Registrate y eliminá la publicidad! Preparados para el apocalipsis Superpoblación, desastres climáticos, guerras, pandemias globales... Según algunos investigadores, tal como van las cosas, nuestra civilización podría desaparecer dentro de 10.000 años. El Homo Sapiens lleva sobre el planeta alrededor de 200.000 años. Desde entonces, cuando nuestros antepasados vivían en cuevas y cazaban vistiendo pieles de animales, hemos construido ciudades, creado lenguajes muy complejos e incluso enviado máquinas a otros planetas. Mirando hacia nuestro entorno resulta difícil creer que todo esto tenga un final. Pero es así. De todas las especies que han poblado el planeta, el 99 por ciento ya se ha extinguido. ¿Cuándo nos tocará a nosotros?. La actividad nuclear de los países más poderosos del planeta pone, desde hace varias décadas, en jaque a la continuidad de la vida en el planeta. El uso de sustancias gaseosas como el azufre en estos artefactos se convierte en un punto de inflexión a la hora de hablar de "El Argumento del Día del Juicio Final". Por citar el atentado ocurrido en 1945 a la población japonesa de Hiroshima (primera bomba atómica contra objetivos civiles) ya nos dá la pauta del "desarrollo" que ha venido teniendo la actividad nuclear en nuestro planeta. Un sobreviviente recorre la zona de desastre luego de la caída de la bomba atómica sobre Hiroshima. Cómo somos y como dejaremos de serlo Según el antropólogo estadounidense Joseph Tainter, las sociedades que se enfrentan a la desaparición siguen tres modelos distintos. A. EL DINOSAURIO. El mejor ejemplo es una gran sociedad que ha consumido sus recursos y no hace nada por rectificar, porque sus dirigentes no son capaces de adaptarse a los cambios y se oponen a cualquier planteamiento que salga de su línea de acción. B. EL CABALLO DESBOCADO. Son las sociedades basadas casi exclusivamente en la adquisición de bienes, incluyendo el pillaje o la explotación. Los mongoles, por ejemplo, desaparecieron cuando no hubo nuevas conquistas que hacer. Tainter indica que el capitalismo pertenece a este tipo de sociedad. C. EL CASTILLO DE NAIPES. Son las que crecen tanto y con tantas instituciones sociales complejas que, esencialmente, tienen todas las posibilidades de desaparecer. En 1983, durante una reunión de la Royal Society de Londres, el cosmólogo Brandon Carter desarrolló lo que denominó "el argumento del día del juicio final", posteriormente retomado por el físico teórico Richard Gott en la revista Nature en 1993 y tres años más tarde por el filósofo John Leslie. Se trata de una manera estadística de calcular la probabilidad de que se produzca en este momento nuestra extinción. Lo más llamativo de todo es que para hacerlo sólo es necesario conocer el número total de individuos que existen en la actualidad. La situación es la siguiente. Imagínese que le muestran dos urnas con esferas numeradas. Una tiene diez y la otra un millón, pero no sabe cuál es cuál. Si saca una esfera de una de las urnas y le preguntan cuál es la probabilidad de que sea de la de diez, lo único que puede decir es que hay un 50 por ciento de posibilidades. Ahora da vuelta a la esfera y ve un 7. ¿De dónde la sacó? Con esa nueva información, podríamos asegurar que es más probable que haya salido de la que contenía 10 esferas. De hecho, utilizando el teorema de Bayes se puede calcular que hay un 99,999 por ciento de posibilidades de que sea así. Considere ahora que en lugar de dos urnas tenemos dos razas humanas y, en lugar de esferas, personas numeradas según el orden de su nacimiento. Luego descubre que usted ocupa el puesto 60.000 millones, que es la cantidad de personas que efectivamente han nacido hasta la fecha en la Tierra. Responda ahora a esta pregunta: ¿De qué urna es más fácil que haya salido: de una que contenga 100.000 millones de personas o de otra que contenga 100 trillones? Si razonamos igual que con las esferas, no nos queda más remedio que aceptar que sería de la que contiene el menor número de gente. Y ahora viene lo interesante. La