Fanaticos Religiosos ¿ Ustedes Serian Capaces De Matar A Personas , O Simplemente A Animales ,Solo Por Un Libro ?
Persecución religiosa durante la Guerra Civil Española
Ruinas de la Iglesia del Colegio de las Escuelas Pías de San Fernando, en el popular barrio de Lavapiés, en Madrid. El edificio fue incendiado y destruido al comienzo de la Guerra Civil Española en 1936. En ruinas, se mantuvo abandonado durante el franquismo hasta que una gran parte del mismo fue rehabilitado y recuperado como biblioteca de la UNED por el arquitecto José Ignacio Linazasoro y en espacio de ocio y cultura, inaugurado en el 2006
El fenómeno de la persecución de los miembros de la Iglesia Católica que se enmarca en el contexto histórico de la Guerra Civil Española comprende a miles de personas, religiosos y laicos, que forman parte del conjunto más amplio de víctimas de la Guerra Civil, e incluye también la destrucción de patrimonio artístico religioso y documental. Entre estas personas se encontraron numerosos religiosos.pertenecientes al clero secular, órdenes, congregaciones y distintas organizaciones dependientes de la Iglesia Católica española que sufrieron actos de violencia que culminaron en miles de asesinatos, alcanzando las dimensiones de un fenómeno de persecución en las áreas de control nominal republicano principal, aunque no únicamente, durante los primeros meses del conflicto armado y de la revolución social que tuvo lugar en dicha zona. En la zona bajo control de las fuerzas sublevadas existieron también episodios, en un número muchísimo menor y en momentos puntuales, hacia religiosos (católicos o de otras confesiones).
Esta violencia no sólo se manifestó en contra de los derechos fundamentales de miles de personas, muchas de las cuales fueron asesinadas —algunas, incluso, tras sufrir tortura—, sino que también se ejerció de manera sistemática contra aquellos bienes y objetos considerados símbolos de la religiosidad, dañando o destruyendo gran parte del patrimonio arquitectónico, artístico y documental.
La interpretación del origen y motivaciones generales de estos hechos, así como de las circunstancias de algunos de ellos, en particular en lo que respecta a su consideración desde la dimensión política y religiosa, pero también sobre su terminología, la actitud de la Iglesia y sus consecuencias en el desarrollo de la contienda y la posterior represión del régimen franquista, son todavía objeto de fuerte controversia entre los especialistas.
Citado como referencia en numerosas otras obras, un detallado estudio publicado en 1961 por Antonio Montero Moreno, identificó a un total de 6.832 víctimas religiosas asesinadas en el territorio republicano, de las cuales 13 eran obispos, 4.184 sacerdotes, 2.365 religiosos y 283 religiosas.
La Iglesia Católica, considerando que muchas de estas víctimas lo fueron como "consecuencia de su fe", las definió como mártires. Esta denominación de carácter religioso fue también adoptada por la propaganda del bando sublevado y posteriormente, por la dictadura franquista, haciéndola extensiva a todas las víctimas afines a su causa, quienes fueron llamadas mártires de la Cruzada o mártires de la Guerra Civil.
Aunque reclamado por el régimen franquista y a pesar de su estrecha relación con la Iglesia Católica, no fue hasta después de la Transición Española, que el Vaticano, durante el papado de Juan Pablo II y tras la modificación en 1983 del Normae servandae in inquisitionibus ab episcopis faciendis in causis sanctorum el Código de Derecho Canónico aplicable y vigente hasta entonces, que establecía un plazo mínimo de cincuenta años antes de presentar los procesos en Roma, impulsó numerosas causas de beatificación y canonización, generando un polémico debate entre distintos sectores de la sociedad española, que desembocaron a partir de 1987 en las primeras ceremonias.
En el contexto de la controvertida iniciativa del Gobierno español presidido por José Luis Rodríguez Zapatero sobre la llamada "Ley de Memoria Histórica" y a pesar de las críticas recibidas, el Vaticano, prosiguiendo con las causas de beatificación que comenzaron a abrirse más de veinte años antes, llevó a cabo una masiva ceremonia de declaración de beatos "mártires" en otoño de 2007.
Holocausto
El Holocausto fue la persecución y el asesinato sistemático, burocráticamente organizado y auspiciado por el Estado de aproximadamente seis millones de judíos por parte del régimen nazi y sus colaboradores. "Holocausto" es una palabra de origen griego que significa "sacrificio por fuego". Los nazis, que llegaron al poder en Alemania en enero de 1933, creían que los alemanes eran una "raza superior" y que los judíos, considerados "inferiores", eran una amenaza extranjera para la llamada comunidad racial alemana.
Durante la era del Holocausto, las autoridades alemanas persiguieron a otros grupos debido a su percibida "inferioridad racial": los romaníes (gitanos), los discapacitados y algunos pueblos eslavos (polacos y rusos, entre otros). Otros grupos fueron perseguidos por motivos políticos, ideológicos y de comportamiento, entre ellos los comunistas, los socialistas, los testigos de Jehová y los homosexuales.
