Falco_F
Usuario (Colombia)
Buenas chicos y chicas de T!, hoy les traigo Harry Potter y las Reliquias de la Muerte Empezemos... Capítulo 1: El ascenso del señor Tenebroso Los dos hombres aparecieron de la nada, a unas yardas de distancia en un sendero angosto e iluminado por la luna. Por un segundo se quedaron quietos, apuntándose con las varitas el uno al pecho del otro: luego, habiéndose reconocido, las guardaron bajo sus capas y se pusieron a caminar, lado a lado, en la misma dirección. - ¿Alguna novedad?-preguntó el más alto de los dos. -La mejor.-respondió Snape. El sendero estaba bordeado a la izquierda por matorrales silvestres de lento crecimiento, a la derecha con un alto y pulcramente recortado seto. Las largas capas de los hombres flameaban alrededor de sus tobillos mientras marchaban. -Aunque podría ser tarde, -dijo Yaxley, sus rasgos fofos entraban y salían de la vista cuando las ramas de los árboles colgantes interrumpían la luz de la luna-. Fue un poco más engañoso de lo que pensaba. Pero espero que esté satisfecho. Pareces confiar en que tu recepción será buena. Snape asintió, pero no se explicó. Giraron a la derecha, a un amplio camino de acceso en el que desembocaba el sendero. El alto seto se curvaba alejándose de ellos, extendiéndose en la distancia más allá del par de impresionantes verjas de hierro que interrumpían el camino de los hombres. Ninguno de ellos dio un paso; en silencio ambos alzaron sus brazos izquierdos en una especie de saludo y pasaron a través del metal oscuro que era humo. Los arbustos amortiguaban el sonido de los pasos de los hombres. Se oyó un susurró en algún lugar a su derecha; Yaxley sacó su varita, de nuevo probó no ser nada más que un pavo real blanco, pavoneándose majestuosamente a lo largo de lo alto del seto. -Lucius siempre se lo tuvo muy creído. Pavos reales… -Yaxley metió su varita de vuelta bajo su capa con un resoplido. Una hermosa casa solariega surgió en la oscuridad al final del recto camino, con luces destellando en las ventanas con forma de diamante del piso inferior. En algún lugar del oscuro jardín más allá del seto una fuente estaba en funcionamiento. La grava crujió bajo sus pies cuando Snape y Yaxley se apresuraron hacia la puerta principal, que se abrió hacia adentro ante su aproximación, aunque no había nadie visible que la abriera. El vestíbulo era grande, pobremente iluminado, y suntuosamente decorado, con una magnífica alfombra que cubría la mayor parte del suelo de piedra. Los ojos de los retratos de caras pálidas en las paredes siguieron a Snape y Yaxley mientras los pasaban a grandes zancadas. Los dos hombres se detuvieron ante una pesada puerta de madera que conducía a la siguiente habitación, dudando durante el espacio de un latido de corazón, entonces Snape giró la manilla de bronce. El estudio estaba lleno de gente silenciosa, sentada a lo largo de una mesa ornamentada. El mobiliario usual de la habitación había sido empujado descuidadamente contra las paredes. La iluminación provenía de un rugiente fuego bajo una hermosa chimenea de mármol trasmontada por una ventana dorada. Snape y Yaxley se demoraron un momento en el umbral. Cuando sus ojos se acostumbraron a la falta de luz, fueron atraídos hacia adelante por los extraños rasgos de la escena de una figura humana aparentemente inconsciente que colgaba bocabajo sobre la mesa, revolviéndose lentamente como suspendida por una cuerda invisible, y reflejada en el espejo y en la desnuda y pulida superficie de la mesa de abajo. Ninguna de las personas sentadas bajo esta singular visión estaba mirándola excepto por un joven pálido sentado casi directamente bajo ella. Parecía incapaz de evitar mirar hacia arriba a cada minuto o así. -Yaxley, Snape, -dijo una voz alta y clara desde la cabecera de la mesa-. Llegáis convenientemente tarde. El que hablaba estaba sentado directamente ante el fuego, así que fue difícil, al principio, para los recién llegados divisar algo más que su silueta. Cuando se acercaron, sin embargo, su cara brilló a través de las sombras, sin pelo, con aspecto de serpiente, con rajas por nariz y brillantes ojos rojos cuyas pupilas eran verticales. Estaba tan pálido que parecía emitir un brillo perlado. -Severus, aquí, -dijo Voldemort, señalando el asiento a su inmediata derecha-. Yaxley… junto a Dolohov. Los dos hombres ocuparon sus lugares asignados. La mayoría de los ojos alrededor de la mesa siguieron a Snape, y estaban posados en él cuando Voldemort habló primero. -¿Y? -Mi Señor, La Orden del Fénix tiene intención de trasladar a Harry Potter de su actual lugar seguro el próximo sábado, al anochecer. El interés alrededor de la mesa se agudizó palpablemente. Algunos se tensaron, otros se inquietaron, todos miraban fijamente a Snape y Voldemort. -Sábado… al anochecer, -repitió Voldemort. Sus ojos rojos se fijaron en los negros de Snape con tanta intensidad que algunos de los observadores apartaron la mirada, aparentemente temerosos de que ellos mismos resultaran quemados por la ferocidad de la mirada. Snape, sin embargo, devolvió la mirada tranquilamente a la cara de Voldemort y, después de un momento o dos, la boca sin labios de Voldemort se curvó en algo parecido a una sonrisa. -Bien. Muy bien. Y esta información proviene de… -… de la fuente que hemos discutido, -dijo Snape. -Mi Señor. Yaxley se había inclinado hacia adelante para mirar mesa abajo hacia Voldemort y Snape. Todas las caras se giraron hacia él. -Mi Señor, yo he oído algo diferente. Yaxley esperó, pero Voldemort no habló, así que siguió, -A Dawlish, el Auror, se le escapó que Potter no será trasladado hasta el día treinta, la noche antes de que el chico cumpla diecisiete. Snape estaba sonriendo. -Mi fuente me dijo que plantarían un falso rastro; este debe ser. Ni dudo de que Dawlish esté bajo un Encantamiento Confundus. No sería la primera vez; se sabe que es susceptible. -Te aseguro, mi Señor, que Dawlish parecía bastante seguro, - dijo Yaxley. -Si estaba Confundido, naturalmente que estaría seguro, -dijo Snape-. Yo te aseguro, Yaxley, que la Oficina de Aurores no tomará parte en la protección de Harry Potter. La Orden cree que tenemos infiltrados en el Ministerio. -La Orden tiene razón en algo entonces, ¿verdad? -dijo un hombre bajo y grueso sentado a corta distancia de Yaxley; soltó una risita silbante que resonó allí y a lo largo de la mesa. Voldemort no rió. Su mirada había vagado hacia arriba hasta el cuerpo que se revolvía lentamente en lo alto, y parecía estar perdido en sus pensamientos. -Mi señor, -siguió Yaxley-. Dawlish cree que toda una partida de Aurores se ocupará de trasladar al chico… Voldemort alzó una larga mano blanca, y Yaxley se calló al instante, observando resentido como Voldemort volvía a girarse hacia Snape. -¿Dónde van a ocultar al chico a continuación? -En la casa de un miembro de la Orden, -dijo Snape-. El lugar, según la fuente, ha sido equipado con cada protección que la Orden y el Ministerio juntos han podido proporcionar. Creo que habrá poca oportunidad de cogerle una vez esté allí, mi Señor, a menos, por supuesto, que el Ministerio haya caído antes del próximo sábado, lo cual podría darnos la oportunidad de descubrir y deshacer los suficientes encantamientos como para romper el resto. -Bien, ¿Yaxley? -llamó Voldemort mesa abajo, la luz del fuego iluminaba extrañamente sus ojos rojos-. ¿Habrá caído el Ministerio para el próximo sábado? Una vez más, todas las cabezas se giraron. Yaxley cuadró los hombros. -Mi Señor, tengo buenas noticias sobre ese punto. He… con dificultad y después de grandes esfuerzos… tenido éxito al colocar una Maldición Imperius sobre Pius Thircknesse. Muchos de los sentados alrededor de Yaxley parecieron impresionados; su vecino, Dolohov, un hombre con una larga y retorcida cara, le palmeó la espalda. -Es un comienzo, -dijo Voldemort-. Pero Thicknesse es solo un hombre. Scrimgeour debe estar rodeado por nuestra gente antes de que yo actúe. Un atentado fallido contra la vida del Ministro me hará retroceder un largo tramo del camino. -Si… mi Señor, eso es cierto… pero ya sabe, como Jefe del Departamento de Refuerzo de la Ley Mágica, Thicknesse tiene contacto regular no solo con el propio Ministro, sino también con los Jefes de todos los demás departamentos del Ministerio. Será, creo yo, fácil ahora que tenemos a un oficial de tan alto rango bajo nuestro control, subyugar a los otros, y después podemos trabajar todos juntos para someter a Scrimgeour. -Mientras nuestro amigo Thicknesse no sea descubierto antes de convertir al resto, -dijo Voldemort-. En cualquier caso, parece improbable que el Ministerio vaya a ser mío antes del próximo sábado. Si no podemos tocar al chico en su destino, debemos hacerlo mientras viaja. -Tenemos ventaja ahí, mi Señor, -dijo Yaxley, que parecía decidido a recibir alguna porción de aprobación-. Ahora tenemos a varias personas plantadas dentro del Departamento de Transporte Mágico. Si Potter se Aparece o utiliza la Red Flu, lo sabremos inmediatamente. -No harán ninguna de las dos cosas, -dijo Snape-. La Orden está esquivando cualquier forma de transporte que esté controlada o regulada por el Ministerio; desconfían de todo lo que tenga que ver con ellos. -Todavía mejor, -dijo Voldemort-. Tendrá que salir a campo abierto. Más fácil de tomar, con mucho. De nuevo Voldemort levantó la mirada hacia el cuerpo que se revolvía lentamente mientras seguía, -Me ocuparé del chico en persona. Se han cometido demasiados errores en lo que a Harry Potter concierne. Algunos de ellos han sido míos. Que Potter viva se debe más a mis errores que a sus triunfos. La compañía alrededor de la mesa observaba a Voldemort aprensivamente, cada uno de ellos, por su expresión, temiendo que pudieran ser culpados por la continuada existencia de Harry Potter. Voldemort, sin embargo, parecía estar hablando más para sí mismo que para ninguno de ellos, todavía dirigiéndose al cuerpo inconsciente sobre él. -He sido descuidado, y así me he visto frustrado por la suerte y la oportunidad, demoledoras de nada más y nada menos que de los planes mejor trazados. Pero ahora soy más listo. Entiendo lo que no entendía antes. Debo ser yo quien mate a Harry Potter, y lo haré. Ante esas palabras, aparentemente en respuesta a ellas, sonó un repentino aullido, un terrible y desgarrador grito de miseria y dolor. Muchos de los sentados ante la mesa miraron hacia abajo, sobresaltados, por el sonido que había parecido surgir de debajo de sus pies. -Colagusano, -dijo Voldemort, sin cambiar su tono tranquilo y pensativo, y sin apartar los ojos de cuerpo que se removía arriba-. ¿No te he dicho que mantuvieras a nuestro prisionero tranquilo? -Si, m…mi Señor, -jadeó un hombrecillo en mitad de la mesa, que había estado sentado tan abajo en su silla que ésta había parecido, a primera vista, estar desocupada. Ahora se revolvió en su asiento y salió a toda prisa de la habitación, no dejando tras él nada más que un curioso brillo plateado. -Como estaba diciendo, -continuó Voldemort, mirando de nuevo a las caras tensas de sus seguidores-. Ahora soy más listo, necesitaré, por ejemplo, tomar prestada la varita de uno de vosotros antes de ir a matar a Potter. Las caras a su alrededor no mostraron nada menos que sorpresa; podría haber anunciado que quería coger prestado uno de sus brazos. -¿Ningún voluntario? -dijo Voldemort-. Dejadme ver… Lucius, no veo razón para que sigas teniendo una varita. Lucius Malfoy levantó la mirada. Su piel parecía amarillenta y cerosa a la luz del fuego, y sus ojos estaban hundidos y sombríos. Cuando habló, su voz era ronca. -¿Mi Señor? -Tu varita, Lucios. Exijo tu varita. -Yo… Malfoy miró de reojo a su esposa, que estaba mirando directamente hacia adelante, tan pálida como él, su largo pelo rubio colgaba por su espalda, pero bajo la mesa sus dedos esbeltos se cerraron brevemente sobre la muñeca de su esposo. Ante su toque, Malfoy metió la mano en la túnica, retirando una varita, y pasándosela a Voldemort, que la sostuvo en alto delante de sus ojos rojos, examinándola atentamente. -¿Qué es? -Olmo, mi Señor, -susurró Malfoy. -¿Y el centro? -Dragón… nervio de corazón de dragón. -Bien, -dijo Voldemort. Sacó su propia varita y comparó sus longitudes. Lucius Malfoy hizo un movimiento involuntario; durante una fracción de segundo pareció como si esperara recibir la varita de Voldemort a cambio de la suya. El gesto no le pasó por alto a Voldemort, cuyos ojos se abrieron maliciosamente. -¿Darte mi varita, Lucius? ¿Mi varita? Algunos de los miembros de la multitud rieron. -Te he dado tu libertad, Lucius, ¿no es suficiente para ti? Pero he notado que tú y tu familia parecéis menos felices que antes… ¿Qué hay de mi presencia en tu casa que te disguste, Lucius? -Nada… ¡nada, mi Señor! -Que mentiroso, Lucius… La suave voz pareció sisear incluso después de que la cruel boca hubiera dejado de moverse. Uno o dos de los magos apenas reprimieron un estremecimiento cuando el siseo creció en volumen; algo pesado podía oírse deslizándose por el suelo bajo la mesa. La enorme serpiente emergió para escalar lentamente por la silla de Voldemort. Se alzó, pareciendo interminable, y fue a descansar sobre los hombros de Voldemort; su cuello era más grueso que el muslo de un hombre; sus ojos, con sus rajas verticales por pupilas, no parpadeaban. Voldemort acarició a la criatura ausentemente con largos dedos finos, todavía mirando a Lucius Malfoy. -¿Por qué los Malfoy parecen tan infelices con su suerte? ¿No es mi retorno, mi ascenso al poder, lo que profesaban desear durante tantos años? -Por supuesto, mi Señor, -dijo Lucius Malfoy. Su mano temblaba cuando se limpió el sudor del labio superior-. Lo deseábamos… lo deseamos. A la izquierda de Malfoy su esposa hizo un extraño y rígido asentimiento, sus ojos evitaban a Voldemort y a la serpiente. A su derecha, su hijo, Draco, que había estado mirando fijamente hacia arriba al cuerpo inerte en lo alto, miró rápidamente hacia Voldemort y apartó la mirada una vez más, aterrado de hacer contacto ocular. -Mi Señor, -dijo una mujer oscura en mitad de la mesa, su voz sonaba consternada por la emoción-, es un honor tenerte aquí, en la casa de nuestra familia. No puede haber mayor placer. Sentada junto a su hermana, tan diferente a ella en aspecto, con su pelo oscuro y ojos pesadamente perfilados, como lo era en aguante y comportamiento; donde Narcissa se sentaba rígida e impasible, Bellatrix se inclinaba hacia Voldemort, como si las meras palabras no pudieran demostrar su anhelo de estar más cerca. -No hay más alto placer, -repitió Voldemort, su cabeza se inclinó un poco a un lado mientras evaluaba a Bellatrix-. Eso significa mucho, Bellatrix, viniendo de ti. La cara de ella se llenó de color, sus ojos se inundaron de lágrimas de deleite. -¡Mi Señor sabe que no digo mas que la verdad! -No hay más alto placer… ¡ni siquiera comparado con el feliz evento que, según he oído, ha tenido lugar esta semana en tu familia! Ella le miró, con los labios separados, evidentemente confusa. -No sé lo que quieres decir, mi Señor. -Estoy hablando de tu sobrina, Bellatrix. Y la vuestra, Lucius y Narcissa. Se acaba de casar con el hombrelobo, Remus Lupin. Debéis estar orgullosos. Hubo una explosión de risas socarronas alrededor de la mesa. Muchos se inclinaron hacia adelante para intercambiar miradas divertidas, unos pocos golpearon la mesa con los puños. La gran serpiente, disgustada por el disturbio, abrió la boca de par en par y siseó furiosamente, pero los mortífagos no lo oyeron, tan jubilosos como estaban ante la humillación de Bellatrix y los Malfoy. La cara de Bellatrix, tan recientemente ruborizada de felicidad, se había vuelto de un feo y manchado rojo. -No es prima nuestra, mi Señor, -gritó sobre el regocijo-. Nosotros… Narcissa y yo… nunca volvimos a ver a nuestra hermana desde que se casara con el sangre sucia. Esa mocosa no tiene nada que ver con ninguna de nosotras, ni ninguna bestia con la que se haya casado. -¿Qué dices tú, Draco? -preguntó Voldemort, y aunque su voz era queda, fue llevada claramente a través de silbidos y risotadas-. ¿Harás de canguro a los engendros? El regocijo creció; Draco Malfoy miraba aterrorizado a su padre, que bajaba la mirada a su propio regazo, entonces captó la mirada de su madre. Ella sacudió la cabeza casi imperceptiblemente, después reasumió su propia mirada impasible hacia la pared opuesta. -Ya basta, -dijo Voldemort, acariciando a la furiosa serpiente-. Ya basta. Y la risa murió al instante. -Muchos de nuestros más antiguos árboles familiares se han vuelto un poco descuidados con el paso del tiempo, -dijo cuando Bellatrix le miró fijamente, sin aliento e implorante-. ¿Qué debes podar y qué no para mantenerlo saludable? Cortas aquellas partes que amenazan la salud del resto. -Si, mi Señor, -susurró Bellatrix, y sus ojos se inundaron de nuevo con lágrimas de gratitud-. ¡A la primera oportunidad! -Debes hacerlo, -dijo Voldemort-. Y en tu familia, al igual que en el mundo… debemos cortar el cáncer que nos infecta hasta que solo los de la sangre auténtica permanezcan… Voldemort alzó la varita de Lucius Malfoy, apuntándola directamente a la figura que se revolvía lentamente suspendida sobre la mesa, y le dio una pequeña sacudida. La figura volvió a la vida con un gemido y empezó a luchar contra ataduras invisibles. -¿Reconoces a nuestra invitada, Severus? -preguntó Voldemort. Snape alzó los ojos a la cara que estaba bocabajo. Todos los mortífagos estaban mirando hacia la cautiva ahora, ya que se les había dado permiso para mostrar curiosidad. Cuando volvió la cara hacia la luz del fuego, la mujer dijo con voz rota y aterrada. -¡Severus! ¡Ayúdame! -Ah, si, -dijo Snape cuando la prisionera volvió a girar lentamente hacia otro lado. -¿Y tú, Draco? -preguntó Voldemort, acariciando el hocico de la serpiente con la mano libre de la varita. Draco sacudió la cabeza tirantemente. Ahora que la mujer había despertado, parecía incapaz de seguir mirándola. -Pero no tendrás que asistir a sus clases, -dijo Voldemort-. Para aquellos de vosotros que no lo sepáis, nos reunimos aquí esta noche por Charity Burbage quien, hasta recientemente, enseñaba en la Escuela Hogwarts de Magia y Hechicería. Se produjeron pequeños ruidos de comprensión alrededor de la mesa. Una mujer ancha y encorvada con dientes puntiagudos cacareó. -Si… la profesora Burbage enseñaba a los hijos de brujas y magos todo sobre los muggles…. como no son tan diferentes a nosotros… Uno de los mortifagos escupió en el suelo. Charity Burbage volvió la cara de nuevo hacia Snape. -Severus… por favor… por favor. -Silencio, -dijo Voldemort, con otro golpe de la varita de Malfoy Charity cayó en silencio como amordazada-. No me alegra la corrupción y contaminación de las mentes de niños magos, la semana pasada la Profesora Burbage escribió una apasionada defensa de los sangresucia en el Profeta. Los magos, dijo, deben aceptar a ladrones de su conocimiento y magia. La mengua de los purasangre es, dice la Profesora Burbage, una circunstancia de lo más deseable…. Haría que todos nosotros nos emparejáramos con muggles… o, sin duda, con hombreslobo… Nadie rió esta vez. No había duda de la furia y el descontento en la voz de Voldemort. Por tercera vez, Charity Burbage se revolvió para enfrentar a Snape. Corrían lágrimas desde sus ojos hasta su pelo. Snape le devolvió la mirada, impasible, mientras ella giraba otra vez lentamente. -Avada Kedavra. El destello de luz verde iluminó cada esquina de la habitación. Charity cayó con un resonante golpe sobre la mesa de abajo, que tembló y se partió. Varios de los mortífagos saltaron hacia atrás en sus sillas. Draco cayó fuera de la suya hasta el suelo. -La cena, Nagini, -dijo Voldemort suavemente, y la gran serpiente se balanceó y se deslizó de su hombro hasta el suelo pulido. Capitulo 2: Aqui Capitulo 3: Aqui Capitulo 4: Aqui Capitulo 5: Aqui Capitulo 6: Aqui Capitulo 7: Aqui Capitulo 8: Aqui Capitulo 9: Aqui Capitulo 10: Aqui P.D: Dejen puntos plis, quiero ser NFU
