Capitulo 1:
Harry estaba sangrando. Agarrándose la mano derecha con la izquierda y
jurando por lo bajo, abrió la puerta de su dormitorio con el hombro. Hubo
un crujido de porcelana rota. Había pisado una taza de te frío que yacía
sobre el suelo fuera de la puerta de su dormitorio.
-Que dem…
Miró a su alrededor, el descansillo del número cuatro de Privet Drive,
estaba desierto. Posiblemente la taza de te fuera la idea que tenía Dudley de
lo que sería una hábil trampa cazabobos. Manteniendo la mano sangrante
elevada, Harry reunió los fragmentos de la taza con la otra mano y los tiró
dentro de la ya repleta papelera que apenas se veía dentro del dormitorio.
Luego con fuertes pisadas fue hacia el baño para poner el dedo debajo del
grifo.
Era estúpido, inconveniente e irritante más allá de lo creíble que todavía le
faltaran cuatro días para poder hacer magia… pero tenía que admitir ante si
mismo que ese sinuoso corte en el dedo podría haberlo derrotado. Nunca
había aprendido a curar heridas, y ahora que pensaba en ello –
particularmente a la luz de sus planes inmediatos- este parecía un serio
fallo en su educación mágica. Haciendo una nota mental de pedirle a
Hermione que le enseñara a hacerlo, uso un gran puñado de papel higiénico
para limpiar tanto té como pudo, antes de volver al dormitorio y cerrar la
puerta de un golpe tras de sí.
Harry había pasado la mañana vaciando completamente el baúl del colegio
por primera vez desde que lo había empacado seis años atrás, desde
comienzo de los años de internado escolar, hasta ahora apenas había tocado
las tres cuartas partes superiores y las había reemplazado o renovado,
dejando una capa de restos varios en el fondo, viejas plumas, ojos de
escarabajo disecados, calcetines sueltos que ya no le servían. Minutos antes
Harry había hundido la mano en esa porquería, experimentando un dolor
punzante en el cuarto dedo de la mano derecha y al sacarla había visto un
montón de sangre.
Ahora procedió con algo más de cuidado. Arrodillándose junto al baúl,
tanteó el fondo y después de retirar una vieja insignia que cambiaba
débilmente entre “Apoyen a CEDRIC DIGGORY y POTTER APESTA”,
un resquebrajado y gastado chivatoscopio y un relicario de oro dentro del
cual una nota firmada R.A.B había estado escondida, finalmente descubrió
el borde afilado que había causado el daño. Lo reconoció enseguida. Era un
fragmento de dos pulgadas de largo del espejo encantado que su padrino,
ahora muerto, Sirius, le había dado. Harry lo dejo a un lado y tanteó
cautamente en el baúl buscando el resto, pero no quedaba nada más del
último regalo de su padrino salvo vidrio pulverizado que se adhería como
arena brillante a la capa más profunda de restos.
Harry se sentó derecho y examinó el mellado pedazo con el que se había
cortado, sin ver nada más que sus propios brillantes ojos verdes reflejados
en él. Luego puso el fragmento sobre El Profeta de esa mañana, que
descansaba sobre la cama sin leer, e intentó contener el repentino flujo de
amargos recuerdos, las puñaladas de añoranza y nostalgia que el
descubrimiento del espejo roto habían ocasionado, atacando el resto de la
basura que había en el baúl.
Le llevó otra hora vaciarlo completamente, tirar las cosas inútiles y
clasificar las restantes en pilas de acuerdo a si iba a necesitarlas o no a
partir de ahora. Los uniformes del colegio y de Quidditch, el caldero,
pergaminos, plumas y la mayoría de los libros de texto fueron apilados en
una esquina, para ser dejados atrás. Se preguntaba que harían su tía y su tío
con ellos; probablemente quemarlos a altas horas de la noche como si
fueran las pruebas de algún horrendo crimen. Su ropa muggle, la capa de
invisibilidad, el equipo para fabricar pociones, algunos libros, el álbum de
fotos que Hagrid le había obsequiado una vez, un puñado de cartas y su
varita habían sido empacadas nuevamente en una vieja mochila. En un
bolsillo delantero coloco el mapa del merodeador y el relicario con la nota
firmada R.A.B. Al relicario le había otorgado ese lugar de honor no debido
a su valor –era inútil en todos los sentidos prácticos- sino debido a lo que
había costado obtenerlo.
Esto dejaba un considerable fajo de periódicos sobre el escritorio, al lado
de su nevada lechuza, Hedwig. Uno por cada día que había pasado en
Privet Drive ese verano.
Se levantó del suelo, se estiró y cruzó la habitación hacia el escritorio.
Hedwig no hizo ni un movimiento cuando empezó a hojear los periódicos,
tirándolos a la pila de basura uno por uno. La lechuza estaba dormida, o lo
fingía, estaba enfadada con Harry por la limitada cantidad de tiempo que en
ese momento se le permitía pasar fuera de la jaula.
Mientras se acercaba al fondo de la pila de periódicos, Harry aminoró la
velocidad, buscando un ejemplar en particular que sabía que había llegado
poco después de haber llegado él a Privet Drive a pasar el verano;
recordaba que en la primera página había habido una pequeña mención
sobre la renuncia de Charity Burbage, la profesora de Estudios Muggles de
Hogwarts. Al final lo encontró. Yendo a la página diez se hundió en la silla
del escritorio y releyó el artículo que había estado buscando. Albus
Dumbledore Recordado
Por Elphias Dodge. Conocí a Albus Dumbledore a la edad de once años en
nuestro primer día en Hogwarts. Nuestra mutua atracción se debió sin duda
al hecho de que ambos nos sentíamos forasteros. Yo por mi parte había
contraído fiebre del dragón poco antes de llegar al colegio, y aunque ya no
era contagioso, mi rostro picado y el tinte verdoso no alentaban a muchos a
que se me acercaran. Por su parte Albus había llegado a Hogwarts con la
carga de la no deseada notoriedad. Apenas un año antes su padre Percival
había sido apresado por un salvaje y bien publicitado ataque contra tres
jóvenes Muggles.
Albus nunca intentó negar que su padre (que murió en Azkaban) hubiera
cometido ese crimen, al contrario, cuando reuní valor para preguntarle me
aseguró que sabía que su padre era culpable. Aparte de eso, Dumbledore se
negaba a hablar del triste asunto, aunque muchos trataron de que lo hiciera.
Algunos, incluso, estaban dispuestos a alabar la acción de su padre y
asumieron que también Albus era enemigo de los muggles. No podían
haber estado más equivocados: ya que cualquiera que conociera a Albus
podría haber atestiguado que jamás reveló ni la más remota tendencia antimuggle.
Es más, su decidido apoyo a los derechos de los muggles le ganó
muchos enemigos en los años subsiguientes.
