Bueno, este fue el último cuento que he escrito, es la primer parte a ver si vale la pena leerla, le agradezco de ante mano al que se tome el trabajo de leerlo todo. Gracias
26 de Julio de 2013 a la(s) 18:56
Prólogo
Se levantó un día, exhausto, no sabía si había soñado su vida o si había empezado a vivirla.
Saltó de la cama, ya no sabía qué hacer, hacía muchísimo que nada se le ocurría, era columnista en un diario local, contaba historias cortas, a veces hasta cómicas, pero un día se levantó sin inspiración y hacía ya un mes de eso, un largo mes.
Que sería de él y de su pequeño apartamento metropolitano, de Tarja, su perra o de la planta casi seca en el living, no quería volver al pequeño pueblo del este, no quería.
Toda la vida había escrito en primera persona así que esta vez empezó a escribir en tercera, sin perjuicio de que le saliera o no le saliera, tal vez la musa había escapado por la ventana y siempre le habían dicho que difícil de volver a encontrarla.
"Esa edad es la que tenés que aprovechar para hacer todo", le decían en el diario. "Que hacés acá, aprovecha esa juventud que tenés"
Se sentó perturbado, y decidió comenzar, nunca se le había dado mucho eso de escribir en la computadora aunque era una de esas personas acostumbrada al uso diario de la misma, abrió la ventana dejando que corriera un gélido aire de invierno, tarja lo miró por un instante como reprochándole la última acción pero él hizo caso omiso del juicio así que ella tuvo que situarse debajo del sofá, en su refugio.
Comenzó pues a digitar, puso su mente en blanco, "caminaba... no, no, iba por un sendero... no, no", bueno, era hora de empezar.
“Una luz azul lo despertó, soñaba con un día distinto, con un día más tranquilo, de esos que todo el mundo se queja.
La luz azul era un reflector de la policía, desde un helicóptero en el otro edificio un estruendoso sonido llegaba a sus oídos, parecía que las hélices sonaban en cámara lenta casi tan fuerte como su corazón que era lo más fuerte que podía sentir.
- Ledesma, salga con las manos donde pueda verlas
Michael Ledesma, ese era su nombre, si ellos supieran que lo sacó de un acta de defunción cuando despertó en un hospital no lejos de donde estaba ahora siendo solo un pequeño.
Se puso los pantalones rápidamente, tomo la chaqueta de cuero negra y dos pistolas 9mm que guardó en una funda en su cintura, se acercó a la ventana, el problema no era con ellos, no era con nadie en realidad.
Su pelo negro absorbía toda la luz que quedaba de esa oscura noche de Julio, que podía ser él si no un sicario, un tipo sin conciencia que no tiene a nadie más que si mismo, además de sus dotez; él era ágil, rápido, tenía muy buena puntería y muy pocas respuestas.
- Muy bien señor Ledesma, ahora espere al grupo que subirá a buscarlo, no intente nada estúpido.
Sonrió y puso un pie en el borde de la ventana, acomodó los brazos para impulsarse aferrándose al borde y miró a la cara al policía del megáfono, un antiguo amigo de la secundaria, Richard, Richard no quería lastimarlo, solo quería que se entregara para no pensar todos los días que el próximo obituario podía ser dedicado a su amigo de la secundaria, al que le enseño a abrir la botella de cerveza con un encendedor, con el que jugaba a embocar la tapa a una lata en la calle, con el que se desahogó cuando su padre se fue de casa.
- Michael, no seas idiota, ¿qué vas a hacer?
- No te preocupes Rich… aprendí unos trucos.
Saltó de 17 pisos, veía cada vez más cerca el frío asfalto, una neblina cubría la ciudad, en ese segundo mientras caía la gente paraba a ver el desenlace esperando una nueva mancha en la calle.
“Todos paran porque la gente es así, espera ver en la vida cotidiana lo que ven en las películas pero no tienen el estómago para soportarlo”. Pensaba Michael mientras descendía a una velocidad insoportable.
Lágrimas comenzaron a caer de los ojos de Richard Branx. ¿Sería la última vez que lo vería?
Acomodó el cuerpo en el último tramo, ya casi a 100 metros de caer, puso los pies en posición, un estruendo silenció la ciudad, las nubes de polvo cubrieron a los autos haciéndoles parar de golpe por la poca visibilidad.
Richard miró hacia otro lado, no podía ver, iba a ser demasiado fuerte, Soltó el megáfono dentro del helicóptero, sacó su billetera, a un lado de la foto de su esposa Nathaly estaba otra de un verano de hacía ya diez años atrás con Michael, abrazados los dos con un lago azul de fondo.
Se disipó el polvo y miró hacia abajo, sus ojos se abrieron de par en par, en la calle había una grieta conjunta provocada por un impacto vertical fuerte, pero no estaba el cuerpo consistente que la provocó.
Entre asombro y alivio miró a su compañero y le hizo una seña para irse, que los demás registraran el lugar.
Mientras tanto Michael estaba a 50 metros en un callejón, vio el helicóptero irse y esbozó otra sonrisa ganadora, ya estaba tranquilo de que por lo menos por unos días no lo iban a molestar.
Debían de perseguirlo por el incidente del parque de la vía, qué más daba, si no era por eso encontrarían otra sospechosa intervención de su accionar.
Mientras caminaba notó como tantas veces el cambio de la ciudad a medida que uno se iba acercando a aquel lugar, las casas pasaban de tener colores vívidos a un uniforme color grisáceo, la niebla era el aderezo perfecto para las calles en ese momento, casas de semblante monstruoso se dispersaban por la izquierda y la derecha, los mismos fantasmas que asechaban a Michael estaban impresos en esa visión tétrica de puertas desganadas que crujían con su apertura.
La cantidad de personas se reducía también y aparentemente Michael llamaba demasiado la atención, la gente que salía de su exilio le observaba fijo, particularmente una señora que al salir a barrer a la acera lo miró de forma penetrante, con la mirada de alguien que sabe todos tus pecados, y lo siguió toda la cuadra hasta que dobló.
Probablemente uno cuando tiene la conciencia intranquila suele asociar cualquier mirada como juez, como dedo acusador.
Llegó a un bar perdido en el barrio, era una casa vieja, un antro de luces de neón y humos densos donde el tiempo pasaba lento de noche e inexplicablemente rápido de día.
Se acercó a la barra, no tenía dinero en sí pero de una forma u otra siempre encontraba alguien que le invitara un trago por lo menos.
Se sentó al mismo tiempo que otra persona detrás de él se sentaba en la barra.
- Un vino para mí y para mi amigo…
- Un whisky está bien.
El extraño tenía un traje azul con botones dorados, buen porte, bastante alto, como uno ochenta, pelo rubio cortado por estilista a diferencia de Michael que tenía el pelo largo y cortado por él mismo, era una visión bastante antitética, sin embargo el extraño se veía interesado en Michael.
- ¿Te dicen Penumbra no?
Penumbra, si, no se le había ocurrido nada ese día como para darle un toque enigmático a su presencia y con ese se había quedado, había días que sonaba bien, había días que sonaba mal, hoy particularmente sonaba mal.
- Sí, me podes llamar así
- Bueno, tengo un problema, y me dijeron que te encargas de problemas raros
- Que tan raros
- Extraños, no se
- ¿Extraño mi suegra se acuesta con mi perro?
- ¡No!
- Ah, entonces si podemos hablar. ¿Qué Pasa?
- Bueno, veras, hace un tiempo unos colaboradores y yo estábamos en un pub y una mujer apareció, pelirroja, vestido negro, bueno, puedes imaginártela – hizo una pausa como para ratificar el comentario sin respuesta alguna de Michael, aclaró su garganta y siguió – Bueno, había ido con unas amigas así que decidimos irnos todos de la fiesta para una fiesta un poco más… privada.
- Privada, suena como que no es mi problema
- Espera, es que tuvieron una idea de juntarnos a tomar un rato en el apartamento de una de ellas, pero cuando llegamos allá tenían planeados otros “juegos”, nos sentamos en ronda y observé que la pelirroja tenía tatuada en la muñeca una estrella de 5 picos, pero ya estaba ebrio y no me importó.