En 1933, la población judía de Europa ascendía a más de nueve millones, y la mayoría de los judíos europeos vivía en países que la Alemania nazi ocuparía o dominaría durante la Segunda Guerra Mundial. Para el año 1945, los alemanes y sus colaboradores habían asesinado aproximadamente a dos de cada tres judíos europeos como parte de la "Solución final", la política nazi para asesinar a los judíos de Europa. Si bien las principales víctimas del racismo nazi fueron los judíos, a quienes consideraban el mayor peligro para Alemania, entre las otras víctimas se incluyen 200 mil romaníes (gitanos). Como mínimo, 200 mil pacientes discapacitados física o mentalmente, en su mayoría alemanes y que vivían en instituciones, fueron asesinados en el marco del llamado Programa de Eutanasia.
A medida que la tiranía nazi se propagaba por Europa, los alemanes y sus colaboradores perseguían y asesinaban a millones de otras personas. Entre dos y tres millones de prisioneros de guerra soviéticos fueron asesinados o murieron de inanición, enfermedades, negligencia o maltrato. Los intelectuales polacos no judíos fueron perseguidos y asesinados por los alemanes. Millones de civiles polacos y soviéticos fueron deportados para realizar trabajos forzados en Alemania o en la Polonia ocupada, donde generalmente trabajaban y muchas veces morían en condiciones deplorables. Desde los primeros años del régimen nazi, las autoridades alemanas persiguieron a los homosexuales y a otras personas cuyos comportamientos no se ajustaban a las normas sociales prescritas. Miles de oponentes políticos (incluidos comunistas, socialistas y sindicalistas), así como disidentes religiosos (como los testigos de Jehová), fueron perseguidos por oficiales de la policía alemana. Muchas de estas personas murieron como resultado de la encarcelación y el maltrato.
En los primeros años del régimen nazi, el gobierno nacionalsocialista estableció campos de concentración para detener a oponentes políticos e ideológicos tanto reales como supuestos. En los años previos al estallido de la guerra, los oficiales de las SS y la policía encarcelaban en estos campos a cada vez más judíos, romaníes y otras víctimas del odio étnico y racial. Para concentrar y controlar a la población judía y al mismo tiempo facilitar la deportación posterior de los judíos, los alemanes y sus colaboradores crearon ghettos, campos de tránsito y campos de trabajos forzados para los judíos durante los años de la guerra. Asimismo, las autoridades alemanas establecieron numerosos campos de trabajos forzados, tanto en el denominado Gran Reich Alemán como en territorios ocupados por los alemanes, para personas no judías a quienes los alemanes buscaban explotar laboralmente.
Después de la invasión de la Unión Soviética en junio de 1941, los Einsatzgruppen (equipos móviles de matanza) y más adelante, los batallones militarizados de oficiales de la Policía iban detrás de las líneas alemanas para llevar adelante operaciones de asesinato en masa de judíos, romaníes y oficiales del partido comunista y del estado soviético. Las unidades alemanas de las SS y la policía, con el apoyo de unidades de la Wehrmacht y de la Waffen SS, asesinaron a más de un millón de hombres, mujeres y niños judíos junto con cientos de miles de otras personas. Entre los años 1941 y 1944, las autoridades alemanas del régimen nazi deportaron a millones de judíos desde Alemania, los territorios ocupados y los países de muchos de sus aliados del Eje hacia los ghettos y los centros de exterminio, también llamados centros de la muerte, donde fueron asesinados en cámaras de gas diseñadas especialmente para tal fin.
Durante los últimos meses de la guerra, los guardias de las SS trasladaron a los prisioneros de los campos en tren o en marchas forzadas, también denominadas “marchas de la muerte”, en un intento por evitar que los Aliados liberaran a grandes cantidades de prisioneros. A medida que las fuerzas aliadas se trasladaban por Europa en una serie de ofensivas contra Alemania, empezaron a encontrar y liberar a prisioneros de los campos de concentración, así como a los prisioneros que estaban en el camino en marchas forzadas desde un campo hacia otro. Las marchas continuaron hasta el 7 de mayo de 1945, el día en que las fuerzas armadas alemanas se rindieron incondicionalmente a los Aliados. Para los Aliados occidentales, la Segunda Guerra Mundial finalizó en Europa oficialmente al día siguiente, el 8 de mayo (día V-E), mientras que las fuerzas soviéticas anunciaron su “día de la victoria” el 9 de mayo de 1945.
Después del Holocausto, muchos de los sobrevivientes encontraron refugio en los campos de refugiados que administraban las fuerzas aliadas. Entre 1948 y 1951, casi 700 mil judíos emigraron a Israel, incluidos 136 mil judíos refugiados de Europa. Otros judíos refugiados emigraron a Estados Unidos y a otros países. El último campo de refugiados se cerró en 1957. Los crímenes cometidos durante el Holocausto devastaron a la mayoría de las comunidades judías de Europa y eliminaron totalmente a cientos de comunidades judías de los territorios ocupados de Europa Oriental.
¿Cuántas víctimas dejó el Holocausto?
-5.600.000 a 6.100.000 de judíos.
-3.500.000 a 6.000.000 de civiles esclavos.
-2.500.000 a 4.000.000 de prisioneros de guerra soviéticos.
-2.500.000 a 3.500.000 de polacos no judíos.
