Reflexiones sobre Fukushima
Dr. Raúl Mainardi
FaMAF
Universidad Nacional de Córdoba
IFEG, CONICET-UNC
El viernes 11 de marzo todavía estaba en cama cuando mi esposa me avisó acerca del terremoto y tsunami en Japón. Inmediatamente prendí el televisor y lo primero que observé en la pantalla fue un incendio de grandes proporciones y abajo un sobreimpreso que daba como noticia “alerta en una central nuclear”. Dentro de mi incredulidad y con mi esposa que decía “mirá como se incendia la central nuclear” yo sólo atiné a pensar “lo que se está incendiando no es una central nuclear”. He visto muchas y ninguna tiene tanques esféricos y no puede producir una combustión de esa manera. Fue un par de horas después que un canal de televisión, no recuerdo cual pues los recorría a todos para encontrar más información, aclaró que el incendio que se mostraba en la pantalla era de una refinería de petróleo cerca de Tokio. En el interin me llamó por teléfono una profesora de la universidad que tiene uno de sus hijos, casado y con dos hijos, trabajando en Tokio y ella había asociado, sin dudarlo, que el incendio era de una Central Nuclear. Traté de calmarla porque las noticias que llegaban solo mencionaban los esfuerzos por refrigerar el núcleo de uno de los seis reactores de la planta de Fukushima, o sea no se estaba incendiando. Finalmente dicha profesora logró que su hijo se fuera de Tokio ya que se especulaba con que una nube radiactiva llegaría a esa ciudad y en efecto la televisión mostraba sus calles vacías.
En Córdoba tenemos una central nuclear a 130Km al sur de la capital y los ambientalistas que encuentran placer (y diversión?) en sembrar el pánico en la población rápidamente informaron que la Central de Embalse no estaba diseñada para resistir un ataque terrorista como el 11-S (ninguna central nuclear en el mundo lo está) y menos un terremoto como el de Japón. Durante más de una semana tuve que atender, aquí en Córdoba, numerosas entrevistas de la radio y la televisión (gentileza del Decano de la Facultad que les daba mi número de teléfono) y hasta de una radio de Villa General Belgrano, localidad cercana a la Central de Embalse. Lo primero que me dijo la locutora de esta radio, después de saludarme con voz temblorosa, era que acaban de entrevistar a un biólogo ambientalista que les había anunciado que un temblor (no ya un terremoto) podría destruir dicha central. Seguro que un terremoto puede destruir la Central Nuclear le dije, pero tendría que ser de grado 7 o mayor, pero los geólogos que estudiaron la falla de las sierras, debajo del valle de Punilla y su continuación el valle de Calamuchita, consideran altamente improbable que ocurra un terremoto de esa magnitud ya que los registros geológicos no presentan evidencia que nunca haya habido uno tan intenso. Para tranquilizarla le dije que antes que se destruyera la Central Nuclear con un terremoto de grado 7, se destruirían los diques San Roque, Los Molinos y Embalse de Río Tercero que no fueron construidos bajo normas antisísmicas, así como todos los poblados asentados en dicha falla, incluyendo a Villa Gral Belgrano.
Otra confusión en las noticias, que por su persistencia me parece que fue adrede, se refiere al término “fusión del núcleo”. El término en ingles es “meltdown”. Es inconcebible que lo hayan traducido como fusión, cuando lo que ocurre es que el núcleo se funde. Varias personas, incluyendo algunos físicos, me preguntaron si ocurría un proceso de fusión nuclear, en el verdadero sentido del término, o si podía el núcleo explotar como una bomba nuclear y más aún a cuántos megatones sería equivalente. Creo que esta inquietud fue disparada por los mordaces comentarios de un comentarista de CNN en español, quien dijo, en tono tajante, que habría que cerrar todas las centrales nucleares del mundo.
Hubo y sigue habiendo desinformación sobre el tema, que a un mes del terremoto se están disipando paulatinamente. Ya no encuentro en los centros de información a los que la población generalmente accede, anuncios de que Japón analiza cerrar todas sus plantas nucleares, o que China, que planea construir 60 centrales en veinte años, haya dado marcha atrás en ese ambicioso plan. En ese desorden informativo me llevé varias sorpresas, una de ellas en una entrevista televisiva en la que el señor Juan Carlos Villalonga (Director Político de Greenpeace Argentina) abogó por el cierre de todas las centrales nucleares en el mundo y su reemplazo por centrales térmicas. Se que existe una corriente de opinión que insiste en que el calentamiento global no es debido al efecto invernadero producido por las emisiones de gases de combustión y otros gases, sino a un ciclo natural en la tierra. Visité las páginas web de Greenpeace en Argentina y la internacional y no pude encontrar ninguna expresión en contra de la tesis de que el efecto invernadero es producido por los gases de combustión de combustibles fósiles y otros, como el metano. Proponer el reemplazo de las centrales nucleares por usinas térmicas dice claramente “el efecto invernadero no es producido por gases de combustión”.
No creo que China ni Japón, país este que ha comprado recientemente uranio para hacer funcionar sus usinas durante 200 años, den un solo paso atrás en sus planes nucleares. Francia se ha quedado sugestivamente silenciosa y la venta de cinco grandes centrales a Italia no se ha cancelado a un mes del terremoto.
¿Qué lecciones nos dejará el terremoto de Japón?. ¿No construir más centrales?. ¿Construirlas lejos de las costas?. ¿Hacerlas en terrenos geológicamente estables?. Considero que es demasiado pronto para dar una opinión definitiva. De algo estoy seguro, no hay marcha atrás posible. Hace un tiempo leí un paper, del cual he perdido el rastro, que hablaba del valor económico de las cenizas nucleares. Un ejemplo que recuerdo. El 16% de la fisión del 235U es 99Tc. Si se lo separa y se lo irradia en un reactor comercial se transmuta a Rutenio (tiene cuatro isótopos estables). El Rutenio se comporta químicamente como el Platino, que por su uso en los catalizadores de los caños de escape de los automóviles, ya empieza a escasear. La producción de Rutenio solamente pagaría por todo el reprocesamiento del combustible nuclear agotado.
Three miles Island y Chernobil dejaron profundas enseñanzas. No me cabe duda que Fukushima también lo hará. Lamentablemente en estas semanas lo que más me ha impactado ha sido la mala o tendenciosa información que muchos medios de comunicación y entidades ambientalistas han difundido, porque ha afectado a muchísima más gente en el mundo entero. Es interesante observar, en contraposición, el comportamiento de las autoridades Japonesas, tratando en todo momento de llevar tranquilidad a la población.
Los físicos tenemos un deber ante la sociedad que no podemos soslayar. Debemos emitir una opinión en una dirección que esté sólidamente justificada y para ello debemos estar bien informados. Si permitimos que algunos medios de comunicación y ciertas ONG ambientalistas digan lo que se les antoja no estamos cumpliendo con esa obligación. Recomiendo visitar la página de http://www.hiroshimasyndrome.com/, que auspicia la ONG “Environmentalists For Nuclear Energy (EFN-USA)”, uno de cuyos miembros es Patrick Moore (co-founder of Greenpeace).
