D2
¿Alguna vez pensaste, seriamente, en suicidarte?
Me decía el Cabo Ordoñez en una ronda de mates que nos tenía como últimos dos involucrados.
No, le dije, la verdad que no; es tan hermosa la vida, tanto que ofrecer al prójimo, a la patria, a la nación, que esos pensamientos ni se me cruzan por la cabeza.
¡Es de maricas andar con esas ocurrencias! Vamos… deje el mate y empecemos, dele que hoy llegaron cinco subversivos nuevos.
A estos pendejos si uno no los endereza, después salen y te matan por dos pesos, ¿Y qué querés con los padres zurdos que tienen? Si solo siguieran las palabras del general, que fácil sería todo, por suerte estamos nosotros… ¿No Ordoñez?
El Cabo bajo la mirada, tomo una planilla y se dirigió a la celda donde estaban los cinco. Me dijeron que dos son montoneros, pero de seguro los otros tres saben algo ¡Siempre saben algo!
Pongo un disco de Nino Bravo y entro a la habitación, adentro me espera Ordoñez y uno más, el zurdito está atado a un elástico de cama, simple, desnudo
–de seguro sabe algo- pero a estos maricas siempre hay que forzarles la palabra.
¡Atenlo bien! Enchufo la batería y ordeno que conecten las picanas, se empieza siempre por las manos y luego por el cuello, el zurdo se retuerce pero ni esboza una palabra, grita, grita mucho. Pero todo sea en pos de un bien mayor, pequeños sacrificios para grandes logros.
-Ordoñez acérquele la picana en las bolas- y yo ponía a Nino Bravo más fuerte en el winco- el zurdo sangraba pero no soltaba una palabra
¡No sabe nada Sargento!
Abe, sí que sabe, pero a los árboles que nacen torcidos cuesta enderezarlos (y eso que este tiene diecisiete años)
¡Más Voltaje!
El subversivo gritó fuerte, muy fuerte, y el nombre de “Razziatto” se quería escabullir por entre los muros luego no aguantó más.
Se retorcía, gemía, jadeaba y gritaba, si no fuera porque era hombre parecía el más hermoso rodaje porno para un ciego.
¡¿Viste que sabía algo?! Te falta experiencia Ordoñez. Es una pena que este no haya sobrevivido, no importa, nos quedan cuatro más para averiguar de ese tal Razziatto.
Conduzco mi Falcon y vuelvo a casa, mi señora me preparo unas ricas milanesas, los chicos duermen así que aprovecho y le hago el amor.
Es viernes, me despierto bien temprano, como lo exige el General, al llegar a la comisaria y antes de que agarre la planilla me corta el paso el Cabo Martínez avisándome que Ordoñez fue encontrado con una soga alrededor del cuello.
-Se suicidó- Decía Martínez – No aguantó.
-Maricas; esta guerra no es para cualquiera.
¿Alguna vez pensaste, seriamente, en suicidarte?
Me decía el Cabo Ordoñez en una ronda de mates que nos tenía como últimos dos involucrados.
No, le dije, la verdad que no; es tan hermosa la vida, tanto que ofrecer al prójimo, a la patria, a la nación, que esos pensamientos ni se me cruzan por la cabeza.
¡Es de maricas andar con esas ocurrencias! Vamos… deje el mate y empecemos, dele que hoy llegaron cinco subversivos nuevos.
A estos pendejos si uno no los endereza, después salen y te matan por dos pesos, ¿Y qué querés con los padres zurdos que tienen? Si solo siguieran las palabras del general, que fácil sería todo, por suerte estamos nosotros… ¿No Ordoñez?
El Cabo bajo la mirada, tomo una planilla y se dirigió a la celda donde estaban los cinco. Me dijeron que dos son montoneros, pero de seguro los otros tres saben algo ¡Siempre saben algo!
Pongo un disco de Nino Bravo y entro a la habitación, adentro me espera Ordoñez y uno más, el zurdito está atado a un elástico de cama, simple, desnudo
–de seguro sabe algo- pero a estos maricas siempre hay que forzarles la palabra.
¡Atenlo bien! Enchufo la batería y ordeno que conecten las picanas, se empieza siempre por las manos y luego por el cuello, el zurdo se retuerce pero ni esboza una palabra, grita, grita mucho. Pero todo sea en pos de un bien mayor, pequeños sacrificios para grandes logros.
-Ordoñez acérquele la picana en las bolas- y yo ponía a Nino Bravo más fuerte en el winco- el zurdo sangraba pero no soltaba una palabra
¡No sabe nada Sargento!
Abe, sí que sabe, pero a los árboles que nacen torcidos cuesta enderezarlos (y eso que este tiene diecisiete años)
¡Más Voltaje!
El subversivo gritó fuerte, muy fuerte, y el nombre de “Razziatto” se quería escabullir por entre los muros luego no aguantó más.
Se retorcía, gemía, jadeaba y gritaba, si no fuera porque era hombre parecía el más hermoso rodaje porno para un ciego.
¡¿Viste que sabía algo?! Te falta experiencia Ordoñez. Es una pena que este no haya sobrevivido, no importa, nos quedan cuatro más para averiguar de ese tal Razziatto.
Conduzco mi Falcon y vuelvo a casa, mi señora me preparo unas ricas milanesas, los chicos duermen así que aprovecho y le hago el amor.
Es viernes, me despierto bien temprano, como lo exige el General, al llegar a la comisaria y antes de que agarre la planilla me corta el paso el Cabo Martínez avisándome que Ordoñez fue encontrado con una soga alrededor del cuello.
-Se suicidó- Decía Martínez – No aguantó.
-Maricas; esta guerra no es para cualquiera.