Qué tal gente!, aca les voy a dejar este post bastante interesante si les pasa como a mi hoy, este post va dedicado a esa persona que tan mal habló y tan bien se expresó sobre lo que voy a hacer yo en el verano

Envidia
De acuerdo a la primera definición de la Real Academia Española la envidia es sentir tristeza o pesar por el bien ajeno. Esto es sentirse mal porque otro tiene algo sin necesariamente desear eso que el otro tiene, sino más bien por el mismo hecho de la bonanza en el otro. De acuerdo a esta definición lo que no le agrada al envidioso no es tanto algún objeto en particular que un tercero pueda tener sino la felicidad en ese otro. Entendida de esta manera, es posible concluir que la envidia es la madre del resentimiento, un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor sino que al otro le vaya peor.
De acuerdo a la segunda de las acepciones de la Real Academia Española la envidia se puede encuadrar dentro de la emulación o deseo de poseer algo que otro posee. Siendo en este caso que lo envidiado no es un sujeto sino un objeto material o intelectual. Por lo tanto en esta segunda acepción la base de la envidia sería el sentimiento de desagrado por no tener algo y además de eso el afán de poseer ese algo. Esto puede llegar a implicar el deseo de privar de ese algo al otro en el caso de que el objeto en disputa sea el único disponible.
Una tercera posibilidad para comprender lo que la envidia implica sería la combinación de las dos acepciones mencionadas anteriormente.
Cualquiera sea el caso, la envidia es un sentimiento que nunca produce nada positivo en el que lo padece sino una insalvable amargura.
Bertrand Russell sostenía que la envidia es una de las más potentes causas de infelicidad. Siendo universal es el más desafortunado aspecto de la naturaleza humana, porque aquel que envidia no sólo sucumbe a la infelicidad que le produce su envidia, sino que además alimenta el deseo de producir el mal a otros.
José Antonio Marina sostiene cierta nomenclatura afectiva en su obra "El laberinto sentimental", en la que divide los fenómenos afectivos en: afecto, sensaciones de dolor placer, deseos y sentimientos, subdividiendo éstos en cuatro grupos según su intensidad como: estados sentimentales, emociones y pasiones. Este último grupo, las pasiones, son definidas como "sentimientos intensos, vehementes, tendenciales, con un influjo poderoso sobre el individuo". Sería en este grupo en el que la envidia quedaría configurada.
Se asocia la envidia al color verde o amarillo y existe incluso la frase hecha "verde de envidia" o "amarillo de envidia".
La envidia es una sensación desagradable que ocasiona conductas desagradables para los demás. Tradicionalmente ha sido considerada uno de los siete pecados capitales, según la Iglesia Católica.
La envidia ha sido frecuentemente tema literario y ha inspirado relatos literarios como el de Caín y Abel que aparece en el Génesis de la Biblia. Este relato, en realidad, ejemplifica la rivalidad y conflictos históricos entre los sistemas de vida nómadas y sedentarios de pastores y agricultores que se han desarrollado siempre a lo largo de la historia, también entre los pueblos semíticos. El escritor de la generación del 98, Miguel de Unamuno afirmaba que era el rasgo de carácter más propio de los españoles y escribió para ejemplificarlo su novela Abel Sánchez, en que el verdadero protagonista, que significativamente no da título a la obra, ansioso de hacer el bien por la humanidad, sólo recibe desprecio y falta de afecto por ello, mientras que el falso protagonista, que sí da título a la obra, recibe todo tipo de recompensas y afecto por lo que no ha hecho.
Significado Psicológico
Una de las peculiaridades de la actuación envidiosa es que necesariamente se disfraza o se oculta, y no sólo ante terceros, sino también ante sí mismo. La forma de ocultación más usual es la negación: se niega ante los demás y ante uno mismo sentir envidia.
La envidia revela una deficiencia de la persona, del self del envidioso, que no está dispuesto a admitir. Si el envidioso estuviera dispuesto a saber de sí, a re-conocerse, asumiría ante los demás y ante sí mismo sus carencias.
La dependencia unidireccional del envidioso respecto del envidiado persiste aún cuando el envidiado haya dejado de existir. Y esta circunstancia –la inexistencia empírica del sujeto envidiado y la persistencia, no obstante, de la envidia respecto de él-descubre el verdadero objeto de la envidia, que no es el bien que posee el envidiado, sino el sujeto que lo posee.
El envidioso acude para el ataque a aspectos difícilmente comprobables de la privacidad del envidiado, que contribuirían, de aceptarse, a decrecer la positividad de la imagen que los demás tienen de él (el envidioso tiende a hacerse pasar por el mejor «informado», advirtiendo a veces que «aún sabe más»). Pero adonde realmente dirige el envidioso sus intentos de demolición es a la imagen que los demás, menos informados que él, o más ingenuos, se han construido sobre bases equivocadas.
