para inflar el patriotismo (y en cierta medida, el temor) de la población. Un recurso que volverían a utilizar poco tiempo después cuando intentaron recuperar las Islas Malvinas, con los nefastos resultados por todos conocidos.
En Chile la situación fue diferente. A pesar de estar también bajo una dictadura militar, comandada por el general Augusto Pinochet, el gobierno puso paños fríos todo el tiempo y realizó los desplazamientos de noche para no alarmar a la gente.
“El conflicto por el Beagle se dio cuando las diferencias entre el Ejército y la Armada se acentuaban a causa de que el jefe de la Armada, el almirante Emilio Massera, comenzó a elaborar un proyecto político propio. Quería ser Presidente y las otras fuerzas no estaban de acuerdo” explica Camilo Alves, destacado periodista quien cubrió desde el sur argentino la acción del gobierno militar, incluyendo la guerra de Malvinas. “Yo trabajaba en un diario patagónico, “La Opinión Austral”, de Río Gallegos. En pleno conflicto el diario levantó una información del periódico chileno “La Prensa Austral” de Punta Arenas, que anticipaba la posibilidad de una solución pacífica al conflicto. El jefe de la Brigada que había sido creada poco antes en Río Gallegos, llamó al director del diario y le recriminó que al levantar esa noticia, si no se lograba la paz, se esperanzaba a la gente con algo que luego le bajaría la moral y, en el caso de alcanzar la vía pacífica, el pueblo pensaría que el dato les llegó desde Chile y que fueron ellos quienes la consiguieron”.
La primera víctima de la guerra es la verdad. Un cúmulo de contradicciones, realidades ficcionalizadas, mentiras dichas a medias, marchas y contramarchas, delirios chauvinistas y batallas de egos en el centro del poder. Es difícil imaginar una peor situación para iniciar un conflicto armado de estas magnitudes.
Lo que es claro es que, al movilizar las tropas, en lo último que pensaron los altos mandos fue en la seguridad de la población civil. Alves relata lo siguiente:“En una charla con un grupo de periodistas, un comodoro a cargo de una base aérea en la Patagonia nos contó que la idea que tenían ellos sobre un eventual conflicto armado con Chile era que los chilenos tomarían Tierra del Fuego porque tenían superioridad naval, que las batallas por tierra serían muchas y cruentas a lo largo de la frontera y que, finalmente, la Fuerza Aérea la resolvería a favor de la Argentina. En ningún momento se habló de la población civil. Cuando me animé a preguntarle por ese aspecto, me respondió que la Patagonia podía soportar por largo tiempo el conflicto porque había ovejas suficientes para alimentar a la población. De los otros aspectos que tienen que ver con la guerra, como la infraestructura sanitaria y las otras eventuales consecuencias para los civiles, no habló y nadie se atrevió a preguntarle, aunque quedó claro que, como había ocurrido hasta entonces y se comprobó trágicamente años después durante la guerra de las Malvinas, la seguridad de la población civil no fue parte de sus hipótesis de conflicto”.
A pesar del patriotismo que se quería imponer en la población mediante estas bravatas militares, lo cierto es que ambos pueblos no sólo no estaban de acuerdo con iniciar el conflicto armado sino que tenían un sentimiento de fraternal respaldo. En la Patagonia, a pesar de que el concepto de patria está mucho más arraigado que en otros puntos del país, la buena vecindad y convivencia entre chilenos y argentinos es parte de su realidad. El clima y las limitaciones de la región obligaron a chilenos y argentinos a solidarizarse a ambos lados de la frontera. Son muchos los casos de parturientas chilenas que tuvieron sus hijos en la Argentina, o viceversa, por el simple hecho de que en la zona donde vivían, el hospital del país vecino estaba en mejores condiciones de atenderla que el propio.
Aún así, la guerra estuvo al borde de suceder. La flota marina argentina ya estaba en marcha en formación hacia el sur. Sólo cuatro horas antes del momento cero, el Papa Juan Pablo II envía un mensaje diciendo que ha aceptado actuar como mediador y que ambos países retiren las tropas inmediatamente. Mas tarde llegaría su emisario, el Cardenal Samoré y todo el conflicto se zanjaría definitivamente en 1984 con la firma del tratado de paz y amistad que dejó finalmente las islas en posesión de Chile pero que daba a Argentina acceso a aguas al sur. El nuevo presidente argentino tras el retorno a la democracia, Raúl Alfonsín, se propuso terminar con los conflictos con todos los países limítrofes, pero se enfrentaba a la oposición peronista en el Congreso. Alfonsín recurrió a la opinión pública y llamó a un plebiscito, en la que la aceptación de la mediación papal fue abrumadora, quedando demostrado una vez más que ninguno de los dos pueblos en ningún momento deseó iniciar una guerra. Aunque los legisladores no estaban obligados a someterse al resultado de la consulta, debido a su masiva aceptación, aprobaron el tratado de paz.
Podría decirse que ambas naciones fueron vencedoras, ya que la única guerra que se gana es la que se evita. Pero el temor inducido a ambos lados de la cordillera permanecerá fijo en la memoria colectiva, tal vez para bien, ya que siempre nos recordará lo cerca que estuvimos de caer en un fratricidio masivo.


FUENTE
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
276visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
1visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

No hay comentarios nuevos todavía

Autor del Post

N
Usuario
Puntos0
Posts80
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.