-1.000.000 a 1.500.000 de disidentes políticos.
-200.000 a 800.000 gitanos.
Lapidación y asesinatos de mujeres musulmanas
Son los llamados crímenes de odio. Padres y hermanos asesinan a sus hijas y hermanas si mantienen relaciones sexuales, se casan con quien quieren o pretenden dejar la ideología islámica. Lo mismo ocurre a los homosexuales y a los cristianos quienes por poseer una Biblia pueden ser condenados a muerte en países como Arabía Saudita.
La ley musulmana obliga a las mujeres usar la burka en todo momento para ocultar su belleza y evitar excitar a los hombres. Si una mujer es agredida sexualmente mientras no lleva la burka, es culpable por provocar a los hombres.
El pasado 16 de abril, Amina, una mujer afgana de 29 años, fue apedreada públicamente hasta morir. Condenada por adulterio por un tribunal islamista de Kabul, se convirtió en víctima de la ley Sharía, o ley islámica que significa “el camino al manantial. Cinco años atrás, su marido la abandonó y después de ese tiempo, retornó a su casa y descubrió el adulterio cometido por su mujer con un vecino. El marido solicitó que la mujer adúltera y su amante fuesen castigados, y así sucedió. La mujer fue arrastrada a la plaza pública, semienterrada y apedreada hasta la muerte. Por otro lado, el amante, recibió 100 latigazos y fue puesto en libertad. Difícil de creer, pero la persecución de “pecadores”, en su mayoría mujeres, en países musulmanes que siguen la Sharía, es parte del diario vivir.
De igual manera, en Afganistán, Irán y Nigeria, mujeres fueron asesinadas en público, acusadas de haber tenido relaciones sexuales extramaritales o por creer en Jesús en lugar de Mahoma. En la mayoría, por no decir en todos los países musulmanes, la mujer sufre una fuerte discriminación y opresión. Alá, Dios de los musulmanes, dicta unas normas en el Corán y la Sharía; sin embargo, son los musulmanes los que las interpretan a su manera y toman justicia por su cuenta.
A la mujer se le prohíbe la libertad de expresión y pensamiento; está sometida constantemente al control del hombre; viste como manda su religión o su marido, y vive totalmente condicionada e infravalorada.
LA SHARÍA: Ley de Mahoma
Las leyes religiosas (y en ocasiones también civiles) que provienen del Corán y se las denominan Sharía (vía, senda o camino recto), es para los musulmanes la ley de Dios tal como fue revelada por Mahoma. Son reglas sobre todos los aspectos de la vida; desde las acciones individuales hasta los asuntos de Estado.
Constituye un código detallado de conducta en el que se incluyen también los cánones describiendo los modos del culto, los criterios de la moral y la vida; las cosas permitidas o prohibidas y las leyes separadoras entre el bien y el mal.
La Sharía es vital en la vida de las mujeres musulmanas, ya que los códigos de familia de casi todos los países musulmanes afirman basarse en ella, por tanto, se basan en la religión, en la voluntad de Dios, en la ley divina, que son inmutables. Por otro lado, los códigos de familia están en debate en varios países por lo que el movimiento feminista, plantea como objetivo central, modificarlos en defensa de los derechos de la mujer.
La Sharía está adoptada por la mayoría de los musulmanes, en mayor o menor grado, como una cuestión de conciencia personal. También puede ser formalmente instituido como ley por ciertos Estados o tribunales, que velan por su cumplimiento, como es el caso de Irán, Afganistán, Nigeria, Arabia Saudita y Sudán.
La Sharía es identificada como derecho islámico que fue establecido en los primeros siglos del Islam, y quedó fijado en diversos compendios en el siglo XI. El derecho islámico medieval permaneció sin cambios durante siglos, pero con la modernización hubo un cambio fundamental, pasando de un derecho no codificado, que abarcaba todos los aspectos de las relaciones sociales, a desgajar sucesivas ramas que pasaron a regirse por una legislación codificada de tipo moderno. En el siglo XX, quedó el Derecho de Familia como único reducto que sigue la Sharía. Algunos países incluso cuentan con tribunales especiales, “tribunales de Sharia”, para aplicar el derecho islámico en los terrenos en que proceda, y éste es el caso de las cuestiones de mujeres y de familia.
El Hadd: Ofensas y castigos
Dentro de la Sharía existe una lista específica de ofensas conocidas como las ofensas Hadd. Son crímenes castigados con penas severas. Las transgresiones incluyen adulterio, prostitución, asesinato, acusaciones falsas, beber alcohol, robo y asalto en rutas. Las ofensas sexuales y el asesinato conllevan una pena de lapidación; el robo está penado con la amputación de una mano y el beber alcohol o las acusaciones falsas conlleva a azotes y palizas.
Sin embargo, no todas estas penas se adoptan universalmente en los países islámicos. Algunos, como Arabia Saudita, afirman vivir bajo el imperio de la Sharía en toda su pureza, y aplican las penas mencionadas ante las ofensas Hadd. Por otro lado, en Pakistán no ocurre lo mismo. La mayoría de los países de Oriente Próximo, incluyendo a Jordania, Egipto, Líbano y Siria, no han adoptado las ofensas Hadd como parte de sus legislaciones estatales.