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La crisis nuclear en Japón: análisis y reflexiones
Dra. Judith Desimoni
Dra. Marcela Taylor
Dr. Leo Errico
Lic. María Luciana Montes
Grupo de Investigación y Servicios de Radioactividad en Medio Ambiente
Departamento de Física
Facultad de Ciencias Exactas
Universidad Nacional de La Plata
IFLP-CONICET-UNLP
El 65% de la electricidad generada en Japón proviene de petróleo, carbón y gas natural, recursos que son importados en un 80%. Esto ha llevado a Japón a apostar por la energía nuclear, que junto a la hidroeléctrica, aportan el 35% restante de la energía (desde
1973 la energía nuclear de importancia estratégica a nivel nacional). En la actualidad Japón cuenta con 54 centrales nucleares instaladas, 10 de las cuales son las de Fukushima Daiichi (6) y Fukushima Daini (4), gerenciadas por la empresa TEPCO (Tokio Electric Power Company). De ellas, siete estaban en operación y tres en parada normal de mantenimiento el 11 de marzo de 2011, fecha en la que ocurrieron el terremoto de 9 grados en la escala de Richter y el tsunami. Luego del terremoto, los sistemas de seguridad de las centrales actuaron eficientemente apagando los reactores y comenzando los procesos de refrigeración.
Sin embargo, el tsunami que siguió al terremoto afectó la alimentación eléctrica normal y de emergencia, lo que impidió el normal funcionamiento de los sistemas de enfriamiento, llevando a los reactores y a las piletas de almacenamiento de combustible gastado a una situación crítica. De acuerdo a la información suministrada por las agencias oficiales de control de Japón y la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) desde el primer momento se han puesto en marcha los protocolos de seguridad para salvaguardar el medio ambiente y la población. A pesar de los esfuerzos realizados por los técnicos, la situación aún es compleja.
Inicialmente el accidente fue clasificado como 4 en la escala INES (escala que cataloga los accidentes e incidentes nucleares y radiológicos de acuerdo al impacto en las personas y el medio ambiente, a las barreras y controles radiológicos y a la defensa en profundidad). El 18 de marzo, luego de evaluar nuevamente la situación a la luz de la
evidencia de la severidad del accidente, se modifico la valoración de la situación, siendo la clasificación actual:
FUKUSHIMA-DAIICHI-1: INES 5
FUKUSHIMA-DAIICHI-2: INES 5
FUKUSHIMA-DAIICHI-3: INES 5
FUKUSHIMA-DAIICHI-4: INES 3
FUKUSHIMA-DAINI-1: INES 3
FUKUSHIMA-DAINI-2: INES 3
FUKUSHIMA-DAINI-4: INES 3
INES 3 corresponde a un incidente grave con impacto en las personas y el medio ambiente, involucrando exposición diez veces superior al límite anual establecido para los trabajadores, con efecto no letal de la radiación en la salud, siendo las tasas de exposición superiores a 1 Sv/h en una zona de operación y presentando contaminación grave en una zona no prevista en el diseño, con escasa probabilidad de exposición importante del público. En esta categoría se encuentran un cuasi accidente en una central nucleoeléctrica sin disposiciones de seguridad pendientes de aplicación, la pérdida, robo o la entrega equivocada de fuentes selladas de actividad alta. INES 5 es un accidente con consecuencias amplias, con liberación limitada de materiales radiactivos, que probablemente requiera la aplicación de algunas contramedidas, daños graves en el núcleo del reactor, liberación de grandes cantidades de materiales radiactivos dentro de una instalación, con alta probabilidad de exposición del público; provocada posiblemente por un incendio o un accidente de criticidad grave. La alta probabilidad de exposición no implica niveles altos de exposición del público.
Este cambio de calificación no significa que la situación en relación a la seguridad radiológica y nuclear haya empeorado, sólo se ha realizado una evaluación más acorde a la opinión de los especialistas que efectúan el seguimiento de la evolución de la situación. Es importante destacar que el nuevo nivel INES asignado por la Autoridad Japonesa no implica la necesidad de implementar ninguna medida de protección adicional.
Desde el 20 de marzo, equipos de monitoreo de la IAEA y japoneses han realizado medidas de radioactividad en agua de consumo humano, agua de mar, aire, suelo y varios alimentos, encontrando niveles de contaminación radioactiva variables, en algunos casos por encima de los valores permitidos en Japón y superiores a los valores de base anteriormente determinados. Esta contaminación está originada en la lluvia radioactiva de los vapores enviados a la atmósfera y en la migración del agua descargada para enfriar los reactores y las piletas de almacenamiento. Una vez detectada la contaminación de agua potable y alimentos, se han tomado medidas de restricción de consumo y comercialización de los mismos. Según la página Web de la IAEA, a la fecha (31 de marzo) han sido levantadas las restricciones para consumo de agua para adultos e infantes.
Si bien se ha comenzado a obtener datos en forma sistemática, aún es prematuro hacer una evaluación sobre las consecuencias sobre el medio ambiente y la población. Es evidente que para determinar el impacto, se deberá realizar un estudio completo de las matrices ambientales y alimentos que no sólo contemple la contaminación radiológica, sino también la presencia de otros contaminantes que han sido vertidos producto de incendios y derrames ocasionados por el terremoto y el tsunami.
Queremos destacar que, dado que los movimientos atmosféricos del hemisferio norte son prácticamente independientes de los del hemisferio sur, nuestro país no se verá afectado en forma directa por la contaminación que si afectaría al hemisferio norte. Sin embargo es imprescindible implementar medidas de control de los alimentos importados tanto de Japón como de países comercialmente activos con Japón a fin de evitar el ingreso al país de productos contaminados, tal como ocurrió con leches importadas de la zona afectada por el accidente de Chernobil. En relación a los límites de contenidos de radionucleídos naturales (presentes en la atmosfera y corteza terrestre desde la formación de la Tierra) y antropogénicos (vinculados con el inicio de la era nuclear), sería deseable que nuestro país formule leyes adecuadas en lo referente a contenidos límites de radioactividad en alimentos y en las matrices ambientales acordes a la situación local y diferenciando según el origen de los radionucleídos. En este marco se deberían realizar esfuerzos para el desarrollo de programas que establezcan líneas de base regionales que favorezcan la detección de alteraciones de las matrices ambientales en el caso de emergencias radiológicas y que contribuyan al establecimiento de los límites legales.
Otro punto importante es la necesidad de contar con recursos humanos altamente capacitados, entrenados para intervenir en estos casos de emergencia, tanto en las cuestiones técnicas inherentes a las plantas nucleares como en el monitoreo ambiental. Si bien la Argentina cuenta con profesionales altamente capacitados en la materia, situaciones complejas como la planteada en Japón ponen de manifiesto la necesidad de disponer de un gran número de profesionales entrenados en el monitoreo ambiental y de alimentos.
Un punto a parte merece la comunicación a la población de temas relacionados con la radioactividad y la energía nuclear. Desde el inicio de la crisis en Japón, la información brindada por los medios de comunicación fue parcial, ha veces contradictoria y en algunos casos equivocada. En nuestra opinión, esta situación mostró la importancia del rol de los científicos a la hora de brindar información entendible y confiable a una población ávida de información certera, de aquí que consideramos que sería deseable que se alfabetice a la población en estos temas mediante programas que sirvan de puente entre los científicos y la población, para disminuir los miedos y evitar el pánico generalizado, tal como ocurrió en este caso.