cantidad de personas qu hay en cada urna es el número total de personas que existirán en el universo. Y como esta cantidad está ligada a la duración de la humanidad, debemos pensar que es más probable que se produzca una extinción masiva en un intervalo relativamente corto de tiempo. Cálculos detallados demuestran que existe una probabilidad del 95 por ciento de que desaparezcamos en los próximos 9.120 años. O lo que es lo mismo, que la humanidad tiene sólo un 5 por ciento de posibilidades de seguir viva en el año 11128. La tierra nos queda chica Eso sí, lo que no nos dice esta predicción es el motivo. ¿Será por algún meteorito, a causa de una erupción masiva o quizá por nuestra propia incompetencia a la hora de gestionar los recursos de este planeta? Éstos no son eternos y muchos empezarán a escasear pronto. ¿Serán los vertederos las minas del futuro? Por otro lado, el ser humano no deja de multiplicarse. Si seguimos con las tasas de crecimiento actual, para 2100 tendremos 50.000 millones de bocas que alimentar. El problema es grave. Para darnos cuenta respondamos a esta pregunta: suponiendo que toda la materia del universo fuera comida, ¿cuánta gente necesitaríamos para comérnosla toda? El conocido divulgador Isaac Asimov lo calculó y obtuvo un número enorme: 4.000 billones de billones de billones de personas. Lo inquietante es que si sigue todo como hasta ahora, alcanzaremos esa cifra ¡en sólo 3.500 años! Según predicciones, a este ritmo de crecimiento, habrá problemas de alimentación en un par de décadas Y la situación puede acelerarse si se cumplen ciertas previsiones. Karl Hamsen, director del Instituto para Recursos Naturales en África de la Universidad de las Naciones Unidas con base en Ghana, afirmó que si la degradación del suelo sigue al ritmo actual, ese continente sólo podrá alimentar al 25 por ciento de su población en 2025. Esto significa que 2.000 millones de personas se convertirían en refugiados ambientales. La gran crisis del petróleo El barril de petróleo, en ascenso sostenido y sin miras de frenarse, protagoniza la amenaza más cercana. Sin embargo, el principal problema de las grandes potencias no es únicamente el aumento del precio del barril de crudo, sino asegurar que fluya libremente. Que Irak y Arabia Saudí, los dos países con mayores reservas del planeta, sean políticamente inestables no introduce tranquilidad en el sistema. Según Amos Nurs, geofísico de la Universidad de Stanford, en 2060 se habrá triplicado la producción de petróleo para hacer frente al aumento de población y mantener la calidad de vida. Eso siempre y cuando China y la India no aumenten su consumo más del 7,5 por ciento y del 5,5 por ciento anual, respectivamente. A medida que los países menos desarrollados alcancen los niveles occidentales, éste se disipará. La sensación de pánico ya empieza a ser perceptible. Las dos economías más grandes del planeta, Estados Unidos y China, incorporaron hace poco la finitud de las reservas de gas y petróleo en sus políticas de seguridad nacional. Para el físico del Instituto Tecnológico de California David Goldstein, autor del libro Out Of Gas: The End Of The Era Of Oil, "la civilización tal como la conocemos terminará a fines de este siglo, cuando se acabe el petróleo". El petróleo, un recurso que es tan valorado como el oro pone frente a frente a varias naciones que luchan por las reservas. Mazazo para la agricultura Cuando se menciona la escasez de este combustible, todos volvemos la vista al transporte, la electricidad o los plásticos. Pero no nos damos cuenta de que el efecto más devastador lo tendremos en la agricultura. La nafta y el gas son esenciales en el campo, y no sólo por el uso de los tractores y demás maquinaria, que de por sí ya es grave. La agricultura moderna no puede volver a los animales de tiro si quiere alimentar a un mundo cada vez más poblado. Y es que un tractor ara en una hora lo que a un caballo le costaría un día. En realidad, el principal problema se centra en conseguir la energía necesaria para