La Sharía, además incluye como graves faltas, el ser homosexual, la desobediencia de las mujeres hacia la autoridad del padre o el esposo, las relaciones con infieles pertenecientes al mundo no islámico y el no cumplimiento de las normas de vestimenta de las mujeres, a las que en caso de incumplimiento, se las considera inmorales y culpables en caso de violación.
Una mujer vale medio camello
En este último año, las empresas aseguradoras iraníes están obligadas a pagar la misma indemnización por la muerte de un hombre que por la de una mujer, sin diferenciar entre ambos, tal y como había sido hasta ahora.
Según la Sharía, que aplicaban las aseguradoras, un hombre vale igual que un camello, mientras que el valor de una mujer es la mitad de la de un hombre, es decir, medio camello.
Un ejemplo de discriminación es que en los juicios, el testimonio de una mujer vale la mitad que el de un hombre, por lo que se necesita que dos mujeres testifiquen para que tenga el mismo valor.
Por otro lado, el testimonio de una mujer debe ser corroborado por el de un hombre.
En caso de violación es muy difícil para una mujer demostrarlo, como sucedió en Irán, donde una mujer viuda y embarazada fue violada y posteriormente lapidada hasta la muerte.
Una mujer violada no tiene ninguna credibilidad, necesita un mínimo de cuatro testigos, que no pueden ser ni familiares ni amigos. Si la mujer violada queda embarazada, el hijo será la prueba material del delito de adulterio y la mujer será lapidada en cuanto el bebé pase el período de lactancia.
En consecuencia, son pocas las condenas a hombres violadores. Asimismo, los varones son libres de casarse hasta con cuatro mujeres al mismo tiempo, y pueden disfrutar de “matrimonios temporales”, un mecanismo social y legalmente aceptado para que los hombres puedan tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, sin ser considerados “adúlteros”.
Asimismo, un hombre puede divorciarse de su esposa libremente, mientras que ésta sólo puede hacerlo si su cónyuge es drogadicto o impotente sexual y es capaz de demostrarlo.
Lapidación: muerte lenta y dolorosa
Donde la Sharía es ley, la lapidación es oficial. La lapidación es la tortura que consiste en enterrar hasta el pecho a mujeres condenadas, para que luego sean apedreadas hasta morir desangradas.
Irán aplica la Sharía y condena a la pena capital a delitos como el narcotráfico, homosexualidad y violación, mientras que las mujeres y los hombres casados, que se encuentren culpables de adulterio, son condenados a muerte por lapidación.
Según el sistema penal islámico iraní, los hombres condenados por adulterio deben ser enterrados hasta la cintura, y las mujeres hasta el pecho, para posteriormente ser apedreados.
Por otro lado, el artículo 104 del Código Penal iraní establece que “las piedras no deben ser excesivamente grandes para no provocar la muerte al primer o al segundo golpe”, con la intención de hacer la muerte del condenado más lenta y dolorosa. No obstante, si consigue sobrevivir, lo cual es altamente improbable, es “agraciado” con una pena de 15 años de cárcel. Las víctimas más habituales de las lapidaciones suelen ser mujeres acusadas de adulterio.
Además de las condenas a muerte, el sistema penal iraní cuenta con un amplio abanico de castigos corporales.
En Arabia Saudita la situación es similar. El 2001, se condenó a 81 personas a pena capital por crímenes de homosexualidad.
Ablación genital femenina
La mayoría de los musulmanes se sitúan en contra de esta técnica, pero se sigue efectuando en algunas tribus de países musulmanes. Es una forma de mutilación de los órganos genitales femeninos por razones religiosas o rituales, a menudo como parte de un rito de iniciación. La ablación genital femenina implica la extirpación quirúrgica de partes del clítoris y de los labios mayores y menores. También se practica a veces la infibulación, que consiste en coser los labios mayores dejando sólo una pequeña apertura por la que pueda fluir la orina y el líquido menstrual.
Las mujeres que han sufrido este tipo de intervención sufren grandes dolores cuando mantienen relaciones sexuales o dan a luz. Este tipo de operación presenta ciertos riesgos, ya que al ser normalmente realizada por comadronas no cualificadas y en condiciones poco higiénicas, existe el peligro de que la paciente contraiga infecciones como el tétanos. Además, la infibulación puede producir una retención del líquido menstrual y provocar la muerte.
Hoy en Irán
Hace unos días, un grupo de activistas iraníes por derechos humanos ha iniciado una campaña para impedir la lapidación hasta la muerte de ocho mujeres y un hombre, acusados de adulterio por tribunales iraníes.
Las ocho mujeres, cuyas edades varían entre los 27 y los 43 años, están acusadas de cargos como prostitución, incesto y adulterio. El hombre, un profesor de música de 50 años, fue condenado por mantener sexo ilegal con una estudiante.
Estas personas fueron condenadas a apedreamiento por distintas cortes iraníes y los juicios en su contra se desarrollaron sin abogados o testigos. Las autoridades iraníes normalmente rechazan los cargos de abusos a los derechos humanos, argumentando que éstos se rigen de acuerdo a la Sharía, o ley islámica.
