Sectarismo, centrismo y la Cuarta Internacional[1]
Sería absurdo negar la existencia de tendencias sectarias en nuestro seno. Las discusiones y escisiones las han puesto al desnudo. ¿Cómo podría dejar de haber un elemento de sectarismo en un movimiento ideológico irreconciliablemente opuesto a todas las organizaciones dominantes en la clase obrera, sometido a persecuciones monstruosas y sin precedentes en el mundo entero?
Los reformistas y centristas aprovechan cualquier ocasión para poner el dedo en la llaga de nuestro "sectarismo". En general, no se refieren a nuestro flanco débil, sino al más fuerte: nuestra seriedad teórica; nuestro intento por analizar a fondo toda situación política y presentar consignas claras; nuestra hostilidad ha cia las decisiones "fáciles" y "cómodas", que evitan los dolores de cabeza de hoy y preparan las catástrofes del mañana. En labios de un oportunista, la acusación de sectarismo es, en la mayoría de los casos, un cum plido.
Por curioso que parezca, los que nos acusan de sectarios no son sólo los reformistas y centristas, sino también adversarios de "izquierda", los sectarios destacados que bien podrían servir de muestra en un museo. Su descontento con nosotros radica en que somos implacables con ellos, en que tratamos de purgarnos de las enfermedades infantiles del sectarismo y de elevar nos a un nivel superior.
Un pensador superficial podría creer que los términos sectarismo, centrismo, etcétera, son sólo expre siones polémicas que los adversarios emplean por ca recer de epítetos más apropiados. Sin embargo, los conceptos de centrismo y de sectarismo tienen signi ficados precisos en el léxico marxista.
El marxismo descubrió las leyes que gobiernan a la sociedad capitalista y elaboró un programa científico basado en las mismas. ¡Es una conquista colosal! Sin embargo, no basta elaborar un programa correcto. Es necesario que la clase obrera lo acepte. Pero el sectario, por su propia naturaleza, se detiene una vez cumplida la primera mitad de la tarea. En lugar de participar activamente en la ver dadera lucha de las masas obreras, plantea abstrac ciones propagandísticas tomadas de un programa marxista.
Todo partido obrero, toda fracción atraviesa en sus etapas iníciales, un período de propaganda pura, es decir, de educación de sus cuadros. El período de existencia como círculo marxista le inculca inevitable mente el hábito de enfocar los problemas del movimiento obrero en forma abstracta. Quien no es capaz de trascender oportunamente los límites de esta existencia limitada se trasforma en un sectario conserva dor. Para el sectario, la vida social es una gran escuela y él su profesor. Opina que la clase obrera debería dejar de lado las cuestiones de poca importancia y agruparse alrededor de su tribuna profesoral. Así se realizaría la tarea.
Aunque nombre a Marx en cada frase, el sectario es la negación directa del materialismo dialéctico, que siempre toma la experiencia como punto de partida para luego volver a ella. El sectario no comprende la acción y reacción dialéctica entre un programa acabado y la lucha viva -es decir, imperfecta y no acabada- de las masas. El método intelectual del sectario es el del racionalista, el formalista, el iluminista. En cierta etapa del proceso el racionalismo es progresivo, apun tando sus críticas contra las creencias y supersticiones ciegas (¡el siglo XVIII!). Todo gran movimiento emancipador repite la etapa progresiva del racionalismo. Pero el racionalismo (propagandismo abstracto) se vuelve un factor reaccionario cuando se dirige contra la dialéctica. El sectarismo es enemigo de la dialéctica (no en palabras, pero sí en la acción) porque le vuelve la espalda al verdadero proceso que vive la clase obrera.
El sectario vive en un mundo de fórmulas prefabricadas. En general, la vida pasa a su lado sin que se percate de su presencia, pero de tanto en tanto le da un golpecito que lo hace girar ciento ochenta grados sobre su propio eje; luego, sigue su camino... en la dirección contraria. Su discrepancia con la realidad lo obliga constantemente a precisar sus fórmulas. A esto lo llama discusión. Para el marxista, la discusión es un arma importante, pero funcional, de la lucha de clases. Para el sectario, la discusión es un fin en sí mismo. Sin embargo, cuanto más discute, menos comprende las tareas verdaderas. Es como un hombre que sacia su sed con agua salada: cuanto más bebe, más aumenta su sed. De ahí su irritación constante. ¿Quién puso la sal en su vaso? Los "capituladores" del Secretariado Internacional, claro esta.
Para el sectario, todo aquél que trata de explicarle que la participación activa en el movimiento obrero exige el estudio permanente de la situación objetiva en lugar de los consejos altaneros pronunciados desde la tribuna profesoral sectaria, es un enemigo. En lugar de dedicarse a analizar la reali dad, el sectario se dedica a las intrigas, rumores e histeria.
En un sentido, el centrismo se opone por el vértice al sectarismo: aborrece las formulaciones precisas, trata de encontrar caminos hacia la realidad por fuera de la teoría. Pero, a pesar de la famosa fórmula de Stalin, las "antípodas" muchas veces resultan ser... "gemelos".[2] Una fórmula separada de la vida carece de contenido. No se puede aprehender la realidad viva sin teoría. Así vemos que los dos, el sectario y el cen trista, se van con las manos vacías y se unen... en su odio contra el marxista auténtico.