Capitulo 1: Aqui Capitulo 2: Aqui Capitulo 3: Aqui Capitulo 4: Aqui Capitulo 5: Aqui Capitulo 6: Aqui Capitulo 7: Aqui Capitulo 8: Aqui Seguimos... Capítulo 9: Un lugar para esconderse Todo parecía confuso, lento. Harry y Hermione saltaron sobre sus pies y esgrimieron sus varitas. Muchas personas se estaban dando cuenta ahora de que algo raro había ocurrido; algunas cabezas todavía se estaban volviendo hacia el gato plateado cuando desapareció. El silencio se extendió hacia fuera en frías ondas desde el lugar en que había aparecido el Patronus. Entonces alguien gritó. Harry y Hermione se lanzaron entre la multitud despavorida. Los invitados corrían en todas direcciones; muchos Desaparecían; los encantamientos protectores que había alrededor de la Madriguera se habían roto. -¡Ron! –lloró Hermione-. Ron, ¿dónde estás? Mientras se abrían paso a empujones hasta el otro lado de la pista de baile, Harry vio como unas figuras enmascaradas salían de entre la multitud; luego vio a Lupin y Tonks, con sus varitas levantadas, y escuchó que ambos gritaban, "¡Protego!", grito que resonó por todas partes - ¡Ron! ¡Ron! –llamó Hermione medio sollozando, al ser envueltos por los aterrorizados invitados. Harry la estaba cogiendo de la mano para asegurarse de que no fueran separados, cuando una línea de la luz zumbó sobre sus cabezas, aunque no supo si era un encantamiento protector o algo más siniestro. En ese momento apareció Ron. Cogió el brazo libre de Hermione, y Harry la sintió girar sobre sí misma; la visión y el sonido se extinguieron mientras la oscuridad se cernía sobre él; todo lo que podía sentir era la mano de Hermione mientras era lanzado a través de espacio y tiempo, lejos de la Madriguera, lejos de los Mortífagos que descendían, lejos, quizás, de Voldemort mismo. . . . -¿Dónde estamos? –dijo la voz de Ron. Harry abrió los ojos. Por un momento, pensó que no habían abandonado la boda, después de todo; todavía parecían estar rodeados de gente. -En Tottenham Court Road –jadeó Hermione-. Camina, simplemente camina, tenemos que encontrar un sitio para que os cambiéis. Harry hizo lo que le decía. Medio anduvieron medio corrieron subiendo la amplia y oscura calle, atestada de trasnochadores y llena de tiendas cerradas, mientras las estrellas brillaban sobre ellos. Un autobús de dos pisos rugió al pasar y un grupo de parroquianos alegres se los comieron con los ojos cuando pasaron; Harry y Ron todavía llevaban sus túnicas de etiqueta. -Hermione, no tenemos nada para cambiarnos, -dijo Ron, cuando una mujer joven se echó a reir tontamente al verle. -¿Por qué no me habré asegurado de traerme la capa de invisibilidad? -dijo Harry, maldiciendo interiormente su propia estupidez-. Todo el año pasado la llevé encima y… -Está bien, tengo la capa, tengo ropa para los dos - dijo Hermione-. Sólo tratad de actuar con naturalidad hasta… esto servirá. Los condujo a una calle lateral, y luego a la protección de un callejón sombrío. -Cuando dices que tienes la capa, y la ropa... –dijo Harry, frunciendo el ceño a Hermione, que no llevaba nada salvo su pequeño bolso bordado, en el que rebuscaba en ese momento. -Si, aquí están -dijo Hermione, y para absoluto asombro de Harry y Ron, sacó un par de vaqueros, una camiseta gruesa, algunos calcetines granates, y finalmente la plateada capa de invisibilidad. -¿Cómo demonios…?" -Encantamiento de Extensión Indetectable -dijo Hermione-. Difícil, pero creo que lo he hecho bien; en cualquier caso, me las arreglé para meter aquí todo lo que necesitamos. -Dio una pequeña sacudida a la aparentemente frágil bolsa, que resonó como si fuera un cargamento con varios objetos pesados rodando dentro. -Oh, maldición, eso deben ser los libros -dijo, mirándolo con atención-. Y los tenía todos apilados por tema... En fin... Harry, es mejor que cojas tú la capa de invisibilidad. Ron, date prisa y cámbiate... -¿Cuándo hiciste todo esto? – preguntó Harry mientras Ron se desvestía. -Te lo dije en la Madriguera, he llevado encima lo esencial preparado durante días, ya sabes, por si acaso tuviéramos que huir rápidamente. Hice tu mochila esta mañana, Harry, después de que te cambiaras, y la puse aquí... Tenía un presentimiento... -Eres asombrosa, de verdad que si, -dijo Ron, pasándole su túnica enrollada. -Gracias -dijo Hermione, con una pequeña sonrisa, mientras empujaba las túnicas en la bolsa-. ¡Por favor, Harry, ponte esa capa! Harry le lanzó la Capa de Invisibilidad alrededor de los hombros y la reafirmó sobre su cabeza, desapareciendo de la vista. Estaba empezando a darse cuenta de lo que había ocurrido en ese momento. -Los demás…toda la gente de la boda… -No podemos preocuparnos por eso ahora -cuchicheó Hermione-. Van tras de ti, Harry, y si volvemos lo único que conseguiremos será ponerlos a todos aún en más peligro. -Tiene razón – dijo Ron, que parecía saber que Harry estaba a punto de discutir, incluso sin poderle ver la cara-. La mayor parte de la Orden estaba allí, cuidarán de todos. Harry asintió con la cabeza, luego recordó que no podían verlo y dijo -Sí. Pero pensó en Ginny, y el miedo burbujeó como ácido en su estómago. -Vamos, creo que deberíamos mantenernos en movimiento - dijo Hermione. Retrocedieron por la calle lateral y de nuevo por la carretera principal, donde un grupo de hombres cantaba y ondeaban los brazos en la acera de enfrente. -¿Sólo por curiosidad, por qué Tottenham Court Road? -preguntó Ron a Hermione. -No tengo ni idea, fue lo primero que me vino a mi cabeza, pero estoy segura de que estaremos más seguros en el mundo muggle, donde no esperarán que estemos. -Es cierto -dijo Ron, mirando a su alrededor-. Pero ¿tú no te sientes un poco… expuesta? -¿Dónde más podríamos ir? -preguntó Hermione, encogiéndose cuando los hombres del otro lado de la calle empezaron a aullarle como lobos-. Difícilmente podemos reservar habitaciones en el Caldero Chorreante, ¿no? Y Grimmauld Place está descartado, ya que Snape puede ir allí. . . . Supongo que podríamos probar en casa de mis padres, pero creo que hay una posibilidad de que lo comprueben. . . . Oh, ¡por qué no se callarán! -¿Y bien, querida? -el más borracho de los hombres del otro lado estaba gritando-. ¿Quieres un trago? ¡Abandona al pelirrojo y ven y tómate una pinta! -Vamos a sentarnos en algún sitio –dijo Hermione apresuradamente cuando Ron abrió la boca para responder gritando al otro lado de la calle. Mirad, ¡esto servirá, entrad aquí! Era un café nocturno pequeño y gastado. Una ligera capa de grasa yacía sobre todas las mesas acabadas en formica, pero por lo menos estaba vacío. Harry entró a un reservado, y Ron se sentó junto a él, frente a Hermione, que quedó de espaldas a la entrada, lo que no pareció gustarle; echaba vistazos por encima del hombro tan frecuentemente parecía tener un tic. A Harry no le gustaba que estuvieran quietos; caminar les había dado la ilusión de tener un objetivo. Debajo de la capa podía sentir los últimos vestigios de la Poción Multijugos abandonándole, sus manos regresaban a su forma y longitud acostumbrada. Sacó las gafas del bolsillo y se las puso otra vez. Después de uno o dos minutos, Ron dijo: -Sabéis, no estamos lejos del Caldero Chorreante, está en Charing Cross… -¡Ron, no podemos'! –dijo Hermione inmediatamente. -No digo quedarnos allí, pero sí averiguar qué está ocurriendo! -¡Sabemos qué esta ocurriendo! Voldemort ha tomado el Ministerio, ¿qué más necesitamos saber? -Vale, vale, ¡era sólo una idea! -Cayeron en un silencio espinoso. La camarera, que masticaba chicle, les atendió, y Hermione pidió dos capuchinos: como Harry era invisible, podría haber parecido raro pedirle uno. Un par de obreros fornidos entró en el café y se metió en el reservado de al lado. Hermione redujo su voz a un susurro. -Yo digo que encontremos un lugar tranquilo para Desaparecernos y dirigirnos hacia el campo. En cuanto estemos allí, podremos enviar un mensaje a la Orden. -¿Entonces puedes hacer un Patronus de esos que hablan? –preguntó Ron. -He estado practicando, y creo que sí –dijo Hermione. -Bueno, mientras eso no les cause problemas, aunque deben haber sido arrestados ya. Dios, esto está asqueroso -añadió Ron después de dar un sorbo al espumoso café grisáceo. La camarera le había oído; le echó a Ron una mirada rencorosa mientras se dirigía a atender a los nuevos clientes. El más grande de los dos obreros, que era rubio e inmenso, ahora que Harry lo miraba, la apartó. Ella le miró fijamente, ofendida. -Vámonos entonces, no quiero beberme esta mugre –dijo Ron-. Hermione, ¿tienes dinero Muggle para pagar esto? -Sí, saqué todos mis ahorros de la Sociedad Constructora antes de ir a la Madriguera. Apuesto a que todo el dinero suelto está en la parte de abajo - se quejó Hermione, cogiendo su bolso bordado. Los dos obreros hicieron idénticos movimientos, y Harry los imitó inconscientemente: los tres esgrimieron sus varitas. Ron, que tardó unos segundos en darse cuenta de lo qué estaba pasando, arremetió hacia al otro lado de la mesa, empujando a Hermione al otro lado de su banco. Los impactos de los hechizos de los mortífagos hicieron añicos el mosaico de la pared justo donde había estado la cabeza de Ron, mientras Harry, todavía invisible, gritó, -¡Desmanius! El enorme mortífago rubio fue golpeado en la cara por un rayo de la luz roja: se desplomó lateralmente, inconsciente. Su compañero, incapaz de ver quién había lanzado el hechizo, disparó otro a Ron: brillantes cuerdas negras volaron de su varita y ataron a Ron de pies a cabeza. La camarera gritó y corrió hacia la puerta. Harry envió otro Hechizo Aturdidor al mortífago de la cara torcida que había atado a Ron, pero el hechizo falló, rebotó en la ventana y golpeó a la camarera, que se desplomó delante de la puerta. -¡Expulso! -gritó el mortífago, y la mesa detrás de la que estaba Harry explotó. La fuerza de la explosión le hizo golpearse contra la pared y sintió como la varita caía de su mano mientras se le soltaba la capa. -¡Petrificus Totalus! -gritó Hermione desde fuera de su campo de visión, y el mortífago se desplomó como una estatua con un ruido sordo sobre los restos de loza, mesa, y café. Hermione salió gateando de debajo del banco, sacudiéndose del pelo los restos de cristal de un cenicero y temblando entera. -D… diffindo, -dijo, apuntando su varita hacia Ron, que bramó de dolor cuando le cortó la rodilla de los vaqueros, dejando un profundo corte. -Oh, lo siento tanto, Ron, ¡me tiembla la mano! ¡Diffindo! Las cuerdas cayeron, cortadas. Ron se puso en pie, agitando los brazos para recuperar la sensibilidad. Harry recogió su varita y trepó sobre los escombros hacia el lugar donde el enorme mortífago rubio se había desplomado al otro lado del banco. -Debería haberlo reconocido, estaba allí la noche en que Dumbledore murió -dijo. Giró al mortífago moreno con el pie; los ojos del hombre se movían rápidamente de Harry y Ron a Hermione rápidamente. -Éste es Dolohov" –dijo Ron-. Lo reconozco de los antiguos carteles de “Se busca”. Creo que el grande es Thorfinn Rowle. -¡No importa cómo se llamen! -dijo Hermione un poco histéricamente-. ¿Cómo nos encontraron? ¿Qué vamos a hacer? De algún modo su pánico pareció despejar la cabeza de Harry. -Cierra con llave la puerta -le dijo- Y Ron, tú apaga las luces. Miró al paralizado Dolohov, pensando rápidamente mientras la cerradura hacía clic y Ron usaba el Desiluminador para dejar el café sumido en la obscuridad. Harry podía escuchar a los hombres que habían piropeado a Hermione gritar a otra chica en la distancia. -¿Qué vamos a hacer con ellos? –le susurró Ron a Harry en la oscuridad; luego, incluso en voz más baja-, ¿Matarlos? Ellos nos habrían matado. Este es el mejor momento. Hermione se estremeció y dio un paso atrás. Harry agitó la cabeza. -Sólo tenemos que borrar sus memorias –dijo Harry-. Es mejor de ese modo, nos dejará fuera de escena. Si los matáramos, sería obvio que hemos estado aquí. -Tú eres el jefe -dijo Ron, que parecía enormemente aliviado-. Pero no he hecho nunca un Encantamiento Desmemorizador. -Yo tampoco –dijo Hermione-. Pero sé la teoría. Inspiró hondo para tranquilizarse, luego apuntó su varita mágica a la frente de Dolohov y dijo: -Obliviate. Inmediatamente, los ojos de Dolohov se volvieron desenfocados y soñadores. -¡Brillante! -dijo Harry, dándole una palmada en la espalda-. Ocúpate del otro y de la camarera mientras Ron y yo limpiamos esto. -¿Limpiar? -dijo Ron, mirando el café en parte destruido-. ¿Por qué? -¿No crees que podrían preguntarse qué puede haber ocurrido si se despiertan y se encuentran en un lugar que parece que acaba de ser bombardeado? -Oh, es verdad, sí. . . Ron forcejeó durante un rato antes de conseguir extraer la varita de su bolsillo. -No es raro que no pueda, Hermione, has encogido mis vaqueros viejos, me aprietan. -Oh, lo siento tanto –siseó Hermione, y mientras arrastraba a la camarera fuera de la vista de las ventanas, Harry la escuchó farfullar una sugerencia respecto a dónde se podía clavar la varita Ron. En cuanto el café fue devuelto a su condición previa, llevaron a los mortífagos de regreso a su reservado y los apoyaron mirándose el uno al otro -¿Pero cómo nos encontraron? -preguntó Hermione, mirando de un hombre inerte al otro-. ¿Cómo supieron dónde estábamos? Se volvió hacia Harry. -Tu… no crees que lleves todavía el Rastro, ¿no, Harry? -No puede ser –dijo Ron-. El Rastro acaba a los diecisiete, es la Ley Mágica, no se puede poner sobre un adulto. -Por lo que tú sabes –dijo Hermione-. ¿Y si los mortífagos han encontrado una forma de ponerlo sobre un joven de diecisiete años? -Pero Harry no ha estado cerca de un mortífago en las últimas veinticuatro horas. ¿Quién se supone que podría haber vuelto a poner un Rastro sobre él? Hermione no respondió. Harry se sentía contaminado, corrompido; ¿era realmente así cómo les habían encontrado los mortífagos? -Si no puedo usar magia, y vosotros no podéis usar magia cerca de mí, sin revelar nuestra posición… -empezó. -¡No nos vamos a separar! -dijo Hermione firmemente. -Necesitamos un lugar seguro para escondernos –dijo Ron-. Danos tiempo para pensarlo. -Grimmauld Place –dijo Harry. Los otros dos se quedaron con la boca abierta. -¡No seas absurdo, Harry, Snape puede aparecer por allí! -El padre de Ron dijo que habían puesto sortilegios contra él… e incluso aunque no hayan funcionado… - continuó antes de que Hermione empezara a argumentar- ¿qué más da? Os lo juro, no hay nada que desee tanto como encontrarme a Snape. -Pero… -Hermione, ¿Qué otro sitio hay? Es la mejor elección que tenemos. Snape es un solo mortífago. Si todavía tienen el Rastro sobre mí, tendremos multitudes de ellos sobre nosotros allá donde vayamos. No podía discutir eso, aunque se notaba que le hubiera gustado hacerlo. Mientras abría la puerta del café, Ron accionó el Desiluminador para dar luz de nuevo al café. Luego, a la cuenta de tres de Harry, deshicieron los hechizos sobre sus tres víctimas, y antes de que la camarera o cualquiera de los mortífagos pudieran hacer nada mas que removerse somnolientos, Harry, Ron y Hermione habían salido fuera y desaparecido en la oscuridad otra vez. En unos segundos Harry dilataba sus pulmones agradecido, y abría los ojos, estaban en medio de una tristona y familiar plaza. Casas altas y ruinosas, los miraban desde todos los lados. El número doce era visible para ellos, puesto que Dumbledore, su Guardián Secreto, les había revelado su existencia, y se encaminaron inmediatamente hacia él, comprobando a cada metro que no les seguía nadie. Subieron los peldaños de piedra, y Harry golpeó la puerta principal una vez con su varita mágica. Escucharon una serie de clics metálicos y el ruido de una cadena, luego la puerta se abrió con un chirrido y se apresuraron a atravesar el umbral. Cuando Harry cerró la puerta tras ellos, las lámparas de gas, pasadas de moda, volvieron a la vida, lanzando una luz parpadeante a lo largo de todo el pasillo. Era como Harry lo recordaba: extraña, tenebrosa, las filas de cabezas de elfos caseros en la pared lanzando sombras extrañas escaleras arriba. Unas largas cortinas oscuras ocultaban el retrato de la madre de Sirius. Lo único que estaba fuera de lugar era el paragüero con forma de pierna de troll, que estaba estando tendido de lado como si Tonks acabara de chocar con él. -Creo que alguien ha estado aquí -cuchicheó Hermione, señalándolo con el dedo. -Eso podía haber ocurrido cuando la orden partió –murmuró Ron en respuesta. -¿Pero dónde están los sortilegios que pusieron contra Snape? –preguntó Harry. -A lo mejor solamente se activan si aparece –sugirió Ron. Todavía seguían los tres sobre el felpudo, con la espalda contra la puerta, temiendo internarse más en la casa. -Bueno, no podemos quedarnos aquí para siempre- dijo Harry, y dio un paso adelante. -¿Severus Snape?- susurró la voz de Ojoloco Moody en la oscuridad, haciendo que los tres saltaran hacia atrás aterrados. -¡No somos Snape!- gruñó Harry, antes de que una especie de aire frío se abalanzara sobre y su lengua se enrollara sobre sí misma, haciéndole imposible hablar. Antes de que tuviera tiempo de sentirla dentro de su boca, sin embargo, su lengua se había desenrollado otra vez. Los otros dos parecían haber experimentado la misma desagradable sensación. Ron estaba haciendo ruidos de vómito; Hermione dijo tartamudeando, -¡Esto debe haber sido el Sortilegio de Lengua Atada que preparó Ojoloco para Snape! Cautelosamente, Harry dio otro paso adelante. Algo se desplazó entre las sombras al fondo del vestíbulo, y antes de que ninguno de ellos pudiera decir una palabra, una figura se alzó de la alfombra, alta, de color polvo, y terrible; Hermione gritó y lo mismo hizo la Señora. Black, sus cortinas que se abrieron; la figura gris planeó hacia ellos, más y más rápido, el pelo, que le llegaba hasta la cintura, flotando tras ella, la cara hundida, sin carne, con las cuencas de los ojos vacías: horriblemente familiar, terriblemente alterada, levantó un brazo descarnado, señalando a Harry. -¡No! -gritó Harry, y aunque había levantado su varita no se le ocurrió ningun hechizo-. ¡No! ¡No fuimos nosotros! No te matamos… Tras la palabra matamos, la figura explotó en una gran nube de polvo. Tosiendo, con los ojos lloroso, Harry vio a Hermione agachada en el suelo, junto a la puerta, con los brazos sobre la cabeza, mientras Ron, temblando de pies a cabeza, le masajeaba torpemente la espalda diciendo, - Todo va bien… se ha ido... El polvo se arremolinó alrededor de Harry como si fuera niebla, a la luz azul de las lámparas de gas, mientras la Señora Black seguía gritando. -¡Sangresucia, mugre, manchas de deshonor, manchas de vergüenza sobre la casa de mis padres… -¡Cállate! –bramó Harry, apuntándola con su varita, y con un golpe y una ráfaga de chispas rojas, las cortinas se cerraron otra vez, silenciándola. -Eso... Eso ha sido... –gimió Hermione, mientras Ron la ayudaba a ponerse en pie. -Sí –dijo Harry-, Pero no era realmente él, ¿no? Sólo algo para asustar a Snape. ¿Hubiera funcionado?, se preguntó Harry, ¿o habría afrontado Snape a la horrible figura tan tranquilamente como había acabado con el verdadero Dumbledore? Con los nervios todavía hormigueando, llevó a los otros dos hasta el final del pasillo, medio esperando a que un nuevo terror se revelara, pero nada se movió, salvo un ratón que pasó rozando el rodapié. -Antes de que vayamos más lejos, creo que es mejor que comprobemos - cuchicheó Hermione, y levantó su varita, diciendo-. Homenum revelio. Nada ocurrió. -Bueno, acabas de sufrir un gran shock -dijo Ron generosamente-. ¿Qué se supone que debería haber hecho eso? -¡Ha hecho lo que le he dicho que hiciera! –dijo Hermione algo enojada-. Era un hechizo para revelar la presencia humana, y no hay nadie aquí excepto nosotros! -Y el viejo Polvoriento, -dijo Ron, echando una mirada a la mancha en la alfombra de la que el espectro se había levantado. -Subamos -dijo Hermione, mirando asustada la misma mancha, y encabezó la marcha por las chirriantes escaleras hasta el salón del primer piso. Hermione agitó su varita para encender las viejas lámparas de gas, luego, tiritando ligeramente en la fría habitación, se sentó sobre el sofá, rodeándose fuertemente con los brazos. Ron cruzó hasta la ventana y abrió las pesadas cortinas de terciopelo unos centímetros. -No veo a nadie ahí fuera –informó-. Y uno pensaría que si Harry tuviera todavía un Rastro sobre él, nos habrían seguido hasta aquí. Sé que no pueden entrar en la casa, pero… ¿Qué pasa, Harry?" Harry había dado un grito de dolor, su cicatriz había ardido cuando algo destelló cruzando su mente como una luz brillante sobre el agua. Vio una gran sombra, y sintió una cólera que no era suya liberarse a través de su cuerpo, de forma violenta y breve como una descarga eléctrica. -¿Qué has visto? –preguntó Ron, avanzando hacia Harry. - ¿Le viste en mi casa? -No, sólo sentí su cólera... está realmente enfadado. -Pero eso podía ser en la Madriguera –dijo Ron en un tono fuerte- ¿Qué más? ¿No viste nada? ¿Estaba maldiciendo a alguien? -No, sólo sentí la cólera… No podría decir… Harry se sentía importunado, confuso, y Hermione no ayudó cuando dijo con voz asustada: -¿Tu cicatriz, otra vez? ¿Pero qué está ocurriendo? ¡Pensaba que la conexión estaba cerrada! -Lo estuvo, durante un tiempo, -farfulló Harry; la cicatriz todavía le dolía, lo que le hacía difícil concentrarse-. Creo que ha empezado a abrirse otra vez siempre que pierde el control, cómo solía... -¡Pues entonces tienes que cerrar tu mente! -dijo Hermione estridentemente-. Harry, Dumbledore no quería que usaras esa conexión, quería que la cerraras ¡Por eso se supone que tenías que usar la Oclumencia! Si no, Voldemort podría introducir ideas falsas en tu mente, recuerda… -Sí, recuerdo, gracias, -dijo Harry apretando los dientes; no necesitaba que Hermione le recordara que Voldemort había usado la conexión entre ellos para llevarlo una vez a una trampa, ni que su resultado había sido la muerte de Sirius. Desearía no tener que decirles lo que había visto y sentido; eso hacía a Voldemort más amenazador, como si estuviera presionando contra la ventana de la habitación, y el dolor de su cicatriz persistía y luchó contra él: era como resistir la sensación de estar enfermo. Dio la espalda a Ron y Hermione, fingiendo examinar el viejo tapiz con el árbol genealógico de los Black de la pared. Entonces Hermione chilló. Harry empuñó su varita de nuevo y dio media vuelta para ver un Patronus de plata pasar a través de la ventana de salón y aterrizar sobre el suelo enfrente de ellos, donde se solidificó en una comadreja que hablaba con la voz del padre de Ron. -La familia está a salvo, no respondáis, nos vigilan. El Patronus se disolvió en la nada. Ron soltó un ruido entre un gemido y un quejido y se dejó caer en el sofá. Hermione se reunió con él, cogiéndole del brazo. -Están bien, están todos bien -murmuró, y Ron medio se rió y la abrazó. -Harry, -dijo por encima del hombro de Hermione-, Yo… -No pasa nada -dijo Harry, asqueado por el dolor de cabeza-. Es tu familia, desde luego estabas preocupado. Yo me habría sentido igual. -Pensó en Ginny-. Yo me siento igual. El dolor en su cicatriz estaba llegando a un máximo, quemando como lo había hecho en el jardín de la Madriguera. Escuchó débilmente a Hermione decir, -No quiero parecer egoísta pero, ¿podríamos usar los sacos de dormir que he traído y acampar aquí esta noche? Escuchó a Ron mostrar su acuerdo. No podía luchar contra el dolor mucho más tiempo. Tuvo que sucumbir. -Baño -farfulló, y dejó la habitación tan rápido como pudo sin correr. Apenas lo consiguió: cerró con cerrojo la puerta detrás de él con las manos temblando, se agarró la palpitante cabeza y cayó al suelo, entonces, en una explosión de agonía, sintió la rabia que no le pertenecía poseer su alma, vio una habitación larga iluminada solamente por un fuego, y al enorme mortífago rubio en el suelo, gritando y retorciéndose, y una figura más pequeña estaba de pie sobre él, con la varita extendida, mientras Harry hablaba en una voz alta, fría y despiadada. -Más, Rowle, ¿o terminamos ya y alimentas a Nagini? Lord Voldemort no está seguro de perdonar esta vez... ¿Me devuelves la llamada para esto, para decirme que Harry Potter se ha escapado otra vez? Draco, dale a Rowle otra muestra de nuestro desagrado... ¡Hazlo, o siente tú mi ira!" Un tronco cayó al fuego, las llamas crecieron, y arrojaron luz sobre una cara blanca aterrorizada y puntiaguda… con la sensación de emerger de debajo del agua, Harry respiró profundamente y abrió los ojos. Estaba despatarrado sobre el frío suelo de mármol negro, su nariz a centímetros de la cola de una de las serpientes plateadas que servían de soporte a la bañera grande. Se incorporó. La cara petrificada y demacrada de Malfoy parecía grabada a fuego en el interior de sus ojos. Harry se sentía asqueado por lo que había visto, por el uso que Voldemort estaba dando a Draco. Sonó un agudo golpe en la puerta, y Harry saltó cuando la voz de Hermione resonó. -Harry, ¿quieres tu cepillo de dientes? Lo tengo aquí. -Si, guay, gracias, -dijo, luchando por mantener un tono informal mientras se levantaba para dejarla entrar. Capitulo 10: Aqui P.D: Dejen puntos plis, quiero ser NFU