- Si, se lo que se siente
- ¿Qué te lo hicieron a ti también?
- No, ni siquiera estoy ebrio y ya no me importa.
- ¡Espera! Bueno, comenzaron a jugar y pronunciaron entre las cuatro unas palabras en un idioma raro, que nunca entendí.
- ¿Sonaba como un lenguaje antiguo?
- Si, como eso mismo.
- Estas Fregadísimo amigo
- Espera, espera, por favor, te pago lo que sea.
- Ok. Tenés mi atención ahora, tendrías que haber empezado por ahí, ¿Como se llama?
- Erika, vive en la segunda calle después de la plaza del Balneario, En el segundo piso la tercer habitación.
- Bueno, cincuenta mil por adelantado
- ¿Qué? No tengo tanta.
- Bueno, entonces gracias por el trago
- ¡No! Tengo veinte acá, por favor, ayúdame, por favor, mis amigos están desapareciendo de a uno y una extraña sombra me está persiguiendo desde ese día, siento manos en mi cuello cuando duermo y jadeos cuando hay silencio
- Yo no me sentiría tan mal, está lamiéndote el cuello ahora
- ¡QUE!
- Relájate, tomo esos veinte y después vemos, estaba jugando contigo, te veo aquí en dos días.
Efectivamente era cierto, lo que veía Michael ningún mortal ordinario podía verlo, una mujer de pelo rojo y piel ya grisácea le miraba pegada como parásito al cuerpo del hombre de traje, con sus piernas alrededor de su cintura y una lengua puntiaguda y negra lamiéndole el cuello dejando ver en su boca los dientez amarillos y negros, podridos. Vestía un camisón que una vez fue azul, quién sabe lo que Erika había desatado entre estos ingenuos pero Michael tenía que averiguarlo, ya la conocía de hacía un tiempo atrás en una invocación que él había devuelto al otro plano, ahora iba a intentar que las negociaciones con ella fueran un poco más… pacíficas.”
Sonó la llave en la puerta y lo distrajo un momento, igualmente era hora de parar un poco, los ojos le lloraban y ya estaba muy frío como para tener la ventana abierta.
- Llegué, Llegué – Dijo Elisa soltando un montón de bolsas de supermercado en la mesa
- Ah! Eras vos – un rápido beso de saludo
- Ya me voy, tengo reunión ¿se te ocurrió algo?
- Algo… no sé si da para la columna pero algo vamos a hacer con eso
- Bueno, me voy, me voy…
Cerró la puerta de golpe, detrás en un perchero de madera colgado en clavos introducidos en la misma puerta había una chaqueta de cuero negra que no estaba antez, una chaqueta muy familiar.
Abrió los ojos desconcertado, a un lado de la chaqueta estaba un cinturón con dos cananas sin pistola.
“Eso no estaba en mi casa” Pensó
“Podrá ser que…”
Se sentó nuevamente en su mediocre apartamento metropolitano en su computadora normal de escritorio y comenzó curioso a escribir de nuevo.
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“Sonaba ya la media noche y los talones de Erika retumbaban en la habitación de la pensión, su escultural cuerpo desnudo brillaba ante la luz de la luna que entraba por el ventanal grande justo frente a la puerta principal, su cabello rojizo descansaba en sus pechos y en su mano derecha tatuado en la piel de su muñeca se marcaba un pentagrama.
Estaba algo inquieta, delante de ella dormía su cama abrazada por una manta de terciopelo rojo, a un lado de la cama había un escritorio y sobre él un libro cerrado con cubierta de cuero curtido que ella misma había hecho, en la tapa estaba dibujada aparentemente con los dedos una estrella de 5 picos marcada con tinta negra.
Sonó la puerta e interrumpió su meditación, titubeo un momento antez de hablar.
- ¿Quién es?
- ¿Erika?
Esa voz, era familiar pero no de hacía mucho tiempo.
- ¿Quién es? – repitió ya más firme
Se puso una bata de baño que estaba colgada en un perchero, pasó hasta la puerta principal que daba a un largo pasillo, en el pasillo no se escuchaba ruido alguno, era martez por la noche, no solían escucharse ruidos a esa hora en abundancia.
Se acercó a la puerta, tomó una vela blanca encendida y la puso al lado de la puerta.
- Videatur supra – dijo soplando la vela
En la oscuridad veía como si la puerta no existiera, Michael estaba del otro lado, aquel que había arrojado fuera a el espíritu que Malena, su ex compañera de circulo, invocó, en realidad fue un mal entendido, ella tenían mucha envidia en el corazón y al iniciarse en el aquelarre algo salió mal, sus malas intenciones afloraron en una forma espectral auténtica que las brujas no habían podido deshacer.
Tomó la perilla de la puerta, la última vez habían discutido sobre la responsabilidad de las invocaciones, obviamente ella le dijo que estaba todo bajo control y que su intromisión había sido no más que eso, aseverando que ellas tenían toda la situación controlada.
Esta vez no tenía que ser un encuentro tan hostil, realmente él no había estado mal a no ser porque era demasiado arrogante, solo le pasaba por la cabeza que querría.
Destrancó la puerta y la abrió un poco.
- Necesito hablar contigo por algo que supongo que vos y tus nenas hicieron
- ¿Descripción?
- Rubio, metro ochenta…
- Empresario, con dinero, se cree que posee el mundo… Si, lo conozco pero nada tenemos que ver con lo que sea que el pase
- ¿Cómo puedo estar seguro de eso?
Ella le dejó la puerta abierta y entró, miró hacia atrás para invitarlo a pasar, la bata de baño roja con brotez negros tenía un brillo especial que se unía con la exuberante figura de Erika.
Decidió dejar la conversación en casi total oscuridad, se sentía más cómoda así, ella tenía la filosofía de que los verdaderos secretos se revelan fuera de la luz.
- Sentate, más allá de que tenga o no que contarte esto lo voy a hacer para que no sospeches del círculo:
“Malena se fue del círculo la noche del incidente, lo que presenciaste fue una posesión de lo que él dijo ser Urian que es una entidad maligna de la magia oscura, Malena se estaba dedicando a otras cosas para maximizar su poder pero no pudo controlarlas.
El círculo se redujo a Laura, Milly, Emma y yo, esa noche no teníamos clases así que salimos al centro a tomar algo, allí hay un pub que se llama Dríadas, ese pub es bastante “Medieval” por lo tanto nos gusta ir ahí.
Cuando llegamos dentro había cuatro tipos que estaban totalmente fuera de lugar con el ambiente, se trataba de ejecutivos que se sentaron allí a beber, uno de ellos era ese a quién nombras, nos sentamos en una mesa y empezaron a mandarnos tragos, las muchachas decidieron que nos acompañara y yo pensé… ¿Por qué no?
Eran gente bastante insípida y superflua así que pronto nos aburrimos de ellos, había algo extraño igualmente con el tipo que describís, su aura era diferente, tenía algo extraño, pero no quería hacer un hechizo de “ver lo invisible” porque tenía que pronunciarlo enfrente a ellos así que cuando las chicas decidieron traerlos aquí no me negué, era más privado, ellas los trajeron para molestarlos, marearlos y luego mandarlos a sus casas sin postre pero mis intereses eran diferentez.
Cuando llegamos entré directo al baño, en el botiquín tengo un extracto de acacias que uso a veces, el hechizo dura solo un par de minutos pero fue suficiente para salir del baño y ver aquella criatura colgada de su cuello, hablándole, lamiendo su oreja, sus ojos eran grises, cabello rojizo, parecía una mujer pero…”
- Si, ya la vi ¿Cómo se que ustedes no tuvieron nada que ver?
- NO INVOCO ESPÍRITUS
- ¿Y no sos bruja?
- ¡QUE TIENE QUE VER!
- Mmm..
- Mira, si me dejaras terminar la historia- dijo mientras retiraba la alfombra que se encontraba en mitad de la habitación – ¡acaso si hubiese sido yo quién invocó a ese espíritu habría escrito esto!