obtener los fertilizantes. Por ejemplo, el nitrógeno participa junto con el hidrógeno en el proceso Haber-Bosch para formar amoníaco. Esta reacción, extremadamente lenta, requiere del uso de catalizadores, temperaturas de 500 º C y presiones de 200 atmósferas para que sea industrialmente rentable. La importancia de este mecanismo para obtener los fertilizantes de los que depende un tercio de la población mundial se percibe en la cantidad de energía que se le destina: el 0,75 por ciento de toda la que se produce en el mundo. Peor aún: aunque el nitrógeno se obtiene del aire, el hidrógeno sale del gas natural. Hace casi 10 años, el geólogo de la Universidad de Oregón, Walter Youngquist, dejaba clara cuál es la situación: "aproximadamente el 90 por ciento de la energía usada en el cultivo del cereal proviene del petróleo y del gas natural. Un tercio de esa energía se invierte en reducir las horas de trabajo de 200 por hectárea a 1,6. Y un tercio más en la producción de fertilizantes". Un asunto poco rentable Es un hecho que el petróleo se terminará; el interrogante es cuándo. Y según la mayoría de los expertos, no existe aún un interés político en ocuparse seriamente de buscar alternativas. Ante este panorama, algunos recuerdan un viejo adagio que dice: "la diplomacia es el arte de sobrevivir un siglo; la política, el arte de sobrevivir hasta el viernes por la tarde". Los 10 fenómenos que podrían llevarnos a la extinción Nº 1 EL METEORITO DEL JUICIO FINAL. Un asteroide de un kilómetro de ancho choca con la Tierra cada 250.000 años. Los seres humanos podríamos sobrevivir, pero la civilización perecería irremediablemente. Nº 2 UNA SUPERNOVA O UN ESTALLIDO DE RAYOS GAMMA. Si sucede suficientemente cerca, la energía liberada destruiría la capa de ozono. Si se produjera a sólo unos cuantos años-luz, la explosión podría barrer la atmósfera. Nº 3 ACTIVIDAD SOLAR INUSITADA. El ciclo de actividad de nuestro Sol es bien conocido, pero puede suceder que ésta se dispare en un momento dado. Una superfulguración suficientemente intensa destruiría en pocas horas la capa de ozono. Nº 4 INVERSIÓN DEL CAMPO MAGNÉTICO TERRESTRE. Cada varios cientos de miles de años, el campo magnético desaparece para reaparecer con los polos magnéticos invertidos. La última inversión sucedió hace 780.000 años. Algunos creen que vamos camino de una nueva, ya que en el pasado siglo su intensidad se redujo un 5 por ciento. Su desaparición deja a la Tierra sin su escudo contra a radiación cósmica y el viento solar. Nº 5 SUPERVULCANISMO. Hace 70.000 años, en lago Toba de Sumatra se produjo la mayor erupción volcánica de la historia, catalogada con e 8 -el máximo- en el índice de Explosividad Volcánica. Arrojó a la atmósfera más de 2.000 Km3 de material. Podría repetirse este fenómeno aún con mayor intensidad llevando al planeta a un invierno nuclear. Nº 6 EPIDEMIA VÍRICA. Nuestra red de tranporte hace que virus endémicos en ciertas zonas del mundo puedan llegar a cualquier lugar en poco tiempo. Al igual que sucedió con la viruela en América, llevada por los europeos, un virus podría matar al ser humano antes de descubrirse la cura. Nº 7 CALENTAMIENTO GLOBAL. ¿Qué sucedería si la temperatura global subiera 3º C? Hasta el momento, nadie ha sido capaz de predecir con suficiente rigor la evolución de la civilización en esas condiciones, ya se trate de un calentamiento natural o provocado por el ser humano. Nº 8 DESASTRE TECNOLÓGICO. Las técnicas biotecnológicas permiten la manipulación de la vida a niveles insospechados. Lo mismo sucede con la nanotecnología, que pretende construir máquinas del tamaño de bacterias. Un accidente industrial podría liberar nanomáquinas que resultarían muy peligrosas para el entorno. Nº 9 ARMAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA. En los años de la Guerra Fría, el peligro venía de las dos grandes potencias y de sus arsenales nucleares. Hoy, cualquiera que posea uno mínimos conocimientos de bioquímica y bacteriología puede lanzar un ataque devastador. Enfermedades