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POESIA NICARAGUENSE Pentecostés en el extranjero por, Carlos Martinez Rivas Antaño, en la época de las participaciones, después del tiempo pascual con sus cincuenta días bien contados y plenos en su liturgia triunfante (tal cual se nos presenta hoy bien estudiada y mal vivida) el domingo siguiente a la luna llena del equinoccio de primavera; el suceso tenía lugar: Sobre el fondo en pan de oro la ronda felina de las llamas desvaneciéndose renaciendo y una nueva forma de persuación en boca de esas gentes. Lo claro y lo oscuro. El murado yo voluntarioso con ceño de diamante y el indefinido murmullo que se resigna fondo, se conciliaban. Hoy, el Espíritu Santo ya no es pan común sino que cada uno oye al del otro, extraño al suyo, zurear a su lado. Y ante cada rostro afirmándose la desemejanza de otro rostro. Y nombres propios. Tortuosa, sonsacona, la zagala. Detractor el prójimo rechinando a tu vera. Difícil cada vez más la poesía. Y ni siquiera el día bueno: frío, nublado. Sin el menor rastro de fuego. Pero seguimos esperando. Con fe no exenta de cinismo esperamos el día de mañana para contradecir al de hoy. A su golpe vacío. Así los dos compatriotas (E. C. y C. M. R.) sentados junto a Teresa, con su respectivo cáliz y su manera peculiar de mirar a la mujer, brindan en esa dulce reunión a la áspera salud de ser diferentes. Fiel cada cual a su distinta lengua roja a su pentecostés privado a su fraude provisional. Porque es verdad que hacemos fraude. Porque creemos en el Espíritu Santo hacemos fraude. Porque aun a costa del fraude y de los juegos de vocablos, continuamos para perpetuar la amenaza inventar la necesidad mantener el peligro en pie mientras retornan esos tiempos que el hombre ya ha conocido antes. Pentecostés, 1950. -Hotel de Bretagne, Rue Cassette, París. [/ DELIRIO EN LEON DE NICARAGUA (Enero / Febrero de 1916), por, Julio Valle Castillo A José Jirón Terán Se abre de par en par la ventana alta bajo el más alero. Hacia dentro los dos poyos están vacíos. A través de las rejas torneadas de un cedro añejo, entra el fulgor haciendo arder la cal de las paredes. La súbita claridad me tiene la vista oscurecida. Qué fresco y entrañable es el adobe. No hay calor aquí. Remanso de aposento, ladrillo de barro húmedo y barrido. Debe de andar por aquí temblando alguna tía abuela. Es en la calle cuyas piedras recubrirá un nuevo pavimento, donde corren en jauría con las estrellas en movimiento los pecados, los jeeps algodoneros, la carne, algún mal pensamiento, los dólares, el gato que mató al obispo de un zarpazo en la yugular. He soñado en la alborada que dos zopilotes se disputan mi cerebro, que hay un festín con mis vísceras: tuyo mi corazón, mío el hígado, suyos los riñones... Mi cráneo lo golpean los cascos del caballo de Arrechavala. Mi carroza fúnebre no es más que la Carretanagua. Como un río subterráneo por los albañales fluyen las ánimas en pena, bajo la Calle Real van en legión los difuntos. El fondo del mar mueve las hundidas campanas y suben sus tañidos con la marea a los litorales y manglares cercanos. Una manada de poetas, oradores y poetastros salen de órbita y de madre y van arrastrando la cola, la cauda o la corona. Es afuera. Afuera que está soplando el viento. Está atizando las visiones, el delirio o la locura. Ahí coge fuego mi túnica. Aquí no. El sol se ha parado de frente con la media luna en el interminable azul azul de esta tarde. [Junio de 1991] Perfil por, Manolo Cuadra Yo soy triste como un policía de esos que florecen en las esquinas, con un frío glacial en el estómago y una gran nostalgia en las pupilas. Pero yo olvidé la clava y me puse el alma en la mano. A mis pobres nervios enfermaron tantas babosadas municipales calles inexpresivas como películas americanas. (Los peluqueros no tienen alma proclama mi barba sucia). Yo soy triste como un policía de esos que florecen en las esquinas, con un frío glacial en el estómago y una gran nostalgia en las pupilas. Pero yo olvidé el silbato y me puse el alma en los labios. b]Canto de guerra de las cosas por joaquin pasos Fratres: Existimo enim quod non sunt condignae passiones hujus temporis ad furturam gloriam, quae revelabitur in nobis. Nam exspectatio creaturae reve- lationem filorum Dei exspectat. Vani- tati enim creatura subjecta est non vo- lens, sed propter eum, qui subjecit eam, in spe quia et ipsa creatura liberabitur a servitute corruptionis in libertatem glo- riae filiorum Dei. Scimus enim quod omnis creatura ingemiscit et parturit usque adhuc. PAULUS AD ROM., 8, 18-23. Cuando lleguéis a viejos, respetaréis la piedra, si es que llegáis a viejos, si es que entonces