Las mujeres son incluidas en un lenguaje universal y machista a través de palabras o frases que las segregan. Un organismo nacional ya fue creado para sancionar la violencia de género y así evitar la descalificación. por Maximiliano Kronenberg Las mujeres son maltratadas y segregadas mediante frases y palabras características del universo masculino Es hora de mencionar las cosas por su nombre y de que cada género, sin distinción de grupos o de creencia sexual alguna, cumpla el rol que le corresponda en la sociedad. La lengua castellana (para muchos, el español) es uno de los más enriquecedores de todos los idiomas, pero a su vez presenta tantas complejidades que expone a las mujeres y a otras minorías en el colmo de la humillación. Por lo general, cuando las personas se dirigen hacia otras personas, existen terminologías que involucran directamente a los varones, pero esa misma expresión tiene un doble sentido cuando se la relaciona con las mujeres. Eso se llama discriminación. El encasillamiento es una de las peores crueldades que padecen las mujeres cada vez que son relacionadas con palabras propias del universo de los hombres. “El lenguaje nos expresa, nos visibiliza. El idioma español determina que lo masculino es universal, es por eso que el hombre universal creó al hombre universal en el imaginario colectivo”, explica Liliana Hendel, licenciada en Psicología, periodista y abanderada de la comunicación no sexista. Por algo será que Cristina Fernández de Kirchner separa bien los tantos. Ni bien asumió como máxima autoridad de la República Argentina, en el año 2007, dejó bien en claro que es “la Presidenta” (sí, con la letra “a” y no con la “e” final) de la Nación, el mayor cargo público en el país, y que en épocas anteriores jamás se hubiese imaginado que fuera ocupado por una mujer. Su discurso es elocuente al momento de pronunciarse en cada acto: “buenos días a todos y a todas, a los argentinos y a las argentinas”, suele expresar Cristina, la Primera Mandataria. Aunque muchas personas no están acostumbradas a detenerse en este tipo de enunciados, las expresiones de la Presidenta son las apropiadas porque se dirige a todos los sexos, sin discriminar a nadie en el camino. Ascenso y asombro Lentamente, la mujer fue ganando terreno, y ese ascenso femenino en la sociedad cumple un papel preponderante en la vida de las personas en este último tiempo, al punto que existen palabras que la Real Academia Española (RAE) se resiste a modificarlas para categorizar el cargo, profesión, actividad y figura de una dama, mientras que hay otras que afortunadamente quedaron adaptadas a los tiempos que corren. Hace medio siglo resultaba impensado decir que una mujer podía ser “moza”, “doctora”, “jueza”, “abogada”, “contadora”, “ministra”, “boxeadora” o “presidenta”. Esto se debe al espacio público que la mujer fue adquiriendo hace décadas no tan lejanas. Paradójicamente, al “hombre público” se lo relaciona con aquel que tiene una responsabilidad pública mientras que una “mujer pública” se la asocia con una mujerzuela. El mismo ejemplo puede ser para la categoría “zorro” o “atorrante”, dirigido a los hombres vivos y/o astutos, mientras que si una mujer es una “zorra”, “gato” o “atorranta” se la considera una puta. Es decir, tan solo el cambio de una sola letra demuestra la contundencia de la palabra, que puede marcar a fuego el brutal encasillamiento masculino en el mundo femenino. “Cuando tuve mi primer cargo directivo, a mi marido le dijeron ‘qué suerte, ahora tenés a una mujer pública’. Ese chiste entre varones es el precio que pagamos las mujeres cuando queremos salir de lo privado para poder ir a lo público. Ese es el precio, ¿vos querés cruzar?, ahora vas a saber cuáles son tus costos”, indica Diana Maffía, legisladora por la Coalición Cívica y defensora a ultranza de los derechos de las mujeres y del lenguaje de género. ¿Qué sucede con el femenino de “intendente”, “alcalde”, “árbitro”, “chofer” u “oyente”, entre otras palabras? ¿Por qué cuando hay una notificación para una reunión de padres las que asisten al colegio son las madres? ¿Por qué se menciona una huelga de maestros, cuando el 98 por ciento del cuerpo docente son mujeres? ¿Si se casan un hombre y una mujer constituyen un matrimonio, cuado dos hombres del mismo sexo contraen enlace foman un patriomonio? También se dice que Dios creó al hombre, ¿y a la mujer? Todas estas frases o palabras, por más que se utilicen a menudo, tienen un violento sentido de segregación sexista. En ese sentido, Maffía sostiene que la RAE “es el tribunal de inquisición de la lengua. Determina si algo está aceptado o no dentro del canon. No se trata de cómo hablamos las personas, sino que se trata de quién pone las reglas y considera que ciertas reglas habilitan o no para que ciertas cosas tengan legitimidad”. Y agrega: “Si