Sin embargo, en cuestión de meses la propia fama de Albus comenzó a
eclipsar la de su padre. Al finalizar el primer año ya nunca más sería
conocido como el hijo del enemigo de los muggles, sino nada más y nada
menos que como el más brillante alumno visto nunca vez en el colegio.
Aquellos de nosotros que tuvimos el privilegio de ser sus amigos nos
beneficiamos de su ejemplo, por no mencionar su ayuda y estímulo, con los
cuales siempre era generoso. Más tarde me confesó que incluso entonces
había sabido que su mayor placer sería siempre la enseñanza.
No solo ganó cada premio por mérito que ofrecía el colegio sino que pronto
estuvo manteniendo correspondencia regularmente con los más notables
magos de renombre de la época, incluyendo a Nicolas Flamel, el celebrado
alquimista; Bathilda Bagshot, la notoria historiadora; y Adalbert Waffling
el mago teórico. Varios de sus documentos se abrieron camino hasta
conocidas publicaciones, como Transfiguración Hoy, Los Retos de los
Encantamientos y Pociones Prácticas. La futura carrera de Dumbledore
parecía que iba a ser meteórica y la única pregunta a considerar era cuándo
iba a convertirse en Ministro de Magia. Sin embargo aunque en años
posteriores se predijo varias veces que estaba a punto de aceptar el trabajo,
nunca tuvo ambiciones ministeriales.
Tres años después de que hubiéremos comenzado en Hogwarts el hermano
de Albus, Aberforth, llegó al colegio. No se parecían; Aberforth nunca fue
carismático, y al contrario que Albus, prefería arreglar las disputas con
duelos en lugar de a través de discusiones razonables. Sin embargo es
bastante erróneo afirmar, como algunos han hecho, que los hermanos no
eran amigos. Se llevaban tan bien como podrían hacerlo dos muchachos tan
diferentes. Para ser justos con Aberforth, se debe admitir que vivir bajo la
sombra de Albus no puede haber sido una experiencia totalmente cómoda.
Ser continuamente eclipsado era el riesgo inherente de ser su amigo y ser
su hermano no debe haber sido mucho más placentero.
Cuando Albus y yo dejamos Hogwarts habíamos planeado hacer juntos la
entonces tradicional vuelta al mundo, visitando y observando a magos
extranjeros antes de proseguir con nuestras respectivas carreras. Sin
embargo la tragedia intervino. En la misma víspera de nuestra partida, la
madre de Albus, Kendra murió. Dejando a Albus como el cabeza y único
sustento de la familia. Pospuse mí partida lo suficiente como para presentar
mis respetos en el funeral de Kendra y luego partí para lo que ahora sería
un viaje solitario. Con un hermano y hermana más jóvenes a los que cuidar,
y con poco dinero heredado, ya no había dudas de que Albus no me
acompañaría.
Ese fue el período de nuestras vidas en el que menos contacto tuvimos, le
escribí a Albus contándole, tal vez insensiblemente, de las maravillas de mi
viaje, narrándole desde escapadas por los pelos de chimaeras en Grecia
hasta experimentos llevados a cabo por los alquimistas egipcios. Sus cartas
me decían poco de su vida diaria, que adivinaba debía ser extremadamente
aburrida para tan brillante mago. Inmerso en mis propias experiencias fue
con horror que escuché ya cerca del final de mi viaje de un año, que otra
tragedia más había golpeado a los Dumbledore; la muerte de su hermana
Ariana.
Aunque Ariana había sufrido de mala salud desde hacía algún tiempo, el
golpe, acaecido tan poco tiempo después de la pérdida de su madre, tuvo un
profundo efecto en ambos hermanos. Todas las personas cercanas a Albus
–y me cuento a mí mismo entre ese afortunado número- coincidimos en
que la muerte de Ariana, y los sentimientos de Albus de que se sentía
personalmente responsable (aunque por supuesto que no tuvo la culpa)
dejaron una marca permanente en él.
Regresé a casa para encontrarme a un hombre joven que había
experimentado sufrimientos reservados para una persona de mayor edad.
Albus era más reservado que antes, y mucho menos alegre. En adición a su
desdicha, la pérdida de Ariana, había llevado, no a una renovada cercanía
entre Albus y Aberforth, sino a un alejamiento (con el tiempo este se
disiparía… en años posteriores restablecieron si no una relación cercana al
menos una ciertamente cordial). De todas formas, de allí en adelante habló
muy raramente de sus padres o de Ariana y sus amigos aprendimos a no
mencionarlos.
Otras plumas describirán los triunfos de los años subsiguientes. Las
innumerables contribuciones de Dumbledore al cúmulo de conocimientos
sobre hechicería, incluyendo el descubrimiento de los doce usos de la
sangre de dragón que beneficiaría a las generaciones por venir, así como la
sabiduría que desplegaba en los muchos juicios que efectuó siendo Brujo
Supremo del Winzegamot. Aún se comenta que ningún duelo entre brujos
superó nunca al sostenido entre Dumbledore y Grindelwald en 1945. Los
que lo presenciaron han escrito acerca del terror y el asombro que sintieron
al observar a esos dos extraordinarios brujos batallar. El triunfo de
Dumbledore y sus consecuencias para el mundo de la hechicería son
considerados un punto culminante en la historia de la magia, comparable a
la introducción del Estatuto Internacional de Reserva o la caída de El-queno-
debe-ser-nombrado.
Albus Dumbledore nunca fue soberbio ni vano; podía encontrar algo que
valorar en cualquier persona, sin importar cuan aparentemente
insignificante o ruin fuera, y creo que sus tempranas pérdidas lo dotaron de
gran humanidad y compasión. Extrañaré su amistad más de lo que puedo
expresar, pero mi pérdida no es nada comparada con la del mundo de la
magia. No se puede cuestionar que fue el más inspirado y amado director
de Hogwarts. Murió como vivió, trabajando siempre por el bien mayor y
hasta su última hora tan deseoso de tender la mano a un pequeño niño con
fiebre de dragón como el primer día que le conocí. Harry terminó de leer
pero continuó mirando la foto que aparecía acompañando el obituario.
Dumbledore lucía su acostumbrada sonrisa gentil, pero como miraba por
encima de sus medias gafas, daba la impresión, incluso desde el periódico,
de que miraba a Harry con rayos X, provocando que la tristeza se
entremezclara con una sensación de humillación.
Él había creído conocer a Dumbledore bastante bien, pero desde que había
leído el obituario se había visto forzado a reconocer que apenas si le
conocía. Ni una sola vez se había imaginado la niñez y la juventud de
Dumbledore, era como si hubiera nacido tal como Harry lo había conocido,
venerable, con el cabello plateado y anciano. La idea de un Dumbledore
adolescente era sencillamente extraña, como tratar de imaginarse a una
Hermione estúpida o a un escreguto de cola explosiva amistoso.
Nunca había pensado en preguntarle a Dumbledore acerca de su pasado.
