Las terapias denominadas “Ex gay” parten de dos bases falsas, por un lado religioso, en cuanto algunos cultos consideran a la práctica de la homosexualidad como un grave pecado contra Dios, y por el otro médico, porque algunos psiquiatras la consideran una enfermedad mental.
Aclaremos desde el principio las cosas para que se sepa hacia dónde apuntamos: la práctica de la homosexualidad no ofende a Dios porque el sexo fue dado por él para que lo disfrutemos, y cada quien lo goza de la manera que desee y con quien quiera, sin importar si se trata del mismo sexo o no. La clave es no dañar.
Y en esto estamos con lo que dijo el genial humorista Woody Allen, “hazlo bien y no mires con quien”.
Algunos hombres, sea por ignorancia o directamente por cretinismo, utilizaron a Dios para hacerle decir cosas que él nunca dijo y para hacer ver como pecado lo que sólo partía de sus mentes delirantes o aberradas.
En cuanto a la Psiquiatría, aquellos profesionales que aducen que la homosexualidad es un trastorno mental, también deliran porque ¿cómo pueden hablar de un trastorno mental si ignoran completamente cuál es su verdadera causa?
La homosexualidad tiene tres orígenes, genético, egoico y engrámico.
En el 70 % de los casos la homosexualidad tiene origen genético, lo que significa que el homosexual no puede ser curado porque el trastorno ha sido decidido libremente por él, como espíritu puro 100 %, antes de encarnar.
Este porcentaje ya está dando la pauta del disparate de la Psiquiatría de querer curar algo que forma parte de la experiencia que el propio espíritu ha decidido tener durante la encarnación para aprender, o hacer aprender a otros, determinadas lecciones que han quedado pendientes de vidas anteriores.
Cuando decimos “hacer aprender a otros” nos estamos refiriendo concretamente a la homosexualidad por misión, donde la lección pendiente no la tiene que aprender el propio homosexual sino sus familiares, y que para eso precisamente encarnaron junto con él.
Cuando el origen es egoico, es la propia persona encarnada, a través de uno de los roles del ego, el que opta por la homosexualidad, sea con el afán de probar algo nuevo o por cualquier otra razón.
En este caso no se trata de ninguna enfermedad sino de una elección, y por lo tanto la pretensión de la Psiquiatría de curar a quien tiene tendencias homosexuales es también un disparate.
¿Cómo se puede llamar, si no, a la pretensión de querer curar a alguien que está sano?
Queda por último la homosexualidad provocada por engramas, en cuyo caso se trata de un trastorno psicogénico –la Psiquiatría, por un error terminológico, confunde las enfermedades psicosomáticas con las psicogénicas– que puede ser curado a través de la eliminación de los engramas que la causan.
Pero esta curación no está al alcance de la Psiquiatría, porque esta pseudociencia –sí, es verdaderamente una pseudociencia–, al desconocer la existencia de la segunda mente del hombre, la mente reactiva, atribuye todas las aberraciones a la mente analítica, que por supuesto es completamente inocente.
Pero, reiteramos, más allá de que la homosexualidad sea un trastorno mental o no, su práctica, cuando a nadie daña, es completamente lícita y, por qué no decirlo, también espiritual.
Como los seres humanos son impredecibles, quizás en el futuro aparezca una religión que domine el planeta y cuyos aberrados dirigentes determinen que a Dios no le importa si sus criaturas tienen relaciones con alguien del mismo sexo o no, mientras lo hagan dentro del placard y colgados de una percha…
Si algo así sucede, quizás los espíritus se entusiasmen y encarnen en masa en el planeta Tierra para tener la insólita experiencia de hacer el amor dentro del placard y colgados de una percha.
Aclaremos desde el principio las cosas para que se sepa hacia dónde apuntamos: la práctica de la homosexualidad no ofende a Dios porque el sexo fue dado por él para que lo disfrutemos, y cada quien lo goza de la manera que desee y con quien quiera, sin importar si se trata del mismo sexo o no. La clave es no dañar.
Y en esto estamos con lo que dijo el genial humorista Woody Allen, “hazlo bien y no mires con quien”.
Algunos hombres, sea por ignorancia o directamente por cretinismo, utilizaron a Dios para hacerle decir cosas que él nunca dijo y para hacer ver como pecado lo que sólo partía de sus mentes delirantes o aberradas.
En cuanto a la Psiquiatría, aquellos profesionales que aducen que la homosexualidad es un trastorno mental, también deliran porque ¿cómo pueden hablar de un trastorno mental si ignoran completamente cuál es su verdadera causa?
La homosexualidad tiene tres orígenes, genético, egoico y engrámico.
En el 70 % de los casos la homosexualidad tiene origen genético, lo que significa que el homosexual no puede ser curado porque el trastorno ha sido decidido libremente por él, como espíritu puro 100 %, antes de encarnar.
Este porcentaje ya está dando la pauta del disparate de la Psiquiatría de querer curar algo que forma parte de la experiencia que el propio espíritu ha decidido tener durante la encarnación para aprender, o hacer aprender a otros, determinadas lecciones que han quedado pendientes de vidas anteriores.
Cuando decimos “hacer aprender a otros” nos estamos refiriendo concretamente a la homosexualidad por misión, donde la lección pendiente no la tiene que aprender el propio homosexual sino sus familiares, y que para eso precisamente encarnaron junto con él.
Cuando el origen es egoico, es la propia persona encarnada, a través de uno de los roles del ego, el que opta por la homosexualidad, sea con el afán de probar algo nuevo o por cualquier otra razón.

En este caso no se trata de ninguna enfermedad sino de una elección, y por lo tanto la pretensión de la Psiquiatría de curar a quien tiene tendencias homosexuales es también un disparate.
¿Cómo se puede llamar, si no, a la pretensión de querer curar a alguien que está sano?
Queda por último la homosexualidad provocada por engramas, en cuyo caso se trata de un trastorno psicogénico –la Psiquiatría, por un error terminológico, confunde las enfermedades psicosomáticas con las psicogénicas– que puede ser curado a través de la eliminación de los engramas que la causan.
Pero esta curación no está al alcance de la Psiquiatría, porque esta pseudociencia –sí, es verdaderamente una pseudociencia–, al desconocer la existencia de la segunda mente del hombre, la mente reactiva, atribuye todas las aberraciones a la mente analítica, que por supuesto es completamente inocente.

Pero, reiteramos, más allá de que la homosexualidad sea un trastorno mental o no, su práctica, cuando a nadie daña, es completamente lícita y, por qué no decirlo, también espiritual.
Como los seres humanos son impredecibles, quizás en el futuro aparezca una religión que domine el planeta y cuyos aberrados dirigentes determinen que a Dios no le importa si sus criaturas tienen relaciones con alguien del mismo sexo o no, mientras lo hagan dentro del placard y colgados de una percha…
Si algo así sucede, quizás los espíritus se entusiasmen y encarnen en masa en el planeta Tierra para tener la insólita experiencia de hacer el amor dentro del placard y colgados de una percha.