Finalmente, este lamentable hecho pone de manifiesto la necesidad de aunar esfuerzos económicos y científicos para garantizar mecanismos de acción rápidos y eficientes en caso de emergencias radiológicas tales como monitoreos on-line de matrices ambientales y una red de laboratorios dedicados a la determinación de líneas de base. También se debería acelerar el desarrollo de energías alternativas.
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Reflexiones sobre el accidente nuclear en Japón
Por José Rolando Granada
Centro Atómico Bariloche
Comisión Nacional de Energía Atómica
Los recientes y dramáticos sucesos en el Japón, más allá de la solidaridad y compasión despertadas en todos los pueblos del mundo, también llenaron de angustia a la humanidad por el temor causado por la crisis nuclear generada por esos extraordinarios fenómenos naturales. La falta de información sobre la tecnología de las instalaciones nucleares por una parte, y la visión apocalíptica de
gran parte de los medios de comunicación y de ciertos funcionarios y organismos internacionales sobre las características e implicancias de los hechos, crearon la sensación de estar frente a una catástrofe nuclear global.
En estas líneas deseo expresar las reflexiones que me motivaran estos sucesos, sin realizar una detallada descripción técnica de los aspectos involucrados ni de la cronología de los hechos durante estas dos semanas, solamente lo indispensable para retener los aspectos relevantes de este accidente y sus efectos sobre la población afectada. Motiva esta decisión la expectativa de aportar algunos elementos objetivos para el análisis, en la convicción que el
conocimiento adquirido en mi trayectoria profesional basada en la educación pública recibida y los aportes de la sociedad para alcanzarlos, me impone la obligación de responder a las inquietudes y preocupaciones de la gente, buscando recuperar el equilibrio para debatir seriamente los desafíos futuros, y que indefectiblemente involucran a la tecnología nuclear.
EL TERREMOTO Y SUS CONSECUENCIAS INMEDIATAS
A las 14:46 hs del 11 de Marzo pasado, un sismo de grado 9 se produjo a unos 130 km al este de la costa noreste (Tohoku) de Japón, con hipocentro a aproximadamente 32 km de profundidad, el cual por su magnitud es el cuarto mayor de los registrados instrumentalmente en nuestro planeta. Este terremoto originó un poderoso tsunami, que golpeó poco después las costas de la Prefectura de Fukushima y otras aledañas, con olas que superaron los 10 m de altura y que penetraron profundamente (hasta 10 km) en tierra firme.
Los daños causados por el terremoto, y aún en mayor medida por el tsunami han sido considerados como los más catastróficos sufridos por el país desde la Segunda Guerra Mundial, arrasando villas y poblados costeros, todo tipo de infraestructura, y sobre todo, causando un elevadísimo número de víctimas entre personas muertas y desaparecidas, las que hoy suman más de 27.000.
La envergadura del terremoto, causó un corrimiento hacia el este de la región de Tohoku de aproximadamente 2.4 m, y los movimientos asociados de enormes masas provocaron un desplazamiento del eje de rotación de la Tierra de más de 20 cm.
Al momento de ocurrencia del gran sismo, once reactores nucleares de producción eléctrica estaban operativos en la región (de un total de 54 reactores en todo Japón), los cuales se apagaron automáticamente por acción de los mecanismos de seguridad que detienen el proceso de fisiones nucleares, sin sufrir daños en sus estructuras ni sistemas. De cualquier manera, subsiste inmediatamente una potencia residual de alrededor del 7 % de la potencia antes del apagado en el núcleo de elementos combustibles, originada en el decaimiento radiactivo de los productos de fisión, la cual debe ser removida por enfriamiento para conducir al reactor al estado seguro de parada fría. Por su mismo origen, la potencia residual se reduce en el tiempo, siendo sólo de alrededor del 0.2 % de la potencia térmica del reactor un día después de su detención. Con disponibilidad de energía eléctrica de red o de generadores de emergencia, ocho de los once reactores pudieron activar las bombas de su sistema de enfriamiento, evolucionando en forma prácticamente normal hacia el estado de parada fría. Los otros tres reactores, 1, 2, y 3 de la central Fukushima Dai-ichi, perdieron todo tipo de disponibilidad de energía, por caída de la red debido al sismo inicialmente, y luego de una hora aproximadamente de operación de sus generadores de emergencia, por la detención de los mismos al ser afectados por el tsunami.
Como todos los reactores nucleares, los de la central Fukushima Dai-ichi poseen barreras física sucesivas para evitar la liberación de los productos de fisión en caso de falla: el propio combustible contiene al Uranio en una matriz cerámica con alta capacidad de retención de los productos radiactivos, el combustible está encapsulado herméticamente en vainas de una aleación especial de Zirconio, todo el conjunto de elementos combustibles (núcleo) está contenido en un recipiente de presión de acero de alta resistencia, y finalmente una estructura de contención especial que rodea al recipiente de presión. Cada una de estas barreras está diseñada para retener o minimizar el escape de productos radiactivos al ambiente, en caso de falla de la anterior, las que, conjuntamente con los sistemas básicos de seguridad asociados a la detención del reactor, la refrigeración del núcleo y la contención de los materiales radiactivos, conforman los niveles de protección que caracterizan al Principio de Defensa en Profundidad impuesto para el diseño y operación de las usinas nucleares. A los niveles de protección internos se les agregan los protocolos de planificación y ejecución de medidas de prevención y evacuación de la población para reducir las consecuencias de un eventual accidente.
La sucesión de eventos desarrollados en los reactores Fukushima Dai-ichi 1, 2, y 3, están detalladamente descriptos en la página WEB de la Autoridad Regulatoria Nuclear (http://www.arn.gov.ar/novedades/situacion_japon/index.htm) de nuestro país, y del Organismo Internacional de Energía Atómica (http://www.iaea.org/newscenter/news/tsunamiupdate01.html), donde se indican día a día el estado de situación y novedades acontecidas en cada uno de dichos reactores.
LOS EFECTOS DEL ACCIDENTE
Inmediatamente de conocida la afectación de la central nuclear de Fukushima Dai-ichi causada por el tsunami, se ejecutaron las acciones de evacuación de la población cercana, de acuerdo a los protocolos establecidos según la gravedad del problema. El procedimiento de evacuación se realizó pues de manera secuencial, inicialmente dentro de 3 km, luego 10 km, y finalmente hasta los 20 km, a medida que se complicaba la situación en los reactores y que hacían previsible una eventual liberación de sustancias radiactivas. Esta situación se ha mantenido hasta la fecha, con la recomendación adicional que quienes se encuentren viviendo a menos de 30 km de la central eviten salir de sus casas.
