InicioFemmeHombres: Fuera del alcance de las mujeres

Hombres: Fuera del alcance de las mujeres

Femme1/21/2010
Adorablemente… gay. Eduardo es el tipo de hombre que no pasa desapercibido: tiene 41 años y se nota que ha hecho ejercicio toda su vida, no es un modelo de rasgos perfectos, pero es tan sexy que su sola presencia resulta inquietante. Es elegante, varonil, puntual, independiente, responsable, inteligente, con una sensibilidad privilegiada para elegir siempre lo más depurado y una chispa fabulosa para hacer reír a la gente. Es economista, ensayista, amante de la ópera y la buena comida… es un excelente conversador, un bon vivant, un clásico contemporáneo, un caballero./align] Cuando nos encontrábamos en el pasillo de la oficina, yo me ponía roja y corría a esconderme. Y mi mente, que suele boicotearme en situaciones así, hizo lo que sabe hacer: crear una serie de idealizaciones que terminan en una desilusión adelantada, como quien se prepara para una tormenta mientras mira un cielo totalmente despejado: “Nunca me va a pelar”, suspiraba en mi escritorio. Aún así, Eduardo se convirtió en un estímulo para llegar a tiempo al trabajo y en una fuente de inspiración. Efectivamente, el desengaño vino la noche en que salimos a bailar con los compañeros de la oficina. Eduardo estaba más encantador que nunca y, para colmo, resultó ser la mejor pareja con la que he bailado salsa. “Debe tener algún defecto”, pensé. Y entonces me acordé la teoría del sexto dedo. Según mi amiga Gaby, esos hombres que parecen hechos a mano por los mismísimos arcángeles tienen un secreto muy bien guardado. “Bajo esa perfección”, apunta Gaby, “se esconde una protuberancia tipo cola de cochino al final de la columna vertebral o tres pezones o seis dedos en un pie”. Obviamente, mi amiga lo dice en sentido figurado. Su teoría se refiere a que antes de enamorarte perdidamente de alguien, debes averiguar cuál es su ‘sexto dedo’, es decir, ESE secreto tan difícil de confesar. Estaba decidido: esa misma noche resolvería el misterio. Eduardo se ofreció a llevarme a casa, y aproveché para interrogarlo en el trayecto: –¿Cómo se llama tu mujer? –pregunté con cierto candor. –No tengo mujer. –Ah, entonces estás divorciado… –Tampoco. Vivo con Manuel, mi pareja desde hace diez años. –Ah… -respondí. Una metralla de imágenes vino a mi mente. Su seguridad, su pulcritud, su estilo, su elegancia, su discreción, su falta de tensión sexual con las mujeres… Todo tomaba sentido. Era tan guapo, tan seguro y tan… homosexual. Me sentí ridícula, triste, sorprendida, aliviada… todo al mismo tiempo, pero no dije ni pío para no ponerme en evidencia. En un abrir y cerrar de ojos llegamos a casa, me abrió la puerta y me acompañó hasta la entrada del edificio. Me tomó de los hombros, me miró a los ojos y me dijo apaciblemente: –Sé que serás discreta. Ya sabemos que hay gente intolerante en el trabajo y no quisiera propiciar reacciones incómodas para nadie. –No te preocupes –respondí aliviada de saber cuál era el “sexto dedo” de mi amigo–, puedes confiar en mí. –Gracias, mujer. Antes de arrancar el auto, abrió la ventanilla y me preguntó: –¿Te gustaría que fuéramos los tres a cenar? A Manuel, le encantará conocerte. –¡Cuando quieras! Será un honor conocer al afortunado ganador de tus encantos. Desde entonces nos hemos vuelto muy cercanos. Eduardo es un hombre hecho y derecho, un excelente compañero de trabajo y un maravilloso consejero. Yo hago lo mismo por él y él valora mucho mi punto de vista. Definitivamente, es un amigo leal y cariñoso cuyo criterio y empatía son envidiables. Cuando les conté a mis amigas lo ocurrido con Eduardo, después de reírse un poco de mí, confesaron haber vivido algo similar recientemente. Reconocieron que al descubrir el “sexto dedo” de los susodichos, también habían sentido esa suerte de confusión difícil de explicar. Y hemos concluido que esta suerte de frustración no viene de que ellos sean gays, sino de lo difícil que es hallarse en estos tiempos a un hombre heterosexual que sea tan respetuoso, consciente y confiable como Eduardo… vaya, tan de una sola pieza. Al final de la conversación, entre risa y risa, invariablemente terminamos diciendo: “Seguro que los hay, pero deben estar en peligro de extinción”. http://www.yahoo-entreamigas.com/Luza-Alvarado/2010/01/adorablemente-gay/
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
4,008visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
0visitas
0comentarios
Dar puntos:

Posts Relacionados

Dejá tu comentario

0/2000

No hay comentarios nuevos todavía

Autor del Post

S
Usuario
Puntos0
Posts16
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.