Arriba el texto y abajo los comentarios con letra más chica: Lo que Dios unió, no lo separe el hombre 10 1 Una vez que partió de allí, se fue a los límites de Judea, al otro lado del Jordán. Nuevamente las muchedumbres se pusieron en camino para ir a donde él, y él volvió a enseñarles de la manera que solía hacerlo. 2 En eso unos fariseos vinieron a él con ánimo de probarlo y le preguntaron: <<¿Puede el marido despedir a su esposa?>> 3 El les respondió: <<¿Qué les ha ordenado Moisés?>> 4 Ellos contestaron: <> 5 Jesús les dijo: <> 10 Y, cuando estaban en casa, los discípulos le volvieron a preguntar lo mismo 11 y él les dijo: <> EL MATRIMONIO (Ver com. de Mt 18,6). La Biblia dice claramente cuál fue el plan de Dios al establecer la división de los sexos en el género humano. Los hizo hombre y mujer, o sea, dos seres incompletos que necesitan unirse para constituir una célula humana. Dios los hizo iguales y quiso que, por el matrimonio, los unieran lazos más fuertes todavía que los que existen entre padres e hijos (Gén 1,26 y 2,24). Pero, de hecho, los hombres no han respetado el plan de Dios, y esto debido a dos razones: Por una parte, en la inmensa mayoría de los pueblos, los hombres, al verse más fuertes que las mujeres, se consideraron dueños de sus esposas. Para ellas el adulterio era un crimen, pero ellos hacían alarde de tener varias mujeres. Por otra parte, los hombres habitualmente no saben amar según la manera de Dios, pues aman sin entregarse realmente, o bien aman sólo por un tiempo. En cambio, para Dios, amor y fidelidad siempre van juntos. Dios es fiel a quien ama, y lo demostró cuando el hombre, su criatura, se descarrió: su fidelidad fue tal que quiso hacerse el Redentor de ellos. Amor y fidelidad, ésa es la ley del matrimonio para los esposos. No hay escapatoria. La palabra de Jesús es cortante, y las dificultades que sus discípulos le presentan para justificar el divorcio no lo llevan a suavizar su posición. ¿Y si uno de los esposos ha traicionado al otro? En este caso, ninguno de ellos puede considerar que está desligado de todos sus compromisos. Así lo entiende la Iglesia, aun cuando tiene que demostrar comprensión por el cónyuge que es víctima de la infidelidad del otro (Mt 5,31). Ya no son dos. El texto del Génesis decía: serán los dos una sola carne (2,24), y podía entenderse como un ideal que los esposos se esfuerzan por realizar. Pero Jesús dice: ya son dos en una sola carne; o sea, que la unión conyugal los unió por un lazo indestructible. Que el hombre no lo separe. Aquí Jesús no condena directamente a los que se divorciaron (pues sabe que hay muchas disculpas). Más bien resta toda autoridad a los que pretenden tranquilizar la conciencia de los divorciados, como si Dios no les reprochara nada. Dejen que los niños vengan a mí + 13 Algunas personas presentaron sus niños a Jesús para que él los tocara; y los discípulos reprendieron a esa gente. 14 Jesús, al ver esto, se indignó y les dijo: <> 16 Jesús los abraza y luego ponía sus manos sobre ellos para bendecidlos. + Jesús, a pesar de no tener hijos propios, abre a todos las riquezas de su corazón. Se maravilla del misterio de una vida que empieza llena de esperanzas y descubre la semejanza con el Padre en esos niños desconocidos. Jesús, que nos llama a esperar, ¿cómo podría olvidar que los niños también son nuestra esperanza? Quien no reciba el Reino de Dios como un niño. Para entrar al Reino de Dios, hay que volver a ser como niños. Uno debe olvidar su propia sabiduría y la amargura de sus experiencias pasadas, para empezar una nueva vida con grandes esperanzas. Jesús y el hombre rico o 17 Jesús estaba a punto de partir, cuando uno corrió a su encuentro, se arrodilló delante de él y le preguntó: <> 18 Jesús le respondió: <<¿Por qué me llamas bueno? Uno solo es bueno, y ése es Dios. 19 Ya conoces los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas cosas falsas de tu hermano, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.