Aunque Chile, perú y Uruguay se disputan con la Argentina la paternidad del dulce de leche, la tradición oral bonaerense cuenta que el 24 de junio del año 1829, en la estancia La Caledonia, se firmó el "Pacto de Cañuelas" entre Juan Manuel de Rosas -jefe de las fuerzas federales- y el comandante del ejército unitario Juan Lavalle.
En Colombia y Venezuela se lo llama Arequipe. En México se llama Cajeta y está hecho con leche de cabra además de la de vaca. En Bolivia, Panamá y Perú se lo llama Manjar Blanco, mientras que en Chile y Ecuador sólo Manjar. Por último, en Cuba se lo conoce como Cremita de Leche.
Muchos atribuyen el invento a los argentinos. Sin embargo esta teoría es cuestionada por nuestros hermanos orientales, tal vez basándose en teorías y escritos de seudo historiadores que indicarían que el “dulce de leche” se inventó en la banda oriental, más precisamente durante el sitio de Montevideo por parte de la Confederación. Según parece los montevideanos, acosados por el hambre del sitio, habrían recurrido a la leche que a duras penas le mandaba el Pardejón Fructuoso Rivera, precedente de las vas que éste le birlaba la los macacos brasileros de Río Grande do Sul. Esta leche, introducida subrepticiamente a Montevideo por la flota francesa, era mezclada con azúcar que les contrabandeaba Urquiza desde el litoral, y calentada con algunos restos de empalizadas y hasta bosta de la caballería sitiada. Algunos afirman haber descubierto en excavaciones realizas en fecha recientes, restos de las vasijas y cucharas de madera que se usaron para dichos menesteres. Inclusive atribuyen el invento a la frondosa imaginación de ciertos unitarios emigrados en Montevideo, como Florencio Varela o Rivera Indarte, en cuyo caso la autoría del invento debería ser compartida por las dos nacionalidades.
Esta hipótesis oriental, se contradice con la tesis que atribuye el invento del “dulce de leche” en forma exclusiva a los argentinos. Afirman algunos que el invento, aunque sin patentar, fue hecho en la Confederación durante la época de Rosas, porque al parecer, en exacciones realizadas en cercanías de la estancia Del Pino, partido de La Matanza, y que perteneció al Restaurador, se encontraron (junto a envases de coca cola, damajuanas y tetabrick de épocas más recientes) algunos envases de buche de avestruz y panza de burro, que al parecer trajo de regreso Rosas después de la campaña del desierto. La teoría tiene cierta lógica si pensamos que los gauchos de la campaña del desierto galoparon hasta la isla de Choele Cheole, ida y vuelta, y debieron llevar, además de vacas para el consumo, algún postre para endulzar las tardes, siendo que en aquella época no había más allá del salado ninguna pulpería donde abastecerse.
Ciertos estudiosos de la historia afirman que el “dulce de leche” se inventó en ocasión del encuentro de Rosas y Lavalle en Cañuelas- (cuando el unitario Llavalle llegó al campamento de Rosas y este lo encontró durmiendo la siesta, y esperó a que se despertase para cebarle unos mates). Algunos entusiastas historiadores aficionados sostienen que en esa ocasión una china, alborotada con los personajes presentes, dejó la leche en el fuego, porque Rosas solía tomar mate de leche, y allí se cocinó el primer “dulce de leche”. Sin embargo esto no resiste el menor análisis; hay un cúmulo de cosas que niegan o al menos ponen en duda el episodio, a saber:
a) Por las memorias de Mansilla, se sabe que a Rosas le gustaba el arroz con leche, y el mate amargo, pero su afición al mate de leche no figura en ningún documento.
b) Cualquiera que alguna vez en su vida haya hecho “dulce de leche” sabrá que, si no se revuelve continuamente, este se pega al fondo de la olla y luego queda para tirarlo, y no parece razonable que la china olvidadiza se haya puesto a revolver la olla.
c) Aún suponiendo que el restaurador prefiriese que le cebasen el mate ya con el azúcar puesto, no es digno del señor de la pampa tomarlo tan dulce.
d) Para hacer “dulce de leche” se requiere al menos dos litros de leche y un kilo de azúcar, y no es razonable que por unos mates se pongan en el fuego dos litros de leche porque en esa época era una mercadería mas bien escasa en las pampas.
e) La escasez de la leche se debe al pudor de las vacas pampas, que no se dejaban tocar ciertas partes con la facilidad de las holandesas, moralmente más liberales.