Capitulo 1: Aqui Capitulo 2: Aqui Capitulo 3: Aqui Capitulo 4: Aqui Capitulo 5: Aqui Capitulo 6: Aqui Capitulo 7: Aqui Seguimos... Capítulo 8: La boda A las tres de la tarde del día siguiente, Harry, Ron, Fred y George estaban en el exterior de una gran carpa en el jardín, esperando a los invitados a la boda. Harry había tomado una larga dosis de Poción Multijugos y ahora era el doble de un chico muggle pelirrojo del pueblo, Ottery St. Catchpole, del que Fred había robado cabellos utilizando un Encantamiento Convocador. El plan era presentar a Harry como el «primo Barny» y confiar en que la gran cantidad de familiares Weasley le ocultasen. Los cuatro sujetaban un plan de distribución de asientos, para poder ayudar a la gente a encontrar los sitios correctos. Un grupo de camareros vestidos de blanco había llegado hacía una hora, junto con una banda con chaquetas doradas. En ese momento todos estos magos estaban sentados a corta distancia bajo un árbol; Harry podía ver un rastro azulado de humo de pipa saliendo del lugar. Detrás de Harry, la entrada a la carpa presentaba filas y filas de frágiles sillas doradas dispuestas a ambos lados de una larga alfombra púrpura. Los soportes de la carpa estaban adornados con flores entrelazadas blancas y doradas. Fred y George habían colocado un enorme montón de globos dorados sobre el punto exacto donde Bill y Fleur serían próximamente marido y mujer. Fuera, mariposas y abejas planeaban perezosas sobre la hierba y el seto. Harry estaba bastante incómodo. El chico muggle por quien se estaba haciendo pasar era ligeramente más gordo que él, y sentía su túnica de gala calurosa y apretada bajo el calor intenso del día veraniego. —Cuando me case —dijo Fred, tirando del cuello de su propia túnica—, no me preocuparé por todas estas tonterías. Todos podréis llevar lo que queráis, y le haré a mamá una Inmovilización Total hasta que todo termine. —Considerándolo todo, no estaba tan mal esta mañana —dijo George—. Lloró un poco al ver que Percy no estaría, ¿pero quién le quiere aquí? Oh, vaya, preparaos… aquí vienen, mirad. Figuras de colores brillantes iban apareciendo, una por una, por todas partes en el extremo más alejado del jardín. En pocos minutos se formó una procesión, que empezó a serpentear por el jardín hacia la carpa. Flores exóticas y pájaros encantados se agitaban en los sombreros de las brujas, mientras gemas preciosas brillaban en las corbatas de muchos magos; el zumbido del excitado parloteo se volvió cada vez más fuerte, ahogando el sonido de las abejas, mientras la multitud se aproximaba a la tienda. —Excelente, creo que veo a algunas primas veela —dijo George, estirando el cuello para ver mejor—. Necesitarán ayuda para entender nuestras costumbres inglesas, yo me ocuparé de ellas… —No tan rápido, Su santidad —dijo Fred, y adelantando con rapidez al grupo de brujas de mediana edad que lideraba la procesión, dijo—: Aquí… permettez-moi que assister vous —a un par de guapas francesas, que rieron tontamente y le permitieron que las escoltase al interior. George se quedó para encargarse de las brujas de mediana edad y Ron se ocupó de Perkins, viejo compañero del Ministerio del señor Weasley, mientras que una pareja bastante sorda acabó en el grupo de Harry. — ¿Qué hay? —dijo una voz familiar cuando salió nuevamente de la carpa y se encontró a Tonks y Lupin al frente de la cola. Ella se había puesto rubia para la ocasión—. Arthur nos dijo que eras el del pelo rizado. Siento lo de ayer por la noche —añadió en un susurro mientras Harry los guiaba por el pasillo interior—. En este momento el Ministerio está siendo muy anti-hombres lobo y creímos que nuestra presencia no te vendría demasiado bien. —Está bien. Lo entiendo —dijo Harry, hablando más para Lupin que para Tonks. Lupin le lanzó una rápida sonrisa, pero cuando se dieron la vuelta, Harry vio de nuevo líneas de sufrimiento en su cara. No lo entendía, pero no tenía tiempo de insistir en el problema. Hagrid estaba causando bastantes líos. Había malinterpretado las instrucciones de Fred, y se había sentado, no en el asiento mágicamente alargado y reforzado colocado para él en la fila de atrás, sino en cinco sitios que ahora parecían una gran pila dorada de palillos. Mientras el señor Weasley reparaba los daños y Hagrid gritaba pidiendo disculpas a cualquiera que escuchase, Harry se apresuró a la entrada, donde encontró a Ron cara a cara con un mago con aspecto de lo más excéntrico. Con los ojos ligeramente bizcos y cabello blanco por los hombros de textura de algodón dulce, llevaba una capa cuya borla colgaba frente a su nariz y una túnica de un color amarillo yema que hacía llorar los ojos. Un símbolo raro, algo como un ojo triangular, brillaba en una cadena alrededor de su cuello. —Xenophilius Lovegood —dijo, extendiendo la mano hacia Harry—, mi hija y yo vivimos justo al otro lado de la colina, los buenos Weasleys han sido tan amables de invitarnos. Pero creo que conoces a mi Luna —añadió hacia Ron. —Sí —dijo Ron—. ¿No está con usted? —Se quedó un rato en ese pequeño jardín tan encantador para saludar a los gnomos, ¡una plaga tan gloriosa! Qué pocos magos se dan cuenta de cuánto podemos aprender de los pequeños y sabios gnomos… o para darles su nombre correcto, los Gernumbli gardensi. —Los nuestros saben un montón de excelentes palabrotas —dijo Ron—, pero creo que esas se las enseñaron Fred y George. Se llevó a un grupo de magos al interior de la carpa justo cuando Luna aparecía. —¡Hola, Harry! —dijo. —Eh… mi nombre es Barny —dijo Harry, desconcertado. —Oh, ¿también te has cambiado eso? —preguntó radiante. — ¿Cómo sabes…? —Oh, simplemente por tu expresión —dijo. Como su padre, Luna llevaba una túnica amarilla brillante, que había complementado con un largo girasol en la cabeza. Una vez que uno superaba la brillantez de todo el conjunto, el efecto general era bastante agradable. Por lo menos no tenía rábanos colgando de las orejas. Xenophilius, que estaba en plena conversación con un conocido, se había perdido el intercambio entre Luna y Harry. Despidiéndose del mago, se giró hacia su hija, que levantó un dedo y dijo: —Papi, mira… ¡uno de los gnomos realmente me mordió! — ¡Qué maravilloso! La saliva de gnomo es enormemente beneficiosa — dijo el señor Lovegood, agarrando el dedo estirado de Luna y examinando las marcas que sangraban—. Luna, mi amor, si sintieras algún talento floreciente hoy —quizás un inesperado impulso de cantar ópera o declamar en sirenio— ¡no lo reprimas! ¡Puede que hayas sido bendecida con los Gernumblies! Ron, que pasaba junto a ellos en dirección contraria, dejó escapar un sonoro bufido. —Ron puede reírse —dijo Luna con serenidad mientras Harry la conducía con Xenophilius hacia sus asientos—, pero mi padre ha investigado mucho acerca de la magia Gernumbli. — ¿De verdad? —dijo Harry, que hacía mucho había decidido no enfrentarse a las particulares ideas de Luna o su padre—. ¿Estás segura que no quieres echarle nada a ese mordisco? —Oh, está bien —dijo Luna, chupándose el dedo de forma soñadora y mirando a Harry de arriba abajo—. Pareces listo. Le dije a Papi que mucha gente probablemente llevaría túnicas de gala, pero él cree que a una boda se deberían llevar colores de sol, para la suerte, ya sabes. Cuando se alejó con su padre, Ron apareció con una bruja anciana agarrándole el brazo. Su puntiaguda nariz, ojos bordeados de rojo y sombrero rosa de plumas la hacían parecer un flamenco malhumorado. —… y tu pelo es demasiado largo, Ronald, por un momento pensé que eras Ginevra. Por las barbas de Merlin, ¿qué lleva puesto Xenophilius Lovegood? Parece una tortilla. ¿Y quién eres tú? —ladró hacia Harry. —Oh, sí, tía Muriel, este es nuestro primo Barny. —Otro Weasley. Os reproducís como gnomos. ¿No está Harry Potter aquí? Esperaba conocerlo. Creía que era amigo tuyo, Ronald, ¿o simplemente estabas alardeando? —No… no podía venir… —Hmm. Puso una excusa, ¿eh? No es tan corto de entendederas como parece en esas fotografías, entonces. Acabo de instruir a la novia en cómo llevar mi tiara —le gritó a Harry—. La fabricaron los gnomos, sabes, y lleva en mi familia varios siglos. Es una chica guapa, pero aún así… francesa. Bien, bien, encuéntrame un buen sitio, Ronald. Tengo ciento siete años y no debo estar demasiado tiempo de pie. Ron le lanzó a Harry una mirada significativa al pasar y no reapareció durante bastante rato. Cuando se volvieron a encontrar en la entrada, Harry había llevado a una docena de personas más a sus asientos. La carpa ahora estaba casi llena, y por primera vez no había cola fuera. —Muriel es una pesadilla —dijo Ron, limpiándose la frente con la manga—. Solía venir cada año por Navidad, entonces, gracias a Dios, se molestó porque Fred y George tiraron una bomba fétida bajo su silla durante la cena. Papá siempre dice que ella los quitará de su testamento… como si les importase, van a acabar más ricos que cualquiera en la familia, a la velocidad que van… Guau —añadió, parpadeando con bastante rapidez al ver a Hermione yendo con prisa hacia ellos—. ¡Estás genial! —Siempre con tono de sorpresa —dijo Hermione, aunque sonrió. Llevaba una túnica suelta de color lila, con sandalias de tacón alto a juego; su pelo estaba liso y brillante—. Tu tátara tía abuela Muriel no está de acuerdo, acabo de verla en el piso de arriba mientras le daba a Fleur la tiara. Dijo, “Oh cariño, ¿esta es la hija de muggles?” y siguió “mala postura y codos delgaduchos”. —No te lo tomes como algo personal, es ruda con todo el mundo —dijo Ron. — ¿Habláis de Muriel? —inquirió George, reapareciendo de la carpa con Fred—. Sí, justo me acaba de decir que mis orejas están torcidas. Viejo murciélago. Aunque desearía que el viejo tío Bilius estuviera todavía con nosotros; era una risa segura en las bodas. —¿No fue el que vio un grim y murió veinticuatro horas después? — preguntó Hermione. —Bueno sí, se volvió un poco raro al final —concedió George. —Pero antes de volverse loco era la vida y alma de la fiesta —dijo Fred—. Solía beberse una botella entera de whisky de fuego, después corría a la pista de baile, se levantaba la túnica, y empezaba a sacar ramos de flores de su… —Sí, parece auténticamente encantador —dijo Hermione, mientras Harry se reía a carcajadas. —Nunca se casó, por alguna razón —dijo Ron. —Me asombráis —dijo Hermione. Se estaban riendo tanto que ninguno notó un invitado que llegó tarde, un joven de cabello de negro con una larga y curvada nariz, gruesas cejas negras, hasta que le dio a Ron su invitación y dijo, con sus ojos en Hermione: —Estás «maravillosa». — ¡Viktor! —gritó ella, y dejó caer su pequeño bolso adornado con cuentas, que hizo un sonoro y seco ruido, bastante desproporcionado con su tamaño. Mientras se revolvía, sonrojándose, para recogerlo, dijo—: No sabía que fueses a… Dios… es muy agradable ver… ¿cómo estás? Las orejas de Ron se habían puesto de nuevo de un rojo brillante. Después de echar un vistazo a la invitación de Krum como si no creyera ni una palabra de ella, dijo, en voz demasiado alta: — ¿Cómo es que estás aquí? —Fleur me invitó —dijo Krum, levantando las cejas. Harry, que no le guardaba ningún rencor a Krum, le dio la mano; entonces, sintiendo que sería prudente sacar a Krum de las proximidades de Ron, se ofreció a enseñarle su asiento. —Tu amigo no está muy contento de «verrme» —dijo Krum mientras entraba en la ahora llena carpa—. ¿O es un «familiarr»? —añadió con una mirada al cabello rizado de Harry. —Primo —farfulló Harry, pero en realidad Krum no estaba escuchando. Su aparición estaba causando alboroto, especialmente entre las primas veela. Después de todo, era un famoso jugador de Quidditch. Mientras la gente seguía estirando el cuello para echarle un buen vistazo, Ron, Hermione, Fred y George llegaron apresuradamente al pasillo. —Tiempo de sentarse —le dijo Fred a Harry—, o nos va a atropellar la novia. Harry, Ron y Hermione ocuparon sus asientos en la segunda fila detrás de Fred y George. Hermione estaba bastante sonrojada y las orejas de Ron todavía estaban coloradas. Después de un momento, le murmuró a Harry: — ¿Has visto que se ha convertido en un estúpido osito? Harry dejó escapar un gruñido evasivo. Una sensación de nerviosa anticipación había llenado la cálida tienda, el murmullo general roto por brotes ocasionales de risas excitadas. El señor y la señora Weasley avanzaron por el pasillo, sonriendo y saludando con las manos a sus familiares; el señor Weasley llevaba un nuevo conjunto de túnica color amatista con un sombrero a juego. Un momento después Bill y Charlie se encontraban al frente de la carpa, ambos llevando túnicas de gala, con grandes rosas blancas en las solapas; Fred silbó con admiración y hubo un estallido de risitas de las primas veela. Entonces la multitud se quedó en silencio cuando la música empezó a salir de lo que parecían ser los globos dorados. —Ooooh —dijo Hermione, girándose en su asiento para mirar a la entrada. Un colectivo y enorme suspiro salió de las brujas y magos reunidos cuando Monsieur Delacour y su hija empezaron a caminar por el pasillo, Fleur deslizándose, Monsieur Delacour dando saltitos y sonriendo radiante. Fleur llevaba una túnica blanca muy simple y parecía estar emitiendo un fuerte brillo plateado. Mientras su resplandor normalmente apagaba a los otros por comparación, hoy embellecía a todos sobre los que caía. Ginny y Gabrielle, ambas con túnicas doradas, parecían incluso más guapas de lo habitual, y una vez que Fleur lo alcanzó, Bill parecía que nunca hubiese conocido a Fenrir Greyback. —Damas y caballeros —dijo una voz ligeramente cantarina, y con una ligera conmoción, Harry vio al mismo mago bajito y de pelo ralo que había presidido el funeral de Dumbledore, ahora situado enfrente de Bill y Fleur—. Estamos reunidos hoy aquí para celebrar la unión de dos almas fieles… —Sí, mi tiara hace resaltar todo eso muy bien —dijo la tía Muriel en un susurro que se oyó bastante fuerte—. Pero debo decir, la túnica de Ginevra tiene un corte demasiado bajo. Ginny miró alrededor, sonriendo de oreja a oreja, guiñándole un ojo a Harry, después rápidamente se volvió al frente de nuevo. La mente de Harry divagó bastante lejos de la carpa, de vuelta a las tardes pasadas con Ginny en algunos sitios solitarios de los terrenos del castillo. Parecía haber sucedido hace tanto; siempre habían parecido demasiado buenas para ser verdad, como si hubiese estado robando horas brillantes de la vida normal de otra persona, una persona sin una cicatriz en forma de rayo en la frente… —William Arthur Weasley, ¿tomas a Fleur Isabelle…? En la primera fila, la señora Weasley y Madame Delacour estaban sollozando en silencio en trozos de encaje. Sonidos como de trompeta que sonaron en la parte de atrás de la carpa le dijeron a todos que Hagrid había sacado uno de sus pañuelos del tamaño de un mantel. Hermione se giró y sonrió radiante a Harry; sus ojos también estaban llenos de lágrimas. —… entonces os declaro unidos de por vida. El mago de pelo ralo movió su varita por encima de las cabezas de Bill y Fleur y un chorro de estrellas plateadas cayó sobre ellos, moviéndose en espirales alrededor de las ahora entrelazadas figuras. Mientras Fred y George encabezaban un aplauso, los globos dorados suspendidos estallaron: pájaros del paraíso y pequeñas campanas doradas volaron y flotaron sobre ellos, añadiendo sus canciones y gorjeos al estruendo. — ¡Damas y caballeros! —llamó el mago de pelo raro—. ¡Si hacen el favor de levantarse! Todos lo hicieron, la tía Muriel refunfuñando de manera audible; el mago agitó nuevamente la varita. Los asientos en los que se habían sentado se elevaron graciosamente en el aire al tiempo que los lienzos de las paredes de la carpa se desvanecían, de modo que se quedaron bajo un dosel soportado por postes dorados, con una gloriosa vista del jardín iluminado por el sol y la campiña circundante. Después, una piscina de oro fundido se extendió desde el centro de la tienda para formar una brillante pista de baile; las sillas suspendidas se agruparon alrededor de pequeñas mesas con manteles blancos, y todas flotaron grácilmente de nuevo a la tierra, y la banda con chaquetas doradas se dirigió hacia un podio. —Perfecto —dijo Ron con aprobación cuando los camareros aparecieron por todos lados, algunos llevando bandejas con zumo de calabaza, cerveza de mantequilla y whisky de fuego, otros tambaleándose con pilas de tartas y sándwiches. —Deberíamos ir y felicitarlos —dijo Hermione, poniéndose de puntillas para ver el lugar donde Bill y Fleur habían desaparecido en medio de una multitud que les deseaba lo mejor. —Tendremos tiempo después —Ron se encogió de hombros, agarrando tres cervezas de mantequilla de una bandeja que pasaba y dándole una a Harry—. Hermione, agárrate, cojamos una mesa… ¡No allí! En ningún sitio cerca de Muriel… Ron encabezó el recorrido a través de la vacía pista de baile, mirando a derecha e izquierda al avanzar; Harry estaba seguro que estaba pendiente de Krum. En el momento que alcanzaron el otro lado de la carpa, la mayoría de las mesas estaban ocupadas: la más vacía era en la que Luna se sentaba sola. — ¿Está bien si nos unimos a ti? —preguntó Ron. —Oh, sí —dijo ella con felicidad—. Papi fue a darle a Bill y Fleur nuestro regalo. —Qué es, ¿provisiones para toda la vida de gurdirraíz? —preguntó Ron. Hermione le dirigió una patada bajo la mesa, pero se equivocó y golpeó a Harry. Con los ojos lagrimeando de dolor, Harry perdió el hilo de la conversación durante unos minutos. La banda había empezado a tocar; Bill y Fleur fueron los primeros en salir a la pista de baile, causando un gran aplauso; después de un rato, el señor Weasley llevó a Madame Delacour a la pista, seguido de la señora Weasley y el padre de Fleur. —Me gusta esta canción —dijo Luna, balanceándose al ritmo del vals, y unos pocos segundos después se levantó y se deslizó hacia la pista de baile, donde empezó a girar, sola, con los ojos cerrados y ondeando los brazos. — ¿Es genial, verdad? —Dijo Ron con admiración—. Siempre valiente. Pero la sonrisa se borró de su cara al momento: Viktor Krum se había sentado en el sitio vacío dejado por Luna. Hermione parecía placenteramente nerviosa pero esta vez Krum no había venido a hacerle cumplidos. Con la cara ceñuda, dijo: — ¿Quién es ese hombre de «amarrillo»? —Es Xenophilius Lovegood, el padre de una amiga nuestra —dijo Ron. Su tono beligerante indicaba que no se iban a reír de Xenophilius, a pesar de la obvia provocación—. Ven a bailar —añadió abruptamente hacia Hermione. Ella pareció sorprendida, pero también complacida, y se levantó. Desaparecieron juntos en la creciente multitud de la pista de baile. —Ah, ¿«ahorra» están juntos? —preguntó Krum, momentáneamente distraído. —Eh… algo así —dijo Harry. — ¿Quién «erres» tú? —preguntó Krum. —Barny Weasley. Se dieron la mano. —«Barrny», tú… ¿conoces bien a este Lovegood? —No, lo conocí hoy. ¿Por qué? Krum frunció el ceño por encima de su bebida, mirando a Xenophilius, que estaba charlando con varios magos al otro lado de la pista. —«Porrque» —dijo Krum—, si no es un invitado de Fleur, lo «retarría» a un duelo, aquí y ahora, por llevar ese inmundo símbolo en su pecho. — ¿Símbolo? —preguntó Harry, también mirando hacia Xenophilius. El extraño ojo triangular brillaba en su pecho—. ¿Por qué? ¿Qué tiene de malo? —Grindelwald. Es el símbolo de Grindelwald. —Grindelwald… ¿el mago tenebroso que Dumbledore derrotó? —Exacto. Los músculos de la mandíbula de Krum se cerraron como si estuviera masticando chicle, entonces dijo: —Grindelwald mató a mucha gente, mi abuelo, por ejemplo. Por supuesto, nunca fue «poderroso» en este país, decían que temía a «Dumbledorre»… y con razón, viendo como «terrminó» con él. «Perro» ese… —apuntó con el dedo a Xenophilius— ese