"No Hay Merienda Sin Capitan" Asi dice la canción de Fito Paez, "Tema de Piluso". Aclaro, para los ignorantes, esta canción habla del humorista rosarino Alberto Olmedo.Hoy tendría 77 años de no ser por aquella trágica madrugada, en Mar del Plata. Y seguiría haciendo reír y asombrando con su talento y comicidad. Desde aquel Capitán Piluso, Rucucu, el Manosanta, el Yéneral González, Chiquito Reyes y tantos otros personajes inolvidables, brilló con su humor en televisión, cine y teatro. La década del 80 fue la de su éxito arrasador y la más tumultuosa de su vida personal. Nació el 24 de agosto de 1933 en una pieza fría y descascarada de la casa chorizo de la calle Tucumán 2765, en el barrio Pichincha, en Rosario. Allí Matilde de Olmedo dio a luz al niño sola, pues su padre, José Matuone, de apenas 17 años, se había ido de su casa para formar otro hogar un tiempo antes. “¿Mi origen? Pobreza. Conventillo. Cocina al fondo. Un baño para seis piezas. Mucho frío, y a veces ropa prestada”. A los 6 años ingresó a la escuela número 78 de la calle Ricchieri: la Juan Francisco Seguí, y apenas medio año después consiguió el primer empleo en Salta 3111, en la verdulería y carnicería de José Becaccecce, donde a pesar de su corta edad hacía el reparto, la limpieza y tareas afines. Su trabajo comenzaba a las cuatro de la mañana, cuando subía al carro de caballo rumbo al mercado central, a tres kilómetros del barrio. La vuelta era “durmiendo a pata suelta entre las plantas de lechuga o comiéndome una bananita”. A los 8, las cosas mejoraron un poco y consiguió trabajo en la panadería de José Karlin, en Catamarca 2727, primero en bicicleta y luego en triciclo. Un año después comenzó a trabajar en una farmacia: “Un trabajo más limpio, más ordenado y mejor pago: algo así como 14 pesos por mes”. También vendió baratijas en la calle junto a su amigo Salvador Naón, que fue quien lo llevó a los 14 años, luego de sudar en cien oficios, a formar parte de la claque del teatro La Comedia de Rosario donde solo tenía que aplaudir, vender entradas, limpiar los baños y alguna vez hasta reemplazar a actores enfermos. Un año después empezó a practicar acrobacia. A pesar de que era hincha de Rosario Central, se incorporó junto a Osvaldo Martínez al primer conjunto de gimnasia plástica en el club Newell’s Old Boys. Por ese entonces también bailaba la jota en el Centro Asturiano, donde funcionaba la Troupe Juvenil Asturiana, y conformó un dúo cómico junto a Antonio Ruiz Viñas. "A los 7 años ya era un hombre, y a los 12 andaba en lugares pesados. Tenía mucho hambre, y el hambre me dio agilidad para sobrevivir en la calle. Y también la decisión para tomarme el buque, porque en Rosario no pasaba nada”. Entre los 20 y 21 años decidió irse y ahorró 800 pesos para el boleto. Ya en Buenos Aires fue A ver a su amigo Francisco Guerrero, que trabajaba en Canal 7 como director de cámaras. Se ganaba la vida como peón raso en una fábrica de carteras, vivía en una pensión de Humberto I y Jujuy, y trasnochaba en Los 36 Billares. Al poco tiempo Guerrero le consiguió su primer trabajo como switcher. El 31 de diciembre de 1954 lo invitaron a una comida para despedir el año. La fiesta se hizo en un restaurante para 800 personas en Paseo Colón. Todo era formal y gris hasta que Alberto Olmedo se subió a una mesa (saco azul, pantalón gris) a improvisar. Imitó gestos de gente del canal y contó chistes viejos. Una hora después bajó del inusual escenario ovacionado. Al otro día tenía trabajo como integrante del elenco de La Troupe con María Esther Gamas, Noemí Laserre y Rodolfo Crespi. Pero acostumbrado a lidiar con la pobreza, no quiso desprenderse de su sueldo fijo de 900 pesos mensuales con los que comía y pagaba el alquiler. “Me pintaba la cara, me disfrazaba, actuaba, mezclaba las imágenes, dormía sobre los botones, sostenía decorados, llevaba paquetes, conocía todos los recovecos y los secretos del canal”. En 1955 se puso de novio con Judith Jaroslavsky, quien trabajaba en la