Carta de amor inconclusa a persona desconocida.
Todo hombre se parece a su dolor.
Todo dolor lleva consigo un color y dicho color refleja la manera en que este adolorido hombre se relaciona con el exterior.
Las figuras inconsistentes del exterior intentarán cambiar dicho color y a su vez modificar tu dolor.
Podrían ayudarte a mejorar pero en la mayoría de las ocasiones terminaran inclinándote hacia la oscuridad.
Yo me acostumbre a la escala de grises.
No pienso cambiar por ti.
Pero mentiría si digo que no consideré el hacerlo.
En mi eterna oscuridad yacen las imágenes de su recuerdo.
Cada palabra dicha y cada uno de los sueños que resultó roto.
No puedo ver nada más.
El sentido común es la media de todos los pensamientos de las personas y claramente,
mis pensamientos me han hecho perder la cordura.
Solo pienso en ella.
La extraño a cada instante y no puedo aprender como dejar de amarla.
Quisiera creer que estoy en el infierno. Pero no es así.
Finalmente comprendí, el infierno existe y vive solo en nuestra imaginación.
Debo salir de aquí. Quiero redención.
Pero su sonrisa resuena en el ambiente.
En el sonido que emiten los pájaros.
En el ruido que sale de la boca de las otras personas al intentar comunicarse.
Ella me persigue y me aleja de la luz.
Desde que todo esto comenzó escribo.
Y he perdido la cuenta de los días y las noches que he pasado lamentando el hecho de no haberla conocido lo suficiente.
Y no me detendré.
Seguiré escribiendo esta carta inconclusa y poco poética.
Nunca abandonaré los recuerdos de los días en que fui feliz.
Todo dolor lleva consigo un color y dicho color refleja la manera en que este adolorido hombre se relaciona con el exterior.
Las figuras inconsistentes del exterior intentarán cambiar dicho color y a su vez modificar tu dolor.
Podrían ayudarte a mejorar pero en la mayoría de las ocasiones terminaran inclinándote hacia la oscuridad.
Yo me acostumbre a la escala de grises.
No pienso cambiar por ti.
Pero mentiría si digo que no consideré el hacerlo.
En mi eterna oscuridad yacen las imágenes de su recuerdo.
Cada palabra dicha y cada uno de los sueños que resultó roto.
No puedo ver nada más.
El sentido común es la media de todos los pensamientos de las personas y claramente,
mis pensamientos me han hecho perder la cordura.
Solo pienso en ella.
La extraño a cada instante y no puedo aprender como dejar de amarla.
Quisiera creer que estoy en el infierno. Pero no es así.
Finalmente comprendí, el infierno existe y vive solo en nuestra imaginación.
Debo salir de aquí. Quiero redención.
Pero su sonrisa resuena en el ambiente.
En el sonido que emiten los pájaros.
En el ruido que sale de la boca de las otras personas al intentar comunicarse.
Ella me persigue y me aleja de la luz.
Desde que todo esto comenzó escribo.
Y he perdido la cuenta de los días y las noches que he pasado lamentando el hecho de no haberla conocido lo suficiente.
Y no me detendré.
Seguiré escribiendo esta carta inconclusa y poco poética.
Nunca abandonaré los recuerdos de los días en que fui feliz.