El cronista argentino Víctor Ego Ducrot, en su libro Los sabores de la Patria, sobre la gastronomía argentina, explica que la anécdota de Rosas es una mistificación derivada de otra acontecida 12 años antes en Chile. Indica que la difusión del producto hacia el Río de la Plata y Perú se habría producido tras la llegada del Ejército de los Andes a Chile en 1817 y que el principal responsable de la promoción del producto fue precisamente el libertador argentino José de San Martín, a quien en lugar de la lechada se le ofreció «manjar» para endulzar su mate. San Martín, un reconocido sibarita, le gustó de tal forma el manjar de leche que decidió llevarse varios frascos en la expedición libertadora del Perú, para él y su hombres. En su retorno hacia La Plata se llevó otros frascos, junto a la receta para producirlo. Chile nunca ha reclamado paternidad sobre el producto, pero existen registros de su consumo desde épocas coloniales. El arquitecto argentino Patricio Boyle, durante el Primer Seminario de Patrimonio Agroindustrial de Mendoza, en 2008, da cuenta de que en 1620 el Colegio de Mendoza reportó en su libro de gastos la importación de varios frascos de «dulce de leche chileno»: «Se importan en el siglo XVII varios frascos de Manjar, el célebre dulce de leche de origen chileno y que viajan a través de la cordillera hasta el colegio de Mendoza»
Más allá de quien se atribuya el orígen o el nombre que se le de, el Dulce de Leche es un sabor imperdible para saborear sobre una galleta, en tortas, postres helados, flanes, o como a mí más me gusta, de a cucharadas
En Colombia y Venezuela se lo llama Arequipe. En México se llama Cajeta y está hecho con leche de cabra además de la de vaca. En Bolivia, Panamá y Perú se lo llama Manjar Blanco, mientras que en Chile y Ecuador sólo Manjar. Por último, en Cuba se lo conoce como Cremita de Leche.
Muchos atribuyen el invento a los argentinos. Sin embargo esta teoría es cuestionada por nuestros hermanos orientales, tal vez basándose en teorías y escritos de seudo historiadores que indicarían que el “dulce de leche” se inventó en la banda oriental, más precisamente durante el sitio de Montevideo por parte de la Confederación. Según parece los montevideanos, acosados por el hambre del sitio, habrían recurrido a la leche que a duras penas le mandaba el Pardejón Fructuoso Rivera, precedente de las vas que éste le birlaba la los macacos brasileros de Río Grande do Sul. Esta leche, introducida subrepticiamente a Montevideo por la flota francesa, era mezclada con azúcar que les contrabandeaba Urquiza desde el litoral, y calentada con algunos restos de empalizadas y hasta bosta de la caballería sitiada. Algunos afirman haber descubierto en excavaciones realizas en fecha recientes, restos de las vasijas y cucharas de madera que se usaron para dichos menesteres. Inclusive atribuyen el invento a la frondosa imaginación de ciertos unitarios emigrados en Montevideo, como Florencio Varela o Rivera Indarte, en cuyo caso la autoría del invento debería ser compartida por las dos nacionalidades.