Sin duda se hubiera sentido extraño, impertinente incluso, pero después de
todo era de común conocimiento que Dumbledore había tomado parte en
ese legendario duelo con Grindelwald, y a Harry no se le había ocurrido
preguntarle como había sido eso, ni acerca de ninguno de sus otros famosos
logros. No, siempre habían hablado de Harry, el pasado de Harry, el futuro
de Harry, los planes de Harry… y a Harry le parecía ahora que a pesar del
hecho de que su futuro fuera tan peligroso e incierto, había perdido
irremplazables oportunidades al haber omitido preguntarle a Dumbledore
más cosas acerca de su vida. Aunque sospechaba que la única pregunta
personal que jamás le había hecho a su Director era también la única que
Dumbledore no había respondido honestamente.
¿Qué ve cuando mira en el espejo?
¿Yo? Me veo a mi mismo sosteniendo un grueso par de calcetines de lana.
Después de considerarlo unos minutos, Harry arrancó el obituario de El
Profeta, lo dobló cuidadosamente y lo metió dentro del primer volumen de
Defensa Mágica Práctica y sus Usos Contra las Artes Oscuras. Luego tiró
el resto del periódico a la pila de basura y se giró enfrentando la habitación.
Estaba mucho más ordenada. La única cosa fuera de lugar era El Profeta
del día de hoy, aún tirado sobre la cama con el trozo de espejo roto encima.
Harry cruzó la habitación, corrió el fragmento de espejo sacándolo de
encima de El Profeta del día, y desdobló el periódico. Cuando esa mañana
temprano había recogido el periódico enrollado traído por la lechuza
repartidora, apenas le había echado un vistazo al titular y después de
advertir que no decía nada acerca de Voldemort lo había hecho a un lado.
Harry estaba seguro que el Ministerio estaba presionando a El Profeta para
que suprimiera las noticias sobre Voldemort. Por lo que ahora mismo
cuando vio lo que se había perdido.
Atravesando la segunda mitad de la página principal había un titular más
pequeño colocado sobre una foto de Dumbledore caminando a zancadas,
con aspecto apurado. Dumbledore ¿Al fin la verdad? La próxima semana la
conmocionante historia del imperfecto genio considerado por muchos el
más grandiosos mago de su generación. Despojándole de la imagen popular
de serena sabiduría bajo la barba plateada, Rita Skeeter revela la
trastornada infancia, la desenfrenada juventud, las eternas enemistades, y
los secretos culpables que Dumbledore se llevó a la tumba. ¿POR QUÉ el
hombre hecho para ser Ministro de Magia se contentó con ser un mero
Director? ¿CUÁL era el propósito real de la organización secreta conocida
como la Orden del Fénix? ¿CÓMO encontró verdaderamente Dumbledore
su final?
La respuesta a estas y muchas otras preguntas serán exploradas en la nueva
y explosiva biografía, Vida y Mentiras de Albus Dumbledore, por Rita
Skeeter, exclusivamente entrevistada por Barry Braithwaite, página 13 en
el interior. Harry abrió el periódico de un tirón y encontró la página trece.
El artículo estaba encabezado por una foto que mostraba otra cara familiar:
una mujer que usaba gafas enjoyadas con el cabello peinado en rizos rubios
muy elaborados, los dientes sobresalían en lo que claramente se veía que
era una sonrisa triunfal, meneando los dedos ante él. Haciendo lo que pudo
por ignorar esa nauseabunda imagen, Harry continuó leyendo. En persona
Rita Skeeter es mucho más cálida y suave de lo que los famosos retratos
hechos con su feroz pluma puedan sugerir. Me dio la bienvenida en el
vestíbulo de su acogedor hogar y me condujo directamente a la cocina para
ofrecerme una taza de té, una pedazo de tarta, y no hace falta que lo diga,
un humeante cubo de los más novedosos chismes.
-Bueno por supuesto que Dumbledore es el sueño de un cronista, dijo
Skeeter, con una vida tan larga y plena. Estoy segura de que mi libro será el
primero de muchos, muchos otros.
Skeeter fue ciertamente rápida Había terminado el libro de novecientas
páginas, solamente cuatro semanas después de la misteriosa muerte de
Dumbledore acaecida en junio.
Le pregunté como se las había arreglado para llevar a cabo esa proeza tan
increíblemente rápido.
-Oh, cuando has sido periodista tanto tiempo como yo, trabajar con plazos
límite se convierte en tu segunda naturaleza. Sabía que el mundo de la
magia clamaba por la historia completa y quería ser la primera en
complacer esa necesidad.
Mencioné la reciente nota ampliamente divulgada de Elphias Doge,
Consejero Especial del Wizengamot y perpetuo amigo de Albus
Dumbledore, que dice “El libro de Skeeter contiene menos hechos que una
tarjeta de las que encuentras en las Ranas de Chocolate”.
Skeeter echó atrás la cabeza y se rió.
-¡Querido Dodgy! Recuerdo haberle entrevistado hace unos años acerca de
los derechos de las sirenas, que Dios lo bendiga. Está completamente gaga,
parecía pensar que estábamos sentados en el fondo del Lago Windermere,
continuaba diciéndome que tuviera cuidado con las truchas.
Y aún así las acusaciones de inexactitudes de Elphias Doge han echo eco
en muchos lugares. ¿Realmente Skeeter piensa que cuatro cortas semanas
son suficientes para tener un cuadro completo de la larga y extraordinaria
vida de Dumbledore?
-Oh, querido, sonríe Skeeter golpeándome afectuosamente los nudillos,
¡sabes tan bien como yo cuanta información puede ser generada con una
bolsa de galeones, una negativa a escuchar la palabra “no” y una linda y
afilada Pluma Citas-Rápidas! De todas formas la gente hacía cola para
entregarme en bandeja los chanchullos de Dumbledore. No todos pensaban
que era tan maravilloso, sabes. Pisó una horrible cantidad de importantes
pies. Pero el viejo Dodgy Doge puede ir bajándose de su alto hipogrifo,
porque tuve acceso a una fuente por la que la mayoría de los periodistas
hubieran agitado sus varitas, una que nunca había hablado en público antes
y que estuvo muy unida a Dumbledore durante la más turbulenta y
angustiosa etapa de su juventud.
La publicidad anticipada de la biografía de Skeeter había sugerido que
ciertamente habría abundantes sobresaltos para aquellos que creían que
Dumbledore había llevado una vida libre de culpas. ¿Cuáles eran las
grandes sorpresas que encubría? Le pregunté.
-Venga, vamos, déjalo, Betty, ¡no voy a revelar todo lo destacable antes de
que nadie compre el libro! Skeeter se echó a reír, pero te prometo que
cualquiera que todavía piense que Dumbledore era tan blanco como su
barba ¡es susceptible a sufrir un crudo despertar! Digamos solamente que
nadie que lo haya oído rabiar contra Ya-sabes-quien hubiera soñado que él
mismo chapoteó en las Artes Oscuras en su juventud. Y para un brujo que
pasó sus últimos años defendiendo la tolerancia, no era exactamente abierto
de mente cuando era más joven. Si, Albus Dumbledore tiene un pasado
extremadamente oscuro, por no mencionar una familia muy sospechosa,
que se empeñó muy duro en mantener oculta.