Pasate Por La Parte 2
Persecución religiosa durante la Guerra Civil Española
Ruinas de la Iglesia del Colegio de las Escuelas Pías de San Fernando, en el popular barrio de Lavapiés, en Madrid. El edificio fue incendiado y destruido al comienzo de la Guerra Civil Española en 1936. En ruinas, se mantuvo abandonado durante el franquismo hasta que una gran parte del mismo fue rehabilitado y recuperado como biblioteca de la UNED por el arquitecto José Ignacio Linazasoro y en espacio de ocio y cultura, inaugurado en el 2006
El fenómeno de la persecución de los miembros de la Iglesia Católica que se enmarca en el contexto histórico de la Guerra Civil Española comprende a miles de personas, religiosos y laicos, que forman parte del conjunto más amplio de víctimas de la Guerra Civil, e incluye también la destrucción de patrimonio artístico religioso y documental. Entre estas personas se encontraron numerosos religiosos.pertenecientes al clero secular, órdenes, congregaciones y distintas organizaciones dependientes de la Iglesia Católica española que sufrieron actos de violencia que culminaron en miles de asesinatos, alcanzando las dimensiones de un fenómeno de persecución en las áreas de control nominal republicano principal, aunque no únicamente, durante los primeros meses del conflicto armado y de la revolución social que tuvo lugar en dicha zona. En la zona bajo control de las fuerzas sublevadas existieron también episodios, en un número muchísimo menor y en momentos puntuales, hacia religiosos (católicos o de otras confesiones).
Esta violencia no sólo se manifestó en contra de los derechos fundamentales de miles de personas, muchas de las cuales fueron asesinadas —algunas, incluso, tras sufrir tortura—, sino que también se ejerció de manera sistemática contra aquellos bienes y objetos considerados símbolos de la religiosidad, dañando o destruyendo gran parte del patrimonio arquitectónico, artístico y documental.
La interpretación del origen y motivaciones generales de estos hechos, así como de las circunstancias de algunos de ellos, en particular en lo que respecta a su consideración desde la dimensión política y religiosa, pero también sobre su terminología, la actitud de la Iglesia y sus consecuencias en el desarrollo de la contienda y la posterior represión del régimen franquista, son todavía objeto de fuerte controversia entre los especialistas.
Citado como referencia en numerosas otras obras, un detallado estudio publicado en 1961 por Antonio Montero Moreno, identificó a un total de 6.832 víctimas religiosas asesinadas en el territorio republicano, de las cuales 13 eran obispos, 4.184 sacerdotes, 2.365 religiosos y 283 religiosas.
La Iglesia Católica, considerando que muchas de estas víctimas lo fueron como "consecuencia de su fe", las definió como mártires. Esta denominación de carácter religioso fue también adoptada por la propaganda del bando sublevado y posteriormente, por la dictadura franquista, haciéndola extensiva a todas las víctimas afines a su causa, quienes fueron llamadas mártires de la Cruzada o mártires de la Guerra Civil.
Aunque reclamado por el régimen franquista y a pesar de su estrecha relación con la Iglesia Católica, no fue hasta después de la Transición Española, que el Vaticano, durante el papado de Juan Pablo II y tras la modificación en 1983 del Normae servandae in inquisitionibus ab episcopis faciendis in causis sanctorum el Código de Derecho Canónico aplicable y vigente hasta entonces, que establecía un plazo mínimo de cincuenta años antes de presentar los procesos en Roma, impulsó numerosas causas de beatificación y canonización, generando un polémico debate entre distintos sectores de la sociedad española, que desembocaron a partir de 1987 en las primeras ceremonias.
En el contexto de la controvertida iniciativa del Gobierno español presidido por José Luis Rodríguez Zapatero sobre la llamada "Ley de Memoria Histórica" y a pesar de las críticas recibidas, el Vaticano, prosiguiendo con las causas de beatificación que comenzaron a abrirse más de veinte años antes, llevó a cabo una masiva ceremonia de declaración de beatos "mártires" en otoño de 2007.
Holocausto
El Holocausto fue la persecución y el asesinato sistemático, burocráticamente organizado y auspiciado por el Estado de aproximadamente seis millones de judíos por parte del régimen nazi y sus colaboradores. "Holocausto" es una palabra de origen griego que significa "sacrificio por fuego". Los nazis, que llegaron al poder en Alemania en enero de 1933, creían que los alemanes eran una "raza superior" y que los judíos, considerados "inferiores", eran una amenaza extranjera para la llamada comunidad racial alemana.
Durante la era del Holocausto, las autoridades alemanas persiguieron a otros grupos debido a su percibida "inferioridad racial": los romaníes (gitanos), los discapacitados y algunos pueblos eslavos (polacos y rusos, entre otros). Otros grupos fueron perseguidos por motivos políticos, ideológicos y de comportamiento, entre ellos los comunistas, los socialistas, los testigos de Jehová y los homosexuales.
