mortiferus
Usuario (Argentina)
René Descartes Su vida René Descartes nació el 31 de Marzo de 1596 en La Haya, una pequeña y atractiva ciudad de Touraine (Francia), situada a orillas del río Creuse, en una familia de funcionarios de la baja nobleza. Su padre era consejero del Parlement de Bretaña. De su madre, que murió un mes después de su nacimiento, heredó una tos seca y una fisonomía pálida, que mantuvo hasta los veinte años, además de una fortuna que le permitió vivir con independencia económica. Como era un niño delicado, se daba por supuesto que no viviría mucho tiempo. Sin embargo él dedicó su forzosa inactividad a satisfacer una temprana pasión por el estudio. A los diez años, su padre lo envió a La Flèche, un colegio de los jesuitas recientemente inaugurado en Anjou, en donde permaneció ocho años y medio y en el que recibió una educación excelente que abarcaba la Lógica, la Filosofía moral, la Física y la Metafísica, la Geometría Analítica y el Álgebra Moderna, así como una cierta familiaridad con el recientemente descubierto telescopio de Galileo. En La Flèche surgen ya, de forma precoz, las características principales de su mente. Una vez introducido en el conocimiento de los clásicos, se enamoró de la poesía. Lejos de ser un "geómetra que sólo es un geómetra" (una descripción que de él haría Pascal), Descartes escribió un ensayo de juventud, la Olympica: "En los escritos de los poetas hay sentencias más serias que en los de los filósofos. La razón es que los poetas las escribieron movidos por el entusiasmo y el poder de la imaginación. En cada uno de nosotros existen, cual pedernales, chispas de conocimiento ocultas. Los filósofos las manifiestan a través de la razón; los poetas las exteriorizan por medio de la imaginación, y son mucho más brillantes." Una de las cualidades más llamativas de Descartes, y a la vez una de las más peligrosas, fue su fluidez mental. Uno de sus compañeros de colegio describía así su habilidad en las discusiones. En primer lugar, trataba de ponerse de acuerdo con sus oponentes sobre las definiciones y acerca del significado de los principios que estaban dispuestos a aceptar, y después construía con ellos una argumentación deductiva singular que era muy difícil de debatir. En La Flèche adquirió, además, un hábito que perduraría durante toda su vida. Se le eximió de ciertas obligaciones y se le permitía quedarse en cama hasta más tarde de lo que era habitual entre sus compañeros. Así encontró la posibilidad de dedicarse más plenamente a su inclinación natural, el pensamiento concentrado y solitario. Cuando cumplió los veinte años, una vez graduado en leyes por la Universidad de Poitiers, Descartes fue a París. Allí se convirtió en un joven elegante y desocupado. No obstante, sus pensamientos pronto volvieron a preocuparse por las Matemáticas y la Filosofía. Se vio animado por sus amigos, entre los que cabe destacar el padre mínimo Marín Mersenne, al que había conocido en La Flèche. Mersenne era, a su vez, un matemático competente y un hábil experimentador. Su celda del convento sito en la Place Royale servía de lugar de reunión de los savants, convirtiéndose así en un antecedente de la Academia de Ciencias (de París), fundada más adelante en el mismo siglo. Mersenne, además, logró mantener una amplia correspondencia, de la que sólo se ha publicado una parte, y de esta forma fue el centro de información científica en una época en la que las revistas científicas todavía no existían. Tradujo además los Dialogi y los Discorsi de Galileo. Hasta el final de su vida, Mersenne fue el mejor amigo de Descartes, y cuando, en 1628, por decisión propia, Descartes dejó Francia para siempre, Mersenne, desde París, le mantuvo constantemente informado de las novedades científicas. Registro de graduación de Descartes en el Collège Royal Henry-Le-Grand, La Flèche, 1616. En 1618, Descartes se alistó en el ejercito del príncipe Maurice de Nassau (posteriormente príncipe de Orange) como caballero voluntario. Fue enviado a la guarnición de Breda, en Holanda, en donde en aquel momento había una tregua entre las fuerzas francoholandesas y las españolas, bajo cuyo dominio se hallaban sometidos los Países Bajos. En ese período sus intereses fueron los que corresponden a un oficial del ejercito: la balística, la acústica, la perspectiva, la ingeniería militar y la navegación. Un día -el 10 de noviembre de 1618- se encontró con un grupo de gente arremolinada ante un cartel que se hallaba expuesto en la calle. Estaba escrito en flamenco y Descartes, dirigiéndose a una de las personas del grupo, le pidió que se lo tradujera al latín o al francés. El cartel era un desafío que instaba a los que lo leían a resolver el problema matemático que en él se proponía. La persona a la que Descartes se dirigió para que se lo tradujera era Isaac Beeckman, uno de los matemáticos más eminentes del país. Descartes resolvió el problema y presentó su solución a Beeckman, quien reconoció al instante su genio matemático y se propuso reavivar el interés del joven por los problemas matemáticos. Durante aquel invierno Beeckman le propuso a Descartes que encontrase la ley matemática que rige la aceleración de los cuerpos que caen. Ninguno de ellos sabía que Galileo había resuelto ya dicho problema. Su solución apareció en su obra Dialogi de 1632. Descartes estableció diversas soluciones, basadas en hipótesis diferentes. El hecho de que ninguna de ellas fuese acorde con el modo como caen realmente los cuerpos no le preocupó en absoluto. Por aquel entonces Descartes aún no había a conjugar el análisis matemático con la experimentación. Debemos al diario de Beeckman, descubierto en 1905, el haber arrojado luz sobre este período de la vida de Descartes. Fue un período de autodescubrimiento; la mente del joven pasaba con gran celeridad de unas cuestiones a otras. Fue precisamente en esta época cuando Descartes dio con la pista del método con el que intentar unificar el conocimiento humano en base a un conjunto central de premisas. El 26 de marzo de 1619 Descartes informó a Beeckman "acerca de una ciencia, enteramente nueva, que le iba a permitir resolver todos los problemas que se pueden proponer acerca de cualquier clase de cantidades, continuas o discontinuas, cada una de acuerdo con su naturaleza..., de forma que, en Geometría, casi nada quedaría ya por descubrir". De esta manera Descartes anunciaba el descubrimiento de la Geometría Analítica o, como la describiría Voltaire, "del método que permite asignar ecuaciones algebraicas a las curvas". En el siglo XIV Nicole Oresme, compatriota de Descartes, hizo una ligera contribución a esta idea. En el siglo XVII, Pierre de Fermat, contemporáneo de Descartes, había hecho el mismo descubrimiento de forma completamente independiente, pero no lo llevó adelante. Sin embargo, Descartes no publicaría su descubrimiento hasta el año 1637 cuando, en su ensayo Géométrie incluyó una exposición de los principios y de algunas de sus aplicaciones. Este texto nos ofrece la demostración que da Descartes de que las secciones cónicas de Apolonio se hallan todas contenidas en un único conjunto de ecuaciones cuadráticas, y, con ello, Descartes pone de manifiesto el carácter general de su descubrimiento. Pero, dado que las secciones cónicas incluyen a las circunferencias de los antiguos astrónomos, las elipses de Johannes Kepler y la parábola utilizada por Galileo para describir la trayectoria de un proyectil, es claro que, con esta primera invención, Descartes facilitaba a los físicos una poderosa herramienta. Sin dicha herramienta incluso Newton se habría visto severamente limitado. Exactamente un año después de su encuentro con Beeckman, Descartes tuvo una famosa experiencia, quizás la más importante de su vida y, sin duda, la más dramática. Se había alistado en el ejercito del duque de Baviera, otro de los aliados de Francia en la Guerra de los Treinta Años, y se hallaba en los cuarteles de invierno en un remoto lugar a orillas del Danubio. El día 10 de noviembre, abstraído en sus pensamientos, se encontró completamente solo en la famosa poèle (literalmente "estufa", pero que, de hecho, significaba habitación caldeada). En el transcurso de aquel día había tomado importantísimas decisiones. En primer lugar, decidió que debía dudar metódicamente de todo lo que sabía acerca de la Física y de los restantes conocimientos organizados, y que debía encontrar ciertos puntos de partida evidentes en sí mismos que le permitiesen reconstruir todas las ciencias. En segundo lugar, decidió que, de la misma forma que una obra de arte o de arquitectura perfecta es siempre el producto de una sola mano maestra, así él debía llevar a cabo, por si solo, su programa. En su escritorio. Aquella noche, según su biógrafo del siglo XVII Adrian Baillet, Descartes tuvo tres sueños. En el primero se hallaba en una calle barrida por un viento muy intenso. Se veía completamente incapaz de mantener el equilibrio a causa de la debilidad de su pierna derecha, pero los compañeros que se hallaban junto a él lo sostenían firmemente. Descartes despertó y se durmió de nuevo. Entonces le despertó el estruendo de un trueno que había llenado la habitación de chispas; era también un sueño. Se durmió de nuevo y soñó que encontraba un diccionario, encima de su mesa. Entonces, en otro libro, su vista "tropezó con las palabras Quid vitae sectabor iter? (¿Qué clase de vida debo seguir?). Y, a la vez, se presentó un hombre, que le era desconocido, con unos versos que empezaban con las palabras Est et non, que le recomendó encarecidamente". Descartes reconoció en estas palabras la primera línea de dos poemas Ausonius. Incluso antes de despertarse definitivamente, Descartes había empezado ya a interpretar el primer sueño como una advertencia hacia los errores pasados, el segundo como el descenso del espíritu de la verdad para tomar posesión de él, y el tercero como indicándole que se le habrían los tesoros de todas las ciencias y el camino del conocimiento verdadero. No obstante, este incidente puede haber sido elaborado por el propio Baillet como un elemento retórico que simbolizase la certeza que Descartes tenía en la validez de su forma de aproximarse al conocimiento verdadero. Siguió como mercenario hasta 1622, hallándose presente en la batalla de Praga y en los asedios de Pressburg y Neuhäusel. Después, durante algunos años, se dedicó a viajar recorriendo Europa desde Polonia a Italia. En 1625 regresó finalmente a París. Aquí volvió a entrar en contacto con el círculo de Mersenne, trabajó en su "matemática universal" y se embarcó en especulaciones sobre gran cantidad de cuestiones diversas que iban de la psicología moral a la prolongación de la vida. Al igual que a sus ociosos contemporáneos, el torbellino de la vida social, la música, las lecturas frívolas, y el juego le distraían de tales cometidos. Su padre llegó a expresar la opinión de que "no valía para nada, salvo para acicalarse". Fue entonces cuando ocurrió un suceso que cambió su misión en la vida. Se hallaba presente, junto con un elegante e impresionante auditorio, incluido su amigo Mersenne y el influyente cardenal De Bérulle, en una reunión en la mansión del nuncio papal, para escuchar como un tal Chandoux exponía su "nueva filosofía". Descartes fue el único de los asistentes que no aplaudió. Instado a dar su opinión, habló extensamente, demostrando como era posible para un hombre inteligente establecer un razonamiento aparentemente convincente de una proposición y también de su contraria, mostrando además que, utilizando lo que él llamaba su "método natural", incluso los pensadores mediocres podían establecer principios cuyo fundamentos se hallaba enraizado en la verdad. Sus oyentes quedaron atónitos. Cuando, unos días más tardes, Descartes visitó a Bérulle el cardenal le encargó que dedicara su vida a conseguir que su método fuese aplicable a la filosofía y a "la mecánica y la medicina". Descartes en la Corte de la reina Cristina de Suecia (detalle), Pierre Louis Dumesnil. Museo nacional de Versailles. En Octubre de 1628, Descartes partió hacia Holanda, en donde permaneció el resto de su vida, salvo tres breves visitas a Francia y su viaje a Estocolmo en 1649, el último que realizaría. Evitó la compañía de todo el mundo salvo la de sus amigos y discípulos, y dedicó su tiempo a la aplicación de sus principios a la filosofía, la ciencia y las matemáticas y a la divulgación de sus conclusiones. Un año después de haber abandonado Holanda, aceptando la invitación de la reina Cristina de Suecia, murió en Estocolmo en febrero de 1650. La tumba de Descartes (en el centro), con vista detallada de la inscripción, en la iglesia de Saint-Germain-des-Prés, París. Su obra Podríamos describir a Descartes como a un científico centrífugo: su pensamiento emergió principalmente hacia afuera a partir de un punto teórico, central y firme, en contraste con pensadores como Francis Bacon e Isaac Newton, que partían de lo que veían para llegar a los principios que lo causaban. La dirección primaria y el movimiento que siguió la empresa filosófica y científica de Descartes se nos hace patente con toda claridad siguiendo el orden en que compuso en sus principales obras. Desde 1618 a 1628, los incansables años de su vida militar, de sus viajes y de disipación, elaboró su concepción de la ciencia verdadera y de su método para conocerla -un método muy racionalista-. Estas ideas se hallan expuestas en su primera obra, Reglas para la dirección del Espíritu, terminada en 1628, pero publicada póstumamente, y en el Discourse de la Méthode, que escribió después de establecerse en Holanda. Antes de completar este último comenzó a elaborar sus obras los Météors, la Dioptrique y la Géométrie, que presentaría como tres ejemplos concretos, ilustrativos del poder del método cuando se aplica a líneas de investigación específicas, y que publicaría, en 1637, como apéndices del Discourse. Entre tanto, en 1628, se había empezado a preocupar del nuevo estadio de sus investigaciones: el descubrimiento y establecimiento de los primeros principios. Estos se hallan expuestos en sus Meditaciones sobre la Filosofía Fundamental, publicada en 1641. A partir de estos principios estableció rápidamente la elaboración de su cosmología, que completó en 1633 en Le Monde, sin embargo se abstuvo de publicarla a raíz de las noticias de la condena de Galileo. En 1644 Descartes publicaría los Principia Philosophiae, una versión revisada, con su copernicanismo mitigado con la idea de que todo movimiento es relativo. Al mismo tiempo Descartes trabajaba en su concepción de la relación existente entre la mente y el mecanismo del cuerpo y, en su última obra, Pasiones del Alma (que completó en 1649), incluyó también la Psicología en los dominios de su sistema. Quizás el ejemplo más ilustrativo del poder de su método sea la Dioptrique. Como era característico en él, empieza enunciando lo que intenta resolver: el problema de la construcción de un telescopio, basándose en principios científicos racionales. De acuerdo con esta premisa, emprende ante todo un análisis de la naturaleza de la luz; el espacio está lleno de pequeños corpúsculos de materia, contiguos entre sí, formando una especie de "éter". La luz es un fenómeno mecánico, una presión instantánea que, procedente de una fuente luminosa, se transmite a través de este éter. Entonces Descartes nos ofrece una demostración geométrica muy elegante de las leyes de la reflexión y de la refracción. Algunos años antes el físico holandés Willebrord Snell había establecido ya la ley de los senos -es decir, la ley correcta de la refracción-, pero no la había publicado. La demostración de Descartes de lo que hoy se conoce como la ley de Snell, fue casi seguramente independiente. Además fue el primero en publicarla. Y puesto que la finalidad de un telescopio es aumentar el poder la visión, Descartes nos ofrece a continuación un análisis detallado del ojo humano tanto en su estado normal como en su estado