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Eben Emael: Un nuevo sistema de ataque

Info2/24/2011



Eben Emael: Un nuevo sistema de ataque




A las 04:30 horas del 10 de mayo de 1940, once planeadores DFS 230 alemanes fueron remolcados por sendos Ju 52 desde el aeródromo de Colonia-Ostheim, unos 120 km al este de la frontera holandesa. Estos planeadores transportaban la Sección de Asalto Granite, que consistía en dos oficiales y 83 suboficiales y soldados, todos ellos zapadores paracaidistas extraídos de la 7. Flieger Division Luftwaffe.
Los planeadores se dirigían a la supuestamente inexpugnable fortaleza belga de Eben Emael y, si todo funcionaba según lo previsto, iban a ser remolcados durante 25 minutos antes de ser liberados sobre la frontera holandesa para que planeasen hasta el objetivo. Una vez allí, su cometido era la destrucción de los cañones y las fortificaciones de Eben Emael antes de que pudiesen ser empleadas para retardar el avance de las fuerzas terrestres alemanas sobre los puentes del canal Alberto, una importante línea defensiva que amenazaba con bloquear la prevista invasión alemana de los Países Bajos en mayo de 1940. Si el VI Ejército alemán debía avanzar según lo previsto, entre Roermund y Lieja, Eben Emael debía ser anulado antes.
La fortaleza se había terminado en 1935, cuidadosamente emplazada en una elevación rocosa que dominaba el sector más importante del canal Alberto. Entre 1932 y 1935, los belgas habían construido unas instalaciones que se extendían 700 m de este a oeste y 900 m de norte a sur. En la cara noreste, un pronunciado talud caía 40 m sobre el canal Alberto, mientras que en el noroeste la planicie del río Jeker había sido elevada y las defensas mejoradas mediante una zanja de pronunciados taludes. En los costados este y sur, donde el terreno circundante se hallaba a la misma altura que las defensas, los ingenieros belgas habían construido una amplia zanja y un muro de 4 m de altura. La fortaleza estaba construida a varios niveles, con un total de 64 puntos fuertes que alojaban una variedad de piezas de artillería, incluidas de 120 mm, antiaéreas y contracarro.


Planeadores DFS 230



Todos los cañones estaban protegidos por pesadas cúpulas de acero, algunas de las cuales presentaban un espesor de 30 cm.
Los belgas estaban convencidos de que éstas eran inmunes a todo salvo a pesados y dilatados bombardeos artilleros y ataques aéreos. Se habían colocado amplios campos de minas y largas filas de alambradas para canalizar a cualquier atacante hacia unas casamatas erizadas de ametralladoras. La entrada a la fortaleza se hallaba en la ladera opuesta de la colina y estaba protegida por un foso inundado. Los alemanes no conocían con certeza los efectivos de la guarnición belga, pero estaban convencidos de que su comandante, el mayor Jottrand, contaba con un mínimo de 1.200 hombres. Por su parte, los belgas asumían que la fortaleza iba a forzar a cualquier atacante a desplegar importantes efectivos para realizar un largo sitio y que mientras tanto podrían aprovechar para destruir los puentes sobre el canal y enviar refuerzos para proseguir con las acciones dilatorias.
Los hombres de la Sección de Asalto Granite eran el elemento clave de un plan esbozado por Hitler y el general Kurt Student, comandante del cuerpo paracaidista alemán, para que la invasión alemana de Francia y los Países Bajos evitara este formidable obstáculo. Formaban parte del Sturmabteilung Koch, cuyos objetivos generales eran los puentes Kanne, Vroenhaven y Veltwezelt sobre el canal Alberto. Se conseguiría el factor sorpresa depositando fuerzas aerotransportadas con planeadores en cada objetivo, unas horas por delante de las fuerzas de invasión.

Como era esencial asegurar todos esos objetivos simultáneamente, el Hauptmann Koch dividió su unidad en cuatro elementos autónomos, cada uno con un cometido específico. Los puentes debían ser tomados por tres Secciones de Asalto: la “Eisen” del Leutnant Schachter se ocuparía del
Kanne, la “Beton” del Leutnant Schacht tomaría el puente de hormigón de Vroenhaven y la “Stahl” del Oberleutnant Altman haría lo propio con el puente de acero de Veltwezelt. La Sección de Asalto Granite estaba al mando del teniente Rudolf Witzig, un ingeniero de 25 años famoso por su profesionalidad y dedicación.