es su símbolo, lo reconocí al momento: Grindelwald lo talló en una «parred» de Durmstrang, de donde «erra» estudiante. Algunos idiotas lo «copiarron» en sus «librros» y ropas pensando en «sorrprrender», «hacerrse» «imprresionantes»… hasta que los que habíamos «perrdido» «familiarres» a manos de Grindelwald les dimos una lección. Krum apretó los nudillos de forma amenazadora y le frunció el ceño a Xenophilius. Harry se sentía perplejo. Parecía increíblemente imposible que el padre de Luna fuese un seguidor de las Artes Oscuras, y nadie más en la carpa parecía haber reconocido la triangular forma con runas. — ¿Estás… eh… bastante seguro de que es de Grindelwald…? —No estoy equivocado —dijo Krum con frialdad—. Caminé al lado de ese símbolo «durrante» años. Lo conozco bien. —Bueno, hay la opción —dijo Harry—, de que Xenophilius en realidad no sepa lo que significa el símbolo, los Lovegood son bastante… raros. Fácilmente podría haberlo recogido de algún lado y pensar que era una muestra representativa de un snorkack de cuerno arrugado o algo así. —¿Una «muestrra» «reprresentativa» de un qué? —Bueno, no sé lo que son, pero aparentemente él y su hija se van de vacaciones a buscarlos… Harry sintió que no estaba explicando muy bien a Luna y su padre. —Esa es ella —dijo, señalando a Luna, que todavía bailaba sola, ondeando las manos alrededor de la cabeza como alguien intentando repeler mosquitos. — ¿Por qué está haciendo eso? —preguntó Krum. —Probablemente intenta deshacerse de un wrackspurt —dijo Harry, que reconocía los síntomas. Krum no parecía saber si Harry le estaba o no tomando el pelo. Sacó la varita del interior de su túnica y se dio golpecitos amenazantes en los muslos; unas chispas salieron del extremo. — ¡Gregorovitch! —dijo Harry en voz alta, y Krum se sobresaltó, pero Harry estaba demasiado emocionado para que le importase; el recuerdo le había vuelto al ver la varita de Krum: Ollivander cogiéndola y examinándola cuidadosamente antes del Torneo de los Tres Magos. — ¿Qué pasa con él? —preguntó Krum sospechoso. — ¡Hace varitas! —Lo sé —dijo Krum. — ¡Hizo tu varita! Por eso pensé… Quidditch… Krum cada vez lo miraba con más recelo. — ¿Cómo sabes que Gregorovitch hizo mi «varrita»? —Yo… lo leí en alguna parte, creo —dijo Harry—. En una… una revista de fans —improvisó locamente, y Krum pareció apaciguarse. —No me había dado cuenta de que alguna vez había hablado de mi «varrita» con fans —dijo. —Entonces… eh… ¿dónde está Gregorovitch estos días? Krum lo miró perplejo. —Se «retirró» hace bastantes años. Fui uno de los últimos en «comprrar» una «varrita» Gregorovitch. Son las «mejorres», aunque sé, por supuesto, que «vosotrros» los «brritánicos» le concedéis mucha «imporrtancia» a Ollivander. Harry no respondió. Fingió mirar a los que bailaban, como Krum, pero estaba pensando profundamente. Así que Voldemort estaba buscando a un célebre fabricante de varitas. Harry no tuvo que buscar muy lejos una razón. Seguramente era por lo que había hecho la varita de Harry la noche que Voldemort lo había perseguido por los cielos. La varita de acebo y pluma de fénix había conquistado a la varita prestada, algo que Ollivander no había anticipado o entendido. ¿Sabría Gregorovitch más? ¿Realmente era más hábil que Ollivander, sabía secretos de las varitas que Ollivander no conocía? —Esa chica es muy bonita —dijo Krum, volviendo a Harry al ambiente en el que estaban. Krum estaba señalando a Ginny, que se acababa de unir a Luna—. ¿También es familiar tuya? —Sí —dijo Harry repentinamente irritado—, y sale con alguien. Del tipo celoso. Un tío grande. No quieras enfrentarte a él. Krum gruñó. — ¿Cuál —dijo, vaciando su copa y poniéndose nuevamente de pie—, es el punto de ser un jugador de Quidditch «interrnacional» si todas las chicas guapas están cogidas? Y se marchó dando grandes zancadas dejando a Harry, que cogió un sándwich de un camarero que pasaba y se acercó al borde de la abarrotada pista de baile. Quería encontrar a Ron, contarle sobre Gregorovitch, pero estaba bailando con Hermione en el medio de la pista. Harry se apoyó contra uno de los postes dorados y miró a Ginny, que ahora estaba bailando con Lee Jordan, el amigo de Fred y George, intentando no sentirse resentido con la promesa que le había hecho a Ron. Nunca antes había ido a una boda, así que no podía juzgar cómo las bodas mágicas se diferenciaban de las muggles, aunque estaba bastante seguro de que estas últimas no tendrían una tarta de bodas coronada con dos modelos de fénix que echaron a volar cuando la tarta se cortó, o botellas de champán que flotaban sin apoyo entre la multitud. Cuando la tarde fue avanzando, y las polillas empezaron a descender bajo el toldo, ahora encendido con lámparas doradas flotantes, la juerga se fue volviendo cada vez más incontrolable. Fred y George habían desaparecido en la oscuridad hacía bastante tiempo, con un par de las primas de Fleur; Charlie, Hagrid y un mago rechoncho con un sombrero de copa baja púrpura estaban cantando «Odo el Héroe» en la esquina. Serpenteando entre la multitud para escapar de un tío borracho de Ron, que no estaba muy seguro de si Harry era o no su hijo, Harry localizó a un anciano mago sentado sólo en una mesa. Su nube de pelo blanco lo hacía parecer un viejo diente de león y estaba coronada por una capa comida por las polillas. Era vagamente familiar: estrujándose el cerebro, de repente Harry se dio cuenta de que ese era Elphias Doge, miembro de la Orden del Fénix y el escritor de la nota necrológica de Dumbledore. Harry se acercó a él. — ¿Puedo sentarme? —Claro, claro —dijo Doge; tenía una voz bastante aguda y sibilante. Harry se inclinó hacia delante. —Señor Doge, soy Harry Potter. En un revoloteo de nervioso placer, Doge le sirvió a Harry una copa de champán. —Pensé en escribirte —le susurró—, después de que Dumbledore… la conmoción… y para ti, estoy seguro… Los pequeños ojos de Doge se llenaron de repentinas lágrimas. —Vi la nota necrológica que escribió para el Diario Profeta —dijo Harry— No me di cuenta que conocía tan bien al Profesor Dumbledore. —Tan bien como cualquiera —dijo Doge, secándose los ojos con una servilleta—. Ciertamente lo conocía desde más tiempo, si no cuentas a Aberforth, y de alguna manera, la gente nunca parece contar a Aberforth. —Hablando del Diario Profeta… no sé si vio, señor Doge… —Oh, por favor, llámame Elphias, querido muchacho. —Elphias, no sé si vio la entrevista que Rita Skeeter dio sobre Dumbledore. La cara de Doge se invadió de un furioso rubor. —Oh sí, Harry, la vi. Esa mujer, o buitre sería un término más apropiado, verdaderamente me atosigó para que hablase con ella. Me avergüenzo de decir que me puse bastante rudo, la llamé trucha entrometida, lo que dio como resultado, como habrás visto, calumnias sobre mi cordura. —Bueno, en esa entrevista —continuó Harry—, Rita Skeeter dejó caer que el Profesor Dumbledore había practicado las Artes Oscuras cuando era joven. —¡No creas una palabra de eso! —dijo Doge al instante—. ¡Ni una palabra, Harry! ¡No dejes que nada estropee tus recuerdos de Dumbledore! Harry miró la sincera y dolorida cara de Doge, y no se sintió reconfortado, sino frustrado. ¿De verdad Doge creía que era tan fácil, que Harry simplemente escogería no creer? ¿No entendía Doge la necesidad de Harry de estar seguro, de saber todo? Quizás Doge sospechaba cómo se sentía Harry, porque lo miró preocupado y continuó con rapidez. —Harry, Rita Skeeter es una terrible… Pero fue interrumpido por un estridente graznido. — ¿Rita Skeeter? Oh, me encanta, ¡siempre la leo! Harry y Doge levantaron la mirada para ver a la tía Muriel allí parada, las plumas bailando en su cabeza, una copa de champán en su mano. —¡Ha escrito un libro sobre Dumbledore, ya sabéis! —Hola Muriel —dijo Doge—. Sí, justo estábamos hablando… — ¡Tú ahí! Dame tu silla, ¡que tengo ciento siete años! Otro primo Weasley pelirrojo saltó de su asiento, con cara de alarma, y la tía Muriel giró el asiento con sorprendente fuerza y se sentó entre Doge y Harry. —Hola otra vez Barry, o como quiera que te llames. —Le dijo a Harry—. Ahora, ¿qué estabas diciendo sobre Rita Skeeter, Elphias? ¿Sabes que escribió una biografía sobre Dumbledore? No puedo esperar para leerla. ¡Debo recordar encargarla en Flourish y Blotts! Doge pareció rígido y solemne ante esto, pero la tía Muriel vació su copa y chasqueó los huesudos dedos a un camarero que pasaba para que le diese otra. Tomó otro largo trago de champán, eructó y luego dijo: —¡No hay necesidad de parecer un par de ranas disecadas! ¡Antes de llegar a ser tan respetado y respetable y todo eso, hubo algunos rumores muy curiosos sobre Albus! —Propaganda mal informada —dijo Doge, volviendo a ponerse como un rábano. —Tú dirías eso, Elphias —carcajeó la tía Muriel—. ¡Me di cuenta de cómo trataste muy por encima las bochornosas manchas en esa nota necrológica tuya! —Siento que pienses eso —dijo Doge, todavía con más frialdad—. Te aseguro que lo estaba escribiendo desde el corazón. —Oh, todos sabemos que venerabas a Dumbledore; ¡me atrevería a decir que todavía piensas que era un santo incluso si sale que se deshizo de su hermana squib! — ¡Muriel! —exclamó Doge. Un escalofrío que no tenía nada que ver con el helado champán se estaba introduciendo en el pecho de Harry. — ¿Qué quieres decir? —le preguntó a Muriel—. ¿Quién dice que su hermana era una squib? Pensé que estaba enferma. — ¡Pensaste mal, entonces, eh, Barry! —dijo la tía Muriel, pareciendo encantada ante el efecto que había provocado—. De todas formas, ¿cómo puedes esperar saber algo sobre eso? Pasó muchos años antes de que incluso fueses pensado, cariño, y la verdad es que aquellos de nosotros que estábamos vivos entonces nunca supimos lo que pasó en realidad. ¡Por eso no puedo esperar a saber lo que Skeeter ha desenterrado! ¡Dumbledore mantuvo a su hermana tranquila durante demasiado tiempo! — ¡Falso! —siseó Doge—. ¡Totalmente falso! —Nunca me contó que su hermana fuese una squib —dijo Harry, sin pensar, todavía frío interiormente. — ¿Y por qué te lo habría contado? —chilló Muriel, tambaleándose un poco en su asiento al intentar centrarse en Harry. —La razón por la que Albus nunca hablaba de Ariana —empezó Elphias con la voz tensa por la emoción—, es, me parece, bastante clara. Estaba tan destrozado por su muerte… — ¿Por qué nadie la vio nunca, Elphias? —graznó Muriel—. ¿Por qué la mitad de nosotros nunca supo que existía, hasta que llevaron el ataúd fuera de la casa y celebraron un funeral por ella? ¿Dónde estaba el santo Albus mientras Ariana estaba encerrada en el sótano? ¡Lejos, siendo brillante en Hogwarts, y sin importarle lo que pasaba en su propia casa! — ¿Qué quiere decir, encerrada en el sótano? —preguntó Harry—. ¿Qué es esto? Doge parecía desconsolado. La tía Muriel se carcajeó otra vez y respondió a Harry. —La madre de Dumbledore era una mujer espantosa, simplemente espantosa. De padres muggles, aunque escuché que fingía lo contrario… — ¡Nunca fingió nada por el estilo! Kendra era una buena mujer —susurró Doge tristemente, pero la tía Muriel lo ignoró. —… orgullosa y muy dominante, el tipo de bruja que estaría mortificada por producir una squib… —¡Ariana no era una squib! —siseó Doge. — ¡Eso dices, Elphias, pero explica entonces, porqué nunca fue a Hogwarts! —dijo la tía Muriel. Se dio la vuelta hacia Harry—. En nuestros tiempos, a menudo los squibs eran acallados, aunque llegar al extremo de encerrar a una niña pequeña en la casa y fingir que no existía… — ¡Te estoy diciendo que eso no es lo que pasó! —dijo Doge, pero la tía Muriel continuó como una apisonadora, todavía dirigiéndose a Harry. —A menudo enviaban a los squibs a escuelas muggles y los animaban a integrarse en la comunidad muggle… algo mucho más amable que intentar encontrarles un lugar en el mundo mágico, donde siempre serían de segunda clase, pero naturalmente a Kendra Dumbledore no se le habría pasado por la cabeza dejar ir a su hija a un colegio muggle… — ¡Ariana era delicada! —dijo Doge desesperado—. Su salud siempre fue demasiado pobre para permitirle… —… permitirle salir de casa? —carcajeó Muriel—. ¡Y aún así nunca la llevaron a San Mungo y tampoco llamaron a ningún sanador para que la viese! —De verdad, Muriel, ¿cómo puedes saber si… —Para tu información, Elphias, mi primo Lancelot era sanador en San Mungo en esa época, y le dijo a mi familia en la más estricta confidencia que nunca se había visto a Ariana por allí. ¡Todo muy sospechoso, pensó Lancelot! Doge parecía estar al borde de las lágrimas. La tía Muriel, que parecía estarse divirtiendo mucho, chasqueó los dedos para pedir más champán. Como paralizado, Harry pensó en cómo los Dursleys una vez lo habían encerrado, mantenido bajo llave, escondido fuera de la vista, todo por el crimen de ser un mago. ¿Había sufrido la hermana de Dumbledore el mismo destino pero invertido: encerrada por la falta de magia? ¿Y realmente Dumbledore la había dejado a su suerte mientras se iba a Hogwarts para mostrarse brillante y con talento? —Ahora, si Kendra no hubiese muerto primero —continuó Muriel—, habría dicho que fue ella la que mató a Adriana… — ¡Cómo te atreves, Muriel! —gimió Doge—. ¿Que una madre mate a su propia hija? ¡Piensa en lo que estás diciendo! —Si la madre en cuestión era capaz de encerrar a su hija durante años hasta el final, ¿por qué no? —la tía Muriel se encogió de hombros—. Pero como dije, no concuerda, porque Kendra murió antes que Adriana… de qué, nadie nunca ha estado seguro… —Sí, Ariana pudo haber hecho un desesperado intento de liberarse y matar a Kendra en el forcejeo —dijo la tía Muriel pensativamente—. Sacude la cabeza todo lo que quieras, Elphias. Estabas en el funeral de Ariana, ¿verdad? —Sí estaba —dijo Doge, con los labios temblorosos—, y no puedo recordar una situación más desesperadamente triste. Albus tenía el corazón roto… —Su corazón no fue lo único. ¿No le rompió Aberforth la nariz cuando había transcurrido la mitad de la ceremonia? Si Doge había parecido horrorizado antes de esto, no era nada comparado con cómo se veía ahora. Muriel bien podría haberle clavado un cuchillo. Ella se carcajeó ruidosamente y tomó otro trago de champán, que le bajó goteando por la barbilla. — ¿Cómo sabes…? —graznó Doge. —Mi madre era amiga de la vieja Bathilda Bagshot —dijo la tía Muriel con alegría—. Bathilda le describió todo lo que había pasado a mi madre mientras yo escuchaba tras la puerta. Una pelea al lado del ataúd, tal como Bathilda lo contó. Aberforth gritó que era culpa de Albus que Ariana estuviese muerta y entonces lo golpeó en la cara. Según Bathilda, Albus ni siquiera se defendió, y eso ya es bastante raro. Albus podría haber destruido a Aberforth en un duelo con las dos manos atadas tras la espalda. Muriel tragó todavía más champán. Recitar aquellos viejos escándalos parecía haberla llenado de euforia tanto como habían horrorizado a Doge. Harry no sabía qué pensar, qué decir. Quería la verdad, y aún así todo lo que Doge hacía era permanecer sentado y comentar débilmente que Ariana había estado enferma. Harry apenas podía creer que Dumbledore no hubiese intervenido si semejante crueldad hubiera pasado dentro de su propia casa, y aún así indudablemente había algo raro en la historia. —Y te diré algo más —dijo Muriel, hipando ligeramente al bajar su copa Creo que Bathilda le ha contado todo a Rita Skeeter. Todas esas insinuaciones en la entrevista de Skeeter sobre una importante fuente cercana a los Dumbledore… Dios sabe que ella estaba allí durante todo el asunto de Ariana, ¡y encajaría! — ¿Bathilda Bagshot? —Dijo Harry—. ¿La autora de Una historia de magia? El nombre estaba impreso en la portada de uno de los libros de Harry, aunque tenía que admitir, no de uno de los que había leído más atentamente. —Sí —dijo Doge, agarrándose a la pregunta de Harry como un hombre a punto de morir a su heredero vivo—. Una de las historiadoras mágicas de más talento y una vieja amiga de Albus. —Chochea bastante estos días, he oído —dijo la tía Muriel alegremente. —Si es así, es todavía menos honorable por parte de Skeeter haberse aprovechado de ella —dijo Doge—, ¡y no se le puede dar credibilidad a cualquier cosa que Bathilda pueda haber dicho! —Oh, hay maneras hacer que vuelvan los recuerdos, y estoy segura de que Rita Skeeter las conoce todas. —Dijo la tía Muriel—. Pero incluso si Bathilda está completamente chiflada, estoy segura de que todavía tendrá viejas fotografías, tal vez incluso cartas. Conocía a los Dumbledore desde hacía años… bien merecía un viaje al Valle de Godric, diría yo. Harry, que estaba tomando un sorbo de cerveza de mantequilla, se atragantó. Doge lo golpeó en la espalda mientras Harry tosía, mirando a la tía Muriel con ojos llorosos. Una vez que retomó el control de su voz, preguntó: — ¿Bathilda Bagshot vive en el Valle de Godric? — ¡Oh, sí, siempre ha estado allí! Los Dumbledore se mudaron después de que Percival fuese encerrado, y ella era su vecina. — ¿Los Dumbledore vivían en el Valle de Godric? —Sí, Barry, eso es lo que acabo de decir —dijo la tía Muriel con irritación. Harry se sintió drenado, vacío. Ni una vez en seis años, le había contado Dumbledore a Harry que ambos habían vivido y perdido seres amados en el Valle de Godric. ¿Por qué? ¿Estaban Lily y James enterrados cerca de la madre y la hermana de Dumbledore? ¿Había visitado Dumbledore sus tumbas, quizás caminado pasando las de Lily y James para hacerlo? Y ni una vez se lo había dicho a Harry… nunca se había molestado en decir… Y por qué era tan importante, Harry no se lo podía explicar ni a sí mismo, pero aún así sentía que equivalía a una mentira no decirle que habían tenido ese lugar y esas experiencias en común. Miró hacia delante, apenas notando lo que sucedía a su alrededor, y no se dio cuenta de que Hermione había aparecido entre la multitud hasta que puso una silla a su lado. —Simplemente no puedo bailar más —jadeó, sacándose uno de los zapatos y frotándose el talón—. Ron ha ido a buscar más cervezas de mantequilla. Es un poco raro. Acabo de ver a Viktor yéndose furioso de donde estaba el padre de Luna, parecía que habían discutido… —su voz se apagó, y lo miró fijamente—. Harry, ¿estás bien? Harry no sabía por donde empezar, pero no importó. En ese momento, algo grande y plateado apareció cayendo del toldo sobre la pista de baile. Grácil y brillante, el lince aterrizó con suavidad en el medio de los asombrados bailarines. Las cabezas se giraron, y aquellos que estaban cerca se congelaron absurdamente en medio del baile. Entonces la boca del patronus se abrió y habló con la fuerte, profunda y lenta voz de Kingsley Shacklebolt. —El Ministerio ha caído. Scrimgeour está muerto. Están viniendo. Capitulo 9: Aqui Capitulo 10: Aqui P.D: Dejen puntos plis, quiero ser NFU
