Un texto que encontre por ahi. No guarde la fuente disculpen.
En muchas ocasiones, he sido objeto de acerbas críticas de parte de mujeres que consideran que la galantería es una buena cosa, y que no tienen la más mínima intención de ceder ese lugar de "diosa" a la que hay que venerar y tratar de manera particular por el mero hecho de ser mujer.
Me cuesta un Perú hacer entender a esas mujeres (y a la mayoría de los hombres) que la galantería es una forma de sexismo.
Ahora voy a tratar de darle un marco más teórico.
Existen dos formas de sexismo: lo que se podría llamar el sexismo negativo, agresivo, claramente discriminatorio contra las mujeres, en que las mujeres son menospreciadas. Lo que los psicólogos Peter Glick y Susan Fiske definieron como el sexismo tradicional o "sexismo hostil".
Excepto algunos trogloditas irrecuperables, muy pocos varones profesan un sexismo hostil. Muchos creen en la igualdad de derechos entre mujeres y varones, no se les ocurriría pegar a una mujer ni violarla, creen que las discriminaciones son algo malo. Hoy en día, en los países occidentales al menos, sólo una minoría de personas cree realmente que las mujeres son inferiores.
Sin embargo, existe otro tipo de sexismo, al parecer positivo, que coloca a la mujer en un pedestal (siempre y cuando responda a algunos criterios y estereotipos de mujer abnegada, dulce, condescendiente y buena madre), en que se glorifica a las mujeres. Un sexismo que Glick y Fiske definen como "sexismo benévolo".
El mejor ejemplo de sexismo benévolo es la galantería.
La galantería es una serie de actitudes que los varones tienen con las mujeres, por el hecho de ser mujeres, y que no tienen con otros varones: abrirle la puerta, dejarla pasar primero, pagar por ella en el restaurante, dejarle el asiento en los medios de transporte, etc. etc.
¿Por qué digo que es una forma de sexismo? Bueno, porque claramente, muestra una actitud de superioridad del varón, que siente la obligación de proteger a la mujer, como si la mujer necesitara siempre la protección de un hombre y no fuera capaz de abrir una puerta o quedarse de pie en el colectivo.
A algunas mujeres, de hecho, les encanta sentirse más débiles y buscan esa "protección" varonil, y pongo comillas esa palabra porque no veo bien qué tiene de protector que a una le abran la puerta.
Así, pues, actitudes que parecen ser de respeto hacia la mujer en realidad son otra forma de sexismo. Por eso también es tan difícil luchar contra el sexismo: porque no todas sus manifestaciones son abiertamente hostiles contra las mujeres. Algunas también parecen ser positivas y hacen creer tanto a mujeres como a varones que las mujeres están en una posición conveniente.
Una investigación llevada adelante sobre "Sexismo, masculinidad-feninidad y factores culturales" muestra que "sexismo hostil y sexismo benevolente son una potente combinación que promueve la subordinación de las mujeres, actuando como un sistema articulado de recompensas y de castigos para que las mujeres sepan 'cuál es su sitio'. La hostilidad sola crearía resentimiento y rebelión por parte de las mujeres. Es obvio que los hombres no desean ganarse la antipatía de las mujeres, dado que dependen de ellas. El sexismo benévolo debilita la resistencia de las mujeres ante el patriarcado, ofreciéndoles las recompensas de protección, idealización y afecto para aquellas mujeres que acepten sus roles tradicionales y satisfagan las necesidades de los hombres".
En 2000, Glick y otros realizaron una investigación empleando el ASI (Ambivalent Sexism Inventory), realizada en 19 países y con una muestra total de más de 15.000 personas. El resultado es que sexismo hostil y benévolo están relacionados y esa relación se explica como ideologías legitimadoras complementarias: las naciones con puntuaciones altas en sexismo hostil fueron también las naciones con puntuaciones en sexismo benévolo más elevadas. Y cuanto más sexistas eran los hombres de un país, más probable era que las mujeres aceptaran tanto el sexismo hostil como el sexismo benévolo.
"Las mujeres utilizan el sexismo benévolo para defenderse a sí mismas: cuanto más sexistas son los hombres, más buscan las mujeres la protección, idealización y afecto que el sexismo benevolente ofrece."
Y es normal. En un país en que las mujeres son discriminadas, desvalorizadas, y en que las exigencias que pesan sobre ellas para ser respetadas son inmensas (ser buenas madres, buenas esposas, buenas amantes sin ser putas, etc. etc.), es entendible que busquen sentirse valorizadas de manera especial por un trato galante. Inconscientemente piensan: "ya que va a haber sexismo, que al menos pueda sacar algo positivo de ello".
Y algunas mujeres se ponen realmente agresivas cuando una trata de hacerles entender que la galantería en realidad es una forma de discriminación, porque sienten que se les está sacando lo único bueno que tiene el sexismo.
Pero no por eso el sexismo benévolo deja de ser sexismo. En lo ideal, las mujeres no deberían sentir la necesidad de ser protegidas por un varón. Y, en todo caso, si necesitan protección, será contra agresiones y violencias; no en el momento de abrir una puerta o subirse a un colectivo.