Propongo un tema para leerlo mientras tanto:
Mi piel envejecida, música en mi cabeza, encarnado en aquel viejo banco helado por el frío de la mañana. Lentamente, mis ojos recorren el patio de la primaria. Suena la campana y al instante se oyen los agitados pasos de los niños mientras acompañan sus risas e inquietudes, y en algunos casos, el completo silencio. Allí, al fondo del patio, la soledad subyace la inquietante tristeza de aquel niño, desesperanzado, acorralado en un mundo de desilusiones. Los ogros de la represión lo vuelven a atacar y en su mente siente escuchar “¡corre!”. Pero sus pies no responden. Cierro los ojos, y al abrirlos me percato de que soy ese niño. Enloquezco, corro desesperado hacia la puerta de salida pero está cerrada. Nadie nota mi presencia. Caigo al suelo sin resistencia, mis pies están duros y no puedo levantarme, sólo mover la cabeza. La volteo observando mi alrededor. Una voz me llama, ofreciendo su ayuda. Alzo la mirada y allí está el viejo con su piel envejecida, música en su cabeza, encarnado en ese viejo banco helado por el frío de la mañana. Dos almas, unidas por la estremecedora soledad.
Mi piel envejecida, música en mi cabeza, encarnado en aquel viejo banco helado por el frío de la mañana. Lentamente, mis ojos recorren el patio de la primaria. Suena la campana y al instante se oyen los agitados pasos de los niños mientras acompañan sus risas e inquietudes, y en algunos casos, el completo silencio. Allí, al fondo del patio, la soledad subyace la inquietante tristeza de aquel niño, desesperanzado, acorralado en un mundo de desilusiones. Los ogros de la represión lo vuelven a atacar y en su mente siente escuchar “¡corre!”. Pero sus pies no responden. Cierro los ojos, y al abrirlos me percato de que soy ese niño. Enloquezco, corro desesperado hacia la puerta de salida pero está cerrada. Nadie nota mi presencia. Caigo al suelo sin resistencia, mis pies están duros y no puedo levantarme, sólo mover la cabeza. La volteo observando mi alrededor. Una voz me llama, ofreciendo su ayuda. Alzo la mirada y allí está el viejo con su piel envejecida, música en su cabeza, encarnado en ese viejo banco helado por el frío de la mañana. Dos almas, unidas por la estremecedora soledad.