Capitulo 1: Aqui Sigamos... Capítulo 2: En memoria Harry estaba sangrando. Agarrándose la mano derecha con la izquierda y jurando por lo bajo, abrió la puerta de su dormitorio con el hombro. Hubo un crujido de porcelana rota. Había pisado una taza de te frío que yacía sobre el suelo fuera de la puerta de su dormitorio. -Que dem… Miró a su alrededor, el descansillo del número cuatro de Privet Drive, estaba desierto. Posiblemente la taza de te fuera la idea que tenía Dudley de lo que sería una hábil trampa cazabobos. Manteniendo la mano sangrante elevada, Harry reunió los fragmentos de la taza con la otra mano y los tiró dentro de la ya repleta papelera que apenas se veía dentro del dormitorio. Luego con fuertes pisadas fue hacia el baño para poner el dedo debajo del grifo. Era estúpido, inconveniente e irritante más allá de lo creíble que todavía le faltaran cuatro días para poder hacer magia… pero tenía que admitir ante si mismo que ese sinuoso corte en el dedo podría haberlo derrotado. Nunca había aprendido a curar heridas, y ahora que pensaba en ello – particularmente a la luz de sus planes inmediatos- este parecía un serio fallo en su educación mágica. Haciendo una nota mental de pedirle a Hermione que le enseñara a hacerlo, uso un gran puñado de papel higiénico para limpiar tanto té como pudo, antes de volver al dormitorio y cerrar la puerta de un golpe tras de sí. Harry había pasado la mañana vaciando completamente el baúl del colegio por primera vez desde que lo había empacado seis años atrás, desde comienzo de los años de internado escolar, hasta ahora apenas había tocado las tres cuartas partes superiores y las había reemplazado o renovado, dejando una capa de restos varios en el fondo, viejas plumas, ojos de escarabajo disecados, calcetines sueltos que ya no le servían. Minutos antes Harry había hundido la mano en esa porquería, experimentando un dolor punzante en el cuarto dedo de la mano derecha y al sacarla había visto un montón de sangre. Ahora procedió con algo más de cuidado. Arrodillándose junto al baúl, tanteó el fondo y después de retirar una vieja insignia que cambiaba débilmente entre “Apoyen a CEDRIC DIGGORY y POTTER APESTA”, un resquebrajado y gastado chivatoscopio y un relicario de oro dentro del cual una nota firmada R.A.B había estado escondida, finalmente descubrió el borde afilado que había causado el daño. Lo reconoció enseguida. Era un fragmento de dos pulgadas de largo del espejo encantado que su padrino, ahora muerto, Sirius, le había dado. Harry lo dejo a un lado y tanteó cautamente en el baúl buscando el resto, pero no quedaba nada más del último regalo de su padrino salvo vidrio pulverizado que se adhería como arena brillante a la capa más profunda de restos. Harry se sentó derecho y examinó el mellado pedazo con el que se había cortado, sin ver nada más que sus propios brillantes ojos verdes reflejados en él. Luego puso el fragmento sobre El Profeta de esa mañana, que descansaba sobre la cama sin leer, e intentó contener el repentino flujo de amargos recuerdos, las puñaladas de añoranza y nostalgia que el descubrimiento del espejo roto habían ocasionado, atacando el resto de la basura que había en el baúl. Le llevó otra hora vaciarlo completamente, tirar las cosas inútiles y clasificar las restantes en pilas de acuerdo a si iba a necesitarlas o no a partir de ahora. Los uniformes del colegio y de Quidditch, el caldero, pergaminos, plumas y la mayoría de los libros de texto fueron apilados en una esquina, para ser dejados atrás. Se preguntaba que harían su tía y su tío con ellos; probablemente quemarlos a altas horas de la noche como si fueran las pruebas de algún horrendo crimen. Su ropa muggle, la capa de invisibilidad, el equipo para fabricar pociones, algunos libros, el álbum de fotos que Hagrid le había obsequiado una vez, un puñado de cartas y su varita habían sido empacadas nuevamente en una vieja mochila. En un bolsillo delantero coloco el mapa del merodeador y el relicario con la nota firmada R.A.B. Al relicario le había otorgado ese lugar de honor no debido a su valor –era inútil en todos los sentidos prácticos- sino debido a lo que había costado obtenerlo. Esto dejaba un considerable fajo de periódicos sobre el escritorio, al lado de su nevada lechuza, Hedwig. Uno por cada día que había pasado en Privet Drive ese verano. Se levantó del suelo, se estiró y cruzó la habitación hacia el escritorio. Hedwig no hizo ni un movimiento cuando empezó a hojear los periódicos, tirándolos a la pila de basura uno por uno. La lechuza estaba dormida, o lo fingía, estaba enfadada con Harry por la limitada cantidad de tiempo que en ese momento se le permitía pasar fuera de la jaula. Mientras se acercaba al fondo de la pila de periódicos, Harry aminoró la velocidad, buscando un ejemplar en particular que sabía que había llegado poco después de haber llegado él a Privet Drive a pasar el verano; recordaba que en la primera página había habido una pequeña mención sobre la renuncia de Charity Burbage, la profesora de Estudios Muggles de Hogwarts. Al final lo encontró. Yendo a la página diez se hundió en la silla del escritorio y releyó el artículo que había estado buscando. Albus Dumbledore Recordado Por Elphias Dodge. Conocí a Albus Dumbledore a la edad de once años en nuestro primer día en Hogwarts. Nuestra mutua atracción se debió sin duda al hecho de que ambos nos sentíamos forasteros. Yo por mi parte había contraído fiebre del dragón poco antes de llegar al colegio, y aunque ya no era contagioso, mi rostro picado y el tinte verdoso no alentaban a muchos a que se me acercaran. Por su parte Albus había llegado a Hogwarts con la carga de la no deseada notoriedad. Apenas un año antes su padre Percival había sido apresado por un salvaje y bien publicitado ataque contra tres jóvenes Muggles. Albus nunca intentó negar que su padre (que murió en Azkaban) hubiera cometido ese crimen, al contrario, cuando reuní valor para preguntarle me aseguró que sabía que su padre era culpable. Aparte de eso, Dumbledore se negaba a hablar del triste asunto, aunque muchos trataron de que lo hiciera. Algunos, incluso, estaban dispuestos a alabar la acción de su padre y asumieron que también Albus era enemigo de los muggles. No podían haber estado más equivocados: ya que cualquiera que conociera a Albus podría haber atestiguado que jamás reveló ni la más remota tendencia antimuggle. Es más, su decidido apoyo a los derechos de los muggles le ganó muchos enemigos en los años subsiguientes. Sin embargo, en cuestión de meses la propia fama de Albus comenzó a eclipsar la de su padre. Al finalizar el primer año ya nunca más sería conocido como el hijo del enemigo de los muggles, sino nada más y nada menos que como el más brillante alumno visto nunca vez en el colegio. Aquellos de nosotros que tuvimos el privilegio de ser sus amigos nos beneficiamos de su ejemplo, por no mencionar su ayuda y estímulo, con los cuales siempre era generoso. Más tarde me confesó que incluso entonces había sabido que su mayor placer sería siempre la enseñanza. No solo ganó cada premio por mérito que ofrecía el colegio sino que pronto estuvo manteniendo correspondencia regularmente con los más notables magos de renombre de la época, incluyendo a Nicolas Flamel, el celebrado alquimista; Bathilda Bagshot, la notoria historiadora; y Adalbert Waffling el mago teórico. Varios de sus documentos se abrieron camino hasta conocidas publicaciones, como Transfiguración Hoy, Los Retos de los Encantamientos y Pociones Prácticas. La futura carrera de Dumbledore parecía que iba a ser meteórica y la única pregunta a considerar era cuándo iba a convertirse en Ministro de Magia. Sin embargo aunque en años posteriores se predijo varias veces que estaba a punto de aceptar el trabajo, nunca tuvo ambiciones ministeriales. Tres años después de que hubiéremos comenzado en Hogwarts el hermano de Albus, Aberforth, llegó al colegio. No se parecían; Aberforth nunca fue carismático, y al contrario que Albus, prefería arreglar las disputas con duelos en lugar de a través de discusiones razonables. Sin embargo es bastante erróneo afirmar, como algunos han hecho, que los hermanos no eran amigos. Se llevaban tan bien como podrían hacerlo dos muchachos tan diferentes. Para ser justos con Aberforth, se debe admitir que vivir bajo la sombra de Albus no puede haber sido una experiencia totalmente cómoda. Ser continuamente eclipsado era el riesgo inherente de ser su amigo y ser su hermano no debe haber sido mucho más placentero. Cuando Albus y yo dejamos Hogwarts habíamos planeado hacer juntos la entonces tradicional vuelta al mundo, visitando y observando a magos extranjeros antes de proseguir con nuestras respectivas carreras. Sin embargo la tragedia intervino. En la misma víspera de nuestra partida, la madre de Albus, Kendra murió. Dejando a Albus como el cabeza y único sustento de la familia. Pospuse mí partida lo suficiente como para presentar mis respetos en el funeral de Kendra y luego partí para lo que ahora sería un viaje solitario. Con un hermano y hermana más jóvenes a los que cuidar, y con poco dinero heredado, ya no había dudas de que Albus no me acompañaría. Ese fue el período de nuestras vidas en el que menos contacto tuvimos, le escribí a Albus contándole, tal vez insensiblemente, de las maravillas de mi viaje, narrándole desde escapadas por los pelos de chimaeras en Grecia hasta experimentos llevados a cabo por los alquimistas egipcios. Sus cartas me decían poco de su vida diaria, que adivinaba debía ser extremadamente aburrida para tan brillante mago. Inmerso en mis propias experiencias fue con horror que escuché ya cerca del final de mi viaje de un año, que otra tragedia más había golpeado a los Dumbledore; la muerte de su hermana Ariana. Aunque Ariana había sufrido de mala salud desde hacía algún tiempo, el golpe, acaecido tan poco tiempo después de la pérdida de su madre, tuvo un profundo efecto en ambos hermanos. Todas las personas cercanas a Albus –y me cuento a mí mismo entre ese afortunado número- coincidimos en que la muerte de Ariana, y los sentimientos de Albus de que se sentía personalmente responsable (aunque por supuesto que no tuvo la culpa) dejaron una marca permanente en él. Regresé a casa para encontrarme a un hombre joven que había experimentado sufrimientos reservados para una persona de mayor edad. Albus era más reservado que antes, y mucho menos alegre. En adición a su desdicha, la pérdida de Ariana, había llevado, no a una renovada cercanía entre Albus y Aberforth, sino a un alejamiento (con el tiempo este se disiparía… en años posteriores restablecieron si no una relación cercana al menos una ciertamente cordial). De todas formas, de allí en adelante habló muy raramente de sus padres o de Ariana y sus amigos aprendimos a no mencionarlos. Otras plumas describirán los triunfos de los años subsiguientes. Las innumerables contribuciones de Dumbledore al cúmulo de conocimientos sobre hechicería, incluyendo el descubrimiento de los doce usos de la sangre de dragón que beneficiaría a las generaciones por venir, así como la sabiduría que desplegaba en los muchos juicios que efectuó siendo Brujo Supremo del Winzegamot. Aún se comenta que ningún duelo entre brujos superó nunca al sostenido entre Dumbledore y Grindelwald en 1945. Los que lo presenciaron han escrito acerca del terror y el asombro que sintieron al observar a esos dos extraordinarios brujos batallar. El triunfo de Dumbledore y sus consecuencias para el mundo de la hechicería son considerados un punto culminante en la historia de la magia, comparable a la introducción del Estatuto Internacional de Reserva o la caída de El-queno- debe-ser-nombrado. Albus Dumbledore nunca fue soberbio ni vano; podía encontrar algo que valorar en cualquier persona, sin importar cuan aparentemente insignificante o ruin fuera, y creo que sus tempranas pérdidas lo dotaron de gran humanidad y compasión. Extrañaré su amistad más de lo que puedo expresar, pero mi pérdida no es nada comparada con la del mundo de la magia. No se puede cuestionar que fue el más inspirado y amado director de Hogwarts. Murió como vivió, trabajando siempre por el bien mayor y hasta su última hora tan deseoso de tender la mano a un pequeño niño con fiebre de dragón como el primer día que le conocí. Harry terminó de leer pero continuó mirando la foto que aparecía acompañando el obituario. Dumbledore lucía su acostumbrada sonrisa gentil, pero como miraba por encima de sus medias gafas, daba la impresión, incluso desde el periódico, de que miraba a Harry con rayos X, provocando que la tristeza se entremezclara con una sensación de humillación. Él había creído conocer a Dumbledore bastante bien, pero desde que había leído el obituario se había visto forzado a reconocer que apenas si le conocía. Ni una sola vez se había imaginado la niñez y la juventud de Dumbledore, era como si hubiera nacido tal como Harry lo había conocido, venerable, con el cabello plateado y anciano. La idea de un Dumbledore adolescente era sencillamente extraña, como tratar de imaginarse a una Hermione estúpida o a un escreguto de cola explosiva amistoso. Nunca había pensado en preguntarle a Dumbledore acerca de su pasado. Sin duda se hubiera sentido extraño, impertinente incluso, pero después de todo era de común conocimiento que Dumbledore había tomado parte en ese legendario duelo con Grindelwald, y a Harry no se le había ocurrido preguntarle como había sido eso, ni acerca de ninguno de sus otros famosos logros. No, siempre habían hablado de Harry, el pasado de Harry, el futuro de Harry, los planes de Harry… y a Harry le parecía ahora que a pesar del hecho de que su futuro fuera tan peligroso e incierto, había perdido irremplazables oportunidades al haber omitido preguntarle a Dumbledore más cosas acerca de su vida. Aunque sospechaba que la única pregunta personal que jamás le había hecho a su Director era también la única que Dumbledore no había respondido honestamente. ¿Qué ve cuando mira en el espejo? ¿Yo? Me veo a mi mismo sosteniendo un grueso par de calcetines de lana. Después de considerarlo unos minutos, Harry arrancó el obituario de El Profeta, lo dobló cuidadosamente y lo metió dentro del primer volumen de Defensa Mágica Práctica y sus Usos Contra las Artes Oscuras. Luego tiró el resto del periódico a la pila de basura y se giró enfrentando la habitación. Estaba mucho más ordenada. La única cosa fuera de lugar era El Profeta del día de hoy, aún tirado sobre la cama con el trozo de espejo roto encima. Harry cruzó la habitación, corrió el fragmento de espejo sacándolo de encima de El Profeta del día, y desdobló el periódico. Cuando esa mañana temprano había recogido el periódico enrollado traído por la lechuza repartidora, apenas le había echado un vistazo al titular y después de advertir que no decía nada acerca de Voldemort lo había hecho a un lado. Harry estaba seguro que el Ministerio estaba presionando a El Profeta para que suprimiera las noticias sobre Voldemort. Por lo que ahora mismo cuando vio lo que se había perdido. Atravesando la segunda mitad de la página principal había un titular más pequeño colocado sobre una foto de Dumbledore caminando a zancadas, con aspecto apurado. Dumbledore ¿Al fin la verdad? La próxima semana la conmocionante historia del imperfecto genio considerado por muchos el más grandiosos mago de su generación. Despojándole de la imagen popular de serena sabiduría bajo la barba plateada, Rita Skeeter revela la trastornada infancia, la desenfrenada juventud, las eternas enemistades, y los secretos culpables que Dumbledore se llevó a la tumba. ¿POR QUÉ el hombre hecho para ser Ministro de Magia se contentó con ser un mero Director? ¿CUÁL era el propósito real de la organización secreta conocida como la Orden del Fénix? ¿CÓMO encontró verdaderamente Dumbledore su final? La respuesta a estas y muchas otras preguntas serán exploradas en la nueva y explosiva biografía, Vida y Mentiras de Albus Dumbledore, por Rita Skeeter, exclusivamente entrevistada por Barry Braithwaite, página 13 en el interior. Harry abrió el periódico de un tirón y encontró la página trece. El artículo estaba encabezado por una foto que mostraba otra cara familiar: una mujer que usaba gafas enjoyadas con el cabello peinado en rizos rubios muy elaborados, los dientes sobresalían en lo que claramente se veía que era una sonrisa triunfal, meneando los dedos ante él. Haciendo lo que pudo por ignorar esa nauseabunda imagen, Harry continuó leyendo. En persona Rita Skeeter es mucho más cálida y suave de lo que los famosos retratos hechos con su feroz pluma puedan sugerir. Me dio la bienvenida en el vestíbulo de su acogedor hogar y me condujo directamente a la cocina para ofrecerme una taza de té, una pedazo de tarta, y no hace falta que lo diga, un humeante cubo de los más novedosos chismes. -Bueno por supuesto que Dumbledore es el sueño de un cronista, dijo Skeeter, con una vida tan larga y plena. Estoy segura de que mi libro será el primero de muchos, muchos otros. Skeeter fue ciertamente rápida Había terminado el libro de novecientas páginas, solamente cuatro semanas después de la misteriosa muerte de Dumbledore acaecida en junio. Le pregunté como se las había arreglado para llevar a cabo esa proeza tan increíblemente rápido. -Oh, cuando has sido periodista tanto tiempo como yo, trabajar con plazos límite se convierte en tu segunda naturaleza. Sabía que el mundo de la magia clamaba por la historia completa y quería ser la primera en complacer esa necesidad. Mencioné la reciente nota ampliamente divulgada de Elphias Doge, Consejero Especial del Wizengamot y perpetuo amigo de Albus Dumbledore, que dice “El libro de Skeeter contiene menos hechos que una tarjeta de las que encuentras en las Ranas de Chocolate”. Skeeter echó atrás la cabeza y se rió. -¡Querido Dodgy! Recuerdo haberle entrevistado hace unos años acerca de los derechos de las sirenas, que Dios lo bendiga. Está completamente gaga, parecía pensar que estábamos sentados en el fondo del Lago Windermere, continuaba diciéndome que tuviera cuidado con las truchas. Y aún así las acusaciones de inexactitudes de Elphias Doge han echo eco en muchos lugares. ¿Realmente Skeeter piensa que cuatro cortas semanas son suficientes para tener un cuadro completo de la larga y extraordinaria vida de Dumbledore? -Oh, querido, sonríe Skeeter golpeándome afectuosamente los nudillos, ¡sabes tan bien como yo cuanta información puede ser generada con una bolsa de galeones, una negativa a escuchar la palabra “no” y una linda y afilada Pluma Citas-Rápidas! De todas formas la gente hacía cola para entregarme en bandeja los chanchullos de Dumbledore. No todos pensaban que era tan maravilloso, sabes. Pisó una horrible cantidad de importantes pies. Pero el viejo Dodgy Doge puede ir bajándose de su alto hipogrifo, porque tuve acceso a una fuente por la que la mayoría de los periodistas hubieran agitado sus varitas, una que nunca había hablado en público antes y que estuvo muy unida a Dumbledore durante la más turbulenta y angustiosa etapa de su juventud. La publicidad anticipada de la biografía de Skeeter había sugerido que ciertamente habría abundantes sobresaltos para aquellos que creían que Dumbledore había llevado una vida libre de culpas. ¿Cuáles eran las grandes sorpresas que encubría? Le pregunté. -Venga, vamos, déjalo, Betty, ¡no voy a revelar todo lo destacable antes de que nadie compre el libro! Skeeter se echó a reír, pero te prometo que cualquiera que todavía piense que Dumbledore era tan blanco como su barba ¡es susceptible a sufrir un crudo despertar! Digamos solamente que nadie que lo haya oído rabiar contra Ya-sabes-quien hubiera soñado que él mismo chapoteó en las Artes Oscuras en su juventud. Y para un brujo que pasó sus últimos años defendiendo la tolerancia, no era exactamente abierto de mente cuando era más joven. Si, Albus Dumbledore tiene un pasado extremadamente oscuro, por no mencionar una familia muy sospechosa, que se empeñó muy duro en mantener oculta. Pregunté a Skeeter si iba a hacer referencia al hermano de Dumbledore, Aberforth, que fue encarcelado por mal uso de la magia por el Wizengamot causando un escándalo menor quince años atrás. -Oh, Aberforth es solo la punta del montón de estiércol, se rió Skeeter, No, no. Estoy hablando de algo mucho peor que un hermano con una afición a enredarse con cabras, aún peor que un padre mutilador de muggles… De cualquier forma Dumbledore no pudo mantener a ninguno de los dos entre las sombras, el Wizengamot presentó cargos contra ambos. No, eran la madre y la hermana las que me intrigaban y escarbando un poco descubrí un verdadero nido de asquerosidades, pero como dije, tendrás que esperar a los capítulos nueve a doce para obtener los detalles completos. Todo lo que puedo decir ahora es que no me extraña que Dumbledore nunca hablara acerca de cómo se rompió la nariz. ¿No obstante los esqueletos familiares, negaba Skeeter la brillantez que llevó a Dumbledore a hacer varios descubrimientos mágicos? -Tenía cerebro, concedió, aunque ahora muchos se preguntan si realmente puede llevarse todo el crédito de todos sus supuestos logros. Como revelo en el capítulo dieciséis, Ivon Dillonsby, reclama que ya había descubierto ocho usos de la sangre de dragón cuando Dumbledore tomó “prestados” sus documentos. Pero la importancia de algunos de los logros de Dumbledore, no puede, presumo, ser negada. ¿Qué me dice de la famosa derrota de Grindelwald? -Oh, me alegra que haya nombrado a Grindelwald, dijo Skeeter con una sonrisa exasperada, me temo que esos que ven con inocentes y confiados ojos la espectacular victoria de Dumbledore, deben prepararse a sí mismos para una bomba… o tal vez una bomba de estiércol. Un asunto muy sucio en verdad. Todo lo que diré es que no estén tan seguros de que realmente hubo un espectacular duelo de leyenda. Después de leer mi libro la gente puede verse forzada a concluir que Grindelwald sencillamente conjuró un pañuelo blanco de la punta de su varita y se rindió tranquilamente. Skeeter se negó a revelar nada más acerca de este intrigante tema, por lo que nos volcamos en la relación que seguramente fascinará a sus lectores más que cualquier otra. -Oh, si, dijo Skeeter, asintiendo vivamente, dedico un capitulo entero a la relación Potter-Dumbledore. Ha sido llamada poco saludable, incluso siniestra. Nuevamente, los lectores tendrán que comprar el libro para obtener la historia completa, pero no hay duda de que Dumbledore tenía un interés poco natural en Potter, ya que estamos. Si eso fue realmente para bien del muchacho… bien ya lo veremos. Es ciertamente un secreto a voces que Potter ha tenido una adolescencia de lo más problemática. Pregunté a Skeeter si aún se mantenía en contacto con Harry Potter, a quien tan célebremente había entrevistado el año pasado, en un importante avance en el que Potter hablaba en exclusiva de su convicción de que Ya-sabenquien había regresado. -Oh, si desarrollamos un lazo íntimo, dijo Skeeter, pobre Potter tiene muy pocos amigos verdaderos, y nos conocimos en uno de los momentos de su vida en el que más duramente fue puesto a prueba… El Campeonato de los Tres Magos. Probablemente soy una de las pocas personas con vida que puede decir que conoce al verdadero Harry Potter. Lo que nos lleva a los muchos rumores que aún circulan acerca de las últimas horas de Dumbledore. ¿Piensa Skeeter que Potter estaba allí cuando Dumbledore murió? -Bueno no quiero decir demasiado… está todo en el libro… pero testigos dentro del castillo de Hogwarts vieron a Potter salir corriendo de la escena, momentos después de que Dumbledore cayera, saltara o fuera empujado. … después se encontraron evidencias contra Severus Snape un hombre contra el cual Harry siente un notorio rencor. ¿Es todo lo que parece? Eso queda a juicio de la Comunidad Mágica… una vez que haya leído mi libro. Con esa intrigante nota me despido. No hay duda de que Skeeter ha escrito un bestseller instantáneo. Mientras que las legiones de admiradores de Dumbledore puede que estén temblando ante lo que pronto saldrá a la luz acerca de su héroe. Harry llegó al final del artículo pero continuó mirando la página inexpresivamente. La repulsión y la furia ascendieron en él como si fuera a vomitar. Hizo una bola con el periódico y lo arrojó con todas sus fuerzas, contra la pared, donde fue a reunirse con el resto de la basura apilada alrededor de la repleta papelera. Empezó a caminar a zancadas, ciegamente, por la habitación, abriendo cajones vacíos y levantando libros solo para volverlos a dejar en las mismas pilas, apenas consciente de lo que estaba haciendo, mientras frases al azar del artículo de Rita hacían eco en su cabeza: Un capítulo entero a la relación Potter-Dumbledore… Ha sido llamada poco saludable, incluso siniestra… el mismo chapoteó en las artes oscuras en su juventud… tuve acceso a una fuente por la que la mayoría de los periodistas hubieran agitado sus varitas… -¡Mentiras! -gritó Harry, y a través de la ventana vio como el vecino de la casa de al lado, que había hecho una pausa mientras segaba el césped, miraba nerviosamente hacia arriba. Harry se sentó en la cama con fuerza. El pedazo roto de espejo danzó lejos de él; lo levantó y le dio vuelta entre los dedos, pensando… pensando en Dumbledore y en las mentiras con que Rita Skeeter le estaba difamando… Hubo un relámpago de brillante azul. Harry se quedó congelado, el dedo lastimado deslizándose sobre el mellado borde del vidrio otra vez. Debía habérselo imaginado, seguramente. Miro por encima del hombro, pero la pared lucía el enfermizo tono durazno que su tía Petunia había elegido. No había nada azul allí que pudiera ser reflejado por el espejo. Volvió a mirar el fragmento de espejo nuevamente, sin ver otra cosa que sus brillantes ojos verdes devolviéndole la mirada. Se lo había imaginado, no había otra explicación. Lo había imaginado por haber estado pensando en su director muerto. Si de algo era seguro, era que los brillantes ojos azules de Albus Dumbledore, nunca le atravesarían otra vez. Capitulo 3: Aqui Capitulo 4: Aqui Capitulo 5: Aqui Capitulo 6: Aqui Capitulo 7: Aqui Capitulo 8: Aqui Capitulo 9: Aqui Capitulo 10: Aqui P.D: Dejen puntos plis, quiero ser NFU