patológico. Para ello, como muestra su correspondencia, realizó extensos estudios así como disecciones. Repitiendo un experimento que ya había realizado Christoph Schneider, separó la parte posterior de un ojo de buey y la remplazó por una fina película de papel blanco o por una cáscara de huevo, y examinó la imagen invertida producida por un objeto situado delante del ojo. Esta detallada investigación nos muestra un conocimiento anatómico considerable y una gran finura en la experimentación. Descartes describe el funcionamiento del iris, el músculo ciliar, la visión binocular, las ilusiones ópticas así como varias formas de coordinación y acomodación. Entonces se consideró en posición de demostrar científicamente cuales deberían ser las curvaturas de las lentes que eran precisas para construir un telescopio, una situación que no habían logrado ni Kepler ni Galileo. Concluyó que las secciones deberían ser hipérbolas o elipses. Naturalmente no contó con la aberración cromática, un problema que, por aquel entonces, era desconocido. Finalmente nos ofrece la descripción de una máquina diseñada para cortar lentes basándose en estos principios científicos. Gracias a una extensa correspondencia mantenida entre Descartes y un constructor de lentes francés, llamado Ferrier, sabemos que este desafortunado constructor intentó llevar a al práctica las ideas de Descartes y fracasó. De hecho, nunca se ha logrado construir ningún telescopio siguiendo los principios teóricos de Descartes. La estructura esencial y el contenido de la Física y de la Cosmología cartesiana descansan en las conclusiones revolucionarias que estableció poco después de haberse retirado a Holanda, en el año 1628. Fundamentó la posibilidad y la certeza del conocimiento en el hecho mismo del pensamiento. Este hecho elemental, aprehendido con "claridad y distinción", se convirtió en su criterio para saber si algo era cierto o falso. Afirmaba que las "cualidades" de la Filosofía clásica, aprehendidas por la simple sensación, no eran ni claras ni distintas. Así pues eliminó del mundo exterior todo salvo la extensión -el único aspecto mensurable de las cosas y, por consiguiente, su propia naturaleza-. Esta división del mundo en dos ámbitos mutuamente excluyentes y conjuntamente exhaustivos, el del entendimiento y el de la extensión, permitió a Descartes ofrecer lo que para él constituía una ciencia verdadera de la naturaleza. Así la tarea de la ciencia consistía en deducir, a partir de estos primeros principios, las causas de todo lo que acontece, de la misma manera que las Matemáticas se deducen de sus premisas. Fue la misma amplitud del programa -que de hecho declara que la naturaleza física entera se puede reducir y ser comprendida por las leyes del movimiento- lo que confirió a Descartes su importancia científica revolucionaria. El propio Descartes dio explicaciones, en términos de los movimientos de partículas de formas y tamaños diversos, de las propiedades químicas y sus combinaciones, gusto y sabor, calor, magnetismo, luz, del funcionamiento del corazón y del sistema nervioso como fuente de acción del mecanismo del cuerpo humano, y de muchos otros fenómenos que investigó por medio de experimentos algunas veces realmente ingenuos. La amplitud del programa llevaba implícita su propia perdición. Descartes no dispuso de tiempo suficiente para poder abordar con suficiente rigor y de forma cuantitativa todas las cuestiones que se proponía. Procediendo, como proceden, de un programa que pretende matematizarlo todo, la Física y Cosmología de Descartes son casi totalmente cualitativas. Se vio forzado a recurrir a la especulación mucho más allá de lo que le permitía "el pequeño alcance de mi conocimiento", con lo cual consiguió lo que realmente temía; que lo que había producido, utilizando sus propias palabras, no fuese más que un bello "romance de la naturaleza". Su fracaso más desastroso tuvo lugar, de hecho, en el centro mismo de su programa, en las propias leyes del movimiento. Por medio de un proceso de análisis puramente racional, había llegado a la conclusión de que la propiedad esencial de la materia era su extensión espacial. Puesto que, a priori, se excluían otras posibilidades, no dejó ningún resquicio para la constatación empírica. Y entonces, a partir de esta base supuestamente sólida, procedió a construir un sistema de mecánica que dejaba fuera de todo análisis hechos importantes, especialmente aquellos que se hallaban involucrados en lo que llegaría a ser la noción newtoniana de "masa". Su mecánica contiene ciertamente algunas conclusiones valiosas como, por ejemplo, la que se refiere a la conservación del movimiento y su enunciado de un principio equivalente al de inercia. Sin embargo, cuerpos geométricamente idénticos, si tienen masas diferentes, no se comportan de forma idéntica cuando colisionan o interactúan de otras formas. El tratamiento que Descartes dio a este tema resultó ser desastrosamente incorrecto a causa de que todo su análisis precedente de la materia como mera extensión era erróneo en sí mismo. Además, Descartes trató de dar una explicación a los movimientos planetarios mediante su teoría de los vórtices, según la cual, la materia del "éter" formaba torbellinos (vórtices) alrededor del sol y las estrellas lo que mantenía el movimiento de los planetas. Lo más sorprendente es que Descartes no se preocupó en absoluto de comprobar si esta importante parte de su física se ajustaba o no a los hechos explicados por las leyes de Kepler del movimiento planetario. Newton trató la teoría de los vórtices como un problema serio de la dinámica de fluidos y la desmoronó completamente. Pero si pasamos de la Mecánica de Descartes a su Fisiología, podemos observarle en un ámbito de estudio en el que obtuvo resultados más dignos de él. Con razón podemos considerar a Descartes, junto a William Harvey, el fundador de la Fisiología moderna. Harvey fue un maestro del análisis experimental, pero fue Descartes quien introdujo la hipótesis primordial sobre la que se ha basado toda la Fisiología subsiguiente. Habiendo dividido el mundo en extensión y pensamiento, Descartes fue lo suficientemente hábil para considerar la Biología como una rama de la Mecánica y nada más. En términos más modernos, este punto de vista establece que los organismos vivos son, en última instancia, explicables en términos de la física y química de sus partes. En el hombre, según Descartes, el ámbito del pensamiento tiene su contacto con el cuerpo en un único punto: la glándula pineal del cerebro. Además Descartes dedicó mucho tiempo a las disecciones anatómicas e introdujo una de las herramientas más poderosas de toda la investigación fisiológica moderna: el modelo hipotético. En el área de las Matemáticas, la contribución más notable que hizo Descartes fue la sistematización de la Geometría Analítica. Fue el primer matemático que intentó clasificar las curvas conforme al tipo de ecuaciones que las producen. Fue también el responsable de la utilización de las últimas letras del abecedario para designar cantidades desconocidas y las primeras para las conocidas. Descartes, moviéndose centrífugamente desde sus principios centrales, logró apreciar la crítica de Pascal y Huygens y darse cuenta de que su ideal matemático de deducción rectilínea chocaba frontalmente con la dificultad de poner en contacto principios generales abstractos con hechos particulares. Con todo, en cuanto pensador científico positivo, quizás no fuese tan diferente de sus sucesores actuales. Su investigación abarca nada menos que las causas y el significado de todo lo que acontece. Fuente Discurso del método El buen sentido es lo que mejor repartido está entre todo el mundo, pues cada cual piensa que posee tan buena provisión de él, que aun los más descontentadizos respecto a cualquier otra cosa, no suelen apetecer más del que ya tienen. En lo cual no es verosímil que todos se engañen, sino que más bien esto demuestra que la facultad de juzgar y distinguir lo verdadero de lo falso, que es propiamente lo que llamamos buen sentido o razón, es naturalmente igual en todos los hombres; y, por lo tanto, que la diversidad de nuestras opiniones no proviene de que unos sean más razonables que otros, sino tan sólo de que dirigimos nuestros pensamientos por derroteros diferentes y no consideramos las mismas cosas. No basta, en efecto, tener el ingenio bueno; lo principal es aplicarlo bien. Las almas más grandes son capaces de los mayores vicios, como de las mayores virtudes; y los que andan muy despacio pueden llegar mucho más lejos, si van siempre por el camino recto, que los que corren, pero se apartan de él. Por mi parte, nunca he presumido de poseer un ingenio más perfecto que los ingenios comunes; hasta he deseado muchas veces tener el pensamiento tan rápido, o la imaginación tan clara y distinta, o la memoria tan amplia y presente como algunos otros. Y no sé de otras cualidades sino ésas, que contribuyan a la perfección del ingenio; pues en lo que toca a la razón o al sentido, siendo, como es, la única cosa que nos hace hombres y nos distingue de los animales, quiero creer que está entera en cada uno de nosotros y seguir en esto la común opinión de los filósofos, que dicen que el más o el menos es sólo de los accidentes, mas no de las formas o naturalezas de los individuos de una misma especie. Pero, sin temor, puedo decir, que creo que fue una gran ventura para mí el haberme metido desde joven por ciertos caminos, que me han llevado a ciertas consideraciones y máximas, con las que he formado un método, en el cual paréceme que tengo un medio para aumentar gradualmente mi conocimiento y elevarlo poco a poco hasta el punto más alto a que la mediocridad de mi ingenio y la brevedad de mi vida puedan permitirle llegar. Pues tales frutos he recogido ya de ese método, que, aun cuando, en el juicio que sobre mí mismo hago, procuro siempre inclinarme del lado de la desconfianza mejor que del de la presunción, y aunque, al mirar con ánimo filosófico las distintas acciones y empresas de los hombres, no hallo casi ninguna que no me parezca vana e inútil, sin embargo no deja de producir en mí una extremada satisfacción el progreso que pienso haber realizado ya en la investigación de la verdad, y concibo tales esperanzas para el porvenir 6 , que si entre las ocupaciones que embargan a los hombres, puramente hombres, hay alguna que sea sólidamente buena e importante, me atrevo a creer que es la que yo he elegido por mía. Puede ser, no obstante, que me engañe; y acaso lo que me parece oro puro y diamante fino, no sea sino un poco de cobre y de vidrio. Sé cuán expuestos estamos a equivocar nos, cuando de nosotros mismos se trata, y cuán sospechosos deben sernos también los juicios de los amigos, que se pronuncian en nuestro favor. Pero me gustaría dar a conocer, en el presente discurso, el camino que he seguido y representar en él mi vida, como en un cuadro, para que cada cual pueda formar su juicio, y así, tomando luego conocimiento, por el rumor público, de las opiniones emitidas, sea este un nuevo medio de instruirme, que añadiré a los que acostumbro emplear. Mi propósito, pues, no es el de enseñar aquí el método que cada cual ha de seguir para dirigir bien su razón, sino sólo exponer el modo como yo he procurado conducir la mía 7 . Los que se meten a dar preceptos deben de estimarse más hábiles que aquellos a quienes los dan, y son muy censurables, si faltan en la cosa más mínima. Pero como yo no propongo este escrito, sino a modo de historia o, si preferís, de fábula, en la que, entre ejemplos que podrán imitarse, irán acaso otros también que con razón no serán seguidos, espero que tendrá utilidad para algunos, sin ser nocivo para nadie, y que todo el mundo agradecerá mi franqueza. Desde la niñez, fui criado en el estudio de las letras y, como me aseguraban que por medio de ellas se podía adquirir un conocimiento claro y seguro de todo cuanto es útil para la vida, sentía yo un vivísimo deseo de aprenderlas. Pero tan pronto como hube terminado el curso de los estudios, cuyo remate suele dar ingreso en el número de los hombres doctos, cambié por completo de opinión, Pues me embargaban tantas dudas y errores, que me parecía que, procurando instruirme, no había conseguido más provecho que el de descubrir cada vez mejor mi ignorancia. Y, sin embargo, estaba en una de las más famosas escuelas de Europa 8 , en donde pensaba yo que debía haber hombres sabios, si los hay en algún lugar de la tierra. Allí había aprendido todo lo que los demás aprendían; y no contento aún con las ciencias que nos enseñaban, recorrí cuantos libros pudieron caer en mis manos, referentes a las ciencias que se consideran como las más curiosas y raras. Conocía, además, los juicios que se hacían de mi persona, y no veía que se me estimase en menos que a mis condiscípulos, entre los cuales algunos había ya destinados a ocupar los puestos que dejaran vacantes nuestros maestros. Por último, parecíame nuestro siglo tan floreciente y fértil en buenos ingenios, como haya sido cualquiera dé los precedentes. Por todo lo cual, me tomaba la libertad de juzgar a los demás por mí mismo y de pensar que no había en el mundo doctrina alguna como la que se me había prometido anteriormente. No dejaba por eso de estimar en mucho los ejercicios que se hacen en las escuelas. Sabía que las lenguas que en ellas se aprenden son necesarias para la inteligencia de los libros antiguos; que la gentileza de las fábulas despierta el ingenio; que las acciones memorables, que cuentan las historias, lo elevan y que, leídas con discreción, ayudan a formar el juicio; que la lectura de todos los buenos libros es como una conversación con los mejores ingenios de los pasados siglos, que los han compuesto, y hasta una conversación estudiada, en la que no nos descubren sino lo más selecto de sus pensamientos; que la elocuencia posee fuerzas y bellezas incomparables; que la poesía tiene delicadezas y suavidades que arrebatan; que en las matemáticas hay sutilísimas invenciones que pueden ser de mucho servicio, tanto para satisfacer a los curiosos, como para facilitar las artes todas y disminuir el trabajo de los hombres; que los escritos, que tratan de las costumbres, encierran varias enseñanzas y exhortaciones a la virtud, todas muy útiles; que la teología enseña a ganar el cielo; que la filosofía proporciona medios para hablar con verosimilitud de todas las cosas y recomendarse a la admiración de los menos sabios 9 ; que la jurisprudencia, la medicina y demás ciencias honran y enriquecen a quienes las cultivan; y, por último, que es bien haberlas recorrido todas, aun las más supersticiosas y las más falsas, para conocer su justo valor y no dejarse engañar por ellas. Pero creía también que ya había dedicado bastante tiempo a las lenguas e incluso a la lectura de los libros antiguos y a sus historias y a sus fábulas. Pues es casi lo mismo conversar con gentes de otros siglos, que viajar por extrañas tierras. Bueno es saber algo de las costumbres de otros pueblos, para juzgar las del propio con mejor acierto, y no creer que todo lo que sea contrario a nuestras modas es ridículo y opuesto a la razón, como suelen hacer los que no han visto nada. Pero el que emplea demasiado tiempo en viajar, acaba por tornarse extranjero en su propio país; y al que estudia con demasiada curiosidad lo que se hacía en los siglos pretéritos, ocúrrele de ordinario que permanece ignorante de lo que se practica en el presente. Además, las fábulas son causa de que imaginemos como posibles acontecimientos que no lo son; y aun las más fieles historias, supuesto que no cambien ni aumenten el valor de las cosas, para hacerlas más dignas de ser leídas, omiten por lo menos, casi siempre, las circunstancias más bajas y menos ilustres, por lo cual sucede que lo restante no aparece tal como es y que los que ajustan sus costumbres a los ejemplos que sacan de las historias, se exponen a caer en las extravagancias de los paladines de