VNS A KSA?
Alguien dijo que los Martinis son como las tetas, nunca menos de dos, nunca más de dos. Esa persona sabía que el tres era el número al que no había que llegar. Qué cruzando esa frontera uno podía terminar lanzando llamados extraños a destinatarios indebidos. En cuanto ese límite se atraviesa, lo aconsejable es apagar el teléfono, bloquearlo, dárselo a un amigo, tirarlo debajo de un colectivo. Sino te puede pasar lo que le pasa a Wally, que siempre termina haciendo lo mismo: borracho, de madrugada, envía mensajes vacíos, sin texto. Anzuelos sin carnada en busca alguna pecesita hambrienta. “Eso sí, como suelo tirar no menos de cinco mensajes al mismo tiempo, el problema es cuando responde más de una”, dice. “Una vez, borracho, le dije a dos que se vengan a casa. Estaba en la cama con la primera cuando empezó a sonar el timbre: la otra había llegado, eran las 4 de la mañana. No sabía qué hacer, le dije a la chica que estaba conmigo que esto pasaba siempre, que era un vecino que siempre se quejaba de los ruidos”, recuerda, sin aclarar por qué no se animó a proponer un trío.
Natalia, una noche, en un bar con mucha cerveza y pocas expectativas de sexo citó a su ex en la puerta de un telo. “Estábamos los dos tan borrachos que la cosa duró cinco minutos y el se quedó dormido, así que me levanté y me fui. Desde la calle, le mandé un mensajito diciéndole chau. Nunca nos volvimos a ver”, recuerda, pícara y risueña.
“Para mí es parte de la adrenalina de la noche y de irse de joda, de descontrolarse”, dice Andrés quien recuerda terminar parado a las 3 de la mañana en el palier del edificio de una mina que hacía cuatro años que no veía, mandándole mensajes de texto y dando lástima
QRO KGRT
Cintia cuenta que una noche, a las 2 de la mañana y borracha en un bar, le envió un mensaje a un amante al que no veía hacía dos años con el texto ‘Llegué bien! Besos’. Esta estrategia es típica: el mensaje equivocado para despertar al amante dormido. Una táctica tan estúpida como, a veces, eficaz. Diego cuenta que una noche, después de una cena familiar aburridísima en la que se bajo una botella de vino entera, y sin ganas de dormir solo, empezó a mandar el mismo mensaje a su ex, a una amiga del trabajo, a la compañera de natación del club y hasta a una prima lejana que se había cruzado en el velatorio de la abuela. Todos decían lo mismo: ‘Dale!’, como si estuviera respondiendo a un mensaje que en realidad nunca había existido. A las dos horas, ya en su casa y sin ninguna respuesta, envió el mismo mensaje pero potenciado: ‘Dale que te gusta!’. Al final terminó en el piso, dormido con el teléfono en la mano. Pero cuando se despertó había una respuesta de su prima: ‘me encanta, yo también siempre te lo quise decir’, decía el mensajito. “Una semana después nos encontramos en el cumpleaños de nuestra tía”, recuerda Diego.
Pero no solo el deseo es motor de un mensaje. Rencores y venganzas también afloran con el correr de las horas y las copas. Mónica cuenta que recién un sábado a las 7 de la mañana y después de unos cuantos gin-tonics se cobró venganza de su ex. ‘En este tiempo me di cuenta de algo: no la tenías tan grande’, escribió. Sutil pase de facturas, humillación íntima. Imaginemos por un momento la cara del destinatario recibiendo ese mensaje mientras desayuna.
Otra herramienta peligrosa para borrachos en celo es Facebook. “El otro día estaba bastante borracho, mi novia se fue a dormir y me quedé boludeando en Facebook. Mina que veía con una linda foto, mina a la que le escribía. Pero no me di cuenta que les dejaba mensajes en el muro y comentaba sus fotos. A la mañana me levante y mi chica había visto todo lo que yo había escrito”. Este testimonio es real y le ha ocurrido a más de uno desde que FB se convirtió en una suerte obligación en ciertas esferas sociales. Este infierno publico y voyeur que es Facebook abre más y más puertas para hundirse en noches de copas. Tan frecuente es sincerarse trago de por medio, que FB tiene un grupo llamado “Mando mensajes de texto que no debería cuando me emborracho”, que cuenta con más de 4300 miembros, en tanto que “Prohibido mandar mensajes borracho” suma cerca de 500. En los foros de debate, los cultores del Drink&Send aseguran que el mensaje de texto más común que se envía desde la ebriedad es “¿Donde estás?”. Sin embargo, casi todos admiten que los mensajes que mandan son tan subidos de tono que no se animan a confesarlos en la red. Y un dato que puede resultar curioso: la mayoría de los miembros del grupo son mujeres.
Por Martín Auzmendi