Destapó una escritura simple pero en letras escabrosas como escritas con las uñas “Los ojos del hombre no ven cuando la sangre se acerca a él ego dicam tenebris lingua per virtutem primi et voluntatem ultimi”
- ¡Viste, eso es Latin, tus hechizos son en Latín! además el tipo que vino a mí en el bar me dijo que hicieron un hechizo.
- ¡Si, un hechizo de EXPULSIÓN, vientos del pandemónium yo los invoco! Y uso latín sin necesidad de hacerlo, los hechizos funcionan igual con las palabras en cualquier idioma, lo que importan son los ingredientez y la energía.
- Mmm. ¿Y por qué latín? – Dijo aún desconfiando de Erika
- Simple, estudio latín, me gusta, y nadie entiende lo que hago o digo, puedo usarlo como excusa.
- Y que significa eso, es un hechizo, una maldición
- Ni una ni la otra, esto dice “lengua oscura yo te llamo por el poder del primero y la voluntad del último” parece más una profecía que un hechizo, no sé, tendría que estudiar a ver si es algún hechizo de magia negra, santería o algo más.
Michael volvió a ver la escritura, él veía algo que ella no, Michael tuvo siempre la propiedad de ver el mundo en tres colores, el primero es el que vemos todos, el mundo de los mortales, un mundo normal equilibrado entre bien mal, dolor y paz, luego se dividía en dos más, uno oscuro y otro de pura luz.
No tenía toda claridad de ninguno de los dos si bien veía más que el resto de las personas, a veces veía más en la luz que en la oscuridad y otras veía más en la oscuridad que en la luz.
La luz se presentaba a él en una expresión de calor y paz, cuando alguien muy puro estaba a su lado, cuando ocurría milagrosamente una acción como salvarse de un choque automovilístico, cuando veía niños con su madre y demás. La luz no se imponía si no que se deslizaba entre la vida de los mortales sin que ellos advirtieran su presencia pero si teniendo una incidencia importante en su existencia.
La oscuridad, en cambio, era un tanto más agresiva, siempre la veía asociada a gran velocidad, estelas de oscuridad pasaban a través del aire como meteoritos y cuando se detenían generalmente eran humanoides demacrados, de piel putrefacta, los más fuertez parecían simples humanos, los más débiles se parecían cada vez más a un cadáver.
Igualmente Michael hacía ya un tiempo que no veía la luz, aún no sabía porque.
La escritura tenía detrás un dibujo casi de la misma definición de una pintura renacentista que mostraba un niño de piedra de rodillas ante la inmensidad de un paisaje medieval, el paisaje era rocoso, parecía un lugar montañoso erosionado por el tiempo y abandonado.
Michael le describió su visión a Erika, ambos desconcertados se sentaron un momento en la cama.
- Y ahora, ¿Qué sos con exactitud?
- No sé, he pasado toda mi vida intentando averiguarlo, de muy pequeño desperté en un hospital, había estado un buen tiempo ahí y no recordaba nada, ni si tenía padres, ni si ellos me habían dejado ahí lo que siempre fue extraño porque tenía edad suficiente como para tener algún recuerdo, tenía unos 8 años supongo, allí viendo un acta de defunción fue que inventé mi nombre y a los 9, cuando estaban listos para darme en adopción huí, por suerte fui suficientemente hábil para inventarme una vida, tuve una educación media y algunos buenos amigos. Pero eso fue hace mucho tiempo. –Ni siquiera sabía por qué le había contado todo, ¿Por qué le tendría esa confianza?.
- Tendríamos que empezar por averiguar cómo llegó aquel mal espíritu al tipo del bar y luego por qué escribió esto en mi apartamento. – Dijo Erika como para romper la tensión
- Entonces ese será el siguiente paso.
Se levantaron aún consternados por todo lo que había pasado, Erika tomó su grimorio, solo por las dudas y ya antez de salir pronunció un hechizo de protección lanzando detrás de su hombro un puñado de sal gruesa.
“Quercu, spíritus animum noctis
Lupus ululat et invocare
et invocare portejan abra eius
ego invocabit”
- Ya llegué ¿tomamos unos mates? – Dijo Elisa mientras abría la puerta
- Si – Dijo con voz temblorosa
Ella nunca advirtió la chaqueta y la canana que estaban a la vista y él no entendía por qué, pero sin embargo siguió el juego, era hora de parar, advirtió esta vez que las armas se encontraban en la canana.
- Bueno, preparalo entonces
Ella colgó el saco justo al lado de la chaqueta, y nada le llamó la atención, él guardó el proyecto y decidió que era suficiente por hoy.
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Se acostaron tarde esa noche conversando de lo que había pasado ese día, tarja estaba asustada, apenas salía del sofá siquiera para comer.
En la noche una neblina inundó la ciudad, él intentó recordar hacía cuando que no salía al exterior justo antez de dejar de ver por la ventana e intentar dormir de una vez.
Súbitamente unos extraños sonidos los despertaron en la noche, el beso oscuro de la bruma ocultaba al mundo exterior del interior del apartamento metropolitano, tarja estaba acostada a los pies de la cama y pronunciaba un sollozo retumbante entre las tenues olas del mar de la noche.
- ¿Escuchaste eso?
- Em… no, nada
- ¿No escuchaste que me llamaban del living?
- No, debes de haberlo soñado
- Tarja llora y mira a la puerta
- No te asustez y dormite
Por un momento pensaron que era una locura, que esa extraña sensación de inquietud que los abrumaba no era más que algún tipo de estrés, al cabo de unos minutos, cuando el ritmo cardíaco volvió a la normalidad empezó a escucharse las uñas de tarja contra la puerta del cuarto.
- Ya voy - dijo él levantándose al mismo tiempo que ella prendía la luz de la lámpara de noche.
No había nada, ni siquiera volaba una mosca, se sentían inquietos pero ninguno nombró el incidente, esperaron a que se disipara, hacía ya un año que vivían en ese apartamento y nunca habían tenido ningún problema, o sea que era más probable que una fuga de gas los hiciera alucinar que una razón más sobrenatural.
Al día siguiente Elisa se fue a trabajar nuevamente, no hablaron del tema aunque los dos estaban un tanto inquietos.
Él se sentó y de nuevo abrió la ventana para retomar la historia donde la había dejado.
“Continuaban a merced de las fauces de la noche, Erika se había vestido con un tapado negro sintético, una blusa roja y unos jeans, también llevaba un bolso de mano colgado en los hombros cuyo broche de cierre era el símbolo celta wuivre, pasaron un buen tiempo sin hablar en absoluto indagando en sus propias mentez hasta que Michael rompió el hielo con una pregunta:
- ¿Así que no sos satánica? – (jamás dije que hubiese sido una buena pregunta) – Yo pensé que todas ustedes eran satánicas.
- ¿Todas Nosotras?
- Ustedes, las brujas
- ¿Eso es un pensamiento un tanto viejo no? Como de tiempos de la inquisición
- Bueno, pero seguís sin conteztar mi pregunta, si no sos satánica entonces que sos, soy ignorante en este aspecto.
- Si, no voy a discutir eso. No me gusta pensar que SOY algo, yo no SOY nada más que yo, pero sí creo que hay una fuerza natural superior, llamale Dios, y su contrapartida, llamale Diosa si querés. También creo en que la energía lo es todo, que todo se transforma y que nosotros podemos transformar la energía con el poder del pensamiento que también es energía siempre y cuando nos encomendemos a los dioses estos son los que pueden abrir nuestra mente, tengo mucho de wicca pero no todo, también recopilé antiguos rituales de civilizaciones muertas y eso es lo que creo, la vida más simple tenía mejor conocimiento sobre ciertas cosas.
- Muy complicado – Por un momento Erika esbozó una sonrisa luego del comentario
- La gente es complicada, el mundo es complicado.
- En eso concordamos, por eso no me gusta pensar mucho en “el mundo”
Llegaron al bar filosofando, aflojando la tensión que una vez los había recubierto cuando se conocieron.
