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Sexo al aire libre, del lenguaje no verbal a la acción




La práctica del sexo a “campo traviesa” ha existido y existirá siempre, unas veces por necesidad, otras por morbo y otras simplemente por comodidad

Algo tendrá eso de hacerlo a la intemperie cuando miles de satisfechos usuarios buscan diariamente el amor a la sombra de un arbusto, al cobijo de una duna o al del anonimato urbano de un parque.

En el principio había oscuridad

En los albores de la era gay, cuando se vivía la homosexualidad como una lacra social, como una maldición o como algo definitivamente no bien visto que había que esconder, los primeros aventureros empezaron a “desahogarse” allí donde les era más fácil contactar y consumar con otros furtivos del sexo. Y en aquella época oscura y de sexo de incógnito, qué mejor que el parque de la esquina, el jardín o las dunas de la playa más recóndita para aliviar esa necesidad sexual que era más grande y fuerte que cualquier ley.

El lenguaje corporal, la ropa y accesorios, las practicas sexuales, la forma de desenvolverse, los símbolos y signos y todo lo que forma parte de esa manera especial de ver y disfrutar del sexo al aire libre, se fueron estableciendo entre pajas, mamadas y penetraciones clandestinas envueltas por el deseo y el miedo.

Hoy por hoy esta herencia ha llegado a nuestros días. Prácticamente todas las ciudades del mundo tienen una zona “verde-rosa” destinadas al sexo al aire libre, también conocido como cruising.

Cruising: el gran clásico

De todas las prácticas de sexo al aire libre que existen, el cruising es sin duda la gran estrella. Ya sea en una playa, un parque, un jardín o un área de servicio, esta forma de sexo fácil encuentra dosis añadidas de morbo. Quizás por ello cada vez son mas los lugares que existen para practicarlo y cada vez son mas también los seguidores de esta práctica. Ahora bien, ¿dónde se practica el cruising? Básicamente hay que tener en cuenta algunas nociones básicas, abrir bien los ojos, y darse cuenta de que casi en cualquier parte hay posibilidad de hacerlo:

- Playas: dicen los mas experimentados que en realidad cualquier playa, en sus extremos, es gay. Prestá atención especialmente a zonas con arbustos, dunas o cañas: son paraísos del sexo al aire libre.

- Parques y jardines: lo más típico. El atardecer y la noche son los momentos ideales para observar a un montón de hombres dando vueltas sin rumbo fijo y clavándose miradas incitadoras al sexo.

- Baños públicos: no están realmente al aire libre, pero si se habla de cruising hay que hablar de baños. Templos de la mirada huidiza al compañero de meadero, han sido siempre el ultimo recurso. Los de estaciones de trenes, o centros comerciales son siempre los mas animados.

- Áreas de servicio: lugares en medio de la nada, son un oasis para camioneros y curiosos que busquen el morbo del olor a gasolina y el sexo con hombres casados. Las grandes autopistas son las preferidas, y a la caída de la tarde no es raro ver en algunas áreas un montón de camiones estacionados y acotando una zona del parking como improvisada cama redonda.

Hoy, en este mundo actual, saturado de saunas y cuartos oscuros, de cines X y amor libre, donde hasta lo prohibido forma parte de lo cotidiano, se ha perdido la esencia de los primeros años, cuando el “sexo verde” tenía además la atracción de lo perseguido. Pero, en el fondo, nos da igual, porque ¿quién en su sano juicio puede añorar esos años de oscuridad y anonimato?.

No existe un perfil psicológico concreto de sujetos que practican sexo al aire libre, pero si nos podemos encontrar grupos humanos diversos:

Jóvenes que no tienen un lugar adonde ir, si es que para ellos no implica un plus de disfrute el sexo si es al aire libre.

Sexo al aire libre como un espacio para ligar; el impulso eyaculatorio marca las relaciones masculinas; eyacular al aire libre, unido al miedo que implica el morbo de lo prohibido y lo deseado, permite que se active la adrenalina como precursor de la testosterona. Hay un mecanismo entrópico entre el miedo y la erotizacion; ambos se retroalimentan. A mas miedo, mas deseo, y cuanto mayor es el grado de erotismo, se genera mas miedo, lo que vuelve a poner el circuito en movimiento.

Muchas parejas disfrutan del sexo al aire libre, y también disfrutan con la fantasía de ser escuchado y visto, y de escuchar y ver, fantasía de orgía como espacio de compartir. No es necesario compartir el cuerpo, los sentidos de lejanía, vista y oído son suficientes. En el exhibicionismo o voyeurismo, aquí al aire libre, este ámbito perceptivo juega un papel relevante.

Por ultimo, podemos encontrar individuos y parejas que han perdido el impulso sexual, y hacerlo en un lugar insólito, al aire libre, puede permitir que se reactive.

Lo importante: Podes hacerlo donde quieras, como quieras, y con quien quieras, pero no olvides usar preservativo en todas tus relaciones sexuales.


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