Desde noviembre de 1939, los hombres de Koch se entrenaban para su tarea en un secreto absoluto y practicaban el asalto con planeadores en las fortificaciones de Gleiwitz, capturadas a los polacos.
El 10 de mayo cada planeador contenía un impresionante arsenal: por su parte, cada zapador paracaidista llevaba un fusil o un subfusil, así como 50 kg de explosivos u otro equipo vital. Entre éste figuraban unas cargas explosivas especiales fijadas a largas pértigas para ser introducidas a través de las troneras, el equivalente a los torpedos Bangalore para abrirse paso entre las alambradas y lanzallamas para sofocar la resistencia más tenaz. Las municiones más importantes eran, empero, las 20 Hohlladung (cargas huecas) de 50kg y 28 de 12 kg, con las que los hombres de Wítzig debían abrirse paso a través de los blocaos de Eben Emael.
De camino hacía Eben Emael, la Sección de Asalto Granite perdió dos de sus planeadores. Uno, con Witzig a bordo, rompió el cable de remolque y el piloto pudo aterrizar con suerte en un campo alemán. El segundo planeador se vio obligado a virar en redondo y aterrizar cerca de Dúren a raíz de que fallase uno de los motores del Ju 52 que lo remolcaba.
Debido a estos problemas imprevistos, sólo nueve planeadores de la Sección de Asalto Granite aterrizaron en el macizo de Eben Emael a las 05:20 horas; además, dos de esos planeadores aterrizaron con problemas y sus paracaidistas no pudieron participar activamente en el ataque. Sin embargo, la guarnición belga fue cogida por sorpresa y permaneció en estado de considerable confusión durante la batalla, a pesar de que había sido puesta en alerta a las 00:30 debido a informes sobre movimientos de tropas alemanas en la frontera. No obstante, durante el mes anterior se habían producido tres alarmas similares e infundadas, de modo que ahora su respuesta fue lenta.
Para empeorar la posición belga, de los 1.200 hombres que se suponían de guarnición en Eben Emael, el día del ataque, había sólo 700, pues los restantes estaban de permiso o asignados a localidades próximas. La ausencia de estos 500 hombres fue decisiva para la suerte de los belgas.





La guarnición no esperaba un ataque alemán y tardó en responder debido a que consideró que los planeadores eran franceses o británicos. Algunos defensores belgas declararon después que habían creído que los planeadores no eran sino aviones de reconocimiento enemigos averiados. Pero los belgas reconocieron pronto su error y cuando los 55 hombres de Witzig que alcanzaron la fortaleza pusieron pie a tierra se encontraron con un infierno de sirenas, bengalas y trazadoras.
En ausencia de Witzig, el Oberfeldwebel Helmut Wenzel asumió el mando: es a él a quien debe reconocerse el mérito de dirigir la primera y crucial fase del ataque alemán, puesto que los alemanes ganaron el control del fuerte durante los 20 primeros minutos, Cuando los zapadores atacaron las cúpulas de acero con sus cargas huecas, se sorprendieron con los devastadores efectos de éstas, pues por razones de secreto hasta entonces no habían podido constatar la total efectividad de los ingenios. Un pelotón mandado por el Feldwebel Niedermeier atacó la Casamata 18, en el sector meridional de la fortaleza. Con una carga hueca de 50kg, Niedermeier destruyó su cúpula de observación, de acero, mientras que dos hombres fijaban una carga de 12 kg contra una puerta de acero situada debajo de uno de los cañones de 35 mm de la casamata. La virulencia de la explosión, los efectos de la onda expansiva y el agujero que quedó en la cúpula sorprendieron a Niedermeier. En el interior, los artilleros belgas habían sido arrancados de sus asientos y aplastados contra las paredes. Niedermeier guió su pelotón a través del boquete y persiguió a los belgas supervivientes, que abandonaron la cúpula y se retiraron a la red de túneles que discurría por debajo de la fortaleza.
Por todas partes, otros pelotones alemanes utilizaban sus cargas huecas con efectos devastadores.



El Oberfeldwebel Peter Arent, comandante del tercer pelotón, fue figura clave en las primeras fases del ataque. Su planeador se posó a menos de 50 m de la barbacana de Eben Emael e inmediatamente comenzó a ser tiroteado. Arent y sus hombres, con los paquetes de explosivos, comenzaron a correr al descubierto, seguidos por una mortal barrera de trazadoras, hacia los muros de hormigón y su objetivo asignado. Arent colocó una carga hueca de 80 kg en la cúpula, donde explosiono y abrió un gran boquete. Al frente de su pelotón, y disparando su subfusil, anuló a los defensores y se preparó para conservar la cúpula conquistada contra un previsible contraataque belga. Sin embargo, Wenzel ordenó a Arent que atacase otro reducto y destruyese dos piezas antiaéreas que amenazaban con echar por tierra el tiempo previsto por los alemanes para reducir la fortaleza. Arent y su pelotón se aproximaron al reducto avanzando pegados a un muro de hormigón que les resguarde del fuego de ametralladora proveniente de las barbacanas superiores. Colocaron dos cargas en la cúpula que albergaba dos ametralladoras y la explosión subsiguiente destruyó la posición.
El mayor Jottrand, comandante de Eben Emael, había perdido la iniciativa durante la primera fase del asalto alemán y era incapaz de organizar una resistencia coordinada. Aunque podía ordenar que las baterías de campaña situadas en las proximidades batiesen el propio fuerte en un intento desesperado de desvertebrar la acción alemana, no imaginaba el potencial exacto del enemigo y se descorazono ante la súbita pérdida de tantos reductos clave. Desde su central de mando en el centro del fuerte, el fragor y las ondas expansivas de las cargas huecas debían parecerle terroríficas, sentimiento agravado por su creencia de que la fortaleza era capaz de soportar la detonación de cualquier carga explosiva convencional.
A las 08,30 horas, un solitario planeador alemán surcó entre el violento fuego antiaéreo belga y aterrizó en el fuerte. El teniente Witzig se unía así a sus hombres.



