El invidente.
Maltrecho espíritu, como maltrecho el cuerpo de aquel viejo hombre que cada día despertaba y comenzaba a pedir unas monedas para poder subsistir. Un hombre humilde que supo ser un gran soldado en sus épocas de gloria, un hombre de honor y buen corazón que la sociedad desecho como una simple hoja de papel escrita cuyo contenido ya no era útil. A su lado, un fiel can al que le había sabido dar su última hogaza de pan cuando lo encontró debajo de un puente en el que se estaba refugiando de la lluvia; Este era el único amigo verdadero que le quedaba en este
mundo.
Esta alma en pena que seguía vagando en la mortalidad, sabía que no le quedaba mucho para empezar a soñar con la eternidad, su vida no era mucho más que unas viejas mantas y la ropa que siempre tenía puesta, todo era muy simple y difícil a la vez, pero ya pronto nada importaría mas.
El sabía que no había hecho bien en el pasado, esa era su único pesar antes de dormir, había sido un asesino a órdenes, un hombre bajo y vulgar que la vida supo castigar, el suponía, pero en su corazón todavía vivían las imágenes de aquellos hombres que con balas supo poner fin, aquellos hombres con familia y tal vez un can como el suyo, ya no mas, sea lo que el sueño le deparase sabia que habría un castigo que aliviase el pesar inmortal que lo seguiría fuese donde fuese.
Cuando al fin el sueño lo alcanzo, su can acompaño su forma terrenal hasta que el tiempo y la fatiga lo alcanzaron a él también, pero fácilmente supo encontrar a su camarada en sueños, para al fin ser eternos amigos en la relativa soledad del sueño eterno.
Maltrecho espíritu, como maltrecho el cuerpo de aquel viejo hombre que cada día despertaba y comenzaba a pedir unas monedas para poder subsistir. Un hombre humilde que supo ser un gran soldado en sus épocas de gloria, un hombre de honor y buen corazón que la sociedad desecho como una simple hoja de papel escrita cuyo contenido ya no era útil. A su lado, un fiel can al que le había sabido dar su última hogaza de pan cuando lo encontró debajo de un puente en el que se estaba refugiando de la lluvia; Este era el único amigo verdadero que le quedaba en este
mundo.
Esta alma en pena que seguía vagando en la mortalidad, sabía que no le quedaba mucho para empezar a soñar con la eternidad, su vida no era mucho más que unas viejas mantas y la ropa que siempre tenía puesta, todo era muy simple y difícil a la vez, pero ya pronto nada importaría mas.
El sabía que no había hecho bien en el pasado, esa era su único pesar antes de dormir, había sido un asesino a órdenes, un hombre bajo y vulgar que la vida supo castigar, el suponía, pero en su corazón todavía vivían las imágenes de aquellos hombres que con balas supo poner fin, aquellos hombres con familia y tal vez un can como el suyo, ya no mas, sea lo que el sueño le deparase sabia que habría un castigo que aliviase el pesar inmortal que lo seguiría fuese donde fuese.
Cuando al fin el sueño lo alcanzo, su can acompaño su forma terrenal hasta que el tiempo y la fatiga lo alcanzaron a él también, pero fácilmente supo encontrar a su camarada en sueños, para al fin ser eternos amigos en la relativa soledad del sueño eterno.