nuestras novelas y a concebir designios, a que no alcanzan sus fuerzas. Estimaba en mucho la elocuencia y era un enamorado de la poesía; pero pensaba que una y otra son dotes del ingenio más que frutos del estudio. Los que tienen más robusto razonar y digieren mejor sus pensamientos, para hacerlos claros e inteligibles, son los más capaces de llevar a los ánimos la persuasión, sobre lo que proponen, aunque hablen una pésima lengua y no hayan aprendido nunca retórica; y los que imaginan las más agradables invenciones, sabiéndolas expresar con mayor ornato y suavidad, serán siempre los mejores poetas, aun cuando desconozcan el arte poética. Gustaba sobre todo de las matemáticas, por la certeza y evidencia que poseen sus razones; pero aun no advertía cuál era su verdadero uso y, pensando que sólo para las artes mecánicas servían, extrañábame que, siendo sus cimientos tan firmes y sólidos, no se hubiese construido sobre ellos nada más levantado 10 . Y en cambio los escritos de los antiguos paganos, referentes a las costumbres, comparábalos con palacios muy soberbios y magníficos, pero construidos sobre arena y barro: levantan muy en alto las virtudes y las presentan como las cosas más estimables que hay en el mundo; pero no nos enseñan bastante a conocerlas y, muchas veces, dan ese hermoso nombre a lo que no es sino insensibilidad, orgullo, desesperación o parricidio 11 . Profesaba una gran reverencia por nuestra teología y, como cualquier otro, pretendía yo ganar el cielo. Pero habiendo aprendido, como cosa muy cierta, que el camino de la salvación está tan abierto para los ignorantes como para los doctos y que las verdades reveladas, que allá conducen, están muy por encima de nuestra inteligencia, nunca me hubiera atrevido a someterlas a la flaqueza de mis razonamientos, pensando que, para acometer la empresa de examinarlas y salir con bien de ella, era preciso alguna extraordinaria ayuda del cielo, y ser, por tanto, algo más que hombre. Nada diré de la filosofía sino que, al ver que ha sido cultivada por los más excelentes ingenios que han vivido desde hace siglos, y, sin embargo, nada hay en ella que no sea objeto de disputa y, por consiguiente, dudoso, no tenía yo la presunción de esperar acertar mejor que los demás; y considerando cuán diversas pueden ser las opiniones tocante a una misma materia, sostenidas todas por gentes doctas, aun cuando no puede ser verdadera más que una sola, reputaba casi por falso todo lo que no fuera más que verosímil. Y en cuanto a las demás ciencias, ya que toman sus principios de la filosofía, pensaba yo que sobre tan endebles cimientos no podía haberse edificado nada sólido; y ni el honor ni el provecho, que prometen, eran bastantes para invitarme a aprenderlas; pues no me veía, gracias a Dios, en tal condición que hubiese de hacer de la ciencia un oficio con que mejorar mi fortuna; y aunque no profesaba el desprecio de la gloria a lo cínico, sin embargo, no estimaba en mucho aquella fama, cuya adquisición sólo merced a falsos títulos puede lograrse. Y, por último, en lo que toca a las malas doctrinas, pensaba que ya conocía bastante bien su valor, para no dejarme burlar ni por las promesas de un alquimista, ni por las predicciones de un astrólogo, ni por los engaños de un mago, ni por los artificios o la presunción de los que profesan saber más de lo que saben. Así, pues, tan pronto como estuve en edad de salir de la sujeción en que me tenían mis preceptores, abandoné del todo el estudio de las letras; y, resuelto a no buscar otra ciencia que la que pudiera hallar en mí mismo o en el gran libro del mundo, empleé el resto de mi juventud en viajar, en ver cortes y ejércitos 12 , en cultivar la sociedad de gentes de condiciones y humores diversos, en recoger varias experiencias, en ponerme a mí mismo a prueba en los casos que la fortuna me deparaba y en hacer siempre tales reflexiones sobre las cosas que se me presentaban, que pudiera sacar algún provecho de ellas. Pues parecíame que podía hallar mucha más verdad en los razonamientos que cada uno hace acerca de los asuntos que le atañen, expuesto a que el suceso venga luego a castigarle, si ha juzgado mal, que en los que discurre un hombre de letras, encerrado en su despacho, acerca de especulaciones que no producen efecto alguno y que no tienen para él otras consecuencias, sino que acaso sean tanto mayor motivo para envanecerle cuanto más se aparten del sentido común, puesto que habrá tenido que gastar más ingenio y artificio en procurar hacerlas verosímiles. Y siempre sentía un deseo extremado de aprender a distinguir lo verdadero de lo falso, para ver claro en mis actos y andar seguro por esta vida. Es cierto que, mientras me limitaba a considerar las costumbres de los otros hombres, apenas hallaba cosa segura y firme, y advertía casi tanta diversidad como antes en las opiniones de los filósofos. De suerte que el mayor provecho que obtenía, era que, viendo varias cosas que, a pesar de parecernos muy extravagantes y ridículas, no dejan de ser admitidas comúnmente y aprobadas por otros grandes pueblos, aprendía a no creer con demasiada firmeza en lo que sólo el ejemplo y la costumbre me habían persuadido; y así me libraba poco a poco de muchos errores, que pueden oscurecer nuestra luz natural y tornarnos menos aptos para escuchar la voz de la razón. Mas cuando hube pasado varios años estudiando en el libro del mundo y tratando de adquirir alguna experiencia, resolvíme un día a estudiar también en mí mismo y a emplear todas las fuerzas de mi ingenio en la elección de la senda que debía seguir; lo cual me salió mucho mejor, según creo, que si no me hubiese nunca alejado de mi tierra y de mis libros. Hallábame, por entonces, en Alemania, adonde me llamara la ocasión de unas guerras 13 que aun no han terminado; y volviendo de la coronación del Emperador 14 hacia el ejército, cogióme el comienzo del invierno en un lugar en donde, no encontrando conversación alguna que me divirtiera y no teniendo tampoco, por fortuna, cuidados ni pasiones que perturbaran mi ánimo, permanecía el día entero solo y encerrado, junto a una estufa, con toda la tranquilidad necesaria para entregarme a mis pensamientos 15 . Entre los cuales, fue uno de los primeros el ocurrírseme considerar que muchas veces sucede que no hay tanta perfección en las obras compuestas de varios trozos y hechas por las manos de muchos maestros, como en aquellas en que uno solo ha trabajado. Así vemos que los edificios, que un solo arquitecto ha comenzado y rematado, suelen ser más hermosos y mejor ordenados que aquellos otros, que varios han tratado de componer y arreglar, utilizando antiguos muros, construidos para otros fines. Esas viejas ciudades, que no fueron al principio sino aldeas, y que, con el transcurso del tiempo han llegado a ser grandes urbes, están, por lo común, muy mal trazadas y acompasadas, si las comparamos con esas otras plazas regulares que un ingeniero diseña, según su fantasía, en una llanura; y, aunque considerando sus edificios uno por uno encontremos a menudo en ellos tanto o más arte que en los de estas últimas ciudades nuevas, sin embargo, viendo cómo están arreglados, aquí uno grande, allá otro pequeño, y cómo hacen las calles curvas y desiguales, diríase que más bien es la fortuna que la voluntad de unos hombres provistos de razón, la que los ha dispuesto de esa suerte. Y si se considera que, sin embargo, siempre ha habido unos oficiales encargados de cuidar de que los edificios de los particulares sirvan al ornato público, bien se reconocerá cuán difícil es hacer cumplidamente las cosas cuando se trabaja sobre lo hecho por otros. Así también, imaginaba yo que esos pueblos que fueron antaño medio salvajes y han ido civilizándose poco a poco, haciendo sus leyes conforme les iba obligando la incomodidad de los crímenes y peleas, no pueden estar tan bien constituidos como los que, desde que se juntaron, han venido observando las constituciones de algún prudente legislador 16 . Como también es muy cierto, que el estado de la verdadera religión, cuyas ordenanzas Dios solo ha instituido, debe estar incomparablemente mejor arreglado que todos los demás. Y para hablar de las cosas humanas, creo que si Esparta ha sido antaño muy floreciente, no fue por causa de la bondad de cada una de sus leyes en particular, que algunas eran muy extrañas y hasta contrarias a las buenas costumbres, sino porque, habiendo sido inventadas por uno solo, todas tendían al mismo fin. Y así pensé yo que las ciencias de los libros, por lo menos aquellas cuyas razones son solo probables y carecen de demostraciones, habiéndose compuesto y aumentado poco a poco con las opiniones de varias personas diferentes, no son tan próximas a la verdad como los simples razonamientos que un hombre de buen sentido puede hacer, naturalmente, acerca de las cosas que se presentan. Y también pensaba yo que, como hemos sido todos nosotros niños antes de ser hombres y hemos tenido que dejarnos regir durante mucho tiempo por nuestros apetitos y nuestros preceptores, que muchas veces eran contrarios unos a otros, y ni unos ni otros nos aconsejaban acaso siempre lo mejor, es casi imposible que sean nuestros juicios tan puros y tan sólidos como lo fueran si, desde el momento de nacer, tuviéramos el uso pleno de nuestra razón y no hubiéramos sido nunca dirigidos más que por ésta. Verdad es que no vemos que se derriben todas las casas de una ciudad con el único propósito de reconstruirlas en otra manera y de hacer más hermosas las calles; pero vemos que muchos particulares mandan echar abajo sus viviendas para reedificarlas y, muchas veces, son forzados a ello, cuando los edificios están en peligro de caerse, por no ser ya muy firmes los cimientos. Ante cuyo ejemplo, llegué a persuadirme de que no sería en verdad sensato que un particular se propusiera reformar un Estado cambiándolo todo, desde los cimientos, y derribándolo para enderezarlo; ni aun siquiera reformar el cuerpo de las ciencias o el orden establecido en las escuelas para su enseñanza; pero que, por lo que toca a las opiniones, a que hasta entonces había dado mi crédito, no podía yo hacer nada mejor que emprender de una vez la labor de suprimirlas, para sustituirlas luego por otras mejores o por las mismas, cuando las hubiere ajustado al nivel de la razón. Y tuve firmemente por cierto que, por este medio, conseguiría dirigir mi vida mucho mejor que si me contentase con edificar sobre cimientos viejos y me apoyase solamente en los principios que había aprendido siendo joven, sin haber examinado nunca si eran o no verdaderos. Pues si bien en esta empresa veía varias dificultades, no eran, empero, de las que no tienen remedio; ni pueden compararse con las que hay en la reforma de las menores cosas que atañen a lo público. Estos grandes cuerpos políticos, es muy difícil levantarlos, una vez que han sido derribados, o aun sostenerlos en pie cuando se tambalean, y sus caídas son necesariamente muy duras. Además, en lo tocante a sus imperfecciones, si las tienen y sólo la diversidad que existe entre ellos basta para asegurar que varios las tienen , el uso las ha suavizado mucho sin duda, y hasta ha evitado o corregido insensiblemente no pocas de entre ellas, que con la prudencia no hubieran podido remediarse tan eficazmente; y por último, son casi siempre más soportables que lo sería el cambiarlas, como los caminos reales, que serpentean por las montañas, se hacen poco a poco tan llanos y cómodos, por, el mucho tránsito, que es muy preferible seguirlos, que no meterse en acortar, saltando por encima de las rocas y bajando hasta el fondo de las simas. Por todo esto, no puedo en modo alguno aplaudir a esos hombres de carácter inquieto y atropellado que, sin ser llamados ni por su alcurnia ni por su fortuna al manejo de los negocios públicos, no dejan de hacer siempre, en idea, alguna reforma nueva; y si creyera que hay en este escrito la menor cosa que pudiera hacerme sospechoso de semejante insensatez, no hubiera consentido en su publicación 17 . Mis designios no han sido nunca otros que tratar de reformar mis propios pensamientos y edificar sobre un terreno que me pertenece a mí solo. Si, habiéndome gustado bastante mi obra, os enseño aquí el modelo, no significa esto que quiera yo aconsejar a nadie que me imite. Los que hayan recibido de Dios mejores y más abundantes mercedes, tendrán, sin duda, más levantados propósitos; pero mucho me temo que éste mío no sea ya demasiado audaz para algunas personas. Ya la mera resolución de deshacerse de todas las opiniones recibidas anteriormente no es un ejemplo que todos deban seguir. Y el mundo se compone casi sólo de dos especies de ingenios, a quienes este ejemplo no conviene, en modo alguno, y son, a saber: de los que, creyéndose más hábiles de lo que son, no pueden contener la precipitación de sus juicios ni conservar la bastante paciencia para conducir ordenadamente todos sus pensamientos; por donde sucede que, si una vez se hubiesen tomado la libertad de dudar de los principios que han recibido y de apartarse del camino común, nunca podrán mantenerse en la senda que hay que seguir para ir más en derechura, y permanecerán extraviados toda su vida; y de otros que, poseyendo bastante razón o modestia para juzgar que son menos capaces de distinguir lo verdadero de lo falso que otras personas, de quienes pueden recibir instrucción, deben más bien contentarse con seguir las opiniones de esas personas, que buscar por sí mismos otras mejores. Y yo hubiera sido, sin duda, de esta última especie de ingenios, si no hubiese tenido en mi vida más que un solo maestro o no hubiese sabido cuán diferentes han sido, en todo tiempo, las opiniones de los más doctos. Mas, habiendo aprendido en el colegio que no se puede imaginar nada, por extraño e increíble que sea, que no haya sido dicho por alguno de los filósofos, y habiendo visto luego, en mis viajes, que no todos los que piensan de modo contrario al nuestro son por ello bárbaros y salvajes, sino que muchos hacen tanto o más uso que nosotros de la razón; y habiendo considerado que un mismo hombre, con su mismo ingenio, si se ha criado desde niño entre franceses o alemanes, llega a ser muy diferente de lo que sería si hubiese vivido siempre entre chinos o caníbales; y que hasta en las modas de nuestros trajes, lo que nos ha gustado hace diez años, y acaso vuelva a gustarnos dentro de otros diez, nos parece hoy extravagante y ridículo, de suerte que más son la costumbre y el ejemplo los que nos persuaden, que un conocimiento cierto; y que, sin embargo, la multitud de votos no es una prueba que valga para las verdades algo difíciles de descubrir, porque más verosímil es que un hombre solo dé con ellas que no todo un pueblo, no podía yo elegir a una persona, cuyas opiniones me parecieran preferibles a las de las demás, y me vi como obligado a emprender por mí mismo la tarea de conducirme. Pero como hombre que tiene que andar solo y en la oscuridad, resolví ir tan despacio y emplear tanta circunspección en todo, que, a trueque de adelantar poco, me guardaría al menos muy bien de tropezar y caer. E incluso no quise empezar a deshacerme por completo de ninguna de las opiniones que pudieron antaño deslizarse en mi creencia, sin haber sido introducidas por la razón, hasta después de pasar buen tiempo dedicado al proyecto de la obra que iba a emprender, buscando el verdadero método para llegar al conocimiento de todas las cosas de que mi espíritu fuera capaz. Había estudiado un poco, cuando era más joven, de las partes de la filosofía, la lógica, y de las matemáticas, el análisis de los geómetras y el álgebra, tres artes o ciencias que debían, al parecer, contribuir algo a mi propósito. Pero cuando las examiné, hube de notar que, en lo tocante a la lógica, sus silogismos y la mayor parte de las demás instrucciones que da, más sirven para explicar a otros las cosas ya sabidas o incluso, como el arte de Lulio 18 , para hablar sin juicio de las ignoradas, que para aprenderlas. Y si bien contiene, en verdad, muchos, muy buenos y verdaderos preceptos, hay, sin embargo, mezclados con ellos, tantos otros nocivos o superfluos, que separarlos es casi tan difícil como sacar una Diana o una Minerva de un bloque de mármol sin desbastar. Luego, en lo tocante al análisis 19 de los antiguos y al álgebra de los modernos, aparte de que no se refieren sino a muy abstractas materias, que no parecen ser de ningún uso, el primero está siempre tan constreñido a considerar las figuras, que no puede ejercitar el entendimiento sin cansar grandemente la imaginación; y en la segunda, tanto se han sujetado sus cultivadores a ciertas reglas y a ciertas cifras, que han hecho de ella un arte confuso y oscuro, bueno para enredar el ingenio, en lugar de una ciencia que lo cultive. Por todo lo cual, pensé que había que buscar algún otro método que juntase las ventajas de esos tres, excluyendo sus defectos. Y como la multitud de leyes sirve muy a menudo de disculpa a los vicios, siendo un Estado mucho mejor regido cuando hay pocas, pero muy estrictamente observadas, así también, en lugar del gran número de preceptos que encierra la lógica, creí que me bastarían los cuatro siguientes, supuesto que tomase una firme y constante resolución de no dejar de observarlos una vez siquiera: 1. Fue el primero, no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mí espíritu, que no hubiese ninguna ocasión de ponerlo en duda. 2. El segundo, dividir cada una de las dificultades, que examinare, en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución. 