
Cuando Nissan a través de su marca para la exportación Datsun decide apostar por el mercado estadounidense, lo hace inspirándose de lo mejor de la producción europea, pero al mismo tiempo sin renunciar a sus orígenes nipones. Carácter, diseño atractivo y, sobre todo, una relación precio/prestaciones/placer de conducción sin precedentes en Estados Unidos convirtieron al Datsun 240Z en todo un icono del automovilismo.


Fue bajo la impulsión de Yutaka Katayama, presidente de Nissan USA en los años 60, que se impulsaría la creación de este deportivo. Un estudio de mercado realizado en Estados Unidos por Nissan evidenció la presencia de un nicho de mercado sin explotar, el de los deportivos asequibles. Aún así, el nicho de mercado en cuestión representaba 24.000 unidades al año. Y en los años 60, era un volumen suficientemente grande como para no dejarlo escapar. Los roadsters ingleses estaban en pleno declive (anticuados, prestaciones modestas) y el resto de deportivos, todos europeos, no eran precisamente baratos. Por supuesto, estaba el Corvette, pero su mercado era el de los deportivos europeos, es decir, de lujo. Nissan tenía vía libre y podía ocupar el mercado casi sin competencia. La operación para Nissan no era sólo agenciarse un segmento entero de mercado, era también, incluso se puede decir que sobre todo, mejorar su imagen de fabricante de modelos baratos, lo que hoy llamaríamos low-cost.

Datsun desembarcó en el mercado estadounidense en 1958. Ese año vendió la friolera de 58 Bluebird. En un mercado de casi 4,5 millones de coches, es una anécdota, una nota a pie de informe. Por suerte, las ventas irán mejorando poco a poco, pero sin grandes resultados. En 1960, llega un pequeño roadster, el Fairlady, equipado de un 1.200 cc. Su pequeño motor y diseño barroco no se corresponden con los gustos del mercado estadounidense. En 1962, un nuevo Fairlady hace su entrada en el mercado. Su diseño inspirado en las creaciones británicas, como MG o Triumph, es bien acogido, pero sus prestaciones son modestas como para hacerse un verdadero hueco en el mercado. En 1968, el Fairlady recibe un motor de 2.0 litros que le permite alcanzar los 200 km/h. El modelo empieza a ganar adeptos, en las carreras de clubs estadounidenses, e incluso participa en el rally Monte-Carlo.



Inicialmente, el Z costaba 3.500 $. Para la época era un precio muy apetecible para quien buscase un bonito deportivo con buenas prestaciones. Y es que un Porsche 911 T costaba 7.000 $ y un Jaguar E-Type 6.000 $; mejor que en las rebajas, oiga. Pero para imponerse con algo más que un precio competitivo, debía enfrentarse al implacable juez que es la competición.
En 1970, Bob Sharp y Pete Brock alistan un Datsun 240Z. Con John Morton, como piloto, ganan el campeonato estadounidense SCCA. En 1971, John Morton gana el campeonato SCCA en categoría C con un Datsun 240Z. En 1972, BRE (Brock Racing Enterprises) gana por segunda vez consecutiva el campeonato.
En Europa, el 240Z también cosecha éxitos en competición. Termina 5º en el Monte-Carlo de 1971 y 3º en el de 1972, pero su mayor éxito lo logra en el durísimo East African Safari Rally, un precursor del Dakar, ganando las ediciones de 1971 y 1973.

inalmente, el éxito comercial es mucho más abrumador. Con sus primeras victorias en competición, el éxito del Datsun 240Z es fenomenal. En 1970, un 240Z de 1969 era más caro que el modelo nuevo, Nissan no daba abasto. La fábrica de Hiratsuka (Japón) debió aumentar su producción, inicialmente prevista de 2.000 coches al mes, hasta las 11.000 unidades mensuales. A lo largo de los cuatro primeros años de su vida comercial se vendieron más de 250.000 unidades, y prácticamente 200.000 sólo en Estados Unidos. No está nada mal para una marca que empezó muy discretamente y para un modelo para el que se preveían apenas 24.000 unidades al año.
En la actualidad, el 240Z ha alcanzado el estatuto de icono del automóvil. Hasta el punto de que en 1997 se empezaron a vender auténticos 240Z completamente restaurados y como nuevos en algunos concesionarios Nissan . La idea nació en 1996 cuando los directivos de Nissan vieron que no tendrían un deportivo en su gama hasta dentro de un mínimo de tres años. Entonces, se acercaron al taller de Pierre Perot, en Hawthorne (California), el cual se había especializado en los Z y sus restauraciones eran consideradas las mejores. Los 240Z "vintage" de 1997 se vendían por 25.000 $ con garantía de un año o 120.000 millas. Ese estatus de icono es el que ha permitido a Nissan relanzar su gama de cupés Z, primero con el 300ZX, y luego con los 350Z y 370Z claramente inspirados en la fórmula del éxito del Z original.



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