erradicadas, como la viruela, rebotarían de manera más virulenta en el laboratorio de un grupo terrorista que haya comprado una cepa en el mercado negro. Nº 10 SUICIDIOS MASIVOS. La OMS estima que 500 millones de personas sufren algún tipo de desorden psicológico. Hacia 2020, la depresión será la segunda causa de muerte, detrás de los problemas cardiovasculares. Una tendencia creciente a medida que aumente la expectativa de vida. Fuente: Revista Muy Interesante de Noviembre. Artículo adicional: El LHC El anuncio de inauguración del acelerador de partículas LHC vino acompañada de vaticinios de desastres, apariciones de agujeros negros y apocalipsis inmediato en la Tierra y hasta en el universo. Debajo de la superficie de la actualidad reconocemos muchas veces las raíces ocultas y poderosas de los mitos. El mito es un relato en el que está cifrado algún rasgo universal de la experiencia humana: por eso perdura a través de las edades y se mantiene casi idéntico sin que importe la época o el idioma o el contexto cultural en el que vuelve a contarse. Durante unos días del pasado septiembre la atención voluble de los periódicos se volcó en la inauguración, en las afueras de Ginebra, del LHC, el más potente acelerador de partículas que se ha construido nunca, pero las tentativas de explicar los pormenores más impenetrables de la Física dejan paso en seguida a sospechas y hasta vaticinios de desastres que devuelven la imaginación al territorio mucho más familiar de los mitos. En los periódicos, y sobre todo en los avisperos demenciales de internet, se especula sobre la posibilidad de que los choques formidables de haces de protones lanzados a velocidades próximas a la de la luz provoquen la aparición de un agujero negro que succionará la Tierra en unos pocos segundos y tal vez el universo entero. Con sus hipótesis sobre la Materia Oscura y las dimensiones múltiples del espacio-tiempo el lenguaje de la Física se aproxima muchas veces al de la poesía. Al difundir el miedo sobre las consecuencias del experimento puesto en marcha bajo ese túnel de 27 kilómetros excavado bajo la frontera entre Francia y Suiza, los agoreros no saben que están reviviendo el cuento de la caja de Pandora, que debió de ser inventado en Grecia hará unos tres mil años, y al que dio forma literaria por primera vez, que sepamos, el poeta Hesíodo. “Abrir la caja de Pandora” es un cliché verbal que asociamos distraídamente a los peligros provocados por una acción poco reflexiva. Pero comprenderemos mejor el significado del mito si nos fijamos en sus detalles y recordamos su conexión con otra de las narraciones fundamentales de la imaginación humana, la de Prometeo y el fuego. Que Prometeo robó el fuego a los dioses para dárselo por primera vez a los hombres es una parábola bien conocida del progreso. El control a voluntad del fuego es en sí mismo un avance tecnológico y también un símbolo y un resumen de todas las invenciones que han ido liberando a los seres humanos de la tiranía de la naturaleza. Pero desde muy pronto hubo personas de inteligencia aguda que comprendieron que todo avance, por benéfico que sea, puede traer consigo consecuencias indeseadas, incluso catastróficas, y que cuanto mayor es la capacidad tecnológica mayores son también las posibilidades de desastre. Gracias a la metalurgia del bronce y del hierro –que sólo el control del fuego hace posible– se pudieron hacer herramientas agrícolas más eficaces, pero también espadas que dilataron las posibilidades del crimen y el terror. La crueldad humana alcanzó una escala inaudita hasta entonces cuando en las llanuras habitadas por campesinos y pastores irrumpieron como venidos de ninguna parte ejércitos de carros veloces tirados por caballos. La agricultura, las ciudades, nos parecen signos de progreso en una historia lineal que llegaría inevitablemente a nosotros: pero ahora se sabe que los cazadores y recolectores tenían vidas más saludables y más largas que los primeros campesinos, y que las ciudades, hasta bien avanzado el siglo XIX, eran