Hoy les quiero traer un cuento corto que si bien en el titulo dice propio, no lo es, lo hice para llamar su atención ahora les explico el porqué.
Este cuento llego a mis manos en un colectivo, parecía otro vendedor ambulante de productos para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero, este no lo era, era un desempleado de mediana edad que trajo un propuesta que era atractiva, me ofreció lectura para el viaje a cambio de unas monedas, ni lento ni perezoso aproveché la oportunidad. Pasé a darle unas monedas y me dio una pieza de papel.
Se los traigo, porque de ningún otro modo les hubiese llegado. Repito que no es mio.
Desde ya les aviso que no es un Cortazar o un Borges, y estaba escrito con algunas faltas de ortografía. Ahí va el cuento.
El Vendedor de lagrimas y sonrisas
Un hombre vendia a gritos en la calle lágrimas y sonrisas, y le iba bastante bien, aunque siempre encontraba gente que discutia los precios y le solicitaba rebajas. El, a menudo accedia, siempre con una sonrisa... Así pudo vender muchas lágrimas que le encargaban de apuro para velorios y otras desgracias.
Gran cantidad de sonrisas eran pedidas para fiestas, cumpleaños, bautismos, casamientos y otros eventos alegres.
Tal era el éxito de sus ventas, que el hombre supo que había llegado la hora de abandonar la venta en la calle y montó entonces una empresa con muchas sucursales.
Un día desde su oficina escucho gritos que venian del pasillo, cuando se asomó pudo ver a dos guardias de seguridad forcejeando con un hombre de aspecto desalineado.
-¿Qué es lo que ocurre?-Preguntó
- Este vagabundo insiste en que quiere darle algo- Respondió uno de los guardias.
-¿Quién es usted y que es lo que me quiere dar?- Indagó malhumorado el vendedor, ahora empresario.
El hombre lo miró suavemente a los ojos y con una paz tremenda en sus palabras le contestó:
- Soy el que te espera y vengo a dejarte algunas lágrimas.
- No me hagas reir, todo lo que tengo lo he conseguido precisamente vendiendo lágrimas y sonrisas.
- Pero estas no son cualquier lágrimas, son tus últimas lágrimas.
- No me interesan, tengo de sobra, vayase.
Es una lástima, querrás estas últimas lágrimas llegado el momento y no las tendrás- Dijo tristemente el hombre y se marchó lentamente. Antes de desaparecer se dió vuelta y con mucha calidez le recordó: "Soy el que te está esperando".
Este episodio quedó pronto en el olvido y con el tiempo el vendedor dedicó sus últimos años a disfrutar de sus ganancias.
Y ya en el lecho de muerte cuando se despedia de sus seres queridos, tuvo ganas de llorar y no pudo, y cayó entonces en el absurdo de que él, el mayor vendedor de lágrimas y sonrisas no tenía sus últimas lágrimas, las que había ofrecido aquel vagabundo, el que dijo que lo estaba esperando...
Espero que les haya gustado.
Este cuento llego a mis manos en un colectivo, parecía otro vendedor ambulante de productos para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero, este no lo era, era un desempleado de mediana edad que trajo un propuesta que era atractiva, me ofreció lectura para el viaje a cambio de unas monedas, ni lento ni perezoso aproveché la oportunidad. Pasé a darle unas monedas y me dio una pieza de papel.
Se los traigo, porque de ningún otro modo les hubiese llegado. Repito que no es mio.
Desde ya les aviso que no es un Cortazar o un Borges, y estaba escrito con algunas faltas de ortografía. Ahí va el cuento.
El Vendedor de lagrimas y sonrisas
Un hombre vendia a gritos en la calle lágrimas y sonrisas, y le iba bastante bien, aunque siempre encontraba gente que discutia los precios y le solicitaba rebajas. El, a menudo accedia, siempre con una sonrisa... Así pudo vender muchas lágrimas que le encargaban de apuro para velorios y otras desgracias.
Gran cantidad de sonrisas eran pedidas para fiestas, cumpleaños, bautismos, casamientos y otros eventos alegres.
Tal era el éxito de sus ventas, que el hombre supo que había llegado la hora de abandonar la venta en la calle y montó entonces una empresa con muchas sucursales.
Un día desde su oficina escucho gritos que venian del pasillo, cuando se asomó pudo ver a dos guardias de seguridad forcejeando con un hombre de aspecto desalineado.
-¿Qué es lo que ocurre?-Preguntó
- Este vagabundo insiste en que quiere darle algo- Respondió uno de los guardias.
-¿Quién es usted y que es lo que me quiere dar?- Indagó malhumorado el vendedor, ahora empresario.
El hombre lo miró suavemente a los ojos y con una paz tremenda en sus palabras le contestó:
- Soy el que te espera y vengo a dejarte algunas lágrimas.
- No me hagas reir, todo lo que tengo lo he conseguido precisamente vendiendo lágrimas y sonrisas.
- Pero estas no son cualquier lágrimas, son tus últimas lágrimas.
- No me interesan, tengo de sobra, vayase.
Es una lástima, querrás estas últimas lágrimas llegado el momento y no las tendrás- Dijo tristemente el hombre y se marchó lentamente. Antes de desaparecer se dió vuelta y con mucha calidez le recordó: "Soy el que te está esperando".
Este episodio quedó pronto en el olvido y con el tiempo el vendedor dedicó sus últimos años a disfrutar de sus ganancias.
Y ya en el lecho de muerte cuando se despedia de sus seres queridos, tuvo ganas de llorar y no pudo, y cayó entonces en el absurdo de que él, el mayor vendedor de lágrimas y sonrisas no tenía sus últimas lágrimas, las que había ofrecido aquel vagabundo, el que dijo que lo estaba esperando...
Espero que les haya gustado.