¿Cómo conseguirlo? Mediante la difamación, originariamente "disfamación". En efecto, la fama es el resultado de la imagen. La fama por antonomasia es «buena fama», «buen nombre», «crédito». La difamación es el proceso mediante el cual se logra desacreditar gravemente la buena fama de una persona.
Ahora vemos dónde está realmente el verdadero objeto de la envidia. No en el bien que el otro posee, sino en el (modo de) ser del envidiado, que le capacita para el logro de ese bien.
El envidioso es un hombre carente de (algún o algunos) atributos y, por lo tanto, sin los signos diferenciales del envidiado. Sabemos de qué carece el envidioso a partir de aquello que envidia en el otro. Pero, además, en este discurso destaca la tácita e implícita aseveración de que el atributo que el envidiado posee lo debiera poseer él, y, es más, puede declarar que incluso lo posee, pero que, injustificadamente «no se le reconoce». Ésta es la razón por la que el discurso envidioso es permanentemente crítico o incluso hipercrítico sobre el envidiado, y remite siempre a sí mismo. Aquel a quien podríamos denominar «el perfecto envidioso» construye un discurso razonado, bien estructurado, pleno de sagaces observaciones negativas que hay que reconocer muchas veces como exactas.
No sólo el sujeto envidioso es inicialmente deficiente en aquello que el envidiado posee, sino que el enquistamiento de la envidia, es decir, la dependencia del envidioso respecto del envidiado perpetúa y agrava esa deficiencia. Decía Vives: «Con razón han afirmado algunos que la envidia es una cosa muy justa porque lleva consigo el suplicio que merece el envidioso».
Una de las invalideces del envidioso es su singular inhibición para la espontaneidad creadora. Ya es de por sí bastante inhibidor crear en y por la competitividad, por la emulación. La verdadera creación, que es siempre, y, por definición, original, surge de uno mismo, cualesquiera sean las fuentes de las que cada cual se nutra. No en función de algo o de alguien que no sea uno mismo. Pues, en el caso de que no sea así, se hace para y por el otro, no por sí. Todo sujeto, en tanto construcción singular e irrepetible, es original, siempre y cuando no se empeñe en ser como otro: una forma de plagio de identidad que conduce a la simulación y al bloqueo de la originalidad.
El tratamiento eficaz de la envidia cree verlo el que la padece en la destrucción del envidiado (si pudiera llegaría incluso a la destrucción física), para lo cual teje un discurso constante e interminable sobre las negatividades del envidiado. Es uno de los costos de la envidia, un auténtico despilfarro, porque rara vez el discurso del envidioso llega a ser útil, y con frecuencia el pretendido efecto perlocucionario –la descalificación de la imagen del envidiado- resulta un fracaso total.
Su deficiencia estructural en los planos psicológico y moral aparece a pesar de sus intentos de ocultación y secretismo.
Cómo actuar contra la envidia
La envidia es un sentimiento que con diferentes intensidades ha rozado a todos en algún momento de sus vidas. Solemos escuchar que existe envidia sana y de la otra, dando por entendido que la no sana es mala palabra y que con esa no se tiene nada que ver. ¿Se puede cortar la envidia? ¿Qué puede provocar un envidioso?
Antes que nada, el envidioso se provoca daño a sí mismo y en segundo lugar malestar en los demás. La energía que emana este sentimiento es muy fuerte, negativa y destructiva. No es para nada una enfermedad, es un defecto de carácter, que se une a la venganza, la ira, la autocompasión, el resentimiento, la desconfianza, el culpar a los demás, la crítica, el pesimismo y la falta de amor y de preocupación por el prójimo.
Son generalmente las personas no contentas consigo mismas o las que tienen complejo de inferioridad las que siempre expresarán envidia hacia los demás, ya sea por aspectos físicos o intelectuales, posibilidades de éxito o por bienes materiales.
Reconocer que se siente envidia por algo o alguien y que eso es lo que domina nuestras actitudes, deseos y pensamientos es el punto de partida para revertir esa situación. No es fácil, pero tampoco imposible. El entorno cercano será muy importante para marcar este defecto con amor y motivar un cambio positivo.
Para quienes se sientan el blanco de envidias de compañeros de trabajo, vecinos, compañeros de estudio, amigos y hasta familiares, lo más importante es preservarse, no exponerse a situaciones que provoquen y agudicen ese sentimiento, entender que el envidioso en la mayoría de las veces no puede dominar lo que le pasa, que es una situación que le genera sufrimiento, insatisfacción y por lo tanto la mejor manera de reaccionar es detectar aquellas cosas de nuestra conductas que actúan como disparador y evitarlas con determinadas personas. Desde ya, que si se animan a dialogar con cuidado sobre este tema, será muy productivo para todos.
