Hace varios meses que el precio de los combustibles entró en la vorágine inflacionaria y como si esto fuera poco el Gobierno liberó días atrás el tope de los mismos. De esta manera, quedó sin efecto la medida del 1º de febrero tomada por Guillermo Moreno, "mediante la cual se aprobaron las normas sobre la comercialización, intermediación, distribución y/o producción de combustibles líquidos".
Muchos se preguntan si es la crisis del Medio Oriente la que dispara todo esto. La respuesta es no porque por un lado Argentina importa una mínima cantidad de combustible, con lo cual el precio internacional poco afecta al que después terminás pagando vos en el surtidor. Por el otro, en nuestro país el costo del barril está congelado y fijado por el Gobierno nacional en torno a los 45/47 dólares, que es el valor con el que las productoras de petróleo local tienen que exportar hacia otros mercados.
Por su parte, las refinerías suelen producir un combustible de mayor calidad que el que las petroleras compran en partidas reducidas para mejorar sus productos y que según los vaivenes de la oferta y la demanda puede alcanzar los 56 o 57 dólares.
A eso hay que agregarle que la nafta y el gasoil están cortadas por ley en un siete por ciento con biocombustibles (etanol y biodiesel, respectivamente). El precio de éstos también está fijado por el Gobierno a través de la Secretaría de Industria, pero tan sólo este año ya creció el 10 por ciento. Otra vez una incidencia menor, pero que nuevamente se agrega al precio final.
A su vez, mientras la demanda interna no para de subir debido a la mayor cantidad de autos, la producción de crudo en el país está estancada desde hace más de 10 años. Antes las petroleras exportaban bastante combustible (hoy es únicamente una pequeña cantidad de gasoil), con lo cual ganaban mucho con eso y podían mantener sin grandes cambios el precio local. Ahora la ganancia depende casi en exclusiva de lo que se venda acá.
Aún falta el punto más pesado: el de la inflación. Si bien la demanda creció, el aumento de la venta de combustibles (en volumen) fue el año pasado del siete por ciento, similar a lo que mide el INDEC, pero muy por debajo de lo que realmente aumentaron los precios, con lo cual las petroleras se vieron casi forzadas a incrementar los precios para poder mantener las ganancias, teniendo en cuenta que por la misma suba de precios, los costos (tanto los salariales como los que demanda la obtención de materias primas) crecieron hasta un 25 por ciento.
¿Hay que esperar más aumentos? Con la "liberación" del Gobierno poco y nada parece indicar que en los sucesivos meses el precio de los combustibles no vaya a acompañar el ritmo inflacionario.
autoplusdigital.com.ar
Muchos se preguntan si es la crisis del Medio Oriente la que dispara todo esto. La respuesta es no porque por un lado Argentina importa una mínima cantidad de combustible, con lo cual el precio internacional poco afecta al que después terminás pagando vos en el surtidor. Por el otro, en nuestro país el costo del barril está congelado y fijado por el Gobierno nacional en torno a los 45/47 dólares, que es el valor con el que las productoras de petróleo local tienen que exportar hacia otros mercados.
Por su parte, las refinerías suelen producir un combustible de mayor calidad que el que las petroleras compran en partidas reducidas para mejorar sus productos y que según los vaivenes de la oferta y la demanda puede alcanzar los 56 o 57 dólares.
A eso hay que agregarle que la nafta y el gasoil están cortadas por ley en un siete por ciento con biocombustibles (etanol y biodiesel, respectivamente). El precio de éstos también está fijado por el Gobierno a través de la Secretaría de Industria, pero tan sólo este año ya creció el 10 por ciento. Otra vez una incidencia menor, pero que nuevamente se agrega al precio final.
A su vez, mientras la demanda interna no para de subir debido a la mayor cantidad de autos, la producción de crudo en el país está estancada desde hace más de 10 años. Antes las petroleras exportaban bastante combustible (hoy es únicamente una pequeña cantidad de gasoil), con lo cual ganaban mucho con eso y podían mantener sin grandes cambios el precio local. Ahora la ganancia depende casi en exclusiva de lo que se venda acá.
Aún falta el punto más pesado: el de la inflación. Si bien la demanda creció, el aumento de la venta de combustibles (en volumen) fue el año pasado del siete por ciento, similar a lo que mide el INDEC, pero muy por debajo de lo que realmente aumentaron los precios, con lo cual las petroleras se vieron casi forzadas a incrementar los precios para poder mantener las ganancias, teniendo en cuenta que por la misma suba de precios, los costos (tanto los salariales como los que demanda la obtención de materias primas) crecieron hasta un 25 por ciento.
¿Hay que esperar más aumentos? Con la "liberación" del Gobierno poco y nada parece indicar que en los sucesivos meses el precio de los combustibles no vaya a acompañar el ritmo inflacionario.
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