>> 20 El otro contestó: <> 21 Jesús lo miró, sintió cariño por él y le dijo: <> 22 Cuando el otro oyó estas palabras, se sintió golpeado, porque tenía muchos bienes, y se fue triste. o La influencia de Jesús no se debía tanto a la novedad de su enseñanza como al misterioso poder de atracción que irradiaba de toda su persona. Muchos hombres derechos y religiosos descubrían de repente al encontrarlo lo que significa ser perfecto. El que viene a Jesús es un joven, dice Mateo (19,18); Lucas lo llama un hombre importante (18,18). No sin razón Jesús pregunta: ¿Por qué me llamas bueno? Es decir: ¿No ves que tienes sed de Dios y lo encontrarás al convivir conmigo? El joven pregunta a Jesús por el camino que conduce a la vida eterna; pero Jesús no tiene ningún mandamiento nuevo que enseñar. En el Antiguo Testamento ya se dijo todo lo que hay que hacer para ganar la vida observando los mandamientos de la justicia y de la misericordia. Entonces Jesús le propone que siga hoy mismo por otro camino, que adopte otra manera de ser más libre, haciéndose seguidor e imitador suyo. Vende todo lo que tienes. La felicidad no consiste en dejarlo todo, sino en hacerse libre de todo para entregarse a Cristo. Más fácilmente pasará un camello… 23 Entonces Jesús, mirando alrededor de él, dijo a sus discípulos: <<¡Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen las riquezas!>>. 24 Los discípulos se sorprendieron al oír estas palabras. Pero Jesús insistió: <> 26 Ellos se asombraron más todavía y comentaban: <> 27 Jesús los miró fijamente y les dijo: <> Jesús no dice que el rico no se salvará, sino que no entrará en el Reino de Dios, que consiste en compartir desde ahora las inquietudes, la alegría y la libertad de Cristo. En el Antiguo Testamento, nunca se condenó la riqueza, con tal de que se compartiera. Más bien, fue considerada como la prueba de que alguien sabía dirigir su vida y que Dios lo bendecía. Mientras el hombre no tenga los medios que le permitan librarse de las apremiantes condiciones materiales, le es difícil salir de una pasividad que no es humana. Eso no obstante, Jesús propone el desprendimiento y el seguirlo como condición para entrar en el Reino: eso es experimentar la presencia de Dios en la vida. Pero ¿a qué ricos se refiere Jesús? ¿No está hablando para todos aquellos que no saben compartir lo poco o mucho que tienen? Es permitido pensarlo, pero aquí Jesús no está condenando a quien obra mal, ni distingue entre buenos y malos ricos. Solamente afirma que el hecho de ser rico en el sentido común de la palabra (Jesús dice: el que tiene las riquezas) impide experimentar el Reino de Dios desde el interior. Y con esto no nos permite felicitar sin más a los ricos con tal de que sean <>. Para Dios todo es posible. La pregunta de los apóstoles: ¿Quién puede salvarse? da la oportunidad para afirmar una vez más que el hombre no se salva por sus méritos. Dios salva a todos, y también a los ricos, quitándoles todo el beneficio y la seguridad falsa que les procuraban sus riquezas. Mejor todavía si ellos toman la iniciativa de deshacerse de ellas, y eso fue lo que pidió al que le vino al encuentro. La recompensa para los que siguen a Jesús 28 Entonces Pedro le dijo: <> 29 Y Jesús le aseguró: <> Ninguno que haya dejado su casa. Jesús no habla solamente de premio en la otra vida. Ya en la presente, el que se sacrifica por el Reino encontrará amistades, alegría y una superación humana que no podía esperar. Por tercera vez Jesús anuncia su pasión 32 Seguían el camino que sube a Jerusalén y Jesús iba delante de ellos. Los Doce no sabían qué pensar y, detrás de ellos, todos tenían miedo. El, reuniendo otra vez a los Doce, les anunció lo que iba a pasar: 33 <> Santiago y Juan piden los primeros puestos + 35 Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: <> 36 El les dijo: <<¿Qué quieren de mí?