Secretaría de Producción de Canal 7. Diez amigos lo acompañaron a pedir la mano de la novia, porque a pesar de su soltura y simpatía, no se animaba. En 1957 el productor Julio Moller le ofreció protagonizar el ciclo infantil “Joe Bazooka”, que fue de alguna manera el predecesor de Piluso. El 12 de marzo del ’58 se casó con Judith, madre de sus tres primeros hijos. Luego de una breve luna de miel se fueron a vivir a una pequeña habitación en un hotel de la calle Azcuénaga. El 3 de diciembre de ese año nació Fernando y se mudaron a un departamento. En 1960, Canal 9 le ofreció un jugoso contrato por el que decidió dejar el 7 y abandonar definitivamente su trabajo como técnico. Allí Manuel Alba –periodista, autor y gerente de Canal 9– le dio un personaje: Piluso. Olmedo pidió agregarle el grado de Capitán. Llamó a Humberto Ortiz –que luego sería Coquito–para encargarle los libros. “Trabajamos juntos 22 años, nos visitaron Frondizi, Illia y muchos ministros… pero también tuvimos barrancas abajo –contó–. Viajábamos en tren y comíamos en la cocina churrascos preparados por personal del ferrocarril”. El traje del famoso capitán lo fue armando de a pedazos. Un día encontró un sombrero en el cine con el que se quedó, después dio en el ropero de su casa con una camiseta rayada que terminó de completar el personaje junto a la infalible gomera. “No hay más remedio. Tenés que tomar la leche”, arremetía todos los días desde la pantalla. Cuatro años después su contrato se terminó y nadie lo volvió a llamar. Para poder comer vendió su motoneta y adquirió la certeza de que todo había pasado. En ese momento se le cruzó la idea de volverse a Rosario, pero recibió un llamado salvador de Canal 9 que le ofreció un jugosísimo contrato. “¿Qué sentí? Alegría, claro. Pero no tanto por la plata, sino porque algunas cosas se habían terminado para siempre. Por ejemplo –contó– una vez tuve que trepar hasta la punta de la torre de Canal 9 con diez plumeros y un aerosol y escribir el nombre de un producto. Era un aviso, lo pagaban bien y necesitaba ese dinerillo”. El 19 de marzo de 1962 nació Marcelo, su segundo hijo. El 30 de marzo de 1964 debutó con el cartel principal en “Operación Ja Ja” convocado por Gerardo y Hugo Sofovich. El 26 de julio nació Mariano, su tercer hijo, pero la convivencia con Judith había terminado. Olmedo conoció, al poco tiempo, en el teatro a la media vedette Tita Rouss, con la que se casó vía México. Juntos compartieron doce años de vida en común y tuvieron dos hijos. En el ’65 los Sofovich lo convocaron nuevamente para “Un verano con Olmedo”. El 28 de julio de 1968 nació Javier. Jugando con su pequeño hijo en brazos Olmedo inventó el “rucucu”, y un día cuando la cámara de “Operación…” lo tomó puso la mano sobre el lente y lanzó su “Rucucu” definitivo, como un grito que el tiempo se encargaría de convertir en un clásico. Ese año, en pleno gobierno militar de Onganía, surgió el personaje del Yéneral González. El 14 de enero de 1970 nació su hija Sabrina. Ese año Olmedo volvió al 11 con una emisión a beneficio de la Casa Cuna y del Hospital Argerich titulada “Las 36 horas de Olmedo”. Luego de varias temporadas, el periodismo especializado lo daba como definitivamente “terminado”, calificando su ciclo como de “un humor viejo que ya no hace reír a nadie”. En el ’76, la noche del debut de “El Chupete”, un locutor anunció la desaparición de Olmedo con voz grave y gesto doliente. Mientras, en cámara otros actores se probaban su ropa. Un minuto después entró Olmedo diciendo: “No puedo faltar un momento, ya se están probando mi ropa”. El gobierno militar estalló de ira ante ante la palabra desaparecido y el Comfer decidió echarlos a todos, luego de levantar el programa. Al comenzar 1980, Olmedo pasó al 13 protagonizando con Susana Giménez el ciclo “Alberto y Susana”, con libro de “Coquito”, Hugo Moser y Víctor Sueiro. Separado de Tita, comenzó una relación con Nancy Herrera, de 20 años, a quien había conocido como una admiradora del