Pregunté a Skeeter si iba a hacer referencia al hermano de Dumbledore,
Aberforth, que fue encarcelado por mal uso de la magia por el Wizengamot
causando un escándalo menor quince años atrás.
-Oh, Aberforth es solo la punta del montón de estiércol, se rió Skeeter, No,
no. Estoy hablando de algo mucho peor que un hermano con una afición a
enredarse con cabras, aún peor que un padre mutilador de muggles… De
cualquier forma Dumbledore no pudo mantener a ninguno de los dos entre
las sombras, el Wizengamot presentó cargos contra ambos. No, eran la
madre y la hermana las que me intrigaban y escarbando un poco descubrí
un verdadero nido de asquerosidades, pero como dije, tendrás que esperar a
los capítulos nueve a doce para obtener los detalles completos. Todo lo que
puedo decir ahora es que no me extraña que Dumbledore nunca hablara
acerca de cómo se rompió la nariz.
¿No obstante los esqueletos familiares, negaba Skeeter la brillantez que
llevó a Dumbledore a hacer varios descubrimientos mágicos?
-Tenía cerebro, concedió, aunque ahora muchos se preguntan si realmente
puede llevarse todo el crédito de todos sus supuestos logros. Como revelo
en el capítulo dieciséis, Ivon Dillonsby, reclama que ya había descubierto
ocho usos de la sangre de dragón cuando Dumbledore tomó “prestados” sus
documentos.
Pero la importancia de algunos de los logros de Dumbledore, no puede,
presumo, ser negada. ¿Qué me dice de la famosa derrota de Grindelwald?
-Oh, me alegra que haya nombrado a Grindelwald, dijo Skeeter con una
sonrisa exasperada, me temo que esos que ven con inocentes y confiados
ojos la espectacular victoria de Dumbledore, deben prepararse a sí mismos
para una bomba… o tal vez una bomba de estiércol. Un asunto muy sucio
en verdad. Todo lo que diré es que no estén tan seguros de que realmente
hubo un espectacular duelo de leyenda. Después de leer mi libro la gente
puede verse forzada a concluir que Grindelwald sencillamente conjuró un
pañuelo blanco de la punta de su varita y se rindió tranquilamente.
Skeeter se negó a revelar nada más acerca de este intrigante tema, por lo
que nos volcamos en la relación que seguramente fascinará a sus lectores
más que cualquier otra.
-Oh, si, dijo Skeeter, asintiendo vivamente, dedico un capitulo entero a la
relación Potter-Dumbledore. Ha sido llamada poco saludable, incluso
siniestra. Nuevamente, los lectores tendrán que comprar el libro para
obtener la historia completa, pero no hay duda de que Dumbledore tenía un
interés poco natural en Potter, ya que estamos. Si eso fue realmente para
bien del muchacho… bien ya lo veremos. Es ciertamente un secreto a voces
que Potter ha tenido una adolescencia de lo más problemática.
Pregunté a Skeeter si aún se mantenía en contacto con Harry Potter, a quien
tan célebremente había entrevistado el año pasado, en un importante avance
en el que Potter hablaba en exclusiva de su convicción de que Ya-sabenquien
había regresado.
-Oh, si desarrollamos un lazo íntimo, dijo Skeeter, pobre Potter tiene muy
pocos amigos verdaderos, y nos conocimos en uno de los momentos de su
vida en el que más duramente fue puesto a prueba… El Campeonato de los
Tres Magos. Probablemente soy una de las pocas personas con vida que
puede decir que conoce al verdadero Harry Potter.
Lo que nos lleva a los muchos rumores que aún circulan acerca de las
últimas horas de Dumbledore. ¿Piensa Skeeter que Potter estaba allí cuando
Dumbledore murió?
-Bueno no quiero decir demasiado… está todo en el libro… pero testigos
dentro del castillo de Hogwarts vieron a Potter salir corriendo de la escena,
momentos después de que Dumbledore cayera, saltara o fuera empujado.
… después se encontraron evidencias contra Severus Snape un hombre
contra el cual Harry siente un notorio rencor. ¿Es todo lo que parece? Eso
queda a juicio de la Comunidad Mágica… una vez que haya leído mi libro.
Con esa intrigante nota me despido. No hay duda de que Skeeter ha escrito
un bestseller instantáneo. Mientras que las legiones de admiradores de
Dumbledore puede que estén temblando ante lo que pronto saldrá a la luz
acerca de su héroe. Harry llegó al final del artículo pero continuó mirando
la página inexpresivamente. La repulsión y la furia ascendieron en él como
si fuera a vomitar. Hizo una bola con el periódico y lo arrojó con todas sus
fuerzas, contra la pared, donde fue a reunirse con el resto de la basura
apilada alrededor de la repleta papelera.
Empezó a caminar a zancadas, ciegamente, por la habitación, abriendo
cajones vacíos y levantando libros solo para volverlos a dejar en las
mismas pilas, apenas consciente de lo que estaba haciendo, mientras frases
al azar del artículo de Rita hacían eco en su cabeza: Un capítulo entero a la
relación Potter-Dumbledore… Ha sido llamada poco saludable, incluso
siniestra… el mismo chapoteó en las artes oscuras en su juventud… tuve
acceso a una fuente por la que la mayoría de los periodistas hubieran
agitado sus varitas…
-¡Mentiras! -gritó Harry, y a través de la ventana vio como el vecino de la
casa de al lado, que había hecho una pausa mientras segaba el césped,
miraba nerviosamente hacia arriba.
Harry se sentó en la cama con fuerza. El pedazo roto de espejo danzó lejos
de él; lo levantó y le dio vuelta entre los dedos, pensando… pensando en
Dumbledore y en las mentiras con que Rita Skeeter le estaba difamando…
Hubo un relámpago de brillante azul. Harry se quedó congelado, el dedo
lastimado deslizándose sobre el mellado borde del vidrio otra vez. Debía
habérselo imaginado, seguramente. Miro por encima del hombro, pero la
pared lucía el enfermizo tono durazno que su tía Petunia había elegido. No
había nada azul allí que pudiera ser reflejado por el espejo. Volvió a mirar
el fragmento de espejo nuevamente, sin ver otra cosa que sus brillantes ojos
verdes devolviéndole la mirada.
Se lo había imaginado, no había otra explicación. Lo había imaginado por
haber estado pensando en su director muerto. Si de algo era seguro, era que
los brillantes ojos azules de Albus Dumbledore, nunca le atravesarían otra
vez.
Capitulo 3:
Capitulo 4:
Capitulo 5:
Capitulo 6:
Capitulo 7:
Capitulo 8:
Capitulo 9:
Capitulo 10:
P.D: Dejen puntos plis, quiero ser NFU
Sigamos...