>> 37 Ellos respondieron: <> 38 Jesús les dijo: <> 39 Ellos contestaron: <> Jesús les dijo: <> 41 Cuando los otros diez oyeron esto, se enojaron con Santiago y Juan. 42 Jesús los llamó y les dijo: <> + Jesús se siente lleno de valor y camina delante de todos para ir a Jerusalén, donde lo espera el suplicio. Al mismo tiempo trata de convencer a los suyos que no pueden esperar un éxito. Criticamos a Santiago y Juan, pero ¿no debemos admirar su fidelidad? LOS JEFES.-SERVIR ¿Cómo debe ser un jefe? ¿Cómo se portan los jefes, el jefe de un equipo, el jefe de familia? Los jefes de estado pasan sonriendo a la muchedumbre y abrazan al niño que les rindió homenaje, pero, ¿quién sirve y quién se hace servir? Jesús ha venido a servir, y su servicio a la humanidad será su muerte voluntaria: <> (Fil 2,9). Beber la copa y bautizarse son modos de decir que expresan en forma figurada los sufrimientos y la muerte de Jesús. A continuación ponemos un breve poema de Lao-Tseu, un sabio chino muy antiguo, referente al mismo tema: <<¿Qué han hecho el río y el mar para ser reyes en los cien valles? Se han puesto debajo de ellos y por eso reinan en los cien valles. Si el santo quiere estar encima del pueblo, que sepa primero hablar con humildad. Si quiere encabezar al pueblo, que se ponga en el último lugar. Así está el santo encima del pueblo y no le parece pesado, dirige al pueblo y no hace sufrir al pueblo. Con gusto lo ponen a la cabeza y no se cansan de él. Como no rivaliza con nadie, nadie puede rivalizar con él.>> El ciego de Jericó * 46 Llegaron a Jericó. Y al salir Jesús de allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo (Bartimeo), un limosnero ciego, estaba sentado a la orilla del camino. 47 Cuando supo que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: <<¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!>> 48 Varias personas trataron de hacerlo callar. Pero él gritaba mucho más: <<¡Hijo de David, ten compasión de mí!>> 49 Jesús se detuvo y dijo: <> Llamaron, pues, al ciego diciéndole: <<¡Párate, hombre!, te está llamando.>> 50 Y él, arrojando su manto, de un salto se puso de pie y llegó hasta Jesús. 51 Jesús le preguntó: <<¿Qué quieres que te haga?>> El ciego respondió: <> Entonces, Jesús le dijo: <> Y al instante vio, y se puso a caminar con Jesús. * Dios es el que nos mueve a pedir. El ciego comprendió que, si dejaba pasar esta oportunidad, ya no se presentaría, y por esto gritaba más fuerte mientras la gente trataba de hacerlo callar. Hijo de David: éste era uno de los títulos con que se designaba al Mesías. El ciego vivía de limosnas: tal vez pensó caerle bien a Jesús al saludarlo como el Mesías. Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén 11 1 Cuando se aproximaba a Jerusalén, cerca ya de Beftagé y de Betania, al pie del cerro de los Olivos, Jesús mandó a dos de sus discípulos, 2 diciéndoles: <> 4 Fueron y encontraron el burro amarrado delante de una puerta en el camino, y lo desataron. 5 Algunos de los que estaban ahí les dijeron: <<¿Por qué sueltan ese burro?>> 6 Ellos les contestaron como les había dicho Jesús, y se lo permitieron. 7 Trajeron el burro a Jesús, le pusieron sus capas encima y Jesús montó en él. 8 Muchos extendieron sus capas a lo largo del camino, y otros, ramas cortadas de los árboles. 9 Tanto los que iban delante como los que seguían a Jesús gritaban: <<¡Hosanna! 10 ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Ahí viene el bendito reino de nuestro padre David! ¡Hossana en los altos cielos!>> 11 Así entró Jesús en Jerusalén y se fue al Templo y, después de revisarlo todo, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania. Ver el comentario de Mt 21,1. EL SALVADOR De Jericó a Jerusalén, Jesús <> con la gente que va a celebrar la fiesta. Muchos vienen de Galilea, la provincia de Jesús, y al verlo en el cortejo, piensan que va a hacerse proclamar como el Mesías. Hasta entonces Jesús había negado a que lo proclamaran, pues la gente esperaba de su Mesías una liberación muy diferente de la que Jesús les traía. Pero, en este momento en que se termina su misión, ha llegado para Jesús la hora de definirse públicamente. El es el Enviado de