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Filosofía. Número 43. 2010
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En la explicación del cosmos. Algunos autores, como ya se dijo, piensan
que sí.
Desde luego, no podemos olvidar que para Aristóteles el Primer Motor
tiene vida, pues el acto del entendimiento es vida y él es acto.8 No obstante
ello, esto no implica la concesión inmediata de un modelo biologicista
para el cosmos, sino simplemente la afirmación de que ese principio es un
viviente eterno nobilísimo y que su vida es continua y eterna9.
La discusión, como puede verse, no carece de interés para los historiadores
de la filosofía antigua. Si el Primer Motor fuera un alma, dicha
conclusión acercaría la propuesta de Aristóteles a la filosofía de Platón o,
por lo menos, a una cierta interpretación de la posición de este último. Es
bien sabido que el estatuto del dios platónico es controvertido, pero no
son pocos los intentos por articular una lectura no literal de los Diálogos
que arroje una visión unitaria de la teología platónica, sobre todo, en lo
que se refiere al recuento que encontramos en el Timeo y el libro X de las
Leyes10. El estatuto del demiurgo platónico en el Timeo ha sido discutido
ampliamente en la tradición de intérpretes de Platón, pero no cabe duda
que hay buenas razones para identificar a dicho principio con el alma del
mundo que se describe en ese libro y que reaparece en Leyes X11.
De ser cierta la interpretación de Kosman, podríamos acercar notablemente
la postura de Aristóteles a esta interpretación de la filosofía
platónica. Sin embargo, quisiera proponer algunas razones por las cuales
podría cuestionarse la propuesta de Kosman a la luz de ciertos pasajes de
Física VIII que presentaré a continuación.

2. ¿Es el dios de Aristóteles un alma?
La descripción de la naturaleza del Primer Motor que encontramos en
Met. XII y, sobre todo, en Fís. VIII está en función de la explicación de la
eternidad del movimiento. Los atributos con los que es descrito están en
relación directa con dicha exigencia explicativa: “dado que el movimiento
debe existir siempre y no debe interrumpirse, es necesario que exista
algo eterno que mueva en sentido prioritario, sea uno o múltiple; y este

primer motor debe ser inmóvil”12. La idea de que la causa debe ser de
naturaleza distinta al efecto, está detrás de esta descripción, como puede
advertirse.
En Fís. VIII 5 encontramos un primer señalamiento del carácter absolutamente
inmóvil del Primer Motor. Dicho principio mueve sin ser movido,
porque si esto no fuera el caso, sería posible que en algún momento
nada estuviera en movimiento13. Esto es, si el Primer Motor se mueve,
aunque sea de modo accidental –como sucede en el caso del alma de un
viviente–, es posible que el movimiento no sea eterno. La justificación de
este condicional es que “lo accidental no es necesario sino que puede no
ser”14. Si el Primer Motor no está libre de componentes potenciales, no
puede dar razón de la eternidad del cambio.
Esto puede tomarse como un pequeño adelanto de la idea desarrollada
de Met. XII, según la cual la ousía del Primer Motor es enérgeia, pues el
supuesto fundamental del argumento de la Física es que algo que implique
potencia es incapaz de causar el movimiento eternamente15. El alma
la implicaría, en la medida que está unida a un cuerpo, aunque ella misma
no sea un cuerpo.
En la explicación aristotélica del cambio, el movido debe estar necesariamente
en movimiento, y el intermediario debe mover y ser movido. El
motor, por su parte, no necesita de ello16. De ahí una mención positiva a
Anaxágoras en Fís. VIII, que parece apoyar una lectura no inmanentista
acerca del Primer Motor. Dice Aristóteles:
Y dado que observamos el término extremo “de la serie de movimientos”
–que puede ser movido pero no tiene el principio del movimiento– y
observamos aquello que es movido no por otro motor sino por sí mismo, es
razonable –por no decir necesario– que exista también un tercer término
que mueva siendo inmóvil. Esta es la razón por la cual incluso Anaxágoras
se expresa con corrección cuando afirma que el Intelecto es impasible
y sin mezcla, ya que al menos hace que él sea principio del movimiento.
