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La Forma en la que Un Hombre Cura Su Dolor

Offtopic4/27/2013


Por Paul Elam

Al igual que muchos de ustedes, yo leí el reciente artículo de Kristina sobre paternidad y crianza con apego (cca). Leí y participé en los comentarios también. Ya que los efectos posteriores han estado rebotando en mi cabeza como un pinball (sí, allá arriba hay mucho espacio) y esto no me dejaba en paz.

No tiene nada que ver con CCA o algún otro tipo de cuidados paternales. Es más sobre la reacción emocional que tuve sobre la discusión de los hombres y sus sentimientos.

Esto me recordó a mi padre. No a él como un padre ni como a un hombre, sino el desenlace emocional de su muerte.

Más o menos un mes después de que mi padre muriese yo estaba con un amigo en una taberna. Era uno de esos lugares extraños, pero ideales para alguien como yo. Tenía paredes cubiertos con una madera oscura, decorados de cuerdo cosido en alfombras tan gruesas que hacían que la habitación prácticamente no tuviese sonido, incluso cuando había mucha clientela. Y tenía el aspecto de nunca tener mucha clientela. El recuerdo de las conversaciones calladas se quedaban en el aire como una historia secreta de miles de amistades. Un solo cantinero limpiaba los vasos; listo para servirte el veneno de tu elección y listo para escuchar un chiste.

Estábamos conversando cosas sin importancia, probablemente burlándonos de los políticos o tal vez discutiendo alguna película de la época. No recuerdo exactamente qué era lo que hablábamos ese día. Fue hace más de 20 años.

En cierto momento en medio de la charla, él me preguntó, casi como si estuviese pensando en voz alta. "¿Cómo te sientes ahora... con eso de tu padre?"

Y le dije, ustedes saben, en la forma en la que se habla de cosas sin importancia entre dos amigos en un bar.

"Oh, tú sabes. Es un proceso. Con subidas y bajadas. Un camino normal del dolor, en realidad. Pero estoy sobrellevándolo. Me estoy adaptando. A todos nos tiene que suceder ¿sabías?

Mi amigo me escuchó, asintió con la cabeza y se tomó toda su cerveza sin decir nada. Después se puso de pie, dio un paso atrás, se volvió para mirarme a los ojos otra vez y se inclinó. Él habló, casi en un susurro, "¿Otra cerveza?"

Y mientras habló él puso su mano en mi hombro. Él me dio un apretón gentil, un apretón casi inexistente; sólo suficiente presión para que yo lo registre y que yo pueda sentir el profundo cariño de mi amigo. Fue un toque que hizo que las palabras sean inútiles; trascendió cualquier noción loca de que había la necesidad de decir algo y ciertamente probó que tan inútil y vacía puede ser una boca humana a veces.

Con un toque, una lágrima se salió de mi ojo y compasivamente corrió por mi mejilla, lejos de la mirada de mi amigo.

Y antes de que decidas acuchillar el momento al observar que a mí no me debería de avergonzar mis lágrimas, o que pienses que deberían de quedar escondidas, por favor no digas nada. A mí no me avergüenzan mis lágrimas, ni tampoco mi amigo hubiera pensado semejante cosa.

El asunto es que él no necesitaba escucharme admitir mi dolor, ni ver mis lágrimas, para saber que yo estaba sufriendo. Él me conocía. Él sabía que mi padre había muerto. Él sabía lo que él necesitaba saber. Él no requería nada de mi parte para ofrecer su amor en la forma en la que mi corazón pudiera recibirlo, como el agua en una esponja seca. Yo no necesité expresar mi dolor a sus pies para satisfacer su necesidad de sacar mis sentimientos sobre la péridad de mi padre a través de mis labios.

Él respetó mi privacidad. Él no escarbó ni invadió mis latitudes para obtener mi dolor crudo. Ni tampoco él fue engañado por mi respuesta superficial. Él simplemente esquivó todas esas cosas y me ofreció lo que sólo otro hombre podría ofrecer. Él amor silencioso y gratuito de un hermano.