Dios y nos habrá nadie más después de él. Jesús era el Enviado de Dios a todos los hombres, pero, antes que eso, era el Salvador del pueblo judío. Y vino precisamente cuando este pueblo necesitaba ser salvado, porque las cosas andaban muy mal. Los profetas habían anunciado a ese rey pacífico que visitaría a su pueblo montado, no en un caballo, como los generales de aquel tiempo, sino en un burro, como la gente que no llevaba armas. Y, por eso, Jesús quiso entrar a Jerusalén en esa forma. Jerusalén era una ciudad grande. El entusiasmo de los galileos, si bien conmovió la ciudad, no por eso la arrastró. Los judíos no pensaban que su salvador se presentaría tan humilde. A lo largo de su historia, Dios los había salvado de la opresión, del hambre, de su propia irresponsabilidad por medio de líderes prestigiosos. Esta vez venía en persona a darles el verdadero camino de la salvación, mediante el perdón y la no-violencia, pero no lo reconocieron. Y aun los mismos galileos que le hicieron una entrada triunfal, esperando de él una decisión política, renegaron luego de él. Jesús maldice a la higuera o 12 Al otro día, cuando salieron de Betania, tuve hambre y, 13 viendo a lo lejos una higuera cubierta de hojas, fue a ver si encontraba algo. Se acercó, pero no encontró sino hojas, ya que todavía no era tiempo de higos. 14 Entonces Jesús se dirigió a la higuera: <<¡Que nadie coma nunca jamás fruto de ti!>> Y sus discípulos lo oyeron. o Ver comentario de Mt 21,13. Jesús expulsa del Templo a los vendedores 15 Llegaron a Jerusalén, y Jesús fue al Templo. Ahí comenzó a echar fuera a los que se dedicaban a vender y a comprar en el Templo. Tiró al suelo las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los vendedores de palomas, 16 y no dejó que transportaran cosas por el Templo. 17 Y les hizo esta advertencia: <<¿No dice Dios en la Escritura: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? ¡Pero ustedes la han convertido en refugio de ladrones!>> 18 Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley, al saber esto, se preguntaron cómo podrían deshacerse de él. Porque le tenían miedo, ya que su enseñanza producían gran impacto en el pueblo. 19 Y al anochecer salió de la ciudad. EL TEMPLO El Templo de Jerusalén era para los judíos el Templo único del único Dios. En cada ciudad tenían sinagogas para reunirse, leer la Biblia y cantar los salmos, pero solamente en el Templo los sacerdotes ofrecían los animales sacrificados y celebraban el culto verdadero. Un edificio de regular tamaño era el centro de todo el conjunto. En él entraban sólo los sacerdotes para ofrecer el incienso, mientras que la muchedumbre se agolpaba en los patios pavimentados que había alrededor. En esos patios se habían introducido los vendedores y cambistas que proporcionaban los animales y las aves para los sacrificios. El Templo era el lugar en que descansaba la presencia de Dios, y desde ahí protegía y santificaba la Ciudad Santa y a todo el pueblo judío. Pero los hombres no saben vivir en presencia de Dios. Y al mismo tiempo que se ponen fanáticos para defender su religión, no se esfuerzan por dirigirse a Dios en forma sincera y limpiar sus iglesias de todo lo que impide la oración verdadera. Había vendedores en el Templo, y también hombres poco interiorizados en sus ceremonias y en sus rezos. Los sacerdotes se habían acostumbrado a todo esto, y el jefe de los sacerdotes, Caifás, sacaba buenas entradas con las autorizaciones que daba para vender en el Templo. Jesús no era sacerdote ni guardia del Templo. Pero ese Templo era la casa de su Padre. Por eso se hizo un látigo con cuerdas y los echó afuera a todos. Será llamada casa de oración para todas las naciones. Y era precisamente los patios destinados a los extranjeros, los que ocupaban los vendedores. Limpiar el Templo significa tener una Iglesia abierta y acogedora para todos. (Ver com. de Jn 2,14). El poder de la fe o 20 Cuando pasaron de madrugada, vieron la higuera que estaba seca hasta la raíz. 21 