Capítulo 2: En memoria
Harry estaba sangrando. Agarrándose la mano derecha con la izquierda y
jurando por lo bajo, abrió la puerta de su dormitorio con el hombro. Hubo
un crujido de porcelana rota. Había pisado una taza de te frío que yacía
sobre el suelo fuera de la puerta de su dormitorio.
-Que dem…
Miró a su alrededor, el descansillo del número cuatro de Privet Drive,
estaba desierto. Posiblemente la taza de te fuera la idea que tenía Dudley de
lo que sería una hábil trampa cazabobos. Manteniendo la mano sangrante
elevada, Harry reunió los fragmentos de la taza con la otra mano y los tiró
dentro de la ya repleta papelera que apenas se veía dentro del dormitorio.
Luego con fuertes pisadas fue hacia el baño para poner el dedo debajo del
grifo.
Era estúpido, inconveniente e irritante más allá de lo creíble que todavía le
faltaran cuatro días para poder hacer magia… pero tenía que admitir ante si
mismo que ese sinuoso corte en el dedo podría haberlo derrotado. Nunca
había aprendido a curar heridas, y ahora que pensaba en ello –
particularmente a la luz de sus planes inmediatos- este parecía un serio
fallo en su educación mágica. Haciendo una nota mental de pedirle a
Hermione que le enseñara a hacerlo, uso un gran puñado de papel higiénico
para limpiar tanto té como pudo, antes de volver al dormitorio y cerrar la
puerta de un golpe tras de sí.
Harry había pasado la mañana vaciando completamente el baúl del colegio
por primera vez desde que lo había empacado seis años atrás, desde
comienzo de los años de internado escolar, hasta ahora apenas había tocado
las tres cuartas partes superiores y las había reemplazado o renovado,
dejando una capa de restos varios en el fondo, viejas plumas, ojos de
escarabajo disecados, calcetines sueltos que ya no le servían. Minutos antes
Harry había hundido la mano en esa porquería, experimentando un dolor
punzante en el cuarto dedo de la mano derecha y al sacarla había visto un
montón de sangre.
Ahora procedió con algo más de cuidado. Arrodillándose junto al baúl,
tanteó el fondo y después de retirar una vieja insignia que cambiaba
débilmente entre “Apoyen a CEDRIC DIGGORY y POTTER APESTA”,
un resquebrajado y gastado chivatoscopio y un relicario de oro dentro del
cual una nota firmada R.A.B había estado escondida, finalmente descubrió
el borde afilado que había causado el daño. Lo reconoció enseguida. Era un
fragmento de dos pulgadas de largo del espejo encantado que su padrino,
ahora muerto, Sirius, le había dado. Harry lo dejo a un lado y tanteó
cautamente en el baúl buscando el resto, pero no quedaba nada más del
último regalo de su padrino salvo vidrio pulverizado que se adhería como
arena brillante a la capa más profunda de restos.
Harry se sentó derecho y examinó el mellado pedazo con el que se había
cortado, sin ver nada más que sus propios brillantes ojos verdes reflejados
en él. Luego puso el fragmento sobre El Profeta de esa mañana, que
descansaba sobre la cama sin leer, e intentó contener el repentino flujo de
amargos recuerdos, las puñaladas de añoranza y nostalgia que el
descubrimiento del espejo roto habían ocasionado, atacando el resto de la
basura que había en el baúl.
Le llevó otra hora vaciarlo completamente, tirar las cosas inútiles y
clasificar las restantes en pilas de acuerdo a si iba a necesitarlas o no a
partir de ahora. Los uniformes del colegio y de Quidditch, el caldero,
pergaminos, plumas y la mayoría de los libros de texto fueron apilados en
una esquina, para ser dejados atrás. Se preguntaba que harían su tía y su tío
con ellos; probablemente quemarlos a altas horas de la noche como si
fueran las pruebas de algún horrendo crimen. Su ropa muggle, la capa de
invisibilidad, el equipo para fabricar pociones, algunos libros, el álbum de
fotos que Hagrid le había obsequiado una vez, un puñado de cartas y su
varita habían sido empacadas nuevamente en una vieja mochila. En un
bolsillo delantero coloco el mapa del merodeador y el relicario con la nota
firmada R.A.B. Al relicario le había otorgado ese lugar de honor no debido
a su valor –era inútil en todos los sentidos prácticos- sino debido a lo que
había costado obtenerlo.
Esto dejaba un considerable fajo de periódicos sobre el escritorio, al lado
de su nevada lechuza, Hedwig. Uno por cada día que había pasado en
Privet Drive ese verano.
Se levantó del suelo, se estiró y cruzó la habitación hacia el escritorio.
Hedwig no hizo ni un movimiento cuando empezó a hojear los periódicos,
tirándolos a la pila de basura uno por uno. La lechuza estaba dormida, o lo
fingía, estaba enfadada con Harry por la limitada cantidad de tiempo que en
ese momento se le permitía pasar fuera de la jaula.
Mientras se acercaba al fondo de la pila de periódicos, Harry aminoró la
velocidad, buscando un ejemplar en particular que sabía que había llegado
poco después de haber llegado él a Privet Drive a pasar el verano;
recordaba que en la primera página había habido una pequeña mención
sobre la renuncia de Charity Burbage, la profesora de Estudios Muggles de
Hogwarts. Al final lo encontró. Yendo a la página diez se hundió en la silla
del escritorio y releyó el artículo que había estado buscando. Albus
Dumbledore Recordado
Por Elphias Dodge. Conocí a Albus Dumbledore a la edad de once años en
nuestro primer día en Hogwarts. Nuestra mutua atracción se debió sin duda
al hecho de que ambos nos sentíamos forasteros. Yo por mi parte había
contraído fiebre del dragón poco antes de llegar al colegio, y aunque ya no
era contagioso, mi rostro picado y el tinte verdoso no alentaban a muchos a
que se me acercaran. Por su parte Albus había llegado a Hogwarts con la
carga de la no deseada notoriedad. Apenas un año antes su padre Percival
había sido apresado por un salvaje y bien publicitado ataque contra tres
jóvenes Muggles.
Albus nunca intentó negar que su padre (que murió en Azkaban) hubiera
cometido ese crimen, al contrario, cuando reuní valor para preguntarle me
aseguró que sabía que su padre era culpable. Aparte de eso, Dumbledore se
negaba a hablar del triste asunto, aunque muchos trataron de que lo hiciera.
Algunos, incluso, estaban dispuestos a alabar la acción de su padre y
asumieron que también Albus era enemigo de los muggles. No podían
haber estado más equivocados: ya que cualquiera que conociera a Albus
podría haber atestiguado que jamás reveló ni la más remota tendencia antimuggle.
Es más, su decidido apoyo a los derechos de los muggles le ganó
muchos enemigos en los años subsiguientes.
