Durante la Primera Guerra Mundial, las muertes fueron cuantiosas. Se han registrado muchos testimonios, durante la guerra y luego de ella, sobre avistamientos de figuras fantasmales de soldados. Soldados muertos que aparecieron en sus propias casas, otros que avisaron a sus camaradas sobre peligros en el campo de batalla, soldados que día tras día, regresan a sus puestos en el campo de batalla, para pelear nuevamente las batallas en las cuales perecieron.
En la expedición terrestre contra Galípoli del 25 de abril de 1915, 75.000 soldados aliados desembarcaron, pero el efecto sorpresa se perdió debido a la indecisión e inexperiencia de los mandos superiores aliados, al no hacer avanzar a las tropas hasta las alturas que controlaban las playas, y dejando tiempo a las defensas otomanas para fortalecerse. Los primeros logros aliados se perdieron y las fuerzas británicas, francesas, australianas y neozelandesas se vieron atrapadas en el cabo Helles, entre el mar y las colinas en poder de los otomanos. Las defensas otomanas bajo el mando del general Otto Liman von Sanders fueron hábilmente explotadas.
Los británicos tuvieron aproximadamente un cuarto de millón de bajas (más de 50.000 muertos) incluyendo australianos y neozelandeses. Los franceses sufrieron cerca de 50.000 bajas (5.000 muertos). Por su parte el Imperio otomano soportó 250.000 bajas (60.000 muertos)
A principios de la década de 1950, el arqueólogo norteamericano Leon Weeks, se encontraba realizando una investigación en Gallípoli, en busca de reliquias de los combates de la Primera Guerra Mundial.
Cierto anochecer, mientras contemplaba el paisaje rocoso, observó a un hombre que trepaba una colina tirando de una mula cargada con un cuerpo humano.
El arqueólogo los siguió e intentó llamarlo, pero desaparecieron sin que lograra alcanzarlos. A la noche siguiente se repitió el encuentro, y Weeks pudo apreciar mejor al caminante, y logró verificar que su cargamento era nuevamente, una figura humana.
La escena se sucedió durante las noches siguientes, sin que Weeks, lograra jamás darles alcance. Cuando finalizó su tarea, se retiró de la zona sin resolver el misterio.
Años más tarde, en 1968, Leon Weeks observaba la colección de estampillas postales de un amigo, cuando se topó con una estampilla australiana que ilustraba a un hombre llevando un burro que cargaba con un hombre herido.
Se trataba de una estampilla emitida en 1965, en homenaje a John S. Kirkpatrick, soldado británico, que sirvió de camillero en Gallípoli
John y su asno, recorrían el lugar durante la guerra, salvando soldados heridos, que trasladaban hasta el campamento para su atención médica, hasta que el propio John fuera abatido en mayo de 1915, y sepultado entre las rocas del lugar.
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La batalla de Gallipoli
En la expedición terrestre contra Galípoli del 25 de abril de 1915, 75.000 soldados aliados desembarcaron, pero el efecto sorpresa se perdió debido a la indecisión e inexperiencia de los mandos superiores aliados, al no hacer avanzar a las tropas hasta las alturas que controlaban las playas, y dejando tiempo a las defensas otomanas para fortalecerse. Los primeros logros aliados se perdieron y las fuerzas británicas, francesas, australianas y neozelandesas se vieron atrapadas en el cabo Helles, entre el mar y las colinas en poder de los otomanos. Las defensas otomanas bajo el mando del general Otto Liman von Sanders fueron hábilmente explotadas.
Consecuencias
Los británicos tuvieron aproximadamente un cuarto de millón de bajas (más de 50.000 muertos) incluyendo australianos y neozelandeses. Los franceses sufrieron cerca de 50.000 bajas (5.000 muertos). Por su parte el Imperio otomano soportó 250.000 bajas (60.000 muertos)

John Kirkpatrick, el fantasma de Gallípoli

A principios de la década de 1950, el arqueólogo norteamericano Leon Weeks, se encontraba realizando una investigación en Gallípoli, en busca de reliquias de los combates de la Primera Guerra Mundial.
Cierto anochecer, mientras contemplaba el paisaje rocoso, observó a un hombre que trepaba una colina tirando de una mula cargada con un cuerpo humano.
El arqueólogo los siguió e intentó llamarlo, pero desaparecieron sin que lograra alcanzarlos. A la noche siguiente se repitió el encuentro, y Weeks pudo apreciar mejor al caminante, y logró verificar que su cargamento era nuevamente, una figura humana.
La escena se sucedió durante las noches siguientes, sin que Weeks, lograra jamás darles alcance. Cuando finalizó su tarea, se retiró de la zona sin resolver el misterio.
Años más tarde, en 1968, Leon Weeks observaba la colección de estampillas postales de un amigo, cuando se topó con una estampilla australiana que ilustraba a un hombre llevando un burro que cargaba con un hombre herido.
Se trataba de una estampilla emitida en 1965, en homenaje a John S. Kirkpatrick, soldado británico, que sirvió de camillero en Gallípoli
John y su asno, recorrían el lugar durante la guerra, salvando soldados heridos, que trasladaban hasta el campamento para su atención médica, hasta que el propio John fuera abatido en mayo de 1915, y sepultado entre las rocas del lugar.
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