Diaro de un adicto
Era casi estúpido, la luna me observaba en su blanca ternura y yo solo podía pensar en ella.
Hacía más de diez días desde que vagaba en el olvido extrañando los sorbos de la dama de la fuente, soñando con los besos de sus espesas aguas.
Me hizo sentir poderoso, libre por tanto tiempo y ahora debía dejarla atrás, sinceramente me sentía solo después de aquellas largas conversaciones mudas, solos los dos.
y ahora, mientras me temblaban las manos y jugaba con papeles de envoltorio de caramelos que no quería comer siquiera solo pensaba en ella, en los días buenos, en las escapadas nocturnas y los besos matinales, un trago más y luego me voy.
Pero no me fui y estuve diez años con ella hasta que en las aguas de su fuente me perdí.
Hice de tu presencia una costumbre y vi pasar mi vida lento hasta que me ahogué teniendo que irme finalmente sin llevarme nada, solo tu recuerdo el cuál me atormenta en las noches.
El calabozo es mi refugio hasta que esté listo para verte otra vez sin sentir que te necesito aunque la celda se ve tan grande ahora como una galaxia; entre nebulosas espaciales estrellas forman tu rostro y aunque cierre mis ojos aún estás, presente y ausente.
Si las hadas tiene voz que entonen una canción de olvido, si las alabanzas de los lobos a la noche resuenan en el vacío, que traigan paz o muerte a este esclavo de su propio vicio.