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Falacias que fundamentan la xenofobia

Info12/31/2010
Para que dejen de repetir lo que dice Macri ( la derecha) Siguiendo la linea de pensamiento si nos/los echarian el Pais quedaria vacio ya que todos somos hijos, nietos, bisnietos de inmigrantes, nos pertenece,¿ pertenecemos o no?, quien quiere o le gusta dejar su tierra, sus olores, sus costumbres de pertenencia? si lo hacen es porque son expulsados como muchos de nosotros en el 2001. FELIZ AÑO PARA TODO AQUEL QUE VIVE EN TERRITORIO ARGENTINO!!!! Falacias que fundamentan la xenofobia Con la expansión del conflicto de Parque Indoamericano a otras áreas de la ciudad de Buenos Aires y la amenaza de su continuación en otras ciudades del país, despertaron nuevamente los fantasmas del discurso xenófobo. Fantasmas que están presentes en la retórica argentina desde los primeros encuentros con inmigrantes extranjeros, como lo está su encarnación por parte de dirigentes políticos cuando de buscar las responsabilidades afuera se trata. Estas expresiones tienen eficacia en parte porque son presentadas por dirigentes o funcionarios, pero sobre todo porque anclan en un conjunto de falsas creencias sobre la inmigración que dan fundamento imaginario a las actitudes de rechazo a los extranjeros. Hay dos aspectos que conviene iluminar para minar esta supuesta base racional de la xenofobia. El primero se refiere al volumen de extranjeros que residen en Argentina; el segundo, a su impacto en las sociedades receptoras. Las migraciones no suceden en el vacío social, no se componen de individuos solos, aventureros que llegan a tierras extrañas a probar suerte. Por el contrario, las corrientes migratorias de larga data –como lo son las provenientes de países limítrofes– han dado lugar a la creación de redes de ayuda mutua. Estas redes se basan en relaciones de parentesco, amistad o vecindad en los países de origen y brindan ayuda a quienes llegan. La existencia de estas redes reduce los costos de la migración, pero tiene además la consecuencia de dar lugar a concentración residencial y laboral. Así, es frecuente hallar en las grandes ciudades áreas en las que la presencia de determinados orígenes nacionales es muy marcada, como lo es encontrar nichos del mercado laboral en los que ciertos orígenes extranjeros parecen mayoritarios. Es el caso de la zona sur de la ciudad de Córdoba, que muestra una proporción de extranjeros limítrofes más acentuada que el resto de la ciudad, donde los que llegan vienen principalmente de Bolivia y Perú. La primera de estas corrientes es antigua y muestra redes muy consolidadas, con inserción laboral en la producción frutihortícola, la construcción y el comercio. La corriente de peruanos es más reciente, y se aprecia un cambio en la composición socio-educativa de los migrantes. Si hasta los ’80 los que llegaban eran principalmente estudiantes universitarios provenientes de sectores medios y altos de la sociedad peruana, desde entonces se han diversificado las categorías sociales de estos inmigrantes. En parte esto se explica por la difusión de información y la expansión de las redes, procesos que posicionaron a Argentina (y a algunas ciudades de manera preferencial) como destinos atractivos. También son parte de la explicación las condiciones de expulsión de Perú, en las décadas de violencia económica y política. Esta concentración contribuye a la ilusión de una gran cantidad de inmigrantes, cuando, en Córdoba, la proporción de éstos sobre la población total es menor que la media nacional. ¿Cuántos son? La fuente de datos más adecuada para conocer las características de las personas que viven en el territorio de un país es el censo nacional. Dado que aún no están disponibles los resultados del último censo, sólo contamos con los obtenidos en 2001. Aunque, efectivamente, estos valores estén desactualizados, la serie histórica de los censos nacionales muestra que el volumen de extranjeros limítrofes ha variado acompañando cercanamente a los cambios de la población total, por lo que su peso relativo se mantiene muy estable en los 130 años que cubren los censos nacionales disponibles. De las 36.260.130 personas censadas en 2001, menos del cinco por ciento eran extranjeros, y los provenientes de países limítrofes y Perú eran el 2,8 por ciento; un total de 1.011.475 personas. El resto son mayoritariamente italianos y españoles, cuya composición por edades es muy diferente, ya que, en general, llevan muchos años en Argentina. En efecto, en el primer grupo de extranjeros (limítrofes y peruanos), más del 80 por ciento tiene entre 15 y 64 años, el grupo de edades laboralmente activo. A la inversa, entre los italianos y españoles, ese grupo de edades contiene a menos del 40 por ciento. Esta composición por edades muestra el carácter dinámico de la migración regional y la extinción de los flujos masivos provenientes de Europa. Aun ante la pequeña proporción que representan los extranjeros sobre la población total de Argentina, es necesario responder a algunas creencias mal fundamentadas que suelen operar como bases aparentemente racionales para justificar la discriminación. ¿Influyen en la economía? Suele creerse que los migrantes se llevan algo de lo que obtienen en los países a los que llegan a trabajar, aunque en realidad