NO ENTENDER NI JOTA
La jota fue por mucho tiempo la Cenicienta de la letras. Y continúa siendo, a veces, el equivalente de lo ínfimo. Ya el Evangelio registra esa condición: “Hasta que perezcan el Cielo y la tierra”, se asegura allí, “ni una jota ni un ápice serán quitados de la ley...”. El texto alude a la yod, la más pequeña del alfabeto hebreo. Apenas un palito, que los romanos hicieron crecer; para que sonar como consonante le agregaban una colita que con el tiempo se convirtió en el “rulo” inferior que hoy lleva. Se tardó siglos en reconocerle un lugar en el abecedario español, tanto que durante una larga época se lo recitaba pasando directamente de la i a la k. Hoy la jota figura a la par de las demás. Pero el dicho subsiste. Para dar a entender que no entendemos nada.
HABLAR POR BOCA DE GANSO
Cuando un ganso grita, todos los demás se pliegan al barullo; pero no es esa manía la que originó el dicho. Hace tiempo se daba también el nombre de "ganso" a la persona que se desempeñaba como ayo o preceptor. El calificativo zoológico que se endilgaba al maestro nada tiene que ver con las gansadas que podía cometer, se debía a la pluma con que escribía y enseñaba a escribir. Era, como se estilaba entonces, una pluma de ganso. El buen alumno era el que repetía dócilmente lo que su ganso afirmaba. Con el tiempo, el sentido de la frase cambió ligeramente. "Hablar por boca de ganso" equivale a repetir algo de cuya constancia se carece. Quien así habla suele hacerlo con pedantería, respaldándose en el conocimiento de algún otro. No verifica lo que ha oído, ni lo piensa, ni lo critica. Simplemente, habla. Y por boca de ganso.
ESTAR EN BABIA
Babia es un territorio montañoso situado al noroeste de España, en la provincia de León. Allá por los siglos XI o XII, cuando León era un reino, los monarcas tenían en ese sitio su residencia de descanso, a la que habían dotado de todos los lujos y comodidades introducidos por los árabes en la Península: baños, fuentes, espléndidos jardines. Cuando la Corona corría peligro o querían evitar asuntos fatidiosos, los reyes se refugiaban allí para recrearse y gozar del clima y el paisaje. A los súbditos que acudían a la Corte con alguna demanda, los servidores reales tenían orden de contestarles: “Los reyes están en Babia”. De donde el dicho pasó a cobrar el significado de vivir en las nubes, de ser un distraído.
EL CHIVO EMISARIO
La Biblia nos cuenta cómo en el día del Perdón los antiguos judíos se descargaban de todos los pecados cometidos durante el año. Cada población escogía un macho cabrío como portador de sus faltas. En medio de plegarias e imprecaciones éste era llevado al borde del desierto, en el que un demonio llamado Azazel se apropiaba, junto con la cabra, de la culpas colectivas. Al volver al templo, el encargado de conducirla cambiaba sus ropas por otras de lino blanco como signo de purificación. La expresión chivo emisario -a veces llamado también chivo expiatorio- se aplica hoy a la persona o al grupo humano que otros eligen para endilgarle sus propias culpas. Aunque el “chivo” designado resulte tan inocente como en animalito bíblico.
ESTAR EN CAPILLA
Hace quince siglos, un trozo de capa (capella, en latín) dió orígen a esta frase. La prenda pertenecía a un soldado llamado Martín, nacido en Europa Central en el año 330. Se hallaba con las legiones romanas asentadas en Galia, cuando un día de pleno invierno le salió al paso un mendigo semidesnudo. Martín partió en dos su capote militar y le cedió la mitad. Esa noche vio en sueños a Jesús llevando la media capa. La visión lo indujo a abrazar la fe católica y tomar los hábitos. El ex soldado llegó a obispo. Fue canonizado como San Martín de Tours, y su trozo de capa fue conservado como reliquiea en un santuario erigido a tal fin. El sitio, que fue la primera capilla, da nombre ahora a muchos oratorios que no alcanzan la jerarquía de iglesia. O bien, a ciertas iglesias que se alzan en instituciones o lugares privados y que por lo general son muy pequeñas. La expresión "estar en capilla" nació en las prisiones y se aplica al reo en la noche que precede a su ejecución. Vale también para cualquiera que se halla a punto de afrontar un trance difícil pues se halla pendiente del destino y a merced de sus ruegos como el condenado a muerte en la capilla. Tanto está en capilla el estudiante en vísperas de un exámen, como el equipo de fútbol que se concentra para un partido importante.
ESTAR EN LA LUNA DE VALENCIA
Como muchas ciudades de la Edad Media, Valencia estaba rodeada por una muralla en cuya parte exterior había emplazada una fortificación en semicírculo, conocida como luna en términos militares. Al caer el sol, las puertas de la ciudad quedaban cerradas y quien llegaba después debía pasar la noche fuera de ella. No le quedaba otro refugio que el de ese bastión. "Quedarse (o estar) en la luna de Valencia" se convirtió así en equivalente de quedar chasqueado, sin poder cumplir un determinado propósito, con la consiguiente desorientación que ello supone. Existe otra versión del dicho, relacionada con el puerto valenciano. Por la precariedad de su muelle, los barcos debían esperar a que la marea les resultara favorable, lo que sucedía de acuerdo con el régimen lunar. Quien se hallaba en esa situación flotaba in rumbo hasta que las condiciones fueran apropiadas. Estaba pues sujeto a la luna de Valencia. Una vieja copla popular recoge la frase, sin aclara su orígen: "Me diste cite y, ¡cuidado! / te aguardé con impaciencia / la noche entera he pasado / en la luna de Valencia".
SEMBRAR CIZAÑA
La rivalidad y el rencor, la mala fe y la desconfianza recíporca componen la parte envenenada de las relaciones humanas. En una transparente parábola del Evangelio según San Mateo, Cristo la comparó a la rivalidad con la cizaña. Esa planta, que puede crecer junto al centeno y otras gramíneas, contiene una sustancia muy tóxica que al pasar a la harina causa la muerte de quienes comen el pan hecho con ella. No era raro en otros tiempos que la cizaña fuera sembrada furtivamente por algún enemigo, de allí la preocupación de los dueños de campos por arrancarla antes de la cosecha. Grano y cizaña quedaron así como metáforas para referirse a lo bueno y lo dañino, a las intenciones sanas y a los propósitos perversos. Hoy el sentido corriente de "sembrar cizaña" es el de poner a unos contra otros. Tal vocación por enfrentar y dividir dio lugar a un adjetivo que nada tiene que ver con las plantas: a quienes van por el mundo multiplicando enemistades se los califica, con razón, de cizañeros o cizañosos. Son, en otras palabras, los agricultores de la discordia.
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