EL PAYADOR GABINO EZEIZA
Hay seres que parecen nacer para dar pábulo a la leyenda,
para alimentar la llama inextinguible del Mito. Gabino Ezeiza,
el famoso payador negro, fue uno de ellos. Ya en vida su figura había adquirido perfiles legendarios,
que el tiempo transcurrido desde su desaparición ha ido acrecentando,
al punto que sólo una precisa y nítida investigación podrá distinguir,
en su biografía, lo real de lo imaginario.
Gabino Ezeiza nació el 3 de febrero de 1858 en el barrio de San Telmo, en Buenos Aires.
Poco se sabe de su hogar y de su familia. Su padre había servido a la familia Ezeiza,
de ahí su apellido, y descendía por su abuelo de un trompa de Rosas.
Quien primero puso una guitarra en sus manos fue un pardo muy viejo,
que tenía una pulpería en el bajo de San Telmo. Se llamaba Pancho Luna,
y fue payador cuando joven, en los tiempos de Rivadavia.
Al cumplir quince años le compraron a Gabino una hermosa guitarra española.
El la adornó con cintas celestes y blancas, se despidió de su madre y de sus hermanos Tomás y Matilde Ezeiza
– el padre había muerto en la Guerra del Paraguay -,
y comenzó su existencia de cantor errante.
Fue en ese mismo año de 1880 cuando Gabino Ezeiza se enfrentó con Nemesio Trejo
y fue ésa la primera de una serie de payadas que ambos sostuvieron a lo largo de los años,
hasta que el segundo, que era escribano y se dio con éxito a escribir para el teatro,
abandonó la guitarra y las improvisaciones.
En 1891, hallándose en La Plata , la buena suerte lo acompañó: ganó un premio grande en la lotería y con el dinero cobrado compró un circo al que llamó “Pabellón Argentino”, con el que se largó a recorrer, como siempre, los caminos. Con ese circo llegó, al año siguiente, a San Nicolás de los Arroyos, donde conoció a una biznieta del general Angel Vicente Peñaloza, el Chacho riojano, doña Petrona Peñaloza, de quien se enamoró y con quien habría de casarse un tiempo después. Antes tuvo que atender Gabino sus obligaciones de hombre de partido. Desde 1890 él seguía a Alem y había puesto su musa de payador al servicio de sus ideales cívicos.
La revolución fue en cierto modo desastrosa para él. Lo apresaron y estuvo un tiempo en la cárcel y cuando lo pusieron en libertad fue para enterarse, con el dolor consiguiente, que le habían quemado el circo. ¡A empezar de nuevo! Pero el pájaro cantor estaba enamorado y los tropiezos poca mella hacían en su alma ilusionada. Se casó con su amada Petrona y formó su nido el zorzal.
Entretanto llega el año 1894. Es el de la gran payada con Pablo J. Vázquez en Pergamino, uno de los sucesos capitales, por así decir, en la biografía del negro cantor y en la misma historia payadoresca, donde aquella justa sigue resonando con acentos poco menos que legendarios, por la calidad de sus contendientes y por su duración, que fue de dos noches, el 13 y el 14 de octubre de 1894 en el teatro Florida de Pergamino. El jurado que actuó en esa oportunidad dictaminó que debía reputarse como vencedor a Gabino, según acta suscripta el 28 de noviembre de ese año.
Dos años más tarde, en Rauch, provincia de Buenos Aires, se enfrentó con el crédito de La Pampa , Maximiliano Santillán, quien lo había desafiado de modo tan singular como atrevido, por no decir ofensivo, al enviarle en el cuero de un rebenque corralero esta cuarteta:
¿Dónde está ese negro poeta
que tanta fama le dan?
Díganle que Santillán
a ningún negro respeta!
La justa se llevó a cabo en la pulpería El Indio, sobre un solo tema:
¿Cómo se corta la carne sin cortar el cuero?,
que da idea cumplida de las dificultades que aquellos esforzados cantores se proponían vencer,
y en ella, pese a la bravata de Santillán, resultó triunfante Ezeiza.
En 1902 sostuvo otra payada memoriosa en San Antonio de Areco. Esta vez su contrincante fue Luis García,
a quien no pudo vencer.
En 1912 intervino con éxito en un torneo internacional payadoresco efectuado en un teatro de Buenos Aires
en el que los cuatro primeros premios fueron adjudicados a Ezeiza, Curlando, Vieytes y Caggiano.
Gabino también realizó una payada memorable, en las esquinas de Yerbal y Nazca, junto a Martín Castro,
payador de Ciudadela y autor de “El huérfano”.
Murió el día 12 de octubre de 1916, el día en que más debió haber anhelado vivir,
como lo dijo un diario al dar la noticia de su desaparición. Ese día, en efecto,
se hizo cargo de la primera magistratura del país el Dr. Hipólito Irigoyen,
caudillo del radicalismo e ídolo político el gran payador.
Una placa colocada en Azul 92, en el barrio de Flores, recuerda al negro Gabino Ezeiza.
Allí, a los 58 años murió en su humilde casa, pobre como todos los juglares del pueblo.
La leyenda de Gabino se despierta cada 12 de octubre, cuando sus seguidores se reúnen en la tumba del cementerio de Flores,
para brindarle homenaje a este personaje tan recordado y querido.
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