Después de que su planeador hubo de posarse en territorio alemán, consiguió preparar otro remolcador Ju 52 y, tras varios intentos, despegar sin contratiempos. Tan pronto como recibió las novedades de Wenzel, Witzig ordenó a sus hombres que atacasen y destruyesen esas áreas de Eben Emael todavía en poder de los belgas. Los alemanes, pero, fueron rechazados y se vieron obligados a retirarse al abrigo de una casamata capturada. Los belgas se habían recuperado lo suficiente para lanzar un contraataque de infantería, Durante la tarde, los bombarderos en picado Ju 87 Stuka atacaron objetivos específicos en y alrededor de Eben Emael y silenciaron varias bolsas de resistencia. A la caída de la noche, muchas de las defensas principales del fuerte habían sido bombardeadas ydemolidas y, aunque los belgas se habían retirado al interior de la fortaleza, Witzig temía un ataque nocturno contra sus menguadas fuerzas. Así, ordenó evacuar varios reductos ya conquistados y concentrarse en varias zonas más seguras. Los puestos abandonados fueron demolidos.
Aunque Witzig esperaba el contraataque belga durante la noche del 10 al 11 de mayo, se sorprendió de la escasa capacidad de respuesta del enemigo:
“La noche fue tranquila. Tras los duros combates del día, mi destacamento permanecía, agotado, bajo el fuego graneado de la artillería y la infantería belgas desde fuera del fuerte; cada ráfaga podía significar el comienzo del contraataque que me temía. Pero, por lo general, el enemigo carecía de espíritu suficiente para combatimos.”
A las 07:00 horas del 11 de mayo, un destacamento de zapadores alemanes del 51 Batallón de Ingenieros, al mando del Unterfeldwebel Portsteffen, alcanzó Eben Emael y entró en contacto con Witzig tras haber cruzado el canal en un bote neumático. A media mañana, tropas de un regimiento de infantería alemán se habían unido a ellos y los hombres de Witzig fueron relevados.



Tras otras dos horas de difíciles combates, la mayor parte subterráneos, los alemanes escucharon un toque de cornetín y vieron aparecer una bandera blanca que sugería la capitulación del mayor Jottrand. La batalla había concluido. Alrededor de 700 soldados belgas, defensores de lo que se consideraba la mejor fortaleza europea, habían sido vencidos por unas docenas de zapadores paracaidistas alemanes armados con 56 cargas explosivas. La unidad de Witzig tuvo seis muertos y 20 heridos, un tercio de sus efectivos, pero había conseguido anular la mayoría de las casamatas de Eben Emael. La Sección de Asalto Granite había tenido una actuación clave al permitir que el resto del Sturmabteilung Koch capturase intactos la mayoría de los puentes del canal Alberto. Los belgas sólo lograron destruir el puente de Kanne, cuyas cargas de demolición consiguieron activar al tiempo que aterrizaban los paracaidistas.
Witzig, que recibió la Ritterkreuz y fue promovido al empleo de capitán, diría más tarde que su éxito residió en que la sección había conseguido el factor sorpresa, en el efecto demoledor de las cargas huecas en la moral de los defensores y en la falta de apoyo externo a la guarnición. Pero su éxito era también resultado de la planificación y el metódico entrenamiento previos al ataque, de forma que cada zapador sabía exactamente lo que debía hacer, se hallaba en plena forma física y era capaz de actuar por iniciativa propia, que permitió que el sargento mayor Wenzel asumiese el mando en ausencia de Witzig durante las primeras horas de la operación.

La captura de Eben Emael fue, sin duda, el primer ejemplo de las audaces operaciones aerotransportadas de la II Guerra Mundial. Pese a la pérdida de dos planeadores, los paracaidistas alemanes llevaron a cabo sus cometidos con gran determinación y abrieron camino para que los ejércitos alemanes conquistasen Europa Occidental.



El Teniente Rudolf Witzig


El Fürer y los Heroes de EBen Emael


Wikipedia , cleeveprints , After The Battle


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