El bar estaba cerrado, ya eran las cuatro de la mañana, afuera se encontraba el hombre de traje azul y con él también su espectro, aquél que Erika no pudo expulsar.
- La trajiste, trajiste a esa bruja
- Calmate galán, eso que tenés en tu espalda no es culpa mía para nada.
- Decime, que has hecho últimamente como para merecer algún tipo de…
Michael tuvo que detenerse, el espectro lo miraba directamente a los ojos sonriendo, dejando ver unos dientez putrefactos y sacando su negra y puntiaguda lengua mientras contoneaba su cabeza de un lado a otro como una cobra real hipnotizando a su presa.
- Esta me está poniendo nervioso
- ¿la ves? – Preguntó Erika – Yo solo puedo verla si hago el conjuro
- Si, digamos que no necesito conjuros
Erika cerró los ojos, metió la mano en su bolso y sacó una pluma, cuando los abrió un viento helado manó de ella volándole su rojizo cabello y el símbolo wuivre giró en sentido de las agujas del reloj pronunciando un sonido similar al de una serpiente, había conseguido este símbolo de protección para lograr desarrollar los hechizos de expulsión puesto que esta no era su área de preferencia.
- Ventos a invocant pandemónium – Sopló fuerte, pero no sopló en el plano de los mortales, para el hombre del traje no había sido más que un soplido pero para el espectro era una ráfaga de viento similar a un tornado.
Clavó sus garras en el cuello del hombre, este quedó en trance un segundo y con voz raspada habló
- No hay nada más… no habrá nada más…
- Explícate uno poco más
- Damnantur mortales, Damnantur.
- Dice que estamos condenados – Dijo Erika aún firme y con la mano puesta en el símbolo
- Hoc est finis, cuando el lenguaje oscuro se renueve no habrá poder más allá de eso. Estáis en una encrucijada mediocris candela, estamos todos buscando el lenguaje oscuro y ustedes van muy atrás, solo el verdadero custos puede leer el lenguaje y entenderlo.
- Realmente estás probando mi paciencia
- No podéis matarme sin matar al indefenso.
- Estás pensando en otra persona mi amigo
Michael sacó la pistola de la canana y jaló el gatillo con los ojos cerrados, sin apuntar a nada, justo al bulto gris del espectro que acosaba al hombre del traje azul, al cerrar los ojos solo vio oscuridad, solo sintió oscuridad, solo fue oscuridad y ahí estaban de igual a igual en el mismo mundo.
La bala atravesó el cráneo del espectro quién sonrió por último y se deslindo del hombre expulsado por los vientos que Erika invocó.
- ¿Se fue?
- Si, se fue
- Gracias, no tengo como agradecerte
- Si, tenés como agradecerme.
- Ah, sí, la paga
- ¿La paga? – Dijo Erika – No, no dejá así
- ¿Cómo?
- Muy Bien señorita, lo que usted diga
- ¡¿Cómo?!
El hombre se fue y Michael veía a Erika con bastante rencor
- Me costaste unos meses de comida y alquiler ¿sabías?
- No podíamos cobrarle, después de todo gracias a él nos enteramos de lo que está pasando.
- Sí, me entero de que me voy a quedar en la calle.
- En la calle no, deja de llorar – hizo una pausa y sonrió - Podes quedarte conmigo, digo, en el sofá. Además tenemos que investigar bien este asunto, después de todo ya estamos implicados, tal vez podamos hacer algún estilo de adivinación con las muchachas del círculo.
- Bueno, entonces voy a mi apartamento y así saco algunas cosas, no tengo mucho pero es suficiente.
- Voy contigo, me gustaría ver el agujero de ratas en el que estás.
- Si, ahora que recuerdo, tal vez no sea buena idea.
- ¿Por qué?
- Em… si, mejor vivir sin las cosas que tenía, voy a tener que conseguir algo más.
- Repito la pregunta entonces.
- Mmm. Un incidente con la policía, me buscaban por los estragos del parque de la vía
- ¿Eso fuiste vos?
- Si… em… Bueno, es que estaba tratando de seguirle el rastro a un montón de adolecentez, todos varones, que se perdían a sus alrededores y resulta que era una especie de súcubo o algo por el estilo, cuando entré siguiendo a uno de los muchachos la vi, la verdad es que estaba bastante bien – sonrió - tenía alas de murciélago y garras pero, aún así. Bueno, el punto es que cuando la vi le disparé pero se movió muy rápido, detrás de ella había un vagón lleno de gasolina, se ve que tuve el infortunio de pegarle a uno que tuviera una pérdida o algo así porque todo explotó, justo antez de que explotara me dio el tiempo para sacar al muchacho e igualmente el súcubo murió, si no hubiese sacado al muchacho de la explosión no me hubiesen visto los teztigos y se veía muy sospechosa el arma en mi mano como para decir que nada tenía que ver con la desaparición de los adolecentez y mucho menos de la explosión que ardía detrás de mi… algunas casas también fueron destruidas, por suerte ningún muerto, si varios heridos.
- Wow, eso sí que fue un mal tiro
Rieron juntos hasta llegar al apartamento de Erika, entraron al hall principal, Michael pudo ver ahora con más tranquilidad que abajo había unos diez cuartos, a la izquierda estaba la escalera forrada con una moquete verde, subieron al segundo piso y siguieron por el pasillo hasta la tercer y última habitación, la de Erika, la puerta daba justo al lado de una ventana que daba al patio del vecino, eran ya las cinco y media de la mañana. Cuando Erika agito la llave del cuarto Michael sintió que algo andaba mal, la tomó por la cintura y se arrojó por la ventana, mientras de la habitación de Erika emanaron llamas enardecidas, a la vez del piso de abajo mientras caían también estalló en un segundo algo más que hizo emanar otra llamarada justo cuando Erika pronunciaba:
- O Musspell complicatam in vestri tergum duo quattuor decanos flammis vestros arma non calumnientur me¡Uno tria novem!
Un brillo rojizo los cubrió y las llamas los arrasaron, pero el brillo los protegía en una temperatura cálida y perfecta gracias a Musspell, pero la caída seguía en proceso, antez de llegar al piso Michael trajo a Erika en sima de él para así absorber toda la caída.
Su espalda tronó contra el césped de la casa del vecino mientras un labrador atado ladraba y ladraba, Erika abrió los ojos en cuanto pudo ver que no le había pasado nada, estaba en sima de Michael y su cabeza descansaba en su pecho, solo se había golpeado un poco las piernas al caer.
- ¿Estás bien? – Le preguntó Michael mientras le corría el cabello de la cara
- Sí, estoy…
Hubo un momento en el que el tiempo se congeló, ya no había fuego, no había muerte, no había más que el momento de los rojizos labios de Erika entreabiertos, esperando el llamado de una explicación al volcán de energía que sentía ahora, Michael por primera vez se puso nervioso pero el momento fue diluido por las Sirenas de los bomberos, los gritos desenfrenados y el dolor, el fuego, la impotencia.
Los dos se pararon uno junto al otro, él pensaba que esto tal vez era su culpa y ella pensaba en las cosas que había perdido, lo miró a la cara.
- Bueno, por lo menos mi grimorio lo tengo, podemos ir a la casa de Milly, es la única que vive en la ciudad y tiene Apartamento propio, ella nos puede ayudar.
- ¿Es bueno incluir más gente en esto?
- No tenemos más opción
- Anda vos, esto puede que sea culpa mía y no quiero involucrarte más.
- Estoy involucrada, ellos aparecieron en Mi casa, quién sabe cuando planearon esto.
Michael Asintió, tenía razón en parte y él necesitaba ayuda si quería salir de esta, no parecían ser mal equipo aunque él jamás trabajaba con otra persona.
Se perdieron entre la niebla matinal, ella suspiraba por los recuerdos de una vida más simple y tranquila pero a su vez se sentía curiosa por el propósito, por encontrar un nuevo camino y significado y también por él.
Él en cambio sentía escalofríos de pensar en las palabras de aquel caído, ¿que sería la lengua oscura y por qué estaban ellos inmiscuidos en esto? tal vez persiguiendo esto encontraría alguna respuesta sobre él mismo.