La indisponibilidad de la capacidad plena de refrigeración de los reactores Fukushima Dai-ichi 1, 2, y 3, ocasionó una serie de hechos concatenados, que esencialmente causaron el descubrimiento parcial de agua en los núcleos, oxidación de las vainas de Zircalloy con liberación de hidrógeno y suba de la temperatura de los mismos, hasta la rotura de un cierto número de elementos combustibles. Un fenómeno similar ocurrió en la pileta donde se almacenan los combustibles gastados del reactor 4, posiblemente a causa de pérdida de agua por alguna fisura en dicha pileta. El incremento de presión del vapor de agua en los recipientes de presión de los reactores, la necesidad de venteo para su disminución, las explosiones al recombinarse el hidrógeno y el oxígeno, y la liberación de pequeñas cantidades de material radiactivo a la atmósfera, fueron los hechos más significativos, y cuyo acotamiento y mitigación demandaron una tarea extraordinaria por parte del personal de seguridad y operación de los reactores. Estas tareas han involucrado esencialmente la cobertura con agua de los núcleos, y la reducción de la temperatura y presión en los reactores, utilizando medios terrestres y aéreos para enfriarlos, en un escenario técnicamente complejo y un ambiente con niveles de radiactividad variable en la central.
Quince días después de acontecidos los extraordinarios fenómenos naturales que indujeron el accidente nuclear, la situación en los reactores de Fukushima Dai-ichi parece acercarse paulatinamente a la estabilización de los mismos, con los signos evidentes de la severidad de los daños sufridos por los hechos antes mencionados. Ellos involucran daños en la integridad de un número no determinado de elementos combustibles, temperaturas y presiones aún altas en los recipientes de presión, posibles daños en algunas de las estructuras de contención, daños visibles en los edificios de los reactores 1, 3 y 4, y falta de energía eléctrica en muchos instrumentos y máquinas.
El impacto radiológico
El monitoreo de la radiación en la central Fukushima Dai-ichi confirma que las dosis por unidad de tiempo continúan disminuyendo. Se continúa midiendo la deposición radiactiva en las 47 prefecturas de Japón, indicando la subsistencia de valores de Iodo131 y Cesio137 superiores a los normales en siete de aquéllas, pero que no representan riesgo para la salud por inhalación, y en disminución.
El ambiente marino se sigue monitoreando, tanto en agua como en aire, en cercanías del punto de descarga de la planta y a 30 km mar adentro. Los valores medidos se corresponden más a radionucleídos arrastrados por las lluvias que por corrientes oceánicas, aunque están todavía por encima de los valores normales. En todo caso, se sigue especialmente la dilución del Cesio 137 por tener una vida media más larga (30 años) que la del Iodo131 (8 días).
Se conocen también las mediciones referidas a concentración de radionucleídos en leche, vegetales y agua potable. Hasta ahora se encontraron cinco muestras de leche con concentraciones de Iodo131 superiores a los niveles recomendados por las autoridades del Japón, y también en algunos vegetales, por lo cual y preventivamente está prohibida la venta de esos productos provenientes de las prefecturas afectadas.
Respecto al agua para consumo humano, se habían encontrado valores de Iodo131 en 13 prefecturas de las 47, mientras que se detectó Cesio137 en 6 de ellas. Aunque los valores eran bajos, se prohibió temporariamente el uso del agua de red para infantes, aunque no para personas mayores. De cualquier manera, los resultados últimos indican que los niveles están ya por debajo de los límites incluso para el uso de bebés e infantes, habiéndose consecuentemente levantado las restricciones.
Mediciones de hoy (25 de Marzo) realizadas por un equipo del Organismo Internacional de Energía Atómica en puntos localizados entre 34 y 62 km de la central de Fukushima Dai-ichi, muestran valores variables (entre 1 y 8 micro Sievert por hora) pero por debajo o levemente superiores a los valores del fondo de radiación normal, en todo caso sin peligro para la salud y el ambiente.
Es aún prematuro cuantificar los daños materiales producidos en la central, y los efectos sobre la población. A pesar de ello, las mediciones realizadas a la fecha indican que las medidas preventivas adoptadas (evacuación hasta 20 km) y la cantidad y tipo de materiales radiactivos liberados conducen a valores bajos de las dosis recibida por la población que no implican riesgo para la salud. La evolución presente del estado de los reactores no sustenta una expectativa de liberación importante de radionucleídos, que, juntamente con la disminución de la potencia residual y el descenso de la temperatura de los elementos combustibles, alientan a imaginar un escenario de retorno paulatino a una nueva “normalidad”, particularmente en las áreas cercanas a la central. Subsisten aún problemas serios a ser resueltos, por lo cual se espera que la mejora en la situación global sea lenta.
CONSIDERACIONES FINALES
No deja de asombrar a nuestra perspectiva humana la magnitud de las
energías liberadas por la Naturaleza en fenómenos de esta intensidad, donde la capacidad de resistencia de nuestras obras es largamente superada.
El accidente nuclear y sus consecuencias antes descriptas, ocasionados por el terremoto y el posterior tsunami del 11 de Marzo, deben analizarse en el contexto de las hasta ahora 28000 víctimas y daños materiales difíciles de valorizar, los cuales incluyen por cierto la destrucción de refinerías, usinas térmicas, diques, caminos y edificios. Los antiguos reactores resistieron bien las tremendas aceleraciones del sismo, pero sus instalaciones de emergencia fueron afectadas por el tsunami, y fueron esos los eventos iniciantes de lo que ocurrió posteriormente.
Se ha acusado con soberbia a los japoneses de atreverse a emplear reactores nucleares en un país con tanta actividad sísmica, “sin saber los riesgos de la radiactividad” que ellos pueden liberar. Justamente al único país del planeta que recibió dos bombas atómicas, y que aún así ha considerado que es apropiado cubrir el 30 % de sus requerimientos eléctricos con generación nuclear. Ese país en cuyo territorio otros hombres depositaron los niveles más brutales de radiación, y que hoy ostenta en sus ciudadanos la expectativa de vida más larga del planeta.
No deja de sorprender el comportamiento de gran parte de los medios periodísticos occidentales, muy especialmente los europeos, por la casi irresponsabilidad con la que abordaron las noticias provenientes de la central accidentada. Las palabras CATÁSTROFE, DESASTRE, APOCALIPSIS NUCLEAR fueron empleadas profusamente como descripción de la situación vivida, no ya en las prefecturas afectadas, no solamente en Japón, sino en todo un planeta que debería estar aterrorizado por los hechos. No se murió nadie hasta ahora por efectos del accidente nuclear de Fukushima, y solamente 17 empleados de la empresa que opera la central recibieron dosis de radiación que no superan el valor permitido bajo condiciones de emergencia.
Por cierto, observando los acontecimientos y los riesgos asociados al accidente nuclear, es apropiado revisar una vez más los sistemas y procedimientos de seguridad en diseño y operación de centrales nucleares en todo el mundo. Será una decisión sabia y prudente. También sería sabio y prudente tomar medidas similares en tantas otras industrias y actividades humanas, con cuyos riesgos estamos simplemente acostumbrados.
La generación eléctrica de origen nuclear debe seguir formando parte de la matriz energética mundial, donde con la hidroelectricidad conforman las únicas formas de generación masivas que no contribuyen al calentamiento global. Es de esperar que las evaluaciones serenas nos permitan sopesar adecuadamente las
características de nuestras actividades en términos de sus riesgos y beneficios, para que las decisiones sean conducentes al desarrollo humano en un contexto de sustentabilidad.
