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La licencia de Millacura


Chile: algo más sobre el joven asesinado por carabineros

Miguel Millacura


Cuando el entonces carabinero Miguel Millacura le disparó al menor Manuel Gutiérrez el pasado 26 de agosto, sabía que no estaba usando su arma como método de defensa ante ningún ataque. Luego, una vez en su comisaría la limpió, repuso las dos balas que había ocupado y cuando se le preguntó negó haber realizado él los disparos. Estaba confiado, seguro. ¿Por qué?

Millacura podría ser un criminal por naturaleza o un simple termocéfalo. Un anticomunista, un rezagado de la dictadura, un delincuente con placa y uniforme. Sin embargo, cualquiera que hubiesen sido sus motivaciones para atentar contra la vida de un menor, lo cierto es que en ese momento él asumía una realidad que lo favorecía: Su accionar estaba legitimado desde el Estado y naturalizado por una parte de la sociedad.

chile

José Huenante


Lo legitimaba el Estado, porque desde la muerte en 1990 de Marcos Ariel Antonioletti en manos de la PDI -y en la que se vieron salpicados Juan Carvajal (luego asesor de Michelle Bachelet) y Belisario Velasco-, hasta la de José Huenante, quien en 2005 se convirtió en el primer detenido desaparecido en democracia, ninguno de los gobiernos de la Concertación, ninguno, nunca combatió la herencia dictatorial de eliminar impunemente gente en nombre del orden social.

Maquiavélicamente el gobierno de Piñera blindó a Hinzpeter, dando de baja a uniformados y quitándole el piso al General que públicamente se había pasado por buena parte la posibilidad de investigar el crimen. No basta por supuesto aquello para hacer justicia a Manuel Gutiérrez, pues su muerte debiera terminar con al menos la renuncia del ministro del Interior. Pero en 20 años de Concertación, principalmente esa institución e Investigaciones, además de las Fuerzas Armadas, terminaron con la vida de más de 60 personas, siendo el caso de Matías Catrileo, cuyo asesino fue condenado apenas a tres años de cárcel remitida y trasladado a cumplir funciones a Aysén, el más sintomático del desprecio de estos gobiernos por la justicia.

Es decir, independiente de la motivación coyuntural que pasó por su cabeza, Miguel Millacura disparó consciente de aquella legitimación y no esperaba las represalias que se le vinieron encima por sumar un muerto más a la lista.

Pero esa legitimación se sostiene además en el desprecio a la vida –a determinadas vidas para ser exactos- de una parte de la sociedad, amiga del autoritarismo y de una violencia estatal que ha construido la historia de Chile sobre muertos. Millacura disparó contra aquellas personas que el Estado, los medios de comunicación y demasiados todavía en Chile criminalizan, hasta el punto de depositar en manos de Carabineros la licencia para silenciarlos. En días de manifestaciones la TV muestra como algo habitual la violencia policial en contra de hombres y mujeres, jóvenes y viejos. No hay cuestionamiento, no existe sorpresa. El pasado 24 de agosto, primer día de paro nacional, en una imagen que recorrió los noticiarios un enfurecido hombre desde la calle arengaba al chofer de un bus del Transantiago gritándole “¡atropella a estos hueones!”, refiriéndose a un grupo de personas que le impedían el paso. Ese mismo día, la violencia se horizontalizó como nunca y un gran número de manifestantes terminaron golpeando, expulsando y gritándoles “flaites” a los encapuchados por… violentos.

O para cambiar el foco: en las llamadas “detenciones ciudadanas”, por ejemplo, son más las personas que aprovechan de golpear al sujeto ya reducido que aquellas que intentan detener este abuso. Es el ADN histórico de nuestra chilenidad autoritaria legitimando la violencia en contra del otro distinto –el mapuche, el cholo, el roto, el huacho, el rasca, el upeliento, el flaite, el maricón, el sopaipilla-, pero también contra el que ha sido criminalizado por protestar.

piñera

Manuel Gutiérrez


Pero esta vez algo pasó. Manuel Gutiérrez no era un encapuchado ni un marginado ni un mapuche ni un flaite. De hecho consiguió conmover el “alma profunda de Chile”: era evangélico y estaba junto a su hermano en silla de ruedas cuando fue asesinado. Millacura sabía que disparaba en un país como Chile, el tema es que simplemente erró el blanco.

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