MARTIN HEIDEGGER, A 80 AÑOS DE UN LIBRO FUNDAMENTAL
La destrucción de la metafísica
En 1927 se publicaba “Ser y tiempo”, obra con la que el filósofo alemán intentó desembarazarse de las categorías de la filosofía del sujeto que configuraban los contornos de la metafísica moderna, evitando la conjunción deductiva de conceptos y proponiendo, a la vez, una destrucción de la historia de la ontología como paso previo para la recuperación de su pregunta fundamental. Para eso, se enfrentó al desafío de elaborar una nueva terminología, introduciendo uno de sus conceptos centrales, el “dasein”, término fundamental para su propio proyecto ontológico.
En la primavera europea de 1927 aparecía Ser y tiempo, obra capital de Martín Heidegger. En otra ocasión conmemorativa referida a la figura de este filósofo, uno de sus contradictores más notorios, Jürgen Habermas, escribía: “Si volvemos la mirada hacia atrás desde la atalaya que representa este aniversario, observamos la historia de un imponente influjo en el marco de la universidad alemana, el mayor que ha ejercido un filósofo desde la muerte de Hegel”. Dejando afuera a sus seguidores más ortodoxos, un repaso elemental de corrientes filosóficas innovadoras que toman motivos de esta obra y los transforman en desarrollos autónomos debería incluir el existencialismo de Sartre, la hermenéutica a partir de Gadamer, la deconstrucción derrideana y los planteos ontológicos hasta Badiou. Semejante estela teórica no agota las irradiaciones de este libro que también se vincula con otras tradiciones que encuentran en él un interlocutor o lo convierten en blanco de sus polémicas.
La meditación heideggeriana puede caracterizarse como un intento de rehabilitación de la posición de dominio de la filosofía respecto de las ciencias, la moral, el arte y el mundo político-social, perdida tras la crítica dirigida al idealismo por los filósofos post hegelianos.
Volviendo hacia preocupaciones de la filosofía antigua, podría decirse que Heidegger pretende reformular la investigación que Aristóteles llamaba “filosofía primera”, y que la tradición posterior conoce con el nombre de “metafísica”. Esta disciplina se ubicaría desde esta concepción como fundamento del conjunto de las disciplinas teóricas, y es en este sentido que la ontología de Heidegger intenta una recalificación del discurso filosófico. Pero el esfuerzo heideggeriano no puede reducirse a un mero intento de restauración, ya que propone una destrucción de la historia de la ontología como paso previo para la recuperación de su pregunta fundamental.
Estamos sometidos a nuestra tradición en la medida en que ésta nos constituye y nos sustrae la capacidad de darnos nuestra propia dirección. La tradición encubre lo que en ella es lo más esencial al volverlo obvio, y nos vuelve insensibles frente a sus problemas mediante esta naturalización. Esto que se ha vuelto tan obvio en la tradición filosófica que su simple planteo parece absurdo es el significado del ser de lo que es, por eso la pregunta que interroga por el sentido del ser es la que es preciso formular.
El ser y la tradición. Heidegger indica lo que considera un subrepticio solapamiento de ser y ente en la tradición, el ocultamiento de la “diferencia ontológica”. La tradición filosófica desde Platón y Aristóteles hasta Hegel ha respondido a la pregunta por el ser identificándolo con un ente determinado. Para la ontología heideggeriana, el ser se plantea como una dimensión elusiva que siempre escapa a su entificación, mostrándose siempre en escorzo, difiriendo.
El término “ontología” designa la disciplina filosófica que tiene por tema el ser. Lo que caracteriza y separa el planteo ontológico heideggeriano de sus predecesores es que evita el desarrollo constructivo de una metafísica a través de la conjunción deductiva de conceptos. En su lugar, Heidegger desarrolla la pregunta por el sentido del ser desplegando las estructuras de aquel ente que a diferencia de otros entes se encuentra siempre ya en una cierta precomprensión del ser: el dasein. Este modo indirecto de preguntar por el sentido del ser es un paso necesario para poder evitar la identificación con un ente. Heidegger emplea el término dasein evitando otros términos como “existencia humana” u “hombre”. Los motivos para usar esta palabra (que en alemán corriente significa “existencia”, pero en el contexto de esta filosofía adquiere otro significado) se encuentran en su intento de desembarazarse de las categorías de la filosofía del sujeto que configuran los contornos de la metafísica moderna. La elaboración de una nueva terminología es una parte importante del proyecto ontológico heideggeriano en la medida en que pretende alumbrar lo impensado por el vocabulario de la tradición. “En este campo de investigación, la violencia hecha al lenguaje no es antojadiza, sino necesidad impuesta por las cosas mismas.” Se trataría de un esfuerzo lingüístico acorde con la empresa filosófica de un replanteo del decir del ser.