Pedro se acordó de lo del día anterior y le dijo: <> 22 Jesús respondió: <> o EL PODER DE LA FE Si no dudan en su corazón, sino que creen que sucederá. Ver lo mismo en Stgo 1,6. Jesús se refiere en forma más precisa a <> (ver 1 Cor 13,2). Jesús no dice que esta fe será dada a todos y en todo momento. Se trata de un carisma o don de Dios, que él concede a quien quiere (1 Cor 12,9). Es una seguridad interior de que Dios quiere realizar un milagro; con esta seguridad uno se atreve a actuar y a mandar en su nombre. Pero también la palabra de Jesús vale en forma más amplia para todas nuestras oraciones. Por supuesto que no vamos a pensar que Dios hará cualquier milagro que le pidamos. Cuando un enfermo trata de convencerse de que va a sanar, puede ser que con esto la mejoría se haga más fácil, pero este ejercicio mental o esta esperanza no es necesariamente fe. Y si me sugestiono a mí mismo para persuadirme de que Dios me hará ganar el gordo de la lotería, él no tiene obligación de pensar que, siendo más rico, seré mejor. En realidad, el que quiere humildemente a Dios comprende en sus apuros que Dios lo quiere levantar; por eso pide con fe, porque ya sabe que Dios le quiere dar. El que está apasionado por el Reino de Dios pide al Señor que su mano todopoderosa quite los obstáculos que se oponen a la extinción de ese Reino. Nos cuesta pedir cosas grandes, porque si Dios se niega a concedérnoslas, ¿cómo seguiremos confiando? ¿O habrá que pensar que somos demasiado exigentes y que Dios no es muy generoso? Pero los que se juegan totalmente por el Evangelio (y así fueron los santos), se atreven a pedir a Dios cosas imposibles, obedeciendo las sugerencias muy secretas del Espíritu de Dios. ¿Con qué autoridad haces esto? + 27 Volvieron a Jerusalén y, cuando andaba por el Templo, se le acercaron los jefes de los sacerdotes, los maestros de la Ley y las autoridades judías, 28 y le dijeron: <<¿Con qué derecho has actuado en esta forma? ¿Quién te ha autorizado para hacerlo?>> 29 Jesús les contestó: <> 31 Ellos comentaban entre sí: <> 32 Pero tampoco podían contestar ante el pueblo: <>, ya que todos tenían a Juan por un verdadero profeta. 33 Por eso respondieron a Jesús: <> Y Jesús les contestó: <> LOS SACERDOTES OPORTUNISTAS + Jesús no pidió ninguna autorización para enseñar en el Templo, y tampoco para echar fuera a los vendedores. Actuó con la libertad de un profeta. Siendo los sacerdotes los encargados de mantener la fe auténtica, era normal que interrogaran a Jesús para reconocer si era verdadero profeta o no. Pero, ¿se preocupaban realmente por la verdad? ¿Estaban dispuestos a reconocer que Jesús venía de Dios? Aparentemente no pensaban sino en defender el orden que les convenía y, antes de escuchar a Jesús, ya lo tenían como un elemento subversivo. Por eso Jesús les hace la pregunta referente a Juan Bautista. Como la predicación de Juan había sido el acontecimiento más importante de los últimos años, los sacerdotes debían también pronunciarse respecto de él. Pero no lo habían hecho ni estaban dispuestos a definirse. ¿Cómo entonces pedirían cuentas a Jesús, si se averiguaba que hablaban solamente cuando a ellos les convenía? Es fácil ver que la actitud de Jesús obliga a los responsables religiosos de todos los tiempos a examinarse y a ver si cumplen los requisitos para que los demás hombres respeten su autoridad, sus declaraciones y sus denuncias. Parábola de los viñadores asesinos 12 1 Jesús se puso a hablarles en parábolas: <> 7 Pero los viñadores se dijeron entre sí: <> 8 Tomaron al hijo, lo mataron y lo echaron fuera de la viña. 9 Díganme: ¿Qué hará entonces el dueño de la viña? Vendrá, dará muerte a esos trabajadores y entregará la viña a otros. 10 ¿No han leído el pasaje de la escritura que dice: La piedra que los constructores desecharon llegó a ser la piedra principal del edificio. 11 Esta es la obra del Señor, y nos dejó maravillados?