3. El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente. 4. Y el último, hacer en todo unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada. Esas largas series de trabadas razones muy simples y fáciles, que los geómetras acostumbran emplear, para llegar a sus más difíciles demostraciones, habíanme dado ocasión de imaginar que todas las cosas, de que el hombre puede adquirir conocimiento, se siguen unas a otras en igual manera, y que, con sólo abstenerse de admitir como verdadera una que no lo sea y guardar siempre el orden necesario para deducirlas unas de otras, no puede haber ninguna, por lejos que se halle situada o por oculta que esté, que no se llegue a alcanzar y descubrir. Y no me cansé mucho en buscar por cuáles era preciso comenzar, pues ya sabía que por las más simples y fáciles de conocer; y considerando que, entre todos los que hasta ahora han investigado la verdad en las ciencias, sólo los matemáticos han podido encontrar algunas demostraciones, esto es, algunas razones ciertas y evidentes, no dudaba de que había que empezar por las mismas que ellos han examinado, aun cuando no esperaba sacar de aquí ninguna otra utilidad, sino acostumbrar mi espíritu a saciarse de verdades y a no contentarse con falsas razones. Mas no por eso concebí el propósito de procurar aprender todas las ciencias particulares denominadas comúnmente matemáticas, y viendo que, aunque sus objetos son diferentes, todas, sin embargo, coinciden en que no consideran sino las varias relaciones o proporciones que se encuentran en los tales objetos, pensé que más valía limitarse a examinar esas proporciones en general, suponiéndolas solo en aquellos asuntos que sirviesen para hacerme más fácil su conocimiento y hasta no sujetándolas a ellos de ninguna manera, para poder después aplicarlas tanto más libremente a todos los demás a que pudieran convenir 20 . Luego advertí que, para conocerlas, tendría a veces necesidad de considerar cada una de ellas en particular, y otras veces, tan solo retener o comprender varias juntas, y pensé que, para considerarlas mejor en particular, debía suponerlas en líneas, porque no encontraba nada más simple y que más distintamente pudiera yo representar a mi imaginación y mis sentidos; pero que, para retener o comprender varias juntas, era necesario que las explicase en algunas cifras, las más cortas que fuera posible; y que, por este medio, tomaba lo mejor que hay en el análisis geométrico y en el álgebra, y corregía así todos los defectos de una por el otro 21 . Y, efectivamente, me atrevo a decir que la exacta observación de los pocos preceptos por mí elegidos, me dio tanta facilidad para desenmarañar todas las cuestiones de que tratan esas dos ciencias, que en dos o tres meses que empleé en examinarlas, habiendo comenzado por las más simples y generales, y siendo cada verdad que encontraba una regla que me servía luego para encontrar otras, no sólo conseguí resolver varias cuestiones, que antes había considerado como muy difíciles, sino que hasta me pareció también, hacia el final, que, incluso en las que ignoraba, podría determinar por qué medios y hasta dónde era posible resolverlas. En lo cual, acaso no me acusaréis de excesiva vanidad si consideráis que, supuesto que no hay sino una verdad en cada cosa, el que la encuentra sabe todo lo que se puede saber de ella; y que, por ejemplo, un niño que sabe aritmética y hace una suma conforme a las reglas, puede estar seguro de haber hallado, acerca de la suma que examinaba, todo cuanto el humano ingenio pueda hallar; porque al fin y al cabo el método que enseña a seguir el orden verdadero y a recontar exactamente las circunstancias todas de lo que se busca, contiene todo lo que confiere certidumbre a las reglas de la aritmética. Pero lo que más contento me daba en este método era que, con él, tenía la seguridad de emplear mi razón en todo, si no perfectamente, por lo menos lo mejor que fuera en mi poder. Sin contar con que, aplicándolo, sentía que mi espíritu se iba acostumbrando poco a poco a concebir los objetos con mayor claridad y distinción y que, no habiéndolo sujetado a ninguna materia particular, prometíame aplicarlo con igual fruto a las dificultades de las otras ciencias, como lo había hecho a las del álgebra. No por eso me atreví a empezar luego a examinar todas las que se presentaban, pues eso mismo fuera contrario al orden que el método prescribe; pero habiendo advertido que los principios de las ciencias tenían que estar todos tomados de la filosofía, en la que aun no hallaba ninguno que fuera cierto, pensé que ante todo era preciso procurar establecer algunos de esta clase y, siendo esto la cosa más importante del mundo y en la que son más de temer la precipitación y la prevención, creí que no debía acometer la empresa antes de haber llegado a más madura edad que la de veintitrés años, que entonces tenía, y de haber dedicado buen espacio de tiempo a prepararme, desarraigando de mi espíritu todas las malas opiniones a que había dado entrada antes de aquel tiempo, haciendo también acopio de experiencias varias, que fueran después la materia de mis razonamientos y, por último, ejercitándome sin cesar en el método que me había prescrito, para afianzarlo mejor en mi espíritu. Fuente Descarga del material Mirá también...
Fijense este capítulo que ahora que se acerca Navidad hay que ver algo de pirotecnia... Parte 1 http://www.videos-star.com/watch.php?video=Rtj3H_qLYNY Parte 2 http://www.videos-star.com/watch.php?video=DQxWSR3QaKs&feature=PlayList&p=32F0CB399A9FC226&playnext=1&index=1 Parte 3 http://www.videos-star.com/watch.php?video=FLtTDuZKN8E&feature=PlayList&p=32F0CB399A9FC226&index=0&playnext=1
Registrate y eliminá la publicidad! Preparados para el apocalipsis Superpoblación, desastres climáticos, guerras, pandemias globales... Según algunos investigadores, tal como van las cosas, nuestra civilización podría desaparecer dentro de 10.000 años. El Homo Sapiens lleva sobre el planeta alrededor de 200.000 años. Desde entonces, cuando nuestros antepasados vivían en cuevas y cazaban vistiendo pieles de animales, hemos construido ciudades, creado lenguajes muy complejos e incluso enviado máquinas a otros planetas. Mirando hacia nuestro entorno resulta difícil creer que todo esto tenga un final. Pero es así. De todas las especies que han poblado el planeta, el 99 por ciento ya se ha extinguido. ¿Cuándo nos tocará a nosotros?. La actividad nuclear de los países más poderosos del planeta pone, desde hace varias décadas, en jaque a la continuidad de la vida en el planeta. El uso de sustancias gaseosas como el azufre en estos artefactos se convierte en un punto de inflexión a la hora de hablar de "El Argumento del Día del Juicio Final". Por citar el atentado ocurrido en 1945 a la población japonesa de Hiroshima (primera bomba atómica contra objetivos civiles) ya nos dá la pauta del "desarrollo" que ha venido teniendo la actividad nuclear en nuestro planeta. Un sobreviviente recorre la zona de desastre luego de la caída de la bomba atómica sobre Hiroshima. Cómo somos y como dejaremos de serlo Según el antropólogo estadounidense Joseph Tainter, las sociedades que se enfrentan a la desaparición siguen tres modelos distintos. A. EL DINOSAURIO. El mejor ejemplo es una gran sociedad que ha consumido sus recursos y no hace nada por rectificar, porque sus dirigentes no son capaces de adaptarse a los cambios y se oponen a cualquier planteamiento que salga de su línea de acción. B. EL CABALLO DESBOCADO. Son las sociedades basadas casi exclusivamente en la adquisición de bienes, incluyendo el pillaje o la explotación. Los mongoles, por ejemplo, desaparecieron cuando no hubo nuevas conquistas que hacer. Tainter indica que el capitalismo pertenece a este tipo de sociedad. C. EL CASTILLO DE NAIPES. Son las que crecen tanto y con tantas instituciones sociales complejas que, esencialmente, tienen todas las posibilidades de desaparecer. En 1983, durante una reunión de la Royal Society de Londres, el cosmólogo Brandon Carter desarrolló lo que denominó "el argumento del día del juicio final", posteriormente retomado por el físico teórico Richard Gott en la revista Nature en 1993 y tres años más tarde por el filósofo John Leslie. Se trata de una manera estadística de calcular la probabilidad de que se produzca en este momento nuestra extinción. Lo más llamativo de todo es que para hacerlo sólo es necesario conocer el número total de individuos que existen en la actualidad. La situación es la siguiente. Imagínese que le muestran dos urnas con esferas numeradas. Una tiene diez y la otra un millón, pero no sabe cuál es cuál. Si saca una esfera de una de las urnas y le preguntan cuál es la probabilidad de que sea de la de diez, lo único que puede decir es que hay un 50 por ciento de posibilidades. Ahora da vuelta a la esfera y ve un 7. ¿De dónde la sacó? Con esa nueva información, podríamos asegurar que es más probable que haya salido de la que contenía 10 esferas. De hecho, utilizando el teorema de Bayes se puede calcular que hay un 99,999 por ciento de posibilidades de que sea así. Considere ahora que en lugar de dos urnas tenemos dos razas humanas y, en lugar de esferas, personas numeradas según el orden de su nacimiento. Luego descubre que usted ocupa el puesto 60.000 millones, que es la cantidad de personas que efectivamente han nacido hasta la fecha en la Tierra. Responda ahora a esta pregunta: ¿De qué urna es más fácil que haya salido: de una que contenga 100.000 millones de personas o de otra que contenga 100 trillones? Si razonamos igual que con las esferas, no nos queda más remedio que aceptar que sería de la que contiene el menor número de gente. Y ahora viene lo interesante. La cantidad de personas qu hay en cada urna es el número total de personas que existirán en el universo. Y como esta cantidad está ligada a la duración de la humanidad, debemos pensar que es más probable que se produzca una extinción masiva en un intervalo relativamente corto de tiempo. Cálculos detallados demuestran que existe una probabilidad del 95 por ciento de que desaparezcamos en los próximos 9.120 años. O lo que es lo mismo, que la humanidad tiene sólo un 5 por ciento de posibilidades de seguir viva en el año 11128. La tierra nos queda chica Eso sí, lo que no nos dice esta predicción es el motivo. ¿Será por algún meteorito, a causa de una erupción masiva o quizá por nuestra propia incompetencia a la hora de gestionar los recursos de este planeta? Éstos no son eternos y muchos empezarán a escasear pronto. ¿Serán los vertederos las minas del futuro? Por otro lado, el ser humano no deja de multiplicarse. Si seguimos con las tasas de crecimiento actual, para 2100 tendremos 50.000 millones de bocas que alimentar. El problema es grave. Para darnos cuenta respondamos a esta pregunta: suponiendo que toda la materia del universo fuera comida, ¿cuánta gente necesitaríamos para comérnosla toda? El conocido divulgador Isaac Asimov lo calculó y obtuvo un número enorme: 4.000 billones de billones de billones de personas. Lo inquietante es que si sigue todo como hasta ahora, alcanzaremos esa cifra ¡en sólo 3.500 años! Según predicciones, a este ritmo de crecimiento, habrá problemas de alimentación en un par de décadas Y la situación puede acelerarse si se cumplen ciertas previsiones. Karl Hamsen, director del Instituto para Recursos Naturales en África de la Universidad de las Naciones Unidas con base en Ghana, afirmó que si la degradación del suelo sigue al ritmo actual, ese continente sólo podrá alimentar al 25 por ciento de su población en 2025. Esto significa que 2.000 millones de personas se convertirían en refugiados ambientales. La gran crisis del petróleo El barril de petróleo, en ascenso sostenido y sin miras de frenarse, protagoniza la amenaza más cercana. Sin embargo, el principal problema de las grandes potencias no es únicamente el aumento del precio del barril de crudo, sino asegurar que fluya libremente. Que Irak y Arabia Saudí, los dos países con mayores reservas del planeta, sean políticamente inestables no introduce tranquilidad en el sistema. Según Amos Nurs, geofísico de la Universidad de Stanford, en 2060 se habrá triplicado la producción de petróleo para hacer frente al aumento de población y mantener la calidad de vida. Eso siempre y cuando China y la India no aumenten su consumo más del 7,5 por ciento y del 5,5 por ciento anual, respectivamente. A medida que los países menos desarrollados alcancen los niveles occidentales, éste se disipará. La sensación de pánico ya empieza a ser perceptible. Las dos economías más grandes del planeta, Estados Unidos y China, incorporaron hace poco la finitud de las reservas de gas y petróleo en sus políticas de seguridad nacional. Para el físico del Instituto Tecnológico de California David Goldstein, autor del libro Out Of Gas: The End Of The Era Of Oil, "la civilización tal como la conocemos terminará a fines de este siglo, cuando se acabe el petróleo". El petróleo, un recurso que es tan valorado como el oro pone frente a frente a varias naciones que luchan por las reservas. Mazazo para la agricultura Cuando se menciona la escasez de este combustible, todos volvemos la vista al transporte, la electricidad o los plásticos. Pero no nos damos cuenta de que el efecto más devastador lo tendremos en la agricultura. La nafta y el gas son esenciales en el campo, y no sólo por el uso de los tractores y demás maquinaria, que de por sí ya es grave. La agricultura moderna no puede volver a los animales de tiro si quiere alimentar a un mundo cada vez más poblado. Y es que un tractor ara en una hora lo que a un caballo le costaría un día. En realidad, el principal problema se centra en conseguir la energía necesaria para obtener los fertilizantes. Por ejemplo, el nitrógeno participa junto con el hidrógeno en el proceso Haber-Bosch para formar amoníaco. Esta reacción, extremadamente lenta, requiere del uso de catalizadores, temperaturas de 500 º C y presiones de 200 atmósferas para que sea industrialmente rentable. La importancia de este mecanismo para obtener los fertilizantes de los que depende un tercio de la población mundial se percibe en la cantidad de energía que se le destina: el 0,75 por ciento de toda la que se produce en el mundo. Peor aún: aunque el nitrógeno se obtiene del aire, el hidrógeno sale del gas natural. Hace casi 10 años, el geólogo de la Universidad de Oregón, Walter Youngquist, dejaba