Año 1980 después de Cristo. Nos situamos a finales del mes de marzo del mencionado año en Sacramento, la capital del estado de California en E.E.U.U.
Se han repartido invitaciones a lo ancho y largo del planeta Tierra. En ellas figura el siguiente texto: “Lunes 31 de marzo de 1980 a las 24:00 horas, cementerio de Sacramento, THE CRAMPS en concierto”. En el reverso de la misma aparece la imagen de una cripta junto a un plano para la localización del lugar del evento.
No cesa de llover. Ni los más viejos del lugar recuerdan una tormenta de tanta duración y con tamaña intensidad eléctrica. Uno de los ancianos, tachado siempre en su barrio de loco visionario, dice que la tormenta se debe a ese concierto de unos tipejos llamados The Cramps, pero nadie le hace caso.
Pero ¿quiénes son esos Cramps? Cuentan que ocho años después vuelven desde Nueva York a la necrópolis donde hicieron por primera vez el amor un tal Erick Purkhiser y Kristy Wallace (conocidos artísticamente como Lux Interior y Poison Ivy). Los diarios relatan que con sus versiones de “Surfin bird” de los Thrashmen, “The way i walk” de Jack Scott, “Domino” de Roy Orbison, “Lonesome town” de Ricky Nelson y esa composición propia titulada “The human fly”, han devuelto el interés por los orígenes del rockabilly y por el garage de los 60. También se dice que en una de sus actuaciones en un sanatorio mental consiguieron poner a bailar y hacer felices a todos los enfermos psíquicos, terapia con la que algunos de ellos pudieron reinsertarse activamente a la sociedad. Además, ciertos sectores ya los consideran como el mayor bastión de un revival muy genuino de los estilos anteriormente indicados, denominado a tal efecto psychobilly, el cual proliferará con carácter de culto durante la década de los 80. Asimismo, otros rumores también se aventuran en afirmar que estos Cramps no son humanos sino vampiros, hombres-lobos o incluso muertos vivientes.
Es noche de luna llena. Tres velas alumbran tenuemente el escenario. Una sombra comienza a realizar una especie de ritmo tribal. Acto seguido un foco ilumina el contorno de esa oscura silueta. Es Nick Knock que aporrea con firmeza su batería. Un segundo y un tercer foco marcan las progresivas entradas de las guitarras. Primero la distorsionada e infernal de Brian Gregory, y después la sugestiva e hipnótica de Poison Ivy. Con una atípica originalidad, parece ser que aquí no hace falta bajo que valga. Al compás de los primeros acordes, un tipo con tupé de dimensiones superiores a un par de palmos agarra el micrófono y vocifera: "...Ladies and gentleman, The Crampsssssss!!!..." El espectáculo está servido. Un cuarto foco se dirige hacia la cara de una especie de poseído y perturbado cantante llamado Lux Interior. Está sonando “Tv set”.
Los espectadores miran atónitos el acontecimiento. Entre los mismos se hallan caras conocidas tales como el cantante y productor Alex Chilton, ex-lider de Big Star o The Box Tops, o el ejecutivo musical Miles Axe Copeland, hermano del batería de The Police, los cuales comienzan a dudar si esto pudiera ser una nueva visión sideral a medio camino entre Link Wray y Rocky Erickson de los 13th Floor Elevators.
Nada más lejos de la realidad porque todos los focos se dirigen ahora hacia el satélite natural de la Tierra mientras estos espectros rescatan y ejecutan a velocidad de vértigo el “Rock on the moon”, uno de los dos únicos singles que Jimmy Stewart & The Nighthawks grabaron a finales de los 50. Esto es rockabilly a tumba abierta y lo demás son cuentos chinos.
No hay tregua. El señor Lux Interior reclama toda la atención al mutarse en líder de despojos y desperdicios humanos en “Garbageman”. Menuda osadía la suya, que corra la sangre porque aquí hay un gamberro capaz de enterrar el punk, el rockabilly, la psicodelia y el garaje con sus mismas armas.
Estremecedor. Bryan Gregory luce una sonrisa perversa mientras los focos iluminan sus extraños colmillos. Suena “I was a teenage zombie” y Lux salta de un amplificador a otro cual si fuera un animal salvaje. En la adolescencia fue un hombre lobo pero ahora se desgañita proclamando que es un monstruo. Algunos asistentes se miran petrificados unos a otros.
Con “Sunglasses after dark”, un tema que le iría al pelazo a algunos de los films de Tarantino, llega el delirio. Vaya versión espasmódica que se cascaron del clásico de Dwight Pullen aunque yo lo único que veo aquí es a Link Wray y su instrumental “Fastback”.
“The mad daddy” es rockabilly primitivo, sucio, salvaje, canibalesco, una maravilla.
Pero con “Mystery plane” no se quedan cortos con sus estridencias que van desde la psicodelia hasta los Stooges o los Ramones.
Vamos con “Zombie dance”. Ni un puto ni un santo muerto es capaz de quedarse estático y no abrir sus lápidas para menear el esqueleto.
Con “What’s behind the mask” se divisa lo que se avecina. Por fin, loado sea el Santísimo Omnipresente. La hiedra venenosa succiona sin contención.
Gloriosa versión del “Strychnine” de los Sonics. Ya iba siendo hora. Había tenido que transcurrir una década más un lustro para que alguien se acuerde de que hubo un grupo maravillosamente troglodita, maestros y abanderados del mejor garage-rock.
Ahora ya todos los asistentes pueden corear al unísono “I’m cramped”, claro que sí.
Orgulloso desde su tumba debió sentirse Johnny Burnette con la tremenda versión de ese clásico del rockabilly llamado “Tear it up”,
pero no menos orgulloso se sentiría el mismísimo Elvis Presley cuando escuchara desde el más allá su adaptación del “Fever”, original de Little Willie John.
Después, la concurrencia volvió a sus casas entre calambres, contracciones y espasmos. Muchos pensaron si aquello fue real y les invadió el temor. Otros comprendieron que este grupo era una rara avis de la naturaleza y se compraron al día siguiente el vinilo de “SONGS THE LORD TAUGHT US". A partir de ese momento, esa minoría de raros adolescentes aprendió a masturbarse también con los malditos y con los clásicos ocultos del rock&roll por culpa de aquellas canciones que los Cramps les enseñaron. Se dice pronto. Cramps forever!!!