En 1933, la población judía de Europa ascendía a más de nueve millones, y la mayoría de los judíos europeos vivía en países que la Alemania nazi ocuparía o dominaría durante la Segunda Guerra Mundial. Para el año 1945, los alemanes y sus colaboradores habían asesinado aproximadamente a dos de cada tres judíos europeos como parte de la "Solución final", la política nazi para asesinar a los judíos de Europa. Si bien las principales víctimas del racismo nazi fueron los judíos, a quienes consideraban el mayor peligro para Alemania, entre las otras víctimas se incluyen 200 mil romaníes (gitanos). Como mínimo, 200 mil pacientes discapacitados física o mentalmente, en su mayoría alemanes y que vivían en instituciones, fueron asesinados en el marco del llamado Programa de Eutanasia.
A medida que la tiranía nazi se propagaba por Europa, los alemanes y sus colaboradores perseguían y asesinaban a millones de otras personas. Entre dos y tres millones de prisioneros de guerra soviéticos fueron asesinados o murieron de inanición, enfermedades, negligencia o maltrato. Los intelectuales polacos no judíos fueron perseguidos y asesinados por los alemanes. Millones de civiles polacos y soviéticos fueron deportados para realizar trabajos forzados en Alemania o en la Polonia ocupada, donde generalmente trabajaban y muchas veces morían en condiciones deplorables. Desde los primeros años del régimen nazi, las autoridades alemanas persiguieron a los homosexuales y a otras personas cuyos comportamientos no se ajustaban a las normas sociales prescritas. Miles de oponentes políticos (incluidos comunistas, socialistas y sindicalistas), así como disidentes religiosos (como los testigos de Jehová), fueron perseguidos por oficiales de la policía alemana. Muchas de estas personas murieron como resultado de la encarcelación y el maltrato.
En los primeros años del régimen nazi, el gobierno nacionalsocialista estableció campos de concentración para detener a oponentes políticos e ideológicos tanto reales como supuestos. En los años previos al estallido de la guerra, los oficiales de las SS y la policía encarcelaban en estos campos a cada vez más judíos, romaníes y otras víctimas del odio étnico y racial. Para concentrar y controlar a la población judía y al mismo tiempo facilitar la deportación posterior de los judíos, los alemanes y sus colaboradores crearon ghettos, campos de tránsito y campos de trabajos forzados para los judíos durante los años de la guerra. Asimismo, las autoridades alemanas establecieron numerosos campos de trabajos forzados, tanto en el denominado Gran Reich Alemán como en territorios ocupados por los alemanes, para personas no judías a quienes los alemanes buscaban explotar laboralmente.
Después de la invasión de la Unión Soviética en junio de 1941, los Einsatzgruppen (equipos móviles de matanza) y más adelante, los batallones militarizados de oficiales de la Policía iban detrás de las líneas alemanas para llevar adelante operaciones de asesinato en masa de judíos, romaníes y oficiales del partido comunista y del estado soviético. Las unidades alemanas de las SS y la policía, con el apoyo de unidades de la Wehrmacht y de la Waffen SS, asesinaron a más de un millón de hombres, mujeres y niños judíos junto con cientos de miles de otras personas. Entre los años 1941 y 1944, las autoridades alemanas del régimen nazi deportaron a millones de judíos desde Alemania, los territorios ocupados y los países de muchos de sus aliados del Eje hacia los ghettos y los centros de exterminio, también llamados centros de la muerte, donde fueron asesinados en cámaras de gas diseñadas especialmente para tal fin.
Durante los últimos meses de la guerra, los guardias de las SS trasladaron a los prisioneros de los campos en tren o en marchas forzadas, también denominadas “marchas de la muerte”, en un intento por evitar que los Aliados liberaran a grandes cantidades de prisioneros. A medida que las fuerzas aliadas se trasladaban por Europa en una serie de ofensivas contra Alemania, empezaron a encontrar y liberar a prisioneros de los campos de concentración, así como a los prisioneros que estaban en el camino en marchas forzadas desde un campo hacia otro. Las marchas continuaron hasta el 7 de mayo de 1945, el día en que las fuerzas armadas alemanas se rindieron incondicionalmente a los Aliados. Para los Aliados occidentales, la Segunda Guerra Mundial finalizó en Europa oficialmente al día siguiente, el 8 de mayo (día V-E), mientras que las fuerzas soviéticas anunciaron su “día de la victoria” el 9 de mayo de 1945.
Después del Holocausto, muchos de los sobrevivientes encontraron refugio en los campos de refugiados que administraban las fuerzas aliadas. Entre 1948 y 1951, casi 700 mil judíos emigraron a Israel, incluidos 136 mil judíos refugiados de Europa. Otros judíos refugiados emigraron a Estados Unidos y a otros países. El último campo de refugiados se cerró en 1957. Los crímenes cometidos durante el Holocausto devastaron a la mayoría de las comunidades judías de Europa y eliminaron totalmente a cientos de comunidades judías de los territorios ocupados de Europa Oriental.
¿Cuántas víctimas dejó el Holocausto?
-5.600.000 a 6.100.000 de judíos.
-3.500.000 a 6.000.000 de civiles esclavos.
-2.500.000 a 4.000.000 de prisioneros de guerra soviéticos.
-2.500.000 a 3.500.000 de polacos no judíos.