Para quienes crean en el poder de la energía y que se puede recurrir a pequeñas recursos para evitar o cortar la envidia, aquí van unos tips prácticos y efectivos:
* Utilizar carbón natural para absorber la energía de los lugares habituales. Un procedimiento de defensa muy simple y que da muy buenos resultados. Colocar todos los días y durante una semana 3 trozos de carbón en un plato, en el ambiente deseado y tirar cada mañana los trozos en un curso de agua.
* Tener cerca del escritorio o lugar de trabajo una copa o vaso de vidrio con agua, verán cómo se carga de burbujas al absorber la energía del entorno, no tomar esa agua, tirar el agua y renovarla todos los días.
* Encender un incienso y pasarlo por todas las habitaciones en las que se consideren necesarias. En la oficina, si fuese posible, se puede encender un hornito, tomando los cuidados del caso, con apenas unas gotitas de lavanda, ruda o romero.
* Baño de inmersión para descargas. Se llena la bañadera de agua tibia y se mezcla en el agua sal gruesa ( dos vasos). Se pueden agregar unas hojitas de romero. No estar en el agua más de 20 minutos. No hacer más de una vez por semana.
Algunas frases de envidia
La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren.
Arthur Schopenhauer (1788-1860) Filósofo alemán.
La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.
Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645) Escritor español.
Castiga a los que tienen envidia haciéndoles bien.
Proverbio árabe
¿Qué es un envidioso? Un ingrato que detesta la luz que le alumbra y le calienta.
Victor Hugo (1802-1885) Novelista francés.
La envidia es causada por ver a otro gozar de lo que deseamos; los celos, por ver a otro poseer lo que quisiéramos poseer nosotros.
Diógenes Laercio (S. III AC-?) Historiador griego.
La envidia es una declaración de inferioridad.
Napoleón I (1769-1821) Napoleón Bonaparte. Emperador francés.
Nuestra envidia dura siempre más que la dicha de aquellos que envidiamos.
François de la Rochefoucauld (1613-1680) Escritor francés.
La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual.
Miguel de Unamuno (1864-1936) Filósofo y escritor español.
El silencio del envidioso está lleno de ruidos.
Khalil Gibran (1883-1931) Ensayista, novelista y poeta libanés.
Después de aquellos que ocupan los primeros puestos, no conozco a nadie tan desgraciado como quien los envidia.
Marquesa de Maintenon (1635-1719) Noble francesa.
Una demostración de envidia es un insulto a uno mismo.
Yevgeny Yevtushenko (1933-?) Poeta ruso.
El envidioso puede morir, pero la envidia nunca.
Molière (1622-1673) Comediografo francés.
La envidia es el gusano roedor del mérito y de la gloria.
Sir Francis Bacon (1561-1626) Filósofo y estadista británico.
La envidia es el adversario de los más afortunados.
Epicteto de Frigia (50-135) Filósofo grecolatino.
El tema de la envidia es muy español. Los españoles siempre están pensando en la envidia. Para decir que algo es bueno dicen: "Es envidiable".
Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.
La envidia y el odio van siempre unidos, se fortalecen recíprocamente por el hecho de perseguir el mismo objeto.
Jean de la Bruyere (1645-1696) Escritor francés.
Tan grande como la turba de los admiradores es la turba de los envidiosos.
Lucio Anneo Séneca (2 AC-65) Filósofo latino.
Si hubiera un solo hombre inmortal sería asesinado por los envidiosos.
Chumy Chúmez (1927-2003) Humorista gráfico y escritor español.
¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes!.
Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) Escritor español.
Quien no es envidiado, no es digno de serlo.
Esquilo de Eleusis (525 AC-456 AC) Poeta trágico.
La indignación moral es, en la mayoria de los casos, un dos por ciento de moral, un cuarenta y ocho por ciento, indignación, y un cincuenta por ciento, envidia.
Vittorio de Sica (1901-1974) Cineasta italiano.
La muerte abre la puerta de la fama y cierra tras de sí la de la envidia.
Laurence Sterne (1713-1768) Novelista y humorista inglés.
La envidia, el más mezquino de los vicios, se arrastra por el suelo como una serpiente.
Ovidio (43 AC-17) Poeta latino.
No envidies la riqueza del prójimo.
Homero (VIII AC-VIII AC) Poeta y rapsoda griego.
Virtud envidiada es dos veces virtud.
Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645) Escritor español.
Nadie es realmente digno de envidia.
Arthur Schopenhauer (1788-1860) Filósofo alemán.
Test Psicológico sobre la envidia. CLICK AQUÍ
Y bueno gente, hasta aca el posteo, espero lo lean =). Saludo a toda la comunidad.
Fuente de "Envidia y Significado psicológico"
Fuente de "Cómo actuar contra la envidia"
Fuente de "Frases de envidia"