Esta hipótesis oriental, se contradice con la tesis que atribuye el invento del “dulce de leche” en forma exclusiva a los argentinos. Afirman algunos que el invento, aunque sin patentar, fue hecho en la Confederación durante la época de Rosas, porque al parecer, en exacciones realizadas en cercanías de la estancia Del Pino, partido de La Matanza, y que perteneció al Restaurador, se encontraron (junto a envases de coca cola, damajuanas y tetabrick de épocas más recientes) algunos envases de buche de avestruz y panza de burro, que al parecer trajo de regreso Rosas después de la campaña del desierto. La teoría tiene cierta lógica si pensamos que los gauchos de la campaña del desierto galoparon hasta la isla de Choele Cheole, ida y vuelta, y debieron llevar, además de vacas para el consumo, algún postre para endulzar las tardes, siendo que en aquella época no había más allá del salado ninguna pulpería donde abastecerse.
Ciertos estudiosos de la historia afirman que el “dulce de leche” se inventó en ocasión del encuentro de Rosas y Lavalle en Cañuelas- (cuando el unitario Llavalle llegó al campamento de Rosas y este lo encontró durmiendo la siesta, y esperó a que se despertase para cebarle unos mates). Algunos entusiastas historiadores aficionados sostienen que en esa ocasión una china, alborotada con los personajes presentes, dejó la leche en el fuego, porque Rosas solía tomar mate de leche, y allí se cocinó el primer “dulce de leche”. Sin embargo esto no resiste el menor análisis; hay un cúmulo de cosas que niegan o al menos ponen en duda el episodio, a saber:
a) Por las memorias de Mansilla, se sabe que a Rosas le gustaba el arroz con leche, y el mate amargo, pero su afición al mate de leche no figura en ningún documento.
b) Cualquiera que alguna vez en su vida haya hecho “dulce de leche” sabrá que, si no se revuelve continuamente, este se pega al fondo de la olla y luego queda para tirarlo, y no parece razonable que la china olvidadiza se haya puesto a revolver la olla.
c) Aún suponiendo que el restaurador prefiriese que le cebasen el mate ya con el azúcar puesto, no es digno del señor de la pampa tomarlo tan dulce.
d) Para hacer “dulce de leche” se requiere al menos dos litros de leche y un kilo de azúcar, y no es razonable que por unos mates se pongan en el fuego dos litros de leche porque en esa época era una mercadería mas bien escasa en las pampas.
e) La escasez de la leche se debe al pudor de las vacas pampas, que no se dejaban tocar ciertas partes con la facilidad de las holandesas, moralmente más liberales.
El cronista argentino Víctor Ego Ducrot, en su libro Los sabores de la Patria, sobre la gastronomía argentina, explica que la anécdota de Rosas es una mistificación derivada de otra acontecida 12 años antes en Chile. Indica que la difusión del producto hacia el Río de la Plata y Perú se habría producido tras la llegada del Ejército de los Andes a Chile en 1817 y que el principal responsable de la promoción del producto fue precisamente el libertador argentino José de San Martín, a quien en lugar de la lechada se le ofreció «manjar» para endulzar su mate. San Martín, un reconocido sibarita, le gustó de tal forma el manjar de leche que decidió llevarse varios frascos en la expedición libertadora del Perú, para él y su hombres. En su retorno hacia La Plata se llevó otros frascos, junto a la receta para producirlo. Chile nunca ha reclamado paternidad sobre el producto, pero existen registros de su consumo desde épocas coloniales. El arquitecto argentino Patricio Boyle, durante el Primer Seminario de Patrimonio Agroindustrial de Mendoza, en 2008, da cuenta de que en 1620 el Colegio de Mendoza reportó en su libro de gastos la importación de varios frascos de «dulce de leche chileno»: «Se importan en el siglo XVII varios frascos de Manjar, el célebre dulce de leche de origen chileno y que viajan a través de la cordillera hasta el colegio de Mendoza»
Más allá de quien se atribuya el orígen o el nombre que se le de, el Dulce de Leche es un sabor imperdible para saborear sobre una galleta, en tortas, postres helados, flanes, o como a mí más me gusta, de a cucharadas