-1.000.000 a 1.500.000 de disidentes políticos.
-200.000 a 800.000 gitanos.
Lapidación y asesinatos de mujeres musulmanas
Son los llamados crímenes de odio. Padres y hermanos asesinan a sus hijas y hermanas si mantienen relaciones sexuales, se casan con quien quieren o pretenden dejar la ideología islámica. Lo mismo ocurre a los homosexuales y a los cristianos quienes por poseer una Biblia pueden ser condenados a muerte en países como Arabía Saudita.
La ley musulmana obliga a las mujeres usar la burka en todo momento para ocultar su belleza y evitar excitar a los hombres. Si una mujer es agredida sexualmente mientras no lleva la burka, es culpable por provocar a los hombres.
El pasado 16 de abril, Amina, una mujer afgana de 29 años, fue apedreada públicamente hasta morir. Condenada por adulterio por un tribunal islamista de Kabul, se convirtió en víctima de la ley Sharía, o ley islámica que significa “el camino al manantial. Cinco años atrás, su marido la abandonó y después de ese tiempo, retornó a su casa y descubrió el adulterio cometido por su mujer con un vecino. El marido solicitó que la mujer adúltera y su amante fuesen castigados, y así sucedió. La mujer fue arrastrada a la plaza pública, semienterrada y apedreada hasta la muerte. Por otro lado, el amante, recibió 100 latigazos y fue puesto en libertad. Difícil de creer, pero la persecución de “pecadores”, en su mayoría mujeres, en países musulmanes que siguen la Sharía, es parte del diario vivir.
De igual manera, en Afganistán, Irán y Nigeria, mujeres fueron asesinadas en público, acusadas de haber tenido relaciones sexuales extramaritales o por creer en Jesús en lugar de Mahoma. En la mayoría, por no decir en todos los países musulmanes, la mujer sufre una fuerte discriminación y opresión. Alá, Dios de los musulmanes, dicta unas normas en el Corán y la Sharía; sin embargo, son los musulmanes los que las interpretan a su manera y toman justicia por su cuenta.
A la mujer se le prohíbe la libertad de expresión y pensamiento; está sometida constantemente al control del hombre; viste como manda su religión o su marido, y vive totalmente condicionada e infravalorada.
LA SHARÍA: Ley de Mahoma
Las leyes religiosas (y en ocasiones también civiles) que provienen del Corán y se las denominan Sharía (vía, senda o camino recto), es para los musulmanes la ley de Dios tal como fue revelada por Mahoma. Son reglas sobre todos los aspectos de la vida; desde las acciones individuales hasta los asuntos de Estado.
Constituye un código detallado de conducta en el que se incluyen también los cánones describiendo los modos del culto, los criterios de la moral y la vida; las cosas permitidas o prohibidas y las leyes separadoras entre el bien y el mal.
La Sharía es vital en la vida de las mujeres musulmanas, ya que los códigos de familia de casi todos los países musulmanes afirman basarse en ella, por tanto, se basan en la religión, en la voluntad de Dios, en la ley divina, que son inmutables. Por otro lado, los códigos de familia están en debate en varios países por lo que el movimiento feminista, plantea como objetivo central, modificarlos en defensa de los derechos de la mujer.
La Sharía está adoptada por la mayoría de los musulmanes, en mayor o menor grado, como una cuestión de conciencia personal. También puede ser formalmente instituido como ley por ciertos Estados o tribunales, que velan por su cumplimiento, como es el caso de Irán, Afganistán, Nigeria, Arabia Saudita y Sudán.
La Sharía es identificada como derecho islámico que fue establecido en los primeros siglos del Islam, y quedó fijado en diversos compendios en el siglo XI. El derecho islámico medieval permaneció sin cambios durante siglos, pero con la modernización hubo un cambio fundamental, pasando de un derecho no codificado, que abarcaba todos los aspectos de las relaciones sociales, a desgajar sucesivas ramas que pasaron a regirse por una legislación codificada de tipo moderno. En el siglo XX, quedó el Derecho de Familia como único reducto que sigue la Sharía. Algunos países incluso cuentan con tribunales especiales, “tribunales de Sharia”, para aplicar el derecho islámico en los terrenos en que proceda, y éste es el caso de las cuestiones de mujeres y de familia.
El Hadd: Ofensas y castigos
Dentro de la Sharía existe una lista específica de ofensas conocidas como las ofensas Hadd. Son crímenes castigados con penas severas. Las transgresiones incluyen adulterio, prostitución, asesinato, acusaciones falsas, beber alcohol, robo y asalto en rutas. Las ofensas sexuales y el asesinato conllevan una pena de lapidación; el robo está penado con la amputación de una mano y el beber alcohol o las acusaciones falsas conlleva a azotes y palizas.
Sin embargo, no todas estas penas se adoptan universalmente en los países islámicos. Algunos, como Arabia Saudita, afirman vivir bajo el imperio de la Sharía en toda su pureza, y aplican las penas mencionadas ante las ofensas Hadd. Por otro lado, en Pakistán no ocurre lo mismo. La mayoría de los países de Oriente Próximo, incluyendo a Jordania, Egipto, Líbano y Siria, no han adoptado las ofensas Hadd como parte de sus legislaciones estatales.