PENUMBRA
26 de Julio de 2013 a la(s) 18:56
Prólogo
Se levantó un día, exhausto, no sabía si había soñado su vida o si había empezado a vivirla.
Saltó de la cama, ya no sabía qué hacer, hacía muchísimo que nada se le ocurría, era columnista en un diario local, contaba historias cortas, a veces hasta cómicas, pero un día se levantó sin inspiración y hacía ya un mes de eso, un largo mes.
Que sería de él y de su pequeño apartamento metropolitano, de Tarja, su perra o de la planta casi seca en el living, no quería volver al pequeño pueblo del este, no quería.
Toda la vida había escrito en primera persona así que esta vez empezó a escribir en tercera, sin perjuicio de que le saliera o no le saliera, tal vez la musa había escapado por la ventana y siempre le habían dicho que difícil de volver a encontrarla.
"Esa edad es la que tenés que aprovechar para hacer todo", le decían en el diario. "Que hacés acá, aprovecha esa juventud que tenés"
Se sentó perturbado, y decidió comenzar, nunca se le había dado mucho eso de escribir en la computadora aunque era una de esas personas acostumbrada al uso diario de la misma, abrió la ventana dejando que corriera un gélido aire de invierno, tarja lo miró por un instante como reprochándole la última acción pero él hizo caso omiso del juicio así que ella tuvo que situarse debajo del sofá, en su refugio.
Comenzó pues a digitar, puso su mente en blanco, "caminaba... no, no, iba por un sendero... no, no", bueno, era hora de empezar.
“Una luz azul lo despertó, soñaba con un día distinto, con un día más tranquilo, de esos que todo el mundo se queja.
La luz azul era un reflector de la policía, desde un helicóptero en el otro edificio un estruendoso sonido llegaba a sus oídos, parecía que las hélices sonaban en cámara lenta casi tan fuerte como su corazón que era lo más fuerte que podía sentir.
- Ledesma, salga con las manos donde pueda verlas
Michael Ledesma, ese era su nombre, si ellos supieran que lo sacó de un acta de defunción cuando despertó en un hospital no lejos de donde estaba ahora siendo solo un pequeño.
Se puso los pantalones rápidamente, tomo la chaqueta de cuero negra y dos pistolas 9mm que guardó en una funda en su cintura, se acercó a la ventana, el problema no era con ellos, no era con nadie en realidad.
Su pelo negro absorbía toda la luz que quedaba de esa oscura noche de Julio, que podía ser él si no un sicario, un tipo sin conciencia que no tiene a nadie más que si mismo, además de sus dotez; él era ágil, rápido, tenía muy buena puntería y muy pocas respuestas.
- Muy bien señor Ledesma, ahora espere al grupo que subirá a buscarlo, no intente nada estúpido.
Sonrió y puso un pie en el borde de la ventana, acomodó los brazos para impulsarse aferrándose al borde y miró a la cara al policía del megáfono, un antiguo amigo de la secundaria, Richard, Richard no quería lastimarlo, solo quería que se entregara para no pensar todos los días que el próximo obituario podía ser dedicado a su amigo de la secundaria, al que le enseño a abrir la botella de cerveza con un encendedor, con el que jugaba a embocar la tapa a una lata en la calle, con el que se desahogó cuando su padre se fue de casa.
- Michael, no seas idiota, ¿qué vas a hacer?
- No te preocupes Rich… aprendí unos trucos.
Saltó de 17 pisos, veía cada vez más cerca el frío asfalto, una neblina cubría la ciudad, en ese segundo mientras caía la gente paraba a ver el desenlace esperando una nueva mancha en la calle.
“Todos paran porque la gente es así, espera ver en la vida cotidiana lo que ven en las películas pero no tienen el estómago para soportarlo”. Pensaba Michael mientras descendía a una velocidad insoportable.
Lágrimas comenzaron a caer de los ojos de Richard Branx. ¿Sería la última vez que lo vería?
Acomodó el cuerpo en el último tramo, ya casi a 100 metros de caer, puso los pies en posición, un estruendo silenció la ciudad, las nubes de polvo cubrieron a los autos haciéndoles parar de golpe por la poca visibilidad.
Richard miró hacia otro lado, no podía ver, iba a ser demasiado fuerte, Soltó el megáfono dentro del helicóptero, sacó su billetera, a un lado de la foto de su esposa Nathaly estaba otra de un verano de hacía ya diez años atrás con Michael, abrazados los dos con un lago azul de fondo.
Se disipó el polvo y miró hacia abajo, sus ojos se abrieron de par en par, en la calle había una grieta conjunta provocada por un impacto vertical fuerte, pero no estaba el cuerpo consistente que la provocó.
Entre asombro y alivio miró a su compañero y le hizo una seña para irse, que los demás registraran el lugar.
Mientras tanto Michael estaba a 50 metros en un callejón, vio el helicóptero irse y esbozó otra sonrisa ganadora, ya estaba tranquilo de que por lo menos por unos días no lo iban a molestar.
Debían de perseguirlo por el incidente del parque de la vía, qué más daba, si no era por eso encontrarían otra sospechosa intervención de su accionar.
Mientras caminaba notó como tantas veces el cambio de la ciudad a medida que uno se iba acercando a aquel lugar, las casas pasaban de tener colores vívidos a un uniforme color grisáceo, la niebla era el aderezo perfecto para las calles en ese momento, casas de semblante monstruoso se dispersaban por la izquierda y la derecha, los mismos fantasmas que asechaban a Michael estaban impresos en esa visión tétrica de puertas desganadas que crujían con su apertura.
La cantidad de personas se reducía también y aparentemente Michael llamaba demasiado la atención, la gente que salía de su exilio le observaba fijo, particularmente una señora que al salir a barrer a la acera lo miró de forma penetrante, con la mirada de alguien que sabe todos tus pecados, y lo siguió toda la cuadra hasta que dobló.
Probablemente uno cuando tiene la conciencia intranquila suele asociar cualquier mirada como juez, como dedo acusador.
Llegó a un bar perdido en el barrio, era una casa vieja, un antro de luces de neón y humos densos donde el tiempo pasaba lento de noche e inexplicablemente rápido de día.
Se acercó a la barra, no tenía dinero en sí pero de una forma u otra siempre encontraba alguien que le invitara un trago por lo menos.
Se sentó al mismo tiempo que otra persona detrás de él se sentaba en la barra.
- Un vino para mí y para mi amigo…
- Un whisky está bien.
El extraño tenía un traje azul con botones dorados, buen porte, bastante alto, como uno ochenta, pelo rubio cortado por estilista a diferencia de Michael que tenía el pelo largo y cortado por él mismo, era una visión bastante antitética, sin embargo el extraño se veía interesado en Michael.
- ¿Te dicen Penumbra no?
Penumbra, si, no se le había ocurrido nada ese día como para darle un toque enigmático a su presencia y con ese se había quedado, había días que sonaba bien, había días que sonaba mal, hoy particularmente sonaba mal.
- Sí, me podes llamar así
- Bueno, tengo un problema, y me dijeron que te encargas de problemas raros
- Que tan raros
- Extraños, no se
- ¿Extraño mi suegra se acuesta con mi perro?
- ¡No!
- Ah, entonces si podemos hablar. ¿Qué Pasa?
- Bueno, veras, hace un tiempo unos colaboradores y yo estábamos en un pub y una mujer apareció, pelirroja, vestido negro, bueno, puedes imaginártela – hizo una pausa como para ratificar el comentario sin respuesta alguna de Michael, aclaró su garganta y siguió – Bueno, había ido con unas amigas así que decidimos irnos todos de la fiesta para una fiesta un poco más… privada.
- Privada, suena como que no es mi problema
- Espera, es que tuvieron una idea de juntarnos a tomar un rato en el apartamento de una de ellas, pero cuando llegamos allá tenían planeados otros “juegos”, nos sentamos en ronda y observé que la pelirroja tenía tatuada en la muñeca una estrella de 5 picos, pero ya estaba ebrio y no me importó.