quedó alguna piedra. Vuestros hijos amarán al viejo cobre, al hierro fiel. Recibiréis a los antiguos metales en el seno de vuestras familias, trataréis al noble plomo con la decencia que corresponde a su carácter dulce; os reconciliaréis con el zinc dándole un suave nombre; con el bronce considerándolo como hermano del oro, porque el oro no fue a la guerra por vosotros, el oro se quedó, por vosotros, haciendo el papel de niño mimado, vestido de terciopelo, arropado, protegido por el resentido acero... Cuando lleguéis a viejos, respetaréis al oro, si es que llegáis a viejos, si es que entonces quedó algún oro. El agua es la única eternidad de la sangre. Su fuerza, hecha sangre. Su inquietud, hecha sangre. Su violento anhelo de viento y cielo, hecho sangre. Mañana dirán que la sangre se hizo polvo, mañana estará seca la sangre. Ni sudor, ni lágrimas, ni orina podrán llenar el hueco del corazón vacío. Mañana envidiarán la bomba hidráulica de un inodoro palpitante, la constancia viva de un grifo, el grueso líquido. El río se encargará de los riñones destrozados y en medio del desierto los huesos en cruz pedirán en vano que regrese el agua a los cuerpos de los hombres. Dadme un motor más fuerte que un corazón de hombre. Dadme un cerebro de máquina que pueda ser agujereado sin dolor. Dadme por fuera un cuerpo de metal y por dentro otro cuerpo de metal igual al del soldado de plomo que no muere, que no te pide, Señor, la gracia de no ser humillado por tus obras, como el soldado de carne blanducha, nuestro débil orgullo, que por tu día ofrecerá la luz de sus ojos, que por tu metal admitirá una bala en su pecho, que por tu agua devolverá su sangre. Y que quiere ser como un cuchillo, al que no puede herir otro cuchillo. Esta cal de mi sangre incorporada a mi vida será la cal de mi tumba incorporada a mi muerte, porque aquí está el futuro envuelto en papel de estaño, aquí está la ración humana en forma de pequeños ataúdes, y la ametralladora sigue ardiendo de deseos y a través de los siglos sigue fiel el amor del cuchillo a la carne. Y luego, decid si no ha sido abundante la cosecha de balas, si los campos no están sembrados de bayonetas, si no han reventado a su tiempo las granadas... somos la selva que avanza. Somos la tierra presente. Vegetal y podrida. Pantano corrompido que burbujea mariposas y arco-iris. Donde tu cáscara se levanta están nuestros huesos llorosos, nuestro dolor brillante en carne viva, oh santa y hedionda tierra nuestra, humus humanos. Desde mi gris sube mi ávida mirada, mi ojo viejo y tardo, ya encanecido, desde el fondo de un vértigo lamoso sin negro y sin color completamente ciego. Asciendo como topo hacia el aire que huele mi vista, el ojo de mi olfato, y el murciélago todo hecho de sonido. Aqui la piedra es piedra, pero ni el tacto sordo puede imaginar si vamos o venimos, pero venimos, sí, desde mi fondo espeso, pero vamos, ya lo sentimos, en los dedos podridos y en esta cruel mudez que quiere cantar. Como un súbito amanecer que la sangre dibuja irrumpe el violento deseo de sufrir, y luego el llanto fluyendo como la uña de la carne y el rabioso corazón ladrando en la puerta. Y en la puerta un cubo que se palpa y un camino verde bajo los pies hasta el pozo, hasta más hondo aún, hasta el agua, y en el agua una palabra samaritana hasta más hondo aún, hasta el beso, Del mar opaco que me empuja llevo en mi sangre el hueco de su ola, el hueco de su huida, un precipicio de sal aposentada. Si algo traigo para decir, dispensadme, en el bello camino lo he olvidado. Por un descuido me comí la espuma, perdonadme, que vengo enamorado. Detrás de ti quedan ahora cosas despreocupadas, dulces. Pájaros muertos, árboles sin riego. Una hiedra marchita. Un olor de recuerdo. No hay nada exacto, no hay nada malo ni bueno, y parece que la vida se ha marchado hacia el país del trueno. Tú, que vista en un jarrón de flores el golpe de esta fuerza, tú, la invitada al viento en fiesta. tu, la dueña de una cotorra y un coche de ágiles ruedas, sobre la verja tú que miraste a un caballo del tiovivo y quedar sobre la grama como esperando que lo montasen los niños de la escuela, asiste ahora, con ojos pálidos, a esta naturaleza muerta. Los frutos no maduran en este aire dormido sino lentamente, de tal suerte que parecen marchitos, y hasta los insectos se equivocan en esta primavera sonámbula, sin sentido. La naturaleza tiene ausente a su marido. No tienen ni fuerzas suficientes para morir las semillas del cultivo y su muerte se oye como el hilito de sangre que sale de la boca del hombre herido. Rosas solteronas, flores que parecen usadas en la fiesta del olvido, débil olor de tumbas, de hierbas que mueren