Dr. Raúl Mainardi
FaMAF
Universidad Nacional de Córdoba
IFEG, CONICET-UNC
El viernes 11 de marzo todavía estaba en cama cuando mi esposa me avisó acerca del terremoto y tsunami en Japón. Inmediatamente prendí el televisor y lo primero que observé en la pantalla fue un incendio de grandes proporciones y abajo un sobreimpreso que daba como noticia “alerta en una central nuclear”. Dentro de mi incredulidad y con mi esposa que decía “mirá como se incendia la central nuclear” yo sólo atiné a pensar “lo que se está incendiando no es una central nuclear”. He visto muchas y ninguna tiene tanques esféricos y no puede producir una combustión de esa manera. Fue un par de horas después que un canal de televisión, no recuerdo cual pues los recorría a todos para encontrar más información, aclaró que el incendio que se mostraba en la pantalla era de una refinería de petróleo cerca de Tokio. En el interin me llamó por teléfono una profesora de la universidad que tiene uno de sus hijos, casado y con dos hijos, trabajando en Tokio y ella había asociado, sin dudarlo, que el incendio era de una Central Nuclear. Traté de calmarla porque las noticias que llegaban solo mencionaban los esfuerzos por refrigerar el núcleo de uno de los seis reactores de la planta de Fukushima, o sea no se estaba incendiando. Finalmente dicha profesora logró que su hijo se fuera de Tokio ya que se especulaba con que una nube radiactiva llegaría a esa ciudad y en efecto la televisión mostraba sus calles vacías.
En Córdoba tenemos una central nuclear a 130Km al sur de la capital y los ambientalistas que encuentran placer (y diversión?) en sembrar el pánico en la población rápidamente informaron que la Central de Embalse no estaba diseñada para resistir un ataque terrorista como el 11-S (ninguna central nuclear en el mundo lo está) y menos un terremoto como el de Japón. Durante más de una semana tuve que atender, aquí en Córdoba, numerosas entrevistas de la radio y la televisión (gentileza del Decano de la Facultad que les daba mi número de teléfono) y hasta de una radio de Villa General Belgrano, localidad cercana a la Central de Embalse. Lo primero que me dijo la locutora de esta radio, después de saludarme con voz temblorosa, era que acaban de entrevistar a un biólogo ambientalista que les había anunciado que un temblor (no ya un terremoto) podría destruir dicha central. Seguro que un terremoto puede destruir la Central Nuclear le dije, pero tendría que ser de grado 7 o mayor, pero los geólogos que estudiaron la falla de las sierras, debajo del valle de Punilla y su continuación el valle de Calamuchita, consideran altamente improbable que ocurra un terremoto de esa magnitud ya que los registros geológicos no presentan evidencia que nunca haya habido uno tan intenso. Para tranquilizarla le dije que antes que se destruyera la Central Nuclear con un terremoto de grado 7, se destruirían los diques San Roque, Los Molinos y Embalse de Río Tercero que no fueron construidos bajo normas antisísmicas, así como todos los poblados asentados en dicha falla, incluyendo a Villa Gral Belgrano.
Otra confusión en las noticias, que por su persistencia me parece que fue adrede, se refiere al término “fusión del núcleo”. El término en ingles es “meltdown”. Es inconcebible que lo hayan traducido como fusión, cuando lo que ocurre es que el núcleo se funde. Varias personas, incluyendo algunos físicos, me preguntaron si ocurría un proceso de fusión nuclear, en el verdadero sentido del término, o si podía el núcleo explotar como una bomba nuclear y más aún a cuántos megatones sería equivalente. Creo que esta inquietud fue disparada por los mordaces comentarios de un comentarista de CNN en español, quien dijo, en tono tajante, que habría que cerrar todas las centrales nucleares del mundo.
Hubo y sigue habiendo desinformación sobre el tema, que a un mes del terremoto se están disipando paulatinamente. Ya no encuentro en los centros de información a los que la población generalmente accede, anuncios de que Japón analiza cerrar todas sus plantas nucleares, o que China, que planea construir 60 centrales en veinte años, haya dado marcha atrás en ese ambicioso plan. En ese desorden informativo me llevé varias sorpresas, una de ellas en una entrevista televisiva en la que el señor Juan Carlos Villalonga (Director Político de Greenpeace Argentina) abogó por el cierre de todas las centrales nucleares en el mundo y su reemplazo por centrales térmicas. Se que existe una corriente de opinión que insiste en que el calentamiento global no es debido al efecto invernadero producido por las emisiones de gases de combustión y otros gases, sino a un ciclo natural en la tierra. Visité las páginas web de Greenpeace en Argentina y la internacional y no pude encontrar ninguna expresión en contra de la tesis de que el efecto invernadero es producido por los gases de combustión de combustibles fósiles y otros, como el metano. Proponer el reemplazo de las centrales nucleares por usinas térmicas dice claramente “el efecto invernadero no es producido por gases de combustión”.
No creo que China ni Japón, país este que ha comprado recientemente uranio para hacer funcionar sus usinas durante 200 años, den un solo paso atrás en sus planes nucleares. Francia se ha quedado sugestivamente silenciosa y la venta de cinco grandes centrales a Italia no se ha cancelado a un mes del terremoto.
¿Qué lecciones nos dejará el terremoto de Japón?. ¿No construir más centrales?. ¿Construirlas lejos de las costas?. ¿Hacerlas en terrenos geológicamente estables?. Considero que es demasiado pronto para dar una opinión definitiva. De algo estoy seguro, no hay marcha atrás posible. Hace un tiempo leí un paper, del cual he perdido el rastro, que hablaba del valor económico de las cenizas nucleares. Un ejemplo que recuerdo. El 16% de la fisión del 235U es 99Tc. Si se lo separa y se lo irradia en un reactor comercial se transmuta a Rutenio (tiene cuatro isótopos estables). El Rutenio se comporta químicamente como el Platino, que por su uso en los catalizadores de los caños de escape de los automóviles, ya empieza a escasear. La producción de Rutenio solamente pagaría por todo el reprocesamiento del combustible nuclear agotado.
Three miles Island y Chernobil dejaron profundas enseñanzas. No me cabe duda que Fukushima también lo hará. Lamentablemente en estas semanas lo que más me ha impactado ha sido la mala o tendenciosa información que muchos medios de comunicación y entidades ambientalistas han difundido, porque ha afectado a muchísima más gente en el mundo entero. Es interesante observar, en contraposición, el comportamiento de las autoridades Japonesas, tratando en todo momento de llevar tranquilidad a la población.
Los físicos tenemos un deber ante la sociedad que no podemos soslayar. Debemos emitir una opinión en una dirección que esté sólidamente justificada y para ello debemos estar bien informados. Si permitimos que algunos medios de comunicación y ciertas ONG ambientalistas digan lo que se les antoja no estamos cumpliendo con esa obligación. Recomiendo visitar la página de http://www.hiroshimasyndrome.com/, que auspicia la ONG “Environmentalists For Nuclear Energy (EFN-USA)”, uno de cuyos miembros es Patrick Moore (co-founder of Greenpeace).
