Antes que nada quiero ambientar el post un poco.
Si naciste aproximadamente en los años 90, recordaras las tolas. Esas pequeñas figuras de plastico duro que venían con las Lays. Durante mis tiempos en la escuela fueron una de mis favoritas posesiones.
Como todos en esta página me imagino, el socializar con otros niños para mi nunca fue una tarea fácil. Por suerte juegos como este me permitieron interactuar con los demás niños.
Recordemos los 90, Nirvana, Cebollitas, Los Simpson, Windows 95 y el fabuloso Encarta que te ayudaba en las tareas. Pero sobre todo el 1 a 1 que nos permitía un mercado local con precios sin inflación lo que, traducido a la vida del niño de primaria, significaba una gaseosa y unas papas en el recreo con solo 1 peso.
Salir al recreo desaforado, con el dinero en la mano desde minutos ante, para llegar primero al kiosko y comprar tu nada nutritiva vianda.
Dentro de las Lays, oculta entre las papas nos aguardaba esa sorpresa, brillante por el aceite de la fritura y cubierta de sal. La colorida Tola. Todos comenzábamos nuestra colección y después de algunas semanas rezabas antes de abrir la bolsa para obtener aquella pieza faltante.
Para colmo, la coleccion debía ser guardada. Y donde sino? En un tremendo porta-tolas. Le pedías a tu vieja que te lleve al almacén para decirle al gordo Fabio que te guarde el que te gustaba.
Pero la diversión no terminaba ahí. En los recreos se desataba un tremendo evento. Los chicos del curso se juntaban contra una pared a jugar con las tolas.
El juego de las tolas consistía en arrojarlas intentando dejarlas lo más cerca posible de la pared. Todos se colocaban detrás de cierta linea y por turnos tiraban su tola. Había cierto numero de rondas tras las cuales el jugador cuya tola quedaba más cerca de la pared, se consagraba ganador.
La técnica se perfeccionaba. Los dedos se ponían de cierta forma, algunos la empujaban otros la tiraban como si fuese una canica. Había que adecuarse también a la forma de dicha tola, no todas tenían las mimas propiedades.
Existían tácticas, como golpear la tola del contrincante que había quedado peligrosamente posicionada cerca de la pared. En ciertos círculos esta forma de jugar era considerada sucia y de sin códigos.
El juego consistía otra forma de completar tu colección puesto que cierta ludopatía infnatil se manifestaba en los niños que apostaban las tolas que jugaban.
Más de uno habrá terminado llorando despues de perder a Greymon.
En fin, una diversión sana y uno de los recuerdos más felices de mi infancia y creo que de la de muchos.
Si naciste aproximadamente en los años 90, recordaras las tolas. Esas pequeñas figuras de plastico duro que venían con las Lays. Durante mis tiempos en la escuela fueron una de mis favoritas posesiones.
Como todos en esta página me imagino, el socializar con otros niños para mi nunca fue una tarea fácil. Por suerte juegos como este me permitieron interactuar con los demás niños.
Recordemos los 90, Nirvana, Cebollitas, Los Simpson, Windows 95 y el fabuloso Encarta que te ayudaba en las tareas. Pero sobre todo el 1 a 1 que nos permitía un mercado local con precios sin inflación lo que, traducido a la vida del niño de primaria, significaba una gaseosa y unas papas en el recreo con solo 1 peso.
Salir al recreo desaforado, con el dinero en la mano desde minutos ante, para llegar primero al kiosko y comprar tu nada nutritiva vianda.
Dentro de las Lays, oculta entre las papas nos aguardaba esa sorpresa, brillante por el aceite de la fritura y cubierta de sal. La colorida Tola. Todos comenzábamos nuestra colección y después de algunas semanas rezabas antes de abrir la bolsa para obtener aquella pieza faltante.
Para colmo, la coleccion debía ser guardada. Y donde sino? En un tremendo porta-tolas. Le pedías a tu vieja que te lleve al almacén para decirle al gordo Fabio que te guarde el que te gustaba.
Pero la diversión no terminaba ahí. En los recreos se desataba un tremendo evento. Los chicos del curso se juntaban contra una pared a jugar con las tolas.
El juego de las tolas consistía en arrojarlas intentando dejarlas lo más cerca posible de la pared. Todos se colocaban detrás de cierta linea y por turnos tiraban su tola. Había cierto numero de rondas tras las cuales el jugador cuya tola quedaba más cerca de la pared, se consagraba ganador.
La técnica se perfeccionaba. Los dedos se ponían de cierta forma, algunos la empujaban otros la tiraban como si fuese una canica. Había que adecuarse también a la forma de dicha tola, no todas tenían las mimas propiedades.
Existían tácticas, como golpear la tola del contrincante que había quedado peligrosamente posicionada cerca de la pared. En ciertos círculos esta forma de jugar era considerada sucia y de sin códigos.
El juego consistía otra forma de completar tu colección puesto que cierta ludopatía infnatil se manifestaba en los niños que apostaban las tolas que jugaban.
Más de uno habrá terminado llorando despues de perder a Greymon.
En fin, una diversión sana y uno de los recuerdos más felices de mi infancia y creo que de la de muchos.