En los últimos días hemos presenciado en nuestro país expresiones consonantes de importantes referentes de la TV, en cuanto al pedido de políticas de Estado más duras y represivas. Más duras en cuanto al pedido de imputabilidad de los menores en conflicto con la ley, y más represivas en cuanto al pedido de represión a aquellas protestas sociales que impliquen cortes de calle. También hemos escuchado que convocan a marchas pidiendo medidas contra la inseguridad. Pero no hablan de cualquier inseguridad, la que los conmueve es aquella que vive un sector de la clase media como consecuencia de la difusión mediática de unos cuatro o cinco asesinatos que han visto en las últimas semanas.
No los conmueve tanto la muerte de más de ocho chicos por día en Argentina por desnutrición, como consecuencia de un Estado que se mantiene ausente desde las reformas -justamente- neoliberales de los 90. Tampoco los conmueven tanto las 22 muertes por día en accidentes de tránsito , como consecuencia en parte de otra reforma neoliberal que consistió en el desmantelamiento de la red ferroviaria argentina y subsiguiente sobre población de autos en las rutas. Son muertes que aunque mucho más numerosas que las producidas por la inseguridad, para ellos mucho menos importantes, por no decir que les resultan insignificantes.
Estas personas no son personas que ocupan circunstancialmente las pantallas sino que son probablemente las personas que mayor espacio y éxito han tenido en la TV en los últimos veinte años, manteniendo su presencia casi diariamente durante ese tiempo.
Cabe preguntarse entonces si estas personas cuya opinión tiene tanto peso en la sociedad argentina, representan lo que una mayoría piensa o si en cambio representan un tipo particular de personalidad que por alguna razón tiene más oportunidades de triunfar en los medios que otras. Existe también una tercera alternativa que sería la conjugación de las dos recién planteadas: Que sean personas que tienen un tipo de personalidad que es la que mejor se adapta a la estructura de los multimedios privados de comunicación y que con el correr del tiempo terminan representando lo que la mayoría de la sociedad piensa, como consecuencia de que la repetición sistemática de esos valores han sido internalizados por gran parte de la sociedad.
Pero descartemos temporalmente esta última hipótesis. Supongamos que la mayoría de la gente no come vidrio, supongamos que por más que la TV haya intentado despertar el enano fascista que todos llevamos dentro durante décadas, no lo haya logrado. Enfoquémonos en responder esta pregunta: ¿Por qué coinciden los mayores referentes de la TV en opinar que el Estado debe ser menos tolerante?
Gerardo Sofovich, propuso en una toma de rehenes televisada en vivo que la policía debía solucionarla con un tiro en la frente de uno de los menores implicados
Empecemos por preguntarnos: Si las empresas de comunicación son entidades que tienen como sentido primordial la generación de ganancias en un marco de producción capitalista ¿Podría alguien que considere injusto al sistema de producción capitalista mantenerse veinte años opinando libremente en esos canales? Es poco probable. Pero no lo descartemos. Existen casos con una postura política así, muy aislados, que han durado muy poco en la TV, como por ejemplo Martín Caparrós, o con una postura no tan radical, pero opuesta a la de los intereses de los dueños del medios, como Victor Hugo Morales. Existe cierto margen para el disenso y cuanto más capacidad de convocar audiencia tiene un personaje, mayor margen tiene, porque como dijera Michael Moore en La Corporación, “si el mercader tiene la posibilidad de venderte la horca con la que ha de ser colgado te la vende”, porque esa es su naturaleza, no puede dejar de considerar al lucro como su única prioridad.
La señora Legrand, que entre otras cosas propone hacer una marcha contra la inseguridad, mientras trabaja en el canal de un diputado que viene trepando en la política con un discurso centrado en la inseguridad
Sin embargo, la tendencia es que esto vaya desapareciendo porque el poder que va logrando la concentración de capitales en el área mediática, le permite ir encontrando productos/personas que se adapten mejor al doble propósito de convocar audiencia y tener afinidad ideológica con la forma de ver el mundo empresarial.
Podríamos decir entonces, en líneas generales, que cuanto mayor distancia hay entre la ideología expresada por una figura mediática y los intereses de la empresa en la que trabaja, menores son las probabilidades de que logre mantenerse en el tiempo en ese medio.
¿Y cuáles son esos intereses de las empresas mediáticas? Como los de toda empresa, la generación del mayor lucro posible en el menor tiempo posible. Esto en sí mismo no dice gran cosa ni parece muy maléfico. Lo realmente dañino son los derivados de este interés primordial, es decir, las condiciones necesarias para que se genere ese lucro, tanto directamente por parte de las empresas mediáticas, como indirectamente por parte de sus corporaciones auspiciantes. Todas las grandes empresas necesitan las mismas condiciones sociopolíticas: un ser humano individualista, competitivo, que se quede en su casa mirando pasivamente la TV, una generalizada fragmentación social, para que no haya mucha comunicación entre las personas, evitando nuevas discusiones sobre el orden social y político en que vivimos, que haya libre circulación de bienes a lo largo de todo el territorio, un Estado que se reduzca a su mínima expresión desregulando la economía, la mercantilización de cada aspecto de la vida, de la educación, de la salud, del agua, de la comunicación, etc.