En efecto, únicamente así podría mover, si es inmóvil, y podría gobernar,
si es sin mezcla
La presente referencia a Anaxágoras es interesante en la medida que
hace referencia a dos características del Primer Motor, ser impasible
(apathés) y sin mezcla (amigés), lo cual hace mucho más razonable suponer
que se trata de un principio trascendente y no de un alma en sentido
estricto. En el pasaje recién citado, es claro que Aristóteles toma favorablemente
la manera de expresarse de Anaxágoras, según la cual el intelecto
produce el movimiento, siendo el mismo impasible y sin mezcla, lo
cual le permite mover y gobernar.
En esa misma línea, Fís. VIII 6 presenta un intento por probar que el
Primer Motor debe ser absolutamente inmóvil, es decir, se busca dejar
cancelada la posibilidad de que el Primer Motor experimente, siquiera,
movimiento en sentido accidental. Esto desde luego, para explicar la
eternidad del cambio, como ya se dijo. Para ello, Aristóteles examina dos
posibles candidatos para dar razón de ello. Primero, el conjunto de las
almas, en tanto que principios inmóviles y, segundo, una sola alma, que
presumiblemente podría ser una especie de forma cósmica.
El argumento con el que Aristóteles rechaza la posibilidad de que un
conjunto de las almas sea lo que dé razón de la eternidad del cambio,
aparece en el siguiente pasaje:
Admítase, pues, si se quiere, que en el caso de ciertas cosas es posible
que ellas en un momento sean y en otro no, y que esto suceda sin generación
ni corrupción. En efecto, si algo carente de partes existe en un momento
y en otro no, tal vez sea necesario que todo lo que es de esa índole
exista en un momento pero no en otro sin padecer cambio alguno. Admítase
como posible también que algunos principios inmóviles –que, sin
embargo, son capaces de impartir movimiento– a veces sean y a veces
no.18
A partir de estas suposiciones, Aristóteles intenta probar que es necesaria
la postulación de una causa eterna que sea distinta de estos principios
inmóviles. El conjunto de las almas tiene las siguientes características:
(i) pueden ser en un momento y en otro no, sin generación y corrupción,
(ii) carecen de partes y (iii) producen movimiento. Ahora bien, parece
ser que entidades como las descritas son incapaces de dar razón del
proceso eterno y continuo de generación y corrupción, porque: “es manifiesto
que de las cosas que se mueven a sí mismas hay una causa de que
en un momento sean, pero en otro momento no sean”19. Cada alma, en
particular, explica por qué el viviente se mueve, pero no la sucesión eterna
de ellos.
Las almas no siempre son, de modo que no pueden ser causa de que
haya generación de ciertas cosas y no de otras, ni tampoco pueden ser
causas de que este proceso se dé sin interrupción20. Si el proceso de ser y
no ser es continuo, su causa también lo será, pues debe haber afinidad
entre causa y causado. Estos motores inmóviles, en cambio, no pueden
ser causa de lo eterno y lo continuo ni tomados individualmente, ni tomados
en una serie sucesiva. Las almas en su conjunto no existen simultáneamente,
sino sólo sucesivamente, así que la continuidad del proceso
no se puede explicar a partir de ellas21.
La conclusión a partir de la suposición inicial es la siguiente:
Se pone de manifiesto, entonces, que (i) aunque algunos motores inmóviles
y muchas de las cosas que se mueven a sí mismas perezcan innumerables
veces, y otras sobrevengan “después de ellas”, y aunque (ii)
esto imparte movimiento a esto otro siendo inmóvil, y esto otro a esto
otro, existe, no obstante, algo que en no menor medida las contiene “a
todas ellas”, y que, al estar al margen de cada una de ellas, es la causa de
que algunas cosas sean pero no otras, así como del cambio continuo. Y
ello es “la causa” del movimiento para estos “motores” y estos “motores”,
a su vez, son causas del movimiento de otras cosas.22
Aristóteles está pensando que, dada la afinidad, más no identidad,
que hay entre el explanans y el explanandum, debe haber algo que contenga
(éstin ti hò periékhei) a los motores inmóviles que perecen y que
sea causa de que algunas cosas sean, pero no otras y, lo mismo, del cambio
continuo. Esta causa, según el texto, está al margen de aquello que
explica, de manera que lo que contiene al mundo de esta forma sería la
explicación última de la eterna sucesión de generaciones y corrupciones.