Que el dasein se encuentra ya siempre en una precomprensión del ser significa que se trata de una comprensión implícita, preontológica, del ser, en la cual el “concepto” de ser no se haya aún elaborado. Esta precomprensión es colectivamente vinculante y define toda una época bajo esta común interpretación. Así, la investigación ontológica no se presenta para Heidegger como una construcción caprichosa o una teoría contemplativa desligada de la existencia. Antes bien, se trata de la radicalización de una tendencia ya presente en el dasein que desoculta el acceso a sus posibilidades más propias y le permite elegirlas. Una vez desplegadas las estructuras del dasein, la pregunta por el ser en general podrá ser abordada, lo cual nos permitiría no ser regidos por una comprensión del ser adoptada acríticamente.
Como vemos, la pregunta por el sentido del ser en Heidegger se hace desde un lugar definido. El dasein es el “ahí” del ser (“Da” significa “ahí” y “Sein”, “ser”). Esto implica preguntar desde la facticidad, y sólo en esa facticidad se explicitan las estructuras del ser en general, a diferencia de la metafísica clásica que pretendía construirse como un pensamiento absoluto (es decir, más allá de toda situacionalidad). Con esto queda indicado que la diferencia ontológica mienta no sólo la diferencia, sino también la articulación entre ser y ente. El aspecto óntico no es un lastre del cual el análisis aspire a desprenderse, el ser es siempre ser del ente. Por esto la ontología heideggeriana no es una ciencia del ser en cuanto ser (como la metafísica aristotélica) sino una ciencia del dasein, a partir del cual la pregunta por el sentido del ser en general puede ser desplegada.
Una lectura que parece haber envejecido definitivamente hizo de Ser y tiempo un libro “existencialista”. Heidegger intentó tempranamente despegarse de esta interpretación, indicando que el despliegue de las estructuras del dasein no era el centro de su filosofía, sino que su desarrollo estaba al servicio de la indagación ontológica. La analítica existencial es, desde un comienzo, funcional al proyecto de una ontología general.
“Aquello desde donde el dasein comprende e interpreta implícitamente eso que llamamos el ser es el tiempo.” La explicitación de la estructura temporal del dasein y la tematización de la temporalidad originaria (distinta del “tiempo vulgar”, aquel medido por los relojes y el calendario) constituye el horizonte de toda comprensión del ser. Es justamente la temporalización de la problemática ontológica la clave de la corrosión de los fundamentos sobre los cuales la metafísica anterior intentó asentarse. Para la tradición, si en el ente sólo hay cambio y corrupción, el fundamento de lo que es debía ser eterno e inmutable.
El despliegue de la temporalidad como llave maestra de la indagación ontológica permite vislumbrar el diferimiento constitutivo por el cual el ser se resiste a su entificación. Es la diferencia entre ser y ente el ariete con el cual Heidegger llevó adelante su empresa de destrucción de la metafísica para abrir este nuevo camino a la ontología.
El ropaje de la filosofía pura
Para muchos, Heidegger sigue siendo un autor repelente debido a su vinculación con el régimen nazi. La cuestión es problemática e imposible de agotar en una línea, pero es evidente que la imputación de nazismo suele usarse para evitar el trabajo de discutir con seriedad. Inversamente, en los ámbitos académicos el punto suele omitirse, lo cual dista de ser una solución. En este caso, la única historia digna de ser tomada en cuenta es la historia de la filosofía. Así, el único vínculo relevante para la obra de Heidegger es el que pueda trazarse con el neokantismo, Husserl, etc. El peligro de esta omisión es la ceguera frente a elementos de matriz conservadora que impregnan ciertos aspectos de Ser y tiempo, y la subrepticia entronización de estas ideas bajo el ropaje de la filosofía “pura”.
FUENTES:
http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0183/articulo.php?art=1811&ed=0183#1
http://www.heideggeriana.com.ar/textos/textos.htm
BAJAR "SER Y TIEMPO" EN PDF:
http://www.heideggeriana.com.ar/textos/ser_y_tiempo.pdf
VIDEOS:
HEIDEGGER Y EL PENSAR
Selección de un documental alemán con subtítulos en francés donde el gran pensador habla acerca del pensar, la transformación del mundo, la filosofía y la práctica, la religión y la creencia, la cuestión del ser y la condición humana, el olvido del ser y la ausencia de ideas, el ser de la técnica y el fin de la filosofía, el lenguaje y el pensamiento por venir
link: http://video.google.com/videoplay?docid=2979009895521415323
En Alemán, pero vale la pena:
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=1K-0sf7PfXM
Heidegger y Sartre:
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=j7DoStl55hE
Conferencia de Jorge Acevedo sobre la esencia de la técnica moderna en Heidegger
link: http://video.google.com/videoplay?docid=4712587095782880073
La destrucción de la metafísica
En 1927 se publicaba “Ser y tiempo”, obra con la que el filósofo alemán intentó desembarazarse de las categorías de la filosofía del sujeto que configuraban los contornos de la metafísica moderna, evitando la conjunción deductiva de conceptos y proponiendo, a la vez, una destrucción de la historia de la ontología como paso previo para la recuperación de su pregunta fundamental. Para eso, se enfrentó al desafío de elaborar una nueva terminología, introduciendo uno de sus conceptos centrales, el “dasein”, término fundamental para su propio proyecto ontológico.