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La crisis nuclear en Japón: análisis y reflexiones
Dra. Judith Desimoni
Dra. Marcela Taylor
Dr. Leo Errico
Lic. María Luciana Montes
Grupo de Investigación y Servicios de Radioactividad en Medio Ambiente
Departamento de Física
Facultad de Ciencias Exactas
Universidad Nacional de La Plata
IFLP-CONICET-UNLP
El 65% de la electricidad generada en Japón proviene de petróleo, carbón y gas natural, recursos que son importados en un 80%. Esto ha llevado a Japón a apostar por la energía nuclear, que junto a la hidroeléctrica, aportan el 35% restante de la energía (desde
1973 la energía nuclear de importancia estratégica a nivel nacional). En la actualidad Japón cuenta con 54 centrales nucleares instaladas, 10 de las cuales son las de Fukushima Daiichi (6) y Fukushima Daini (4), gerenciadas por la empresa TEPCO (Tokio Electric Power Company). De ellas, siete estaban en operación y tres en parada normal de mantenimiento el 11 de marzo de 2011, fecha en la que ocurrieron el terremoto de 9 grados en la escala de Richter y el tsunami. Luego del terremoto, los sistemas de seguridad de las centrales actuaron eficientemente apagando los reactores y comenzando los procesos de refrigeración.
Sin embargo, el tsunami que siguió al terremoto afectó la alimentación eléctrica normal y de emergencia, lo que impidió el normal funcionamiento de los sistemas de enfriamiento, llevando a los reactores y a las piletas de almacenamiento de combustible gastado a una situación crítica. De acuerdo a la información suministrada por las agencias oficiales de control de Japón y la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) desde el primer momento se han puesto en marcha los protocolos de seguridad para salvaguardar el medio ambiente y la población. A pesar de los esfuerzos realizados por los técnicos, la situación aún es compleja.
Inicialmente el accidente fue clasificado como 4 en la escala INES (escala que cataloga los accidentes e incidentes nucleares y radiológicos de acuerdo al impacto en las personas y el medio ambiente, a las barreras y controles radiológicos y a la defensa en profundidad). El 18 de marzo, luego de evaluar nuevamente la situación a la luz de la
evidencia de la severidad del accidente, se modifico la valoración de la situación, siendo la clasificación actual:
FUKUSHIMA-DAIICHI-1: INES 5
FUKUSHIMA-DAIICHI-2: INES 5
FUKUSHIMA-DAIICHI-3: INES 5
FUKUSHIMA-DAIICHI-4: INES 3
FUKUSHIMA-DAINI-1: INES 3
FUKUSHIMA-DAINI-2: INES 3
FUKUSHIMA-DAINI-4: INES 3
INES 3 corresponde a un incidente grave con impacto en las personas y el medio ambiente, involucrando exposición diez veces superior al límite anual establecido para los trabajadores, con efecto no letal de la radiación en la salud, siendo las tasas de exposición superiores a 1 Sv/h en una zona de operación y presentando contaminación grave en una zona no prevista en el diseño, con escasa probabilidad de exposición importante del público. En esta categoría se encuentran un cuasi accidente en una central nucleoeléctrica sin disposiciones de seguridad pendientes de aplicación, la pérdida, robo o la entrega equivocada de fuentes selladas de actividad alta. INES 5 es un accidente con consecuencias amplias, con liberación limitada de materiales radiactivos, que probablemente requiera la aplicación de algunas contramedidas, daños graves en el núcleo del reactor, liberación de grandes cantidades de materiales radiactivos dentro de una instalación, con alta probabilidad de exposición del público; provocada posiblemente por un incendio o un accidente de criticidad grave. La alta probabilidad de exposición no implica niveles altos de exposición del público.
Este cambio de calificación no significa que la situación en relación a la seguridad radiológica y nuclear haya empeorado, sólo se ha realizado una evaluación más acorde a la opinión de los especialistas que efectúan el seguimiento de la evolución de la situación. Es importante destacar que el nuevo nivel INES asignado por la Autoridad Japonesa no implica la necesidad de implementar ninguna medida de protección adicional.
Desde el 20 de marzo, equipos de monitoreo de la IAEA y japoneses han realizado medidas de radioactividad en agua de consumo humano, agua de mar, aire, suelo y varios alimentos, encontrando niveles de contaminación radioactiva variables, en algunos casos por encima de los valores permitidos en Japón y superiores a los valores de base anteriormente determinados. Esta contaminación está originada en la lluvia radioactiva de los vapores enviados a la atmósfera y en la migración del agua descargada para enfriar los reactores y las piletas de almacenamiento. Una vez detectada la contaminación de agua potable y alimentos, se han tomado medidas de restricción de consumo y comercialización de los mismos. Según la página Web de la IAEA, a la fecha (31 de marzo) han sido levantadas las restricciones para consumo de agua para adultos e infantes.
Si bien se ha comenzado a obtener datos en forma sistemática, aún es prematuro hacer una evaluación sobre las consecuencias sobre el medio ambiente y la población. Es evidente que para determinar el impacto, se deberá realizar un estudio completo de las matrices ambientales y alimentos que no sólo contemple la contaminación radiológica, sino también la presencia de otros contaminantes que han sido vertidos producto de incendios y derrames ocasionados por el terremoto y el tsunami.
Queremos destacar que, dado que los movimientos atmosféricos del hemisferio norte son prácticamente independientes de los del hemisferio sur, nuestro país no se verá afectado en forma directa por la contaminación que si afectaría al hemisferio norte. Sin embargo es imprescindible implementar medidas de control de los alimentos importados tanto de Japón como de países comercialmente activos con Japón a fin de evitar el ingreso al país de productos contaminados, tal como ocurrió con leches importadas de la zona afectada por el accidente de Chernobil. En relación a los límites de contenidos de radionucleídos naturales (presentes en la atmosfera y corteza terrestre desde la formación de la Tierra) y antropogénicos (vinculados con el inicio de la era nuclear), sería deseable que nuestro país formule leyes adecuadas en lo referente a contenidos límites de radioactividad en alimentos y en las matrices ambientales acordes a la situación local y diferenciando según el origen de los radionucleídos. En este marco se deberían realizar esfuerzos para el desarrollo de programas que establezcan líneas de base regionales que favorezcan la detección de alteraciones de las matrices ambientales en el caso de emergencias radiológicas y que contribuyan al establecimiento de los límites legales.
Otro punto importante es la necesidad de contar con recursos humanos altamente capacitados, entrenados para intervenir en estos casos de emergencia, tanto en las cuestiones técnicas inherentes a las plantas nucleares como en el monitoreo ambiental. Si bien la Argentina cuenta con profesionales altamente capacitados en la materia, situaciones complejas como la planteada en Japón ponen de manifiesto la necesidad de disponer de un gran número de profesionales entrenados en el monitoreo ambiental y de alimentos.
Un punto a parte merece la comunicación a la población de temas relacionados con la radioactividad y la energía nuclear. Desde el inicio de la crisis en Japón, la información brindada por los medios de comunicación fue parcial, ha veces contradictoria y en algunos casos equivocada. En nuestra opinión, esta situación mostró la importancia del rol de los científicos a la hora de brindar información entendible y confiable a una población ávida de información certera, de aquí que consideramos que sería deseable que se alfabetice a la población en estos temas mediante programas que sirvan de puente entre los científicos y la población, para disminuir los miedos y evitar el pánico generalizado, tal como ocurrió en este caso.