>> 12 Los jefes tuvieron grandes deseos de apoderarse de él porque comprendieron que la parábola de Jesús se refería a ellos. Pero tuvieron miedo al pueblo y, dejándolo, se fueron. En esta comparación, la viña representa el Reino de Dios. Los judíos eran el pueblo de Dios, y habían llegado a considerar que los intereses de Dios se confundían con los suyos propios. Como ellos eran los elegidos de Dios, él les debía su ayuda contra los demás pueblos. Confiaban ser salvados y no se preocupaban por la suerte de los demás, que no conocían a Dios. Dios les había encargado su Reino, es decir, los había dirigido a lo largo de su historia para que este pueblo fuera para todos un ejemplo. Ellos debían comunicar su experiencia a los demás para que todos comprendieran cómo Dios quiere a los hombres y cómo los salva. Conociendo mejor a Dios, debían desarrollar entre ellos la justicia, el espíritu de responsabilidad, el sentido de la fraternidad: ésos eran los frutos que Dios quería cosechar. Dios había enviado a los profetas para recordar al pueblo su deuda: fueron poco escuchados. Por último viene el Hijo único de Dios hecho hombre y pasa lo mismo: él va a ser muerto fuera de la viña, es decir, después de ser rechazado por los suyos. Entonces la obra del Reino de Dios va a ser encargada a otros, es decir, a todos aquellos que se reunirán en la Iglesia de Cristo. Aquí termina la parábola. Pero también podría valer para nuestros días: si la Iglesia pasa a ser una religión o un grupo social como los demás, si no es el lugar donde hay más obediencia a Dios, más empeño para cultivar los valores que salvarán al mundo, ¿no podría repetirse algo de lo que pasó entonces con el pueblo judío? El impuesto para el César 13 Enviaron donde Jesús a algunos fariseos, junto con partidarios de Herodes. Ellos venían con una pregunta que era una verdadera trampa. 14 Y dijeron a Jesús: <> 15 Pero Jesús, que veía su hipocresía, les dijo: <<¿Por qué me ponen trampas? Tráiganme una moneda para verla.>> 16 Le mostraron un denario, y Jesús les preguntó: <<¿De quién es esta cara y lo que está escrito?>> Ellos le respondieron: <> 17 Entonces Jesús les dijo: <> Y quedaron muy sorprendidos de esto. POLITICA Y RELIGION.-CESAR La trampa está en lo siguiente: preguntan sobre el impuesto que los judíos deben pagar al César, emperador de Roma –pues los judíos habían sido colonizados por los romanos-. Se presentan juntos los fariseos y los partidarios de Herodes, que son enemigos en política. Los fariseos rechazan la dominación romana; los partidarios de Herodes, al contrario, la aceptan. Si Jesús dice que hay que pagar, los fariseos lo desprestigiarán ante el pueblo. Si afirma que no, los partidarios de Herodes lo harán detener por los romanos. Pero Jesús no condena el imperialismo romano, y tampoco lo justifica. ¿Será que los problemas de paz y justicia entre los pueblos no son cosas bastante <> y no le interesan? En realidad, Jesús no mira los problemas políticos como los miramos nosotros. Estos problemas son importantes, por supuesto, pero no son el único campo donde se juega la liberación del hombre. Toda la Historia Sagrada nos enseña que Dios quiere para cada uno la libertad y, para cada pueblo, la posibilidad de desarrollar su cultura y su vida nacional. Y esto justifica ampliamente el compromiso político de los cristianos. Pero Jesús vivió en un momento en que sus compatriotas estaban sumamente politizados, divididos en facciones irreconciliables. Al tomar una posición política determinada, Jesús no habría hecho progresar nada; en cambio era urgente poner la política en su verdadero lugar y no confundir la fe con el fanatismo religioso. Para los fariseos, pagar el impuesto al César, gobernante extranjero y pagano, era como renegar de Dios, verdadero jefe de Israel. Ellos creían que el partido nacional judío se identificaba con la causa de Dios. Y eso traía consecuencias graves, pues pensaban servir a Dios aplastando por cualquier medio a los del partido opuesto. En vista de que la fe exige de nosotros una obediencia total, las personas que confunden la fe con una militancia política llegan poco a poco a justificar todo lo que hace su partido, incluso hasta la mentira y los crímenes. El César de Roma no era Dios, aunque pretendía serlo. Había logrado imponer su autoridad y el uso de su moneda; mas no por eso podía exigir la obediencia de la conciencia, que se debe solamente a Dios. Pero tampoco era <>, como lo creían los fariseos, y, para adelantar el Reino de Dios, no era necesario negarle el impuesto y la obediencia cívica. ¿Resucitan los muertos? 