Sopa de ajo
Ya que estamos en enero, sumado a la crisis real y psicológica ( hay gente que es insultante que hable de "su crisis" que existe por todo el mundo, vamos con comidas sabrosas y de poco esfuerzo económico aunque yo estoy convencida que en la mayoría de las economías, la alimentación es una parte pequeña del gasto mensual.
La sopa de ajo es un plato de supervivencia, aprovecha todos los posibles restos de alimentos básicos. Por un lado en el caldo cabe de todo, tanto de vegetales como de carne y por otro, como saciante aprovecha los restos de pan que quedan a diario. Por supuesto ya no usamos sebo o grasa animal sino aceite vegetal, cada uno el habitual en su casa.
Se pueden hacer simplemente con agua pero queda mucho mejor con caldo, aunque sea un agua de cocer verduras que podemos tener congelada y en caso de mucho apuro, agua y una pastilla de caldo. Nuestro congelador el el mejor amigo de "nada".
A mi no me gustan las cosas muy espesas ni el pan "remojado" por lo que yo pongo poco pan. De hecho esta entrada es fruto de la experiencia de un lector que miró una receta por Internet en la que decían que para un litro de caldo pusiera 500 gr de pan. La pastura que salió me la puedo imaginar. Pastura llamamos a la comida que antiguamente se hacía en las casas cociendo para los cerdos, con un poco de agua, todos los restos caseros.
Yo calculo 250 ml de caldo y dos rebanadas de barra de barra por persona. Si usamos hogaza calcularemos por el tamaño de esta. El pan se puede freír o tostar. Hay gente que hierve mucho el pan y otros, como yo, muy poco para que no quede demasiado blando.
600 ml de caldo de cualquier clase, unos 40 gr de pan, 3 ajos, aceite y sal. Opcional 20 gr de jamón serrano.
Poner el caldo en un puchero a calentar a fuego suave con un diente de ajo pelado. Pelar y partir los dos ajos restantes. Partir el pan a rebanadas muy finas, si son grandes partirlas en tres o cuatro trozos. Poner 3 cucharadas de aceite en un sartén y dorar los ajos.
Cuando empiecen a tomar color, añadir el pan dándole vueltas para que se impregne de aceite por todas partes y también tome color. Si queremos añadir algún trozo de jamón ahora es el momento. Hasta aquí se puede hacer con antelación. Al añadir la sal, tendremos en cuenta si el caldo ya está salado y la que pueda aportar el jamón.
En el momento de servir, subir el fuego del puchero con el caldo y añadir el pan frito con los ajos. En cuanto vuelva a hervir ya está listo para comer. Si nos gusta el pan blando y cocido, podemos hervir varios minutos.
Hay una versión que llaman sopa castellana en la que el pan hierve rato con el caldo, la sirven en cazuelillas individuales y unos minutos antes de servir añaden un huevo entero o una yema. La yema tiene que mantenerse líquida para romperla en el momento de comer.