En la primavera europea de 1927 aparecía Ser y tiempo, obra capital de Martín Heidegger. En otra ocasión conmemorativa referida a la figura de este filósofo, uno de sus contradictores más notorios, Jürgen Habermas, escribía: “Si volvemos la mirada hacia atrás desde la atalaya que representa este aniversario, observamos la historia de un imponente influjo en el marco de la universidad alemana, el mayor que ha ejercido un filósofo desde la muerte de Hegel”. Dejando afuera a sus seguidores más ortodoxos, un repaso elemental de corrientes filosóficas innovadoras que toman motivos de esta obra y los transforman en desarrollos autónomos debería incluir el existencialismo de Sartre, la hermenéutica a partir de Gadamer, la deconstrucción derrideana y los planteos ontológicos hasta Badiou. Semejante estela teórica no agota las irradiaciones de este libro que también se vincula con otras tradiciones que encuentran en él un interlocutor o lo convierten en blanco de sus polémicas.
La meditación heideggeriana puede caracterizarse como un intento de rehabilitación de la posición de dominio de la filosofía respecto de las ciencias, la moral, el arte y el mundo político-social, perdida tras la crítica dirigida al idealismo por los filósofos post hegelianos.
Volviendo hacia preocupaciones de la filosofía antigua, podría decirse que Heidegger pretende reformular la investigación que Aristóteles llamaba “filosofía primera”, y que la tradición posterior conoce con el nombre de “metafísica”. Esta disciplina se ubicaría desde esta concepción como fundamento del conjunto de las disciplinas teóricas, y es en este sentido que la ontología de Heidegger intenta una recalificación del discurso filosófico. Pero el esfuerzo heideggeriano no puede reducirse a un mero intento de restauración, ya que propone una destrucción de la historia de la ontología como paso previo para la recuperación de su pregunta fundamental.
Estamos sometidos a nuestra tradición en la medida en que ésta nos constituye y nos sustrae la capacidad de darnos nuestra propia dirección. La tradición encubre lo que en ella es lo más esencial al volverlo obvio, y nos vuelve insensibles frente a sus problemas mediante esta naturalización. Esto que se ha vuelto tan obvio en la tradición filosófica que su simple planteo parece absurdo es el significado del ser de lo que es, por eso la pregunta que interroga por el sentido del ser es la que es preciso formular.
El ser y la tradición. Heidegger indica lo que considera un subrepticio solapamiento de ser y ente en la tradición, el ocultamiento de la “diferencia ontológica”. La tradición filosófica desde Platón y Aristóteles hasta Hegel ha respondido a la pregunta por el ser identificándolo con un ente determinado. Para la ontología heideggeriana, el ser se plantea como una dimensión elusiva que siempre escapa a su entificación, mostrándose siempre en escorzo, difiriendo.
El término “ontología” designa la disciplina filosófica que tiene por tema el ser. Lo que caracteriza y separa el planteo ontológico heideggeriano de sus predecesores es que evita el desarrollo constructivo de una metafísica a través de la conjunción deductiva de conceptos. En su lugar, Heidegger desarrolla la pregunta por el sentido del ser desplegando las estructuras de aquel ente que a diferencia de otros entes se encuentra siempre ya en una cierta precomprensión del ser: el dasein. Este modo indirecto de preguntar por el sentido del ser es un paso necesario para poder evitar la identificación con un ente. Heidegger emplea el término dasein evitando otros términos como “existencia humana” u “hombre”. Los motivos para usar esta palabra (que en alemán corriente significa “existencia”, pero en el contexto de esta filosofía adquiere otro significado) se encuentran en su intento de desembarazarse de las categorías de la filosofía del sujeto que configuran los contornos de la metafísica moderna. La elaboración de una nueva terminología es una parte importante del proyecto ontológico heideggeriano en la medida en que pretende alumbrar lo impensado por el vocabulario de la tradición. “En este campo de investigación, la violencia hecha al lenguaje no es antojadiza, sino necesidad impuesta por las cosas mismas.” Se trataría de un esfuerzo lingüístico acorde con la empresa filosófica de un replanteo del decir del ser.
