InicioArte(Ficción) El secreto helado
Hola muchach@s, hoy les traigo un cuento de ficción llamado "El secreto helado".
Todo aquel que haya leído la revista Billiken Compu seguramente lo conocerá, bueno ahí vá:



(La imagen no corresponde al cuento, pero me dá fiaca sacarle una buena foto a la revista).

El rugir de las máquinas taladraba el aire matinal, destrozando la calma que reinara apenas unas horas antes. Un sol abrasador bañaba la ladera de la colina, donde los trabajadores excavaban febrilmente bajo la atenta mirada de Kjork, el jefe de la expedición.

Los obreros apartaban de a poco la tierra que, lentamente comenzaba a revelar su secreto. Una enorme y antiquísima construcción volvía a la vida luego de milenios, mostrándose a los amarillentos ojos de los arqueólogos en todo su olvidado esplendor.

En el momento justo en que sus muchachos encontraban la entrada al recinto, Kjork escuchó el graznido de un pteranodón, presagio de las maravillas que aguardaban dentro del edificio. Las cortas colas de todos los presentes se agitaban con excitación, mientras la entrada era forzada.

Finalmente la leyenda parecía convertirse en realidad. Tan sólo una puerta separaba a Kjork, prestigioso arqueólogo de la Universidad de Tnjjt, de demostrar en forma palpable la teoría a la que había dedicado una vida y que la mayoría de sus colegas habían denotado : que la existencia de una raza anterior a la de los dinosaurios no era un cuento de viejas, sino un hecho concreto y fascinante.

No sin oponer resistencia, la puerta cedió; un vaho gélido brotó de la negra abertura. Encendieron las linternas. Todo el grupo, con Kjork a la cabeza, ingresó al edificio. Hacía mucho frío allí dentro, lo que estremeció la sensible y verdosa piel de los arqueólogos. Pero el entusiasmo los empujó a internarse en busca del corazón del recinto.

A medida que avanzaban por un largo y alto pasillo, se percataban de que el interior estaba estupendamente conservado. Inscripciones compuestas por indescifrables símbolos cubrían las paredes metálicas, parcialmente reveladas a la vista de los exploradores por los haces de sus linternas.

Había vestigios de lucha hacia el final del corredor. Los rastros de humo y la disposición de los esqueletos -¡sí, esqueletos!, Kjork no cabía en sí de la satisfacción!- denotaban una violenta escena final. Inclusive las paredes exhibían impactos de armas. A esa altura habían llegado a una nueva puerta, sólidamente cerrada. Fue necesario ir en busca de un perforador nuclear para derribarla.

Finalmente la resistencia cedió y los intrusos se encontraron ante un espectáculo aún más sorprendente. Un recinto colosal se extendía hasta donde alcanzaba la vista. En el lugar se distinguían máquinas de las más diversas formas y tamaños, objetos cuyos usos eran inexplicables, algunos esqueletos en el suelo y -lo más perturbado- miles de recipientes, semejantes a acuosas crisálidas, en cuyo interior parecían flotar en un líquido ambarino seres de pálida piel.

En aquel sitio el frío era casi intolerante, mucho más intenso que en el corredor, lo que obligó a salir a varios de los investigadores. Sin embargo, la mayoría no podía quitar los ojos de las fascinantes criaturas. Poseían cuatro extremidades terminadas en manos que, a diferencia de Kjork y los suyos, tenían cinco dedos en lugar de cuatro.

Además, en sus extrañas cabezas lucían algo que la raza de Kjork solo había visto en mamíferos pequeños: pelos. De hecho, todo en su apariencia física parecía indicar que se trataba de una muy evolucionada raza de mamíferos. “'¡Esto es imposible!”, murmuró Dsantd, el asistente de Kjork. Pero no lo era. Se hallaban sumergidos en un intenso debate sobre lo que tenían ante su vista cuando un poderoso sonido los silenció.

Un grave zumbido, llenó el recinto y, en un instante, el lugar se vió inundado por una brillante claridad. Las máquinas, que habían permanecido muertas por milenios, volvieron a encenderse. La mayoría de los presentes entró en pánico y corrió hacia la salida. Sin embargo, Kjork, Dsantd y un par de arqueólogos más -sintiendo que se encontraban ante algo demasiado importante como para dejarse llevar por el miedo- se acercaron a una de las máquinas.

Una gigantesca pantalla se había encendido y en ella se veía la imagen de uno de aquellos seres. Parecía estar hablando aunque, si alguna vez aquella máquina había poseído algún sistema de audio, éste no estaba funcionando. Sin embargo, las imágenes que allí se veían no necesitaban palabras para ser comprendidas.

Lo que allí se veía era un mundo... o, más bien, el fin de un mundo. Sin dudas era un universo muy distinto al que ellos habitaban. Era aquel que había pertenecido a los seres que aún dormían en las crisálidas. Un extraño mundo de mamíferos inteligentes, que se derrumbaba en medio de guerras y catástrofes.

Un lugar cuyo medioambiente no había podido soportar el maltrato al que estos seres lo habían sometido. Las imágenes, guardadas en aquella computadora por miles de años, se sucedían vertiginosamente ante sus ojos. Y, de pronto, llegaron a un abrupto final. La pantalla quedó ciega.

Las luces se apagaron. Un silencio estremecedor se adueñó del lugar. “Salgamos de aquí”, dijo Kjork, “que sellen nuevamente la entrada y cubran el recinto con tierra”.
“Pero... ¿Por qué? ¿Todo nuestro trabajo ha sido en vano?”exclamó Dsantd. “No somos nosotros los encargados de dar a estos seres una nueva oportunidad”, constestó Kjork. Y, dando media vuelta, partió en busca del sol.


Espero que les haya gustado, personalmente me encantó cuando tuve la edad suficiente para entenderlo. En ese tiempo tenía 7 años y compraba la revista solamente por los juegos que venían y no le daba ni pelota al contenido de la misma.

Este cuento fue escrito por Alberto Moreno, publicado en la revista Billiken Compu Nº1 de octubre de 1999. Seguramente siga publicando los 11 cuentos restantes que tengo (no pude completar la colección completa de la revista porque justo en ese tiempo estalló la crisis económica, y mis viejos no tenían plata para comprármela). Sinceramente no puedo creer que publicaciones como éstas hayan dejado de hacerse, hasta la calidad del papel es excelente y eso que las descuidé muchos años y siguen casi tan nuevas como cuando las compré.
Hasta la próxima.
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