clara cuál es la situación: "aproximadamente el 90 por ciento de la energía usada en el cultivo del cereal proviene del petróleo y del gas natural. Un tercio de esa energía se invierte en reducir las horas de trabajo de 200 por hectárea a 1,6. Y un tercio más en la producción de fertilizantes". Un asunto poco rentable Es un hecho que el petróleo se terminará; el interrogante es cuándo. Y según la mayoría de los expertos, no existe aún un interés político en ocuparse seriamente de buscar alternativas. Ante este panorama, algunos recuerdan un viejo adagio que dice: "la diplomacia es el arte de sobrevivir un siglo; la política, el arte de sobrevivir hasta el viernes por la tarde". Los 10 fenómenos que podrían llevarnos a la extinción Nº 1 EL METEORITO DEL JUICIO FINAL. Un asteroide de un kilómetro de ancho choca con la Tierra cada 250.000 años. Los seres humanos podríamos sobrevivir, pero la civilización perecería irremediablemente. Nº 2 UNA SUPERNOVA O UN ESTALLIDO DE RAYOS GAMMA. Si sucede suficientemente cerca, la energía liberada destruiría la capa de ozono. Si se produjera a sólo unos cuantos años-luz, la explosión podría barrer la atmósfera. Nº 3 ACTIVIDAD SOLAR INUSITADA. El ciclo de actividad de nuestro Sol es bien conocido, pero puede suceder que ésta se dispare en un momento dado. Una superfulguración suficientemente intensa destruiría en pocas horas la capa de ozono. Nº 4 INVERSIÓN DEL CAMPO MAGNÉTICO TERRESTRE. Cada varios cientos de miles de años, el campo magnético desaparece para reaparecer con los polos magnéticos invertidos. La última inversión sucedió hace 780.000 años. Algunos creen que vamos camino de una nueva, ya que en el pasado siglo su intensidad se redujo un 5 por ciento. Su desaparición deja a la Tierra sin su escudo contra a radiación cósmica y el viento solar. Nº 5 SUPERVULCANISMO. Hace 70.000 años, en lago Toba de Sumatra se produjo la mayor erupción volcánica de la historia, catalogada con e 8 -el máximo- en el índice de Explosividad Volcánica. Arrojó a la atmósfera más de 2.000 Km3 de material. Podría repetirse este fenómeno aún con mayor intensidad llevando al planeta a un invierno nuclear. Nº 6 EPIDEMIA VÍRICA. Nuestra red de tranporte hace que virus endémicos en ciertas zonas del mundo puedan llegar a cualquier lugar en poco tiempo. Al igual que sucedió con la viruela en América, llevada por los europeos, un virus podría matar al ser humano antes de descubrirse la cura. Nº 7 CALENTAMIENTO GLOBAL. ¿Qué sucedería si la temperatura global subiera 3º C? Hasta el momento, nadie ha sido capaz de predecir con suficiente rigor la evolución de la civilización en esas condiciones, ya se trate de un calentamiento natural o provocado por el ser humano. Nº 8 DESASTRE TECNOLÓGICO. Las técnicas biotecnológicas permiten la manipulación de la vida a niveles insospechados. Lo mismo sucede con la nanotecnología, que pretende construir máquinas del tamaño de bacterias. Un accidente industrial podría liberar nanomáquinas que resultarían muy peligrosas para el entorno. Nº 9 ARMAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA. En los años de la Guerra Fría, el peligro venía de las dos grandes potencias y de sus arsenales nucleares. Hoy, cualquiera que posea uno mínimos conocimientos de bioquímica y bacteriología puede lanzar un ataque devastador. Enfermedades erradicadas, como la viruela, rebotarían de manera más virulenta en el laboratorio de un grupo terrorista que haya comprado una cepa en el mercado negro. Nº 10 SUICIDIOS MASIVOS. La OMS estima que 500 millones de personas sufren algún tipo de desorden psicológico. Hacia 2020, la depresión será la segunda causa de muerte, detrás de los problemas cardiovasculares. Una tendencia creciente a medida que aumente la expectativa de vida. Fuente: Revista Muy Interesante de Noviembre. Artículo adicional: El LHC El anuncio de inauguración del acelerador de partículas LHC vino acompañada de vaticinios de desastres, apariciones de agujeros negros y apocalipsis inmediato en la Tierra y hasta en el universo. Debajo de la superficie de la actualidad reconocemos muchas veces las raíces ocultas y poderosas de los mitos. El mito es un relato en el que está cifrado algún rasgo universal de la experiencia humana: por eso perdura a través de las edades y se mantiene casi idéntico sin que importe la época o el idioma o el contexto cultural en el que vuelve a contarse. Durante unos días del pasado septiembre la atención voluble de los periódicos se volcó en la inauguración, en las afueras de Ginebra, del LHC, el más potente acelerador de partículas que se ha construido nunca, pero las tentativas de explicar los pormenores más impenetrables de la Física dejan paso en seguida a sospechas y hasta vaticinios de desastres que devuelven la imaginación al territorio mucho más familiar de los mitos. En los periódicos, y sobre todo en los avisperos demenciales de internet, se especula sobre la posibilidad de que los choques formidables de haces de protones lanzados a velocidades próximas a la de la luz provoquen la aparición de un agujero negro que succionará la Tierra en unos pocos segundos y tal vez el universo entero. Con sus hipótesis sobre la Materia Oscura y las dimensiones múltiples del espacio-tiempo el lenguaje de la Física se aproxima muchas veces al de la poesía. Al difundir el miedo sobre las consecuencias del experimento puesto en marcha bajo ese túnel de 27 kilómetros excavado bajo la frontera entre Francia y Suiza, los agoreros no saben que están reviviendo el cuento de la caja de Pandora, que debió de ser inventado en Grecia hará unos tres mil años, y al que dio forma literaria por primera vez, que sepamos, el poeta Hesíodo. “Abrir la caja de Pandora” es un cliché verbal que asociamos distraídamente a los peligros provocados por una acción poco reflexiva. Pero comprenderemos mejor el significado del mito si nos fijamos en sus detalles y recordamos su conexión con otra de las narraciones fundamentales de la imaginación humana, la de Prometeo y el fuego. Que Prometeo robó el fuego a los dioses para dárselo por primera vez a los hombres es una parábola bien conocida del progreso. El control a voluntad del fuego es en sí mismo un avance tecnológico y también un símbolo y un resumen de todas las invenciones que han ido liberando a los seres humanos de la tiranía de la naturaleza. Pero desde muy pronto hubo personas de inteligencia aguda que comprendieron que todo avance, por benéfico que sea, puede traer consigo consecuencias indeseadas, incluso catastróficas, y que cuanto mayor es la capacidad tecnológica mayores son también las posibilidades de desastre. Gracias a la metalurgia del bronce y del hierro –que sólo el control del fuego hace posible– se pudieron hacer herramientas agrícolas más eficaces, pero también espadas que dilataron las posibilidades del crimen y el terror. La crueldad humana alcanzó una escala inaudita hasta entonces cuando en las llanuras habitadas por campesinos y pastores irrumpieron como venidos de ninguna parte ejércitos de carros veloces tirados por caballos. La agricultura, las ciudades, nos parecen signos de progreso en una historia lineal que llegaría inevitablemente a nosotros: pero ahora se sabe que los cazadores y recolectores tenían vidas más saludables y más largas que los primeros campesinos, y que las ciudades, hasta bien avanzado el siglo XIX, eran sobre todo pozos de miseria y de enfermedad para los pobres. Estructura de funcionamiento del LHC. De modo que los griegos celebraron a Prometeo, pero sólo hasta cierto punto. Entre las imágenes más crueles que nos ha legado aquella civilización supuestamente racionalista y equilibrada está la del castigo que le impuso Zeus al ladrón del fuego: atado a una roca, un águila o un buitre le devora las entrañas durante toda la eternidad. Casi nadie repara en que los dioses se tomaron otra venganza por el sacrilegio: para compensar los beneficios que el fuego iba a traer a los hombres, mandaron a la tierra a la primera mujer, Pandora, tan deseable como las malas más letales de las películas, y le hicieron traer no una caja, según las versiones posteriores del mito, sino una jarra sellada, como aquellas en las que se transportaban el aceite y el vino. Y de esa jarra, destapada por la curiosidad insensata de un hombre enamorado, surgieron todas las desgracias, la guerra, la enfermedad, el crimen, la envidia, la locura. Los cuentos populares de héroes audaces son tan frecuentes como los de seres imprudentes que se dejan llevar por la curiosidad, desobedecen prohibiciones y desencadenan la ruina. El castigo por probar la fruta del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal es la expulsión del Paraíso. No se puede decir que sean advertencias insensatas. La fisión del átomo probablemente fue el salto tecnológico más decisivo después de la invención del fuego: a causa de ella, y desde hace sólo medio siglo, los seres humanos poseen la potestad literal y aterradora de cumplir las profecías más apocalípticas. Dicen que el físico Oppenheimer, cuando la primera bomba atómica estaba a punto de probarse, tuvo miedo de que la reacción en cadena se prolongara hasta destruir el mundo. Pero en el LHC, que es un proyecto civilizado y europeo, la Ciencia está separada de la guerra, de modo que por esta vez, muy probablemente, la curiosidad humana será recompensada por los frutos luminosos del conocimiento. La Partícula Divina Los físicos la llaman “la partícula de Dios” porque es la pieza que les falta para comprender la estructura de la materia a nivel subatómico. Pero confían en pescarla cuando dentro de poco tiempo se ponga en marcha la máquina más poderosa jamás construida: el LHC. Después de hacer dieta, sube usted a la báscula con la esperanza de ver una cifra menor que hace unos meses; quiere perder peso, que es el resultado de multiplicar su masa por la aceleración de la gravedad. ¿Y qué determina la masa? Puede parecer una pregunta bizantina, como aquella discusión medieval sobre el sexo de los ángeles, pero a los físicos teóricos esta cuestión les carcome desde hace medio siglo. Por fin han encontrado una respuesta: existe una partícula, llamada bosón de Higgs, responsable del valor de la masa del universo. Los científicos están tan decididos a cazarlo que se están gastando miles de millones de euros en construir un aparato para dar con él. Jamás se ha invertido tanto dinero para encontrar una única partícula. Los entresijos del átomo siguen guardando secretos Pero comencemos por el principio. Todos sabemos que la materia está hecha de moléculas, y las moléculas, de átomos. Estos, a su vez, se organizan como una nube de electrones de una cien millonésima de centímetro que rodea a un núcleo 100.000 veces aún más pequeño. El corazón central es un conglomerado de neutrones y protones cuya masa es miles de veces mayor que la de los electrones. Hasta este punto los físicos saben por qué el átomo es como es, pero se les resiste entender por qué las partículas elementales tienen las masas que tienen. Hay muchas y con enormes diferencias entre ellas; la más pesada, el quark top, es 350.000 veces más masiva que el electrón. El problema es de órdago. Los físicos han desarrollado un modelo teórico que describe las partículas elementales y las interacciones entre ellas… pero exige que la masa de todas sea nula. Estos son los puzles que los teóricos adoran. Las ideas esenciales están en los campos En 1964 el británico Peter Higgs propuso una elegante solución a esta discrepancia. Supuso que todo el universo está ocupado por un campo parecido al electromagnético. El concepto de “campo”, introducido por el físico inglés Michael Faraday en el siglo XIX, es uno de los más importantes de la física. En el espacio que nos rodea no sólo hay materia. Si pudiéramos sacar de una sala hasta la última mota de polvo y la última molécula de aire, no podríamos decir que allí no queda nada. La prueba palpable es que, si lanzamos una pera, caerá al suelo; hay algo que la hace caer que llamamos “gravedad”. Dicho más correctamente, hay un campo gravitatorio cuya causa es el planeta que tenemos a nuestros pies. Pero no sólo eso. Si lanzamos en línea recta un electrón y analizamos su trayectoria, notaremos que algo modifica su camino. Ese algo sólo influye en las partículas con carga eléctrica; las neutras ni se enteran. Es el campo electromagnético. Su origen es la suma del magnetismo terrestre, los efectos de las antenas, los televisores, el cableado de la casa, los electrodomésticos, etc. En definitiva, una fuerza no es otra cosa que el efecto de un campo; y la materia posee propiedades –como la masa y la carga– que la hacen sensible a los diferentes campos. La propuesta de Higgs fue revolucionaria: existe un campo que llena el espacio, y cuando las partículas interaccionan con él, adquieren masa. La idea choca con la intuición. ¿No es la masa una propiedad intrínseca de la materia? Para entenderlo, se suele recurrir a un ejemplo: imagine que se encuentra en una fiesta y entra Jessica Alba. Quienes están junto a la puerta se agrupan en torno a ella. A medida que se mueve por la sala los asistentes más cercanos se ven atraídos por la actriz, que se mueve con más dificultad que si estuviera sola, pues todos intentan acaparar su atención. Este efecto de acúmulo es el mecanismo de Higgs. Mucho más que un número en la báscula Así funciona la masa, que determina la resistencia de un cuerpo a cambiar su estado de movimiento, la inercia. Su efecto lo notamos todos los días en el autobús: cuando arranca nos vamos hacia atrás y si da un frenazo nos vemos impelidos hacia adelante. Cuanta más masa tengamos, mayor será esa resistencia y por eso la distancia de frenada de nuestro coche con el maletero lleno es más larga que si vamos de vacío. Como dice el teórico Brian Greene, “las fuerzas que todos ejercemos miles de veces al día para cambiar la velocidad de un objeto luchan contra la fricción del océano de Higgs”. Hay sólo cuatro maneras de relacionarse La teoría dice que este peculiar campo llena el universo y aporta masa a todas las partículas que se mueven en él. Determinar si realmente existe nos lleva a otra analogía. Si queremos comunicarnos con un amigo podemos hacerlo de cuatro formas: de viva voz, por teléfono móvil, por correo electrónico o por carta. Para cada una de ellas hay un objeto que transporta la información: el aire, las microondas, el cable ADSL y el papel. Con las partículas subatómicas sucede algo parecido. Las relaciones que puede haber entre ellas las llamamos fuerzas. En la naturaleza hay cuatro: la gravedad, la electromagnética y dos fuerzas nucleares; una es la fuerte, que mantiene el núcleo unido, y otra la débil, responsable de la desintegración radiactiva beta. Pues bien, cada una de esas formas de comunicación lleva asociada una partícula responsable de transportar la información. En el caso de la electromagnética, la partícula es el fotón; para la gravedad es el gravitón; y en la fuerza fuerte, el gluón –del inglés glue, pegamento–. La débil tiene tres partículas portadoras, los bosones W+, W- y Zº. Así, en nuestra sala vacía, el campo gravitatorio hace que la pera y la Tierra intercambien gravitones como dos niños que se lanzan bolas de nieve. La fruta no nota el campo electromagnético porque sin carga neta es como si no tuviera la herramienta para recoger los fotones que le llegan. Responsable de toda la masa del cosmos boson1.jpgYa estamos en condiciones de responder a la pregunta sobre cómo demostrar la existencia del campo de Higgs: encontrando su partícula portadora, el bosón de Higgs. Desde el CERN de Ginebra y el Fermilab de Chicago, los físicos de partículas llevan dos décadas intentándolo. La búsqueda comenzó en los años 80, cuando se asentó el llamado modelo estándar de la física de partículas. Los teóricos habían conseguido poner orden en el complicado mundo subatómico que estaba surgiendo de los aceleradores de partículas. Se había superado la crisis de los 60, cuando