La Sharía, además incluye como graves faltas, el ser homosexual, la desobediencia de las mujeres hacia la autoridad del padre o el esposo, las relaciones con infieles pertenecientes al mundo no islámico y el no cumplimiento de las normas de vestimenta de las mujeres, a las que en caso de incumplimiento, se las considera inmorales y culpables en caso de violación.
Una mujer vale medio camello
En este último año, las empresas aseguradoras iraníes están obligadas a pagar la misma indemnización por la muerte de un hombre que por la de una mujer, sin diferenciar entre ambos, tal y como había sido hasta ahora.
Según la Sharía, que aplicaban las aseguradoras, un hombre vale igual que un camello, mientras que el valor de una mujer es la mitad de la de un hombre, es decir, medio camello.
Un ejemplo de discriminación es que en los juicios, el testimonio de una mujer vale la mitad que el de un hombre, por lo que se necesita que dos mujeres testifiquen para que tenga el mismo valor.
Por otro lado, el testimonio de una mujer debe ser corroborado por el de un hombre.
En caso de violación es muy difícil para una mujer demostrarlo, como sucedió en Irán, donde una mujer viuda y embarazada fue violada y posteriormente lapidada hasta la muerte.
Una mujer violada no tiene ninguna credibilidad, necesita un mínimo de cuatro testigos, que no pueden ser ni familiares ni amigos. Si la mujer violada queda embarazada, el hijo será la prueba material del delito de adulterio y la mujer será lapidada en cuanto el bebé pase el período de lactancia.
En consecuencia, son pocas las condenas a hombres violadores. Asimismo, los varones son libres de casarse hasta con cuatro mujeres al mismo tiempo, y pueden disfrutar de “matrimonios temporales”, un mecanismo social y legalmente aceptado para que los hombres puedan tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, sin ser considerados “adúlteros”.
Asimismo, un hombre puede divorciarse de su esposa libremente, mientras que ésta sólo puede hacerlo si su cónyuge es drogadicto o impotente sexual y es capaz de demostrarlo.
Lapidación: muerte lenta y dolorosa
Donde la Sharía es ley, la lapidación es oficial. La lapidación es la tortura que consiste en enterrar hasta el pecho a mujeres condenadas, para que luego sean apedreadas hasta morir desangradas.
Irán aplica la Sharía y condena a la pena capital a delitos como el narcotráfico, homosexualidad y violación, mientras que las mujeres y los hombres casados, que se encuentren culpables de adulterio, son condenados a muerte por lapidación.
Según el sistema penal islámico iraní, los hombres condenados por adulterio deben ser enterrados hasta la cintura, y las mujeres hasta el pecho, para posteriormente ser apedreados.
Por otro lado, el artículo 104 del Código Penal iraní establece que “las piedras no deben ser excesivamente grandes para no provocar la muerte al primer o al segundo golpe”, con la intención de hacer la muerte del condenado más lenta y dolorosa. No obstante, si consigue sobrevivir, lo cual es altamente improbable, es “agraciado” con una pena de 15 años de cárcel. Las víctimas más habituales de las lapidaciones suelen ser mujeres acusadas de adulterio.
Además de las condenas a muerte, el sistema penal iraní cuenta con un amplio abanico de castigos corporales.
En Arabia Saudita la situación es similar. El 2001, se condenó a 81 personas a pena capital por crímenes de homosexualidad.
Ablación genital femenina
La mayoría de los musulmanes se sitúan en contra de esta técnica, pero se sigue efectuando en algunas tribus de países musulmanes. Es una forma de mutilación de los órganos genitales femeninos por razones religiosas o rituales, a menudo como parte de un rito de iniciación. La ablación genital femenina implica la extirpación quirúrgica de partes del clítoris y de los labios mayores y menores. También se practica a veces la infibulación, que consiste en coser los labios mayores dejando sólo una pequeña apertura por la que pueda fluir la orina y el líquido menstrual.
Las mujeres que han sufrido este tipo de intervención sufren grandes dolores cuando mantienen relaciones sexuales o dan a luz. Este tipo de operación presenta ciertos riesgos, ya que al ser normalmente realizada por comadronas no cualificadas y en condiciones poco higiénicas, existe el peligro de que la paciente contraiga infecciones como el tétanos. Además, la infibulación puede producir una retención del líquido menstrual y provocar la muerte.
Hoy en Irán
Hace unos días, un grupo de activistas iraníes por derechos humanos ha iniciado una campaña para impedir la lapidación hasta la muerte de ocho mujeres y un hombre, acusados de adulterio por tribunales iraníes.
Las ocho mujeres, cuyas edades varían entre los 27 y los 43 años, están acusadas de cargos como prostitución, incesto y adulterio. El hombre, un profesor de música de 50 años, fue condenado por mantener sexo ilegal con una estudiante.
Estas personas fueron condenadas a apedreamiento por distintas cortes iraníes y los juicios en su contra se desarrollaron sin abogados o testigos. Las autoridades iraníes normalmente rechazan los cargos de abusos a los derechos humanos, argumentando que éstos se rigen de acuerdo a la Sharía, o ley islámica.
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