Capitulo 1: Aqui Capitulo 2: Aqui Sigamos... Capítulo 3: La partida de los Dursley El sonido al cerrarse de golpe la puerta delantera hizo eco a través de las escaleras y una voz rugió, “Eh! Tu!”Luego de dieciséis años tratado de esa manera Harry no tuvo ninguna duda a quién su tío llamaba, sin embargo, no respondió inmediatamente. Él todavía estaba con el fragmento estrecho de espejo en el cual, por un segundo, había creído ver los ojos de Dumbledore. Esto antes que su tío gritara, “MUCHACHO!”, Harry bajo lentamente de la cama y se dirigió hacia la puerta del dormitorio, deteniéndose brevemente para agregar el pedazo del espejo quebrado a la mochila llena de cosas que llevaría consigo. “Te tomo el tiempo!” rugió Vernon Dursley cuando Harry apareció en el borde de las escaleras, -Ven aquí abajo. Quisiera decirte una palabra!- Harry bajo, con sus manos metidas profundamente en los bolsillos de los pantalones. Cuando entro en el salón encontró los tres Dursleys. Estaban vestidos para el viaje; Tío Vernon con una vieja chaqueta rasgada y Dudley, el ancho, rubio, musculoso primo de Harry en su chaqueta de cuero.-¿Si? -preguntó Harry.- ¡Siéntate! -dijo Tío Vernon. Harry alzó las cejas-. ¡Por favor! -añadió Tío Vernon, haciendo una ligera mueca cuando la palabra se le atascó en la garganta. Harry se sentó. Creyó saber lo que estaba por venir. Su tío empezó a pasearse arriba y abajo, Tía Petunia y Dudley seguían sus movimientos con expresiones ansiosas. Finalmente, su gran cara púrpura se arrugó con concentración. Tío Vernon se detuvo delante de Harry y habló.- He cambiado de opinión, -dijo.-Que sorpresa, -dijo Harry.-No me vengas con ese tono… -empezó Tía Petunia con voz chillona, pero Vernon Dursley le indicó con un gesto que se calmara.-Todo eso son un montón de tonterías, -dijo Tío Vernon, mirando fijamente a Harry con sus ojillos de cerdo-. He decidido no creer ni una palabra de ello. Nos quedamos aquí, no vamos a ir a ninguna parte. Harry levantó la mirada hacia su tío y sintió una mezcla de exasperación y asombro. Vernon Dursley había estado cambiando de opinión cada veinticuatro horas en las últimas cuatro semanas, haciendo y deshaciendo y rehaciendo las maletas sobre el auto a cada cambio de pensamiento. El momento preferido de Harry había sido cuando tío Vernon sin saber que Dudley había agregado las pesas en su maleta desde la ultima vez que habían reempaquetado, habia tentado de alzarlo nuevamente dentro del cargador y se habia derrumbado con un gañido de dolor y tantos juramentos.-Según tú, -dijo Vernon <Petunia, Dudley y yo…estamos en peligro. Por… por…- Algo en “mi parte” derecha? - dijo Harry.- Bien yo no creo eso, - repitió tío Vernon, acercándose adelante de Harry de nuevo - he estado despierto la mitad de la noche pensando en todo esto, y creo que es un complot para quedarte con la casa.- ¿La casa? -repitió Harry-. ¿Qué casa?-¡Esta casa! -chilló Tío Vernon, la vena de su frente empezaba a latir-. ¡Nuestra casa! Los precios de las casas están por los cielos en esta zona! Quieres quitarnos de en medio y entonces harás eso de hocus-pocus y antes de que lo sepamos la escritura estará a tu nombre y…-¿Has perdido la cabeza? -exigió Harry-. ¿Un complot para conseguir esta casa? ¿Realmente eres tan estúpido como pareces?-¡No te atrevas…! - chilló Tía Petunia, pero de nuevo, Vernon le indicó que se calmara. Los desaires, a su modo de ver, al parecer, no eran nada frente al peligro que había divisado.-Por si lo has olvidado, -dijo Harry-. Yo ya tengo una casa, mi padrino me dejó una. ¿Así que para qué querría esta? ¿Por todos los recuerdos felices? Se hizo un silencio. Harry creyó haber impresionado bastante a su tío con este argumento.-Afirmas, - dijo Tío Vernon, empezando a pasearse de nuevo-, que este Lord Lo que sea….-… Voldemort, -dijo Harry impacientemente-, y hemos pasado por esto cientos de veces ya. No lo afirmo, es un hecho. Dumbledore te lo dijo el año pasado, y Kingsley y el Señor Weasley…Vernon Dursley encorvó los hombros furiosamente, y Harry supuso que su tío tenía intención de evitar menciones a la visita no anunciada, a los pocos días de las vacaciones de verano de Harry, de dos magos adultos. La llegada a los escalones de entrada de Kingsley Shacklebolt y Arthur Weasley había sido una sorpresa de lo más incómoda para los Dursley. Harry tenía que admitir, sin embargo, que como el Señor Weasley había demolido medio salón, su reaparición podía no haber sido esperada con ansia por Tío Vernon.-… Kingsley y el Señor Weasley te lo explicaron todo también -presionó Harry sin remordimientos-. Una vez cumpla diecisiete años, el encantamiento protector que me mantiene a salvo se romperá, y eso os dejará expuestos a vosotros al igual que a mí. La Orden está segura que de Voldemort irá a por vosotros, ya sea para torturaros para intentar averiguar donde estoy, o porque crea que manteniéndolos como rehenes yo iré e intentaré rescataros. Los ojos de Tío Vernon y Harry se encontraron. Harry estuvo seguro en ese instante de que ambos se preguntaban lo mismo. Entonces Tío Vernon siguió caminando y Harry continuó.-Tenéis que ocultaros y la Orden quiere ayudar. Se os ha ofrecido protección seria, la mejor que hay. Tío Vernon no dijo nada, pero continuó paseando arriba y abajo. Fuera el sol colgaba más bajo que los setos privados. El cortacésped del vecino de la puerta de al lado se caló de nuevo.-¿No había un Ministerio de Magia? -preguntó Vernon Dursley bruscamente.-Lo hay, -dijo Harry, sorprendido.-Bien, ¿entonces, por qué no pueden protegernos? ¡A mí me parece que, como víctimas inocentes, culpables solo de dar cobijo a un hombre marcado, deberíamos reunir los requisitos para la protección gubernamental! Harry rió; no pudo contenerse. Era muy típico de su tío poner sus esperanzas en las autoridades, incluso dentro de este mundo que despreciaba y en el que no confiaba.-Ya oíste lo que dijeron el Señor Weasley y Kingsley, -replicó Harry-. Creemos que se han infiltrado en el Ministerio. Tío Vernon se acercó a zancadas a la chimenea y volvió hacia atrás, respirando tan pesadamente que su gran mostacho negro se sacudía, con la cara todavía púrpura por la concentración.-Muy bien, -dijo, deteniéndose de nuevo delante de Harry-. Muy bien, digamos, por el bien de la discusión, que aceptamos esta protección. Aún así no veo por qué no podemos tener a ese tipo, Kingsley. Harry se las arregló para no poner los ojos en blanco, pero con dificultad. Esta pregunta también había sido formulada media docena de veces.-Como te he dicho, -dijo a través de los dientes apretados- Kingsley está protegiendo al Primer Ministro mug… quiero decir, a vuestro Primer Ministro.- ¡Exactamente… es el mejor! -dijo Tío Vernon, señalando a la negra pantalla del televisor. Los Dursley habían divisado a Kingsley en las noticias, caminando discretamente tras el Primer Ministro Muggle mientras este visitaba un hospital. Esto, y el hecho de que Kingsley había dominado con maestría el talento para verter como un muggle, por no mencionar una cierta cualidad tranquilizadora en su voz lenta y profunda, habían provocado que los Dursley aceptaran a Kingsley como ciertamente no habían hecho con ningún otro mago, aunque era cierto que nunca le había visto en acción.-Bueno, está cogido -dijo Harry-. Pero Hestia Jones y Dedalus Diggle están más que preparados para el trabajo…-Si hubiéramos visto curriculums.. -empezó Tío Vernon, pero Harry perdió la paciencia .Poniéndose en pie avanzó hacia su tío, ahora señalando al mismo televisor.-Esos accidente no son accidentes… los choques, explosiones y descarrilamientos y todo lo demás que ha ocurrido desde que vimos por última vez las noticias. La gente está desapareciendo y muriendo y él está detrás… Voldemort. Te lo he dicho una y otra vez, mata muggles por diversión. Incluso la niebla… está causada por los dementores, ¡y si no puedes recordar lo que son pregunta a tu hijo! Las manos de Dudley saltaron hacia arriba para cubrirse la boca. Con los ojos de Harry y los de sus padres sobre él, las volvió a bajar lentamente y preguntó.-¿Hay… más de ellos?-¿Más? -rió Harry-. ¿Más aparte de los dos que nos atacaron, quieres decir? Por supuesto que los hay, hay cientos, quizá miles ahora, viendo como los alimentan de miedo y desesperación…-Muy bien, muy bien, -fanfarroneó Vernon Dursley-, has dejado claro tu punto de vista…- Eso espero, -dijo Harry- porque una vez cumpla diecisiete, todo ellos… mortifagos, dementores, quizás incluso inferis… que son cadáveres encantados por un mago oscuro…podrán encontraros y ciertamente atacaros. Y si recordáis la última vez que intentasteis huir de magos, creo que estaréis de acuerdo en que necesitáis ayuda .Hubo un breve silencio en el que el eco distante de Hagrid echando abajo una puerta principal de madera pareció reverberar a través de los años transcurridos. Tía Petunia estaba mirando a Tío Vernon; Dudley estaba mirando fijamente a Harry. Finalmente Tío Vernon barbotó.- ¿Pero y mi trabajo? ¿Y la escuela de Dudley? Supongo que esas cosas no les importan a una panda de magos fuera de la ley…-¿No lo entiendes? -gritó Harry-. ¡Os torturarán y matarán como hicieron con mis padres!-Papá, -dijo Dudley en voz alta-. Papá… yo me voy con esa gente de la Orden.-Dudley, -dijo Harry- por primera vez en tu vida, hablas con sentido común. Sabía que la batalla estaba ganada. Si Dudley estaba lo bastante asustado como para aceptar la ayuda de la Orden, sus padres le acompañarían; No se discutiría la cuestión de separarse de su Duddykins. Harry miró fijamente al reloj de carillón que había sobre la repisa de la chimenea.-Llegarán aquí en unos cinco minutos, -dijo, y antes de que los Dursley replicaran, abandonó la habitación. La perspectiva de separarse… probablemente para siempre… de su tía, su tío y su primo era algo que podía contemplar bastante alegremente, pero había no obstante una cierta torpeza en el aire. ¿Que decirse los unos a los otros después de dieciséis años de sólido desagrado? De vuelta en su habitación, Harry se paseó sin rumbo fijo con su mochilla, después metió un par de golosinas para lechuza de la jaula de Hedwig. -Nos marcharemos pronto, muy pronto, -le dijo Harry-. Y entonces podrás volar de nuevo. Sonó el timbre de la puerta. Harry dudó, después volvió a salir de su habitación y bajó las escaleras. Era mucho esperar que Hestia y Dedalus trataran con los Dursleys por su cuenta. -¡Harry Potter! -chilló una voz excitada en el momento en que Harry abrió la puerta; un hombre pequeño con un sombrero alto color malva estaba inclinándose ante él con una profunda reverencia-. ¡Un honor, como siempre! -Gracias, Dedalus, -dijo Harry, otorgando una pequeña y avergonzada sonrisa a una Hestia de pelo oscuro-. Es realmente amable por vuestra parte hacer esto… Están aquí, mi tía, mi tío y mi primo… -¡Buen día tengáis, parientes de Harry Potter! -dijo Dedalus alegremente, entrando a zancadas en el salón. Los Dursleys no parecían en absoluto felices de que se dirigieran a ellos así; Harry casi esperaba otro cambio de opinión. Dudley se encogió contra su madre ante la visión de la bruja y el mago. -Veo que ya han hecho el equipaje y están listos. ¡Excelente! El plan, como Harry les habrá contado, es simple, -dijo Dedalus, sacando un inmenso reloj de bolsillo de su chaleco y examinándolo-. Debemos partir antes de que lo haga Harry. Debido al peligro de utilizar magia en su casa… siendo Harry todavía menor de edad, eso podría proporcionar al Ministerio una excusa para arrestarle… tendremos que conducir, digamos, diez millas o así, antes de Desaparecer hasta una localización segura que hemos escogido para ustedes. ¿Sabe conducir, verdad? -preguntó a Tío Vernon cortésmente. -¿Que si sé…? ¡Por supuesto que sé endemoniadamente bien cómo conducir! -balbuceó Tío Vernon. -Muy astuto por su parte, señor, muy astuto. Yo personalmente me vería absolutamente embaucado por todos esos botones y palancas, -dijo Dedalus. Tenía claramente la impresión de estar haciendo un cumplido a Vernon Dursley, que estaba perdiendo visiblemente la confianza en el plan con cada palabra que Dedalus pronunciaba. -Ni siquiera puede conducir, -murmuró por lo bajo, su mostacho se sacudía indignadamente, pero afortunadamente ni Dedalus ni Hestia parecieron oírle. -Tú, Harry, -continuó Dedalus- esperarás aquí por tu guardia. Ha habido unos pequeños cambios en los arreglos… -¿Qué quieres decir? -dijo Harry al instante-. Pensaba que Ojoloco iba a venir y llevarme en una Aparición Conjunta. -No puede ser, -dijo Hestia tensamente-. Ojoloco te lo explicará. Los Dursley que habían escuchado todo esto con miradas de absoluta incomprensión en sus caras, saltaron cuando se oyó una voz diciendo “‘¡Aprisa!”. Harry miró alrededor de la habitación antes de comprender que la voz había sido emitida por el reloj de bolsillo de Dedalus. -Muy cierto, operamos en un horario muy apretado, -dijo Dedalus, asintiendo hacia su reloj y volviendo a metérselo en el chaleco-. Estamos intentando sincronizar tu partida de la casa con la Desaparición de tu familia, Harry; así el encantamiento se romperá en el momento en que todos estemos de camino a la seguridad. -Se giró hacia los Dursleys-. Bueno, ¿todo recogido y listos para marchar? Ninguno de ellos le respondió. Tío Vernon todavía miraba consternado el bulto en el bolsillo del chaleco de Dedalus. -Quizás deberíamos esperar fuera en el vestíbulo, Dedalus -murmuró Hestia. Sentía claramente que demostraría falta de tacto permanecer en la habitación mientras Harry y los Dursleys intercambiaban amorosas y posiblemente lagrimógenas despedidas. -No hay necesidad, -murmuró Harry, pero Tío Vernon hizo cualquier otra explicación innecesaria diciendo ruidosamente. -Bueno, esto es un adiós entonces, chico. Balanceó hacia arriba su brazo derecho para estrechar la mano de Harry, pero en el último momento pareció incapaz de afrontarlo, y simplemente cerró el puño y empezó a balancearse hacia atrás y hacia adelante como un metrónomo. -¿Listo, Diddy? -preguntó Tía Petunia, comprobando meticulosamente el cierre de su bolso de mano para evitar mirar a Harry. Dudley no respondió, sino que se quedó allí de pie con la boca ligeramente entreabierta, recordándole a Harry un poco al gigante, Grawp. -Vamos entonces, -dijo Tío Vernon. Ya estaba alcanzando la puerta del salón cuando Dudley murmuró. -No entiendo. -¿Qué no entiendes, popkin? -preguntó Tía Petunia, mirando a su hijo. Dudley alargó una mano grande como un jamón y señaló a Harry. -¿Por qué él no viene con nosotros? Tío Vernon y Tía Petunia se quedaron congelados donde estaba, mirando a Dudley como si acabara de expresar el deseo de convertirse en bailarina. -¿Qué? -dijo Tío Vernon ruidosamente. -¿Por qué no viene él también? -preguntó Dudley. -Bueno, él… no quiere, -dijo Tío Vernon, girándose para mirar a Harry y añadiendo-. No quieres, ¿verdad? -En lo más mínimo, -dijo Harry. -Ahí tienes, -dijo Tío Vernon a Dudley-. Ahora vamos, salgamos. Salió marchando de la habitación. Oyeron la puerta delantera abrirse, pero Dudley no se movió y después de unos pocos pasos vacilantes Tía Petunia también se detuvo. -¿Y ahora qué? -ladró Tío Vernon, reapareciendo en el umbral. Parecía que Dudley estaba luchando con conceptos demasiado difíciles para expresarlos con palabras. Varios momentos después de aparentemente dolorosa lucha interna dijo. -¿Pero adónde va a ir? Tía Petunia y Tío Vernon se miraron el uno al otro. Estaba claro que Dudley les estaba asustando. Hestia Jones rompió el silencio. -Pero… seguramente sabés adonde va tu primo. -dijo, con aspecto desconcertado. -Indudablemente lo sabemos, -dijo Vernon Dursley-. Se larga con una panda de los vuestros, ¿verdad? Vale, Dudley, entremos en el coche, ya has oído a este hombre, tenemos prisa. De nuevo, Vernon marchó alejándose hacia la puerta delantera, pero Dudley no le siguió. -¿Se larga con una panda de los nuestros? Hestia estaba indignada. Harry se había encontrado con esta actitud antes. Las brujas y magos parecían sorprendidos porque sus parientes vivos más cercanos no mostraran el más mínimo interés en Harry Potter. -Está bien, -la tranquilizó Harry-. No importa, de verdad. -¿No importa? -repitió Hestia, alzando la voz-. ¿No comprende esta gente por lo que has tenido que pasar? ¿El peligro en el que estás? La posición única que tienes en el corazón del movimiento anti-Voldemort? -Eh… no, no lo comprenden, -dijo Harry-. Creen que soy un desperdicio de espacio, en realidad, pero estoy acostumbrado… -Yo no creo que seas un desperdicio de espacio. Si Harry no hubiera visto moverse los labios de Dudley, no se lo habría creído. Como así fue, miró fijamente a Dudley durante varios segundos antes de aceptar que debía haber sido su primo el que había hablado por una razón, Dudley se había vuelto rojo. El propio Harry estaba avergonzado y atónito. -Bueno… eh… gracias, Dudley De nuevo, Dudley pareció acosado por pensamientos demasiado difíciles de manejar, a juzgar por su expresión antes de refunfuñar. -Me salvaste la vida. -En realidad no, -dijo Harry-. Habría sido tu alma lo que se hubiera llevado el dementor… Miraba con curiosidad a su primo. No habían tenido virtualmente ningún contacto durante este verano, ya que Harry había venido a Privet Drive muy brevemente, y había permanecido mucho tiempo en su habitación. Ahora se le ocurría a Harry, sin embargo, que la taza de té frió con lo que había tropezado esa mañana podría no haber sido una trampa estúpida después de todo. Aunque algo conmovido, se sintió no obstante bastante aliviado de que Dudley pareciera haber agotado su capacidad de expresar sus sentimientos. Después de abrir la boca una o dos veces más, Dudley cayó en un silencio con la cara escarlata. Tía Petunia estalló en lágrimas. Hestia Jones le lanzó una mirada aprobadora que cambió a indignación cuando Tía Petunia se adelantó y abrazó a Dudley en vez de a Harry. -Que dulce, Dudders… -sollozó en el enorme pecho de su hijo-. Que chico tan encantador… dando las gracias… -¡Pero no ha dado las gracias en absoluto! -dijo Hestia indignada-. ¡Solo ha dicho que cree que Harry no es un desperdicio de espacio! -Si, pero viniendo de Dudley eso es como un “te quiero”, -dijo Harry; desgarrado entre la molestia y el deseo de reír cuando Tía Petunia continuó abrazada a Dudley como si este acabara de salvar a Harry de un edificio en llamas. -¿Venís o no? -rugió Tío Vernon, reapareciendo de nuevo en la puerta del salón-. ¡Creía que teníamos un horario apretado! -Si… si, lo tenemos, -dijo Dedalus Diggle, que había estado observando estos intercambios con un aire de diversión y ahora parecía estar rehaciéndose-. Realmente debemos marcharnos, Harry… Se adelantó y estrechó la mano de Harry con las dos suyas. - …buena suerte. Espero que nos veamos de nuevo. Las esperanzas del mundo mágico descansan sobre tus hombros. -Oh, -dijo Harry- claro. Gracias. -Adiós, Harry -dijo Hestia, también estrechando su mano-. Nuestros pensamientos están contigo. -Espero que todo vaya bien, -dijo Harry con una mirada hacia Tía Petunia y Dudley. -Oh, estoy seguro de que terminará siendo el mejor de los viajes, -dijo Diggle alegremente, saludando con su sombrero mientras abandonaba la habitación. Hestia le siguió. Dudley se soltó gentilmente del abrazo de su madre y se acercó a Harry, quien tuvo que reprimir la urgencia de amenazarle con magia. Entonces Dudley extendió su gran mano rosa. -Caray, Dudley, -dijo Harry sobre los renovados sollozos de Tía Petunia- ¿Los dementores afectaron tu personalidad? -Supongo, -murmuró Dudley-. Hasta luego, Harry. -Si… -dijo Harry, cogiendo la mano de Dudley y estrechándola-. Quizás. Cuídate, Gran D. Dudley casi sonrió, después salió de la habitación. Harry oyó sus pesados pasos sobre la grava del camino de entrada, y después una puerta de coche que se cerraba. Tía Petunia, cuya cara había estado enterrada en su pañuelo, levantó la mirada ante el sonido. No parecía haber esperado encontrarse a solas con Harry. Se metió apresuradamente el pañuelo en el bolsillo y dijo. -Bueno… adiós, -y marchó hacia la puerta sin mirarle. -Adiós, -dijo Harry. Ella se detuvo y miró hacia atrás. Por un momento Harry tuvo el extraño presentimiento de que quería decirle algo; le lanzaba una extraña y trémula mirada y parecía a punto de hablar, pero entonces, con una pequeña sacudida de la cabeza, salió a toda prisa de la habitación tras su marido y su hijo. Capitulo 4: Aqui Capitulo 5: Aqui Capitulo 6: Aqui Capitulo 7: Aqui Capitulo 8: Aqui Capitulo 9: Aqui Capitulo 10: Aqui P.D: Dejen puntos plis, quiero ser NFU