Chiche Gelblung, está a favor de la pena de muerte y era soplón de los militares durante la dictadura, mientras era director de la revista “Gente”
Es muy clara la incompatibilidad de los intereses de las grandes empresas con los de la mayoría de la población, pero como los medios de comunicación son bienes comprables en manos de grandes empresas, es esperable que quienes consigan sostenerse como referentes de esos medios durante más tiempo sean aquellas personas que logren disimular esa incompatibilidad, aquellas personas que mejor se adapten a la necesidad de generar lucro promoviendo o siendo funcionales a esas condiciones políticas y humanas que la gran empresa necesita para conseguir su objetivo de capturar la mayor cantidad de recursos en el menor tiempo posible.
Es por eso que seguramente usted no ha visto a estos referentes de la TV criticando el neoliberalismo, ese “cielo en la tierra” que desea toda gran empresa transnacional -los más frecuentes auspiciantes de la TV-, sino más bien invitando a sus impulsores a sus programas. Es por eso que claman que se reprima a quienes corten los caminos porque “no se puede impedir que circulen las mercaderías”. Es por eso que reclaman medidas terminantes como la criminalización de los menores emitiendo en este clamor una señal de alerta que cierra toda posibilidad de debate sobre las causas profundas de ese supuesto aumento de la delincuencia: Lógicamente, un orden social y económico que ellos no están dispuestos a cuestionar.
La personalidad neoliberal espera del otro, cuando ese otro no es millonario, fundamentalmente que no moleste, y ocasionalmente que sirva para generar el lucro propio. La personalidad neoliberal no tiene registro del otro como una persona con una historia, con problemas. No le interesa saber por qué ha llegado a transformarse en una molestia para los objetivos de personas individuales y del mercado. No le interesa saber qué problema tiene, ni tampoco qué medidas de protesta ha intentado sin éxito antes de llegar a cortar la calle, ni los resutados de esas acciones. Sólo atina a decir “que protesten de otra manera”, porque sabe que no sería muy democrático decir lo que realmente desea “que no protesten, que no jodan”.
Joaquín Morales Solá, era director de la sección política de Clarín durante la dictadura sección en la que centenares de hechos de exterminio y fusilamiento de militantes políticos eran “enfrentamientos”. Eran habituales sus tardecitas para “tomar el té” con empinados generales. Fue premiado por quien sería el gobernador de la dictadura en Tucumán (Antonio Bussi) el 22 de marzo de 1976, antes del golpe.
En materia de relaciones internacionales no pierde oportunidad de atacar a Chávez mientras brega por la consolidación de las relaciones con EEUU y Uribe
La personalidad neoliberal no es en realidad nada completamente nuevo, es la adaptación posmoderna del lacayo de la antigüedad. Es un tipo de personalidad que incluso encuentra sus raíces más profundas cientos de miles de años atrás, cuando ni siquiera éramos seres humanos, y, como el resto de los animales superiores nos movíamos en manadas que se organizaban socialmente mediante un líder y muchos subordinados. Estrategias de supervivencia de animales. Pensar solo en uno mismo y aliarse al poder para obtener una buena tajada a la hora en que se repartan los recursos y las hembras – o los machos-. Los animales no lo pueden evitar, son estrategias de conducta que se fueron incorporando en su ADN a lo largo de muchísimas generaciones.
Por suerte los seres humanos ya no somos animales, dejamos de serlo hace unos doscientos mil años. Nuestro cerebro se ha desarrollado enormemente. Por suerte ahora podemos entender que somos parte de la sociedad y que la sociedad es parte nuestra. Por suerte podemos entender que acumular riquezas individualmente mientras millones de personas iguales a nosotros no cubren sus necesidades básicas, no es una estrategia sustentable ni sana.
Cacho Castaña, propuso terminar con la inseguridad levantando un paredón en Plaza de mayo y fusilando a los delincuentes públicamente “vas a ver como al cuarto o quinto los muchachos se calman”, remató.
Lástima que la comunicación de toda una sociedad esté en manos de organizaciones que se manejen de manera tan parecida a la de los animales superiores, sin otro interés que el de incorporar la mayor cantidad de recursos en el menor tiempo para evitar que otro lo haga. Los animales al menos tienen que parar cuando se les llena la panza. Lástima que no tengamos más alternativa que escuchar las opiniones políticas e ideológicas de quienes mejor se adaptan a la lógica de la depredación individualista, la lógica del animal, la lógica del mercado. Lástima que lastima y que lastimará, hasta tanto no nos cansemos y echemos mano sobre eso.
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