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El Maradona que no conoces

Info11/22/2009

Dr. Esteban Laureano Maradona: un ejemplo a imitar.



Cuando se dice su apellido todos traen a su memoria al futbolista y nadie recuerda al eminente médico que dio hasta los últimos momentos de su larga existencia para los demás, olvidándose de sí mismo. No era mediático, no tenía dinero, no se vanagloriaba de sus trabajos, no necesitaba de medicamentos especiales para seguir bregando y luchando por un mundo mejor, era humilde y sacrificado, modesto, sencillo, lleno de un amor inconmensurable hacia la naturaleza y sus seres vivientes.
Había nacido en el hogar del Coronel Waldino Maradona y María Encarnación Villalba, en Esperanza, primera colonia agrícola argentina, el 4 de Julio de 1895. Tenía catorce hermanos. Su familia se encontraba entre los primeros pobladores de esa ciudad, con campos en la zona de Barrancas, familia económicamente holgada. Es decir, de niño y adolescente no sufrió privaciones. Se fue a estudiar a Buenos Aires en la Facultad de Medicina, teniendo entre sus discípulos a Pedro de Elizalde y Bernardo Houssay, quien recibió el Premio Nobel de Medicina en 1947, se graduó de Médico en 1926.
Para costearse sus estudios trabajó como tipógrafo, constructor, maestro, periodista y observador de la oficina de meteorología del Ministerio de Agricultura de la Nación. Era seguidor de los ideales del Presidente de la Nación Hipólito Yrigoyen, por ello sufrió cuando aquel fatídico 6 de setiembre de 1930 comenzaba el período de golpes de Estado por parte de los militares. Criticaba duramente al Presidente de facto general José Félix Uriburu, por ello debió emigrar. Eligió ir a Paraguay - como dijo él - sin documentos y sin familia, sin dinero. Allí tuvo una única novia, Aurora Evalí, que falleció joven, lo cual lo llevó a una larga soltería de por vida. Cuando se produjo la Guerra Chaco - Paraguaya, entre Bolivia y Paraguay, se preocupó y ocupó por los heridos de ambos bandos, sin diferenciar el dolor. La misma se extendió entre 1932 y 1935 y un compatriota por actuar de intermediario para obtener la paz entre las partes, Carlos Saavedra Lamas, obtuvo el Premio Nobel de la Paz. Allí fue Director del Hospital Naval de Asunción del Paraguay, ocasión en que redactó el Reglamento de Sanidad Naval de dicho país. Durante su gestión al frente del hospital donó todos sus salarios a los soldados paraguayos. Integró la comisión que elaboraría el tratado de paz de fin de la guerra. Nunca quiso votar porque entendía que los políticos no actuaban bien, al ver el golpe de Estado citado. Respecto a su novia dijo: "Las mujeres no querían que supiera que se está muriendo a causa de una fiebre tifoidea. Era por pudor, por ese zonzo pudor para que no la revisara. Llegué a verla: estaba postrada. Me miró, hizo una mueca, me dio la mano y se apagó". Era el 31 de diciembre de 1934. Cuando el gobierno paraguayo quiso otorgarle una condecoración por su loable labor, su proverbial humildad lo llevó a abandonar el país y regresar a la Argentina.
Su intención era visitar a su hermano en Tucumán, el tren hizo una parada en la hoy localidad de Estanislao del Campo, el médico se bajó a estirar las piernas y allí se enteró que alguien buscaba desesperadamente un médico para atender a una parturienta. El no se mantuvo al margen, atendió el parto y al querer volver al tren, éste ya había partido sin su presencia. Allí se dio cuenta que una gran cantidad de personas enfermas estaban a su lado esperando ser atendidas, pues en varios kilómetros a la redonda no había ningún galeno para curar sus males. Era el mes de julio de 1935 y se dio cuenta de lo necesario que era en el lugar inhóspito de nuestra Patria, en medio de la selva, con grupos de aborígenes tobas y pilagas. En sus primeros tiempos fue recibido con recelo, pero al cabo del tiempo, había matacos, guaycurúes, y de todos ellos fue aprendiendo sus idiomas para ser tratados mejor, para comprenderlos en sus lenguas, sus vivencias, sus sufrimientos, sus alegrías, su cultura. Tras ello les enseñó a leer y escribir en castellano, a fabricar ladrillos, construir sus propias casas. Junto a todos ellos fundó la Colonia "Juan Bautista Alberdi", nombre impuesto por él a quien tanto admiraba.