estos inmensos instrumentos ponían en aprietos a los investigadores al producir más y más partículas cada vez que se enchufaban. Pero en 1962 entró en juego el físico Murray Gell-Mann y anunció una forma de agruparlas que llamó “el camino óctuple”, en alusión a la filosofía budista. Su teoría predecía una nueva partícula, la W-, que fue descubierta al año siguiente. Dos años después Gell-Mann lanzaba los quarks al ruedo de las partículas elementales. Los físicos ya eran capaces de responder a la pregunta planteada por los filósofos griegos hacía más de 2.000 años: ¿de qué está hecha la materia? El marco teórico es el modelo estándar, que podemos resumir así. Existen dos estirpes principales de partículas de materia, quarks y leptones. Hay quarks de seis sabores y se agrupan en tres familias de dos: up –arriba– y down –abajo–; strange –extraño– y charm –encantado–; bottom –valle– y top –cima–. Los leptones también pueden ser de seis sabores: el electrón y su neutrino; el muón y el neutrino muónico, el tau y el neutrino tauónico. Los leptones se pueden encontrar solos en la naturaleza, mientras que los quarks siempre aparecen en parejas o en tríos, y se mantienen unidos mediante los gluones. Son los ladrillos con los que se construyen el resto de las partículas. Fuente Cita Nota del posteador: Bueno, yo pienso que, desde que se ha iniciado la era de la información, ha crecido la ansiedad de informarnos valga la redundancia, sobre el desarrollo y posible fin del mundo que habitamos. Entre las tantas hipótesis, sean teológicas o científicas, como el principio copernicano que dice que la existencia del ser humano es un momento muy breve en comparación a la historia de la Tierra, se destaca la pugna por el poder. Y es acá donde entra en juego el petróleo, en primer lugar, y después las demás tareas que dependen de éste. Por ejemplo, veamos el precio del petróleo: en éste intervienen una cantidad desmesurada de variables, económicas, naturales y diplomáticas, por ser primero y principal un recurso no renovable, segundo por tratarse de un elemento tan importante para un país que quiera dominar el ámbito global. Trayendo aparejado esto, a los países que tienen las mayores reservas y que no necesariamente integran el grupo de naciones más poderosas, tal es el caso de Irak y Pakistán por citar algunos, siendo este panorama, una constante explotación de este recurso que, como da testimonio el artículo, se extinguirá. Otras de las hipótesis a tener en cuenta, es el calentamiento global: muchas multinacionales han dado la espalda cuando se ha hablado de este tema. ¿Por qué? En la mayoría de los casos, se trata de empresas que utilizan energía y manipulan elementos nocivos para el medio ambiente y que para buscar una alternativa deben reducir sus ganancias para compensar el gasto en ese propósito. En conclusión, si no se reúnen las condiciones esenciales en alguna energía alternativa y que, a su vez, ésta sea financieramente conveniente, la escena seguirá siendo la misma. Espero que les haya gustado la información, no espero generar discusiones pero si un intercambio de ideas al respecto. Documentales sobre el tema en esos posts (gracias FerDimebag666): http://www.taringa.net/posts/tv-peliculas-series/1771655/Un-par-de-documentales.html Mirá también... Mis Aportes por tema apretando en cada imágen: Música TV, Películas y Series Imágenes Deportes Videos On-Line Recetas
Debido a la noticia de la perra que fue ultimada por un comerciante, para contrarrestar ese shock decidí postear esto. El Perro de Fray Es un capítulo de los mejores de Futurama, me hace acordar a la mamá de Homero... El final del capítulo Link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=EnpU6PqKA5A Algunas imágenes Link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=-B4DzC8mt6A Y de yapa... El perro de laloolanda según él... Página para publicar mascotas perdidas... http://www.huellitas.com.ar/default.asp
Registrate y eliminá la publicidad! Hola gente estaba haciendo head-banging escuchando Vomitory y justo se me ocurrió poner una receta del PAN CRIOLLO, un pan para la merienda o desayuno que, por lo menos en Argentina tenemos el orgullo de consumir. Para untar en el pan voy a dejar la receta del adorado Dulce de Leche. Por otro lado, también dejo la preparación de un rico MATE-COCIDO, que, para la gente que no es de Argentina, es una bebida al estilo del té que se toma por estos pagos. Primero vamos con la receta del Pan Criollo. Ingredientes: 1er. Preparado: * Harina de Media Fuerza(W=180 y un P/L=0,6) 3.000 gramos, * Sal 60 gramos, * Levadura Prensada 100 gramos, * Agua 1.800 gramos, * Peso Total de la masa 4.960. Para el segundo preparado: * Harina de Media Fuerza 500 gramos, * Sal 10 gramos, * Extracto de Malta 30 gramos, * Margarina de Crema 70 gramos, * Mejorante panario, cantidad necesaria. * Agua, más o menos: 300 gramos. Preparacion: Amasar los ingredientes de la primera preparación hasta conseguir una masa no demasiado extensible. Dejad la fermentar durante unos 60 minutos a 30 grados Centígrados. Con la Segunda prepararción 1.- Pastar los ingredientes del segundo preparado y medio pastado, incorporarle la primera masa ( el primer preparado de la formula) hasta conseguir un plastón extensible. La temperatura final ha de ser de 24 grados C. y la dejaremos fermentar durante 30 minutos. 2.- Estirar la masa con el rodillo o con la laminadora. El plastón ha de tener una anchura de 2cm. 3.- Tomar uno de los lados de la masa y hacerle un pliego de 6 cm de ancho. Espolvorear con harina por arriba antes de empezar a cortar. De: http://www.susrecetasdecocina.com.ar/receta3010.html Dulce de Leche Casero INGREDIENTES: - 4 litros de leche - 1 kilo 100 gs de azúcar - 1/2 cucharadita de bicarbonato de sodio (de cocina, para dar color) - Una chaucha de vainilla (Opcional) PREPARACIÓN: 1. Colocar todos los ingredientes en un recipiente grande, preferentemente de cobre o aluminio, a fuego fuerte. 2. Tener especial cuidado al romper el primer hervor, revolver y evitar que se derrame. 3. Dejar hervir durante unas horas, hasta que tome color y comience a espesar, bajar el fuego al mínimo revolviendo cada tanto con una cuchara de madera. 4. Cuando al sacar un poquito en un plato, y dividirlo por la mitad con una cuchara, no se unen las partes, está hecho. 5. Al sacarlo del fuego, continuar revolviendo durante un rato hasta que pierda un poco de temperatura pues de lo contrario, se puede cortar. Al retirarlo del fuego, y mientras se revuelve, se puede apoyar el recipiente sobre agua fría para ayudar a entibiar más rápido. De: http://www.redargentina.com/recetas/MasasPostres/dulceleche.asp Mate Cocido Este está redactado por mí. Ingredientes (para 4 personas) - Yerba mate (CBsÉ, para mí la mejor ) - Agua. - Yuyo: puede ser peperina, tomillo, té de burro, etc. (Si es que tienen a mano). Preparación 1. Pongan, en un jarro mediano o grande, 4 tazas de agua ( o 5 para estar más seguros). 2. Dejenla que desprenda el primer hervor, allí agreguen la yerba unas 3 cucharas y media grandes no tan colmadas y los yuyos (si los tienen). 3. Revolver con una cuchara (preferentemente de mango de plástico o madera) durante unos minutos) al derecho y al revés. 4. Cuando haya hervido del todo dejar que se "levanten" las burbujas mientras ebulle el agua y allí recién apagar la cocina. 5. Busquen un colador y sirvan en las tazas. 6. Pongan los criollos y el Dulce de Leche casero en la mesa y a merendar y ver Family Guy subtitulado. Lo bajan de acá: http://www.taringa.net/posts/tv-peliculas-series/1548128/Family-Guy--(Padre-de-Familia)-Temporada-4-Subtitulada.html Bueno Saludos y espero comentarios. Auspició: Agua Mineral Villavicencio Milk Negrita, la harina que todos discriminan (porque es de arvejas Yuyito González, vedette argentina Marco MATErazzi Provecho Mis otros Posts Clic acá

Bandera Escudo Introducción Abjasia. (Aphsny –Аҧсны en abjasio–, Apjazeti – აფხაზეთი en georgiano–, Abjazia – Абхазия en ruso) es un territorio ubicado en la vertiente suroccidental de la cordillera del Cáucaso, con costas en el Mar Negro, y cuya capital es la ciudad de Sujumi. Es una república independiente de facto desde 1992, sin embargo Georgia la considera una república autónoma perteneciente a ese país, al igual que gran parte de la comunidad internacional. En 1991, tras el colapso de la Unión Soviética, la antigua República Socialista Soviética de Georgia se convirtió en estado independiente y Abjasia, una república autónoma dentro de la antigua URSS, fue integrada a este nuevo estado. Sin embargo, los roces étnicos entre el gobierno central y el pueblo abjasio llevaron a que, el 23 de julio de 1992, este último declarara unilateralmente su independencia. Luego de una cruenta guerra entre las tropas georgianas y los paramilitares ruso-abjasios, se estableció un cese al fuego en 1994, y hasta 2008, Abjasia permaneció de facto como un estado independiente sin reconocimiento internacional, pero con apoyo de la Federación Rusa. En 2006, tropas georgianas entraron en Abjasia y establecieron su dominio sobre la zona de la Alta Abjasia. Desde el 27 de septiembre de ese año, el gobierno de iure se estableció en dicha zona, estableciendo su sede en la localidad de Chjalta, en la zona del valle de Kodori. Sin embargo, la avanzada georgiana fue expulsada del territorio de Abjasia tras la intervención militar de Rusia luego del estallido de la segunda guerra de Osetia del Sur en agosto de 2008. El día 26 de ese mismo mes, Rusia se convirtió en el primer país en reconocer su independencia y la de Osetia del Sur, pese al rechazo de Estados Unidos y la OTAN. Geografía y Clima Abjasia se ubica en la región del Cáucaso, límite entre Asia y Europa. Es una tierra montañosa, recorrida por los montes Cáucasos (que separan a Abjasia de Circasia), y cuyas costas son bañadas por el Mar Negro. De sus 8.700 km2 de extensión, un 75% corresponde a zonas montañosas, especialmente en la zona oriental, cercana a Svanetia, donde algunos montes superan los 4.000 metros de altitud. Los diferentes brazos que se desprenden de la cordillera principal, forman profundos valles con pequeños pero importantes cauces fluviales. Un ejemplo de esto es el lago Ritsa, al norte de Gagra, considerado uno de los lagos montañosos más bellos del mundo. En este ambiente se encuentra también la cueva más profunda de la orbe, la Sima Krubera-Voronya, ubicada en el macizo Arabika (valle Orto-Balagan) con una profundidad de -2.160 metros. Gran parte del territorio (cerca de un 70%) de Abjasia está cubierto por bosques de robles, hayas y alisos. En el intervalo de altitud que va desde el nivel del mar hasta los 600 msnm, la región es pródiga en bosques caducifolios. Por encima de este nivel, y hasta los 1.800 msnm, proliferan diversas especies de coníferas, incluyendo algunos de los árboles más altos de Europa, como abetos que superan los 70 metros. Entre los 1.800 y los 2.900 msnm, se pueden localizar praderas de características alpinas. Finalmente, por encima de esa altitud, se extienden las nieves eternas de la cordillera y los glaciares. Mapa de Abjasia Mapa del estado que está en límite entre Europa y Asia. Abjasia goza de un templado clima subtropical debido al efecto regulador del Mar Negro y al biombo climático formado por el Cáucaso, evitando la entrada de vientos fríos boreales. El promedio anual de temperaturas alcanza los 15°C, con extremos de 4°C en el invierno (enero) y de 23°C en el verano (julio). Las precipitaciones, en tanto, oscilan entre los 1.100 y 1.500 mm anuales, y la humedad es relativamente baja. Por encima de los 1.000 msnm, la amplitud térmica aumenta, y se producen inviernos y veranos más duros, formando un clima de características continentales. Más allá de los 2.000 metros de altitud, prevalece el clima de montaña, y las temperaturas bajan considerablemente. En las regiones interiores, las precipitaciones aumentan, llegando a los 3.500 mm anuales en las zonas montañosas. La nieve puede acumularse hasta superar los 5 metros de altura en algunas regiones del Cáucaso: las avalanchas son un peligro latente en los pocos centros poblados del lugar. Debido a su agradable clima y sus bellos parajes, parte de este territorio fue un lugar de gran afluencia turística, siendo conocido como parte de la Riviera Soviética. Además, el clima ha permitido el desarrollo de la agricultura, principalmente de cultivos como té, tabaco y frutas, además de la instalación de viñedos. Vista de Gagra desde el Mar Negro Los montes Caucásicos en territorio abjasio. Historia Se estima que los primeros poblados en Abjasia se remontan al IV milenio a. C. Estas primeras tribus de origen ario (conocidas por los arqueólogos como proto-kartvelianos), habrían arribado a la región durante el Neolítico, asentándose en las costas del Mar Negro. Se establecieron junto a otros linajes, los cuales posteriormente evolucionarían hasta convertirse en los apsuas, chechenos, daguestaníes, armenios y arameos. Desde el II milenio a. C., Abjasia fue asolada por invasiones de pueblos provenientes de las estepas de Asia Central, como los hititas, celtas, medos y persas. Por esos años, los proto-kartvelianos formaron tres grupos étnicos bien diferenciados: los svans, los zans y los kartvelianos orientales. Mientras los svans permanecieron en Abjasia, los kartvelianos se asentaron en el centro de la actual Georgia, y los zans se distribuyeron en la provincia de Samegrelo y a lo largo de las costas del Mar Negro, hasta las inmediaciones de Turquía. Reino de Cólquida Entre los siglos IX y VI antes de Cristo, fue instaurado el reino de Cólquida anexando gran parte de las zonas habitadas por svans y zans. Bajo dominación cólquida, Abjasia recibió gran número de inmigrantes griegos, que se establecieron en colonias de la zona costera. Algunas ciudades fundadas fueron Pitiys, Dioscurias y Phasis, correspondientes a las actuales Pitsunda, Sujumi y Poti. Desde el año 653 a. C., los reinos caucásicos de Cólquida e Iberia debieron enfrentar varios intentos de invasión por parte del Imperio Persa. El Imperio de Macedonia de Alejandro Magno ejerció una importante influencia sobre la zona del Cáucaso, aunque ésta nunca fue incorporada al mismo. Rápidamente, se produjo un surgimiento de la cultura helenística en el territorio abjasio llegando, incluso, a considerarse idioma oficial al griego. Rey Mitrídates VI Eupator Al caer el Imperio Helenístico de Alejandro, sobrevino un largo periodo de caos y confusión. Ejemplo de esto fue la fundación en el año 302 a. C., por parte de Mitrídates I, del Reino del Ponto, en las costas turcas del Mar Negro. A comienzos del año 120 a. C., el rey Mitrídates VI Eupator inició la conquista de Cólquida. Durante esos años, Mitrídates se alió con el reino de la Gran Armenia para luchar contra el invasor Imperio Romano a cargo de Pompeyo. Las tierras de Abjasia serían escenario de cruentas batallas hasta la caída del Ponto, en el 63 a. C. El devastado reino de Cólquida cayó entonces bajo la dominación romana y fue convertido en la provincia de Lazica. La helenización que había comenzado desde la llegada de Alejandro Magno, fue profundizada durante estos años. A pesar de la larga lucha entre romanos y partos por el control de la zona, la región de Lazica se mantuvo floreciente y en relativa paz, a pesar de algunas incursiones militares de los partos desde el oriente. Ya como parte del Imperio de Oriente, en el siglo III, Lazica comenzó a obtener cierto grado de autonomía que llevó al establecimiento de un independiente Reino de Lazica-Egrisi, compuesto por los principados de Zans, Svans, Apsyls y Sanyghs. La expansión de cristianismo durante estos años fue importantísima, aunque ya se había iniciado con los viajes misioneros del apóstol Simón el Cananeo, el cual habría sido martirizado con una sierra en la ciudad de Suaniri. En el año 523, fue declarado religión oficial el cristianismo ortodoxo y San Jorge fue designado patrón del país. Ruinas de un