18 Entonces se presentaron algunos saduceos. Estos no creen en la resurrección de los muertos y por eso le preguntaron: 19 <> 24 Jesús les contestó: <> y que algo de nosotros, lo que llamamos alma, sobrevive. Esta creencia contiene una parte de la verdad, pero no lo más importante. La resurrección significa, no una supervivencia de <>, sino una transformación y un levante nuevo de toda nuestra persona. Y esto se hará por gracia y obra de Dios: vamos a renacer de Dios mismo. A muchos les cuesta creer en la resurrección de los muertos porque se forman de ella un concepto erróneo. Creen que debemos recuperar nuestro cuerpo actual y, con razón, les parece ridículo. Fijémonos más bien en la transformación que se produce ya en nosotros mientras seguimos a Cristo. Algo se va desarrollando en nosotros y eso es una nueva manera de comprender las cosas de Dios, una nueva visión de la existencia y una conciencia renovada. Mientras se va desgastando nuestro <>, como dice san Pablo, el <> va creciendo en nosotros. Nuestra propia persona es la que se va construyendo día a día por obra del Espíritu de Dios, y es ésta la que va a resucitar, o sea, levantarse nueva. Así, pues, no cabe preguntar si vamos a resucitar con estómago y vísceras, ya que en esa vida nueva no hay lugar para las funciones biológicas propias de seres mortales, como son el comer, el dormir y el sexo: seremos en el cielo como ángeles. Jesús no dijo: serán ángeles, pues somos y continuaremos como miembros de la única familia humana y, al renacer, formaremos la humanidad salvada, llamada la Jerusalén celestial, integrada por los innumerables hermanos de Cristo. Todos gozaremos de Dios, nos conoceremos unos a otros y permaneceremos unidos por los lazos de la caridad. Con esto entendemos el doble reproche de Jesús a los saduceos: No entienden el poder de Dios, y por esto lo que imaginan es sólo una caricatura de la resurrección. No entienden las escrituras. Pocos libros de la Biblia anteriores a Jesús hablaban de la resurrección. Pero sí todos nos presentan a un Dios que es Vida y que hace a los hombres amigos suyos. Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Si Dios se comprometió con ellos, ¿podría dejarlo indiferente que desaparezcan totalmente y para siempre, mientras él sigue feliz en su gloria? El mandamiento más importante o 28 Entonces se adelantó un maestro de la Ley, que había escuchado la discusión. Al ver lo perfecta que era la respuesta de Jesús, le preguntó a su vez: <<¿Cuál de los mandamientos encabeza a los demás?>> 29 Jesús le contestó: <> 32 El maestro de la Ley le contestó: <> 34 Jesús encontró muy razonable su respuesta y le dijo: <> Pero, en adelante, nadie más se atrevió a hacerle nuevas preguntas. AMAR A DIOS o Amarás al Señor, tu Dios. Este primer mandamiento no está en los Diez de Moisés, los cuales hablan solamente de servir a Dios. Pero lo leemos en Dt 6,4. Amar a Dios no es un mandamiento como los demás. Pues los mandamientos señalan obras precisas que debemos cumplir o de las cuales debemos abstenernos; por ejemplo: descansarás el día del Señor, o no cometerás adulterio. En cambio, en esto de amar a Dios, nunca terminarán las exigencias. Los mandamientos de la Biblia, especialmente los Diez Mandamientos de Moisés, solamente expresan en forma clara las exigencias de nuestra conciencia. No debería ser necesario mandarnos que no robemos ni calumniemos a nuestro prójimo. Sin embargo, es necesario enseñar esto a los niños, y también a las personas poco