- Si, se lo que se siente
- ¿Qué te lo hicieron a ti también?
- No, ni siquiera estoy ebrio y ya no me importa.
- ¡Espera! Bueno, comenzaron a jugar y pronunciaron entre las cuatro unas palabras en un idioma raro, que nunca entendí.
- ¿Sonaba como un lenguaje antiguo?
- Si, como eso mismo.
- Estas Fregadísimo amigo
- Espera, espera, por favor, te pago lo que sea.
- Ok. Tenés mi atención ahora, tendrías que haber empezado por ahí, ¿Como se llama?
- Erika, vive en la segunda calle después de la plaza del Balneario, En el segundo piso la tercer habitación.
- Bueno, cincuenta mil por adelantado
- ¿Qué? No tengo tanta.
- Bueno, entonces gracias por el trago
- ¡No! Tengo veinte acá, por favor, ayúdame, por favor, mis amigos están desapareciendo de a uno y una extraña sombra me está persiguiendo desde ese día, siento manos en mi cuello cuando duermo y jadeos cuando hay silencio
- Yo no me sentiría tan mal, está lamiéndote el cuello ahora
- ¡QUE!
- Relájate, tomo esos veinte y después vemos, estaba jugando contigo, te veo aquí en dos días.
Efectivamente era cierto, lo que veía Michael ningún mortal ordinario podía verlo, una mujer de pelo rojo y piel ya grisácea le miraba pegada como parásito al cuerpo del hombre de traje, con sus piernas alrededor de su cintura y una lengua puntiaguda y negra lamiéndole el cuello dejando ver en su boca los dientez amarillos y negros, podridos. Vestía un camisón que una vez fue azul, quién sabe lo que Erika había desatado entre estos ingenuos pero Michael tenía que averiguarlo, ya la conocía de hacía un tiempo atrás en una invocación que él había devuelto al otro plano, ahora iba a intentar que las negociaciones con ella fueran un poco más… pacíficas.”

Sonó la llave en la puerta y lo distrajo un momento, igualmente era hora de parar un poco, los ojos le lloraban y ya estaba muy frío como para tener la ventana abierta.
- Llegué, Llegué – Dijo Elisa soltando un montón de bolsas de supermercado en la mesa
- Ah! Eras vos – un rápido beso de saludo
- Ya me voy, tengo reunión ¿se te ocurrió algo?
- Algo… no sé si da para la columna pero algo vamos a hacer con eso
- Bueno, me voy, me voy…
Cerró la puerta de golpe, detrás en un perchero de madera colgado en clavos introducidos en la misma puerta había una chaqueta de cuero negra que no estaba antez, una chaqueta muy familiar.
Abrió los ojos desconcertado, a un lado de la chaqueta estaba un cinturón con dos cananas sin pistola.
“Eso no estaba en mi casa” Pensó
“Podrá ser que…”
Se sentó nuevamente en su mediocre apartamento metropolitano en su computadora normal de escritorio y comenzó curioso a escribir de nuevo.
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“Sonaba ya la media noche y los talones de Erika retumbaban en la habitación de la pensión, su escultural cuerpo desnudo brillaba ante la luz de la luna que entraba por el ventanal grande justo frente a la puerta principal, su cabello rojizo descansaba en sus pechos y en su mano derecha tatuado en la piel de su muñeca se marcaba un pentagrama.
Estaba algo inquieta, delante de ella dormía su cama abrazada por una manta de terciopelo rojo, a un lado de la cama había un escritorio y sobre él un libro cerrado con cubierta de cuero curtido que ella misma había hecho, en la tapa estaba dibujada aparentemente con los dedos una estrella de 5 picos marcada con tinta negra.
Sonó la puerta e interrumpió su meditación, titubeo un momento antez de hablar.
- ¿Quién es?
- ¿Erika?
Esa voz, era familiar pero no de hacía mucho tiempo.
- ¿Quién es? – repitió ya más firme
Se puso una bata de baño que estaba colgada en un perchero, pasó hasta la puerta principal que daba a un largo pasillo, en el pasillo no se escuchaba ruido alguno, era martez por la noche, no solían escucharse ruidos a esa hora en abundancia.
Se acercó a la puerta, tomó una vela blanca encendida y la puso al lado de la puerta.
- Videatur supra – dijo soplando la vela
En la oscuridad veía como si la puerta no existiera, Michael estaba del otro lado, aquel que había arrojado fuera a el espíritu que Malena, su ex compañera de circulo, invocó, en realidad fue un mal entendido, ella tenían mucha envidia en el corazón y al iniciarse en el aquelarre algo salió mal, sus malas intenciones afloraron en una forma espectral auténtica que las brujas no habían podido deshacer.
Tomó la perilla de la puerta, la última vez habían discutido sobre la responsabilidad de las invocaciones, obviamente ella le dijo que estaba todo bajo control y que su intromisión había sido no más que eso, aseverando que ellas tenían toda la situación controlada.
Esta vez no tenía que ser un encuentro tan hostil, realmente él no había estado mal a no ser porque era demasiado arrogante, solo le pasaba por la cabeza que querría.
Destrancó la puerta y la abrió un poco.
- Necesito hablar contigo por algo que supongo que vos y tus nenas hicieron
- ¿Descripción?
- Rubio, metro ochenta…
- Empresario, con dinero, se cree que posee el mundo… Si, lo conozco pero nada tenemos que ver con lo que sea que el pase
- ¿Cómo puedo estar seguro de eso?
Ella le dejó la puerta abierta y entró, miró hacia atrás para invitarlo a pasar, la bata de baño roja con brotez negros tenía un brillo especial que se unía con la exuberante figura de Erika.
Decidió dejar la conversación en casi total oscuridad, se sentía más cómoda así, ella tenía la filosofía de que los verdaderos secretos se revelan fuera de la luz.
- Sentate, más allá de que tenga o no que contarte esto lo voy a hacer para que no sospeches del círculo:
“Malena se fue del círculo la noche del incidente, lo que presenciaste fue una posesión de lo que él dijo ser Urian que es una entidad maligna de la magia oscura, Malena se estaba dedicando a otras cosas para maximizar su poder pero no pudo controlarlas.
El círculo se redujo a Laura, Milly, Emma y yo, esa noche no teníamos clases así que salimos al centro a tomar algo, allí hay un pub que se llama Dríadas, ese pub es bastante “Medieval” por lo tanto nos gusta ir ahí.
Cuando llegamos dentro había cuatro tipos que estaban totalmente fuera de lugar con el ambiente, se trataba de ejecutivos que se sentaron allí a beber, uno de ellos era ese a quién nombras, nos sentamos en una mesa y empezaron a mandarnos tragos, las muchachas decidieron que nos acompañara y yo pensé… ¿Por qué no?
Eran gente bastante insípida y superflua así que pronto nos aburrimos de ellos, había algo extraño igualmente con el tipo que describís, su aura era diferente, tenía algo extraño, pero no quería hacer un hechizo de “ver lo invisible” porque tenía que pronunciarlo enfrente a ellos así que cuando las chicas decidieron traerlos aquí no me negué, era más privado, ellas los trajeron para molestarlos, marearlos y luego mandarlos a sus casas sin postre pero mis intereses eran diferentez.
Cuando llegamos entré directo al baño, en el botiquín tengo un extracto de acacias que uso a veces, el hechizo dura solo un par de minutos pero fue suficiente para salir del baño y ver aquella criatura colgada de su cuello, hablándole, lamiendo su oreja, sus ojos eran grises, cabello rojizo, parecía una mujer pero…”
- Si, ya la vi ¿Cómo se que ustedes no tuvieron nada que ver?
- NO INVOCO ESPÍRITUS
- ¿Y no sos bruja?
- ¡QUE TIENE QUE VER!
- Mmm..
- Mira, si me dejaras terminar la historia- dijo mientras retiraba la alfombra que se encontraba en mitad de la habitación – ¡acaso si hubiese sido yo quién invocó a ese espíritu habría escrito esto!