antiguo castillo, en Anacopia, capital abjasia durante la época bizantina Tras varios años de autogobierno, Abjasia fue reincorporada al Imperio Bizantino en 562. Durante más de 150 años, Lazica vivió un nuevo periodo de paz y prosperidad. Reino de Abjasia En 656, las tropas árabes del Califato Omeya invadieron los reinos cristianos del Cáucaso, mientras Lazica resistió. El establecimiento del Emirato de Tefelis provocó la huida de los habitantes kartvelianos del destruido reino de Iberia hacia el oeste. Así, Lazica, tradicionalmente habitada por los svans y los zans se vio ocupada por etnias georgianas. En el año 767, un achrontos (gobernador del Imperio Bizantino) expulsó a las tropas bizantinas establecidas y proclamó la independencia del Reino de Egrisi-Abjasia, asumiendo como rey bajo el nombre de León I de Abjasia. La capital fue establecida en Kutaisi y si bien en un principio mezcló características locales con bizantinas, con el paso de los años, Abjasia fue acabando con las reminiscencias del antiguo Imperio, reemplazándolas por costumbres georgianas. Ejemplo de esto fue el quiebre producido entre el rey León I y el Patriarca de Constantinopla, lo que provocó la conversión de Abjasia a la Iglesia ortodoxa georgiana a cargo del Patriarca de Mtshketa. Las derrotas sufridas por los árabes permitieron la formación de nuevos estados en el Cáucaso. A fines del siglo X, el rey de David de Tao-Klarjeti conquistó el Principado de Kartli. En el año 975, David dejó a su hijo adoptivo como rey de Kartli bajo el nombre de Bagrat III. Tras la muerte de Teodosio III, el Ciego en el año 978, el trono de Abjasia fue entregado a Bagrat, en su calidad de sucesor y sobrino del difunto rey. Con la muerte de David en 1001, Bagrat III asumió como rey en Tao-Klarjeti y, finalmente, el año 1008, anexó Kakheti y Ereti, coronándose como rey de la Georgia unificada. Solamente las tierras de Tiflis bajo dominación árabe y parte del sur de Tao gobernada por Constantinopla no formaron parte de este nuevo reino. Reino de Georgia Desde mediados del siglo XI, el Reino de Georgia fue asolado por las invasiones de los turcos selyúcidas. Las fuerzas combinadas de armenios, bizantinos y georgianos fueron aplastadas por los invasores islámicos en la batalla de Manzikert, en 1071, lo que permitió que al 1081 la mayor parte del Reino de Georgia fuera conquistada y devastada por los selyúcidas. Sólo Abjasia se mantuvo libre de la invasión y sirvió como refugio a los georgianos que huían de la catástrofe. A la vez, el caos en el que se encontraba el país provocó el surgimiento de ideales secesionistas en Svania que llevaron a ataques en contra de Abjasia. Aunque el rey Jorge II logró sofocar la rebelión, la presión ejercida al tratar de mantener unificado al país, motivó su abdicación en 1089. Su sucesor, David IV, logró manejar las invasiones de los árabes. Durante la Primera Cruzada y usando a Abjasia como su centro de operaciones, David el Restaurador logró recuperar parte de Georgia, hasta que finalmente derrotó a los selyúcidas en la batalla de Didgori, el 12 de agosto de 1121. Durante su reinado, David IV logró establecer a Georgia como una potencia regional e inició la Edad Dorada del reino. Este período de esplendor tuvo su clímax durante el gobierno de la reina Tamar. Entre los años 1194 y 1204, Georgia se expandió hacia el sur, conquistando tierras de Armenia y del actual Irán, como la ciudad de Tabriz, y fundó el Imperio de Trebizonda. La literatura y el arte se desarrollaron plenamente durante estos años y Abjasia se convirtió en una próspera provincia del gran Reino de Georgia. Sin embargo, la Edad Dorada acabó con las invasiones mongolas del siglo XIII. Bajo el dominio mongol, Georgia cayó en crisis, y su reino se fracturó en diversos estados. En 1260, bajo el reinado de David VI Narin, fue fundado el Reino de Imereti, que aún permanecía como parte de Georgia. Imereti concentraba la zona poniente de Georgia, abarcando Abjasia, Mingrelia y Guria. En 1455 se declaró oficialmente su independencia, al dividirse Georgia en tres estados, siendo los restantes: Kartli y Kakheti. Desde esa fecha, Abjasia fue campo de batalla de las luchas entre los georgianos, Persia, Rusia y el Imperio Otomano. Entre 1478 y 1483, se instauró una dominación de Kakheti sobre Abjasia, pero pronto sería expulsada. Rey David IV de Georgia En 1578, los otomanos entraron en la región y se estableció un principado vasallo en Abjasia. Aunque se realizaron importantes intentos de islamización en la región, el cristianismo continuó predominando, en parte gracias a la fuerte influencia rusa a partir del siglo XVIII. Durante esos años, el proceso de islamización fue fortalecido, provocando una división en las élites abjasas entre los seguidores del cristianismo y los musulmanes convertidos. Dominación rusa y soviética Monasterio ortodoxo de Nueva Athos, construido a finales del siglo XIX cerca de la cueva de Simón Zelote. Luego de dominar gran parte del territorio circundante (en 1801 había sido incorporado Kartl-Kakheti), el Imperio Ruso anexó Abjasia en 1810. Sin embargo, no controló completamente el territorio hasta 1842, y sólo logró someterlo en 1865, cuando acabó con el Principado existente. El dominio ruso fue ampliamente reprobado por la población local, sobre todo por causa de la fuerte persecución religiosa, en marcha por entonces, contra los musulmanes. El estallido de la Guerra ruso-otomana, que se extendió entre 1827 y 1828, provocó el establecimiento de un duro régimen en Abjasia, colindante a la zona en conflicto. El rechazo hacia los rusos se exacerbó cuando éstos utilizaron Abjasia como base para atacar a los circasianos, pueblo emparentado con los abjasos. Finalmente, el Imperio Ruso impuso un masivo éxodo de musulmanes abjasos hacia el Imperio Otomano. Así, entre 1864 y 1878, más del 60% de la población de Abjasia (aproximadamente 200.000 personas) huyó hacia el sur. Para compensar esta pérdida, el gobierno fomentó la inmigración georgiana, armenia y rusa. Según datos de la Enciclopedia Británica de 1911, de los 40.000 habitantes de Sukhum-kaleh (actual Sujumi), dos tercios eran georgianos migrelianos y sólo un tercio abjasios. Bandera de Abjasia en 1978 Luego de la Revolución Rusa y la creación de la Unión Soviética, los bolcheviques prometieron autonomía al pueblo de Abjasia. En el año 1931, Iósif Stalin realizó una reorganización administrativa, convirtiendo a Abjasia en la República Autónoma de Abkhazeti. Sin embargo, la misma fue incorporada a la República Socialista Soviética de Georgia. A pesar de tener, nominalmente, cierta autonomía, ésta nunca entró en rigor, y el gobierno central de Tiflis realizó una fuerte campaña de georgización de Abjasia. El idioma georgiano pasó a ser de uso obligatorio, y el abjaso fue prohibido. Mientras tanto, miles de abjasios eran abatidos como parte de las operaciones soviéticas contra la resistencia al régimen. Con la muerte de Stalin y la ejecución de Lavrenty Beria, principal líder de la represión, Abjasia recuperó su autonomía. Se promovió el desarrollo de la cultura y la literatura abjasa. También se establecieron en los puestos burocráticos cupos preferenciales para la población de origen abjaso. No obstante, ésta representaba una minoría dentro del país, por lo que tales medidas generaron descontento entre los habitantes de extracción georgiana, que vieron en estos privilegios una discriminación contra su etnia. Guerra de Abjasia Durante los años 1980, la tensión entre ambos grupos étnicos comenzó a escalar rápidamente, debido a los deseos de Georgia de independizarse de la Unión Soviética. Temiendo que una probable emancipación del gobierno de Tiflis pudiera derivar en una completa georgización de Abjasia, los abjasios juntaron más de 30.000 firmas para que el gobierno de Moscú declarara a la RSSA de Abkhazeti como un miembro pleno de la Unión. La tensión estalló el 16 de julio de 1989, cuando se trató de instalar una sede de la Universidad Estatal de Tiflis en Sujumi. La violencia contra los georgianos, desatada por extremistas apsuas, terminó con 16 muertos y 137 heridos. Luego de varios días de violencia, el Ejército Rojo intervino para restaurar el orden en la ciudad. El 23 de agosto de 1990, ante el inminente colapso de la Unión Soviética, el Soviet Supremo de Abjasia declaró su independencia de la RSS de Georgia y su inclusión como miembro pleno de la URSS. El ingreso a la sesión fue impedido a los legisladores de origen georgiano, que tenían desde Tiflis la orden de boicotear esta declaración. Finalmente, Georgia declaró su independencia el 9 de abril de 1991. Sin embargo, el gobierno de Zviad Gamsakhurdia se ganó el rechazo de los georgianos, y fue depuesto en enero de 1992, por el General Tengiz Kitovani. El sucesor en la presidencia sería Eduard Shevardnadze, antiguo Ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética. Aunque Shevardnadze no era nacionalista, el gobierno que heredó de Gamsakhurdia estaba plagado de políticos que sí lo eran, por lo que debió actuar bajo sus criterios para evitar una caída de su recién asumido gobierno. El 22 de febrero de 1992 fue abolida la constitución de la RSS de Georgia, y se reinstauró la de la antigua República de Georgia de 1921. Para los abjasios, esto anulaba su nivel de autonomía, por lo que en respuesta a ello declararon su independencia, el 23 de julio de 1992. Aprovechando esta situación, muchos partidarios de Gamsakhurdia (zviadistas) se refugiaron en Abjasia. Con el pretexto de que los zviadistas habían secuestrado al Ministro del Interior de Georgia y lo mantenían cautivo en Abjasia, el gobierno de Tiflis envió a más de 3.000 militares hacia la provincia rebelde para restaurar el orden, dando inicio a la guerra el 14 de agosto. Fuertes combates estallaron entre el ejército georgiano y las milicias abjasias en las cercanías de Sujumi, los que no evitaron que el día 18, el Ejército de Georgia lograse entrar en la capital, controlando gran parte del territorio y provocando la huida del gobierno de Abjasia. La derrota de los rebeldes provocó, en una primera instancia, la formación de una Confederación de Pueblos Montañeses del Cáucaso: una agrupación paramilitar de diferentes pueblos pro-rusos (osetios, cosacos, chechenos, etc.) de la zona. Cientos de voluntarios provenientes de Rusia, como Shamil Basáyev, se sumaron a la causa separatista abjasa. A pesar de que el 3 de septiembre se negoció en Moscú un plan de cese de hostilidades, Gagra fue atacada el 2 de agosto por las tropas de la CPMC, siendo ejecutada la mayor parte de la población georgiana de la ciudad. Gudraga y Tkvarcheli cayeron posteriormente, sumándoseles miembros del ejército ruso acantonados en estas ciudades. Aunque Rusia se declaraba neutral en el conflicto, existen muchos testimonios de bombardeos de tropas georgianas por parte de aviones rusos. Shevardnadze acusó a Rusia de realizar una guerra no declarada contra Georgia, teoría que se vio reforzada cuando fueron capturados militares rusos entre los separatistas, motivando que el 11 de marzo de 1993, las tropas georgianas derribaran un avión militar ruso que sobrevolaba el territorio abjaso. Los paramilitares dieron una fuerte ofensiva para capturar Sujumi, pero fueron repelidos. En ese momento, comenzó un genocidio étnico contra los georgianos por parte de los rebeldes y de los abjasios en los territorios controlados por el Ejército. Se estima que más de 6.000 personas perecieron como parte de estos métodos de limpieza étnica. El 2 de julio los combates se reanudaron luego de que, con apoyo aéreo ruso, los rebeldes llegaran a la villa de Tamishi y se acercaran a Sujumi, siendo nuevamente repelidos tras una violenta batalla. Sin embargo, Sujumi fue rodeada por rebeldes. El día 27 fue firmado un acuerdo de alto al fuego en Sochi, el que nuevamente fue roto en un par de meses. Durante una visita del Presidente Shevardnadze a Sujumi, las tropas secesionistas iniciaron un ataque definitivo contra la ciudad, el 16 de septiembre. Ante la inminente caída de Sujumi y el ataque incendiario contra el hotel donde estaba residiendo y del que se salvó casi milagrosamente, Shevardnadze debió huir de la ciudad en un buque ruso. Sujumi cayó el 27 de septiembre y con este hecho, las fuerzas separatistas lograron controlar rápidamente el resto del territorio de Abjasia y expulsaron a la mayoría de las comunidades de origen georgiano. Se estima que más de 10.000 murieron durante el conflicto y que entre 250 y 300 mil debieron huir de Abjasia. Estos exiliados se dirigieron principalmente a la zona de Samegrelo, epicentro de la Guerra Civil contra los zviadistas. En diciembre de 1993, los líderes georgianos y abjasios firmaron un acuerdo de paz tras la mediación de Naciones Unidas y Rusia. El 4 de abril de 1994 fue firmada en Moscú la "Declaración de Políticas para el Conflicto Georgiano-Abjasio". A su vez, en junio de 1994, las fuerzas de paz de la Comunidad de Estados Independientes compuestas sólo por soldados rusos entraron en Abjasia y meses después lo hizo la Misión de Observación de las Naciones Unidas en Georgia. Sin embargo, las atrocidades contra la etnia georgiana no acabaron. Se estima que 1.500 georgianos fueron exterminados tras el acuerdo de paz. El 14 de septiembre de 1994, a través de cadena de televisión, los líderes de Abjasia ordenaron la expulsión de todos los georgianos antes del día 27, aniversario de la caída de Sujumi. El 30 de noviembre fue firmada una nueva Constitución reafirmando la independencia de Abjasia, la que aún así no fue reconocida por ninguna otra nación e incluso fue repudiada por los Estados Unidos, el 15 de diciembre. El 21 de marzo de 1995, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados acusó a las milicias abjasias de asesinatos y torturas de docenas de refugiados en la zona de Gali. Mientras tanto, y a pesar del embargo que pesaba sobre la región, Rusia apoyaba militar y económicamente al nuevo gobierno abjaso. En abril de 1998, cientos de fuerzas abjasas entraron en el distrito de Gali asesinando a varios georgianos que aún permanecían en la zona. Eduard Shevardnadze, sin embargo, rechazó enviar tropas a la zona de conflicto y firmó un nuevo cese al fuego, el 20 de mayo. Esta nueva escalada terminó con cientos de muertos y más de 20.000 nuevos refugiados georgianos. Palacio del gobierno, en Sujumi, destruido durante la guerra de Abjasia. Tiendas destruidas en Sujumi. Autobús cerca de Gagra acribillado durante la guerra Conflictos políticos El 3 de octubre de 2004 fueron realizadas las elecciones presidenciales para determinar al sucesor de Vladislav Ardzinba. Rusia apoyó decididamente al Primer Ministro Raul Khadjimba, el cual contaba con el apoyo de Vladímir Putin, de diputados y cantantes rusos y de Ardzinba. Sin embargo, el 12 de octubre, la Corte Suprema de Abjasia, tras una serie de decisiones contradictorias del Comité Electoral, reconoció la victoria del empresario Sergei Bagapsh, acusado por sus detractores de ser pro-georgiano. Ardzinba acusó de ilegal la decisión y la presión ejercida provocó que la Corte se retractara. Sin embargo, al día siguiente, la Corte Suprema volvió a nombrar como Presidente a Bagapsh. Los partidarios de Khadjimba tomaron el edificio del Parlamento, mientras que los de Bagapsh hicieron lo mismo con un canal de televisión. Para evitar mayores problemas, Ardzinba reemplazó a Khadjimba por Nodar Khashba. El 12 de noviembre, partidarios de Bagapsh se tomaron la sede de gobierno, haciendo que Khashba huyera. En este desorden, la lingüista abjasa y partidaria de Bagapsh, Tamara Shakryl fue asesinada, probablemente por la guardia de Ardzinba. A causa del caos en Sujumi, Rusia dejó en claro que intervendría directamente en Abjasia si es que sus intereses en la zona se vieran afectados y acusó a Bagapsh de ser el responsable de la situación, a lo que Georgia reaccionó declarando que nuevamente Rusia se intrometía en asuntos internos del país. El día 14 