Como es vivir en la calle
Por Alejandro
Tengo 38 años y hace once que vivo en la esquina de Scalabrini Ortiz y Santa Fe, en la puerta del Banco. Antesviví en un galpón abandonado del ferrocarril que queda sobre lacalle Godoy Cruz, pero cuando compraron el terreno para levantarel boliche Godoy me desalojaron, a mí y a mi perro, Alberto Cortés,que se llama Pechi pero que tiene ese nombre artístico. Es el blanquito.El otro, el gris, también vive acá conmigo. Se llama Nino Bravo yyo era su paseador. Trabajé de eso para ganarme unos mangos hasta2010. La familia se cansó de él y lo arrojó a la calle. Lo que pasaes que había mordido a la dueña. A mí también me mordió comoocho veces. A veces se le cruzan los cables, pero en esos casos aplico“garrote system, ¡llame ya!”.
Después de que nos echaron agarré a Alberto y un cartoncito,y nos vinimos para esta esquina. Con el correr del tiempome fui volviendo parte del paisaje y la gente se encariñó conmigo.Al principio no tenía nada de la escenografía que se ve hoy. Ni sillón,ni colchón, ni tele o equipo de música. Apenas mi cartón y mi perro.
Si me preguntás de dónde saco el cable para ver tele odónde la enchufo, te tengo que responder que los conseguí graciasa mis manos solidarias. Tengo tevé satelital y luz satelital gracias amis manos solidarias. Si te digo la verdad, comprometo gente.
Me levanto temprano todas las mañanas, alrededor delas cinco. Prendo Radio Diez para escuchar a Marcelo Longobardi,después al “Negro” González Oro y a veces, a Fantino. Lo primeroque hago es baldear la vereda para tener de alguna manera limpioy ordenado mi lugar. No me gusta la mugre, por eso me baño en elMonumento a los Españoles o aprovecho cuando hay algún “rebusque”para bañarme bien en algún telo.
Me encanta mirar la tele. Disfruto mucho viendo películaso programas. Mi favorito es el “Negro” Alberto Olmedo. No mepierdo ningún programa suyo. Por suerte lo dan todos los sábados.Muchas de las cosas que digo y de los inventos que tengo para divertira la gente los saco de él. Lo que pasa es que como me levanto tantemprano llego muy cansado a la noche. A veces quiero ver algúnprograma lindo, pero el sueño me termina venciendo.
Lo que me gusta es ayudar a los demás, dentro de lamedida de lo posible. Desde mi lugar, que es la indigencia, a vecestambién puedo ayudar. A pesar de que yo recibí varias manos de lagente, todavía veo mucha avaricia. El otro día vino una señora quevive a mitad de cuadra. Resulta que tiene el mal de Alzheimer. Yotenía un arbolito de Navidad armado y ella se quedaba para mirarlo.Le prometí que cuando lo desarmara se lo iba a regalar. Volvió ala tarde siguiente y me dijo: “Alejandro, ¿sabés que no me acuerdopara qué vine a verte?”, y después de un rato lo recordó: “Vine portu arbolito”. Y ahí nomás lo desarmé y se lo di. Otra cosa que hago esayudar a los pibes con trabajos de la facultad o ensayos periodísticoso poso como modelo para trabajos de fotografía. Para Año Nuevome regalaron un retrato mío en blanco y negro que dice: “Podránimitarlo… jamás igualarlo”.
Esta esquina no la comparto. A veces dejo a otros crotosmirar la tele, pero dormir, no. Una sola vez le permití quedarse a unopero rompió botellas y eso no lo puedo permitir. Queda mal, y dondese come no se caga.
No siempre fui linyera. Antes trabajaba de albañil en elcentro y alquilaba una casa, pero lamentablemente por la cocaínaperdí todo. Como acá a la vuelta hay una obra en construcción mefui a anotar varias veces, pero me fueron poniendo trabas hastadecirme que no tenían más cupos. Yo no pido un sánguche, pidotrabajo. Después la gente se queja con la inseguridad. ¿Qué otraopción me queda a mí? ¿Salir a chorear? Yo no soy así. Ahora hagounos mangos haciendo trámites bancarios para algunos vecinosdel barrio que confían en mí. Y acá me conocen todos. El que no meconoce no conoce Palermo.
Tengo familia, pero es como si no la tuviera. Mi hermanavive en Moreno con su familia y mi papá en Del Viso. Me tratan comoa un perro sarnoso. A mi hermana le conté que vivía en situación decalle y le pedí que no le contara nada a mis sobrinas, pero ella lo hizoigual, entonces cuando iba de visita mi sobrina sentía vergüenza demí. Las veces que iba a verlos volvía muy triste, tan triste que una vezme colgué de un árbol para matarme. Pero me di cuenta de que no sepuede vivir mal, así que no fui más.
Ahora, con el cariño de la gente y ayudando de la maneraen que pueda hacerlo, pude demostrar que con poco se puede ser feliz.
Fuente: Nota del Facebook de Revista SH