Capitulo 1: Aqui Capitulo 2: Aqui Capitulo 3: Aqui Capitulo 4: Aqui Capitulo 5: Aqui Capitulo 6: Aqui Capitulo 7: Aqui Capitulo 8: Aqui Capitulo 9: Aqui Seguimos... Capítulo 10: La historia de Kreacher Harry se despertó temprano a la mañana siguiente, envuelto en un saco de dormir sobre el suelo del salón de dibujo. Un resquicio de cielo era visible entre las pesadas cortinas. Era de un frío y claro azul como de tinta aguada, en algún punto entre la noche y el amanecer, y todo estaba en silencio a excepción de las respiraciones lentas y profundas de Ron y Hermione. Harry echó un vistazo a las oscuras y largas siluetas tendidas en el suelo junto a él. Ron había tenido un detalle de galantería y había insistido en que Hermione durmiera sobre los cojines del sillón, por lo que su silueta destacaba por encima de la de el, con el brazo encorvado hacia el suelo y los dedos a pocas pulgadas de los de Ron. Harry se preguntó si se habrían quedado dormidos con las manos entrelazadas. Esa idea le hizo sentir extrañamente solitario. Miro hacia arriba al ensombrecido techo, al candelabro lleno de telarañas. Menos de veinticuatro horas antes, había estado de pie a la luz del sol a la entrada de la carpa, esperando a los invitados de la boda para guiarlos a sus asientos. Parecía que desde entonces hubiera pasado toda una vida. ¿Qué pasaría ahora? Acostado en el suelo pensó en los Horrocruxes, en la intimidante y compleja misión que Dumbledore le había dejado… Dumbledore… La pena que lo había abrumado desde la muerte de Dumbledore se sentía diferente ahora. Las acusaciones que había oído hacer a Muriel en la boda parecían haber anidado en su cerebro como algo enfermizo, contaminando los recuerdos que tenía del mago al que había idolatrado. ¿Podía Dumbledore haber dejado que sucedieran esas cosas? ¿Podía haber sido como Dudley, y haberse quedado tan contento presenciando tal negligencia y abuso mientras no le afectara a él? ¿Podía haber dado la espalda a su hermana a la que mantenían encarcelada y oculta? Harry pensó en el Valle de Godric, en las tumbas que había allí y que Dumbledore nunca había mencionado; pensó en los misteriosos objetos dejados sin explicación en el testamento de Dumbledore, y allí en la oscuridad le invadió el resentimiento. ¿Por qué Dumbledore no se lo había contado? ¿Por qué no se lo había explicado? ¿De verdad Dumbledore se había preocupado por Harry? ¿O Harry no había sido para él más que un instrumento a ser perfeccionado y afinado, pero sin fiarse de él, sin nunca confiar en él? Harry no podía soportar yacer allí sin nada más que amargos pensamientos por compañía. Desesperado por hacer algo, por conseguir una distracción, se deslizó fuera del saco de dormir, cogió su varita, y se arrastró fuera de la habitación. En el descansillo susurró, “lumos”, y comenzó a subir las escaleras a la luz de la varita. En el segundo descansillo se hallaba el dormitorio en el que él y Ron habían dormido la última vez que habían estado allí; miró dentro de la habitación. Las puertas del armario estaban abiertas y la ropa de cama había sido rasgada. Harry recordó la pierna de troll derribada en el piso de abajo. Alguien había registrado la casa después de que la Orden se hubiera ido. ¿Snape? ¿O tal vez Mundungus, que había hurtado bastantes cosas de esta casa tanto antes como después de la muerte de Sirius? La mirada de Harry vagó hacia el retrato que a veces contenía a Phineas Nigellus Black, el tatara-tatarabuelo de Sirius, pero estaba vacío, mostrando solamente un turbio telón de fondo. Evidentemente Phineas Nigellus estaba pasando la noche en el estudio del Director en Hogwarts. Harry continuó subiendo las escaleras hasta que llegó al último descansillo donde solo había dos puertas. La que estaba frente a él llevaba una placa con la inscripción Sirius. Harry nunca antes había entrado en el dormitorio de su padrino. Abrió la puerta, sosteniendo la varita en alto para extender la luz lo máximo posible. La habitación era espaciosa y en algún momento debía haber sido elegante. Había una gran cama con una cabecera de madera labrada, una alta ventana oscurecida por largas cortinas de terciopelo y un candelabro densamente cubierto de polvo con restos de vela todavía descansando en sus soportes, y cera sólida colgando que había dejado regueros como escarcha. Una fina capa de polvo cubría los cuadros de las paredes y la cabecera de la cama; una tela de araña se extendía entre el candelabro y la parte de arriba del gran armario de madera, y al adentrarse Harry en la habitación, oyó como se escurrían los ratones al haberlos molestado. El adolescente Sirius había empapelado las paredes con tantos carteles y fotos que muy poco de las paredes de seda gris acerada era visible. Harry solo podía asumir que los padres de Sirius no habían sido capaces de eliminar el Encantamiento de Adherencia Permanente que los mantenía en la pared porque estaba seguro que no debían haber apreciado el gusto en decoración de su hijo mayor. Parecía que el único propósito de Sirius había sido buscar la forma de fastidiar a sus padres. Había varios grandes estandartes de Gryffindor, de un desvaído color rojo, colgados con el único propósito de subrayar su diferencia frente el resto de la familia Slytherin. Había varias fotos de motos muggle, y también (Harry tenía que admirar la sangre fría de Sirius) varios carteles de chicas muggle en bikini. Podía afirmar que eran muggles porque permanecían inmóviles en sus fotos, con marchitas sonrisas y satinados ojos congelados en el papel. Esto contrastaba con la única foto encantada que había sobre la pared que era una foto de cuatro estudiantes de Hogwarts de pie unos junto a otros, sonriendo a la cámara. Con un sobresalto de placer, Harry reconoció a su padre, su alborotado cabello negro peinado hacia atrás como el de Harry, y él también llevaba gafas. Junto a él estaba Sirius, despreocupadamente apuesto, su rostro ligeramente arrogante mucho más joven y feliz de lo que Harry le había visto nunca en vida. A la derecha de Sirius, se hallaba Pettigrew, más de una cabeza más bajo, regordete y con los ojos llorosos, sonrojado por el placer de ser incluido en la más estupenda de las pandillas, con los muy admirados rebeldes que James y Sirius habían sido. A la izquierda de James estaba Lupin, aún entonces se veía le algo desarrapado, pero con el mismo aire de deleitada sorpresa de encontrase a sí mismo querido y aceptado… ¿o tal vez era simplemente que Harry sabía como habían sido las cosas y por eso podía verlo en el retrato? Trató de quitarlo de la pared; después de todo, era suyo ahora, Sirius le había dejado todo, pero no pudo moverlo. Sirius no había dejado nada al azar en su prevención por que sus padres redecoraran la habitación. Harry miro alrededor por el suelo. El cielo afuera se estaba aclarando. Un rayo de luz reveló trozos de papel, libros, y pequeños objetos desparramados sobre la alfombra. Evidentemente la habitación de Sirius también había sido revisada, aunque su contenido parecía haber sido juzgado en su mayor parte, aunque no enteramente, sin valor. Algunos de los libros habían sido sacudidos tan rudamente como para arrancarles las tapas y esparcirlas junto a varias páginas por el suelo. Harry se agachó, levantó unos pocos trozos de papel, y los examinó. Reconoció uno como parte de una vieja edición de Historia de la Magia, de Bathilda Bagshot, y otro como perteneciente a un manual sobre el mantenimiento de motos. El tercero estaba escrito a mano y arrugado. Lo aliso. Querido Canuto ¡Gracias, gracias, por el regalo de cumpleaños de Harry! Fue su preferido de lejos. Apenas tiene un año y ya se eleva rápidamente sobre la escoba de juguete, se le veía tan complacido consigo mismo. Te adjunto una fotografía para que lo veas. Sabes que solo se eleva unos dos pies del piso pero casi mata al gato y destrozó un jarrón horrible que Petunia me envío por navidad (no me quejo de esto). Por supuesto que James creyó que había sido muy gracioso, dice que va a ser un gran jugador de Quidditch, pero tendremos que guardar todos los adornos y asegurarnos de no apartar los ojos de él mientras está en ello. Tuvimos un muy tranquilo té de cumpleaños, solo nosotros y la vieja Bathilda que siempre fue muy dulce con nosotros y se le cae la baba con Harry. Sentimos tanto que no pudieras venir, pero la Orden tiene que ser lo primero, y de cualquier forma ¡Harry no es lo bastante mayor como saber que es su cumpleaños! James se siente un poco frustrado por estar aquí encerrado, trata de no demostrarlo pero yo puedo verlo… además Dumbledore todavía tiene su Capa de Invisibilidad, así que no tiene posibilidad de hacer ni una pequeña excursión. Si pudieras visitarnos, eso le alegraría muchísimo .Gusano estuvo aquí el fin de semana pasado. Me pareció que estaba triste, pero probablemente fuera por lo de los McKinnons; lloré toda la noche cuando me enteré. Bathilda nos visita casi todos lo días, es una viejecita fascinante que cuenta historias de lo más fantásticas acerca de Dumbledore. ¡No estoy segura de si a él le agradaría mucho si se enterara! De hecho, no se cuanto creerle, porque parece increíble que Dumbledore A Harry le pareció que las extremidades se le habían entumecido. Se quedó inmóvil allí de pie, sosteniendo el milagroso papel entre los dedos insensibles mientras dentro de él una especie de erupción silenciosa emanaba alegría y pena que retumbaba en igual medida a través de sus venas. Caminó tambaleándose hasta la cama, y se sentó. Volvió a leer la carta, pero no pudo encontrarle otro significado que el que ya le había encontrado la primera vez, y se vio reducido a mirar fijamente la caligrafía en sí misma. Hacia las “g” igual que él. Buscó en la carta cada una de ellas, y sintió cada una como una amistosa pequeña ola entrevista a través de un velo. La carta era un tesoro increíble, prueba de que Lily Potter había vivido, realmente vivido, que su cálida mano alguna vez se había movido por este pergamino, trazando con tinta estas letras, estas palabras, palabras que se referían a él, Harry, su hijo. Limpiándose las lágrimas de los ojos con impaciencia, volvió a leer la carta una vez más, esta vez concentrándose en el significado. Era como escuchar una voz recordada a medias. Habían tenido un gato… tal vez hubiera muerto, como sus padres en el Valle de Godric… o si no tal vez hubiera huido cuando no quedo nadie que lo alimentara… Sirius le había comprado su primera escoba… Sus padres habían conocido a Bathilda Bagshort; ¿Los habría presentado Dumbledore? Dumbledore todavía tiene su Capa de Invisibilidad… Había algo extraño ahí… Harry hizo una pausa ponderando las palabras de su madre. ¿Por qué Dumbledore había tomado la Capa de Invisibilidad de James? Harry recordaba claramente a su Director diciéndole años atrás, “No necesito una capa para volverme invisible” ¿Acaso algún miembro de la Orden menos talentoso la había necesitado y Dumbledore había actuado como enlace? Harry continuó leyendo… Gusano estuvo aquí… Pettigrew, el traidor, había parecido “triste” ¿lo habría estado? ¿Habría sido consciente de que veía a James y a Lily con vida por última vez? Y finalmente Bathilda otra vez, que contaba historias increíbles acerca de Dumbledore. Parece increíble que Dumbledore… ¿Qué Dumbledore qué? Pero había un gran número de cosas que podrían parecer increíbles acerca de Dumbledore; que alguna vez hubiera recibido bajas calificaciones en un Examen de Transfiguración, por ejemplo o que se hubiera sentido inclinado a encantar de cabras como Aberforth… Harry se levantó y examinó el suelo, tal vez el resto de la carta estuviera por allí en alguna parte. Agarró papeles, tratándolos, en su avidez, con tan poca consideración como el que los había examinado en primer lugar, abrió cajones, sacudió libros, se puso de pie sobre una silla para pasar la mano por encima del armario, y gateó debajo de la cama y del sillón. Al final, yaciendo boca abajo sobre el piso, divisó lo que parecía un pedazo de papel roto debajo del juego de cajones. Cuando lo tomó, resultó ser gran parte de la fotografía que Lily había descrito en la carta. Un bebé de cabello negro se elevaba rápidamente dentro y fuera de la fotografía en una pequeña escoba, rugiendo de risa, y un par de piernas que debían pertenecer a James lo perseguían. Harry se metió la fotografía en el bolsillo junto con la carta de Lily y continuó buscando la segunda hoja. No obstante, después de un cuarto de hora, se vio forzado a concluir que el resto de la carta de su madre había desaparecido. ¿Sencillamente se había perdido en los dieciséis años que habían pasado desde que había sido escrita, o se la había llevado quienquiera que fuera que había registrado la habitación? Harry volvió a leer la primera hoja nuevamente, esta vez buscando pistas de que podría haber hecho que la segunda hoja fuera de valor. Su escoba de juguete difícilmente pudiera ser considerada interesante por los mortífagos… la única cosa potencialmente útil que podía ver en ella era que contuviera posible información acerca de Dumbledore. Parece increíble que Dumbledore… ¿Qué? -¿Harry? ¿Harry? ¿Harry? -¡Aquí estoy! –gritó-. ¿Qué pasa? Hubo un estruendo de pisadas fuera de la puerta, y Hermione irrumpió en la habitación. -¡Nos despertamos y no sabíamos donde estabas! –dijo sin aliento-. Se dio la vuelta y gritó sobre el hombro- ¡Ron! Lo encontré. La voz fastidiada de Ron hizo eco en la distancia, varios pisos por debajo. -¡Bien! ¡Dile de mi parte que es un imbécil! -Harry por favor no desaparezcas de esa forma, ¡estábamos aterrados! ¿Para que subiste aquí ya que estamos? –Miró alrededor de la saqueada habitación-. ¿Qué has estado haciendo? -Mira lo que acabo de encontrar. Le tendió la carta de su madre. Hermione la tomó y la leyó mientras Harry la observaba. Cuando llegó al final de la página levantó la vista hacia él. -Oh Harry… -Y también encontré esto. Le entregó la fotografía rasgada, y Hermione sonrió ante el bebé elevándose que aparecía y desaparecía de la vista sobre la escoba de juguete. -He estado buscando el resto de la carta, -dijo Harry-, pero no está aquí. Hermione miro a su alrededor. -¿Tú has montado todo este lío, o ya estaba así cuando llegaste? -Alguien estuvo registrando antes que yo, -dijo Harry. -Eso me pareció. Cada habitación en la que he mirado de camino hacia arriba había sido desordenada. ¿Que crees que pueden haber estado buscando? -Información acerca de la Orden, si fue Snape. -Pero se podría pensar que ya tiene toda la que necesita. Quiero decir, él era parte de la Orden, ¿verdad? -Bueno entonces, -dijo Harry, ansioso por discutir su teoría-, ¿Podría ser información acerca de Dumbledore? La segunda hoja de la carta, por ejemplo. Ves esta Bathilda a la que mi madre menciona, ¿sabes quien es? -¿Quién? -Bathilda Bagshort, la autora de… -Historia de la Magia, -dijo Hermione, mostrándose interesada-. ¿Así que tus padres la conocían? Era una increíble historiadora mágica- -Y aún está con vida, -dijo Harry-, y vive en el Valle de Godric. La tía de Ron, Muriel habló de ella en la boda. También conocía a la familia de Dumbledore. Sería muy interesante hablar con ella, ¿no es así? –Para el gusto de Harry, había demasiado entendimiento en la sonrisa que Hermione le dedicó. Recuperó la carta y la fotografía y las puso dentro del saquito que tenía alrededor del cuello, para no tener que mirarla y ponerse en evidencia. -Entiendo porque te gustaría hablar con ella, acerca de tu madre y tu padre y de Dumbledore también, -dijo Hermione-. Pero eso en realidad no nos ayudará en nuestra búsqueda de los Horrocruxes, ¿verdad? –Harry no respondió, y ella se apresuró a continuar-, Harry, sé que realmente deseas ir al Valle de Godric, pero me asusta. Me asusta cuan fácilmente nos encontraron esos mortífagos ayer. Solo hace que me sienta más segura que nunca de que debemos evitar el lugar donde tus padres están enterrados, estoy segura que están esperando a que lo visites. -No es solo eso, -dijo Harry, aún evitando mirarla-, en la boda, Muriel dijo cosas acerca de Dumbledore. Quiero saber la verdad… Le contó a Hermione todo lo que Muriel le había dicho. Cuando hubo terminado, Hermione dijo, -Por supuesto, que puedo ver porque eso te trastornó, Harry… -No estoy trastornado, -mintió-, Solo me gustaría saber si es cierto o no… -Harry, ¿Realmente crees que obtendrás la verdad de una vieja mujer maliciosa como Muriel, o de Rita Skeeter? ¿Cómo puedes creer en ellas? ¡Conociste a Dumbledore! -Creí que le conocía, -murmuró. -¡Pero sabes cuanta verdad había en todo lo que Rita escribió acerca de ti! Doge está en lo cierto, ¿Cómo puedes dejar que esta gente empañen tus recuerdos de Dumbledore? El apartó la mirada, intentando no demostrar el resentimiento que sentía. Allí estaba otra vez: Escoge en que creer. Quería la verdad. ¿Por qué estaba todo el mundo tan determinado a que no la obtuviera? -¿Te parece que bajemos a la cocina? –Sugirió Hermione después de una pequeña pausa-. ¿A buscar algo de desayunar? Accedió, pero de mala gana, y la siguió al descansillo y más allá vio la segunda puerta que daba al rellano. Había profundas marcas de arañazos en la pintura debajo de un pequeño letrero en el que no había reparado en la oscuridad. Cruzó el rellano para leerlo. Era un pequeño letrero pomposo, escrito con prolija letra manuscrita, el tipo de cosa que Percy Weasley podría haber pegado en la puerta de su dormitorio. No entrar Sin el expreso permiso de Regulus Arcturus Black Harry se vio invadido por la excitación, pero no se dio cuenta enseguida del porque. Volvió a leer el letrero. Hermione ya estaba un tramo de escaleras por debajo de él. -Hermione, -dijo, y se sorprendió de que su voz sonara tan calmada-. Vuelve a subir aquí. -¿Qué pasa? -R.A.B. Creo que lo he encontrado. Se oyó un jadeo, y luego Hermione que subía corriendo las escaleras. -¿En la carta de tu madre? Pero no vi… Harry negó con la cabeza, señalando al letrero de Regulus. Ella lo leyó, luego cogió a Harry por el brazo, con tanta fuerza que este dio un respingo. -¿El hermano de Sirius? –susurró. -Era un mortífago, -dijo Harry-. Sirius me habló de él, se unió a ellos cuando era verdaderamente joven y luego se arrepintió y trato de abandonar… por lo que lo mataron. -¡Eso encaja! –Jadeó Hermione-. ¡Si era un mortífago tenía acceso a Voldemort, y si se sintió desencantado, entonces podría haber deseado la caída de Voldemort! Soltó a Harry, se inclinó sobre la barandilla, y gritó, -¡Ron! ¡RON! ¡Sube, rápido! Un minuto después apareció Ron resoplando, con la varita lista en la mano. -¿Qué pasa? Si son voluminosas arañas otra vez quiero desayunar antes de… Frunció el ceño ante el letrero que Hermione estaba señalando silenciosamente en la puerta de Regulus. -¿Qué? Ese era el hermano de Sirius, ¿verdad? Regulus Arcturus… Regulus… ¡R.A.B! El relicario… ¿Suponen que…? -Averigüémoslo, -dijo Harry. Empujo la puerta; estaba cerrada. Hermione apuntó el picaporte con la varita y dijo, -Alohomora. Se oyó un clic, y la puerta se abrió. Avanzaron juntos por el umbral, mirando alrededor. El dormitorio de Regulus era ligeramente más pequeño que el de Sirius, aunque producía la misma sensación de antigua grandeza. Mientras Sirius había intentado exponer sus diferencias con el resto de la familia, Regulus se había esforzado por enfatizar lo opuesto. Los colores de Slytherin, verde esmeralda y plateado, estaban por todas partes, adornando la cama, las paredes y las ventanas. El blasón de la familia Black estaba cuidadosamente pintado sobre la cama, junto con su lema, TOUJOURS PUR. Debajo había una colección de amarillentos recortes de periódico, pegados todos juntos hasta formar un irregular colage. Hermione cruzó la habitación para examinarlos. -Son todos sobre Voldemort, -dijo-. Parece que Regulus ya lo admiraba años antes de unirse a los mortífagos. Una nube de polvo se alzó cuando se sentó sobre el cubrecama para leer los recortes. Mientras tanto, Harry se fijó en otra fotografía: un equipo de Quidditch de Hogwarts que sonreía y saludaba desde el marco. Se acercó y pudo apreciar las serpientes en los blasones de sus pechos: Slytherins. Reconoció inmediatamente a Regulus como el muchacho sentado en el centro de la primera fila: Tenía el mismo cabello oscuro y se le veía ligeramente altanero como su hermano, aunque era más pequeño, más delgado, y bastante menos apuesto de lo que Sirius había sido. -Jugaba de Buscador, -dijo Harry. -¿Qué? –dijo Hermione vagamente; todavía estaba inmersa en el montón de recortes acerca de Voldemort. -Está sentado en el centro de la fila delantera, es el lugar reservado para el Buscador… No importa, -dijo Harry, dándose cuenta que nadie le estaba escuchando. Ron estaba sobre manos y rodillas, buscando debajo del armario. Harry miró alrededor de la habitación buscando posibles lugares que pudieran servir de escondrijos y se aproximó al escritorio. Una vez más, alguien había registrado este lugar antes que ellos. El contenido de los cajones había sido revuelto recientemente, el polvo había