MIÉRCOLES 25 DE NOVIEMBRE DE 2009 En la televisión los necios nunca paran El actor Damián de Santo trató de necia a Mirtha Legrand porque esta no lo entendió en un tema de familia y diván. La trasgresión de ese gesto desairó a la diva más desairante. De ordinario sentarse a su mesa sobrecarga a un invitado con la necia genuflexión del vasallo ante una supuesta reina plebeya. Tontería que se diga, tontería que se comparte. En la mesa de Legrand hubo contadas insurrecciones verbales, en su mayor parte por diferencias politicas: las de Cecilia Rosetto, Lito Cruz, Jorge Lafauci, Raúl Rizzo y Carlos Rottemberg, entre otros. Pero lo corriente es que el visitante se incline, aún a costa de rendir sus principios, a la hipócrita necedad de un momento. Necedad viene de “necia”: bella palabra que corresponde a un estado cognitivo. Algunos famosos, dada su exposición preferencial, se llevan porcentajes récords de ese atributo. La versión moderna de necio sería pelotuda/o. Su significado es fácil y remite a alguien que con tanto peso tarda en moverse. Necio es más precisa: señala al papanatas que no sabe y aún así se expresa imprudentemente. El necio- mujer o varón- es insolente. No sabe y opina de eso que no sabe. Y ni siquiera se preocupa de saber que no sabe. De todos modos la necedad es la etapa elegante de la pelotudez. Su orígen es el latín “Necius”: lo contrario de saber. Aquel que carece de entendederas. No seas pelotudo; no seas boludo; no seas necio. Boludo es más actual: Isidoro Blaisten le dedicó una bellísima balada cantada tan bien por Gian Franco Pagliaro. Hay una novela póstuma “La conspiración de los necios” del norteamericano John Kennedy Toole, quien se suicidó a los 32 años desalentado por la necedad de los editores que lo negaban. En sus páginas Toole crea un personaje- Ignatius Relly- un gordinflón que aspira a que la moral medieval vuelva a reinar en el mundo. Nada que ver con Bergoglio ni con Bergman ni con “Tradición, familia y propiedad”. El autor- quien ganó el premio Pulitzer ya sepultado- se inspiró para el título en su admirado Jonathan Swift. Este decía que “cuando un verdadero genio aparece en el mundo lo reconoceremos porque todos los necios se conjuran contra él”. Últimamente es desde la televisión exitosa de donde salen los necios que se conjuran. Su objetivo es acabar con el Mal con un dedito admonitor y un mensaje crispado de estrellas torpes, que cuando hablan de más se apagan. Hay un viejo chiste que dice: “un necio poliglota dice necedades en varias lenguas”. O en varios programas. Hay muchos estudios sobre la influencia que causa la televisión en los telespectadores. Conocemos las graciosas y desgraciadas consecuencias que causó en Chance Gardiner, el personaje de “Desde el jardín”, mirar la pantalla sin parar. “La delicada materia de que estaba dotado su cerebro- escribe Jerzy Kosinski- la televisión la había dañado para siempre”. Se sabe bastante de esos efectos. Pero lo que aún no se sabe es qué consecuencias produce la televisión en aquellos a los que convierte en estrellas. Por qué tantos ídolos triunfadores y ricos se comportan como necios. La pregunta es ésta: ¿Acaso la necedad será el alto costo de tener éxito? ¿O es que se tiene tanto éxito por tener tanta necedad? De Santo puso el dedo en la llaga. La necedad no escucha, habla. Carta abierta leída por Orlando Barone el 25 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata. Fuente: http://orlandobarone.blogspot.com/2009/11/en-la-television-los-necios-nunca-paran.html
En la Televisión los Necios nunca Paran - Orlando Barone
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