bien la RAE no tiene la posibilidad de influir en cómo hablemos, sí tiene la posibilidad de que esos hechos sean legítimos o no y, por lo tanto, en ciertos ámbitos culturales o relevantes permite o no que se use un determinado tipo de expresiones”. “¿Nosotros?” La palabra “nosotros” involucra a un conjunto de personas y de situaciones, representa un sentido de pertenencia colectivo, asociada directamente al universo masculino. ¿Y al femenino? “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, son los pilares fundamentales de la Revolución Francesa de 1789, año en que se proclamó la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, pero excluía a todas las mujeres. De hecho, Olimpia de Gouges fue una luchadora revolucionaria del feminismo, pero fue guillotinada en 1793 por sus propios compañeros por haber sido la precursora de los Derechos de las Mujeres. “Para las mujeres, los derechos políticos tienen vigencia desde hace medio siglo atrás. El ‘nosotros’ de los derechos políticos empezó a ser mixto a partir de 1951 gracias a Eva Perón. La Ley Sáenz Peña se llama ‘Ley del Voto Universal y Obligatorio’ y sólo votaban los varones. Además de decir que era universal, el voto femenino estaba restringido”, agrega Maffía. Violencia verbal y simbólica La violencia verbal y la violencia simbólica son modos menos visibles que la violencia física. Son difíciles de diagnosticar, de ver y de percibir y también de sancionar. Según Maffía, “las palabras destruyen esa subjetividad, desvalorizándola, convenciéndola de que no puede hacer nada sola, depende de quien tenga a su lado, y en el momento en que llega la violencia física, esa persona está reducida a la nada en su percepción de sí misma y del mundo en que ella misma percibe está totalmente desautorizada”. Precisamente, esta semana se ha formado una comisión para establecer las sanciones y penalizaciones que será presidida por la abogada Perla Prigoshin, especialista en el lenguaje y violencia de género. Todavía no quedó establecido cómo será la penalización de hechos de violencia simbólica o violencia verbal, considerados modos de violencia, pero es mucho más difícil de percibir en aquella persona que lo padezca. “Antes de que llegue el golpe, la violencia psicológica y verbal hizo todo su trabajo para que esa persona no pueda reaccionar, ni denunciarlo ni responder. Cuando te preguntás por qué una mujer aguanta golpes de su pareja durante 20 años, es porque primero esa mujer fue reducida a la nada mucho antes del golpe”, sentencia la legisladora. Además de Liliana Hendel, Diana Maffía y de la célebre profesora de la lengua castellana y activista femenina Teresa Meana, está la Red Par, un sitio de noticias digitales conformado por hombres y mujeres periodistas cuyo objetivo principal es generar consciencia sobre el uso del lenguaje sexista. En tanto, el libro “Las palabas tienen sexo” (volumen I y II), de Editorial Artemisa, trata todos los temas relacionados con el género: ciudadanía, historia, legislación y medios de comunicación. Las autoras son las periodistas Sandra Chaher y Sonia Santoro, también integrantes del equipo periodístico de Red Par. “Avanzamos mucho pero todavía estamos, lejos de la equidad, aunque esta es una tarea que nos desafía e implica a los periodistas cómo evitar caer en la masculinidad”, agrega Hendel. Las palabras se utilizan según lo que se pretenda transmitir. No se trata de una cuestión de genitales sino de ideas y de respeto, de nombrar a las personas por lo que valen y por lo que son, tomando consciencia de que el lenguaje sexista genera violencia por la dicotomía del mensaje. dijo:Legislación en marcha En el año 2009, el Estado Nacional sancionó la Ley de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en todos los Ámbitos en los que Desarrolla sus Relaciones Interpersonales. El 15 de febrero pasado, en el marco del proceso de implementación de la referida norma, el Gobierno marcó un jalón más creando en el ámbito del Ministerio de Justicia la Comisión Nacional de Coordinación de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género, presidido por Perla Prigoshin. El objetivo general de la Comisión es el diseño de un régimen sancionatorio de todos los tipos y modalidades de violencia contra las mujeres, tanto en lo que se refiere a las penalidades administrativas como judiciales que pueden contemplar cuando es perpetrado contra una mujer un acto de violencia física, psicológica, sexual, económica, laboral, institucional, obstétrica, mediática o simbólica", señala Prigoshin, abogada especialista en violencia de género. El primer tema que abordará la Comisión será la pertinencia y constitucionalidad de tipificar como delito autónomo al femicidio, es decir el asesinato de una mujer por el hecho de serlo. Fuente
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