Destapó una escritura simple pero en letras escabrosas como escritas con las uñas “Los ojos del hombre no ven cuando la sangre se acerca a él ego dicam tenebris lingua per virtutem primi et voluntatem ultimi”
- ¡Viste, eso es Latin, tus hechizos son en Latín! además el tipo que vino a mí en el bar me dijo que hicieron un hechizo.
- ¡Si, un hechizo de EXPULSIÓN, vientos del pandemónium yo los invoco! Y uso latín sin necesidad de hacerlo, los hechizos funcionan igual con las palabras en cualquier idioma, lo que importan son los ingredientez y la energía.
- Mmm. ¿Y por qué latín? – Dijo aún desconfiando de Erika
- Simple, estudio latín, me gusta, y nadie entiende lo que hago o digo, puedo usarlo como excusa.
- Y que significa eso, es un hechizo, una maldición
- Ni una ni la otra, esto dice “lengua oscura yo te llamo por el poder del primero y la voluntad del último” parece más una profecía que un hechizo, no sé, tendría que estudiar a ver si es algún hechizo de magia negra, santería o algo más.
Michael volvió a ver la escritura, él veía algo que ella no, Michael tuvo siempre la propiedad de ver el mundo en tres colores, el primero es el que vemos todos, el mundo de los mortales, un mundo normal equilibrado entre bien mal, dolor y paz, luego se dividía en dos más, uno oscuro y otro de pura luz.
No tenía toda claridad de ninguno de los dos si bien veía más que el resto de las personas, a veces veía más en la luz que en la oscuridad y otras veía más en la oscuridad que en la luz.
La luz se presentaba a él en una expresión de calor y paz, cuando alguien muy puro estaba a su lado, cuando ocurría milagrosamente una acción como salvarse de un choque automovilístico, cuando veía niños con su madre y demás. La luz no se imponía si no que se deslizaba entre la vida de los mortales sin que ellos advirtieran su presencia pero si teniendo una incidencia importante en su existencia.
La oscuridad, en cambio, era un tanto más agresiva, siempre la veía asociada a gran velocidad, estelas de oscuridad pasaban a través del aire como meteoritos y cuando se detenían generalmente eran humanoides demacrados, de piel putrefacta, los más fuertez parecían simples humanos, los más débiles se parecían cada vez más a un cadáver.
Igualmente Michael hacía ya un tiempo que no veía la luz, aún no sabía porque.
La escritura tenía detrás un dibujo casi de la misma definición de una pintura renacentista que mostraba un niño de piedra de rodillas ante la inmensidad de un paisaje medieval, el paisaje era rocoso, parecía un lugar montañoso erosionado por el tiempo y abandonado.
Michael le describió su visión a Erika, ambos desconcertados se sentaron un momento en la cama.
- Y ahora, ¿Qué sos con exactitud?
- No sé, he pasado toda mi vida intentando averiguarlo, de muy pequeño desperté en un hospital, había estado un buen tiempo ahí y no recordaba nada, ni si tenía padres, ni si ellos me habían dejado ahí lo que siempre fue extraño porque tenía edad suficiente como para tener algún recuerdo, tenía unos 8 años supongo, allí viendo un acta de defunción fue que inventé mi nombre y a los 9, cuando estaban listos para darme en adopción huí, por suerte fui suficientemente hábil para inventarme una vida, tuve una educación media y algunos buenos amigos. Pero eso fue hace mucho tiempo. –Ni siquiera sabía por qué le había contado todo, ¿Por qué le tendría esa confianza?.
- Tendríamos que empezar por averiguar cómo llegó aquel mal espíritu al tipo del bar y luego por qué escribió esto en mi apartamento. – Dijo Erika como para romper la tensión
- Entonces ese será el siguiente paso.
Se levantaron aún consternados por todo lo que había pasado, Erika tomó su grimorio, solo por las dudas y ya antez de salir pronunció un hechizo de protección lanzando detrás de su hombro un puñado de sal gruesa.
“Quercu, spíritus animum noctis
Lupus ululat et invocare
et invocare portejan abra eius
ego invocabit”
- Ya llegué ¿tomamos unos mates? – Dijo Elisa mientras abría la puerta
- Si – Dijo con voz temblorosa
Ella nunca advirtió la chaqueta y la canana que estaban a la vista y él no entendía por qué, pero sin embargo siguió el juego, era hora de parar, advirtió esta vez que las armas se encontraban en la canana.
- Bueno, preparalo entonces
Ella colgó el saco justo al lado de la chaqueta, y nada le llamó la atención, él guardó el proyecto y decidió que era suficiente por hoy.
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Se acostaron tarde esa noche conversando de lo que había pasado ese día, tarja estaba asustada, apenas salía del sofá siquiera para comer.
En la noche una neblina inundó la ciudad, él intentó recordar hacía cuando que no salía al exterior justo antez de dejar de ver por la ventana e intentar dormir de una vez.
Súbitamente unos extraños sonidos los despertaron en la noche, el beso oscuro de la bruma ocultaba al mundo exterior del interior del apartamento metropolitano, tarja estaba acostada a los pies de la cama y pronunciaba un sollozo retumbante entre las tenues olas del mar de la noche.
- ¿Escuchaste eso?
- Em… no, nada
- ¿No escuchaste que me llamaban del living?
- No, debes de haberlo soñado
- Tarja llora y mira a la puerta
- No te asustez y dormite
Por un momento pensaron que era una locura, que esa extraña sensación de inquietud que los abrumaba no era más que algún tipo de estrés, al cabo de unos minutos, cuando el ritmo cardíaco volvió a la normalidad empezó a escucharse las uñas de tarja contra la puerta del cuarto.
- Ya voy - dijo él levantándose al mismo tiempo que ella prendía la luz de la lámpara de noche.
No había nada, ni siquiera volaba una mosca, se sentían inquietos pero ninguno nombró el incidente, esperaron a que se disipara, hacía ya un año que vivían en ese apartamento y nunca habían tenido ningún problema, o sea que era más probable que una fuga de gas los hiciera alucinar que una razón más sobrenatural.
Al día siguiente Elisa se fue a trabajar nuevamente, no hablaron del tema aunque los dos estaban un tanto inquietos.
Él se sentó y de nuevo abrió la ventana para retomar la historia donde la había dejado.
“Continuaban a merced de las fauces de la noche, Erika se había vestido con un tapado negro sintético, una blusa roja y unos jeans, también llevaba un bolso de mano colgado en los hombros cuyo broche de cierre era el símbolo celta wuivre, pasaron un buen tiempo sin hablar en absoluto indagando en sus propias mentez hasta que Michael rompió el hielo con una pregunta:
- ¿Así que no sos satánica? – (jamás dije que hubiese sido una buena pregunta) – Yo pensé que todas ustedes eran satánicas.
- ¿Todas Nosotras?
- Ustedes, las brujas
- ¿Eso es un pensamiento un tanto viejo no? Como de tiempos de la inquisición
- Bueno, pero seguís sin conteztar mi pregunta, si no sos satánica entonces que sos, soy ignorante en este aspecto.
- Si, no voy a discutir eso. No me gusta pensar que SOY algo, yo no SOY nada más que yo, pero sí creo que hay una fuerza natural superior, llamale Dios, y su contrapartida, llamale Diosa si querés. También creo en que la energía lo es todo, que todo se transforma y que nosotros podemos transformar la energía con el poder del pensamiento que también es energía siempre y cuando nos encomendemos a los dioses estos son los que pueden abrir nuestra mente, tengo mucho de wicca pero no todo, también recopilé antiguos rituales de civilizaciones muertas y eso es lo que creo, la vida más simple tenía mejor conocimiento sobre ciertas cosas.
- Muy complicado – Por un momento Erika esbozó una sonrisa luego del comentario
- La gente es complicada, el mundo es complicado.
- En eso concordamos, por eso no me gusta pensar mucho en “el mundo”
Llegaron al bar filosofando, aflojando la tensión que una vez los había recubierto cuando se conocieron.
El bar estaba cerrado, ya eran las cuatro de la mañana, afuera se encontraba el hombre de traje azul y con él también su espectro, aquél que Erika no pudo expulsar.