sobre mármoles inscritos. Ni un solo grito. Ni siquiera la voz de un pájaro o de un niño o el ruido de un bravo asesino con su cuchillo. ¡Qué dieras hoy por tener manchado de sangre el vestido! ¡Qué dieras por encontrar habitado algún nido! ¡Qué dieras porque sembraran en tu carne un hijo! Por fin, Señor de los Ejércitos, he aquí el dolor supremo. He aquí, sin lástimas, sin subterfugios, sin versos, el dolor verdadero. Por fin, Señor, he aquí frente a nosotros el dolor parado en seco. No es un dolor por los heridos ni por los muertos, ni por la sangre derramada ni por la tierra llena de lamentos ni por las ciudades vacías de casas ni por los campos llenos de huérfanos. Es el dolor entero. No puede haber lágrimas ni duelo ni palabras ni recuerdos, pues nada cabe ya dentro del pecho. Todos los ruidos del mundo forman un gran silencio. Todos los hombres del mundo forman un solo espectro. En medio de este dolor, ¡soldado!, queda tu puesto vacío o lleno. Las vidas de los que quedan están con huecos, tienen vacíos completos, como si se hubieran sacado bocados de carne de sus cuerpos. Asómate a este boquete, a éste que tengo en el pecho, para ver cielos e infiernos. Mira mi cabeza hendida por millares de agujeros: a través brilla un sol blanco, a través un astro negro. Toca mi mano, esta mano que ayer sostuvo un acero: ¡puedes pasar en el aire, a través de ella, tus dedos! He aquí la ausencia del hombre, fuga de carne, de miedo, días, cosas, almas, fuego. Todo se quedó en el tiempo. Todo se quemó allá lejos. sobre los autores Carlos Martínez Rivas Poeta nicaragüense, nacido en Puerto de Ocoz (Guatemala) el 12 de octubre de 1924 (donde sus padres, de familia acomodada, estaban de viaje). Desde muy temprana edad se reveló como gran poeta: a los dieciséis años ganó un concurso nacional con una poesía novedosa y original, que a muchos pareció muy semejante a la de Rubén Darío. En 1947 publicó en la revista Alférez, en la que coincidió con los también nicaragüenses Julio Ycaza Tigerino y Pablo Antonio Cuadra, dos artículos: «Nuestra juventud» y «A propósito de un premio de poesía» (José Hierro, Alegría, Premio Adonáis de Poesía 1947). En 1953 publicó en México su libro de poemas más importante: La insurrección solitaria (reeditada en 1973 y 1982). Su fallecimiento en Managua, el 16 de junio de 1998, supuso una gran conmoción en todo Nicaragua, donde se le considera como uno de sus personajes más ilustres. Julio valle castillo Nació en Masaya, Nicaragua, el 10 de agosto de 1952. Poeta, ensayista, crítico de artes plásticas y literatura, traductor de poesía latina (Catulo, Marco Aurelio Prudencio Clemente y Ovidio). Sus poemas, ensayos y estudios han sido traducidos al inglés, al francés, al portugués, al hebreo, al japonés, al ruso, al alemán, al búlgaro y al italiano. Miembro del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica. sólo ha publicado una novela, Réquiem en Castilla del Oro, se le considera como uno de los fundadores de la novela postmoderna en Centroamérica. Manolo Cuadra Poeta y narrador. Nació en Malacatoya, departamento de Granada, el 9 de agosto de 1907. Tras una estadía en San Juan del Sur, puerto que marcó su infancia, estudia radiotelegrafía con los Salesianos de Granada. En 1925 ejerce su oficio en Masaya. En 1927 y 1928 se revela como poeta nuevo, integrándose al Movimiento de Vanguardia, en Granada. Después militó en la oposición contra Somoza, lo que le costó cárcel, persecuciones y destierro. Vivió exiliado en Costa Rica. En 1950 vivió en Nueva York y en 1952 pasó por Checoslovaquia. Murió en Managua el 14 de noviembre de 1957. Joaquín Pasos (Poeta nicaragüense. Granada, 1914 – Managua, 1947) Nacido en Granada el 14 de mayo de 1914, se formó en el Colegio Centroamérica . Dentro de su permanente y regocijada actividad en el desarrollo del Movimiento de Vanguardia, Joaquín usó su heterónimo, Juan Argüelles Darmstadt, y se inscribió en una mesa electoral —a finales de 1932— como poeta. Sin duda, era el primero de los nicaragüenses que así se declaraba. La dipsomanía le hostiga, prepara su agonía; y el 20 de enero de 1947, cuatro meses antes de cumplir los 33 años, se le acaba la vida: joven poeta que deslumbró a sus contemporáneos y sigue haciéndolo en la actualidad con aquellos que lo admiran. La seleccion de los autores y de los poemas no corresponde a una antologia rigurosa que respete escuelas literarias especificas o temporalidad entre los escritores. Tan solo es un breve resumen sobre la poesia nicaraguense y algunos de sus rostros mas importantes. Luego del paso que dejo el modernismo por las letras pinoleras.
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