a menudo hacen contribuciones de mucha importancia. La historia muestra que la migración va asociada al crecimiento económico. El país más desarrollado de Occidente está poblado casi completamente por inmigrantes y sus descendientes, ha duplicado su población en el último siglo y se ha vuelto más y más rico. Otros países de alta inmigración aparecen como los más prósperos del planeta. De hecho, de las principales economías industriales, sólo Japón carece de un flujo migratorio significativo de trabajadores. Por cierto que esto no significa necesariamente que la inmigración sea responsable de ese crecimiento, pero ¿serían Alemania o Estados Unidos tan exitosos sin sus trabajadores inmigrantes? Una conclusión razonable sería que todos estos países usaron a los inmigrantes para apoyar su crecimiento económico. A pesar de esto, alguna gente acusa a los inmigrantes de robar el trabajo de los nativos. Esta creencia se basa en el error de suponer que el número de puestos de trabajo en un país es fijo y debe repartirse entre los demandantes, de modo que si viene más gente habrá menos para los que ya estaban. Esto es a todas luces falso. Al agregar más gente, sea por el crecimiento natural de la población o por inmigración, no necesariamente se reducen las posibilidades de empleo; al contrario, éstas pueden aumentar. ¿Qué trabajos realizan? Esto no sólo sucede porque muchos migrantes hacen los trabajos que los nativos rechazan sino también porque crean trabajos para otros. Más aun, algunos inmigrantes son deliberadamente atraídos por los trabajos que otros migrantes crean en el comercio, la pequeña industria o las explotaciones agrícolas. Cuando las economías crecen, aumentan las posibilidades en diversos sectores del mundo del trabajo, las expectativas de los nativos ascienden y hay puestos de trabajo que se vuelven indeseables. Los inmigrantes aportan su trabajo no sólo realizando trabajos que los nativos rechazarían sino a menudo permitiendo que los nativos hagan otros trabajos. El ejemplo más claro de esto se nota en el rubro “tareas domésticas”. Las mujeres de los países comparativamente más desarrollados pueden reducir su carga de actividades hogareñas y estudiar y trabajar profesionalmente en parte gracias a que mujeres de países menos desarrollados las reemplazan en las tareas domésticas. Una queja frecuente es que cuando los migrantes van hacia los países más ricos hacen uso de los servicios públicos y los sobrecargan, cuando en realidad la mayoría de los migrantes sólo quiere trabajar lo más intensamente posible. Si bien hay estudios realizados en Estados Unidos que indican que los migrantes solicitan más servicios de salud pública que los nativos, esto se explica porque son más pobres. Si se controla por ingresos, los extranjeros pobres demandan menos atención de salud que los nativos igualmente carecientes. En nuestro país, como en la mayoría de los de Occidente, cada consumo está gravado con un impuesto que no pueden evadir los consumidores, está incluido en los precios de lo que se compra. Con sus consumos, por pequeños que sean, los inmigrantes hacen su aporte al fisco del país de destino y lo que piden a cambio como prestación es menos que lo que piden los nativos, en razón de que su principal interés está en dedicar la mayor parte posible del tiempo a trabajar. Hay pocos ancianos y demandantes crónicos de servicios de salud entre los migrantes. La educación pública suele ser otro de los ámbitos en los que se cree que los migrantes sobrecargan la demanda. Pero la educación no es un servicio que se presta a los individuos; por el contrario, es una inversión que el país hace en su capital humano. Un país con ambiciones de crecimiento sustentable no puede soslayar la inversión en educación de todos sus habitantes, independientemente de dónde hayan nacido. Verdad vs. idealización Los ancestros de muchos de los actuales nativos de Argentina fueron inmigrantes. Aún hoy suele idealizarse la época de su llegada como la de un país próspero que esperaba ansioso a los trabajadores extranjeros, quienes luego de mucho esfuerzo lograban enviar a sus hijos a la universidad y ascender socialmente. Aunque así haya sido para muchos de ellos, esa época no estuvo exenta de contradicciones. Las acusaciones sobre importación de ideologías terroristas caían sobre muchos de quienes llegaban desde la pobre Europa. Los italianos y españoles que llegaron entre fines del siglo 19 y comienzos del 20 no se ajustaron al canon esperado; no encarnaban el ideal anglosajón que esperaba Alberdi para traer a estas tierras el espíritu del capitalismo laborioso. Sin embargo, ellos hicieron este país. Los discursos xenófobos no son nuevos en Argentina, ni lo es la falacia de los argumentos con que intenta sostenérselos. La Ley Nacional de Migraciones (25.871), sancionada en 2004 y reglamentada el 3 de mayo de 2010, establece en su artículo 4°: “El derecho a la migración es esencial e inalienable de la persona y la República Argentina lo garantiza sobre la base de los principios de igualdad y universalidad”. Por esto, el carácter de extranjero no debería ser parte de la discusión del problema de la vivienda en Argentina. http://www.lavoz.com.ar/suplementos/temas/falacias-que-fundamentan-la-xenofobia
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