Finalmente, este lamentable hecho pone de manifiesto la necesidad de aunar esfuerzos económicos y científicos para garantizar mecanismos de acción rápidos y eficientes en caso de emergencias radiológicas tales como monitoreos on-line de matrices ambientales y una red de laboratorios dedicados a la determinación de líneas de base. También se debería acelerar el desarrollo de energías alternativas.
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Reflexiones sobre el accidente nuclear en Japón
Por José Rolando Granada
Centro Atómico Bariloche
Comisión Nacional de Energía Atómica
Los recientes y dramáticos sucesos en el Japón, más allá de la solidaridad y compasión despertadas en todos los pueblos del mundo, también llenaron de angustia a la humanidad por el temor causado por la crisis nuclear generada por esos extraordinarios fenómenos naturales. La falta de información sobre la tecnología de las instalaciones nucleares por una parte, y la visión apocalíptica de
gran parte de los medios de comunicación y de ciertos funcionarios y organismos internacionales sobre las características e implicancias de los hechos, crearon la sensación de estar frente a una catástrofe nuclear global.
En estas líneas deseo expresar las reflexiones que me motivaran estos sucesos, sin realizar una detallada descripción técnica de los aspectos involucrados ni de la cronología de los hechos durante estas dos semanas, solamente lo indispensable para retener los aspectos relevantes de este accidente y sus efectos sobre la población afectada. Motiva esta decisión la expectativa de aportar algunos elementos objetivos para el análisis, en la convicción que el
conocimiento adquirido en mi trayectoria profesional basada en la educación pública recibida y los aportes de la sociedad para alcanzarlos, me impone la obligación de responder a las inquietudes y preocupaciones de la gente, buscando recuperar el equilibrio para debatir seriamente los desafíos futuros, y que indefectiblemente involucran a la tecnología nuclear.
EL TERREMOTO Y SUS CONSECUENCIAS INMEDIATAS
A las 14:46 hs del 11 de Marzo pasado, un sismo de grado 9 se produjo a unos 130 km al este de la costa noreste (Tohoku) de Japón, con hipocentro a aproximadamente 32 km de profundidad, el cual por su magnitud es el cuarto mayor de los registrados instrumentalmente en nuestro planeta. Este terremoto originó un poderoso tsunami, que golpeó poco después las costas de la Prefectura de Fukushima y otras aledañas, con olas que superaron los 10 m de altura y que penetraron profundamente (hasta 10 km) en tierra firme.
Los daños causados por el terremoto, y aún en mayor medida por el tsunami han sido considerados como los más catastróficos sufridos por el país desde la Segunda Guerra Mundial, arrasando villas y poblados costeros, todo tipo de infraestructura, y sobre todo, causando un elevadísimo número de víctimas entre personas muertas y desaparecidas, las que hoy suman más de 27.000.
La envergadura del terremoto, causó un corrimiento hacia el este de la región de Tohoku de aproximadamente 2.4 m, y los movimientos asociados de enormes masas provocaron un desplazamiento del eje de rotación de la Tierra de más de 20 cm.
Al momento de ocurrencia del gran sismo, once reactores nucleares de producción eléctrica estaban operativos en la región (de un total de 54 reactores en todo Japón), los cuales se apagaron automáticamente por acción de los mecanismos de seguridad que detienen el proceso de fisiones nucleares, sin sufrir daños en sus estructuras ni sistemas. De cualquier manera, subsiste inmediatamente una potencia residual de alrededor del 7 % de la potencia antes del apagado en el núcleo de elementos combustibles, originada en el decaimiento radiactivo de los productos de fisión, la cual debe ser removida por enfriamiento para conducir al reactor al estado seguro de parada fría. Por su mismo origen, la potencia residual se reduce en el tiempo, siendo sólo de alrededor del 0.2 % de la potencia térmica del reactor un día después de su detención. Con disponibilidad de energía eléctrica de red o de generadores de emergencia, ocho de los once reactores pudieron activar las bombas de su sistema de enfriamiento, evolucionando en forma prácticamente normal hacia el estado de parada fría. Los otros tres reactores, 1, 2, y 3 de la central Fukushima Dai-ichi, perdieron todo tipo de disponibilidad de energía, por caída de la red debido al sismo inicialmente, y luego de una hora aproximadamente de operación de sus generadores de emergencia, por la detención de los mismos al ser afectados por el tsunami.
Como todos los reactores nucleares, los de la central Fukushima Dai-ichi poseen barreras física sucesivas para evitar la liberación de los productos de fisión en caso de falla: el propio combustible contiene al Uranio en una matriz cerámica con alta capacidad de retención de los productos radiactivos, el combustible está encapsulado herméticamente en vainas de una aleación especial de Zirconio, todo el conjunto de elementos combustibles (núcleo) está contenido en un recipiente de presión de acero de alta resistencia, y finalmente una estructura de contención especial que rodea al recipiente de presión. Cada una de estas barreras está diseñada para retener o minimizar el escape de productos radiactivos al ambiente, en caso de falla de la anterior, las que, conjuntamente con los sistemas básicos de seguridad asociados a la detención del reactor, la refrigeración del núcleo y la contención de los materiales radiactivos, conforman los niveles de protección que caracterizan al Principio de Defensa en Profundidad impuesto para el diseño y operación de las usinas nucleares. A los niveles de protección internos se les agregan los protocolos de planificación y ejecución de medidas de prevención y evacuación de la población para reducir las consecuencias de un eventual accidente.
La sucesión de eventos desarrollados en los reactores Fukushima Dai-ichi 1, 2, y 3, están detalladamente descriptos en la página WEB de la Autoridad Regulatoria Nuclear (http://www.arn.gov.ar/novedades/situacion_japon/index.htm) de nuestro país, y del Organismo Internacional de Energía Atómica (http://www.iaea.org/newscenter/news/tsunamiupdate01.html), donde se indican día a día el estado de situación y novedades acontecidas en cada uno de dichos reactores.
LOS EFECTOS DEL ACCIDENTE
Inmediatamente de conocida la afectación de la central nuclear de Fukushima Dai-ichi causada por el tsunami, se ejecutaron las acciones de evacuación de la población cercana, de acuerdo a los protocolos establecidos según la gravedad del problema. El procedimiento de evacuación se realizó pues de manera secuencial, inicialmente dentro de 3 km, luego 10 km, y finalmente hasta los 20 km, a medida que se complicaba la situación en los reactores y que hacían previsible una eventual liberación de sustancias radiactivas. Esta situación se ha mantenido hasta la fecha, con la recomendación adicional que quienes se encuentren viviendo a menos de 30 km de la central eviten salir de sus casas.
