Lo mordió un caballo y a su hermana la golpeó una rueda.
Ocurrió en un campo de San Jerónimo (San Luis). Cuando la familia traía al chico al hospital, chocaron y resultó herida la nena.
Gabriel Guzmán y su mujer todavía se preguntan si no será suficiente mala suerte que a su hijo lo haya mordido un caballo como para que después, en la desesperación por llevarlo a un hospital, chocaran y una rueda de auxilio golpeara a su hija en la cara.
Las mordeduras de perros son un clásico de las crónicas sobre imprevistos desgraciados. Pero las de caballos son una rareza. Aunque se sabe que muerden, suelen ser noticia por una patada artera o por tirar a un jinete desprevenido.
La víctima de ese hecho infrecuente, que desencadenaría una secuela sobre su hermana, fue Roberto Guzmán, de 9 años. El chico, su hermana Angela, de 8 años, su padre y su madre viven en la casa 1 de la manzana 81, en el anexo 5 del barrio Eva Perón, en San Luis. Pero la sucesión de hechos desafortunados ocurrió a cuarenta y cinco kilómetros de la capital, en el paraje San Isidro, cercano a San Jerónimo.
Los Guzmán fueron el martes en su camioneta Fiat 125 a llevar al campo a "Charo", un familiar de la esposa de Gabriel, que trabaja de puestero a unos quince kilómetros al oeste de San Jerónimo, en una propiedad denominada "Acacio Caven", según la información que, por encima de los nervios, el matrimonio alcanzó a darle a la Policía de aquella localidad.
Habían ido otras veces a ese campo y aprovecharon para pasar el día. "Charo" ensilló para los chicos un caballo manso. Anduvieron todo el día y a la tarde el hombre le dio de comer al animal.
En eso estaba el caballo cuando Roberto, que lo había montado largo rato sin problemas, se acercó para darle las gracias con una caricia. Pero fue en un mal momento. Eso indicaría otra similitud entre el animal y el otro gran amigo del hombre: le molestó que el chico se acercara porque estaba comiendo.
Roberto pasó en un segundo del mimo de gratitud a la sorpresa y el dolor. El caballo le mordió el brazo derecho y le causó una herida tan amplia como profunda.
"El padre dice que no lloró, pero gritaba y estaba asustado", contó la inspector Yeni Flores, jefa de la oficina judicial del destacamento policial 9, de San Jerónimo.
Cuando vio la seriedad de la lesión, Gabriel Guzmán cambió el plan inicial de quedarse en el campo hasta ayer a la mañana para no viajar de noche. Eran las siete y cuarto de la tarde.
Subieron todos a la camioneta, incluido un amigo, y partieron. Al regreso, apurado, lo iniciaron bajo el signo de la desesperación.
En el camino de tierra hacia la ruta nacional 147 la camioneta traqueteaba por encima de pozos y lomadas naturales. En uno de esos saltos la 125 se quedó sin luces. Ese accidente sería un eslabón más en la mala suerte de esa tarde, que encadenaría la mordedura del caballo con otro percance.
Ya habían caído las sombras que anuncian la noche. Sin luces, Guzmán siguió adelante a tientas. Y así fue como no alcanzó a advertir la cercanía de una tranquera y la chocó.
La embestida hizo que una rueda de auxilio, suelta en la caja de la Fiat, saltara hasta golpear a su hija Angela, que iba sentada en la parte trasera. El neumático le dio en la frente, del lado derecho.
A esa altura, el padre ya no po-día pensar dónde estaba la llave para abrir el candado. Desesperado, logró desatar un alambre, sacar la cadena y abrir. Pero la camioneta no arrancaba. La empujó para trasponer la tranquera y siguió dándole arranque. Pero nada. Faltaban cuatro kilómetros para llegar a la ruta. Y a esa hora el centro de salud de San Jerónimo ya estaba cerrado.
Llamó por celular al Hospital San Luis y a la Policía. "A las siete y media de la tarde recibimos el aviso del centro de operaciones", dijo la inspector Flores.
Los Guzmán echaron a andar por el camino hacia la ruta. Aguzaron la vista y el oído para divisar el destellar de balizas en la oscuridad de la noche y escuchar el ulular de sirenas en el silencio del campo.
Lo único que vieron fueron las luces azules de un móvil policial.
La ambulancia que supuestamente había salido de San Luis nunca llegó. Los policías de San Jerónimo que fueron al encuentro de la familia cargaron a los chicos heridos en el patrullero y los trasladaron a al hospital de la capital.
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