Sin embargo, en cuestión de meses la propia fama de Albus comenzó a
eclipsar la de su padre. Al finalizar el primer año ya nunca más sería
conocido como el hijo del enemigo de los muggles, sino nada más y nada
menos que como el más brillante alumno visto nunca vez en el colegio.
Aquellos de nosotros que tuvimos el privilegio de ser sus amigos nos
beneficiamos de su ejemplo, por no mencionar su ayuda y estímulo, con los
cuales siempre era generoso. Más tarde me confesó que incluso entonces
había sabido que su mayor placer sería siempre la enseñanza.
No solo ganó cada premio por mérito que ofrecía el colegio sino que pronto
estuvo manteniendo correspondencia regularmente con los más notables
magos de renombre de la época, incluyendo a Nicolas Flamel, el celebrado
alquimista; Bathilda Bagshot, la notoria historiadora; y Adalbert Waffling
el mago teórico. Varios de sus documentos se abrieron camino hasta
conocidas publicaciones, como Transfiguración Hoy, Los Retos de los
Encantamientos y Pociones Prácticas. La futura carrera de Dumbledore
parecía que iba a ser meteórica y la única pregunta a considerar era cuándo
iba a convertirse en Ministro de Magia. Sin embargo aunque en años
posteriores se predijo varias veces que estaba a punto de aceptar el trabajo,
nunca tuvo ambiciones ministeriales.
Tres años después de que hubiéremos comenzado en Hogwarts el hermano
de Albus, Aberforth, llegó al colegio. No se parecían; Aberforth nunca fue
carismático, y al contrario que Albus, prefería arreglar las disputas con
duelos en lugar de a través de discusiones razonables. Sin embargo es
bastante erróneo afirmar, como algunos han hecho, que los hermanos no
eran amigos. Se llevaban tan bien como podrían hacerlo dos muchachos tan
diferentes. Para ser justos con Aberforth, se debe admitir que vivir bajo la
sombra de Albus no puede haber sido una experiencia totalmente cómoda.
Ser continuamente eclipsado era el riesgo inherente de ser su amigo y ser
su hermano no debe haber sido mucho más placentero.
Cuando Albus y yo dejamos Hogwarts habíamos planeado hacer juntos la
entonces tradicional vuelta al mundo, visitando y observando a magos
extranjeros antes de proseguir con nuestras respectivas carreras. Sin
embargo la tragedia intervino. En la misma víspera de nuestra partida, la
madre de Albus, Kendra murió. Dejando a Albus como el cabeza y único
sustento de la familia. Pospuse mí partida lo suficiente como para presentar
mis respetos en el funeral de Kendra y luego partí para lo que ahora sería
un viaje solitario. Con un hermano y hermana más jóvenes a los que cuidar,
y con poco dinero heredado, ya no había dudas de que Albus no me
acompañaría.
Ese fue el período de nuestras vidas en el que menos contacto tuvimos, le
escribí a Albus contándole, tal vez insensiblemente, de las maravillas de mi
viaje, narrándole desde escapadas por los pelos de chimaeras en Grecia
hasta experimentos llevados a cabo por los alquimistas egipcios. Sus cartas
me decían poco de su vida diaria, que adivinaba debía ser extremadamente
aburrida para tan brillante mago. Inmerso en mis propias experiencias fue
con horror que escuché ya cerca del final de mi viaje de un año, que otra
tragedia más había golpeado a los Dumbledore; la muerte de su hermana
Ariana.
Aunque Ariana había sufrido de mala salud desde hacía algún tiempo, el
golpe, acaecido tan poco tiempo después de la pérdida de su madre, tuvo un
profundo efecto en ambos hermanos. Todas las personas cercanas a Albus
–y me cuento a mí mismo entre ese afortunado número- coincidimos en
que la muerte de Ariana, y los sentimientos de Albus de que se sentía
personalmente responsable (aunque por supuesto que no tuvo la culpa)
dejaron una marca permanente en él.
Regresé a casa para encontrarme a un hombre joven que había
experimentado sufrimientos reservados para una persona de mayor edad.
Albus era más reservado que antes, y mucho menos alegre. En adición a su
desdicha, la pérdida de Ariana, había llevado, no a una renovada cercanía
entre Albus y Aberforth, sino a un alejamiento (con el tiempo este se
disiparía… en años posteriores restablecieron si no una relación cercana al
menos una ciertamente cordial). De todas formas, de allí en adelante habló
muy raramente de sus padres o de Ariana y sus amigos aprendimos a no
mencionarlos.
Otras plumas describirán los triunfos de los años subsiguientes. Las
innumerables contribuciones de Dumbledore al cúmulo de conocimientos
sobre hechicería, incluyendo el descubrimiento de los doce usos de la
sangre de dragón que beneficiaría a las generaciones por venir, así como la
sabiduría que desplegaba en los muchos juicios que efectuó siendo Brujo
Supremo del Winzegamot. Aún se comenta que ningún duelo entre brujos
superó nunca al sostenido entre Dumbledore y Grindelwald en 1945. Los
que lo presenciaron han escrito acerca del terror y el asombro que sintieron
al observar a esos dos extraordinarios brujos batallar. El triunfo de
Dumbledore y sus consecuencias para el mundo de la hechicería son
considerados un punto culminante en la historia de la magia, comparable a
la introducción del Estatuto Internacional de Reserva o la caída de El-queno-
debe-ser-nombrado.
Albus Dumbledore nunca fue soberbio ni vano; podía encontrar algo que
valorar en cualquier persona, sin importar cuan aparentemente
insignificante o ruin fuera, y creo que sus tempranas pérdidas lo dotaron de
gran humanidad y compasión. Extrañaré su amistad más de lo que puedo
expresar, pero mi pérdida no es nada comparada con la del mundo de la
magia. No se puede cuestionar que fue el más inspirado y amado director
de Hogwarts. Murió como vivió, trabajando siempre por el bien mayor y
hasta su última hora tan deseoso de tender la mano a un pequeño niño con
fiebre de dragón como el primer día que le conocí. Harry terminó de leer
pero continuó mirando la foto que aparecía acompañando el obituario.
Dumbledore lucía su acostumbrada sonrisa gentil, pero como miraba por
encima de sus medias gafas, daba la impresión, incluso desde el periódico,
de que miraba a Harry con rayos X, provocando que la tristeza se
entremezclara con una sensación de humillación.
Él había creído conocer a Dumbledore bastante bien, pero desde que había
leído el obituario se había visto forzado a reconocer que apenas si le
conocía. Ni una sola vez se había imaginado la niñez y la juventud de
Dumbledore, era como si hubiera nacido tal como Harry lo había conocido,
venerable, con el cabello plateado y anciano. La idea de un Dumbledore
adolescente era sencillamente extraña, como tratar de imaginarse a una
Hermione estúpida o a un escreguto de cola explosiva amistoso.
Nunca había pensado en preguntarle a Dumbledore acerca de su pasado.