escrupulosas. La Ley, dice Pablo, no ha sido puesta para los buenos, sino para los que cometen el mal (1 Tim 1,9). Algunas personas creen que son irreprochables porque cumplen los diez mandamientos de Moisés. Sería mejor decir que han llegado al nivel mínimo de moralidad, que Moisés exigió de un pueblo primitivo y poco responsable hace más de treinta siglos. En vez de fijarse en este catálogo para luego sentirse muy contentos de sí mismo, deberían meditar el primer mandamiento, sin el cual los demás no significan nada: Amarás a Dios con todo tu corazón. Lo amarás más que a tus seres más queridos. Te desvivirás por él, te olvidarás de ti mismo para buscar en todo lo que a él más le gusta. Lo amarás con toda tu alma, con toda tu inteligencia. Dedicarás lo mejor de tu inteligencia a conocerlo. Mirando a tu propia vida, tratarás de comprender cómo él ha guiado tus pasos. Mirando los acontecimientos mundiales y los sucesos diarios, procurarás entender cómo viene el Reino de Dios. Perseverando en la oración y la lectura bíblica, pedirás a Dios que te comunique su propio Espíritu para conocerlo mejor. Lo amarás con todas tus fuerzas. Y porque, en eso, eres muy débil, pedirás la ayuda de Dios y tratarás de juntarte con los verdaderos servidores de Dios, usando los medios que la Iglesia pone a tu disposición. El mandamiento de amar al prójimo como a sí mismo viene en segundo lugar porque no se puede ni entender bien, ni cumplir, donde no existe el amor a Dios. Pues Dios nos pide más que la solidaridad con el prójimo, más que la ayuda al que sufre. Debemos esforzarnos por ver al hermano tal como lo ve el Padre. Debemos procurarle lo que el Padre desea para él. Entre tantos obras buenas que podríamos hacer por el prójimo, debemos elegir aquellas que nos aconseja el Espíritu de Dios. Y todo eso requiere que tengamos primero el amor a Dios y el conocimiento de Dios. ¿De quién es hijo el Cristo? 35 Jesús estaba enseñando en el Templo y preguntó: <<¿Por qué los maestros de la Ley dicen que el Cristo será hijo de David? 36 Pues del propio David son estas palabras proféticas: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies. 37 El mismo David, movido por el Espíritu Santo, lo llama <>. ¿Cómo entonces puede ser hijo suyo?>> Mucha gente acudía a Jesús y lo escuchaba con agrado. + 38 También en su enseñanza Jesús les decía: <> LA MIRADA DE DIOS + Cada uno de nosotros es lo que es a los ojos de Dios, no lo que aparenta delante de los hombres. Sin embargo, para muchos, la primera preocupación es la de conformarse a las normas de su ambiente. Este contraste se nota entre los maestros de la Ley (38) y la viuda pobre (42). Los maestros de la Ley no eran personas malas. Se hicieron profesores de religión porque se interesaban por la religión. Pero, en cuanto el maestro deja de esforzarse por ser santo, no es más que un pobre hombre. El mismo respeto que le tributa la gente lo lleva a permitirse muchos desvíos que en cualquier otro se reprocharían severamente. La ofrenda de la viuda 41 Jesús, sentado frente a las alcancías del Templo, miraba cómo la gente echaba dinero para el tesoro. Los ricos daban grandes limosnas. 42 Pero también llegó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. 43 Jesús, entonces, llamó la atención de sus discípulos y les dijo: <> En cambio, la viuda pobre era, entre tantos fieles, la única que hubiera retribuido a Dios como él se lo merece. Era la personificación de esos innumerables pobres que no tienen prácticamente nada y, sin embargo, se las ingenian para dar algo de lo poco o nada que tienen. Gente humilde es capaz de sacrificar algunas horas o algunos días de trabajo pagado para ayudar a otro o para dedicarse al estudio en beneficio de sus compañeros. El escaso sueldo que pierden vale mucho más que el buen sueldo que no quiere perder la persona acomodada. Dios llama al pobre antes que a los demás, porque solamente él da eso mismo que necesitaba para vivir.
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