La indisponibilidad de la capacidad plena de refrigeración de los reactores Fukushima Dai-ichi 1, 2, y 3, ocasionó una serie de hechos concatenados, que esencialmente causaron el descubrimiento parcial de agua en los núcleos, oxidación de las vainas de Zircalloy con liberación de hidrógeno y suba de la temperatura de los mismos, hasta la rotura de un cierto número de elementos combustibles. Un fenómeno similar ocurrió en la pileta donde se almacenan los combustibles gastados del reactor 4, posiblemente a causa de pérdida de agua por alguna fisura en dicha pileta. El incremento de presión del vapor de agua en los recipientes de presión de los reactores, la necesidad de venteo para su disminución, las explosiones al recombinarse el hidrógeno y el oxígeno, y la liberación de pequeñas cantidades de material radiactivo a la atmósfera, fueron los hechos más significativos, y cuyo acotamiento y mitigación demandaron una tarea extraordinaria por parte del personal de seguridad y operación de los reactores. Estas tareas han involucrado esencialmente la cobertura con agua de los núcleos, y la reducción de la temperatura y presión en los reactores, utilizando medios terrestres y aéreos para enfriarlos, en un escenario técnicamente complejo y un ambiente con niveles de radiactividad variable en la central.
Quince días después de acontecidos los extraordinarios fenómenos naturales que indujeron el accidente nuclear, la situación en los reactores de Fukushima Dai-ichi parece acercarse paulatinamente a la estabilización de los mismos, con los signos evidentes de la severidad de los daños sufridos por los hechos antes mencionados. Ellos involucran daños en la integridad de un número no determinado de elementos combustibles, temperaturas y presiones aún altas en los recipientes de presión, posibles daños en algunas de las estructuras de contención, daños visibles en los edificios de los reactores 1, 3 y 4, y falta de energía eléctrica en muchos instrumentos y máquinas.
El impacto radiológico
El monitoreo de la radiación en la central Fukushima Dai-ichi confirma que las dosis por unidad de tiempo continúan disminuyendo. Se continúa midiendo la deposición radiactiva en las 47 prefecturas de Japón, indicando la subsistencia de valores de Iodo131 y Cesio137 superiores a los normales en siete de aquéllas, pero que no representan riesgo para la salud por inhalación, y en disminución.
El ambiente marino se sigue monitoreando, tanto en agua como en aire, en cercanías del punto de descarga de la planta y a 30 km mar adentro. Los valores medidos se corresponden más a radionucleídos arrastrados por las lluvias que por corrientes oceánicas, aunque están todavía por encima de los valores normales. En todo caso, se sigue especialmente la dilución del Cesio 137 por tener una vida media más larga (30 años) que la del Iodo131 (8 días).
Se conocen también las mediciones referidas a concentración de radionucleídos en leche, vegetales y agua potable. Hasta ahora se encontraron cinco muestras de leche con concentraciones de Iodo131 superiores a los niveles recomendados por las autoridades del Japón, y también en algunos vegetales, por lo cual y preventivamente está prohibida la venta de esos productos provenientes de las prefecturas afectadas.
Respecto al agua para consumo humano, se habían encontrado valores de Iodo131 en 13 prefecturas de las 47, mientras que se detectó Cesio137 en 6 de ellas. Aunque los valores eran bajos, se prohibió temporariamente el uso del agua de red para infantes, aunque no para personas mayores. De cualquier manera, los resultados últimos indican que los niveles están ya por debajo de los límites incluso para el uso de bebés e infantes, habiéndose consecuentemente levantado las restricciones.
Mediciones de hoy (25 de Marzo) realizadas por un equipo del Organismo Internacional de Energía Atómica en puntos localizados entre 34 y 62 km de la central de Fukushima Dai-ichi, muestran valores variables (entre 1 y 8 micro Sievert por hora) pero por debajo o levemente superiores a los valores del fondo de radiación normal, en todo caso sin peligro para la salud y el ambiente.
Es aún prematuro cuantificar los daños materiales producidos en la central, y los efectos sobre la población. A pesar de ello, las mediciones realizadas a la fecha indican que las medidas preventivas adoptadas (evacuación hasta 20 km) y la cantidad y tipo de materiales radiactivos liberados conducen a valores bajos de las dosis recibida por la población que no implican riesgo para la salud. La evolución presente del estado de los reactores no sustenta una expectativa de liberación importante de radionucleídos, que, juntamente con la disminución de la potencia residual y el descenso de la temperatura de los elementos combustibles, alientan a imaginar un escenario de retorno paulatino a una nueva “normalidad”, particularmente en las áreas cercanas a la central. Subsisten aún problemas serios a ser resueltos, por lo cual se espera que la mejora en la situación global sea lenta.
CONSIDERACIONES FINALES
No deja de asombrar a nuestra perspectiva humana la magnitud de las
energías liberadas por la Naturaleza en fenómenos de esta intensidad, donde la capacidad de resistencia de nuestras obras es largamente superada.
El accidente nuclear y sus consecuencias antes descriptas, ocasionados por el terremoto y el posterior tsunami del 11 de Marzo, deben analizarse en el contexto de las hasta ahora 28000 víctimas y daños materiales difíciles de valorizar, los cuales incluyen por cierto la destrucción de refinerías, usinas térmicas, diques, caminos y edificios. Los antiguos reactores resistieron bien las tremendas aceleraciones del sismo, pero sus instalaciones de emergencia fueron afectadas por el tsunami, y fueron esos los eventos iniciantes de lo que ocurrió posteriormente.
Se ha acusado con soberbia a los japoneses de atreverse a emplear reactores nucleares en un país con tanta actividad sísmica, “sin saber los riesgos de la radiactividad” que ellos pueden liberar. Justamente al único país del planeta que recibió dos bombas atómicas, y que aún así ha considerado que es apropiado cubrir el 30 % de sus requerimientos eléctricos con generación nuclear. Ese país en cuyo territorio otros hombres depositaron los niveles más brutales de radiación, y que hoy ostenta en sus ciudadanos la expectativa de vida más larga del planeta.
No deja de sorprender el comportamiento de gran parte de los medios periodísticos occidentales, muy especialmente los europeos, por la casi irresponsabilidad con la que abordaron las noticias provenientes de la central accidentada. Las palabras CATÁSTROFE, DESASTRE, APOCALIPSIS NUCLEAR fueron empleadas profusamente como descripción de la situación vivida, no ya en las prefecturas afectadas, no solamente en Japón, sino en todo un planeta que debería estar aterrorizado por los hechos. No se murió nadie hasta ahora por efectos del accidente nuclear de Fukushima, y solamente 17 empleados de la empresa que opera la central recibieron dosis de radiación que no superan el valor permitido bajo condiciones de emergencia.
Por cierto, observando los acontecimientos y los riesgos asociados al accidente nuclear, es apropiado revisar una vez más los sistemas y procedimientos de seguridad en diseño y operación de centrales nucleares en todo el mundo. Será una decisión sabia y prudente. También sería sabio y prudente tomar medidas similares en tantas otras industrias y actividades humanas, con cuyos riesgos estamos simplemente acostumbrados.
La generación eléctrica de origen nuclear debe seguir formando parte de la matriz energética mundial, donde con la hidroelectricidad conforman las únicas formas de generación masivas que no contribuyen al calentamiento global. Es de esperar que las evaluaciones serenas nos permitan sopesar adecuadamente las
características de nuestras actividades en términos de sus riesgos y beneficios, para que las decisiones sean conducentes al desarrollo humano en un contexto de sustentabilidad.