de noviembre, Khashba, acusado por los familiares de Shakryl como responsable por su muerte, debió refugiarse en los cuarteles centrales de las tropas de paz de Rusia, en Sujumi. La tensión continuó hasta el 7 de diciembre, día de la asunción de Bagapsh. Al asumir, Bagapsh llegó a un acuerdo con Khadjimba para organizar un gobierno donde Khadjimba asumiera como vicepresidente. Este nuevo gobierno fue aprobado con un 90% de los votos y asumió el 12 de febrero de 2005 acabando con esta crisis. Negociaciones Tras la guerra, Abjasia se organizó como un estado independiente, que sin embargo no fue reconocido por ningún estado a nivel mundial y sólo contó con el apoyo informal de Rusia. Las tropas de paz de la UNOMIG y de la CEI se establecieron en Abjasia con el fin de evitar una nueva escalada militar en contra de los georgianos que permanecían dentro del territorio. Diversos intentos surgieron con el fin de encontrar una solución a la situación abjasa. El gobierno de Abjasia presentó diversas propuestas que variaban desde un reconocimiento absoluto a su independencia hasta la integración como miembro asociado a la Federación Rusa. Aunque Rusia rechazó las proposiciones, inició un proceso de entrega de ciudadanía a un gran número de abjasios. Por otra parte, la Unión Europea y las Naciones Unidas manifestaron que Abjasia debía mantenerse como parte de Georgia y que, en caso de querer independizarse, deberían regresar todos los exiliados georgianos y realizar un referendo. El gobierno de Georgia, por su lado, mantuvo su idea de reintegrar Abjasia a su territorio, pero ha tenido diferentes planes para realizarlo. Para ello, al menos dos planes de paz fueron propuestos. Uno dividiría a Georgia en siete entidades autónomas con poder sobre políticas económicas y de seguridad interior, mientras el gobierno nacional administraría la defensa y las relaciones exteriores. La segunda propuesta establecería una república federal semejante a la formada por Serbia y Montenegro hasta 2006. Avenida de La Paz, en Sujumi. Nuevos Conflictos Pese a las propuestas pacíficas de solución, la idea de someter Abjasia por métodos militares permanecieron en Georgia, especialmente tras la caída de Aslan Abashidze, líder de la también rebelde Ajaria, en 2004. Mikhail Saakashvili, Presidente de Georgia tras la Revolución de las rosas, propuso reintegrar tanto Abjasia como Osetia del Sur de igual manera, aunque luego se retractó de sus dichos. Saakashvili manifestó que el problema sobre Abjasia en realidad era un conflicto entre Georgia y Rusia, sugiriendo que el actual gobierno autónomo sería un gobierno títere de la Federación Rusa. Tras fuertes presiones, el gobierno de Rusia aceptó el retiro de sus bases militares en Abjasia durante el año 2003 dejando sólo sus cuerpos de paz. En julio de 2006, el jefe paramilitar del valle de Kodori, ubicado en el noroeste del país y la única parte del país no sometida a dominio abjasio, anunció el rearme de sus grupos de guerrilleros, lo que fue rechazado por parte gobierno georgiano. El día 25 de ese mes, el ejército de Georgia entró a Abjasia y en menos de dos días, controló la zona de Kodori. El 27 de septiembre de ese año, con la presencia de Saakashvili y del patriarca de la Iglesia ortodoxa griega, la zona controlada por el ejército fue renombrada "Alta Abjasia" y se constituyó oficialmente como sede de la administración georgiana en el territorio. Las ideas de someter a Abjasia y Osetia del Sur por medios militares resurgirían tras una serie de conflictos entre Georgia y Rusia, y en agosto de 2008, tropas georgianas invadieron las zonas secesionistas osetas. Este hecho provocó el estallido de la Segunda Guerra de Osetia del Sur tras el ingreso del Ejército de Rusia a Osetia del Sur y su avance hacia el territorio georgiano. Voluntarios abjasos viajaron a Osetia a apoyar a las tropas separatistas de ese país, mientras fuerzas militares rusas entraron a Abjasia para apoyar los ataques contra Georgia. El 9 de agosto, el gobierno separatista abjaso estableció un nuevo frente de guerra al atacar a las fuerzas georgianas localizadas en el valle de Kodori. Tras la batalla del valle de Kodori, el ejército abjaso tomó el control completo del valle, por lo que todo el territorio de Abjasia quedó bajo la soberanía del gobierno separatista, cuyas autoridades manifestaron su intención de consolidar la frontera abjaso-georgiana a través de un acuerdo con Rusia para el despliegue de fuerzas de dicho país en la zona y la construcción de guardafronteras y vallas con alambres de espino. Tras el fin de las hostilidades, que resultaron con importante parte del territorio georgiano bajo ocupación rusa y Abjasia completamente bajo dominio de los independentistas, se iniciaron los procedimientos para el reconocimiento de su independencia por parte de Rusia. El 25 de agosto de 2008, las dos cámaras de la Asamblea Federal de la Federación Rusa solicitaron al presidente Dmitri Medvédev reconocer la independencia de Abjasia y Osetia del Sur, lo que a su vez ha sido fuertemente rechazado por Estados Unidos y los países miembros de la OTAN, tensando las relaciones de Rusia con Occidente. Finalmente, al día siguiente, el presidente ruso reconoció la independencia de ambas regiones. Principales eventos de la Segunda Guerra de Osetia del Sur en agosto de 2008, indicando las zonas ocupadas por Georgia en Abjasia antes del conflicto. Gobierno y administración La jefatura de Estado de Abjasia corresponde al Presidente de la República, cargo que ostenta en la actualidad Sergei Bagapsh, al suceder a Vladislav Ardzinba, primer Presidente de Abjasia (1994-2004). El Presidente es secundado por el Vicepresidente: en la actualidad, Raul Khajimba. El jefe de gobierno, en tanto, es el Primer Ministro, función que desde febrero de 2005 ejerce Alexander Ankvab. El Poder Legislativo es ejercido por la Asamblea del Pueblo. Ésta se compone de 35 miembros, elegidos por cada una de las 35 circunscripciones electorales. El país está dividido administrativamente en siete distritos desde 1995, denominados al igual que su ciudad capital: * Gagra (capital) * Gali (capital) * Gudauta (capital) * Gulripsh (capital) * Ochamchira (capital) * Sujumi (capital) * Tkvarcheli (capital) La República de Abjasia no es miembro de la Naciones Unidas, pero desde 2008 es reconocida por dos países que pertenecen a dicha organización: Rusia y Nicaragua. Adicionalmente, el 17 de noviembre de 2006, Abjasia firmó un protocolo mutuo de reconocimiento con los gobiernos independentistas de Osetia del Sur y Transnistria, cuyo reconocimiento también es disputado por otros Estados. Hasta el 27 de septiembre de 2006, funcionó en Tiflis paralelamente un gobierno en el exilio (la República Autónoma de Abjasia), liderado por un Consejo Supremo y un Consejo de Ministros de la República Autónoma de Abjasia. A partir de esa fecha, el gobierno se trasladó a la zona de Alta Abjasia luego que fuera controlada por el ejército georgiano. El gobierno progeorgiano fue liderado por Malkhaz Akishbaia, Presidente del Consejo de Ministros, hasta la expulsión de georgianos tras su derrota en la batalla del valle Kodori, el 12 de agosto de 2008. División administrativa de Abjasia antes de 1995 División administrativa después del cambio de 1995 Demografía y cultura Diversas etnias han coexistido, a lo largo de la historia, en Abjasia. Se destacan los apsuas, considerados como abjasios naturales, y los georgianos, correspondientes a las antiguas tribus kartvelianas, svans y zans. A éstos se suman inmigrantes griegos, armenios y rusos. La demografía de Abjasia cambió drásticamente a causa de la guerra de los años 1990. Según el censo realizado por los soviéticos en 1989, Abjasia tenía una población de aproximadamente 500.000 habitantes, de los cuales 48% correspondía a georgianos (principalmente mingrelianos) y sólo un 17% eran abjasios. Casi la mitad de estos últimos eran musulmanes suníes y la otra mitad, cristianos ortodoxos. La guerra no sólo produjo un brusco descenso en la población (a menos de 150.000 habitantes y que en 2003 llegó a 215.972) sino que además acabó con gran parte de la etnia georgiana. Esto se debió, en parte, a los asesinatos a gran escala y, sobre todo, a iniciativas de expulsión masiva. Sólo en la zona de Gali se mantienen comunidades de este origen (cerca del 92% de la población).[9] Según cálculos oficiales del Gobierno de Georgia, 264.792 personas habrían huido desde Abjasia hacia otras zonas del país entre 1992 y 1998. De éstas, cerca de 120.000 se refugiaron en la zona de Samegrelo y Svaneti, y más de 77.800 en la capital, Tiflis. Recientemente, con el propósito de recuperar la población del país hasta sus niveles históricos, el gobierno de Abjasia ha promovido la repatriación de makhadjires, es decir, abjasos que habían sido exiliados, principalmente a Turquía, tras la invasión rusa en el siglo XIX. Sujumi es la capital y la principal ciudad del país. El último censo oficial (realizado en 2003) informó una población de 43.716 habitantes en la portuaria Sujumi, cifras que contrastan con las cifras de 1989 de 121.406 habitantes. Otros pueblos de importancia son Gagra, Gali, Gudauta, Ochamchire y Tkvarcheli. Sujumi es la ciudad principal y capital de Abjasia. El idioma oficial es el abjaso, de la familia de las lenguas caucásicas noroccidentales, pero el ruso está bastante extendido. En tanto, el uso del georgiano está prohibido en Abjasia. Aunque la principal religión es el cristianismo ortodoxo, existe una importante presencia de creyentes del Islam, prevaleciendo la tolerancia religiosa. Los medios de comunicación están, en su mayoría, bajo la influencia del gobierno el cual posee la principal estación de televisión y radio del país, aunque existen otras estaciones de carácter privado que tienen diversas restricciones.[10] En gran parte del país, sin embargo, se pueden capturar señales de estaciones de televisión y de radio de origen ruso y georgiano. Existen diversos medios de prensa, tanto en abjaso (principalmente, el periódico Apsny) y en ruso (destacando la gubernamental Respublika Abkhazia y los semanarios Ejo Abjazii, Nuzhnaya Gazeta y Forum) los que también poseen diversas restricciones e incluso han sido atacados o amenazados tras realizar algunas críticas al gobierno. Economía Tradicionalmente, la agricultura ha sido la actividad económica más importante de Abjasia, teniendo como productos más representativos: frutos cítricos, tabaco, té y uvas. No obstante, la exigua extensión de tierras aptas para labores agrícolas impuso un límite prohibitivo al desarrollo del sector. La producción industrial se concentra en el envasado de carne, y en el ramo de las madereras. En tiempos de paz, el área de servicios dinamiza la economía con los ingresos derivados del turismo, destacándose la actividad de emprendimientos recreativos instalados en la costa. Abjasia se comunica con Rusia y con el resto de Caucasia por carretera y ferrocarril; la capital tiene, además, un importante aeropuerto. Pitsunda, uno de los lugares a visitar en Abjasia. La economía de esta república se encuentra en una difícil situación. En los últimos años, con el apoyo de Rusia, se ha tratado de mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Durante sus años de independencia de facto, Abjasia ha tenido que enfrentar el caos económico legado por el colapso de la Unión Soviética y, más tarde, la cruenta guerra contra Georgia, y la crisis humanitaria posterior. A esto se suma el embargo al que está sometida, y que es quebrantado sólo por la Federación Rusa. Como forma de superar la crisis, el gobierno abjaso ha tratado de fomentar la inversión extranjera, promoviendo el neoliberalismo y solicitando diversos préstamos a bancos rusos. De acuerdo a un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, realizado en abril de 2004, el PIB de Abjasia había caído entre un 80% y un 90% en los últimos quince años, y la tasa de desempleo alcanzaba el 90%.[13] La moneda utilizada es el rublo ruso; el dólar estadounidense puede ser cambiado en los bancos de Sujumi, Gagra, Gali y Gudauta. El lari, moneda de Georgia, está prohibido. Tropas rusas durante la guerra. Craso error ha cometido Rusia, propio de la ceguera del camello, que no ve su propio lomo. Su injerencia en el problema georgiano ha de traerle más dolores de cabeza que satisfacciones (pasajeras). La innegable avidez imperialista de Putin –y su alter ego Medvedev- ha puesto el cuchillo sobre su propia garganta de una manera tal que me hace preguntarme cómo puede actuar así, tan evidentemente sin asesoría, quien pretende ser una alternativa al poder estadounidense. En un absurdo intento (consumado) de demostrar su garra política sobre dos “países independientes”, ha dejado de ver que: primero, se trata de países sin mayor transcendencia en los avatares políticos del mundo, o por los cuales no se arriesgarán a un conflicto armado los países occidentales. Es decir, en términos de confrontación, poco interesa quién ejerza su influencia sobre ellos o quién los “dirija”. Estarán –y seguirán- allá, viviendo su vida y sin mayor presencia en el día a día universal. Y la mejor prueba es que nadie, ni los propios georgianos, ha llevado a la práctica medidas realmente fuertes para impedir los hechos. Declaraciones van, declaraciones vienen, y todos en casa viendo la televisión… Putin junto a su reemplazante Medvedev Segundo, que esta insensata decisión de Putin, abre las puertas a la magnificación del conflicto checheno, el cual, tras largos años, se encuentra, en la práctica, estancado, a la espera de alguna oportunidad para reavivar la llama. Y ninguna mejor que esta. Contrariamente al caso abjaso-osetio, donde no hay ni una mayoría islámica ni un interés determinado de oriente u occidente, en el caso de Chechenia, en su vasta mayoría islámico, se abre la puerta a una mayor injerencia de los diversos grupos fundamentalistas islámicos, dispuestos a las ganancias de un río revuelto. La participación indiscutible de estos grupos, hasta ahora, probablemente se vea incrementada con la “esperanza” de la independencia de Chechenia tras el reconocimiento de la “independencia” de Abjasia y Sud Osetia, y, muy probablemente, se incrementen los ataques terroristas contra el poder ruso en esa zona. Kosovo no descansó hasta su propia declaración de independencia –no reconocida por Rusia ni por varios países occidentales-, que les fue entregada en “concesión graciosa” por occidente a los musulmanes en un intento de “apaciguamiento” del furor islámico. Y es que Occidente, y en esto incluyo a Rusia, no termina de comprender que con el fanatismo islámico se juega con fuego, que no hay medias tintas. ¿O la experiencia de Afganistán no dejó ninguna enseñanza? Las mismas armas que se usaron para combatir al “ocupante infiel” son las mismas que hoy matan a los enviados de sus proveedores. He insistido en que no se puede jugar “limpio” con un enemigo “sucio”, pero no, bajo el toldo de “democracia” (entendida a la manera de buena parte de sus portavoces) se permite que el otro jugador haga las trampas que quiera. Recuerdo un Ministro británico con responsabilidades en inteligencia que, a fines de la década de los 30, cuando se enteró que se habían interceptado comunicaciones alemanas que señalaban muy claramente los propósitos de Hitler, respondió: “Gentlemen don’t read other gentlemen’s mail” –los caballeros no leen la correspondencia de otros caballeros. ¡Excelente!, Hitler era todo un caballero para este Ministro. Este –para mí- grave error, debería ponernos los pies en tierra sólidamente y hacernos dejar de creer en aves embarazadas. El mundo está así, simple y llanamente, porque no interesa que se modifique el status quo, y sí dejarlo a la voluntad de intereses que no buscan, precisamente, mejorar la situación… Fuente Link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=i6ojwaFOgQY Link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=oL9gY475JCY Mirá también...