Españoles en Noruega en la II Guerra Mundial
En 1940, casi mil republicanos españoles enrolados en la Legión francesa lucharon y murieron en la batalla de Narvik (Noruega).
La participación española en la II Guerra Mundial es innegable. El caso más famoso y documentado es la historia de los voluntarios que marcharon a luchar a la URSS en contra del comunismo en la que pasó a conocerse como División Azul. En el bando Aliado, la hazaña más conocida fue la de los republicanos que entraron en París en agosto de 1944 para liberarla del yugo nazi.

Sin embargo, uno de los hechos más desconocidos, y no por ello heroico, de la II Guerra Mundial tuvo también protagonistas patrios. En los meses de mayo y junio de 1940, recién iniciada la contienda, casi un millar de españoles combatieron en Narvik (Noruega) bajo la bandera de Francia.
Aquellos españoles procedían de los campos de prisioneros galos formados tras la Guerra Civil española. Derrotados y exiliados, el Gobierno francés les ofreció la posibilidad de enrolarse en la Legión Extranjera, único pasaporte para abandonar la reclusión y una posible muerte por hambre, enfermedades o maltratos físicos.
Iniesta y Sixto, dos españoles de la 13 Demi-Brigade
La 13º Semibrigada
Aquellos españoles republicanos que fueron a luchar y a morir a Noruega fueron enrolados en la 13º Demi Brigade (13 DBLE), una unidad de casi 2.000 efectivos integrada por infantería y unidades motorizadas.
Aquella unidad, creada al calor de conflicto mundial, rompió en cierta manera la férrea disciplina legionaria. El espíritu de camaradería existente entre soldados, suboficiales y mandos se hizo evidente. Algo que chocaba con el estricto sentido de la marcialidad francesa. Pese a ello, la cohesión de la unidad quedó bien mostrada en la lucha en los fiordos noruegos.
En 1940, el mando Aliado decidió desembarcar una fuerza anglofrancesa en la costa norte de Noruega. El objetivo era neutralizar los puertos de este país desde donde partían los buques cargados de hierro sueco con destino al III Reich. Esta operación surgió en un momento en el que propio país escandinavo estaba seriamente amenazado por las fuerzas alemanas.

La 13 DBLE recibió su bautismo de fuego el 12 de mayo en Bjerkvik, al norte de Narvik, en lo que se consideró el primer desembarco, bajo fuego enemigo, de la II Guerra Mundial.
En medio de la noche, bajo los cañonazos de los destructores británicos y franceses que cubrían el desembarco, los legionarios se lanzaron a las gélidas aguas en botes que fueron bombardeados por la artillería alemana. El desembarco duró 30 angustiosos minutos. Tras poner sus pies en tierra, besar las fotos de madres y esposas, los soldados españoles miraron a las crestas nevadas noruegas y comenzaron a ascender bajo el fuego de morteros y ametralladoras.
El ascenso por aquellos picos fue infernal, al frente de una de las columnas de ataque, un cenetista aragonés, Manuel Espallargas, llevó a sus compañeros hacia las alturas donde, después de horas de caminata, tiroteos y muerte, enlazaron con miembros de la resistencia noruega.
El 28 de mayo de 1940, tras días de duros combates, los elementos de la 13 DLBE consiguieron tomar Narvik. Aquella operación dejó en suelo noruego 500 tumbas españolas y un buen número de desaparecidos, que fueron tragados por las aguas del fiordo escandinavo o en los gélidos pasos de montaña.
Sin embargo, en esta misma fecha el Alto Mando Aliado había decidido la retirada total de Noruega, en vista del desastre que se estaba produciendo en el frente francés. El 7 de junio, los últimos efectivos aliados, es decir, la Sección de Demolición de la unidad legionaria, abandonaban el Reino de Noruega para dirigirse a Reino Unido.
Aquellos soldados “rojos” que tanto desdeñaban los franceses meses atrás eran en ese momento dignos de admiración. Hombres curtidos e indisciplinados que miraban a la muerte con desprecio tras haber perdido una guerra y que lloraban a sus mulas de carga, a las que dejaban atrás en Narvik en su retirada.
Memorial a los legionarios muertos en Narvik
Fuente