Que el dasein se encuentra ya siempre en una precomprensión del ser significa que se trata de una comprensión implícita, preontológica, del ser, en la cual el “concepto” de ser no se haya aún elaborado. Esta precomprensión es colectivamente vinculante y define toda una época bajo esta común interpretación. Así, la investigación ontológica no se presenta para Heidegger como una construcción caprichosa o una teoría contemplativa desligada de la existencia. Antes bien, se trata de la radicalización de una tendencia ya presente en el dasein que desoculta el acceso a sus posibilidades más propias y le permite elegirlas. Una vez desplegadas las estructuras del dasein, la pregunta por el ser en general podrá ser abordada, lo cual nos permitiría no ser regidos por una comprensión del ser adoptada acríticamente.
Como vemos, la pregunta por el sentido del ser en Heidegger se hace desde un lugar definido. El dasein es el “ahí” del ser (“Da” significa “ahí” y “Sein”, “ser”). Esto implica preguntar desde la facticidad, y sólo en esa facticidad se explicitan las estructuras del ser en general, a diferencia de la metafísica clásica que pretendía construirse como un pensamiento absoluto (es decir, más allá de toda situacionalidad). Con esto queda indicado que la diferencia ontológica mienta no sólo la diferencia, sino también la articulación entre ser y ente. El aspecto óntico no es un lastre del cual el análisis aspire a desprenderse, el ser es siempre ser del ente. Por esto la ontología heideggeriana no es una ciencia del ser en cuanto ser (como la metafísica aristotélica) sino una ciencia del dasein, a partir del cual la pregunta por el sentido del ser en general puede ser desplegada.
Una lectura que parece haber envejecido definitivamente hizo de Ser y tiempo un libro “existencialista”. Heidegger intentó tempranamente despegarse de esta interpretación, indicando que el despliegue de las estructuras del dasein no era el centro de su filosofía, sino que su desarrollo estaba al servicio de la indagación ontológica. La analítica existencial es, desde un comienzo, funcional al proyecto de una ontología general.
“Aquello desde donde el dasein comprende e interpreta implícitamente eso que llamamos el ser es el tiempo.” La explicitación de la estructura temporal del dasein y la tematización de la temporalidad originaria (distinta del “tiempo vulgar”, aquel medido por los relojes y el calendario) constituye el horizonte de toda comprensión del ser. Es justamente la temporalización de la problemática ontológica la clave de la corrosión de los fundamentos sobre los cuales la metafísica anterior intentó asentarse. Para la tradición, si en el ente sólo hay cambio y corrupción, el fundamento de lo que es debía ser eterno e inmutable.
El despliegue de la temporalidad como llave maestra de la indagación ontológica permite vislumbrar el diferimiento constitutivo por el cual el ser se resiste a su entificación. Es la diferencia entre ser y ente el ariete con el cual Heidegger llevó adelante su empresa de destrucción de la metafísica para abrir este nuevo camino a la ontología.
El ropaje de la filosofía pura
Para muchos, Heidegger sigue siendo un autor repelente debido a su vinculación con el régimen nazi. La cuestión es problemática e imposible de agotar en una línea, pero es evidente que la imputación de nazismo suele usarse para evitar el trabajo de discutir con seriedad. Inversamente, en los ámbitos académicos el punto suele omitirse, lo cual dista de ser una solución. En este caso, la única historia digna de ser tomada en cuenta es la historia de la filosofía. Así, el único vínculo relevante para la obra de Heidegger es el que pueda trazarse con el neokantismo, Husserl, etc. El peligro de esta omisión es la ceguera frente a elementos de matriz conservadora que impregnan ciertos aspectos de Ser y tiempo, y la subrepticia entronización de estas ideas bajo el ropaje de la filosofía “pura”.
FUENTES:
http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0183/articulo.php?art=1811&ed=0183#1
http://www.heideggeriana.com.ar/textos/textos.htm
BAJAR "SER Y TIEMPO" EN PDF:
http://www.heideggeriana.com.ar/textos/ser_y_tiempo.pdf
VIDEOS:
HEIDEGGER Y EL PENSAR
Selección de un documental alemán con subtítulos en francés donde el gran pensador habla acerca del pensar, la transformación del mundo, la filosofía y la práctica, la religión y la creencia, la cuestión del ser y la condición humana, el olvido del ser y la ausencia de ideas, el ser de la técnica y el fin de la filosofía, el lenguaje y el pensamiento por venir
link: http://video.google.com/videoplay?docid=2979009895521415323
En Alemán, pero vale la pena:
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=1K-0sf7PfXM
Heidegger y Sartre:
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=j7DoStl55hE
Conferencia de Jorge Acevedo sobre la esencia de la técnica moderna en Heidegger
link: http://video.google.com/videoplay?docid=4712587095782880073