El Múrmansk (Мурманск) fue el último de los cruceros ligeros de la clase Sverdlov (según designación OTAN, proyecto 68-bis según designación soviética) en ser botado, en 1955.
Durante sus años de servicio en la Flota del Mar del Norte participó en numerosas maniobras, vivió prácticamente toda la Guerra Fría e incluso participó en la Guerra de Desgaste entre Israel y Egipto, brindando apoyo a este último.
Después de una vida operativa más bien discreta, sobre todo a raíz de la aparición de los misiles guiados que hicieron obsoleto este tipo de navíos, en 1989 el Múrmansk fue dado de baja y quedó fondeado en la Bahía de Kola.
Paradójicamente, cuando parecía que ya había pasado a la historia, abandonado a merced de las inclemencias del Ártico, es cuando cobró fama internacional: la Nochebuena de 1994, tras ser vendido a una empresa india a precio de chatarra, una fuerte tempestad lo arrastró hasta la costa noruega mientras era remolcado camino del desguace y quedó encallado.
Después de varios intentos infructuosos de recuperarlo, el Múrmansk quedó varado ante el pueblecito de Sørvær. Con un coste estimado de varias decenas de millones de dólares, la operación de rescate acabó siendo un proyecto que nadie quiso asumir.
Desde entonces, el antiguo barco de guerra se convirtió en una atracción para locales y foráneos: un buen sitio para que los pescadores del pueblo tomaran sus cervezas, un lugar de paso obligado para aficionados al submarinismo y una meca de peregrinaje para turistas rusos.
En los últimos años, las muertes de varios marineros por cáncer y las advertencias lanzadas por varias organizaciones ecologistas han puesto el Múrmansk bajo sospecha de contener sustancias radiactivas.
Aunque tánto el gobierno noruego como especialistas rusos han negado que el crucero suponga un peligro real, los habitantes de la zona han dejado de ver el barco con buenos ojos.
Irónicamente, el buque que amenaza a los habitantes de Sørøya lleva el nombre de la ciudad que en 1945 sirvió de vía de escape a más de 500 civiles que, huyendo del avance alemán, consiguieron escapar a Escocia gracias a la operación conocida como ‘Open Door’ (puerta abierta), en la que participaron cuatro destructores de la Marina Real Británica y contó con la colaboración de la Unión Soviética.
Ahora sólo siguen visitando el Múrmansk aguerridos turistas y descendientes de los marineros que una vez sirivieron en él. Como estos rusos que subieron al buque el año pasado y dejaron de recuerdo una bandera de la Armada Soviética:
En el siguiente vídeo podemos subir a bordo del crucero soviético de la mano de unos reporteros rusos que lo visitaron el verano de 2008. No os perdáis detalles como los cañones, que adquieren vida propia gracias a las olas.
Mientras nadie tome cartas en el asunto, los temporales del Mar del Norte serán los encargados de ir desguazando el Múrmansk lenta e inexorablemente.
Durante sus años de servicio en la Flota del Mar del Norte participó en numerosas maniobras, vivió prácticamente toda la Guerra Fría e incluso participó en la Guerra de Desgaste entre Israel y Egipto, brindando apoyo a este último.
Después de una vida operativa más bien discreta, sobre todo a raíz de la aparición de los misiles guiados que hicieron obsoleto este tipo de navíos, en 1989 el Múrmansk fue dado de baja y quedó fondeado en la Bahía de Kola.
Paradójicamente, cuando parecía que ya había pasado a la historia, abandonado a merced de las inclemencias del Ártico, es cuando cobró fama internacional: la Nochebuena de 1994, tras ser vendido a una empresa india a precio de chatarra, una fuerte tempestad lo arrastró hasta la costa noruega mientras era remolcado camino del desguace y quedó encallado.
Después de varios intentos infructuosos de recuperarlo, el Múrmansk quedó varado ante el pueblecito de Sørvær. Con un coste estimado de varias decenas de millones de dólares, la operación de rescate acabó siendo un proyecto que nadie quiso asumir.
Desde entonces, el antiguo barco de guerra se convirtió en una atracción para locales y foráneos: un buen sitio para que los pescadores del pueblo tomaran sus cervezas, un lugar de paso obligado para aficionados al submarinismo y una meca de peregrinaje para turistas rusos.
En los últimos años, las muertes de varios marineros por cáncer y las advertencias lanzadas por varias organizaciones ecologistas han puesto el Múrmansk bajo sospecha de contener sustancias radiactivas.
Aunque tánto el gobierno noruego como especialistas rusos han negado que el crucero suponga un peligro real, los habitantes de la zona han dejado de ver el barco con buenos ojos.
Irónicamente, el buque que amenaza a los habitantes de Sørøya lleva el nombre de la ciudad que en 1945 sirvió de vía de escape a más de 500 civiles que, huyendo del avance alemán, consiguieron escapar a Escocia gracias a la operación conocida como ‘Open Door’ (puerta abierta), en la que participaron cuatro destructores de la Marina Real Británica y contó con la colaboración de la Unión Soviética.
Ahora sólo siguen visitando el Múrmansk aguerridos turistas y descendientes de los marineros que una vez sirivieron en él. Como estos rusos que subieron al buque el año pasado y dejaron de recuerdo una bandera de la Armada Soviética:
En el siguiente vídeo podemos subir a bordo del crucero soviético de la mano de unos reporteros rusos que lo visitaron el verano de 2008. No os perdáis detalles como los cañones, que adquieren vida propia gracias a las olas.
Mientras nadie tome cartas en el asunto, los temporales del Mar del Norte serán los encargados de ir desguazando el Múrmansk lenta e inexorablemente.