Sin duda se hubiera sentido extraño, impertinente incluso, pero después de
todo era de común conocimiento que Dumbledore había tomado parte en
ese legendario duelo con Grindelwald, y a Harry no se le había ocurrido
preguntarle como había sido eso, ni acerca de ninguno de sus otros famosos
logros. No, siempre habían hablado de Harry, el pasado de Harry, el futuro
de Harry, los planes de Harry… y a Harry le parecía ahora que a pesar del
hecho de que su futuro fuera tan peligroso e incierto, había perdido
irremplazables oportunidades al haber omitido preguntarle a Dumbledore
más cosas acerca de su vida. Aunque sospechaba que la única pregunta
personal que jamás le había hecho a su Director era también la única que
Dumbledore no había respondido honestamente.
¿Qué ve cuando mira en el espejo?
¿Yo? Me veo a mi mismo sosteniendo un grueso par de calcetines de lana.
Después de considerarlo unos minutos, Harry arrancó el obituario de El
Profeta, lo dobló cuidadosamente y lo metió dentro del primer volumen de
Defensa Mágica Práctica y sus Usos Contra las Artes Oscuras. Luego tiró
el resto del periódico a la pila de basura y se giró enfrentando la habitación.
Estaba mucho más ordenada. La única cosa fuera de lugar era El Profeta
del día de hoy, aún tirado sobre la cama con el trozo de espejo roto encima.
Harry cruzó la habitación, corrió el fragmento de espejo sacándolo de
encima de El Profeta del día, y desdobló el periódico. Cuando esa mañana
temprano había recogido el periódico enrollado traído por la lechuza
repartidora, apenas le había echado un vistazo al titular y después de
advertir que no decía nada acerca de Voldemort lo había hecho a un lado.
Harry estaba seguro que el Ministerio estaba presionando a El Profeta para
que suprimiera las noticias sobre Voldemort. Por lo que ahora mismo
cuando vio lo que se había perdido.
Atravesando la segunda mitad de la página principal había un titular más
pequeño colocado sobre una foto de Dumbledore caminando a zancadas,
con aspecto apurado. Dumbledore ¿Al fin la verdad? La próxima semana la
conmocionante historia del imperfecto genio considerado por muchos el
más grandiosos mago de su generación. Despojándole de la imagen popular
de serena sabiduría bajo la barba plateada, Rita Skeeter revela la
trastornada infancia, la desenfrenada juventud, las eternas enemistades, y
los secretos culpables que Dumbledore se llevó a la tumba. ¿POR QUÉ el
hombre hecho para ser Ministro de Magia se contentó con ser un mero
Director? ¿CUÁL era el propósito real de la organización secreta conocida
como la Orden del Fénix? ¿CÓMO encontró verdaderamente Dumbledore
su final?
La respuesta a estas y muchas otras preguntas serán exploradas en la nueva
y explosiva biografía, Vida y Mentiras de Albus Dumbledore, por Rita
Skeeter, exclusivamente entrevistada por Barry Braithwaite, página 13 en
el interior. Harry abrió el periódico de un tirón y encontró la página trece.
El artículo estaba encabezado por una foto que mostraba otra cara familiar:
una mujer que usaba gafas enjoyadas con el cabello peinado en rizos rubios
muy elaborados, los dientes sobresalían en lo que claramente se veía que
era una sonrisa triunfal, meneando los dedos ante él. Haciendo lo que pudo
por ignorar esa nauseabunda imagen, Harry continuó leyendo. En persona
Rita Skeeter es mucho más cálida y suave de lo que los famosos retratos
hechos con su feroz pluma puedan sugerir. Me dio la bienvenida en el
vestíbulo de su acogedor hogar y me condujo directamente a la cocina para
ofrecerme una taza de té, una pedazo de tarta, y no hace falta que lo diga,
un humeante cubo de los más novedosos chismes.
-Bueno por supuesto que Dumbledore es el sueño de un cronista, dijo
Skeeter, con una vida tan larga y plena. Estoy segura de que mi libro será el
primero de muchos, muchos otros.
Skeeter fue ciertamente rápida Había terminado el libro de novecientas
páginas, solamente cuatro semanas después de la misteriosa muerte de
Dumbledore acaecida en junio.
Le pregunté como se las había arreglado para llevar a cabo esa proeza tan
increíblemente rápido.
-Oh, cuando has sido periodista tanto tiempo como yo, trabajar con plazos
límite se convierte en tu segunda naturaleza. Sabía que el mundo de la
magia clamaba por la historia completa y quería ser la primera en
complacer esa necesidad.
Mencioné la reciente nota ampliamente divulgada de Elphias Doge,
Consejero Especial del Wizengamot y perpetuo amigo de Albus
Dumbledore, que dice “El libro de Skeeter contiene menos hechos que una
tarjeta de las que encuentras en las Ranas de Chocolate”.
Skeeter echó atrás la cabeza y se rió.
-¡Querido Dodgy! Recuerdo haberle entrevistado hace unos años acerca de
los derechos de las sirenas, que Dios lo bendiga. Está completamente gaga,
parecía pensar que estábamos sentados en el fondo del Lago Windermere,
continuaba diciéndome que tuviera cuidado con las truchas.
Y aún así las acusaciones de inexactitudes de Elphias Doge han echo eco
en muchos lugares. ¿Realmente Skeeter piensa que cuatro cortas semanas
son suficientes para tener un cuadro completo de la larga y extraordinaria
vida de Dumbledore?
-Oh, querido, sonríe Skeeter golpeándome afectuosamente los nudillos,
¡sabes tan bien como yo cuanta información puede ser generada con una
bolsa de galeones, una negativa a escuchar la palabra “no” y una linda y
afilada Pluma Citas-Rápidas! De todas formas la gente hacía cola para
entregarme en bandeja los chanchullos de Dumbledore. No todos pensaban
que era tan maravilloso, sabes. Pisó una horrible cantidad de importantes
pies. Pero el viejo Dodgy Doge puede ir bajándose de su alto hipogrifo,
porque tuve acceso a una fuente por la que la mayoría de los periodistas
hubieran agitado sus varitas, una que nunca había hablado en público antes
y que estuvo muy unida a Dumbledore durante la más turbulenta y
angustiosa etapa de su juventud.
La publicidad anticipada de la biografía de Skeeter había sugerido que
ciertamente habría abundantes sobresaltos para aquellos que creían que
Dumbledore había llevado una vida libre de culpas. ¿Cuáles eran las
grandes sorpresas que encubría? Le pregunté.
-Venga, vamos, déjalo, Betty, ¡no voy a revelar todo lo destacable antes de
que nadie compre el libro! Skeeter se echó a reír, pero te prometo que
cualquiera que todavía piense que Dumbledore era tan blanco como su
barba ¡es susceptible a sufrir un crudo despertar! Digamos solamente que
nadie que lo haya oído rabiar contra Ya-sabes-quien hubiera soñado que él
mismo chapoteó en las Artes Oscuras en su juventud. Y para un brujo que
pasó sus últimos años defendiendo la tolerancia, no era exactamente abierto
de mente cuando era más joven. Si, Albus Dumbledore tiene un pasado
extremadamente oscuro, por no mencionar una familia muy sospechosa,
que se empeñó muy duro en mantener oculta.