Así concluye el argumento: “entonces, si en realidad el movimiento es
eterno, el Primer Motor –si es uno–, también será eterno”23. A favor de
que, en efecto, es uno sólo el motor, Aristóteles da dos argumentos. EL
A partir de esta “explicación” también resulta evidente la necesidad
de que el Primer Motor sea algo único y eterno, pues se ha mostrado que
es forzoso que el movimiento exista siempre; y si existe siempre, debe ser
continuo ya que lo que es siempre también es continuo, en tanto que lo
sucesivo no lo es. Pero, por cierto que si “el movimiento” es continuo, es
uno. Y el movimiento es uno por ser uno solo el Motor y uno solo el objeto
movido. Ciertamente, si “el motor” moviera una cosa tras otra “y no como
una unidad”, el movimiento total no será continuo sino sucesivo24.
El argumento contenido se puede formular en los siguientes términos:
Si el movimiento es eterno, debe ser continuo (ya que lo que es siempre
también es continuo, en tanto que lo sucesivo no lo es).
Si el movimiento es continuo, es uno.
Si el movimiento es uno, debe ser uno solo el Motor y uno solo el objeto
movido.
Si el movimiento es eterno, debe ser uno solo el Motor y uno solo el objeto
movido (de 1, 2, y 3)
El movimiento es eterno.
El Primer Motor debe ser algo único y eterno (de 4 y 5).
La tesis más controvertida sería la implicación (3). Aristóteles la justifica
en el texto diciendo que si el motor moviera una cosa tras otra, y no
como una unidad, el movimiento total no sería continuo sino sucesivo.
Esto es incompatible con la eternidad del movimiento concebido como
algo continuo, sin embargo, la articulación de los niveles de la realidad es
armónica. Al movimiento sucesivo del mundo sublunar precede un movimiento
continuo y eterno que explica al primero y que, a su vez, es explicado
por algo único y eterno.
Un argumento más a favor de la tesis de que el Primer Motor es uno
solo, sería recurrir a una especie de principio de economía explicativa.
Aristóteles lo expresa de la siguiente forma: “Si los resultados “de nuestra
suposición” son los mismos, hay que admitir siempre preferentemente
cosas finitas (en lo que es por naturaleza lo finito y lo mejor debe estar
presente más que “lo infinito y lo peor”, siempre y cuando sea posible).
Basta con suponer un solo “motor”, el primero entre los “motores” inmóviles,
que, al ser eterno, será principio de movimiento para los demás “mo-
tores”.”25 El principio de economía que está funcionando a la base de este
argumento, tiene fuertes compromisos ontológicos. La razón por la que es
mejor sostener un principio que varios o finitos en vez de infinitos es que
en la naturaleza, de ser posible, debe estar presente lo mejor y lo peor. La
explicación de por qué esto es el caso se encuentra en el hecho de que
Aristóteles piensa la naturaleza en términos teleológicos. La naturaleza
obra por un fin y ese fin es el criterio que permite una explicación orgánica
del orden natural.
En el mismo capítulo 6 del libro VIII pueden encontrarse otras vías de
acceso a la postulación del Primer Motor: “no sólo a partir de estas argumentaciones
podríamos tener la convicción de que hay un Primer Motor
Inmóvil, sino también si volvemos a poner atención en los principios
de los motores”26. El nuevo argumento se encuentra en el siguiente texto:
Por lo tanto, dado que es necesario que el movimiento exista en forma
continua, debe existir un Primer Motor que sea inmóvil, incluso accidentalmente,
si, como dijimos, en las cosas existentes ha de haber un movimiento
incesante e inmortal, y si lo existente va a permanecer idéntico en
sí mismo y en el mismo estado. Porque si el principio es permanente,
también el universo debe ser permanente, por ser continuo respecto del
principio.
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