- La trajiste, trajiste a esa bruja
- Calmate galán, eso que tenés en tu espalda no es culpa mía para nada.
- Decime, que has hecho últimamente como para merecer algún tipo de…
Michael tuvo que detenerse, el espectro lo miraba directamente a los ojos sonriendo, dejando ver unos dientez putrefactos y sacando su negra y puntiaguda lengua mientras contoneaba su cabeza de un lado a otro como una cobra real hipnotizando a su presa.
- Esta me está poniendo nervioso
- ¿la ves? – Preguntó Erika – Yo solo puedo verla si hago el conjuro
- Si, digamos que no necesito conjuros
Erika cerró los ojos, metió la mano en su bolso y sacó una pluma, cuando los abrió un viento helado manó de ella volándole su rojizo cabello y el símbolo wuivre giró en sentido de las agujas del reloj pronunciando un sonido similar al de una serpiente, había conseguido este símbolo de protección para lograr desarrollar los hechizos de expulsión puesto que esta no era su área de preferencia.
- Ventos a invocant pandemónium – Sopló fuerte, pero no sopló en el plano de los mortales, para el hombre del traje no había sido más que un soplido pero para el espectro era una ráfaga de viento similar a un tornado.
Clavó sus garras en el cuello del hombre, este quedó en trance un segundo y con voz raspada habló
- No hay nada más… no habrá nada más…
- Explícate uno poco más
- Damnantur mortales, Damnantur.
- Dice que estamos condenados – Dijo Erika aún firme y con la mano puesta en el símbolo
- Hoc est finis, cuando el lenguaje oscuro se renueve no habrá poder más allá de eso. Estáis en una encrucijada mediocris candela, estamos todos buscando el lenguaje oscuro y ustedes van muy atrás, solo el verdadero custos puede leer el lenguaje y entenderlo.
- Realmente estás probando mi paciencia
- No podéis matarme sin matar al indefenso.
- Estás pensando en otra persona mi amigo
Michael sacó la pistola de la canana y jaló el gatillo con los ojos cerrados, sin apuntar a nada, justo al bulto gris del espectro que acosaba al hombre del traje azul, al cerrar los ojos solo vio oscuridad, solo sintió oscuridad, solo fue oscuridad y ahí estaban de igual a igual en el mismo mundo.
La bala atravesó el cráneo del espectro quién sonrió por último y se deslindo del hombre expulsado por los vientos que Erika invocó.
- ¿Se fue?
- Si, se fue
- Gracias, no tengo como agradecerte
- Si, tenés como agradecerme.
- Ah, sí, la paga
- ¿La paga? – Dijo Erika – No, no dejá así
- ¿Cómo?
- Muy Bien señorita, lo que usted diga
- ¡¿Cómo?!
El hombre se fue y Michael veía a Erika con bastante rencor
- Me costaste unos meses de comida y alquiler ¿sabías?
- No podíamos cobrarle, después de todo gracias a él nos enteramos de lo que está pasando.
- Sí, me entero de que me voy a quedar en la calle.
- En la calle no, deja de llorar – hizo una pausa y sonrió - Podes quedarte conmigo, digo, en el sofá. Además tenemos que investigar bien este asunto, después de todo ya estamos implicados, tal vez podamos hacer algún estilo de adivinación con las muchachas del círculo.
- Bueno, entonces voy a mi apartamento y así saco algunas cosas, no tengo mucho pero es suficiente.
- Voy contigo, me gustaría ver el agujero de ratas en el que estás.
- Si, ahora que recuerdo, tal vez no sea buena idea.
- ¿Por qué?
- Em… si, mejor vivir sin las cosas que tenía, voy a tener que conseguir algo más.
- Repito la pregunta entonces.
- Mmm. Un incidente con la policía, me buscaban por los estragos del parque de la vía
- ¿Eso fuiste vos?
- Si… em… Bueno, es que estaba tratando de seguirle el rastro a un montón de adolecentez, todos varones, que se perdían a sus alrededores y resulta que era una especie de súcubo o algo por el estilo, cuando entré siguiendo a uno de los muchachos la vi, la verdad es que estaba bastante bien – sonrió - tenía alas de murciélago y garras pero, aún así. Bueno, el punto es que cuando la vi le disparé pero se movió muy rápido, detrás de ella había un vagón lleno de gasolina, se ve que tuve el infortunio de pegarle a uno que tuviera una pérdida o algo así porque todo explotó, justo antez de que explotara me dio el tiempo para sacar al muchacho e igualmente el súcubo murió, si no hubiese sacado al muchacho de la explosión no me hubiesen visto los teztigos y se veía muy sospechosa el arma en mi mano como para decir que nada tenía que ver con la desaparición de los adolecentez y mucho menos de la explosión que ardía detrás de mi… algunas casas también fueron destruidas, por suerte ningún muerto, si varios heridos.
- Wow, eso sí que fue un mal tiro
Rieron juntos hasta llegar al apartamento de Erika, entraron al hall principal, Michael pudo ver ahora con más tranquilidad que abajo había unos diez cuartos, a la izquierda estaba la escalera forrada con una moquete verde, subieron al segundo piso y siguieron por el pasillo hasta la tercer y última habitación, la de Erika, la puerta daba justo al lado de una ventana que daba al patio del vecino, eran ya las cinco y media de la mañana. Cuando Erika agito la llave del cuarto Michael sintió que algo andaba mal, la tomó por la cintura y se arrojó por la ventana, mientras de la habitación de Erika emanaron llamas enardecidas, a la vez del piso de abajo mientras caían también estalló en un segundo algo más que hizo emanar otra llamarada justo cuando Erika pronunciaba:
- O Musspell complicatam in vestri tergum duo quattuor decanos flammis vestros arma non calumnientur me¡Uno tria novem!
Un brillo rojizo los cubrió y las llamas los arrasaron, pero el brillo los protegía en una temperatura cálida y perfecta gracias a Musspell, pero la caída seguía en proceso, antez de llegar al piso Michael trajo a Erika en sima de él para así absorber toda la caída.
Su espalda tronó contra el césped de la casa del vecino mientras un labrador atado ladraba y ladraba, Erika abrió los ojos en cuanto pudo ver que no le había pasado nada, estaba en sima de Michael y su cabeza descansaba en su pecho, solo se había golpeado un poco las piernas al caer.
- ¿Estás bien? – Le preguntó Michael mientras le corría el cabello de la cara
- Sí, estoy…
Hubo un momento en el que el tiempo se congeló, ya no había fuego, no había muerte, no había más que el momento de los rojizos labios de Erika entreabiertos, esperando el llamado de una explicación al volcán de energía que sentía ahora, Michael por primera vez se puso nervioso pero el momento fue diluido por las Sirenas de los bomberos, los gritos desenfrenados y el dolor, el fuego, la impotencia.
Los dos se pararon uno junto al otro, él pensaba que esto tal vez era su culpa y ella pensaba en las cosas que había perdido, lo miró a la cara.
- Bueno, por lo menos mi grimorio lo tengo, podemos ir a la casa de Milly, es la única que vive en la ciudad y tiene Apartamento propio, ella nos puede ayudar.
- ¿Es bueno incluir más gente en esto?
- No tenemos más opción
- Anda vos, esto puede que sea culpa mía y no quiero involucrarte más.
- Estoy involucrada, ellos aparecieron en Mi casa, quién sabe cuando planearon esto.
Michael Asintió, tenía razón en parte y él necesitaba ayuda si quería salir de esta, no parecían ser mal equipo aunque él jamás trabajaba con otra persona.
Se perdieron entre la niebla matinal, ella suspiraba por los recuerdos de una vida más simple y tranquila pero a su vez se sentía curiosa por el propósito, por encontrar un nuevo camino y significado y también por él.
Él en cambio sentía escalofríos de pensar en las palabras de aquel caído, ¿que sería la lengua oscura y por qué estaban ellos inmiscuidos en esto? tal vez persiguiendo esto encontraría alguna respuesta sobre él mismo.