Pregunté a Skeeter si iba a hacer referencia al hermano de Dumbledore,
Aberforth, que fue encarcelado por mal uso de la magia por el Wizengamot
causando un escándalo menor quince años atrás.
-Oh, Aberforth es solo la punta del montón de estiércol, se rió Skeeter, No,
no. Estoy hablando de algo mucho peor que un hermano con una afición a
enredarse con cabras, aún peor que un padre mutilador de muggles… De
cualquier forma Dumbledore no pudo mantener a ninguno de los dos entre
las sombras, el Wizengamot presentó cargos contra ambos. No, eran la
madre y la hermana las que me intrigaban y escarbando un poco descubrí
un verdadero nido de asquerosidades, pero como dije, tendrás que esperar a
los capítulos nueve a doce para obtener los detalles completos. Todo lo que
puedo decir ahora es que no me extraña que Dumbledore nunca hablara
acerca de cómo se rompió la nariz.
¿No obstante los esqueletos familiares, negaba Skeeter la brillantez que
llevó a Dumbledore a hacer varios descubrimientos mágicos?
-Tenía cerebro, concedió, aunque ahora muchos se preguntan si realmente
puede llevarse todo el crédito de todos sus supuestos logros. Como revelo
en el capítulo dieciséis, Ivon Dillonsby, reclama que ya había descubierto
ocho usos de la sangre de dragón cuando Dumbledore tomó “prestados” sus
documentos.
Pero la importancia de algunos de los logros de Dumbledore, no puede,
presumo, ser negada. ¿Qué me dice de la famosa derrota de Grindelwald?
-Oh, me alegra que haya nombrado a Grindelwald, dijo Skeeter con una
sonrisa exasperada, me temo que esos que ven con inocentes y confiados
ojos la espectacular victoria de Dumbledore, deben prepararse a sí mismos
para una bomba… o tal vez una bomba de estiércol. Un asunto muy sucio
en verdad. Todo lo que diré es que no estén tan seguros de que realmente
hubo un espectacular duelo de leyenda. Después de leer mi libro la gente
puede verse forzada a concluir que Grindelwald sencillamente conjuró un
pañuelo blanco de la punta de su varita y se rindió tranquilamente.
Skeeter se negó a revelar nada más acerca de este intrigante tema, por lo
que nos volcamos en la relación que seguramente fascinará a sus lectores
más que cualquier otra.
-Oh, si, dijo Skeeter, asintiendo vivamente, dedico un capitulo entero a la
relación Potter-Dumbledore. Ha sido llamada poco saludable, incluso
siniestra. Nuevamente, los lectores tendrán que comprar el libro para
obtener la historia completa, pero no hay duda de que Dumbledore tenía un
interés poco natural en Potter, ya que estamos. Si eso fue realmente para
bien del muchacho… bien ya lo veremos. Es ciertamente un secreto a voces
que Potter ha tenido una adolescencia de lo más problemática.
Pregunté a Skeeter si aún se mantenía en contacto con Harry Potter, a quien
tan célebremente había entrevistado el año pasado, en un importante avance
en el que Potter hablaba en exclusiva de su convicción de que Ya-sabenquien
había regresado.
-Oh, si desarrollamos un lazo íntimo, dijo Skeeter, pobre Potter tiene muy
pocos amigos verdaderos, y nos conocimos en uno de los momentos de su
vida en el que más duramente fue puesto a prueba… El Campeonato de los
Tres Magos. Probablemente soy una de las pocas personas con vida que
puede decir que conoce al verdadero Harry Potter.
Lo que nos lleva a los muchos rumores que aún circulan acerca de las
últimas horas de Dumbledore. ¿Piensa Skeeter que Potter estaba allí cuando
Dumbledore murió?
-Bueno no quiero decir demasiado… está todo en el libro… pero testigos
dentro del castillo de Hogwarts vieron a Potter salir corriendo de la escena,
momentos después de que Dumbledore cayera, saltara o fuera empujado.
… después se encontraron evidencias contra Severus Snape un hombre
contra el cual Harry siente un notorio rencor. ¿Es todo lo que parece? Eso
queda a juicio de la Comunidad Mágica… una vez que haya leído mi libro.
Con esa intrigante nota me despido. No hay duda de que Skeeter ha escrito
un bestseller instantáneo. Mientras que las legiones de admiradores de
Dumbledore puede que estén temblando ante lo que pronto saldrá a la luz
acerca de su héroe. Harry llegó al final del artículo pero continuó mirando
la página inexpresivamente. La repulsión y la furia ascendieron en él como
si fuera a vomitar. Hizo una bola con el periódico y lo arrojó con todas sus
fuerzas, contra la pared, donde fue a reunirse con el resto de la basura
apilada alrededor de la repleta papelera.
Empezó a caminar a zancadas, ciegamente, por la habitación, abriendo
cajones vacíos y levantando libros solo para volverlos a dejar en las
mismas pilas, apenas consciente de lo que estaba haciendo, mientras frases
al azar del artículo de Rita hacían eco en su cabeza: Un capítulo entero a la
relación Potter-Dumbledore… Ha sido llamada poco saludable, incluso
siniestra… el mismo chapoteó en las artes oscuras en su juventud… tuve
acceso a una fuente por la que la mayoría de los periodistas hubieran
agitado sus varitas…
-¡Mentiras! -gritó Harry, y a través de la ventana vio como el vecino de la
casa de al lado, que había hecho una pausa mientras segaba el césped,
miraba nerviosamente hacia arriba.
Harry se sentó en la cama con fuerza. El pedazo roto de espejo danzó lejos
de él; lo levantó y le dio vuelta entre los dedos, pensando… pensando en
Dumbledore y en las mentiras con que Rita Skeeter le estaba difamando…
Hubo un relámpago de brillante azul. Harry se quedó congelado, el dedo
lastimado deslizándose sobre el mellado borde del vidrio otra vez. Debía
habérselo imaginado, seguramente. Miro por encima del hombro, pero la
pared lucía el enfermizo tono durazno que su tía Petunia había elegido. No
había nada azul allí que pudiera ser reflejado por el espejo. Volvió a mirar
el fragmento de espejo nuevamente, sin ver otra cosa que sus brillantes ojos
verdes devolviéndole la mirada.
Se lo había imaginado, no había otra explicación. Lo había imaginado por
haber estado pensando en su director muerto. Si de algo era seguro, era que
los brillantes ojos azules de Albus Dumbledore, nunca le atravesarían otra
vez.
Capitulo 3:
Capitulo 4:
Capitulo 5:
Capitulo 6:
Capitulo 7:
Capitulo 8:
Capitulo 9:
Capitulo 10:
P.D: Dejen puntos plis, quiero ser NFU