Capitán Piluso. Nancy lo acompañó en sus giras por todo el país, además de disfrutar largos viajes junto a él por Tahití, Australia y los Estados Unidos. Por ese entonces Hugo Sofovich lo dirigió en el filme “A los cirujanos se les va la mano”, juntando por primera vez al cuarteto Olmedo-Porcel-Susana Giménez-Moria Casán. También filmó “Departamento compartido” con Tato Bores y Graciela Alfano. En el ’81 comenzó “No toca botón” por Canal 11, con el que logró un rating de 27 puntos gracias a la creación de nuevos personajes como “Lucy”, “El Nene”, “Chiquito Reyes” y “El dictador de Costa Pobre”. En 1986 ingresaron al ciclo, luego de la partida de Susana Traverso, Silvia Pérez, Beatriz Salomón, Adriana Brodsky, Susana Romero y Divina Gloria. Fue la época de mayor éxito. De su mano mágica nacieron “Alvarez y Borges” junto a Javier Portales, “El Manosanta” y “El mucamo Perkins”. En 1984 interrumpió el programa, miró a la cámara y estalló: “Así no se puede trabajar. Esto se acabó. Dispongan de las cámaras. Hasta que Sofovich no escriba algo decente no trabajamos. Ponga el 13, que hay un buen teleteatro. O el 9: Romay siempre inventa algo. Nos queda una sola cámara. ¡Miren, miren los trastos de este Canal! Los afiches de la pared tienen como treinta años. Por favor, doctor Alfonsín, ¡venda esto lo más pronto que pueda!”. En el ’85, en la apertura de “No toca botón”, apareció semidesnudo, quemó en una hoguera la ropa de sus viejos personajes y dijo que había que tirar al fuego “los silencios de Guerrero Martinheitz, las muletillas de Neustadt y los consejos de Tita Merello”. La prensa lo consideró, por lo menos, “irrespetuoso con sus colegas”. “Estoy entregando lo último que me queda. Soy como una pila que se va muriendo lentamente. Cuando termina el programa tengo pésimo humor y estoy descontrolado. Antes no me pasaba, pero ahora…”. El 18 de diciembre de 1986 debutó en el teatro Neptuno de Mar del Plata con “El Negro no puede”. Finalizado el verano terminó batiendo el récord histórico de asistencia de público con 119.877 espectadores. El espectáculo se llevó el premio Estrella de Mar. Pero la gloria quedaría muy pronto escondida tras el escándalo amoroso que estalló entre Nancy y Cacho Fontana. Olmedo echó a Nancy de la obra y de su casa aunque continuaron viéndose a escondidas. En el verano de 1988, en Mar del Plata, Olmedo encabezó la obra “Eramos tan pobres”. El 3 de marzo se estrenó su película “Atracción peculiar” y Olmedo sólo pensaba en tomarse unas vacaciones antes de retomar la temporada en Buenos Aires junto a Nancy, con quien había comenzado nuevamente a convivir. En el último reportaje que concedió poco antes de morir, el actor dijo a la revista “Siete días”: “En este país la gente le suele ser más fiel a los muertos que a los vivos”. También dijo: “Me da miedo que la fama pueda ser más duradera que mi vida, pero de cualquier modo yo soy un gran vividor. Por eso, dicho con toda franqueza, me gustaría ser más duradero que mi fama. Cuando estás bajo tierra no te queda otra cosa”. En la madrugada del 5 de marzo, inesperadamente, y luego de jugar sobre la baranda del departamento alquilado en el piso 11 del Edificio Maral 36, cayó al vacío. Nancy Herrera, embarazada de Albertito, bajó corriendo hasta el lugar y abrazó el cuerpo sin vida de Olmedo gritando: “Te me escapaste… te quise agarrar y no pude… Yo traté de agarrarte”. Una multitud despidió al gran humorista en medio de la sorpresa y el estupor. Sus restos fueron sepultados en el Panteón de Actores de la Chacarita. Hace dieciséis años de todo, y como le cantó Fito Páez: “Ya no hay merienda si no hay Capitán”. FUENTE link: http://www.youtube.com/watch?v=B9DAWyZS5UU&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=KUxb3M-dzN4 link: http://www.youtube.com/watch?v=y3RgDknasAs&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=YCeQdi4lSAk CANCIÓN DE FITO PAEZ link: http://www.youtube.com/watch?v=1qqFNHxyCq0
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