Cuántas veces nos hemos encontrado con un centrista complacido que se autotitula "realista", simple mente porque se lanza a nadar sin ningún bagaje ideológico y se deja llevar por cualquier corriente pa sajera. Es incapaz de comprender que para el nadador revolucionario los principios no son un peso muerto, sino un salvavidas. El sectario, por su parte, generalmente no quiere nadar para evitar que se mojen sus principios. Se sienta en la orilla y pronuncia conferen cias moralizantes ante el torrente de la lucha de clases. Pero, de tanto en tanto, un sectario desesperado se arroja de cabeza al agua, se aferra al centrista, y ambos se ahogan. Así fue; así será siempre.
En esta época de desintegración y dispersión en contramos en los distintos países más de un círculo que ha adquirido un programa marxista, generalmente tomado de los bolcheviques, y luego ha osificado en mayor o menor medida su bagaje ideológico.
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Nadie puede vaticinar hoy cómo se formará la nueva Internacional, por qué etapas atravesará y cual será su destino final. Pero no es necesario hacerlo: los acontecimientos históricos nos lo mostrarán. Sin embargo, es necesario empezar proclamando un programa adecuado a las tareas de nuestra época. Sobre la base de este programa debemos movilizar a nuestros correli gionarios, los pioneros de la nueva Internacional. No hay otro camino.
El Manifiesto Comunista de Marx y Engels, dirigido contra el socialismo utópico-sectario en todas sus variedades, señala enérgicamente que los comunistas no se oponen a las movilizaciones obreras reales, sino que participan como vanguardia en las mismas. El Manifiesto era a la vez el programa de un partido nuevo, nacional e internacional. Para el sectario, el programa es una receta de salvación. El centrista se gula por la famosa fórmula (en el fondo, carente de significado) de Eduardo Bernstein: "el movimiento es todo; el objetivo final... nada".[7] El marxista toma su programa cientí fico del movimiento en su conjunto, para aplicarlo des pués a cada etapa concreta del movimiento.
Los primeros pasos de la nueva Internacional se ven dificultados, por un lado, por las viejas organizaciones y por los grupúsculos escisionistas, y por otro, se ven facilitados por la colosal experiencia del pasado. El proceso de cristalización, que en las primeras etapas es sumamente difícil y sacrificado, adquirirá un ritmo veloz e impetuoso en el futuro. Los últimos aconteci mientos internacionales poseen una importancia enor me para la formación de la vanguardia revolucionaria. A su manera, Mussolini -hay que reconocérselo- "ayudó" a la causa de la Cuarta Internacional. Los grandes conflictos barren con todo lo indefinido y ar tificial y, por otra parte, fortalecen todo lo que es viable. En una guerra sólo dos tendencias tienen cabida en el movimiento obrero: el socialpatriotismo, capaz de cualquier traición, y el internacionalismo revolu cionario, audaz y dispuesto a continuar hasta el fin. Precisamente por eso los centristas, atemorizados por los acontecimientos que se avecinan, libran una lucha rabiosa contra la Cuarta Internacional. A su manera tienen razón: las únicas organizaciones que sobrevivi rán a las grandes convulsiones y seguirán desarrollándose, serán las que hayan purgado sus filas del sectarismo y las hayan educado sistemáticamente en el espí ritu del desprecio por la vacilación y por la cobardía ideológica.
León Trostky,"Sectarismo, centrismo y la Cuarta internacional", 22 de octubre de 1935
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[1] "Sectarismo, centrismo y la Cuarta internacional": New Militant, 4 de enero de 1936.
[2] La famosa formula de Stalin en el "tercer período" decía que la socialdemocracia y el fascismo no son antípodas (opuestos), sino ge melos.
[3] Trotsky se equivoca respecto de los orígenes de Que faire? (¿Qué hacer?). Se inició en 1934 como un pequeño grupo centrista dentro del PC francés, que publicaba un boletín con ese nombre y abogaba por el frente único con la SFIO. Luego, algunos ex trotskistas como Pierre Rimbert y Kurt Landau se unieron a él. Sus dirigentes principales, como André Ferrat y Georges Kagan fueron expulsados del PC en 1936. Que faire? se convirtió en revista y siguió apareciendo hasta 1939. La mayoría de sus miembros se unieron a la tendencia Bataille Socialiste de la SFIO en 1938, y apoyaron la unidad orgánica.
[4] L'Internationale: periódico de Union Communiste, secta creada en 1933 tras una escisión del PC francés en 1931. La Proletaire d'Avant-Garde era el boletín de un pequeño grupo que rompió con la sección francesa e ingresó ala SFIO en 1934.
[5] B.J. Field: expulsado de la CLI por violar la disciplina partidaria en 1934. Organizó la Liga por un Partido Obrero Revolucionario, que desapareció poco después. Albert Weisbord (n. 1900), expulsado del PC norteamericano en 1929, organizó un pequeño grupo, la Liga de Combate Socialista, que se adhirió a la OII a principios de la década del treinta, aunque su política oscilaba entre las oposiciones de Derecha e izquierda. Rompió con el marxismo y luego fue dirigente de la AFL (la central obrera de Estados Unidos].
[6] Jan Molenaar: ex dirigente del grupo juvenil del OSP, era miembro del Buró Partidario del RSAP y dirigente de su organización juvenil unificada, la RSJV (Liga Juvenil Socialista Revolucionaria). En octubre de 1935 provocó una escisión en la RSJV porque se opuso a que adhiriera a la Carta Abierta por la Cuarta Internacional. La escisión se extendió al RSAP. Molenaar murió en un campo de concentración nazi durante la guerra.
[7] Eduard Bernstein (1850-1932): principal teórico del revisionismo en la socialdemocracia alemana. Sostenía que el marxismo había dejado de ser válido y debía ser "revisado"; el socialismo no sería producto de la lucha de clases y de la revolución, sino de la reforma gradual del capita lismo por vías parlamentarias. Abogaba por la colaboración de clases.