En su toque estaba la compasión de miles de terapeutas. Y en su respeto a la privacidad de mi dolor estaba la habilidad que muy pocos terapeutas nunca aprenden. Él, en este pequeño pero intemporal momento, fue el protector de mi corazón roto; al estar de pie protegiendo mis heridas y permitiéndome apoyarme en él en la forma en la cual los hombres lo hacen.

En estos días, cuando escucho la idea de que los que están iluminados en la verdad de los corazones de los hombres, yo casi siempre me río de su falta de entendimiento; sobre su desesperación de probar competencia y experiencia en asuntos de los cuales no tienen ni idea.

Los escucho hablar sobre la necesidad de los hombres de aceptar compartir sus sentimientos, sobre ser abierto emocionalmente, pero mayormente esto está enmarcado con el tono más irrespetuoso e ignorante que nadie pudiese usar al asegurar que sería mejor para los hombres si ellos fuesen como las mujeres.

Como siempre, una carga de tonterías usualmente contienen un poquito de verdad. Ciertamente los hombres necesitan darse permiso a sí mismos para sentir y para expresarlo. Pero mientras miro al pasado a la condescendencia de aquellos que piensan que los hombres se beneficiarían de sentarse en círculos y pasar los Kleenex, satisfaciendo a los egos enfermos y horribles de los autores de libros de autoayuda y a los aficionados a Oprah, me recuerdo de mi amigo y de cómo su cariño fue tan curativo.

Recuerdo el dolor emocional no es un show de perritos y ponis, que el amor no es una banda de música ni un abrazo de grupo y que la amistad es definida y probada por la gente en cada amistad. Con todo respeto a las mujeres y con todo respeto a la forma en la que ellas manejan sus propios corazones, esto es especialmente cierto para los hombres.

No pretendo que puedas satisfacer todas las necesidades de un hombre con una expresión simple. Pero yo recibí curación para mi dolor ese día; un tipo de curación que llevo en mi corazón y siempre lo haré. No requirió un descubrimiento emocional, ni tampoco varias sesiones de momentos catárticos ni sesiones de consejos, formularios de seguros ni la disección de mi infancia. Todo lo que si fue necesario fue la compañía de un amigo quien eligió mirar mi dolor y quien eligió ofrecer confort, no con su ego y su falsa sabiduría, sino que con su cariño y su respeto.

Esa es el estilo de los hombres, cuando salimos de nuestra rutina y elegimos no forzarlos a un molde de ideologías. He analizado esta asunto con mucho detalle y no he encontrado ningún defecto.

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Del Taringa! original
A@Anónimo4/28/2013+0-0
Yo lo curo Así

A@Anónimo4/27/2013+1-2
@elexcomulgado una vez más te digo eso no es saludable. Huir de los problemas no los hace desaparecer. Lee el artículo y no comentes tonterías por sólo ver el título del post.
A@Anónimo4/27/2013+0-0
@DedoPulgar derechosdeloshombres es mi blog. Yo conozco a Paul Elam y tengo su permiso para traducir y publicar artículos de avoiceformen
A@Anónimo4/27/2013+2-0
@Hulkmania ahogarlas no! pero darles un buen chapuzon esta a todo dar!!!!!
A@Anónimo4/27/2013+0-0
@Hulkmania Si, de alli sacaste el post
Es tuya la web??
A@Anónimo4/27/2013+0-0
¿tú visitas avoiceformen?
A@Anónimo4/27/2013+1-1
El dolor es un lenguaje que odiamos, porque nos habla en voz alta, pero que solo pretende ayudarnos...
A@Anónimo4/27/2013+5-1
asi
A@Anónimo4/27/2013+1-0



Ya lo habia leido se los recomiendo (Y)
A@Anónimo4/27/2013+3-4
Ejercicio físico.

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