sido removido, pero no había nada de valor allí: viejas plumas, textos caducos que evidenciaban haber sido toscamente manoseados, un frasco de tinta recientemente roto, el pegajoso remanente cubría el contenido del cajón. -Hay una forma más fácil, -dijo Hermione, mientras Harry se limpiaba los dedos sucios de tinta en los pantalones. Levantó la varita y dijo-, ¡Accio, relicario! Nada ocurrió. Ron, que había estado examinando los pliegues de las desvaídas cortinas, pareció decepcionado. -¿Entonces, eso es todo? ¿No está aquí? -Oh, aún podría estar aquí, pero bajo encantamientos protectores, -dijo Hermione-. Encantamientos para prevenir que sea convocado mágicamente, tú sabes. -Como el que Voldemort puso sobre el pedestal de piedra en la cueva, -dijo Harry, recordando como había sido incapaz de convocar el falso relicario. -¿Entonces, cómo se supone que lo encontraremos? -preguntó Ron. -Buscando manualmente, -dijo Hermione. -Buena idea, -dijo Ron, poniendo los ojos en blanco, y reanudando su búsqueda en las cortinas. Durante más de una hora, peinaron cada pulgada de la habitación, pero al final, se vieron forzados a concluir que el relicario no estaba allí. El sol había ascendido ya; su luz los deslumbraba aún a través de los sucios ventanales. -Aunque podría estar en otra parte de la casa, -dijo Hermione con un tono animado mientras bajaban las escaleras. Mientras a Harry y Ron se les veían más bien desalentados, parecía que ella se había vuelto mas resuelta- Tanto si se las ingenió para destruirlo como si no, querría mantenerlo oculto de Voldemort, ¿no es así? ¿Recuerdan todas esas cosas espantosas de las que tuvimos que librarnos cuando estuvimos aquí la última vez? Ese reloj que lanzaba rayos a todo el mundo y esas viejas túnicas que trataron de estrangular a Ron; Regulus podría haberlos puesto allí para proteger el escondrijo del relicario, aunque no nos dimos cuenta en ese… ese… Harry y Ron la miraron. Estaba parada con un pie en el aire, con la mirada perdida de alguien a quien le hubieran hecho un Encantamiento Desmemorizador, hasta sus ojos estaban desenfocados. -…en ese momento, -terminó la frase con un susurro. -¿Te pasa algo? –Preguntó Ron -Había un relicario. -¿Qué? –dijeron Harry y Ron juntos. -En el armario del salón de dibujo. Nadie pudo abrirlo. Y nosotros… nosotros… Harry sintió como si se le hubiera deslizado un ladrillo a través del pecho hacia el estómago. Lo recordaba. Hasta había manipulado la cosa mientras se la pasaban unos a otros, cada cual en su turno intentando espiar en su interior. Lo habían tirado a un saco de basura, junto con la caja de rapé de polvo Wartcap y la caja de música que había hecho que todo el mundo se sintiera somnoliento… -Kreacher nos robó muchas cosas, -dijo Harry. Era su única oportunidad, la única pequeña esperanza que les quedaba, e iba a aferrarse a ella hasta que se viera obligado a desecharla-. Tenía un escondite lleno de cosas en la alacena de la cocina. Vamos. Bajó las escaleras corriendo saltando los peldaños de dos en dos, los otros dos yendo como relámpagos a su estela. Hicieron tanto ruido que cuando pasaron por el vestíbulo despertaron al retrato de la madre de Sirius. -¡Asquerosos! ¡Sangresucia! ¡Canallas! –gritó tras ellos mientras se lanzaban hacia el sótano de la cocina y cerraban la puerta de golpe a sus espaldas. Harry corrió toda la longitud de la habitación, patinó hasta detenerse frente a la puerta de la alacena de Kreacher, y la abrió de un tirón. Encontró el nido de sucias mantas viejas en las que el elfo domestico había dormido una vez, pero ya no brillaban con las baratijas que Kreacher había recobrado. Lo único que había allí era una vieja copia de La Naturaleza de la Nobleza: Genealogía Mágica. Negándose a creer lo que veían sus ojos, Harry tomó bruscamente las mantas y las sacudió. Un ratón muerto cayó y rodó lúgubremente por el suelo. Ron gimió y se subió sobre una silla de cocina; Hermione cerró los ojos. -Esto todavía no ha acabado, -dijo Harry, levantó la voz y llamó-, ¡Kreacher! Se oyó un audible crack y el elfo doméstico que Harry tan reluctantemente había heredado de Sirius apareció de la nada delante del frío y vacío hogar. Diminuto, de la mitad del tamaño de un humano, con la pálida piel colgando de él en pliegues, el cabello blanco brotando copiosamente de sus orejas parecidas a las de un murciélago. Todavía llevaba puesto el inmundo harapo con el que lo habían conocido la primera vez, y la mirada despectiva que le dedicó a Harry demostraba que su actitud ante el cambio de dueño no se había alterado más que su vestimenta. -Amo, -graznó Kreacher con su voz de sapo, e hizo una profunda reverencia; murmurando contra sus rodillas-, Otra vez en la antigua casa de mi ama con el traidor a la sangre Weasley y la sangresucia… -Te prohíbo que llames a nadie “traidor a la sangre” o “Sangresucia”, - gruñó Harry. Habría encontrado a Kreacher, con su nariz en forma de hocico y sus ojos inyectados en sangre, un objeto particularmente indeseable aunque el elfo no hubiera traicionado a Sirius ante Voldemort. -Tengo una pregunta para ti, -dijo Harry, con el corazón latiéndole considerablemente rápido mientras miraba al elfo-, y te ordeno que la respondas con veracidad. ¿Entendido? -Si, Amo, -dijo Kreacher haciendo otra reverencia. Harry vio que sus labios se movían silenciosamente, indudablemente articulando los insultos que ahora tenía prohibido pronunciar. -Hace dos años, -dijo Harry, su corazón ahora golpeaba contra sus costillasen el salón de dibujo del piso de arriba había un gran relicario de oro. Lo tiramos. ¿Tú lo recuperaste? Hubo un momento de silencio, durante el cual Kreacher se enderezó para mirar a Harry directo a la cara. Luego dijo, -Si. -¿Dónde se encuentra en este momento? –preguntó Harry alborozado mientras Ron y Hermione se mostraban alegres. Kreacher cerró los ojos como si no soportara ver su reacción ante sus siguientes palabras. -Ido. -¿Ido? –Hizo eco Harry, el júbilo lo abandonó flotando lejos de él-, ¿Que quieres decir con ido? El elfo se estremeció. Flaqueó. -Kreacher, -dijo Harry ferozmente-, Te ordeno… -Mundungus Fletcher, -graznó el elfo, con los ojos aún fuertemente cerrados-. Mundungus Fletcher lo robó todo; los retratos de la Señorita Bella y la Señorita Cissy, los guantes de mi ama, la Orden de Merlín de Primera Clase, las copas con el escudo familiar, y… y… Kreacher estaba tragando para conseguir un poco de aire: su hundido pecho subía y bajaba rápidamente, luego sus ojos se abrieron de golpe y profirió un horripilante grito. -… y el relicario, el relicario del amo Regulus. ¡Kreacher hizo mal, Kreacher falló en su encargo! Harry reaccionó instintivamente: cuando Kreacher se abalanzó sobre el atizador que estaba sobre la rejilla, se lanzó sobre el elfo, aplastándolo. El grito de Hermione se mezcló con el de Kreacher pero el rugido de Harry fue más fuerte que el grito de ambos: -¡Kreacher, te ordeno que te estés quieto! Sintió que el elfo se quedaba congelado y lo soltó. Kreacher yacía laxo en el frío piso de piedra, con lágrimas brotando de sus ojos hundidos. -¡Harry, deja que se levante! –susurró Hermione. -¿Para que pueda golpearse con el atizador? –bufó Harry, arrodillándose junto al elfo-. No creo. Bien. Kreacher, quiero la verdad: ¿Como sabes que Mundungus Fletcher robó el relicario? -¡Kreacher lo vio! –dijo entrecortadamente el elfo mientras las lágrimas corrían sobre el hocico y se le metían en la boca llena de dientes grisáceos-. Kreacher lo vio salir de la alacena de Kreacher con las manos llenas de los tesoros de Kreacher. Kreacher le dijo al furtivo ladrón que se detuviera, pero Mundungus Fletcher se rió y huyó… -¿Dijiste que el relicario era del “Amo Regulus”?, -dijo Harry-. ¿Por qué? ¿De donde provenía? ¿Que tenía Regulus que ver con él? ¡Kreacher, enderézate y cuéntame todo lo que sepas del relicario, y qué tenía que ver Regulus con él! El elfo se sentó derecho, se enroscó formando una pelota, colocó la cara mojada entre las rodillas, y empezó a mecerse hacia atrás y hacia delante. Cuando habló, la voz sonó atenuada pero bastante definida en el silencio, haciendo eco a través de la cocina. -El Amo Sirius huyó, fue bueno librarnos de él, ya que era un mal muchacho y le rompió el corazón a mi Ama con sus modales desenfrenados. Pero el Amo Regulus tenía la disposición apropiada; conocía las obligaciones que implicaba el apellido Black y la dignidad de su sangre pura. Durante años habló del Señor Oscuro, que sacaría a los magos de su retiro para gobernar a los muggles y a los nacidos muggles… y cuando tuvo dieciséis años, el Amo Regulus se unió al Señor Oscuro. Cuan orgulloso, cuan orgulloso, tan feliz de servirlo… -Y un día, tras un año de haberse unido, el Amo Regulus vino a la cocina a ver a Kreacher. Al Amo Regulus siempre le gustó Kreacher. Y el Amo Regulus dijo… él dijo… El viejo elfo se meció más rápido que antes. -…dijo que el Señor Oscuro requería un elfo. -¿Voldemort necesitaba un elfo? –repitió Harry, mirando a Ron y Hermione, que parecían tan confundidos como él. -Oh si, -gimió Kreacher-. Y el Amo Regulus había ofrecido voluntariamente a Kreacher. Era un honor, dijo el Amo Regulus, un honor para él y para Kreacher, que debía asegurarse de hacer cualquier cosa que el Señor Oscuro le ordenase… y luego volver a casa. Kreacher se meció aún más rápidamente, respirando en sollozos. -Así que Kreacher con el Señor Oscuro. El Señor Oscuro no le dijo a Kreacher lo que iban a hacer, pero llevó a Kreacher con él a una cueva cerca del mar. Y adentrándose en la cueva había una caverna, y en la caverna había un gran lago negro… A Harry se le erizaron los pelos de la nuca. Los graznidos de Kreacher parecían llegarle como atravesando el agua oscura. Vio lo que había pasado tan claramente como si hubiera estado allí presente. -… Había un bote… Por supuesto que había habido un bote; Harry conocía el bote, de un verde fantasmal y pequeñito, embrujado para llevar a un brujo y a una victima hasta la isla que había en el centro. Entonces, así había sido como Voldemort había puesto a prueba las defensas que rodeaban el Horrocrux, tomando prestada a una criatura prescindible, un elfo doméstico… -En la isla, había un p-pedestal con una vasija llena de poción. El S-Señor Oscuro hizo que Kreacher la bebiera… El elfo se estremeció de la cabeza a los pies. -Kreacher bebió, y mientras bebía, vio algo terrible… El interior de Kreacher ardía… Kreacher gritó para que el Amo Regulus lo salvara, gritó llamando a la Señora Black, pero el Señor Oscuro solo rió… hizo que Kreacher bebiera toda la poción… dejo caer un relicario dentro de la vasija vacía sobre el pedestal… y lo llenó con más poción. -Y luego el Señor Oscuro se alejó en el bote, dejando a Kreacher en la isla… Harry podía ver como sucedía. Observó la cara blanca de serpiente de Voldemort desvaneciéndose en la oscuridad, los ojos rojos despiadadamente fijos en el derrotado elfo cuya muerte se produciría en pocos minutos, cuando sucumbiera a la desesperante sed que el ardiente veneno provocaba en sus víctimas… Pero, la imaginación de Harry no llegaba a tanto, por lo que no pudo ver como había escapado Kreacher. -Kreacher necesitaba agua, se arrastró hasta el borde de la isla y bebió del lago negro… y manos, manos muertas, salieron del agua y arrastraron a Kreacher debajo de la superficie… -¿Cómo escapaste? –preguntó Harry, y no se sorprendió al notar que había hablado en susurros. Kreacher levantó la fea cabeza y miró a Harry con sus grandes ojos, inyectados en sangre. -El Amo Regulus le dijo a Kreacher que regresara, -dijo. -Lo sé… ¿Pero como escapaste de los Inferi? Kreacher no pareció entenderlo. -El Amo Regulus le dijo a Kreacher que regresara, -repitió. -Lo sé, pero… -Bueno, es obvio, ¿no Harry? –dijo Ron-. ¡Desapareció! -Pero… no podías Aparecerte dentro y fuera de esa cueva, -dijo Harry-, De otra forma Dumbledore… -La magia de los elfos no es igual que la magia de los brujos, ¿verdad? – dijo Ron-, Quiero decir, ellos pueden Aparecer y Desaparecer dentro y fuera de Hogwarts cuando nosotros no podemos hacerlo. Hubo un silencio mientras Harry digería eso. ¿Como podía Voldemort haber cometido un error semejante? Pero incluso mientras lo pensaba, Hermione habló, y su voz era helada. -Por supuesto, que Voldemort consideraría las aptitudes de los elfos domésticos demasiado inferiores como para tenerlas en cuenta… Nunca se le hubiera ocurrido pensar que podrían contar con una magia que él no poseía. -La ley principal entre los elfos domésticos es el vínculo con el Amo, - entonó Kreacher-. A Kreacher se le dijo que regresara a casa, así que Kreacher regresó a casa... -Bueno, entonces, hiciste lo que se te había ordenado, ¿verdad? –dijo Hermione gentilmente-. No desobedeciste las órdenes en ningún momento. Kreacher sacudió la cabeza, meciéndose mas rápido que nunca. -¿Entonces que pasó cuando regresaste? –Preguntó Harry-. ¿Qué dijo Regulus cuando le contaste lo que había pasado? -El Amo Regulus estaba muy preocupado, muy preocupado, -graznó Kreacher-. El Amo Regulus le dijo a Kreacher que permaneciera escondido y que no saliera de la casa. Y luego… fue un tiempo después… el Amo Regulus vino a buscar a Kreacher a su alacena una noche, y el Amo Regulus estaba raro, no parecía el de siempre, perturbado en la mente, Kreacher se dio cuenta… y le pidió a Kreacher que lo llevara a la cueva, la cueva a la que Kreacher había ido con el Señor Oscuro… Y así partieron. Harry podía visualizarlos bastante claramente, el asustado viejo elfo y el delgado y moreno Buscador que tanto se había parecido a Sirius… Kreacher sabía como abrir la entrada oculta que llevaba a la caverna subterránea, sabía como alzar el pequeño bote: esta vez era su amado Regulus el que navegaba con él hacia la isla donde estaba la vasija con veneno. -¿Y te hizo beber el veneno? –dijo Harry, asqueado. Pero Kreacher sacudió la cabeza y lloró. Hermione se llevó las manos a la boca; Parecía haber entendido algo. -El A-Amo Regulus sacó del bolsillo un relicario igual al que tenía el Señor Oscuro, -dijo Kreacher, con las lágrimas corriendo a cada lado de su nariz en forma de hocico-. Y le dijo a Kreacher que lo tomara, y que cambiara los relicarios cuando la vasija estuviera vacía… En ese momento los sollozos de Kreacher se volvieron sonidos estridentes; Harry tuvo que esforzarse firmemente para poder entenderlo. -Y le ordenó… a Kreacher que se fuera… sin él. Y le dijo a Kreacher… que se fuera a casa… y que nunca le dijera al Ama… lo que había hecho… pero que destruyera… el primer relicario. Y bebió… toda la poción… y Kreacher cambió los relicarios… y observó… como al Amo Regulus… lo arrastraban debajo del agua… y… -¡Oh, Kreacher! –se lamentó Hermione, que estaba llorando. Cayó de rodillas junto al elfo y trató de abrazarlo. En un instante el elfo estaba de pie, arrastrándose lejos de ella, obviamente asqueado. -La sangresucia tocó a Kreacher, el no lo permitirá, ¿Qué va a decir su ama? -¡Te dije que no la llamaras “Sangresucia”! –le regañó Harry, pero el elfo ya estaba castigándose a sí mismo. Cayó de bruces y empezó a golpearse la frente contra el suelo. -¡Detenlo… detenlo! –gritó Hermione-. ¿Oh, no puedes ver lo enfermizo de la situación, la forma en que se ven obligados a obedecer? -¡Kreacher… detente, detente! –gritó Harry. El elfo se quedó tendido en el piso, jadeando y temblando, con el hocico brillando con un moco verde, un morado floreciendo en su pálida frente donde se había golpeado a si mismo y los ojos hinchados e inyectados en sangre bañados en lágrimas. Harry nunca había visto nada tan lamentable. -Así que trajiste el relicario a casa, -dijo implacablemente, ya que estaba determinado a saber la historia completa-. ¿Y trataste de destruirlo? -Nada de lo que Kreacher intentó hizo mella en él, -gimió el elfo-. Kreacher lo intentó todo, todo lo que sabía, pero nada, nada funcionaba… Conjuro muchos poderosos hechizos sobre la cubierta, Kreacher estaba seguro que la forma de destruirlo era metiéndose dentro de él, pero no se abría… Kreacher se castigaba a sí mismo, y lo intentaba de nuevo, se castigaba a sí mismo y lo intentaba de nuevo. Kreacher fracasó al obedecer las órdenes, ¡Kreacher no pudo destruir el relicario! Y su ama estaba loca de pena, porque el Amo Regulus había desaparecido y Kreacher no podía decirle lo que había pasado, no, porque el Amo Regulus le había p-p-prohibido decirle a nadie de la familia lo que había ocurrido en la cueva… Kreacher empezó a sollozar tan fuerte que no hubo más palabras coherentes. Las lágrimas fluían por las mejillas de Hermione mientras miraba a Kreacher, pero no se atrevió a tocarlo otra vez. Hasta Ron, que no era un admirador de Kreacher, parecía contrariado. Harry se sentó sobre los talones y sacudió la cabeza, tratando de aclararla. -No te entiendo, Kreacher, -dijo finalmente-. Voldemort trató de matarte, Regulus murió intentando hacer caer a Voldemort, ¿pero aún así traicionaste alegremente a Sirius ante Voldemort? Te alegraste de ir con Narcissa y Bellatrix, para pasar información a Voldemort a través de ellas… -Harry, Kreacher no lo ve de esa forma, -dijo Hermione, limpiándose los ojos con el dorso de la mano-. Es un esclavo; los elfos domésticos están acostumbrados a recibir malos tratos, incluso brutalidad. Lo que Voldemort le hizo a Kreacher, para él, no fue muy diferente a como lo trataban normalmente. ¿Qué pueden significar las guerras de los magos para un elfo como Kreacher? Es leal a la gente que es bondadosa con él, y la Señora Black debe haberlo sido, y Regulus ciertamente lo era, así que les servía con gusto y repite sus creencias como un loro. Sé lo que vas a decir, - continuó cuando Harry comenzó a protestar-, que Regulus cambió de parecer… pero al parecer que no se lo explicó a Kreacher, ¿verdad? Y creo que sé por que. Si defendían la antigua tradición de la sangre pura tanto Kreacher como la familia de Regulus estarían a salvo. Regulus estaba tratando de protegerlos a todos. -Sirius… -Sirius era horrible con Kreacher, Harry, y no hay forma de encontrarle el lado bueno a eso, sabes que es verdad. Kreacher llevaba solo mucho tiempo cuando Sirius vino a vivir aquí, y probablemente estuviera hambriento de un poco de cariño. Estoy segura que “la Señorita Cissy” y “la Señorita Bella” fueron perfectamente amorosas con Kreacher cuando se lo pidieron, así que les hizo un favor y les dijo todo lo que querían saber. Siempre dije que los magos pagarían por la forma en que trataban a los elfos domésticos. Bueno, Voldemort, lo hizo… y también Sirius. Harry no tenía respuesta para eso. Mientras miraba a Kreacher sollozando en el piso, recordó lo que Dumbledore le había dicho, solo unas pocas horas después de la muerte de Sirius: No creo que Sirius haya contemplado nunca a Kreacher como un ser con sentimientos tan agudos como los de un humano… -Kreacher, -dijo Harry después de un momento-, Cuando te sientas mejor, er… por favor siéntate. Pasaron varios minutos antes de que Kreacher hipara hasta quedarse en silencio. Luego se alzó a sí mismo hasta estar sentado nuevamente, frotándose los ojos con los nudillos como un niño pequeño. -Kreacher, voy a pedirte que hagas algo, -dijo Harry. Miró a Hermione pidiéndole ayuda. Quería darle la orden amablemente, pero al mismo tiempo, no podía hacer que pareciera como si no fuera una orden. De todos modos, el cambio en su tono pareció haber ganado su aprobación: sonrió alentadoramente. -Kreacher, quiero, que por favor, vayas a buscar a Mundungus Fletcher. Tenemos que averiguar donde está el relicario… donde está el relicario del Amo Regulus. Es muy importante. Queremos terminar el trabajo que el Amo Regulus comenzó, queremos… er… asegurarnos de que no murió en vano. Kreacher bajó los puños y levantó la mirada hacia Harry. -¿Encontrar a Mundungus Fletcher? –graznó. -Y traerlo aquí, a Grimmauld Place, -dijo Harry-. ¿Crees que podrías hacer eso por nosotros? Cuando Kreacher asintió y se puso de pie, Harry tuvo una súbita inspiración. Sacó la bolsa de Hagrid y tomó el falso Horrocrux, el relicario sustituto en el que Regulus había depositado la nota para Voldemort. -Kreacher, yo, er, quisiera que tuvieras esto, -dijo, presionando el relicario contra la mano del elfo-. Perteneció a Regulus y estoy seguro que él querría que tu lo tuvieras como una muestra de gratitud por lo que… -Estás exagerando, compañero, -dijo Ron mientras el elfo le echaba un vistazo al relicario, dejaba escapar un alarido de conmoción y desdicha, y se volvía a tirar al suelo. Les llevó casi media hora calmar a Kreacher, que estaba tan abrumado ante el ofrecimiento de que conservara una reliquia de la familia Black, que se le pusieron las rodillas tan flojas que no podía mantenerse en pie correctamente. Cuando finalmente fue capaz de dar unos pocos pasos tambaleantes todos le acompañaron a la alacena, le vieron dejar a salvo el relicario entre las sucias mantas, y le aseguraron que la primera prioridad para ellos sería la protección del relicario mientras él estuviera ausente. Luego hizo dos grandes reverencias en dirección a Harry y a Ron, y hasta le dedicó a Hermione una pequeña y graciosa sacudida que podría haberse interpretado como un intento de saludo respetuoso, antes de Desaparecerse con el acostumbrado y ruidoso crack. Bueno chicos y chicas de T! Eso es todo por hoy porque son 36 capitulos y el Epilogo y me estoy empezando a aburrir pero tranquilos que termino de poner los capitulos antes de la segunda pelicula de esta gran saga para que se les adelantes... Mientras, se acuerdan de....... TED WILLIAMS!!! xD P.D: No lo copio de otra pagina! P.D. 2: Dejen puntos plis, quiero ser NFU