InicioArteLas mejores obras de Escher
M.C. Escher, es uno de los más grandes artistas gráficos del siglo XX. Sus más populares obras, figuras imposibles, fondos reticulados con diversos patrones y mundos imaginarios han sido reproducidas hasta la saciedad en portadas de libros, revistas, campañas publicitarias y en todo tipo de formatos. Como artista, M.C. Escher resulta difícil de clasificar. Se han hecho múltiples interpretaciones de sus obras, pero la realidad es que Escher no tenía grandes pretensiones ni mensajes que transmitir, sino que básicamente plasmaba lo que le gustaba. Ahora veamos algunas de sus obras Metamorfosis II (grabado en madera, 1940). El original es un gigantesco mural de unos cuatro metros de largo por 20 cm. de alto, compuesto de 20 bloques de tres hojas cada uno, un formato realmente atípico y desproporcionado. La obra muestra la metamorfosis o transformación gradual de unas formas en otra, un tema recurrente de Escher, con insectos, pájaros y peces llevado aquí al límite con total maestría. La imagen reproduce también diversos efectos de partición regular del plano. Los cubos se transforman en un pueblo y posteriormente en piezas de ajedrez sobre un tablero. Arriba y Abajo (litografía, 1947). En esta obra Escher utiliza líneas curvas para demostrar la relatividad de los puntos de fuga de la perspectiva, otro de sus clásicos. Si se divide la imagen en dos, horizontalmente, se descubre al cabo de un rato que se trata de la misma escena dibujada desde dos puntos de vista, perfectamente normales. Pero al hacer que el suelo de la primera escena sea a la vez el techo de la segunda, la contradicción visual surge como de la nada. Galería de Grabados (litografía, 1956). Es un juego a modo de ciclo con las perspectivas y las ampliaciones. Un hombre está mirando un cuadro. La imagen comienza a ampliarse y deformarse, pero manteniendo cierta coherencia visual que permite seguirla paso a paso sin interrupción aparente. El cuadro se transforma en… los edificios del puerto de una ciudad costera uno de los cuales resulta ser una galería de cuadros… donde vuelve a aparecer el protagonista. Casa de Escaleras (litografía, 1951). Es uno de sus mejores juegos con la perspectiva, una partición cúbica del espacio en el que tres zonas distintas se combinan de manera increíble para producir un cubo/casa con escaleras imposibles. Dividida la imagen en tres franjas horizontales, cada una es completamente consistente por sí misma. El dibujo entero puede reproducirse mediante una complicada reflexión curva a modo de cilindro, e incluso llegar a ser cíclico e interminable. Todo esto está combinado formando una escena irreal donde la gravedad parece haberse vuelto loca. Un detalle curioso es el bicho-insecto que deambula por el edificio. Escher lo llamó Pedalternorotandomovens Centroculatus Articulosus Ascendiendo y Descendiendo (litografía, 1960). Escaleras arriba y escaleras abajo, unos monjes suben y bajan a la vez por la misma estructura del edificio, sin que ninguno de los dos grupos parezca estar haciendo algo distinto a lo que realmente se ve. Sin embargo, ese ascenso o descenso infinito es claramente imposible, aunque el espectador no puede encontrar la inconsistencia por mucho que mire la imagen. Límite Circular IV, Ángeles y Diablos (grabado en madera, 1960). En esta obra Escher combina dos técnicas: por un lado, la partición regular del plano con un bello patrón combinado de ángeles y demonios, blancos y negros, que rellenan la escena sin huecos; por otro, el límite infinito de un modelo de disco de Poincaré. Este disco permite abarcar el infinito en un círculo de tamaño limitado, gracias a la geometría hiperbólica, en la que a medida que un punto se aleja del centro, es cada vez más pequeño. Día y Noche (grabado en madera, 1939). Se considera uno de los dibujos más admirados y reproducidos del artista, y es ciertamente bello por su sencillez y elegancia. Incluye varios detalles interesantes, como son la combinación en forma de patrón de pájaros blancos y negros que vuelan en direcciones opuestas y rellenan el plano sin huecos, la metamorfosis delicada pero rápida de las aves a sembrados en la escena general y el hecho de que las dos zonas, izquierda y derecha, una de día y la otra de noche, correspondan exactamente al mismo lugar. Un montón de dualidades, genialmente resueltas, en la misma escena. Tres Esferas (grabado en madera, 1945). Este pequeño juego muestra cómo a partir de una idea realmente sencilla se puede conseguir un efecto realmente llamativo y con múltiples lecturas. Escher dibuja tres esferas reticuladas, pero en realidad son la misma. Lo que parece una esfera es en realidad un círculo plano con un dibujo curvo, que aparenta ser una esfera. Reptiles (litografía, 1943). Esta es una de las diversas obras en las que Escher hace un salto de metanivel para introducir en el dibujo al propio autor como parte de la obra, todo ello delante de los ojos atónitos del espectador. Del cuaderno de Escher en el que ha estado dibujando patrones regulares hexagonales con forma de reptil surge una figura en tres dimensiones. El reptil sube por un libro, llega hasta un dodecaedro platónico, finalmente lanza un soplido y completa el ciclo retornando al papel del que nunca debió haber salido. Serpientes (grabado en madera, 1969). Esta fue la última obra original de Escher, empleando nuevamente un modelo matemático de Coxeter abarca el infinito tanto hacia el centro como hacia el borde de la imagen. Los anillos metálicos quedan imbricados de formas fantásticas, y de ellos surgen serpientes tridimensionales. La imagen tiene una simetría rotacional y puede girarse 120 grados para encajar perfectamente en sí misma. En algunas obras de esta serie Escher cuidó los detalles al máximo, especialmente las líneas más pequeñas (hasta de medio milímetro), grabándolas con una lupa especial. Manos Dibujando (litografía, 1948). Dos manos que surgen de la bidimensionalidad del papel a las tres dimensiones de la realidad. Pero cada mano está está dibujando a la otra, de modo que el efecto causa confusión en el observador. Irónicamente, ambas ni están en tres dimensiones, ni existen por sí mismas, sino que habitan en un dibujo plano y fueron creadas por una única mano, mucho más experta, desde el exterior de la escena. Belvedere (litografía, 1958). Es una de las más populares obras arquitectónicas imposibles de Escher, un extraño edificio por el que suben y bajan varios personajes, en una escena un tanto surrealista. Uno de los protagonistas sostiene un cubo imposible mientras el esquema de construcción está en el suelo. Dos de ellos suben por una escalera que está dentro y fuera a la vez. Cascada (litografía, 1961). La cascada de Escher es tal vez la más popular representación de un móvil perpétuo o máquina de movimiento perpétuo. Ni la ley de la gravedad ni la segunda ley de la termodinámica parecen aplicarse a esta construcción por la que el agua baja continuamente, moviendo el molino. Mano con Esfera Reflectante (litografía, 1935). En esta obra vuelve a combinar el mundo imaginado del dibujo con el mundo real. Se dibuja a sí mismo sosteniendo una esfera, pero ese dibujo tridimensional que incluye su mano y la esfera-espejo es únicamente tinta sobre un papel plano en realidad. Al menos eso es lo que vemos nosotros. Aunque la esfera parece reflejar a Escher y a la habitación que le rodea con todo lujo de detalles, en realidad no muestra a Escher dibujando, porque su mano izquierda está apartada. Tal vez Escher está sugiriendo sutilmente que la realidad no es tal y como parece percibirse, y que el mundo que nos rodea está a veces entre lo imaginado y lo real.
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