sobre todo pozos de miseria y de enfermedad para los pobres. Estructura de funcionamiento del LHC. De modo que los griegos celebraron a Prometeo, pero sólo hasta cierto punto. Entre las imágenes más crueles que nos ha legado aquella civilización supuestamente racionalista y equilibrada está la del castigo que le impuso Zeus al ladrón del fuego: atado a una roca, un águila o un buitre le devora las entrañas durante toda la eternidad. Casi nadie repara en que los dioses se tomaron otra venganza por el sacrilegio: para compensar los beneficios que el fuego iba a traer a los hombres, mandaron a la tierra a la primera mujer, Pandora, tan deseable como las malas más letales de las películas, y le hicieron traer no una caja, según las versiones posteriores del mito, sino una jarra sellada, como aquellas en las que se transportaban el aceite y el vino. Y de esa jarra, destapada por la curiosidad insensata de un hombre enamorado, surgieron todas las desgracias, la guerra, la enfermedad, el crimen, la envidia, la locura. Los cuentos populares de héroes audaces son tan frecuentes como los de seres imprudentes que se dejan llevar por la curiosidad, desobedecen prohibiciones y desencadenan la ruina. El castigo por probar la fruta del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal es la expulsión del Paraíso. No se puede decir que sean advertencias insensatas. La fisión del átomo probablemente fue el salto tecnológico más decisivo después de la invención del fuego: a causa de ella, y desde hace sólo medio siglo, los seres humanos poseen la potestad literal y aterradora de cumplir las profecías más apocalípticas. Dicen que el físico Oppenheimer, cuando la primera bomba atómica estaba a punto de probarse, tuvo miedo de que la reacción en cadena se prolongara hasta destruir el mundo. Pero en el LHC, que es un proyecto civilizado y europeo, la Ciencia está separada de la guerra, de modo que por esta vez, muy probablemente, la curiosidad humana será recompensada por los frutos luminosos del conocimiento. La Partícula Divina Los físicos la llaman “la partícula de Dios” porque es la pieza que les falta para comprender la estructura de la materia a nivel subatómico. Pero confían en pescarla cuando dentro de poco tiempo se ponga en marcha la máquina más poderosa jamás construida: el LHC. Después de hacer dieta, sube usted a la báscula con la esperanza de ver una cifra menor que hace unos meses; quiere perder peso, que es el resultado de multiplicar su masa por la aceleración de la gravedad. ¿Y qué determina la masa? Puede parecer una pregunta bizantina, como aquella discusión medieval sobre el sexo de los ángeles, pero a los físicos teóricos esta cuestión les carcome desde hace medio siglo. Por fin han encontrado una respuesta: existe una partícula, llamada bosón de Higgs, responsable del valor de la masa del universo. Los científicos están tan decididos a cazarlo que se están gastando miles de millones de euros en construir un aparato para dar con él. Jamás se ha invertido tanto dinero para encontrar una única partícula. Los entresijos del átomo siguen guardando secretos Pero comencemos por el principio. Todos sabemos que la materia está hecha de moléculas, y las moléculas, de átomos. Estos, a su vez, se organizan como una nube de electrones de una cien millonésima de centímetro que rodea a un núcleo 100.000 veces aún más pequeño. El corazón central es un conglomerado de neutrones y protones cuya masa es miles de veces mayor que la de los electrones. Hasta este punto los físicos saben por qué el átomo es como es, pero se les resiste entender por qué las partículas elementales tienen las masas que tienen. Hay muchas y con enormes diferencias entre ellas; la más pesada, el quark top, es 350.000 veces más masiva que el electrón. El problema es de órdago. Los físicos han desarrollado un modelo teórico que describe las partículas elementales y las interacciones entre ellas… pero exige que la masa de todas sea nula. Estos son los puzles que los teóricos adoran. Las ideas