Dijo:"Sé que arriesgué mi vida y también mi salud. Pero había mucho que hacer por esa gente y por eso elegí a la comodidad de mi consultorio en Buenos Aires". "Alguna vez tuve un consultorio con chapa en la puerta y todo. Pero el destino me trajo aquí y no me arrepiento". "En más de cuarenta años por estos momentos hice una medicina gaucha, a los ponchazos, como pide. ¿Estetoscopio?, nunca tuve. Un tubo de cartón cumple la misma función" Así, austeramente, con sencillez, con amor a los enfermos, vivió más de cincuenta años en ese paraje casi olvidado por las autoridades provinciales y nacionales.
El diario cordobés "La voz del interior", en el editorial del día posterior a su fallecimiento, titulado "Un héroe anónimo de nuestro tiempo", entre otros párrafos, decía lo siguiente: "El Médico rural, que fuera también un reputado botánico zoologo y lingüista, fue en su larga vida un hombre pobre, que rechazó subvenciones, subsidios y becas que tenía sobradamente merecidos. Dice su escueta biografía que una vez recibió una beca de por vida, en reconocimiento a sus méritos, pero la donó a los médicos jóvenes que fueran a trabajar al campo, las selvas y los lugares inhóspitos. También se le asignó una pensión vitalicia, que agradeció, pero también rechazó. En una época de generalizada corrupción, cuando muchos ministros, funcionarios y legisladores no se resignan a abandonar sus sillas y suculentos sueldos, cuando muchos profesionales pretenden enriquecerse en pocos años, la vida del hombre nacido hace un siglo en la histórica ciudad santafesina de Esperanza, aparece como un solitario ejemplo de moralidad". Una similitud fue el ex Presidente de la Nación Dr. Arturo Umberto Illia, quien no aceptó la jubilación de ese cargo, entregó el dinero reservado que le correspondía y murió casi en la miseria.
Fue tres veces nominado al Premio Nobel de la Paz, recibió en 1987 el Premio Internacional Estrella de la Medicina para la Paz, otorgado por la ONU, premio al Médico Rural (1980), otorgado por la Asociación Médica Nacional y la Revista Iberoamericana de Infectología, Ciudadano Ilustre de Rosario; en 1992 una revista norteamericana de zoología le otorgó un premio de tres mil dólares que rechazó, recibió medallas y diplomas, Condecorado por el Ejército Argentino (1993), premiado por la sociedad Argentina de Medicina General, los alumnos de la escuela rosarina "Simón de Iriondo" cuando cumplió 99 años le obsequiaron una bandera argentina confeccionada y bordada por ellos, y unos días antes de su partida definitiva fue distinguido por la Sociedad Argentina de Protección al Anciano Agredido, que instituyó la distinción "Anciano célebre". En esa oportunidad la Licenciada Diana Vogelfang, en nombre de esa institución, expresó: "bregamos para que la sensibilidad social se haga eco del gran aporte cultural logrado por el Doctor Maradona, que ha trabajado incansablemente en condiciones de austeridad máxima, dándole la relevancia merecida y editado la gran cantidad de obra que actualizan, amplían y enriquecen nuestros conocimientos científicos". Al día de hoy desconozco si se cumplimentó con ello.
Se autodefinió así: "Soy un salvaje; no un bárbaro o incivilizado, sino un salvaje: primitivo, puro, íntegro, amante del suelo y de lo natural. Siempre he postergado la abundancia y los honores. Esta es mi manera de entender la trascendencia de la vida".
Se dedicó a los estudios botánicos y zoológicos, escribió más de veinte libros desde 1937 en que apareció "A través de la selva", luego serán: "Recuerdos campesinos", "Una planta providencial", "Cuadrúpedos americanos", ente otros. En 1985, al hallarse enfermo y desnutrido fue llevado a casa de un sobrino, en Rosario, donde residió hasta el 14 de enero de 1995, en que falleció, lúcido y rodeado de sus familiares, y en sus últimos tiempos se dedicaba a escribir poesías. Su velatorio se produjo en el Concejo Municipal y sus restos descansan en el cementerio de Santa Fe, en el panteón familiar. Sobre la muerte dijo: "Estoy conforme con lo que hice. No me arrepiento de nada. ¿Qué es la muerte?... Algo natural. La muerte del cuerpo, claro. El alma nunca muere".
En su homenaje, la fecha de su nacimiento: 04 de julio, fue instituida como Día de los Médicos Rurales.

fuente http://periodicosintesis.com.ar/sitio/index.php/biografiaspersonajes/2413-dr-esteban-laureano-maradona-un-ejemplo-




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