esenciales están en los campos En 1964 el británico Peter Higgs propuso una elegante solución a esta discrepancia. Supuso que todo el universo está ocupado por un campo parecido al electromagnético. El concepto de “campo”, introducido por el físico inglés Michael Faraday en el siglo XIX, es uno de los más importantes de la física. En el espacio que nos rodea no sólo hay materia. Si pudiéramos sacar de una sala hasta la última mota de polvo y la última molécula de aire, no podríamos decir que allí no queda nada. La prueba palpable es que, si lanzamos una pera, caerá al suelo; hay algo que la hace caer que llamamos “gravedad”. Dicho más correctamente, hay un campo gravitatorio cuya causa es el planeta que tenemos a nuestros pies. Pero no sólo eso. Si lanzamos en línea recta un electrón y analizamos su trayectoria, notaremos que algo modifica su camino. Ese algo sólo influye en las partículas con carga eléctrica; las neutras ni se enteran. Es el campo electromagnético. Su origen es la suma del magnetismo terrestre, los efectos de las antenas, los televisores, el cableado de la casa, los electrodomésticos, etc. En definitiva, una fuerza no es otra cosa que el efecto de un campo; y la materia posee propiedades –como la masa y la carga– que la hacen sensible a los diferentes campos. La propuesta de Higgs fue revolucionaria: existe un campo que llena el espacio, y cuando las partículas interaccionan con él, adquieren masa. La idea choca con la intuición. ¿No es la masa una propiedad intrínseca de la materia? Para entenderlo, se suele recurrir a un ejemplo: imagine que se encuentra en una fiesta y entra Jessica Alba. Quienes están junto a la puerta se agrupan en torno a ella. A medida que se mueve por la sala los asistentes más cercanos se ven atraídos por la actriz, que se mueve con más dificultad que si estuviera sola, pues todos intentan acaparar su atención. Este efecto de acúmulo es el mecanismo de Higgs. Mucho más que un número en la báscula Así funciona la masa, que determina la resistencia de un cuerpo a cambiar su estado de movimiento, la inercia. Su efecto lo notamos todos los días en el autobús: cuando arranca nos vamos hacia atrás y si da un frenazo nos vemos impelidos hacia adelante. Cuanta más masa tengamos, mayor será esa resistencia y por eso la distancia de frenada de nuestro coche con el maletero lleno es más larga que si vamos de vacío. Como dice el teórico Brian Greene, “las fuerzas que todos ejercemos miles de veces al día para cambiar la velocidad de un objeto luchan contra la fricción del océano de Higgs”. Hay sólo cuatro maneras de relacionarse La teoría dice que este peculiar campo llena el universo y aporta masa a todas las partículas que se mueven en él. Determinar si realmente existe nos lleva a otra analogía. Si queremos comunicarnos con un amigo podemos hacerlo de cuatro formas: de viva voz, por teléfono móvil, por correo electrónico o por carta. Para cada una de ellas hay un objeto que transporta la información: el aire, las microondas, el cable ADSL y el papel. Con las partículas subatómicas sucede algo parecido. Las relaciones que puede haber entre ellas las llamamos fuerzas. En la naturaleza hay cuatro: la gravedad, la electromagnética y dos fuerzas nucleares; una es la fuerte, que mantiene el núcleo unido, y otra la débil, responsable de la desintegración radiactiva beta. Pues bien, cada una de esas formas de comunicación lleva asociada una partícula responsable de transportar la información. En el caso de la electromagnética, la partícula es el fotón; para la gravedad es el gravitón; y en la fuerza fuerte, el gluón –del inglés glue, pegamento–. La débil tiene tres partículas portadoras, los bosones W+, W- y Zº. Así, en nuestra sala vacía, el campo gravitatorio hace que la pera y la Tierra intercambien gravitones como dos niños que se lanzan bolas de nieve. La fruta no nota el campo electromagnético porque sin carga neta es como si no tuviera la herramienta para recoger los fotones que le llegan. Responsable de toda la masa del cosmos boson1.jpgYa estamos en condiciones de responder a la pregunta sobre cómo demostrar la existencia del campo de Higgs: encontrando su partícula portadora, el bosón de Higgs. Desde el CERN de Ginebra y el Fermilab de Chicago, los físicos de partículas llevan dos décadas intentándolo. La búsqueda comenzó en los años 80, cuando se asentó el llamado modelo estándar de la física de partículas. Los teóricos habían conseguido poner orden en el complicado mundo subatómico que estaba surgiendo de los aceleradores de partículas. Se había superado la crisis de los 60, cuando estos inmensos instrumentos ponían en aprietos a los investigadores al producir más y más partículas cada vez que se enchufaban. Pero en 1962 entró en juego el físico Murray Gell-Mann y anunció una forma de agruparlas que llamó “el camino óctuple”, en alusión a la filosofía budista. Su teoría predecía una nueva partícula, la W-, que fue descubierta al año siguiente. Dos años después Gell-Mann lanzaba los quarks al ruedo de las partículas elementales. Los físicos ya eran capaces de responder a la pregunta planteada por los filósofos griegos hacía más de 2.000 años: ¿de qué está hecha la materia? El marco teórico es el modelo estándar, que podemos resumir así. Existen dos estirpes principales de partículas de materia, quarks y leptones. Hay quarks de seis sabores y se agrupan en tres familias de dos: up –arriba– y down –abajo–; strange –extraño– y charm –encantado–; bottom –valle– y top –cima–. Los leptones también pueden ser de seis sabores: el electrón y su neutrino; el muón y el neutrino muónico, el tau y el neutrino tauónico. Los leptones se pueden encontrar solos en la naturaleza, mientras que los quarks siempre aparecen en parejas o en tríos, y se mantienen unidos mediante los gluones. Son los ladrillos con los que se construyen el resto de las partículas. Fuente Cita Nota del posteador: Bueno, yo pienso que, desde que se ha iniciado la era de la información, ha crecido la ansiedad de informarnos valga la redundancia, sobre el desarrollo y posible fin del mundo que habitamos. Entre las tantas hipótesis, sean teológicas o científicas, como el principio copernicano que dice que la existencia del ser humano es un momento muy breve en comparación a la historia de la Tierra, se destaca la pugna por el poder. Y es acá donde entra en juego el petróleo, en primer lugar, y después las demás tareas que dependen de éste. Por ejemplo, veamos el precio del petróleo: en éste intervienen una cantidad desmesurada de variables, económicas, naturales y diplomáticas, por ser primero y principal un recurso no renovable, segundo por tratarse de un elemento tan importante para un país que quiera dominar el ámbito global. Trayendo aparejado esto, a los países que tienen las mayores reservas y que no necesariamente integran el grupo de naciones más poderosas, tal es el caso de Irak y Pakistán por citar algunos, siendo este panorama, una constante explotación de este recurso que, como da testimonio el artículo, se extinguirá. Otras de las hipótesis a tener en cuenta, es el calentamiento global: muchas multinacionales han dado la espalda cuando se ha hablado de este tema. ¿Por qué? En la mayoría de los casos, se trata de empresas que utilizan energía y manipulan elementos nocivos para el medio ambiente y que para buscar una alternativa deben reducir sus ganancias para compensar el gasto en ese propósito. En conclusión, si no se reúnen las condiciones esenciales en alguna energía alternativa y que, a su vez, ésta sea financieramente conveniente, la escena seguirá siendo la misma. Espero que les haya gustado la información, no espero generar discusiones pero si un intercambio de ideas al respecto. Documentales sobre el tema en esos posts (gracias FerDimebag666): http://www.taringa.net/posts/tv-peliculas-series/1771655/Un-par-de-documentales.html Mirá también... Mis Aportes por tema apretando en cada imágen: Música TV, Películas y Series Imágenes Deportes Videos On-Line Recetas
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